¿Que si Oliver había tocado en el Primer Piso junto con su abuelo otra vez? ¡Claro que lo había hecho! El grupo de Louis le había ofrecido un lugar en la tarima antes de que el encargado del bar lo contratase para tocar media hora en los descansos de su abuelo... eh, de su tío. Tiempo que Oliver había agradecido, al menos ganaría algo de dinero para deambular a sus anchas sin tocar el dinero que tenía de su tiempo. Pero ahora el muchacho estaba sentado en una mesa al fondo del bar, observando a las personas, analizando a profundidad las expresiones en los rostros de todos, tratando de entender sus reacciones sobre la música de su abuelo, de la banda, tratando de trazar su propia estrategia para tener a la gente contenta y ganarse alguna profunda.

Fue precisamente el revuelo en la mesa lo que lo sacó de las cavilaciones. Sass en su bolsillo se retorció llamado su atención, el muchacho levantó la solapa de su abrigo y miró al kwami en su secretaire.

—Puedo ssentir la energía de Mullo, tuss padress esstán aquí.

Oliver levantó la mirada a la entrada del bar y sonrió al ver a Denisse quitándose el abrigo y sonriendo amablemente para la hostess, seguramente agradeciendo el recibimiento. Y entonces los vio.

Marinette entró primero, volviendo el rostro a su espalda con una sonrisa radiante mientras las manos de Luka tomaban el abrigo de sus hombros y lo retiraban con un movimiento elegante y natural, haciéndola sonreír. Luka la miraba con adoración, como si ella fuese la única mujer sobre la faz de la tierra.

Oliver no pudo evitar suspirar al ver así a sus padres, enamorados como si fuera la primera vez que se veían, dos adolescentes en su primera cita, moviéndose lado a lado, anhelando tocarse, pero manteniendo una distancia prudente hasta que Marinette le tomaba una mano y él la hacía girar sobre sí misma. Oli había visto aquella misma rutina de coqueteo, de galantería al menos mil veces, sus padres seguían tan enamorados como cuando eran jóvenes, como cuando eran adolescentes. Se preguntó si podría dar alguna vuelta al momento en que Luka le había hecho su primera confesión de amor: Clara como una nota musical.

La risa de Marinette llenó el lugar, no porque fuera estridente, al contrario. Era tan suave que, incluso, parecía fusionarse con la música. Algunos pares de ojos se fijaron en la pareja que se dirigía a su mesa, tomados de la mano, sonriéndose el uno al otro, caminando muy cerca el uno del otro, dos adolescentes enamorados.

—Antes de que otra cosa suceda —dijo Louis en el micrófono —, nuestros clientes frecuentes recordarán a mi hijo, Luka, de nuestra colaboración de año nuevo.

—Sobre todo la parte en la que estaban discutiendo —murmuró Marinette en el oído de su esposo antes de plantar un beso en su mejilla y recibir la carta de bebidas.

Algunos aplausos llenaron la sala. Luka se levantó en su sitio y saludó con una sonrisa amable, sonrisa que Oliver conocía a la perfección, una máscara de frivolidad y complacencia compuesta y perfeccionada para mantener contenta a la gente.

Louis señaló el piano como si le estuviese haciendo una invitación, cuestión que hizo a Luka sonreír aún más. El guitarrista asintió y se dirigió al instrumento, pensativo. Con la pregunta de siempre: ¿qué podía ofrecerle él a un bar de jazz? Y ver la sonrisa ladina y orgullosa que su esposa le dedicó lo hizo recordar uno de los últimos caprichos que le había concedido a la joven diseñadora, hablando de ir a ver películas de cine. Marinette soltó una risita por lo bajo cuando Luka comenzó a tocar los acordes para City of stars y asintió para sí misma, sonrojándose.

Esa historia Oliver no se la sabía. ¿Qué estaba pasando?

Oliver jaló la solapa de su abrigo y miró a Sass, quien se encogió de hombros negando con la cabeza, perdiéndose en ese gesto el hecho de que Marinette había llamado la atención de uno de los meseros.

Sí, ya había escuchado a su padre cantar al piano, cuando él tenía doce o trece años, su pasatiempo favorito era acostarse bajo el piano a escuchar a su padre componer mientras él terminaba los deberes de la escuela, pero escucharlo ahora era otra cosa distinta. Su voz no estaba gastada por los años, reverberaba como una cascada nueva, como terciopelo recién comprado, como la llama de un fósforo que acabas de encender y todavía no llega a su máxima potencia...

City of stars
Are you shining just for me?
City of stars
There's so much that I can't see

Por supuesto que Luka levantó el rostro para buscar a su esposa, le sonrió de medio lado mientras cantaba aquella parte de la pieza, una forma de decir "te amo" frente a todos, sin decir nada realmente, pero volvió la vista a las teclas del piano, temiendo equivocarse al ser una canción relativamente nueva.

Who knows?
I felt it from the first embrace
I shared with you

No, Luka no dejó de tocar, pero levantó la cabeza sorprendido cuando escuchó la voz de Marinette retumbando en las bocinas, no se imaginó que lo que su esposa había solicitado al mesero no era una bebida, sino un micrófono.

That now
Our dreams
They've finally come true

Oliver sintió un nudo en la garganta al ver la sonrisa enamorada de su madre.

Dios, ¿cuántas veces había escuchado las historias que sus padres le contaban? ¿Cuántas veces le había pedido a su padre que le volviera a recitar los votos de amor que había dado en su boda a la iglesia? ¿Cuántas veces Marinette le había limpiado las rodillas o los nudillos sangrantes tras alguna caída por estar jugando o dando vueltas en la patineta, al decirle que era el mejor regalo de navidad que le había dado a su padre en muchos años? ¿Y cuántas veces no le habían dicho que era igual de buscapleitos que el guitarrista zen Luka Couffaine?

Pero verlo en vivo era otra cosa. La manera en que Marinette se levantaba de su silla para ir a sentarse al lado de su esposo, hacer los acompañamientos en el piano y cantar aquellos versos de uno de sus musicales favoritos mientras Luka plantaba un beso en su mejilla consiguiendo que la voz se le quebrara por contener las risas.

Si Oliver había aprendido a amar algo en su adolescencia era la forma armónica en la que las voces de sus padres se entrelazaban, creando la melodía perfecta, pero las voces de aquellos dos jóvenes parecía otra cosa completamente diferente. Ellos todavía no estaban agobiados por el cansancio, por el estrés de criar a dos hijos, por el desgaste de la fama, de las giras, de abandonar los escenarios para regresar puesto que sabían perfectamente que no podían estar lejos mucho tiempo, sabiendo que tenían dos hogares. El escenario, y ellos mismos.

You never shined so brightly...

Y Oliver no pudo evitarlo, su boca, su voz salió sola, cantó el último verso de aquella canción en voz baja, un sonido trémulo acompañado por una lágrima solitaria que se deslizó hasta el cuello de su camiseta, un riachuelo suave que desbordó todos los sentimientos que tenía encontrados al momento, la forma de sellar un juramento consigo mismo: A como diera lugar, de lo que quiera que lo amenazara, salvaría a su padre.


Sonrais777 —Lila siempre es sinónimo de malas noticias jajaja a ver qué sale 3

Marianne —Lo prometido es deuda, te dejo City of stars y otro poco de nuestro Cole invitado jajaja


Louis se encaminó hacia la mesa de su hijo y sonrió al verlos ponerse de pie, Oliver caminaba a espaldas de su abuelo, respirando profundo para serenarse y recordándose a sí mismo que no tenía por qué salir mal aquel primer encuentro. Sonrió con naturalidad... bueno, no lo hizo, lo intentó, intentó sonreír con naturalidad, pero sintió que su rostro se torció en una mueca, así que compuso la sonrisa que tenía reservada para las pasarelas, una de las primeras enseñanzas de su padre sobre el medio.

—Hijo... —dijo Louis con una sonrisa amplia antes de poner pesadamente sus manos a los hombros del aludido.

—¿Qué hay, viejo lobo? —Respondió el muchacho antes de apresar a su padre con fuerza entre sus brazos.

Louis emitió un gemido al escuchar cómo chascaban los huesos de su espalda, y Marinette soltó una risa diamantina poniéndose de pie en su sitio antes de besar las mejillas de aquel hombre con el mismo cariño y naturalidad con que besaba a su padre.

Luka sonrió enternecido, con el pensamiento de que antes, jamás se habría imaginado a su esposa y a su padre recibiéndose con aquella estima.

—Hijo, quiero presentarte a un pariente lejano.

—Un Couffaine sin duda. —Dijo Marinette observando a Oliver, quien se acercó a besar las mejillas de Denisse primero, tratando de serenarse un poco ante la prueba que se le venía.

No, las palabras de Marinette sólo consiguieron que se congelara en su sitio, dedicándole una mirada de pasmo, pensando que por fin lo habían descubierto.

Sí. Había heredado de su madre lo dramático. Ya había planeado tres huidas, no sólo no volvería jamás a su tiempo, se iría a Japón, se iría a Japón al punto exacto de su próximo peor terremoto, a morir aplastado por algún edificio; no, buscaría una isla, una isla pequeña y alejada de todo, conseguiría un hamster al que llamaría Hugo y que sería su única compañía, y cuando tuviera el valor suficiente le confesaría cuál había sido su error y el hamster lo odiaría el resto de su vida y se iría de su lado, entonces se quedaría solo y pagaría por su fracaso...

—Perdón —remató la chica con una sonrisa mientras se acercaba a saludar al muchacho —, es que ese gesto que haces con la nariz es de familia, Luka lo hace cuando está nervioso y Louis no puede evitar ponerlo cuando sube al escenario y está por tocar una canción nueva. Si no es de familia, no sé por qué tengas un gesto tan similar.

—Eres muy observadora —aduló Oliver soltando el aire y destensando los hombros, pero recordando cada vez que su madre lo había descubierto en sus mentiras.

—No tienes idea —se quejó Luka recibiendo un golpe en el hombro —, no he podido darle una sorpresa por su cumpleaños en dos años seguidos, siempre me descubre.

—Tal vez deberías de cambiar de aliados —sugirió Marinette sonriendo de medio lado.

—Sí, tienes razón. La próxima vez voy a acudir a Cobra.

—Y luego a Cobra —exclamó Denisse rodando los ojos con hastío.

—En fin —soltó Louis sentándose y levantando una mano para pedir su trago. —Familia —por supuesto que su corazón se saltó un latido cuando pronunció aquella palabra, pero sonrió cuando Marinette le dio un leve apretón en la mano antes de volver su atención a Luka —, antes de empezar con las formalidades musicales, quiero presentarles a Oliver Couffaine, es un primo tuyo, hijo.

—Mucho gusto —dijo el guitarrista dándole un apretón firme a Oliver, quien se sonrojó al sentirse amedrentado por su padre. —Musico en potencia, por lo visto.

—Otro igual de observador —concedió Marinette mirando a Denisse, compartiendo una sonrisa cómplice con su amiga.

—Wow, estoy en presencia de Luka Couffaine —dijo al fin Oliver tomando asiento. —¿Cómo deduces lo de la música?

—Tienes cayos en los dedos, pero están tan suaves que creo que te cuidas mucho las manos, o sea que tocas algún instrumento. Por la marca en tus nudillos diría que es el bajo, no estás tan gastado.

Oliver guardó silencio un momento y luego asintió, sorprendido.

—¿Cómo es que ustedes dos siempre parecen saber cosas? —Se quejó Denisse mirando con reproche a Marinette. —Como hace rato, cuando Luka llegó a la firma, ni siquiera habías hablado con él.

—No, sí hablamos —soltó la diseñadora, confundiendo a Denisse. —Hablamos todo el tiempo.

—Sí, pero no se mandaron mensajes.

—Pues fue telepatía entonces —bromeó Luka abrazando a Marinette por los hombros, preguntándose de qué hablaban esas dos chicas, pero guardándose la curiosidad ante la mirada significativa que Marinette le dedicó. Entendió el mensaje.

No, claro que Marinette jamás les confesaría que Mullo le había advertido de la llegada de Sass, que le había dicho dónde estaban, que la pequeña roedora había escuchado perfectamente el sonido del auto estacionado, la alarma, el ascensor.

—Yo siempre sabría dónde está mi Luka —murmuró al final Marinette mirando a Luka con una sonrisa soñadora, acariciándole el rostro.

—Novios de nuevo —murmuró Denisse con una sonrisa de añoranza. —No puedo creer que de pronto parezcan dos adolescentes otra vez. ¿Cómo mantienen intacto su amor?

—Bueno, intacto-intacto no... —Admitió Marinette pensando en los problemas que habían tenido un par de meses atrás.

—Estar en peligro constante ayuda mucho —bromeó Luka apartando un mechón del rostro de Marinette —, todo lo que ha pasado nos ayuda a ser fuertes y a valorar lo importante. Imagina estar encerrada hasta nuevo aviso ¿Disfrutarías más del sol si llegaras a salir?

—No perdería un solo día.

—Pasa lo mismo. Es la constante sensación de que esta es la última vez que la veré, así que cada beso cuenta.

—Apuesto que a los sesenta seguirán así de enamorados —dijo Oliver torciendo la sonrisa de medio lado, un gesto tan característico de Luka, que Marinette tuvo que recordarse a sí misma que era familiar de ellos, podía haber aprendido ese gesto de Louis.

—Oliver —llamó la chica sonriendo —, ¿de dónde eres?

—Estuve viviendo en Milán un tiempo, aprendiendo música y eso. Vine a pasar unos días con el abuelo Couffaine y...

—No soy tan viejo —espetó Louis dándole un golpe en el hombro al muchacho, que soltó una carcajada de nerviosismo por su desliz.

—Vamos, tienes canas.

—Quería conocer a Luka Couffaine, es leyenda en donde vivo. Apuesto a que estás por sacar el mejor album de todos los tiempos, pero no el mejor de tu carrera. ¿Volverás con Kitty Section?

—No sabía que tengo fans en la familia —soltó Luka entre risitas, nervioso por la intensidad en la mirada de Oliver. —Kitty Section es mi familia. Sólo decidimos tomarnos un descanso.

—Lo sé, dices eso en cada entrevista, pero...

—Ya, vinimos a hablar de música —cortó Louis percatándose de que su nieto estaba a punto de dar un desliz —, ¿podemos enfocarnos en lo importante? ¿Qué es eso de que quieres que mi banda participe contigo en tu siguiente sencillo?

.

Luka conducía en silencio el bugatti, su mano acariciaba levemente la rodilla de su esposa y ella había dejado de hablar bastante tiempo atrás, al percatarse de que Luka parecía demasiado embebido en sus pensamientos. La joven guardó silencio durante el trayecto a casa, guardó silencio cuando bajaron del auto en el estacionamiento, y guardó silencio cuando se detuvieron a esperar el ascensor.

No, Luka no pudo guardar silencio más tiempo, cuando el ascensor abrió sus puertas y ambos se movieron para entrar en él, miró a su esposa con expresión apenada y murmuró: —De pronto, la idea de ser padres no parece tan absurda.

Marinette lucía confundida, ¿acaso había Luka hablado en japonés?

Pero las palabras del muchacho fueron cayendo lentamente en su sitio y Marinette sonrió enternecida, preguntándose cómo acompañar al niño asustado de la tormenta.

—¿Qué te llevó a esa conclusión? —Dijo ella con dulzura, con voz trémula.

—Oliver.

No, Marinette no necesitaba más explicación, la forma en que Louis y Oliver habían estado conviviendo toda la noche le había dejado claro a ambos que, si Luka Couffaine tuviese algún hijo, seguro se llevaría con él como Oliver convivía con Louis.

—Lo he estado pensando mucho. Desde que me reconcilié con mi padre —admitió el muchacho cuando las puertas se abrieron y pudieron ingresar a su piso. —Quiero decir, nunca hablamos del tema y no sé si tú quieras ser madre, no digo que sea pronto, primero tenemos que planear la boda a la iglesia, pero...

—Luka —llamó la chica tomando la mano de su esposo, deteniéndolo en medio de la sala. —Sé que serás un gran padre, sólo quiero que estés seguro de que quieres hablar del tema.

Luka lo consideró un momento, asintió para sí mismo volviendo sobre sus pasos y tomó el rostro de Marinette, qué pequeña parecía ella cuando la sostenía de esa manera, cuando enterraba sus dedos entre las ondulaciones azuladas que enmarcaban el rostro de su esposa, qué pequeña parecía ella y qué pequeño parecía el mundo.

—Quiero que nos convirtamos en padres, la única razón por la que no me siento preparado todavía es porque el torneo está en curso, y luego tienes que ir al templo antes de que otra cosa suceda, así que...

—Es un tema que podemos guardar para después —concedió la joven acercándose un paso más a Luka antes de robarle un beso.

—Pero eso no quiere decir que no podamos practicar —sugirió el guitarrista con picardía antes de besar el cuello de su esposa.

Marinette soltó una carcajada quitándose a Luka de encima y avanzó hacia la cocina, tratando de serenarse.

(Uprising – Muse)

No hubo necesidad de mucho, el teléfono de Luka recibió una llamada, pero cuando el guitarrista revisó su pantalla se percató de que no era un número que tuviese registrado. Le mostró rápidamente a Marinette por ver si ella reconocía, pero la joven negó con la cabeza encogiéndose de hombros.

—Diga —murmuró Luka acercándose a la ventana, observando las nubes que anunciaban la siguiente tormenta.

Un trueno surcó el cielo al mismo tiempo que Luka se percataba de que una figura lo observaba desde el techo del frente, no tardó en reconocer a Oliver, que le sonreía de medio lado mientras sostenía el teléfono contra su oído.

Perdón por el atrevimiento, pero mi tío me dio tu número y tenía que decirte esto sin que escuchara Marinette, tú decides si le dices o no.

—Entre Mari y yo no quedan secretos —la voz de Luka fue un siseo peligroso, contenido, el aviso de la proximidad de un ataque furtivo, pero Oliver ensanchó su sonrisa.

Ahí está la leyenda que vine a conocer...

Un trueno partió el firmamento en el momento en que Marinette salió de la cocina y se dirigió a su esposo, con cuidado le abrazó la cintura, recargando su mentón sobre el hombro de su esposo y percatándose de la figura al otro lado.

—¿Pasa algo? —Murmuró ella.

—Quiero averiguarlo.

Tú decides si se lo cuentas, pero dame el beneficio de la duda.

—¿Qué quieres?

Que vengas al callejón al lado del departamento. Sé que tu esposa es perfectamente capaz de defenderte si trato de hacer algo, pero las malas lenguas dicen que eres a prueba de balas. Necesito hablar contigo urgentemente, es sobre el torneo.

—Si es tan urgente ¿por qué no lo dices por aquí?

Porque quiero que veas la verdad en mis ojos.

Un nuevo rayo iluminó las calles de París, el aire se sintió más denso, llovería, estaba seguro, pero valía la pena escuchar qué tenía aquel muchacho para decir, le había intrigado muchísimo su aparición, y la frase que acababa de decirle. ¿La verdad?

—Luka... —Murmuró Marinette aferrándose al brazo de su esposo cuando ambos hombres colgaron su llamada.

—Prepara a Mullo —pidió el muchacho antes de besar la frente de su esposa y dirigirse de nuevo al ascensor.

Fuera del edificio el viento soplaba con fuerza, la noche estaba helada, pero Luka ni siquiera se abrigó de nuevo, salió sin la chaqueta y encaró a Oliver con curiosidad al ver al muchacho recargado contra la pared mientras le daba una calada a su cigarrillo.

—Llegaste rápido para estar tan lejos del piso —acusó Luka cruzándose de brazos.

—Sí, digamos que, al igual que tú, tengo un par de secretos ocultos en los bolsillos internos de mi cazadora.

—Es una prenda que compraste en una de las boutiques de mi esposa.

—¿Dónde lo deduces?

—La marca registrada de su bordado, el segundo adorno de las solapas es su marca personal, lo que me lleva a preguntarme de dónde salió esa prenda si todavía no sale la marca al mercado. Así que, ¿quién eres en verdad, Oliver Couffaine?

Un nuevo rayo, lanzando sombras extrañas a los rostros de ambos hombres, creando figuras sin forma en sus expresiones, dándoles la apariencia de ser algo más que sólo humanos, pero ninguno de los dos se inmutó y Oliver asintió para sí mismo. Sabía que se enfrentaría a aquel interrogatorio, sabía que a su padre no se le escapaban los detalles, pero tenía su mentira demasiado bien ensayada, no podía fallar ahora.

Oliver miró a Luka con una determinación ígnea en la mirada, y Luka retrocedió un paso pasmado ante el color de los ojos de aquel muchacho.

—Me llamo Oliver Couffaine, tengo veinticinco años de edad, viví en Milán los últimos cuatro años de mi vida y vine aquí en cuanto supe que participabas en el concurso de Lila. Sé que es un torneo de los reptiles, pero también sé el peligro que Lila representa. Cometió un fraude de donde vengo y tengo que evitar que ocurra otra tragedia por culpa de esa mujer. Respecto a la chaqueta, fue un regalo de una amiga que tenemos en común, me la dio para que supieras que soy amigo...

—¿Amiga en común?

—Tú la llamas Alix... Yo la llamo Bunix.

Luka retrocedió pasmado al escuchar aquella revelación.

Y pasó algo que no tuvo sentido para Luka. Pollen salió del escondite en la chaqueta de Oliver e hizo una reverencia para el portador, sonriéndole con elegancia.

—Perdón que me meta, sé que no debería zzzumbar en esto, pero es importante que lo sepas.

—¿Tú qué haces aquí? —Soltó Luka confundido, seguro de que Marinette tenía en su poder la peineta de la abeja.

—Me aseguro de que este joven extraordinario no cometa alguna tontería. Puedes confiar en el muchacho.

Ambos guardaron silencio, Luka se dedicó a observar a Pollen unos minutos antes de alzar la mirada en dirección de Oliver, tratando de entender de qué iba aquel juego extraño. Tenía tantas cosas que poner en orden... tantos pensamientos, tantas conclusiones.

—¿Eres un portador del futuro?

Las primeras palabras del guitarrista no tomaron por sorpresa a Oliver, que sonrió complacido de la agudeza de su padre, pero también tenía una respuesta preparada para ello.

—No, del pasado.

Luka lo consideró un momento, tratando de recordar algo relevante durante su cena con ellos en el Primer piso. El muchacho no parecía muy diestro para usar su teléfono, a pesar de tratarse de un equipo relativamente novedoso, tenía basto conocimiento sobre los clásicos del jazz y parecía llevarse bastante bien con su abuelo, pero Louis siempre había sabido cómo llevarse bien con los jóvenes.

—Para donde estás —pidió Oliver al ver la expresión férrea de su padre, la manera en que había apretado los labios, ese gesto que había heredado sin quererlo, gesto que delataba la velocidad a la que estaba pensando. —No saques conclusiones, sí soy un Couffaine, ninguno con el que hayas convivido hasta ahora, no soy nadie a quien conozcas.

—Entonces ¿por qué estás aquí?

—Sé que Lila está enganchada con Marinette, entonces esperaba poder atraparla, aprovecharme del odio que le tiene a tu esposa en espera de un desliz, sé que cometerá algún error que me ayude a atraparla, que me ayude a ponerla tras las rejas y asegurarme de que no hará daño a nadie más. Sé que ya cometió un error en la carrera de motos y...

Luka se movió como un rayo, Oliver ni siquiera parpadeó cuando el guitarrista ya estaba de pie frente a él, sosteniendo sus solapas y acercándolo a sí mismo, amenazándolo con la mirada.

—Si me entero de que eres un peligro para mí o para mi familia, no habrá tregua que te salve.

—Lo sé —admitió el muchacho con dificultad, sintiendo que le ahorcaba con las solapas de su propia chaqueta —, sé todo de lo que eres capaz, te dije que eres leyenda. ¡Luka! Sé que matarías por Marinette.

—No sólo por Mari. Por cada persona a la que amo.

—Por eso estoy aquí.

Luka lo soltó.

—Explícate.

—Lila le hizo daño a alguien a quien amo. —No, aquella no era una mentira, pero Oliver no podía admitir que la razón por la que estaba ahí era para evitar su propia muerte. —No puedo permitir que pase otra vez.

—¿Y entonces?

—Planea algo para la carrera del viernes, pero todavía no descubro qué. Necesito un cómplice que esté inmiscuido en este torneo y tú me vienes como anillo al dedo.

—No tienes que confiar —llamó Pollen sonriendo de medio lado antes de mirar a Luka con el rostro ladeado —, sólo deben trabajar juntos hasta que esto termine, de todos modos, ambos tienen aliados poderosos, él me tiene a mí y sé que un portador te cuida las espaldas, Cobra, así que no debería representar un problema que trabajemos juntos un poco.

—Lo voy a pensar —dijo Luka dándose la vuelta y comenzando a caminar hacia su edificio, pero las palabras que Oliver le dedicó le hizo frenar en seco, le heló la sangre hasta la médula, le hizo temblar y sentirse miserable.

—La última vez que esperaste demasiado, Marinette terminó en el hospital. No tardes, Couffaine