Marzo, 1912.
(Fragmento escrito por Marianne E, todas las memorias de esta vida las ha escrito ella, y no saben lo feliz que me hace)
La brisa marina casi le arrebata aquel elegante sombrero de listones y encaje al asomar la cabeza por la popa. El vértigo hizo de las suyas cuando tuvo el atrevimiento de mirar hacia abajo para contemplar la espuma del agua emerger y dejar un camino blanquecino sobre el lienzo celeste que ilustraba el horizonte.
—De verdad es un barco enorme —reconoció la voz de Tikki, quien salió de una de las bolsas ocultas en los bastos olanes del vestido. —El más grande que he visto en toda mi vida.
—Es un monstruo, sin duda —acordó ella, acariciando con suavidad la cabecita de su querida kwami. —Es como dijo el capitán hace un rato: "Ni Dios mismo podrá un hundir este barco".
—Los humanos no deberían tentar tanto su suerte —murmuró Tikki en un suspiro que se convirtió en una risa cuando su portadora rozó la mejilla contra su diminuto cuerpo.
—Y tú no deberías tentarla. Recuerda que estamos en un barco y hay muchísimas supersticiones de marinos.
—Clare; eres la portadora del miraculous de la catarina: Tú mejor que nadie sabe neutralizar bastante bien la mala suerte.
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—¡Clare! —el grito se extendió desde la cubierta donde un joven rubio ondeó el brazo con energía, a la par que dibujaba una sonrisa vivaz, una que sin duda alguna no delataba al chico que había pasado las primeras horas en el Titanic encerrado en el baño y abrazado de trono blanco a causa del mareo cinético.
—Y hablando de mala suerte… —murmuró por lo bajo con una risa irónica que Tikki coreó, melodiosa cuando KendrikMcKenzie, el portador del miraculous del gato negro se aproximó a ambas.
Marinette despertó en medio de la madrugada, pero esta vez no fue en medio de un forcejeo turbio o de un grito ahogado, abrió los ojos y se quedó muy quieta, esperando encontrar algo en medio de la oscuridad que le diese pista de qué hora era.
La cama a su lado estaba tibia, sí, pero vacía para variar en un viernes a las tres de la mañana. Y aunque la joven esperaría encontrar a Luka sentado en el estudio abrazado a su guitarra, o incluso sentado al piano con el entrecejo fruncido mientras mordisqueaba el borrador de su lápiz mirando fijo una partitura vacía, descubrió al joven de pie en medio de los instrumentos, con un violín entre las manos, apresado delicadamente entre su barbilla y hombro, con los ojos cerrados mientras se movía de un lado a otro al ritmo de la melodía que lograba arrancar suavemente de las cuerdas de aquel instrumento.
No. Nunca lo había visto tocando el violín.
Que ella supiera, Luka Couffaine tocaba la guitarra, el piano, la batería, tenía noción del bajo por Jule pero le parecía un instrumento simple, adoraba el ukulele para sacarle sonrisas a su esposa, pero ¿el violín?
Sí, Luka tenía un violín, pero nunca lo había visto usarlo hasta esa noche.
—Vaya... —murmuró sin poder evitarlo, consiguiendo que su esposo dejase de tocar. —Perdona, no quería interrumpir... No sabía que tocabas el violín.
—Yo tampoco —admitió Luka con una sonrisa radiante —, pero desperté con la apremiante necesidad de hacerlo, y esto salió.
Sus manos llevaron el violín a posición y lentamente emergió una pieza suave, sí, pero llena de vida también. Si Marinette podía comparar aquella pieza con algo, era con gaitas.
Sí, es extraño comparar el sonido de ambos instrumentos, la estridencia armónica de una gaita con sus agudos, con sus cambios, con la potencia con la que se escucha cuando una persona sabe hacerla cantar, comparada con el armónico sonido de un violín, porque, aunque agudo, alza la voz cual terciopelo suave, como un velo o un manto de tul ligero que cubre apenas.
Pues sí, Luka Couffaine había sido capaz de hacer que el violín hablase en otro idioma, pero, así como vinieron las melodías que llevaron a Marinette a algún lugar de Escocia, poco a poco Luka perdió destreza, ya no fue capaz de hacer al violín hablar, sus dedos no dieron con las pisadas, con los acordes, y su mano ya no supo guiar al arco para conseguir que las cuerdas vibrasen en la forma correcta.
—Bueno, vino y se fue —dijo resignado el guitarrista, torciendo el gesto y encogiéndose de hombros con media sonrisa, mientras Marinette asentía una vez.
—Vino y se fue —coincidió la chica amablemente.
—Essto ess malo... —murmuró Sass llegando hasta ellos, con expresión de pasmo y los ojos abiertos de más. —Ess peor de lo que creía.
—¿Malo? —Repitió Marinette confundida. —¿De qué hablas?
—Penssé que ssólo los afectaba a usstedes, pero me equivoqué... Luka... Esssa ess la melodía que Evan compusso alguna vezs hace un sssiglo.
—¿Evan? ¿Quién es Evan?
Y el nombre golpeó a Marinette como un tren de carga. La chica perdió fuerzas, sus rodillas se doblegaron, se fue de lado, pero ella ya no veía el estudio de música de su esposo, no. Ella ya no estaba en el departamento, su mente se había ido lejos, hacia una cabaña, hacia paisajes eternamente verdes plagados de otros colores, al calor de una hoguera encendida una noche fría de otoño, al rostro de un muchacho al que había amado con todo su corazón.
Skayue: He decidido hacerlas sufrir un poquito más, no entraré de lleno a la carrera todavía, ¿o sí lo haré? La relación de Colette y Oli va a ser interesante, espero te guste su desarrollo, yo lo estoy llevando con mucho cariño, a ver si puedo transmitírselos antes de hacer a Faty llorar
Sonrais777: La relación de Oli y Colette es complicada por la cuestión temporal, pero prometo arreglarlo... creo, algo así. Ya verás.
Faty: Qué te digo, poco a poco todo cae en su lugar, espero no me odien de más, y pronto leerás por aquí la canción que te sugerí, ya pronto me pongo al corriente contigo también, en cuanto termine lo del home office que se parece a esto de las tareas de los niños de primaria, es mucho jajajaja
Marianne E: Linda, te dejo esta entrega, con el corazón dividido entre nuestro Cole Oliver y que Colette arregle las cosas con su china. Espero este pequeño ansiolítico (preludio de la desgracia) haga llevadera la cuarentena, te amo bella, chau
La siguiente vez que Marinette abrió los ojos, descansaba en los brazos de Luka, que la miraba sintiendo la respiración entrecortada, considerando seriamente llamar una ambulancia o esperar a que reaccionara, comenzando a comprender cómo funcionaban los trances de su esposa.
—Tu teléfono —dijo Marinette arrastrando las palabras, señalando la mesa del fondo.
Luka frunció el entrecejo negando con la cabeza, pero se quedó quieto al escuchar el timbrado, el tono que tenía para Colette.
¿Y cómo había Marinette adivinado aquello?
Sass le alcanzó el teléfono y Luka agradeció con un asentimiento.
—Qué —espetó hosco, una costumbre que ya había establecido con la chica.
No habían pasado dos días desde que Colette había anunciado el final de Panic and Chaos, pero Luka no había tenido ningún reparo en portarse hosco y directo con su amiga, dejando en claro que nada cambiaba, seguiría tratándola como siempre puesto que ella no quería la lástima ni la compasión de nadie.
—¿Qué mierda, Colette? ¿Cómo que destrozaron el motor?
Luka colgó y miró a Sass, furioso.
—Ve —pidió Marinette asintiendo, comprendiendo por aquella simple frase y la expresión desencajada de su marido, que las cosas parecían tambalearse hacia el abismo; la chica sonrió sentándose con cuidado y mostrando una mirada dulce para su esposo —, yo estoy bien, sólo fue el recuerdo.
—Mari...
—Desscuida —pidió Sass poniendo una mano en la frente de Marinette y sonriendo de medio lado antes de volver a mirar a su protegido —, ella esstá bien.
—Además estaré acostada, si algo pasa, Mullo y Tikki están conmigo. ¿Qué pasó? —Inquirió al final, confundida por el apremio de su esposo. —¿Está todo bien?
Luka dudó mucho antes de responder, no quería que Marinette se preocupase más de la cuenta, pero tampoco podía ocultarle lo que estaba ocurriendo, así que, tras debatirlo un poco más y recordándose las palabras que le había dicho a Oliver, murmuró:
—Alguien entró al garaje donde estaba guardado el auto que nos facilitaron para la carrera, tengo que ir a ver si podemos salvar alguna parte del motor, pero...
—Los sabotearon.
—Sí, y creo que lo hicieron a propósito. Creo que Lila mandó a uno de sus asesinos a arruinarnos.
—No tiene sentido —murmuró Marinette confundida —, digo, no es el estilo de Lila, si ella quisiera sabotear tu auto para la carrera lo habría hecho sin comprometer el motor de forma aparente, para que tuvieses un accidente. No para que no pudieras presentarte a competir.
—Lo sé, también eso gira en mi cabeza, por eso tengo que ir a ver.
—Estoy bien, ya me recuperé —prometió la chica, Luka asintió tomándola en brazos y levantándose en un movimiento, arrancándole un grito por la sorpresa —, si quieres te puedo marcar en el camino.
—No, preferiría que te durmieras, que repongas energías. Algo me dice que me vas a tener que cubrir mañana en el conservatorio.
—¿Tan mal sonaba Colette?
—¿A quién más envío?
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Oliver sonrió entrando al aula con la guitarra acústica de Luka colgada al hombro, dedicándole una mirada a todos los estudiantes de su padre, percatándose de las miradas de sorpresa que le dedicaban al ver el parecido que tenía con el guitarrista. Bajó un poco el rostro, tratando de ocultar su sonrisa. No dijo nada hasta llegar al fondo de la habitación y apuntó su nombre en el pizarrón, esperando las reacciones de la gente al leer su apellido.
—Mi nombre es Oliver Couffaine, y voy a suplir a su profesor el día de hoy.
—¿Couffaine? ¿Como el profesor?
—Somos parientes.
—Cercanos —soltó Anna al fondo del aula, consiguiendo que sus compañeros soltaran una risita.
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Luka suspiró frustrado, desde las tres de la mañana le habían estado dedicando toda su concentración y cada gramo de energía a tratar de salvar el motor, pero al final, como a las cinco de la mañana, Colette le dio una patada al auto con tal violencia que se disparó su alarma, y ella lanzó su llave hacia el cristal del frente, alegando que era inútil seguirlo intentando mientras una lluvia de esquirlas bañaba los asientos, el tablero, la palanca y parte del suelo de aquel vehículo.
Luka entonces sugirió un intercambio, y le pidió a sus amigos que cerraran los ojos mientras él iba y venía a su departamento, pero mientras que Erik se dejó caer en el sillón del garaje, Colette se dedicó a sacar del motor todas las piezas que podrían funcionarle para un plan B.
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Luka bostezó estirándose y sonrió de medio lado cuando Colette abrió la cajuela del bugatti, el auto recién estacionado en el garaje a primera hora de la mañana.
—No puedo creer que Mari preste su auto para esto —soltó Erik sonriendo de medio lado luego de dos horas de trabajo arduo, agradeciendo que la esposa de su amigo hubiese donado el auto con tal alegría, agradeciendo haber podido dormir la hora y veinte que había tardado Luka en volver, agradeciendo el hecho de que sabía que se había tardado las horas a propósito.
—No te emociones —espetó Luka torciendo el gesto —, Mari se quedó con mi moto mientras tanto, quiere el mentado bugatti entero para regresarme las llaves, porque fue un regalo de cumpleaños de su ex.
—Luka —llamó Colette atándose una bandolera en la frente para mantener el sudor fuera de sus ojos —, para ser el Hades que Andree está buscando, te has vuelto blando.
—¿Blando? —Espetó el muchacho apagando el motor por enésima vez en la mañana, bajando del auto y quitándose la chaqueta, listo para ponerse manos a la obra a pesar de no haber pegado el ojo en toda la noche. —¿Sabes que esa mujer es mejor ladrona que yo?
Erik soltó una carcajada, alcanzándole a Colette sus herramientas antes de ponerse a las órdenes de su colega.
—¿Perdón? —Espetó la chica sonriéndole al motor.
—Ya te lo digo, Colette, ella es mejor ladrona que yo. ¿No dices que las mujeres pueden hacer cualquier cosa que nosotros podamos y mejorarla? Pues eso, que se ha vuelto mejor ladrona que yo. Me quitó las llaves sin que me diera cuenta y me lo lanzó a la cara, orgullosa de su robo. Si ella se lo propone, roba la Mona Lisa.
—Sí —exclamó Erik bromeando —, seguro si no hubiese crecido en una panadería bonita, alcanzado sus sueños de diseñadora y salido con su amor platónico de la secundaria, hoy sería la ladrona más peligrosa de todo París.
—Más peligrosa que Lila —añadió Colette en el mismo canturreo divertido.
—Erik, tú la has visto pelear —defendió Luka torciendo el gesto, consiguiendo que el aludido soltara un escalofrío antes de mirarle de reojo. —No me digas que no tiene madera.
—Ya estoy viéndolo —exclamó Colette divertida, levantando los brazos sobre su cabeza convertida en la presentadora de un show —, Hades y Perséfone, reyes del inframundo, ladrones de noche, defensores de la justicia por el día.
—¿Defensores de la justicia? —Espetó Erik.
—¡Mierda, Luka! —Gritó Colette mirando a su amigo. —¿No le has dicho nada?
—No. No tengo por qué estar dando explicaciones.
—Y una mierda. Luka está con la policía —soltó la chica mirando a Erik, consiguiendo que el muchacho abriera los ojos, pasmado ante aquello —, Maunier lo tiene de su lado.
—Hace meses vengo rogándole a Andree que haga caso y ponga todo en regla —sentenció Luka cansado, suspirando, rodando los ojos de forma dramática —, pero no accede, y El Rey Caimán me ha dado luz verde para hacer lo que yo quiera sin meterme en donde no me llaman.
—¿Y has ido a con Maunier? —Espetó Erik furioso.
Luka lanzó al suelo el trapo con el que se limpiaba las manos y avanzó hasta Erik, plantándole cara, sabiendo que en ese momento su colega no le temía. Si había algo que motivara a Erik era poner a la policía en su lugar, así que sería capaz de enfrentarle sin temor a las consecuencias.
—Sí. Porque con tal de ver a Marinette a salvo de los malditos que lograron infiltrar a nuestra familia, A NUESTRA FAMILIA —repitió con vehemencia, apuntando a Erik antes de respirar profundo y bajar los brazos a sus lados para tranquilizarse —, no voy a parar y me voy a valer de cualquier medio para lograrlo, no es tan distinto de cuando robábamos carteras para agradar a Andree ¿O sí? Ok, digamos que soy Hades —soltó Luka con una sonrisa de medio lado, en un tono seductor, galante, su voz salió aterciopelada, cuestión que hizo a Colette rodar los ojos, se sabía esa rutina de memoria, la serpiente tanteando, hipnotizando a su víctima antes de darle la mordida letal para inyectar su veneno —, y Marinette es mi reina oscura. Si tengo que hacer que París arda, no me importa arder ahí, al menos no si mi Perséfone está a salvo. ¿Cristal clear?
—Cristal clear —espetó Erik furioso, pero comprendiendo el punto, bajando la guardia.
—Y ahora va a componer una canción con esa temática —soltó Colette divertida. —¡Un disco completo! —Gritó la chica divertida, sin embargo, su expresión se volvió melancólica y la chica miró a su amigo. —Haz el disco, graba la canción o lo que quieras. Lo mereces. Aprovecha los últimos minutos de calma antes de que todo se vaya al carajo. Si no le pones Cristal clear, te voy a buscar y te voy a dar una tunda.
Luka suspiró avanzando hasta Colette, poniendo una mano en su hombro en señal de apoyo.
—Odio haberte metido en esto —admitió Luka en medio de un suspiro.
—Mira —espetó Colette quitándose al muchacho con una sacudida —, me metí yo solita. Sabía en qué me metía al hacer equipo contigo, sabía lo de Lila, sabía los riesgos, y de todos modos me metí por sentirme muy valiente.
—¿Por qué?
—Quiero el premio —soltó Colette embravecida. —Quiero el premio para Jeany. Quiero que nadie vuelva a ponerle una mano encima a mi niña para poder desaparecer en paz.
—¿Desaparecer?
—Tengo planes de esfumarme de la faz de la tierra.
—Colette —llamó Erik a manera de advertencia.
—Descuida, nadie se va a morir —espetó la chica rodando los ojos antes de volver su atención al motor. —¿Cuánto dices que corre este bebé?
—¿Quién se va a morir? —Espetó Oliver entrando al garaje con cuatro cafés y una bolsa de papel, sonriéndole a los presentes.
—¿Tú qué haces aquí? —Espetó Colette reconociendo al Couffaine?
—¿Se conocen? —Soltó Luka, alternando miradas de confusión a ambos muchachos.
¿Qué hacía ahí?
No. Oliver no revelaría que se había pasado gran parte de la noche revisando las noticias de los siguientes dos días, buscando las explicaciones que hablaran del Ferrari que le habían asignado al equipo de su padre, no admitiría que se había pasado las últimas tres noches revisando meticulosamente las fotografías del accidente de auto, no admitiría que había estudiado cuidadosamente todos los testimonios que había encontrado hasta ese momento para tratar de adivinar el siguiente movimiento de Lila y prever el accidente antes de que ocurriera.
Tampoco diría que se había pasado cada minuto disponible investigando un segundo crimen del que no se hablaba mucho, un momento que pasaría desapercibido ante la gente que no prestase atención. No, para él era claro como una ventana sin cristal, Colette estaba a punto de irse para siempre, de desaparecerse de la faz de la tierra sin dejar un rastro rastreable, le quedaba poco tiempo y estaba seguro de que podría resolver ambos crímenes él solo para evitar que su amor platónico, su musa de la adolescencia dejara de compartir su talento al mundo.
No había estado en el último concierto de Panic and Chaos, pero se había propuesto ver a Colette cantar en vivo una vez más, así tuviera que ponerle un atril en su garaje.
Se quedó helado.
El Ferrari asignado a su padre, el mismo de las fotografías de la prensa, estaba estacionado en el último rincón del garaje, con el cofre abierto y el motor hecho batidillo.
Y entonces eso lo cambiaba todo.
—Eh, vine a traer café —murmuró recuperándose un poco de la impresión —, Luka me pidió que lo cubriera en el conservatorio, y por cómo sonaba, pensé que necesitarían esto.
—¿Le dijiste la ubicación de este Garaje? —Espetó Erik furioso.
—No. Luka apenas y me dice hola —se quejó Oliver entrando y entregando un café a su padre antes de mirar a sus compañeros —, pero cabe resaltar que soy un genio de las computadoras, le he rastreado el teléfono.
—¿Qué? —Espetó Luka, molesto.
—Músico, modelo, hacker —enumeró Colette mientras Oliver le alcanzaba un café. —¿Eres soltero?
—Capuchino con dos de azúcar —dijo Oliver sonriendo de medio lado, pero a diferencia de otros intercambios, esta vez no le seducía, le sonreía con compasión, una forma de decirle "no imagino cómo te debes sentir, no te entiendo, pero estoy contigo" a plenas luces. —Bien caliente, cortado con leche tibia.
—¿Y también sacaste esa información siguiendo a Luka? —Murmuró Colette con desconfianza.
—No, lo dijiste en una entrevista hace dos años.
—¿Entrevista?
—Tal vez no fue una entrevista —dijo Oliver soltando una risita por lo bajo, mirando a Colette feliz de haber logrado distraerla de su interrogatorio previo. —Pero no es algo que se me vaya a olvidar, te acababan de arrestar por pintar con aerosol un muro, habías puesto el logo de tu disco nuevo y encima le escribiste la palabra libertad, y cuando el oficial al cargo de tu arresto te preguntó por qué habías hecho daño al espacio público, tú respondiste... —Oliver hizo una pausa, tratando de evocar la cita textual, pero Colette sonrió y asintió una vez, sintiéndose menos sola por primera vez en la tormenta que se había convertido su vida esa semana.
—Porque el capuchino me gusta con dos de azúcar y bien cortado, me gusta caliente, pero la leche tiene que estar tibia para que me lo pueda tomar sin remordimiento, pero yo puedo decirlo alto y claro, y afuera...
—Afuera hay mucha gente que no puede alzar su voz para pedir un puto café... —Terminó Oliver en medio de un suspiro.
Enarcó una ceja y bajó la mirada, dejando la otra bebida en cualquier superficie para poder arremangarse la chaqueta y mostrarle el antebrazo derecho a la chica, donde había un tatuaje simulando acuarela, la portada del disco.
Oliver tenía dos portadas tatuadas, Liberté por una parte en su antebrazo, y en el cuello You can't kill us, pero eso no se lo podía revelar a la chica. Sonrió de medio lado cuando Colette sonrió tímida, bajando la mirada y sintiendo una punzada de culpa por aquel atisbo de felicidad, sabiendo que su Jeany estaba sufriendo por su culpa.
—Tendrás unos veintitantos —murmuró la chica levantándose de su sitio, alejándose hacia el ferrari en busca de las piezas que todavía servían para mejorar el motor del Bugatti. —Pero no te creo que estés aquí de vacaciones. Sabes demasiado.
Volvió sobre sus pasos y le ofreció el vaso a Oliver, con una mirada desafiante y actitud rebelde.
El aludido suspiró desviando el rostro, componiendo una mueca de disconformidad antes de recibir el vaso en sus manos y darle un trago largo, para luego ofrecérselo de regreso a la chica.
Colette lo pensó unos minutos, le dedicó una mirada de desprecio a Oliver y se dio la vuelta de regreso al auto sin recibir el café en manos.
—Sí, sé demasiado —soltó Oliver sin dejar de mirar a Colette, consiguiendo que Luka rodara los ojos fastidiado por aquello —, pero si Luka confía en ustedes, yo también puedo confiar. Hades, Tánatos y Cerbero.
—Basta ya con las bromitas del inframundo —pidió Luka molesto antes de darle un trago a su americano sin azúcar.
—Vine en cuanto me enteré de que Luka estaba involucrado en el torneo que Lila está organizando, por culpa de ella murió una persona cercana a mí, por un delito que no pude detener, así que he venido a evitar que ocurra de nuevo, ella no va a volver a ponerle una mano encima a las personas que amo.
No, Oliver jamás revelaría que quería poner a Colette a salvo, no quería admitir que Luka no era la única razón por la que había viajado al pasado, jamás diría en voz alta que había albergado en su interior la posibilidad de conseguir un final feliz para aquella chica furiosa y radical, como si pudiera regresarle a su Jeany ante de que fuese demasiado tarde.
O al menos eso creía, porque no se imaginaba que, de regreso a su tiempo, habría una persona (una sola persona) a la que se lo revelaría todo.
—Luka —llamó Colette levantando la mirada hacia el aludido mientras Oliver volvía a levantar el café en dirección al muchacho. —¿Es cierto?
—Me contactó en cuando supo que participaríamos en la carrera, sabía hasta el color de ropa interior que llevaba puesta ese día, así que le creo, ya lo sabía todo antes de que habláramos. Se está quedando con mi padre, y él confía en Oliver.
—¿Por qué es eso importante? —inquirió Erik confundido.
Colette miró a Erik con reproche, torciendo el gesto como si aquello fuese una tontería, pero luego murmuró para sí misma: —No todos piensan a tu velocidad, tú tienes TDA.
—Mi padre es un exiliado de la guerra —explicó Luka en medio de un suspiro al ver a Colette tomar el café que Oliver le ofrecía con terquedad, luego sonrió al ver a Oliver dirigirse a Erik para entregarle el último vaso. —No tiene nada que perder, pero está reconstruyendo su vida, no va a dar un paso en falso ahora que apenas lo están dejando volver a París.
—Chai manzana, latte, una de azúcar mascabado, una de azúcar molida. Sin crema batida y con un shot de amaretto —informó Oliver sosteniendo la mirada de Erik, consiguiendo que el muchacho le dedicara una mirada de reojo a Luka.
—Sí sabe demasiado —soltó Erik recibiendo la bebida y agradeciendo el calor bajar por su garganta luego del primer trago.
—El tuyo estaba envenenado —dijo Colette metiéndose una galleta de vainilla a la boca, hurgando en la bolsa de papel para buscar las mejores galletas antes que los otros dos.
Erik tosió escupiendo algunas gotitas de su chai, sintiendo que se atragantaba con el líquido, buscando en la mirada de Luka algo de consuelo.
—Oli está dentro —dijo Luka volviendo a trabajar en el motor y suspirando frustrado. —Confío en él plenamente.
—¿Por qué confías en él? —Soltó Colette confundida.
—Porque los portadores están con él.
—Se me olvida que Luka está del lado de la ley —espetó Colette fastidiada. —¿Dijiste portadores? ¿Cómo, como los héroes de París?
—No como, los héroes de París confían en él.
Oliver levantó la mirada, pasmado ante aquella declaración, Colette y Erik lo miraron también, preguntándose cuál sería su siguiente paso. Pero Luka no añadió nada más.
No, la pelinegra no quiso pensar más en el asintió y carraspeó antes de volver su atención al motor del auto.
—Cobra está contigo —dijo Colette quitándole importancia al rollo de los portadores, saboreando el café que Oliver le había llevado.
Oliver le dedicó una mirada de pasmo a Luka, y fue tan creíble... Pero Luka sabía que estaba mintiendo, sabía que aquel muchacho fingía la expresión de sorpresa, como si le conociera el rostro mejor que a la palma de su mano. Erik y Colette sí se lo tragaron, y la pelinegra se cubrió los ojos, reclamándose internamente ante aquello, ahora ambos estaban donde Oliver los necesitaba.
—Mierda —murmuró el muchacho alejándose hacia la puerta. —Mierda Luka —espetó en voz baja, quería pelearse con Luka en ese instante, por todas las veces que el adolescente de quince años no pudo gritar porque su padre era un hombre justo que sabía cómo lidiar con un adolescente rebelde, diciéndole todas las palabras que él habría querido escuchar de Louis... Y luego pensó que aquello no era justo. No podía reclamarle a Luka por haberle amado tanto durante toda su etapa de rebeldía, así que negó con la cabeza, rindiéndose.
—Tranquilo, me debe un par de favores. O tal vez yo le debo a él, ya no lo sé. Lo que hay es una relación de mutua conveniencia, no de confianza. Es distinto, los portadores confían en ti.
—Una portadora confía en mí. Nada más —soltó Oliver entendiendo el juego de su padre, sonriendo de medio lado. —Esa es la parte de ti que nunca logré encontrar ¿no? Tu relación con Cobra, mira, Luka. —Amenazó el muchacho avanzando hasta su padre, mirándolo con reproche, sí, pero con un tinte de diversión en la mirada, gesto que no pasó desapercibido para el aludido. —Si no salgo corriendo en este mismo instante a buscar a la policía es porque creo que puedo atrapar a Lila esta vez.
—Estoy con la policía.
—¿Qué?
—Sí —espetó Colette sonriendo con desprecio —, también a nosotros nos tomó por sorpresa esa parte, no puedo creerlo, pero bueno.
—No está tan mal —soltó Luka divertido —, no es como que me perdone las infracciones cuando voy en la moto, pero al menos me está ayudando a buscar a los desgraciados que nos metieron un tiro a mi esposa y a mí, así que, estaré con Maunier tanto tiempo como eso me permita dar caza a esos perros.
Oliver suspiró acercándose al motor del bugatti, ganándose un golpe en las manos por parte de Colette.
—Así no ¿eh? —espetó Colette amenazándole con la stilson, mirándolo fijo. —Así no. Que Luka confíe en ti no quiere decir que voy a poner en tus manos el motor que nos va a llevar a la victoria esta noche, ya verás.
—¿Ya veré? —Se burló Oliver dirigiéndose a la esquina del garaje y sosteniendo en brazos la guitarra que Luka le había prestado para la clase de ese día. —Veremos quién ríe al último.
—Esperemos estar riendo —murmuró Luka con reproche viendo a Oliver sacar la guitarra de la funda.
—A ver, quiten los dos las manos de mi motor —espetó la chica levantando las manos a la altura de su cabeza, con el gesto tenso —, no puedo concentrarme de lleno, no dormí nada, y si están metiendo sus manitas donde no les llaman, no respondo si se rompe algo.
—Ya, ya, entendido jefa —espetó Erik retrocediendo hasta el sillón y tirándose a un lado de Oliver, dedicándole una mirada de reclamo, como si se quejara en silencio de Colette. El aludido se encogió de hombros asintiendo, concediéndole una leve victoria.
Oliver no pudo evitar sonreír de medio lado, los gestos eran muy parecidos, lo único que podría diferenciar al Erik que había sido amigo de su padre y al Erik que era su amigo, el cabello.
El hombre sentado a su lado tenía un hijo en el futuro, un Erik pelirrojo, espontaneo, rebelde hasta la coronilla, mimado y con un sentido del humor muy peculiar, un muchacho que vivía eternamente enamorado de su hermana Mei, que se la pasaba buscando la forma de acercarse a ella cuando Oliver no estaba cerca para defenderla de su mejor amigo, ahora entendía de dónde le venía el buen humor.
No, no dijo nada, no tuvo el corazón para quebrantar la paz de ese momento y llenarla de más mentiras que justificaran su presencia, prefirió dejar las cosas como estaban. Ya le marcaría a su amigo más tarde para contarle que había estado en el garaje sentado al lado de su padre, riendo y charlando con su amor platónico.
(Are you with me now? - Sixx:A.M)
Oliver comenzó a trenzar la melodía, aferrándose a la guitarra antes de tararear por lo bajo, Colette no dijo nada, no emitió queja alguna, y cuando Luka le dedicó una mirada larga al otro guitarrista, cuando le asintió como incitándolo a subir el volumen, Oliver sonrió de medio lado y asintió, rasgueando con más fuerza y comenzando a cantar.
Colette les daba la espalda, así que ninguno se percató de que la chica sonreía de medio lado, disfrutando aquel momento de paz, de calma, como si se permitiera sentir esperanza mientras Oliver tocaba para ellos.
Aprovechó un puente musical para dedicarle una mirada sobre su hombro —Si alguna vez te interesa cantar de manera profesional, Luka puede meterte en un buen lugar.
—Preferiría cantar contigo.
—No quites el dedo del renglón —murmuró ella limpiándose el sudor del rostro con el brazo.
—Anoche diste tu último concierto.
—Sí, con Panic and Chaos.
—¿Planeas seguir como solista?
¿Qué estaba haciendo? Conocía las respuestas de aquellas preguntas, hacerlas en voz alta no iba a cambiar nada, en su tiempo la chica se había esfumado de la faz de la tierra, había borrado cuentas, redes sociales, teléfonos, correos, se había vuelto invisible luego de hacer una última rabieta reclamándole al mundo por todas las malas decisiones que había tomado por ese maldito torneo, porque si bien terminar con Jeany no era lo peor que le había pasado en esos días, perderla definitivamente había sido lo que gatilló su necesidad de huir.
En el tiempo de Oliver, nadie había vuelto a saber nada de Colette luego de la última presentación que dio, luego de despedirse y dejar una bomba para el mundo.
Bueno, si podía evitarlo, lo haría.
Sabía que no debía cambiar el curso de la historia, sabía que cualquier cambio mínimo podía desatar un efecto mariposa, y una parte de él estaba aterrorizada puesto que sus padres nunca habían cantado "City of stars" estando en Primer piso, sabía perfectamente que ellos no se habían dedicado esa canción en la línea temporal de la que venía, así que se preguntaba cuántas cosas habrían cambiado gracias a su aparición en el pasado. Sabía que él no había estado presente cuando Luka habló con su padre para invitarlo a firmar para una canción con Bad, sabía que no había ningún Oliver Couffaine en los recuerdos de sus padres.
Sabía el riesgo que corría al tratar de cambiar el pasado, le habían hecho jurar que no revelaría algunas cosas, pero estaba determinado a arreglar lo que tuviese que arreglar para que Lila no le arrebatara la posibilidad a su Colette de ser feliz.
Estaba seguro de que, si el plan salía de acuerdo a lo que él tenía en mente, podría asistir a algún concierto de Colette en su tiempo.
—Por favor, si no te dedicas a esto de lleno, al menos déjame escucharte seguido —murmuró Colette levantando de nuevo la vista —, si Luka dice que eres de los nuestros y vas a tener la nariz metida en donde no te llaman, asegúrate de llenar las salas con música. No eres tan malo.
—Que no soy tan malo —espetó Oliver divertido, sin dejar de tocar, mirando a Luka —, dile a tu ex que soy tan bueno como tú.
—Lo siento, no me gusta mentir.
—Un día de estos te voy a superar en la guitarra —prometió Oliver sabiendo que todavía no llegaba el día.
—Sí, seguro lo harás.
—Bueno, dejen de pelear y ven a encender este bebé —espetó Colette retrocediendo dos pasos y poniendo las manos en sus caderas.
Luka obedeció, entrando al vehículo y arrancándole un rugido tan poderoso que Erik y Oliver tuvieron que taparse los oídos. Colette soltó un chillido agudo, un grito de celebración mientras levantaba los brazos por sobre su cabeza y daba dos saltitos en su lugar.
—Maldita Lila y malditos los imbéciles que nos destrozaron el motor —gritó la chica cuando Luka apagó el auto —, les vamos a ganar ésta, aunque me cueste la vida.
—No digas esas cosas, es de mala suerte —murmuró Oliver pensando en el hecho de que ahora tenía otro pequeño efecto mariposa entre las manos, porque las noticias que él conocía, el accidente de auto que su padre había tenido involucraba un Ferrari amarillo, no el bugatti de su madre.
Suspiró. Fuera como fuere, estaría ahí para auxiliarles. Y arreglaría lo que quiera que se hubiese roto en el pasado.
