(París en el presente, 11:45 de la noche, quince minutos para la carrera)
(Apex – Far out)
Colette tiraba patadas al aire, tratando de soltarse de los brazos que la sostenían. Todo se movía en cámara lenta a su alrededor, posiblemente por la desesperación de sentir que no se movía de su sitio. Tiró otra patada al suelo con tal fuerza que sus caderas se elevaron hasta los hombros de la persona que la sostenía por la espalda, abrazándola para apresarle los brazos, pero en eso entró otro hombre a su campo de visión, tomándola por las rodillas y cargándola al vuelo.
La chica jaló las rodillas hacia su pecho, consiguiendo que sus captores se dieran un cabezazo por el impacto, luego se estiró con violencia y los tres cayeron al suelo.
La chica se levantó en un salto ágil como gato y trató de salir corriendo, pero el ardor en su cuello, seguida del aletargamiento, la hicieron caer de rodillas.
No importó cuánto había gritado, no importó cuánto se había esforzado, ahora estaba ligeramente aturdida por alguna droga de reacción rápida.
¿A quié quería engañar? No había dormido nada, estaba cansada, no estaba lista para pelear ni para defenderse, no había nada que ella pudiera hacer para salvar el pellejo, sólo podía suplicar en su fuero interno que Marinette o alguien de la banda notara su ausencia para poder hacerle llegar a Luka la noticia, que alguien tomara su lugar en la carrera y que siguieran adelante con el siguiente reto.
Estaba decidida a conseguir a toda costa que su equipo pasara a la siguiente ronda, por eso se había dejado el alma en tratar de arreglar el motor del bugatti para que éste se convirtiera en una auténtica máquina de guerra. Por eso había pasado la noche, la madrugada, la tarde en vela haciendo los últimos ajustes necesarios para que Luka condujese el vehículo más potente de toda la carrera.
No importaba si ella no estaba, Erik podía hacerla de copiloto y al mismo tiempo dar mantenimiento al auto en caso de ser necesario. Luka estaba en buenas manos, y además estaba Oliver, rondando los rincones de su mundo, seguro que él podría hacer algo.
No tenía sentido seguir resistiéndose, estaba cansada, le dolía todo el cuerpo, le dolían los golpes que le habían dado para sacarla del garaje, así que por fin cedió y cayó en la inconsciencia, perdiéndose en la oscuridad de su mente como si aquello fuese un refugio capaz de llevarse consigo el dolor, la desesperación y la posibilidad de perder sin haber tenido siquiera momento de pelear, de defenderse, de intentarlo.
Sonrais, Kami, Scar, Mariana... Sólo... Sólo no me maten, por favor.
(París en el presente, 10 pm, dos horas para la carrera)
Oliver estaba sentado frente a su ordenador, observando a detalle el rostro de Erik a través de la video llamada que sostenían, desafiando las leyes del espacio y del tiempo, porque el muchacho pelirrojo que le devolvía la sonrisa en ese instante no era otro que su mejor amigo desde que eran niños.
—No lo creo, viejo —espetó el pelirrojo sonriendo al percatarse de que Oliver tenía el vaso de café autografiado por Colette —, ¿de verdad te lo firmo La Colette que creo?
—La misma. ¡Dios, tendrías que verla! Las fotos, los videos, nada de eso le hace justicia.
—No te enamores, hermano —bromeó el muchacho divertido, sacando a Oliver de sus cavilaciones —, recuerda que ella es bastante mayorcita para ti.
—No me importa que sea mayor que yo —espetó Oliver recargándose hacia atrás en su sitio, sonriendo con picardía —, dicen que, a mayor edad, mejor experiencia ¿no?
—¡Oliver!
—Ya, es broma —exclamó el muchacho alzando las manos en señal de rendición. —Ya en serio. Las cosas en casa ¿cómo están? Mis padres, el mundo en sí.
—Nada ha cambiado, el tío Luka tuvo otro... mini infarto esta mañana, pero no ha pasado a mayores. Tu madre dice que está bien, que ya se le pasará y que Luka es un hombre fuerte como un roble, pero no estoy seguro, se puso muy pálido y su codo atravesó la mesa.
—Sí, algo así pasó unos días antes de que me fuera de ahí. Sobre lo que te pedí.
—Sí, tengo toda la información aquí.
Una serie de ventanas se desplegaron por toda la pantalla de Oliver, noticias ocurridas a lo largo de los años, revelaciones, entrevistas, y encontró lo que estaba buscando, la confesión de una persona que aseguraba haber saboteado el auto de Luka Couffaine la noche anterior de la carrera.
—Dice que fue un accidente —dijo Erik recuperando la atención de Oliver en aquella frase. —Que su intención era que el motor permaneciera funcional para hacer que se accidentara. La noticia del auto estrellado de la que hablabas no está, la busqué por todos lados, pero no di con ella. ¿Estás seguro de que la leíste?
—Erik, me la sé de memoria —musitó Oliver angustiado, pensando en que se la había memorizado a propósito para buscar pistas de cómo salvar a su padre. —No me digas cómo termina la carrera, creo que la razón por la que ese auto fue destruido en lugar de dejar el motor inservible es por mi estadía aquí, algunas cosas han cambiado en el tiempo, por lo que me cuentas no ha ocurrido un efecto mariposa todavía y prefiero no tener conocimiento de lo que viene a continuación, de ese modo no puedo estropearlo.
—¿Estás seguro de esto?
—Completamente.
—Oye, pero ¿tu padre tiene algún plan de contingencia o algo así? Quiero decir...
—Entiendo, que yo sepa, el bugatti era el plan de contingencia, así que, ellos no tienen plan C, pero yo sí tengo plan B en caso de ser necesario. No quiero interferir mucho. Sólo hay una cosa que tengo que cambiar, y es el hecho de que alguien trata de matar a mi padre en este torneo.
—¿Qué hay de lo de Colette?
—Ella... —Oliver hizo una pausa tratando de calmar sus emociones, tratando de organizar sus pensamientos a sabiendas de que no estaba ahí por esa razón. —Mira, ella ya anunció que Panic se separa, así que llegué tarde para evitar esa primera desgracia, ya terminó con su baterista, segunda desgracia que no pude evitar a tiempo, sólo me queda una oportunidad. Tres strikes o será out. Así que más me vale darme prisa antes de que sea demasiado tarde.
—Mucho éxito.
—Deséame suerte —murmuró sombrío, sabiendo que aquello no sería suficiente para que las cosas resultaran bien esa noche. —La voy a necesitar.
Erik asintió sombrío y luego negó con la cabeza. —Me voy, tengo que ir a ver a Gabriel mañana, así que más vale que descanse.
—Déjales mis saludos de paso —pidió el muchacho con una sonrisa.
—Oli, si todo sale bien, tú volverás al punto exacto de donde te fuiste y esta conversación nunca habrá ocurrido.
—Yo voy a recordar todo —amenazó divertido —, así que si estás planeando confesarme que estás saliendo con mi hermana y pretender que lo olvide, no lo haré.
—Dejaré que ella te lo confiese. Adiós. —Y cortó la llamada antes que Oliver tuviera tiempo para procesar aquella declaración, dudando entre si era una broma o si su amigo hablaba en serio.
—Niño —llamó Plagg saliendo de su escondite, encarando a Oliver con gesto de preocupación.
Tikki, Pollen y Sass salieron también con el mismo gesto.
—Estoy bien —prometió Oliver tratando de calmar a sus amigos. —No me voy a meter donde no me llaman.
—Esssso dicse la razsón, pero cuando el coraszón actúa...
Suspiró dejando pasar aquello y sonrió recuperando la chaqueta que Luka le había ofrecido para que pasara desapercibido. Se encaminó hasta el sitio donde se llevaría a cabo la carrera, suprimiendo la risa al ver la expresión de algunos reptiles ante el hecho de que su padre charlaba alegremente con Maunier en una esquina de la calle, esperando que el caos iniciara.
Si había alguien que supiera reinar y al mismo tiempo crear caos, ese era Luka Couffaine, así que Oliver sonrió paseando la mirada en busca de su madre, que seguramente llegaría usando algún atuendo rosa pastel para contrastar la noche y seguir fastidiando a los reptiles.
No. Esa noche Luka y Marinette iban perfectamente coordinados, puesto que mientras Luka llevaba una camiseta negra ceñida al cuerpo de cuello V, pantalón de mezclilla y botas (obviamente, portaba orgulloso la cazadora de cuero negro que su esposa había confeccionado para él, la primera de la colección de Les Reptiles), Marinette vestía un pantalón entallado de mezclilla, un bralette negro con bordados y encajes, y la chaqueta de reptil honoraria puesta sobre los hombros, dejando a la vista mucha piel disponible.
Oliver se sonrojó hasta las orejas ante la pañoleta roja que su madre llevaba atada a manera de diadema, manteniendo su cabello ondulado lejos del rostro.
Pasó saliva con dificultad y luego negó con la cabeza.
—Luka —llamó apenado el muchacho cuando vio la sonrisa lasciva que su padre le dedicaba a su madre al verla acercarse —, no quiero molestar, pero ¿no te da... cosa que los reptiles vean así a mam... Marinette?
Luka soltó una risa por lo bajo sin soltar la mirada de su esposa, pero ladeó un poco la cabeza para que Oliver lo escuchara por encima del bullicio.
—Si cualquiera de los aquí presentes le dedica una mirada a mi esposa que a mí me parezca fuera de lugar, yo los mando al hospital con una bala en el costado. Y ahí vas incluido tú.
—Créeme, no podría verla de otro modo que como familia —murmuró Oliver con un escalofrío.
Pero Luka no escuchó el final de la frase puesto que ya se había encaminado hasta su esposa, capturando su cintura y arrebatándole un beso despiadado y feroz.
Oliver no pudo evitar sonreír al verlos, puesto que, a pesar de su pinta de tipos rudos, la mirada que se dedicaron fue de devoción, no de lujuria, y esa misma devoción pareció identificarse cuando Marinette se quitó la bandolera del cabello para atarla alrededor del cuello de su esposo, murmurando "Para la buena suerte" antes de besarle la punta de la nariz.
—¡Contendientes! —Gritó Andree con su sonrisa socarrona de siempre.
Luka tomó una punta de la bandolera, dándole un tironcito antes de sonreír a su esposa y repetir: —Para la suerte. —E inmediatamente después se acercó hasta el bugatti, sombrío.
—¿Sus Copilotos están en posición?
Luka presionó un botón en su cuello, el comunicador que le había entregado Colette, la escuchó al otro lado de la línea, sonriendo soberbia. —En posición.
—Preparados —gritó Luka en medio de todos los demás, que también habían soltado exclamaciones de afirmación.
—¿Está listo su equipo de trabajo? —Nuevos gritos por parte de todos, así que Andree soltó una carcajada antes de mirar su reloj una última vez. —A la media noche, en punto. Contendientes a la línea de acción.
Luka, todos los conductores, se pusieron de pie sobre una línea amarilla que los separaba algunos metros de sus vehículos, todos estacionados en línea recta con la puerta del piloto abierta, a la espera del inicio de la carrera.
Veinte minutos. Los tendrían ahí de pie veinte minutos antes de que pudieran hacer algo para moverse en dirección a los vehículos. Si uno rompía filas antes de tiempo, estaban perdidos.
Y un mal presentimiento.
—Colette —llamó Luka presionando su radio, sintiendo que la ansiedad le invadía poco a poco, apoderándose de cada neurona de su ser. Pero soltó un suspiro, tranquilo, al escuchar la voz de su amiga al otro lado.
—Tranquilo, tigre, todavía no podemos hablar.
—Me aseguro de que sigas con vida.
—No seas ridículo, esta noche tú corres más peligro que yo. Diecisiete minutos —marcó la joven con una sonrisa radiante.
—Lo sé, pero nunca está de más preguntar.
—Voy a cortar comunicación. O nos echarán de la carrera, te marco en dieciséis minutos. Cambio.
—Cambio y fuera.
Oliver respiró profundo una vez, dos veces, tres veces, y luego salió corriendo en dirección a su motocicleta, esperando tener tiempo de sobra para hacer aquello. En el trayecto, Marinette lo vio con la expresión desencajada y no pudo evitar gritarle por su nombre.
—¡Algo no anda bien en el garaje! —Respondió Oliver sin dejar de correr.
Marinette le dedicó una última mirada a la espalda de Luka y luego ella misma salió corriendo en dirección a la motocicleta.
No estaba lejos. No estaban tan lejos. Si algo pasaba, podrían llegar a tiempo. DEBÍAN llegar a tiempo. Porque Colette era los ojos de Luka para aquella contienda.
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(Gallows – Katie Garfield)
Colette despertó por el baldazo de agua... No, el baldazo sólo la hizo reaccionar un poco, seguía sumida en aquel letargo, su cabeza pesaba demasiado, ella se sentía mareada, como si todo su cuerpo fuese una gelatina uniforme temblando por el movimiento.
Lo que sí la hizo despertar fue el pinchazo en su brazo, una descarga de adrenalina, literalmente, con la que se levantó de golpe, sintiendo el corazón acelerado al máximo, sintiendo que su cuerpo se aceleraba, sintiendo que se asfixiaba por su propia respiración.
Dos personas se cernieron sobre ella, sosteniéndola quieta, inyectándola de nuevo para tratar de estabilizar lo que le acababa de pasar. Y cuando por fin volvió un poco en sí, levantó la vista topándose con las esmeraldas sádicas que Lila tenía por ojos.
—Bienvenida, culebrita.
—Ay, una zorra —soltó Colette arrastrando las palabras, dejando caer la cabeza de nuevo, sintiendo náuseas por la velocidad a la que todo parecía moverse, primero muy rápido, luego muy lento, luego rápido otra vez, una pesadilla interminable. —¿Sabes qué? —Soltó Colette levantando la mirada, componiendo una expresión de arrepentimiento —voy a hablar, confesaré. ¿Por dónde empiezo?
—Empieza por Luka.
—Cierto, Luka, Luka, Lukaaa ¿Qué?
—Luka Couffaine.
—¡Ah —exclamó la chica en un grito —, mi ex! Sí, ese Luka. Ay Dios —dejó caer la cabeza de nuevo —¿por dónde empiezo? Ok. Tenía catorce años —volvió a levantar el rostro, regodeándose internamente por la expresión de confusión que compusieron los presentes, todos salvo Lila, cuya expresión sólo daba cabida a la rabia que iba en aumento. —Era mi crush —reveló con una sonrisa boba mientras ladeaba el rostro. —¡Y con qué fuerza empuja! En la cama es...
Lila le propinó una cachetada a Colette, obligándola a volver el rostro.
La reptil dejó correr unos segundos antes de volver la vista a su captora, suspirando.
—No tengo tiempo para tus juegos.
—Querías que empezara con Luka ¿No?
Lila hizo por avanzar de nuevo, pero uno de los presentes la detuvo por la cintura, hablando con voz aterciopelada. —Tranquila, querida. Esta noche no es por Luka.
—Tú me pareces conocido —llamó Colette distrayendo a sus captores —, ¿por qué?
El hombre bufó por lo bajo, sonriendo al darse cuenta de que Colette cada vez estaba menos y menos dopada, recuperando lentamente la consciencia. La chica se quedó helada al darse cuenta de que el hombre que la miraba, con los cabellos rubios, con los ojos verdes, con el porte elegante y la sonrisa ladina tenía un parecido impresionante con el ex de Marinette. Pero había diferencias claras, él no era tan fornido, su piel estaba menos bronceada, su rostro era afilado.
—Fui un grosero. Me llamo Félix. Soy primo de Adrien, amigo de un amigo tuyo.
—Sí, se nota que son familia. Dios, tienen fuertes los genes ustedes, los Agreste y los Couffaine.
—Colette, te di todas las oportunidades que pude —murmuró Lila con voz calmada, un depredador al asecho de su presa, un águila a punto de pescar a la serpiente a campo abierto —, pero algo tienen tú y todos tus seres queridos que no se dejan seducir por la oscuridad.
—Sí, Luka le dice efecto Marinette —Colette escupió aquellas palabras con toda la intensión de hacer daño, de clavarle una mordida e inyectarle tanto veneno como fuera posible, porque, aunque el águila la llevase al vuelo, la serpiente mordería cuantas veces pudiera para hacer a su depredadora remitir.
Pues sus palabras tuvieron eco en la ladrona, Lila soltó otro grito antes de propinarle una bofetada a Colette y obligarla a volver el rostro hacia el otro lado. Pero en lugar de molestarse, Colette sonrió ladina, escupió sangre y volvió a sonreír para Lila, orgullosa y altanera.
—Mari pega más fuerte —dijo con un canturreo infantil y divertido.
—Y yo que quería enviarle un mensaje a Luka —musitó Lila temblando de rabia, sintiendo que todo su cuerpo entraba en alerta. —No, esta noche el mensaje es para ti, para que te quede claro de una vez y para siempre que a Lila Rossi no se le dice que no, siempre me salgo con la mía ¿me escuchas? Siempre. Trae el agua.
—¡No, por favor —suplicó Colette con fingida angustia —, el agua no, no me quiero bañar el día de hoy! Es viernes, mamá.
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Marinette se quedó pasmada un momento, Oliver había llegado un minuto antes que ella y había encontrado el lugar batido. El casco cayó de sus manos y la chica miró a Oliver como suplicando por una explicación.
—¡Mierda! —Gritó con fuerzas el muchacho, consiguiendo que el corazón de Marinette diera un vuelco, había visto a su Luka en aquel gesto, y no pudo evitar pasar saliva, pensando en que, si se parecían tanto, ahora Oliver era capaz de cualquier cosa con tal de encontrar a Colette.
Pero no se movió. El muchacho respiró profundo llevándose las manos a la cabeza, presionando contra sus sienes y soltando el aire en un gesto controlado antes de asentir una vez y mirar a Marinette, extendiendo una mano para alcanzar el comunicador de Colette y entregárselo junto con la tableta.
—Mi p... mi primo va a necesitar ayuda para esto. Necesita un copiloto.
—Oliver, no creo...
Pollen salió de la chaqueta de Oliver, sonriendo para la portadora, consiguiendo que la chica se quedara sin aliento un momento.
—Hola Marinette... —Murmuró la kwami sonriendo de medio lado, apenada. —Confía en nosotros. Oli no hará nada tonto, y no nos pondremos en peligro. Nuestra misión es detener a Lila, no más.
—Colette ha sido mi amor platónico por mucho tiempo —murmuró Oliver pensativo —, si puedo salvarla lo haré. Pero mi prioridad es otra. Tengo que detenerla. ¿Lo entiendes?
—Lo entiendo. Seré copiloto.
—Date prisa, la carrera empieza en un minuto.
Ambos se movieron al mismo tiempo, Marinette se sentó al escritorio y Oliver levantó el casco de su padre del suelo, estuvo a punto de ponérselo, pero volvió la vista al kwami de la abeja y le hizo un movimiento con la cabeza. —Pollen, quédate con Marinette, tal vez...
—No, está bien. Mullo está conmigo —confesó la portadora mientras el ratón emergía de su escondite. —Estaré bien.
—¿Segura?
—La protegeré —prometió el ratón mirando a Oliver con una intensidad ígnea, cuestión que hizo al muchacho asentir una vez antes de ponerse el casco y salir hacia su motocicleta, perdiéndose en la noche.
—Luka —llamó Marinette sin aliento por el comunicador. Silencio al otro lado, el silencio dudó unos segundos y luego el muchacho respondió.
—¿Dónde está Colette?
—No lo sé.
Silencio. Ambos portadores guardaron silencio, Marinette sintió que el corazón se le encogió en esa ronda de silencio, como si el mundo de ambos se viniera abajo, pero escuchó a Luka respirar profundo y ella misma emitió ese gesto, no podía romperse, no todavía, no mientras la vida de su esposo y de su amiga estuviera en juego.
—¿Tienes la ruta?
—Está llegando.
—Serás mis ojos, Marinette —soltó Luka con una sonrisa ladina —, de nuevo, mi vida está en tus manos.
—No podía estar en mejores manos.
—¿Colette?
—Oliver va hacia allá. Y Kagami viene hacia acá.
—Nada puede salir mal.
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—¡Mierda, Erik responde! —Gritó Oliver por encima del rugido de su motocicleta cuando la tercera llamada a Erik lo desvió al buzón.
—No esstá ressultando.
Su amigo tenía el sueño pesado, ya era media noche, escuchó a lo lejos el ruido de los motores y supo que la carrera acababa de iniciar. Tenía que encontrar a Colette cuanto antes, pero no podía hacerlo solo.
—Sass —llamó desesperado. —Necesito el poder de Xiǎngwěishé*, ¡Transforme moi!
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Colette estaba tirada de lado, aún atada a la silla por brazos y piernas, un charquito de sangre se extendía alrededor de su nariz, pero ella no levantó la cabeza, prefirió mancharse en su propia sangre antes que volver la vista a Lila.
Escuchó un chasquido, orden de Lila, y recibió una nueva patada en el estómago, emitiendo un sonido sofocado, tratando de disimular el grito en un ruido gutural, no le daría el gusto a Lila de gritar por su tortura, no le daría el gusto de escucharla gemir por piedad, no perdería ante ella.
—Sabes —murmuró la morena caminando alrededor de Colette con un gesto de desprecio y aburrimiento —, no te va a servir de nada resistirte, mi punto ya lo probé. Nadie que se meta conmigo sale ileso, pero yo que tú rogaría un poquito por mi vida, por tu bien.
—Qué considerada —espetó Colette con los dientes apretados —, mira que venir a darme consejos cuando me muero por los golpes, eso sí es generosidad.
—Sigue burlándote todo lo que quieras. Oliver ya te está buscando —canturreó Lila con una sonrisa de medio lado al ver a Oliver moverse en la motocicleta por la ciudad, lo perdió de vista cuando el muchacho se metió en un estacionamiento, pero no le dio importancia y volvió su atención a su presa.
—Conociéndolo, el hacker ya encontró mi celular.
—Escucha, querida, para cuando Oliver de contigo, será demasiado tarde. Le va a tomar un rato encontrar este lugar.
—No me importa —admitió Colette levantando un poco el rostro. —Ya te dije, Marinette pega más fuerte, y de todos modos no hay nada que puedas sacar de mí. Aunque ya hayas probado tu punto de ser mejor que todos.
—Cierto. No pareces muy convencida del alcance de mi poder —murmuró Lila entonando una melodía socarrona y zalamera, como midiendo la voluntad de Colette.
—Créeme —espetó la aludida rodando los ojos mientras dos guardaespaldas de Lila la levantaban hasta poner la silla de nuevo en su sitio, el rebote hizo que a Colette le doliera la cabeza y le zumbaran los oídos, pero no gruñó, no gimió, no dio luces de su malestar —, me ha quedado claro el punto.
—No lo suficiente —dijo antes de volver a chascar los dedos.
Una puerta al fondo se abrió, Colette vio con indiferencia la luz colándose hasta la bodega y su teléfono celular sonó con vehemencia.
Lila sonrió aprovechando el distractor y contestó al ver el contacto de Oliver en la pantalla.
—Colette, gracias a Dios; voy en camino, señorita. Aguanta un poco —rogó el muchacho con vehemencia. Una súplica interna, un rezo al destino para llegar a tiempo.
—Sí, la señorita no puede contestar —soltó Lila con una sonrisa de medio lado. —Eso, por una parte, y por otra parte está Luka Couffaine.
—Lila... —Gruñó Oliver reconociendo la voz, sintiendo que la rabia le nublaba la vista un segundo, tratando de luchar contra ello y mantener la mente despejada. —¿Qué tiene que ver mi pa, primo con todo esto?
—El Bugatti —soltó la morena como si aquello fuese una victoria sobre ellos. —Perdón que lo diga, pero ni el trabajo arduo de esta extraordinaria señorita fue suficiente para darse cuenta de que instalamos una pequeña bomba.
—¿Qué? —Murmuró Oliver, pasmado. —No. Revisamos el motor, lo armamos esta mañana.
—Sí, y hay dispositivos tan chiquititos que caben perfecto en el tanque de la gasolina, incluso parecen salidos de una película de espías, pero eso tú deberías saberlo bien, ¿no?
—¡Ve por Luka! —Gritó Colette frustrada de no poder hacer nada. —Tenemos que ganar a como dé lugar.
—Veamos si piensas igual después de esto —murmuró Lila haciéndose a un lado, dejando a la vista el cuerpo maltratado de Jeany, que parecía haber recibido una golpiza igual o peor a la que Colette estaba recibiendo en esos momentos.
—No... —Murmuró la joven con los ojos comenzando a llenarse de agua.
—Colette —gritó Oliver en el teléfono —, Colette ¿qué pasa?
—No les des nada —suplicó Jeany a media voz, levantando la cabeza para mirar a Colette a los ojos, sonriendo a pesar de todo —no dejes que ganen esta vez, no los dejes. No importa el precio, no los dejes ganar. Si tú estás dispuesta a pagar, yo también.
—Jeany. No, Jeany —Llamó Colette desencajada, como si pronunciar aquellas palabras fuese como un mantra capaz de calmarla, capaz de poner a salvo a la chica.
—Ahora decide, Oliver.
—¡No negocies! —Exigió Jeany en un grito desgarrador, consiguiendo que Lila le dedicara una mirada de desprecio.
—Puedes salvar a uno de tres —Dijo Lila con voz seca. —O a Luka, o a Jeany, o a Colette. Tic, toc, el tiempo corre —Lila cortó la llamada y encaró a Colette. —Te dije que quería dejar claro mi punto, darte un mensaje, nadie se mete conmigo y vive para contarlo.
Y aunque Lila sonrió con arrogancia, le tomó por sorpresa el hecho de que Oliver le estaba devolviendo la llamada.
—¿Diga? —Soltó la morena con sorna, pero la voz de Oliver se alzó como una corriente gélida, llenando el lugar.
—Voy a ir por tres de tres. Y si acaso pierdo a alguien, no habrá fuerza que me pare —Oliver colgó a la llamada y Colette sonrió envalentonada.
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Desde su motocicleta, Oliver miró a Pollen en su bolsillo interior, se había estacionado en el garaje sin la transformación, recordándose a sí mismo que había prometido no interferir de más, un pequeño efecto mariposa ya era demasiado por lo que preocuparse, y escuchar a Jeany y a Colette pedirle que peleara, que no se dejara amedrentar... bueno. Era un rebelde, no iba a cambiar sus convicciones, primero estaba salvar la vida de su padre y luego todo lo demás.
—Ve con Colette —ordenó a Pollen, entregándole la peineta y asintiendo sombrío. —Pero no hagan nada.
—Le diré que estás en camino.
—Gracias.
Oliver entró al garaje y sonrió para Marinette, que tenía los audífonos de casco puestos y tecleaba a toda velocidad.
—Gira a la izquierda en la siguiente intercepción.
—Mari, tenemos un problema —murmuró el muchacho viendo cómo ella silenciaba su micrófono con los ojos fijos en el mapa de la ciudad.
—Sí. Tu padre no sabe que tiene una bomba en el coche. Erik la encontró en la última parada exprés que hizo Luka en su taller, pero no lo notó hasta que Luka había arrancado de nuevo, no tiene cómo comunicarse con él sin ser descubierto.
—¿Qué? —Murmuró el muchacho viendo a Mullo sentada al lado de su madre, sonriéndole de medio lado. —¿Qué hiciste?
—Yo nada —prometió la kwami encogiéndose de hombros.
—Oli, lo iba a descubrir tarde o temprano, se parecen demasiado, tienes mis ojos —Marinette sonrió sonrojada, pensando en las posibilidades que aquello ofrecía para ellos. —Pero no fue por los kwamis que lo descubrí. Sé que te acompaña más de uno, Mullo sintió a Sass acercándose cuando venías hacia acá, no necesitó decirlo, hemos pasado tanto tiempo juntas que ya siento al reptil cuando se acerca. Aunque no sea el de nuestro tiempo.
—Ese fue un regalo que le hizo Tikki hace tiempo, cuando la curó con su magia —informó Mullo mientras Sass salía de entre los pliegues de la chaqueta de Oliver, tomando las manos de la roedora. —No has cambiado mucho, pero estás diferente.
—Y tú eress tan inocsente como ssiempre, ess exssstraño verte aquí. Ver a la tú de essste tiempo.
—Pero no será por mucho si logramos sobrevivir a este torneo, y pronto volveremos a donde pertenecemos ¿verdad?
—De scierta forma yo a tu lado y tú al mío.
—¿Cómo lo descubriste? —Quiso saber Oliver, sabía que no tenía mucho tiempo, pero una parte de él no se quedaría tranquila hasta comprenderlo todo.
—Luka me contó de la chaqueta —murmuró la joven bajando la mirada, enviando nuevas indicaciones a Luka, actualizando su GPS para que él se dirigiese al centro de la ciudad. —Del logotipo en tu solapa. Por una parte.
—Esa no es suficiente prueba. ¿Cómo que por una parte?
—Para ti no parece suficiente prueba, pero ese logotipo no lo diseñé para la marca en general, es un trato que tengo con Andree respecto a la línea que diseñé para sus reptiles. Ese es un signo que sólo podemos usar con mi gente, con la gente del herpetario de Luka, la gente a la que él acepte como confiable, así él podía distinguir a aliados de enemigos con un simple vistazo —Oliver pasó saliva con dificultad. —Luka es observador, pero esa es una parte que todavía no le revelo, ese es el logotipo para nuestra familia. Y el lunar.
Marinette guardó silencio tecleando a toda velocidad frunciendo el entrecejo, repentinamente furiosa. Luka le acababa de decir que pasaría al garaje de Erik para una revisión rápida. Le habían disparado a las llantas y creía que debía cambiar una, o al menos parcharla para volver a la carrera. Llevaba una ventaja de cinco minutos, pero ese tiempo pasaba de ser kilómetros a metros con cada segundo que transcurría. Tenía toda la intensión de poner otros cinco minutos de por medio y ganar la carrera con toda la ventaja que pudiera.
—Esto no es Mario Kart —espetó Marinette furiosa encendiendo su micrófono. —No deberían tener cosas que perjudiquen a los otros jugadores.
—Ya, debería traer algunas cáscaras de plátano en la maleta —soltó Luka divertido, drifteando con maestría mientras se metía en un callejón para ponerse a salvo de otra ronda de balas. —Ahora creo que hice mal en no aceptar las armas que Colette dijo debíamos ponerle a tu bebé, pero como me lo pediste intacto... —un gruñido metálico llenó los audífonos de Marinette y ella tuvo que quitarse los cascos un segundo para poner el ruido lejos de sí misma. —Amor, no te voy a poder entregar esto intacto y le voy a pedir a Erik su beretta.
—Ya, pues estoy pensando seriamente en rayar la pintura de tu moto con las uñas —respondió con rebeldía la chica, levantándose el cabello usando un lápiz para sostenerlo y volviendo a teclear a toda velocidad.
—Si te metes con mi bebé... —trató de amenazar Luka, perdiendo toda jocosidad.
—¿Qué harás, Luka Couffaine? ¿Amarrarme a la cama y negarme el orgasmo?
Oliver se sonrojó hasta las orejas al escuchar la voz de aquella mujer, sonriendo con vehemencia ante el silencio que se alzó en todo el espacio, silencio de Luka, silencio de los kwamis y silencio de su hijo.
—Ruta —espetó Luka molesto, consiguiendo que Marinette sonriera enternecida.
—No sabes cómo te amo, cielo —soltó la chica recalbirando el GPS, consiguiendo sin saber que Luka sonriera también.
—Te amo, Mari. Ahora voy con Erik y me pongo en contacto contigo.
—Dile a Erik que me mande un reporte completo.
—Sí.
—¡Luka!
—Sí, le diré que lo envíe —repitió con más fuerza, ante la aparente desconfianza de su esposa.
Cortaron la comunicación y Marinette se quedó tecleando, con el entrecejo fruncido, con la mirada puesta en los datos que iban y venían, escuchando atentamente todas las indicaciones que estaban dando a los copilotos para hablarles de los cambios de ruta que iban implementándose a lo largo de la noche. Oliver se quedó helado al ver así a su madre.
Sólo la había visto así de concentrada cuando enviaba a los portadores en entrenamiento a misión contra Zhao, la villana de su época, así que estaba de verdad enfocada, pero ahora verla ahí, tan joven, tan bella, tan llena de vida...
(Heart of courage – Two steps from hell)
Dos gruesas lágrimas se escurrieron por sus mejillas cuando se dio cuenta de que estaba perdiendo de vista su misión. No le importaba salvar a su padre para salvar su vida, es decir, antes había sido importante hacerlo así, pero ahora... ahora se hacía la promesa de que, no importando qué, salvaría a Luka para evitar que Mari sufriera de nuevo, nadie le rompería a aquella mujer apasionada y frágil el corazón si él podía evitarlo.
—Me desenfoqué —admitió pensando en Colette —, pero mi misión es clara, no importa qué.
—Todos perdemos el enfoque, errar nos hace humanos, volver al camino determina la madera de la que estamos hecho. Podemos salvarlos. A todos —prometió Marinette severa, enviando la última información a Luka antes de encarar a Oliver, todavía atenta a lo que escuchaba en los audífonos.
—Tienen también a la novia de Colette. Pollen ya va en camino.
—Buscaremos la manera —prometió Marinette levantándose hacia el muchacho y rodeándolo con sus brazos, Oliver se aferró automáticamente a su cuerpo, llorando amargamente contra el cuello de su madre, percatándose de que el perfume que ella usaba era el mismo de siempre, literalmente, el mismo de toda la vida —, esta noche salvaremos a todos de ser posible.
—Es que no va a ser posible —confesó el muchacho, quebrantado —, no sin provocar el caos.
—Conozco esa parte —murmuró Marinette en medio de un suspiro, ya había estado en ese predicamento una vez, y le temía al efecto mariposa sin lugar a dudas, porque conservaba los recuerdos de un Chat Blanc destrozado, sin ilusiones, devastado —, pero afrontaremos las consecuencias de nuestros actos. Así que esta noche salvaremos a todos de ser posible.
Silencio. Transcurrieron sólo los segundos suficientes para que Oliver sollozara tres veces, y luego de eso el muchacho se levantó tomando una respiración profunda, porque en aquel hombre el miedo funcionaba de esa forma, contaría hasta tres y luego todo iría bien, haría de tripas corazón para encontrar la fuerza necesaria, se levantaría. Ya tendría tiempo de llorar una vez que todo se resolviera.
—Lo segundo fue tu lunar —repitió Marinette acariciando el rostro del muchacho con una sonrisa de medio lado. —Tienes un lunar en el cuello que parece un corazón visto de lado, Luka tiene ese mismo lunar, y esas cosas no se transmiten entre primos. Lo sé porque tengo un lunar copia idéntica de mi madre. Así que, si todo salió de acuerdo a nuestros planes, tú eres nuestro bebé, ¿no es así?
Oliver asintió lentamente, sorbiendo un poco la nariz y arrugando la boca en un puchero infantil.
—Sí, mamá... yo soy su bebé.
—Puedo apostar que ese gesto será mi favorito cuando lo hagas de niño —murmuró Marinette dándole un golpecito en la nariz a Oliver antes de volver a la computadora. —A trabajar —soltó al final, perdiendo todo rastro de dulzura y omitiendo sus gestos maternales. —Y de esto, ni una palabra a tu padre, ya es bastante complicado que yo lo haya descubierto.
Oliver se secó las mejillas, asintiendo, antes de mirar a su madre y agacharse sobre la computadora. La joven diseñadora torció el gesto, apretando la expresión con cierto grado de angustia antes de dedicarle una mirada de reojo al muchacho.
—Recuérdame no volver a hacer bromas sobre mi vida sexual estando tú presente —murmuró la joven dedicándole una mirada de reojo al muchacho, haciéndolo sonreír incómodo. —Ahora será muy extraño —y ambos soltaron una carcajada luego de aquella confesión, asintiendo mientras una nueva sensación de complicidad se instauraba entre ellos.
Sin embargo, luego de esa complicidad, ambos se pusieron manos a la obra.
—Te acabo de enviar la ubicación de Colette —dijo Oliver poniéndose el casco de nuevo antes de agacharse a un lado de la diseñadora. —Las tienen en una bodega o algo así. Por el eco que escuché en la llamada, pueden tenerlas incluso en el sótano de esas bodegas. No sé mucho en realidad, espero que sirva de algo.
—Mullo —dijo Marinette a manera de orden, sin levantar la vista del teclado, entregándole a Lulka la ruta nueva, el roedor levantó vuelo y se perdió en la noche.
—¿Está bien que te quedes sola?
—Oh, vamos Oli —soltó Marinette divertida —, ¿seguiremos pretendiendo?
—Ok, Tikki está cerca entonces —concedió Oliver sonriendo de medio lado, asintiendo. —Contra la voluntad de mi padre, he preparado un auto, y pretendo entregárselo, pero primero necesito quitarle los ojos de Lila de encima ¿Podemos hacer algo?
—Sí, podemos. Lo dirigiré a la torre Montparnasse de último minuto, lleva el auto hasta ahí y me encargaré de coordinar todo.
—No, déjame a mí —pidió el muchacho levantando el visor polarizado de su casco y dedicándole una mirada intensa a su madre —, te daré un canal seguro para hablar con Luka, y hablar al mismo tiempo con ustedes.
—Ten cuidado.
—Tengo suerte —murmuró el muchacho con una sonrisa antes de bajarse el visor y correr hacia la motocicleta, dejando a Marinette con el orgullo hinchándose en su pecho.
—Espero que sea así —murmuró Marinette llevándose una mano al pecho, luchando contra la angustia, contra el mal presentimiento que la agobiaba en ese instante como si la carcomiera desde dentro.
Tikki salió de su escondite y se sentó en el hombro de Marinette, suspirando y tratando de brindarle algún consuelo con su compañía, sabiendo que algo saldría mal esa noche.
—Corazones arriba —murmuró la kwami flotando hasta posarse frente al rostro de su portadora y sonreírle con ganas —, tenemos una carrera que ganar.
—Cierto, no hay tiempo para perder. Luka —llamó la chica encendiendo de nuevo el micrófono y volviendo la vista a la pantalla —¿cielo?
—Aquí, ¿qué pasa?
Primero interferencia, y luego la voz de Oliver llenó los auriculares de ambos.
—¡Bien! —Exclamó el muchacho con una sonrisa, sobre el ruido del motor de su moto. —Luka, voy en camino a tu dirección. ¿Estás solo?
—Dos me han dado alcanzo, creo que hicieron trampa y cortaron la ruta, pero no puedo asegurarlo.
—Bien, Marinette te mandará una actualización, necesito que escuches con mucho cuidado.
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(Dragon rider – Two steps from hell)
Luka cambió la velocidad, bajó de cuarta a segunda y el auto dio una sacudida antes de salir disparado hacia el frente, obligando al muchacho a volver a mover de nuevo la palanca. No planeaba un freno de motor, sino todo lo contrario, y soltó un grito agudo a manera de celebración cuando el auto respondió obedeciendo a su voluntad. El muchacho torció el volante en un movimiento violento y rápido, las llantas derraparon en el asfalto, quemando el caucho, haciendo ruido, y aunque él torció el volante en una dirección, el auto giró sin avanzar un centímetro más.
Luka volvió a cambiar las velocidades y el bugatti se aventuró en medio de un callejón tan estrecho que las puertas sacaron chispas al rozar las paredes. La pintura ya era un desastre, las abolladuras no saldrían con agua caliente, los espejos habían quedado hecho pedazos en algún punto de la ciudad, pero la ayuda de Sass había caído en buen momento y las escamas en los bordes de sus ojos revelaban que Luka recurría a la visión de la serpiente.
—Sabess que essto pinta mal.
—Sass —soltó Luka divertido, dedicando un vistazo rapidísimo a sus espaldas antes de enderezar el volante puesto que había golpeado el muro con una llanta —, hemos estado en situaciones peores.
—Pero nunca a csiento ochenta kilómetross por hora —exclamó el kwami en medio de carcajadas.
—Cierto —concedió Luka saliendo viendo el final del callejón y percatándose de que había enfilado a la calle de la torre —, estamos cerca. ¿Qué sigue?
—¿Luka? —La voz de Oliver llegó a sus oídos por los audífonos, el muchacho sonrió al reconocerlo y asintió.
—Aquí.
—Estrella el bugatti.
—¿Qué? —Espetó ofendido el reptil, dando un vistazo a su alrededor, tratando de entender de qué iba aquello.
Salió del callejón disparado, literalmente, las llantas del bugatti se despegaron del suelo por casi cuarenta centímetros, y en ese inter mientras salía del callejón, se percató de que un auto amarillo salía disparado al mismo tiempo, lado a lado con él.
Luka dedicó una mirada fugaz al vehículo, sabiendo que debía mantener los ojos al frente ya que su vida dependía de ello, pero sonrió ampliamente al escuchar el poderoso rugido del mustang cobra que acababa de revolucionar su motor a tope al enfilar a su lado. No pudo evitar levantar la mirada de nuevo y soltó una carcajada al reconocer al conductor.
Vio a Oliver sonreírle mientras saludaba con una mano antes de poner de nuevo ambas en el volante y enfocarse hacia el frente.
—¿Me escuchas? —Inquirió Oliver con gesto sombrío.
—Fuerte y claro —respondió Luka en el mismo tono, como dos gotas de agua moviéndose en perfecta sincronía.
—¿Tienes manera de hacer que el auto siga derecho hasta el siguiente callejón? Es decir, sin que tú conduzcas.
Luka miró a Sass, quien le asintió frenético, con los ojos brillando por la adrenalina.
—Sí, hay manera.
—Perfecto. Tienes que estrellar el auto en ese muro de contensión.
—No way —espetó molesto —, se lo prometí de regreso a Marinette, y a mi musa, yo no le rompo las promesas.
—Tranquilo cielo, estoy al tanto —dijo Marinette al otro lado de la línea, con una sonrisa enorme en el rostro. —No me gusta la idea, pero te quiero entero.
—¿Por lo de la bomba? Erik me lo dijo, creí que terminaría la carrera antes de que estallara.
—El auto está ardiendo —apuntó la chica ladeando el rostro de un lado al otro, como sopesando aquella información —, mejor no arriesgarnos, ¿no?
—Mierda —murmuró Luka golpeando el volante antes de bajar su casco de motociclista para trabar el pedal de aceleración y mirar a Sass, que asintió sonriendo de oreja a oreja. —Muy bien. Baja tu vidrio.
Oliver sonrió asintiendo mientras Luka se sentaba en el borde de su ventana, el viento lo golpeó de lleno, agitando sus cabellos con violencia mientras el muchacho se movía con cuidado. Oliver acercó el mustang hasta él y Luka suspiró serenándose, viendo cómo se acercaban a toda velocidad hacia un muro de ladrillos que lucía bastante resistente. Tenían unos segundos que se agotaban a toda velocidad, así que Luka se volvió a mover.
De pronto, el reptil estaba de pie en el filo de su ventana, sosteniéndose con las puntas de los dedos, viéndose los antebrazos y agradeciendo en su fuero interno que a Marinette le hubiese dado por hacer entrenamiento de Ninja Warrior.
Puso un pie en la ventana del mustang y cambió una mano, tenía que hacerlo en un movimiento, dedicó una mirada a Sass, quien se aferraba al volante con una sonrisa infantil y radiante, Luka negó con la cabeza pensando seriamente si era una mala influencia para su Kwami, y en un movimiento rápido giró el cuerpo metiendo ambos pies al auto vecino, deslizándose ágilmente hasta caer en los asientos traseros del vehículo.
Oliver siguió derecho por la calle y el bugatti se estrelló, estallando en un ruido ensordecedor, lanzando chispas y llamaradas en todas direcciones. Luka pudo escuchar el grito de victoria de Sass, se había salido justo a tiempo. Así que él y Oliver también gritaron con todas sus fuerzas.
—Mi turno de salir —anunció Oliver mirando a Luka por el retrovisor.
—¿Qué? —Musitó sin aire el guitarrista.
Oliver se aferró al volante para levantarse del asiento, indicándole a Luka que tomara su lugar.
—Tenemos menos de un minuto.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Lanzarte del auto?
—Justo eso.
—Oliver... —Llamó Luka con incredulidad y hartazgo, poniendo una mueca de fastidio, pero gritó aferrándose al volante cuando el muchacho lo soltó y se inclinó hacia la ventana, sacando medio cuerpo por la ventana.
Sass entró en el vehículo en ese instante, haciéndole a Luka una seña afirmativa. Se asió del volante para mantenerlo en su sitio mientras Luka se deslizaba cual serpiente al asiento del frente y se sentaba bajo las caderas de Oliver.
—Listo —gritó el muchacho consiguiendo que su cómplice levantara los pies de los pedales y le dedicara una mirada con el torso doblado, asomándose al interior el vehículo.
—Tu esposa tiene buenos aliados, ahora tengo que ir a salvar a nuestra amiga.
—Trata de traerla con vida.
—Por mi vida que lo haré —prometió con intensidad antes de pararse en el borde de la ventana aferrándose a la puerta y gritar ¡Transforme moi!
Luka no vio las escamas, no vio nada más que un destello verde antes de que Oliver desapareciera en las sombras de la ciudad.
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Colette se aferraba a la peineta con las dos manos atadas tras de sí, estaba arrodillada frente a Jeany, llorando amargamente mientras la joven recibía otro golpe en el estómago.
Sólo dio un gemido gutural, pero no gritó, no emitió otro sonido más, no lloró, no volvió a abrir los ojos. Permaneció arrodillada frente a frente, con la cabeza agachada, sabiendo que si volvía a ver los ojos de Colette rompería en llanto.
No, la joven música era resistente, pero no se iba a dar el lujo de convertirse en un punto débil para su ex. Si ella ya había sido lo suficientemente fuerte como para hacerle todo el daño posible y alejarla de ella por protegerla, entonces Jeany aguantaría en silencio para cuidarle, no permitiría que la volvieran a usar de carne de cañón, de cebo. No miraría a Colette para evitarle llorar.
—Saben que me voy a liberar —prometió Colette bajando el rostro, apretando los ojos, hablando entre dientes. —Y cuando lo haga, los cazaré a todos uno a uno, no quedará testigo de lo que ocurrió este día, lo juro.
—Sí, como digas —espetó Lila quitándole importancia a aquel hecho, volviendo el rostro y acariciando el cabello chino de Jeany antes de levantarle el rostro y presionar sus mejillas —, ahora mírala. Pobrecita, ahí destrozada, sabiendo que no puede hacer nada por ayudarte.
Jeany se soltó de un tirón y escupió al piso, una mancha de sangre por haberse mordido la lengua, pero no dijo nada, dio un vistazo rápido a Colette y sonrió cerrando los ojos.
Un ruido agudo, lejano, llegó a los linderos de la mente de Colette, apretó el gesto y se concentró en ello, cualquier cosa era mejor que escuchar a Lila despotricando. Y aquel sonido se convirtió en su salvavidas para la tormenta.
Porque poco a poco aquel chillido agudo se convirtió en el canto de una sirena de policía.
Una sonrisa déspota se extendió por todo el rostro de Colette, que levantó lentamente la vista en busca de los ojos de Lila, la morena miraba en dirección a la entrada de la bodega, con la expresión desencajada, temblando por la rabia, sabiendo que se le acababa el tiempo, que había perdido aquella contienda.
—Ahí tienes —espetó la guitarrista estirándose en su sitio a pesar de que todo su cuerpo le pedía que parase, le dolía cada músculo de su cuerpo, pero ella no reparó en aquello, se permitió saborear aquella victoria —, y ahora es cuando nos dejas ir y prometemos no decir nada.
—Cállate —espetó la morena, furiosa.
—Porque ya conocimos el alcance de tu poder, nadie hablará.
—Cállate —repitió temblando con más fuerza.
—Y entonces estarás tranquila de que diremos que fue un accidente, o que alguien trató de robar mi cartera y me reconoció, y entonces pensó en pedir recompensa o algo.
Pero Lila volvió toda su atención a Colette, soltando un grito desgarrador mientras sacaba una pistola que llevaba oculta en la espalda entre su chaqueta y el cinturón de su falda.
—¡Cállate! —Lila cortó cartucho y disfrutó la forma en que el gesto de satisfacción de Colette se transformó en una mueca de rabia. La morena estaba temblando, pero sus manos estaban firmes en torno al agarre de la pistola cuando ella añadió a media voz —No me dejas pensar.
El ruido de las sirenas se hizo más claro, estaban afuera, arriba. El teléfono de Colette volvió a sonar y Lila tomó la llamada en altavoz, horrorizada.
—Creo que no necesitas que diga que estamos aquí —dijo el muchacho con voz contenida, sabiendo que el éxito de aquella misión de rescate dependía de cuánto tiempo podía ganar para sus amigas.
—No, ya los escuché.
—Bueno, esta es la cuestión: sé que el hangar tiene una puerta trasera, y la policía no ha dado con ella, así que todavía puedes salir corriendo por ahí, todos contentos.
—¿Qué te hace creer que quiero salir de aquí tan contenta?
—Porque tengo los videos de vigilancia, saluda, te estoy grabando.
Lila, por impulso, levantó la mirada hacia la cámara de seguridad, que la enfocaba en ese instante.
—Lo tienes todo calculado, ¿no? Pero esta novia tuya no deja de mirarme con sarcasmo —espetó Lila pegando el cañón de su pistola a la frente de Colette. —Y a mí no me gusta que se rían en mi cara.
—Mira, la novia de Jeany puede verte como ella quiera porque ya ganamos, ahora baja el arma. O no respondo.
—O no respondes... claro —murmuró quitando el seguro de la pistola y negando con la cabeza. —Ni el seconde chance de Viperion les va a comprar tiempo esta vez, debió pensarlo mejor.
—Lila —llamó Oliver en medio de un suspiro —, estoy a un click de poner este video en mis redes sociales, en menos de media hora te habrás convertido en la más buscada de París, y no habrá manera de que te salves del juicio. Lo sabes.
—Así que estás esperando que mate a tu ídola —canturreó la morena tratando de poner nerviosa a Colette, pero la pelinegra levantó el rostro con media sonrisa déspota.
—No, estoy esperando a que salgas corriendo antes de que derribemos la puerta. Voy a contar hasta tres, Lila.
—No, yo voy a contar hasta tres —aseguró la morena sonriendo de medio lado. —Entiende algo, yo siempre, siempre, me salgo con la mía.
—Lila, un click.
(You don't know – Katelyn Tarver)
—Uno... —murmuró la morena escuchando que derribaban la puerta del frente, sabiendo que no había marcha atrás. —Dos...
Colette apretó el gesto, pero sostuvo la mirada de Lila, esperando la muerte con orgullo, gloriosa y soberbia mientras se ponía de pie en medio de un gemido.
Pero la sonrisa ladina de Lila tomó a Colette por sorpresa, porque la morena sonreía como si se hubiese salido con la suya.
Un grupo armado entró por las dos puertas, por la frontal y la trasera, vistiendo los uniformes negros de la policía, un grupo armado especializado en situaciones complicadas.
Por enésima vez en la noche, Colette vio la escena en cámara lenta.
Porque vio a Lila contando el tres mientras giraba sobre sus propios pies y disparaba a Jeany en medio del pecho.
La bala entró y salió rápidamente, pero el chorro de sangre se hizo esperar, Jeany soltó un grito ahogado por el dolor y cayó de lado, Colette estaba desencajada, no entendía qué había ocurrido, no entendía qué pasaba, no supo en qué momento Lila le soltó las muñecas y comenzó a caminar de regreso hasta su silla, lista para esperar a la policía.
No sabía en qué momento se habían quedado solas en aquella habitación, no sabía en qué momento los habían abandonado los matones de aquella vieja bruja que le sonreía mientras los oficiales gritaban que soltara el arma. No, todo el ruido alrededor de ella llegaba como amortiguado por una densa pared, ella estaba en estado de shock.
No vio cuando la policía pateó el arma de Lila lejos de ellos, no vio la sonrisa ladeada que la morena tenía mientras la sometían poniendo sus manos sobre la cabeza, mientras le ponían las esposas, mientras la empujaban.
Colette ignoró todo aquello mientras se arrodillaba al lado del cuerpo de Jeany y la sostenía entre sus brazos.
La chica levantó las manos hasta sostenerse del rostro de Colette y le sonrió antes de toser sangre, antes de componer una mueca por el esfuerzo, antes de voltear el rostro y negar con la cabeza, sabiendo que moriría.
—Oye, oye, quédate conmigo, quédate despierta. Todo esto es mi culpa.
—No —suplicó Jeanette sonriendo de oreja a oreja, despejando el rostro de su novia con dulzura, como si no se estuviera desangrando en ese mismo instante. —Esto es mi culpa, créeme.
—¿Cómo va a ser tu culpa? —Espetó Colette molesta, tomando la mano de aquella chica y besando cada centímetro disponible de pie, sin importarle estarse llenando de sangre el rostro.
—¡Colette! —Gritó Oliver llegando hasta ellas, arrodillándose al lado de Jeanette y observando horrorizado el charco de sangre que no hacía más que crecer. —Perdón —suplicó llorando amargamente —, no fui suficiente, perdón.
—No, está bien —murmuró Jeanette sonriendo para Oliver también, levantando la otra mano para sostener el cuello del muchacho. —Me lo busqué.
—¿De qué hablas? Jeany, tú no...
—Fui a buscar a Lila —confesó la joven cerrando los ojos.
—Hey, hey —llamó Colette desesperada, golpeando ligeramente las mejillas de su chica para mantenerla consciente —, no me dejes, bebé. Por favor no te atrevas a dejarme.
—Fui a buscarla para advertirle que no había manera de que me apartaran de ti, creo que me ganó —admitió con una risita trémula, que poco a poco se convirtió en una tos seca. —Ay —musitó torciendo el gesto —, pensé que dolería menos.
—No seas tonta, ¿cómo va a doler menos un balazo?
—Es que en las películas se ve tan tranquilo morir así.
—Así que eso querías —bromeó Oliver mientras el agua corría libremente por sus mejillas —, ser la víctima de la película.
—A que soy la víctima más bonita de todas las películas —dijo la chica cerrando los ojos, con una sonrisa radiante.
—A que sí —dijo Colette antes de agacharse sobre el rostro de Jeany y plantar un beso tímido, lento, una súplica de perdón por su alma, por no haber podido protegerla, por sostenerla en sus últimos instantes.
—Por favor, no salgas de los escenarios, Colette. El mundo merece tu talento —pidió ella en una súplica a media voz.
—No —soltó la aludida despejando el rostro angelical de aquella chica, apartando los chinos mientras le llenaba el rostro de sangre —, no, ya no me quedan motivos para cantar.
—Oh, pero los habrá. Si me muero y a ti se te ocurre dejar de cantar, vendré para buscarte.
—Te estaré esperando.
—Nada de eso —amenazó Jeany abriendo los ojos, haciendo un esfuerzo sobrehumano. —No te derrumbes por mí. No se lo permitas —suplicó mirando a Oliver, tomándole el rostro. —Oblígala a sonreír otra vez, no dejes que se marchite.
—No lo haré.
—Y si te tienes que convertir en un motivo, pues te conviertes y ya.
—¡No! —Gritó Colette frustrada. —No, no, no.
—Colette, necesito eso para poder estar en paz —sollozó Jeany en un sollozo tan débil que apenas y se escuchó sobre el ruido de los pasos.
—¡Una ambulancia! —Gritó Oliver levantándose y comenzando a correr hacia la entrada, sabiendo que, si Jeanette se moría, aquellos últimos instantes les pertenecían sólo a ellas, reclamándose por haber llegado tan tarde. —Por piedad ¡Un médico!
Colette acarició el rostro de Jeanette mientras la joven le sonreía dulcemente, con los ojos cerrados.
—¿No me vas a conceder ni una muerte tranquila?
—No —murmuró haciendo berrinche, haciendo que Jeany soltara una risita por lo bajo.
—Eres una niña.
—Sí, la niña de tus ojos.
—¿De verdad me vas a dejar morir así?
—Si te mueres —espetó Colette ofuscada —, me busco un motivo para sonreír, pero si vives, necesito que vuelvas a mi lado, no puedo hacer esto sin ti, no quiero hacerlo sin ti —suplicó llorando largo y tendido. —Lo peor que pude hacer fue alejarte de mi vida, no debí ponerte lejos y menos si le ibas a plantar cara a esa zorra.
—Si, no fue buena idea amenazar a una villana letal —admitió Jeany con una mueca de medio lado. —Pero quería estar a tu lado, ser valiente como tú.
—Yo no soy valiente, fui una estúpida.
—Puede ser... Pero con todo y eso, siempre te amé.
—Jeanette, yo siempre, siempre te voy a amar.
—Eso espero —admitió la joven cerrando los ojos, ladeando el rostro, sin fuerzas para sostener la mirada de Colette, sin fuerzas para respirar. —Eso espero —murmuró con los últimos segundos que le quedaban de vida. —Pero también espero que sigas adelante. Por ti, por mí. Por el caos.
—Por el caos —espetó Colette depositando a Jeany en el suelo y recargando la oreja contra su estómago, asegurándose de que todavía respiraba. —Lo haré por el caos, es lo único que perdura.
—El caos y tu amor por mí.
—El caos y mi amor.
Tres paramédicos llegaron corriendo, apartando a Colette, la chica se levantó lentamente y Oliver la rodeó con sus brazos, dándole un refugio para romperse en mil pedazos mientras la joven era trasladada hacia el hospital.
Colette gritó, trató de zafarse, le dio algunas patadas, logró que el muchacho por fin la liberara y arremetió contra él, golpeándole el pecho, gritándole incoherencias, soltando alaridos que consiguieron que se les helara la sangre a los presentes. Oliver recibió aquel ataque, y todos los demás. Hizo oídos sordos a los reclamos, ni siquiera comprendía las palabras de Colette, era mejor no saberlo para no cargar con una culpa que no le pertenecía, porque no había un escenario, uno en el que habría podido salvar a Jeany sin que repercutiera en un caos total. No había nada que él o nadie pudiera hacer para cambiar eso. Colette se iba a esfumar del mundo, de un modo u otro ella cumpliría a su promesa, así que prefirió dejar que la historia corriera su curso, aunque tuviera que cargar con la culpa después.
Colette terminó su catarsis y cayó de rodillas, esperando quedarse sola, pero en lugar de eso, Oliver volvió a envolverla entre sus brazos y la obligó a levantarse, la chica alzó un poco la mirada encontrándose por enésima vez con el tatuaje del cuello del muchacho. Comenzaba a encariñarse con ello, con aquel signo en la piel de su ángel de la guarda, porque sin querer, Oliver se había convertido en un ángel para ella.
—¿Qué significa tu tatuaje? —Murmuró ella, perdida en su debilidad, sin fuerza ni fortaleza para seguir llorando.
—Los colores representan la sangre de todos aquellos que han buscado libertad —recitó de memoria, conocía aquellas palabras, impresas dentro de la portada del álbum más vendido de Colette, podría citarlas bajo cualquier circunstancia —, la rosa representa todo lo que ha florecido gracias a esas pérdidas.
—¿Y la gota?
—Es la promesa de que no se derramará una sola gota más.
—¿Puedo...? —murmuró la chica con voz trémula, temerosa de la reacción del muchacho, pero se quedó sin habla cuando él la soltó agachándose en una rodilla, mirándola desde el suelo con las mejillas llenas de agua, con ojos anegados, con expresión de dolor mientras se aferraba a sus manos.
—Es tuyo. Mi vida entera te pertenece hasta que salde mi promesa con Jeanette.
Colette lloró amargamente y asintió, aceptando aquella afirmación, haciendo su propia promesa, cumplir a su palabra, cumplir a como diera lugar a lo que le había prometido a su Jeany mientras ambas se bañaban en su sangre.
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Luka era fotografiado. Estaba de pie sobre el asiento de su auto, recargando una mano en el techo del mustang mientras levantaba el puño en un gesto victorioso, sonriéndole a los flashazos de las cámaras, sonriéndole a la gente que gritaba con vehemencia, coreando una sola palabra para expresar el orgullo que sentía ante el triunfo de aquel guitarrista: Hades.
—¡Ha-des, Ha-des!
Luka asentía con la pronunciación de cada sílaba, celebrando también, considerando seriamente tomar su lugar como rey del inframundo, cuando una llamada entró a su celular.
—¡Amor! —Gritó contestando con una sonrisa —No imaginarás qué recibimiento me...
—Le dispararon a Jeany.
—¿Qué?
—Voy camino al hospital.
—Te veo ahí —dijo antes de volver a entrar al mustang Cobra y arrancar, amenazando con arrollar a quien se le atravesara en el camino.
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Xiǎngwěishé significa víbora de Cascabel en chino
