Colette estaba cubierta de mugre, de sangre, resaltaba en la sala de espera eternamente blanca, pulcra, llena de gente que esperaba en silencio. La sala contenía algunos sillones alrededor de una mesa baja, al fondo había una mesa para café, personas yendo y viniendo charlando por lo bajo, doctores, enfermeras, pacientes y familiares.

Ya había estado ahí antes, cuando había acompañado a Luka a esperar por los resultados de la operación de su esposa, le había tocado a ella sentarse al lado del reptil, tomando su mano, acariciando su cabello, tocando su rostro para hacerlo levantar la mirada y que no se sumiera en sus pensamientos puesto que sabía la profundidad de la depresión en la que podía entrar. Ahora era Luka quien estaba arrodillado frente a Colette, tomándole el rostro entre las manos con su frente pegada a la de ella, suspirando al unísono cada vez que una puerta se abría a lo lejos, sabiendo que en cualquier momento los llamarían para darles el estado de Jeanette.

Colette, con su ropa negra, rosa y violeta, con el cabello teñido de un violeta chillante, con el cuerpo cubierto de sangre daba miedo a simple vista, pero algunos pocos se habían aventurado a echar un vistazo más profundo y se habían percatado de que la joven sufría.

Desde la mesa del café, Marinette y Oliver observaban la escena, la joven sostenía entre sus manos un vaso térmico, sintiendo que el frío venía desde dentro y que no había nada que se lo quitara. Oliver suspiró por enésima vez en la noche y pasó su brazo alrededor de los hombros de Marinette, atrayéndola hacia sí mismo para darle algo de calor, algo de consuelo.

—Ya, ma. Tranquila.

—Tú sabes cómo termina, no me pidas que esté tranquila.

—Aquí la cosa es que no estoy seguro de nada —admitió el portador resignado —, ha habido cosas que cambiaron desde que estoy aquí, así que ya no sé ni qué pensar.

—No, pero tú y yo sabemos que, de una u otra manera, el destino tiene que seguir su curso o las consecuencias serán devastadoras.

—¿Colette Faure? —Dijo un médico saliendo al encuentro de la sala de espera.

Luka y Colette apretaron los ojos antes de levantarse al mismo tiempo, encarando al médico.

Aquel hombre llevaba la bata del quirófano, estaba cubierto de sangre, se quitaba el cubrebocas con aires cansados, estaba derrotado. Ni siquiera tenía que decir nada, Colette sabía la respuesta, había visto el daño que la bala hizo en su Jeany, no había manera de recuperarse de aquello, no después de perder tanta sangre.

Realmente no había albergado esperanza, pero había ido al hospital por si la chica tenía un último momento de lucidez. No. Ese momento no llegaría de nuevo, ya había pasado, ya habían tenido su momento para despedirse.

—Yo...

—No diga nada —pidió Colette asintiendo, fría, seca, distante. El shock había pasado, sólo quedaba lugar para la rabia. —Me haré cargo del papeleo.

—No —sentenció Luka tomando una mano de Colette y mirándola con intensidad. —Tú vete a descansar, yo me haré cargo. Te recuerdo que tengo algo más de experiencia con hospitales y tenemos que atenderte esas heridas.

—Me quiero ir a mi casa, no tengo más tiempo para perder aquí —gruñó la chica volviendo el rostro mientras Oliver y Marinette se acercaban a ellos.

—Yo la llevo —ofreció el muchacho mirando a su padre con un gesto de tristeza, considerando que la chica fuese a rechazarlo en ese acto. Pero Colette asintió una vez y comenzó a caminar hacia la puerta. —Cuidaré de ella.

Luka le tomó el brazo a Oliver cuando pasó por su lado, su voz fue un siseo contundente, una amenaza cargada de peligro y de veneno.

—La amo como a una hermana y la voy a proteger como tal. Si me entero de que le hiciste algo...

La risa de Marinette dejó confundido a Oliver, la chica le miraba enternecida en lugar de intervenir, Luka también compuso una expresión de confusión ante la reacción de su esposa, así que soltó a Oliver y la encaró cruzándose de brazos.

—Créeme Luka —pidió ella tomándole las manos a su esposo —, este niño es incapaz de hacerle daño. —Su expresión se tornó sombría y ella bajó la mirada. —Tenemos cosas que hacer por aquí, y no tenemos tiempo que perder.

—Es cierto. Quiero conseguir la bala para hacerle los análisis antes de que balística la solicite.

—Andando entonces.


Sonrais777: Lila es un tema a tratar, pero primero vamos vendando las heridas que hay de por medio

TheBlacKat: Hace tiempo quería escribir algo así de sentido, no esperaba que se me saliera de las manos de esa forma, ahora a reivindicarme.

Scar, Faty, no me arrepiento de nada jajajaja No, ya en serio, no era mi intensión que se me saliera de las manos de esa forma tan cruel, pero vean el lado amable, ya iniciamos con el multiverse, así que, algo bueno ha salido de todo esto.

Mariana: perdón por lo que le hice y por lo que vendrá, sólo espero que no se me salga todavía más de las manos. Aunque ya estoy esperando tu venganza con lo del titanic, lo espero


Colette y Oliver ingresaron al departamento de la chica, ella entró sin encender las luces, demasiado acostumbrada a esa rutina de moverse en la oscuridad de su hogar. Oliver no se atrevió a quebrantar las sombras, entró tras ella dejando su chaqueta colgada en la primera silla que encontró en la sala y siguió a Colette hasta su habitación, pero se quedó helado en la puerta.

Aquellos segundos de ventaja en la que el muchacho buscó dónde dejar su chaqueta fueron más que suficientes. La silueta de Colette se recortaba contra la luz que entraba por la ventana, la chica llevaba una camiseta negra ajustada de tirantes, misma que delineaba su figura con cierto encanto místico, pero se había deshecho del pantalón y de la chaqueta, sus piernas parecían blancas bajo la luz de la luna, pero no era una imagen que Oliver se sintiera digno de idolatrar, o al menos no en la condición en la que se encontraba.

—Esa hija de... —musitó antes de respirar profundo y acercarse a su amor platónico, despejándole el rostro para poder observar sus ojos anegados. —Todos los golpes, ¿te los dio ella?

—Sí —murmuró Colette desviando el rostro, agradeciendo la compañía de Oliver.

—La única razón por la que no la busco en este mismo instante es porque me pediste que me quedara a tu lado.

—Necesito pensar, pero no debo quedarme sola, en cuanto me quede con mis pensamientos no sé qué haré.

—Lo entiendo.

—¿Te quedarías conmigo esta noche? —Dijo la chica al final, a media voz, alzando la mirada hasta toparse con los ojos de Oliver, que la observaban con benevolencia y dulzura.

El muchacho asintió una vez, volviendo a despejar los cabellos del rostro de su musa, sorprendiéndose a sí mismo en ese pensamiento. Porque claro que Colette se acababa de convertir en una inspiración para él, ¿cómo podía mantenerse entera ahora que le habían arrebatado todo?

—Haré lo que me pidas.

—¿Podrías hacer café? —Sugirió ella con media sonrisa mientras señalaba el baño con la cabeza y un gesto de disculpa —De verdad necesito ducharme.

—Puedo hacer café —murmuró en respuesta, alejándose unos pasos hacia la puerta, se detuvo en el marco y volvió el rostro un momento, justo en el momento en que Colette se quitaba la camiseta, dejando su espalda desnuda a la vista del muchacho.

No, no se atrevió a decir nada más, volvió el rostro y se dirigió a la cocina, perdiéndose en sus propios pensamientos, encendiendo todas las luces a su paso, preguntándose qué vendría a continuación. Sass salió de entre sus pliegues y sonrió mirando a su protegido.

—Mullo esstá afuera.

—Gracias.

El muchacho abrió la puerta y sonrió percatándose de que la pequeña roedora sostenía con dificultad una mochila mediana.

—¿Y esto? —Dijo entre risitas al ver el esfuerzo de la kwami, recibiendo la mochila.

—Tu madre piensa que podrías necesitarlo. Y te manda un beso. Dice que esto es de tu padre.

Oliver abrió la mochila, sonriendo al darse cuenta de que venían un par de cambios de ropa. Asintió una vez y Mullo salió a toda velocidad, alejándose del lugar para dejar a Oliver pensar en paz.

Café... Era un poco tarde para tomar café, pero quién era él para negarle un placer a su amor platónico, menos en medio de la situación tan complicada en la que se encontraban, pero no se quedó ahí. A diferencia de su padre (que parecía ser capaz de provocar un incendio en la cocina por poner agua para el café), él se había hecho un experto en el arte culinario luego de haberse ido a vivir solo, así que abrió el refrigerador y sonrió sacando algunas cosas para prepar alguna cena ligera.

Colette se quedó quieta en la puerta de la cocina al ver la forma diestra en la que Oliver batía huevos en una sartén mientras que con la otra mano salteaba verduras en una olla pequeña, se quedó mirando la escena, aquel muchacho rudo, alto, elegante y soberbio lucía como todo un personaje de caricatura haciendo aquello. No quiso distraerlo, se quedó observando hasta que el muchacho levantó la mirada en su dirección y le dedicó una sonrisa.

—Perdón que me meta —murmuró Oliver volviendo la atención al fuego —, pero si eres como Luka dice que eres, alguien tiene que asegurarse de que comas bien o te vas a desnutrir.

—¿Qué dice la serpiente Couffaine de mí? —Murmuró Colette con indiferencia, rascándose la pantorrilla con los dedos del pie y desviando la mirada.

Una breve ojeada le reveló a Oliver todo el outfit de la chica. Short de licra pegado a su cuerpo, brasier deportivo debajo de una camiseta blanca, descalza.

—Dice que eres testaruda, que no te gusta que te cuiden, que eres leal. Y que cuando las emociones te sobrepasan, te aíslas en tu mundito.

—Te invité a pasar la noche, ¿no? —Soltó la chica sentándose en la mesa con las piernas cruzadas y mirando a Oliver con curiosidad.

—Me pregunto si es suficiente. Si nos parecemos en algo, entonces serás experta en aislarte del mundo, y en eso yo soy muy bueno sobre todo cuando estoy rodeado de gente.

Primero se alzó un silencio entre ellos, ambos se sumieron en sus pensamientos durante ese tiempo, pero mientras que Oliver se concentró en la mezcla para el pan francés, Colette tuvo tiempo de trazar su estrategia, o el atisbo de ella. No fue hasta que estuvo más o menos conforme que volvió a levantar la mirada, buscando el valor para hablar.

—Oliver, me mandaste un miraculous hace rato —dijo Colette en un tono de acusación, ladeando el rostro y permitiendo que los cabellos mojados salpicaran la piel de sus brazos. —Pero Pollen me dijo que no podía usar la transformación, que era sólo para una emergencia.

—Sí, eso hice.

—¿Jeany estando amenazada de muerte no te parecía una emergencia? —Espetó al final la chica, bajándose de la mesa y comenzando a caminar hasta Oliver, plantándose a un lado del muchacho determinada a hacerle daño físico.

—¿Ves? No querías compañía —soltó Oliver sonriendo con amargura mientras ponía un par de panes en la estufa a calentar en una sartén plana —, querías culpables.

—Oliver, tú sabías dónde estábamos.

—Sí, y te envié a la policía cuando me pediste que siguiera con la carrera. Y te envié a Pollen para tratar de protegerte.

—Me enviaste a Pollen pero le diste órdenes de no darme una transformación.

—Ok ¿qué querías que hiciera? —Espetó el muchacho apagando la estufa y encarando a Colette con los brazos cruzados. —Porque, por una parte, me dijiste que continuáramos con la carrera, y luego me Jeany me dijo que no negociara. —Oliver soltó un suspiro profundo, encarando a la chica y abriendo los brazos. —Dale —soltó tan neutral como pudo en ese momento —, suéltalo de una vez.

—Tú sabías dónde estábamos —exclamó la chica perdiendo el control —, sabías que estábamos en peligro y quién sabe desde cuándo lo sabías porque se dieron cuenta de que no estábamos desde que inició la carrera, entonces: O sabías que algo así pasaría, o te coludiste con alguien y no quieres levantar sospechas. ¿Lo supiste todo el tiempo sí o no?

—Colette... —inició Oliver tratando de mantener la calma, sabiendo que se enfrentaba a ese problema desde el principio.

—No, no quiero el discurso ensayado —advirtió la chica amenazando al muchacho con el índice, acercándose un paso a Oliver y estirando el cuello para poder ver bien sus ojos —, porque mi novia está muerta, porque le dispararon frente a mí sin que yo pudiera reaccionar a tiempo, porque la única persona que podía ayudarnos tenía un miraculous en su poder y me lo envió para protegerme, pero al mismo tiempo me prohibió usarlo. No me des la misma cara que le estás poniendo a todo el mundo. Jeanette murió esta noche y yo merezco saber por qué.

—¿Estás lista para escuchar la verdad?

—¿Para saber si yo maté a mi novia o no? Sí, estoy lista.

Oliver suspiró desviando la mirada y negó con la cabeza, debatiendo internamente, sabiendo que todo se podía ir al carajo, sabiendo que toda la trama de la historia a continuación dependía de esa conversación.

—¿Qué quieres saber exactamente?

—¿Dejaste morir a Jeany a propósito?

—No —sentenció Oliver volviendo la mirada a Colette, sosteniendo aquel gesto con tal intensidad que la rabia de la guitarrista se tambaleó por un momento. —Todo lo contrario, hice todo cuanto estuvo en mis manos para salvarlas a ambas, porque quería que tuvieras una segunda oportunidad en lugar de desvanecerte como prometiste que harías.

—¡Sabías, tú sabías! —Gritó Colette retrocediendo, torciendo el gesto, llorando amargamente sin poder soltar la mirada de Oliver, sintiendo que la carcomía la culpa que reflejaban los ojos azules de aquel muchacho. —Tú sabías que Jeany moriría esta noche —repitió a media voz.

—¿Cómo llegaste a esas conclusiones?

—Llegaste muy rápido, nos encontraste muy rápido, y me mandaste un miraculous —el gesto de la chica se descompuso un momento, como si algo cobrara sentido en ese momento. —¿Eres un portador? ¿Por eso enfrentas a Lila, porque eres un portador?

—No soy un portador en mi hogar —puntualizó Oliver negando con la cabeza —, la guardiana de los miraculous cree que no estoy listo para serlo.

—¿De tu hogar?

—Colette, no vayas por ahí —sentenció Oliver tomando las manos de la chica y bajando la mirada resignado —, nadie puede saber nada más de todo esto, nadie puede enterarse o la misión completa está en peligro, y no quiero que nadie más sufra por mi culpa, vine con toda la intensión de cambiar las cosas, pero no puedo...

—¿Cambiar?

Oliver apretó el gesto, sabiendo que había cometido un desliz, negó con la cabeza y miró a Colette a los ojos, sabiendo que estaba en deuda con ella, sabiendo que le debería la vida hasta poder enmendar el dolor que la muerte de Jeany le había causado, pero una cosa era su deuda y otra cosa era poner en peligro toda su misión sólo por complacer el capricho de su platónico.

—Por favor —murmuró Oliver cerrando los ojos, sintiendo que lloraría, sintiéndose devastado por darse cuenta de que no era tan poderoso, que sus padres tenían razón al haberle negado un miraculous tanto tiempo, sintiendo que poco a poco todo aquello con lo que se había preparado para ese momento se venía abajo.

Ni todas las mentiras ensayadas, ni todo el entrenamiento, ni el hecho de saber que enfrentaría a la muerte estando en ese tiempo, nada fue suficiente para que Oliver se sostuviera en pie, porque el hecho de que Marinette lo hubiese descubierto era una cosa, pero estar frente a una persona a la que había admirado toda su vida, el hecho de saber que le había fallado a la razón por la que él amaba la música alternativa y ser un rebelde con causa, no. Aquello fue más de lo que pudo soportar.

Colette había grabado un último disco antes de dejar de hacer aparición en el mundo de la farándula, nadie había vuelto a saber de ella después de eso y Oliver muchas veces consideró que se hubiera suicidado en algún lugar oculto, era lo suficientemente impulsiva para recluirse en un bosque, o incluso ingresar a un monasterio, y se había preparado para largarse antes de la última aparición de aquella chica en los escenarios de París, pero ahora se convertiría en cómplice de lo que fuera con tal de enmendarse.

—Necesito saber —dijo Colette fríamente, ignorando el dolor del muchacho, o peor aún, pasando por encima de él, porque en ese momento, lo único que tenía cabida en el corazón de aquella reptil era la muerte, la destrucción, la sed de venganza por lo que había ocurrido con su novia, con su niña tímida. —Merezco saberlo, es lo mínimo que me debes al no haber podido evitar lo de Jeany. —Y las últimas palabras las escupió con tal rabia, con tal desprecio, que a Oliver no le quedó de otra más que caer de rodillas frente a ella, derrotado, debilitado.

—Sí, mereces saberlo, pero la vida de mi padre va en ello —murmuró Oliver alzando los ojos como una plegaria a una diosa antigua y despiadada, mientras sus mejillas se veían bañadas por dos riachuelos que suplicaban perdón.

Colette le dedicó una mirada gélida a Oliver, sus ojos eran dos témpanos inescrutables, la chica se había vuelto una estatua inexpresiva que esperaba.

La mano de Colette encontró un sitio entre el cabello de Oliver, primero como una caricia cadenciosa, convirtiéndose de un momento a otro en una agresión, puesto que la chica había cerrado el puño, obligando al muchacho a levantar el rostro todavía un poco más, cerrando un ojo para tratar de mitigar el dolor.

—¿Tú crees que me importa mucho lo que le pase a tu padre?

—Yo creo que sí —admitió Oliver inclinándose hacia la mano de Colette, percatándose de que la chica cada vez tiraba un poco más.

Colette suspiró, tan inexpresiva como antes, soltando al muchacho y dirigiéndose hacia la mesa para sentarse ahí, con las piernas cruzadas mientras esperaba a que Oliver se levantara. El muchacho tardó tiempo en moverse, tomó algunos segundos para recuperar el aliento y otros cuantos más para trazar su siguiente estrategia, pero ya no había nada qué defender.

—Mi padre se llama Luka Couffaine —espetó el muchacho levantándose con un movimiento tosco, como si le doliera aquel acto. —Así que creo que te importa mucho lo que ocurra con él.

.

Luka cortó la llamada mirando a Marinette desde el lobby del hospital, la chica asintió en espera de las palabras de su esposo.

—Lamento mucho tener que pedirlo, ¿te puedes hacer cargo?

—Era Maunier, ¿verdad? —murmuró la chica entregándole su chaqueta a Luka y asintiendo cuando vio a su esposo hacer el mismo gesto. —Haz que hable —pidió con un gesto violento, una expresión de rabia que contenía en sí mismo todos los significados. —Haz que Lila hable.

—Será mi regalo de aniversario —prometió el reptil besando el dorso de la mano de su musa antes de salir disparado hacia la entrada del hospital, en dirección al mustang cobra que Oliver le había dejado para la carrera.