El violín descansaba en su sitio, guardado en el estuche a la espera de que alguien se apiadase de él y le diera un uso digno, las cuerdas estaban tensas, ahora estaba afinado y el arco estaba finamente colocado en su broche, pero siendo honestos, Luka no sabía tocar el violín, ni siquiera sabía por qué lo había comprado en primer lugar.
Por supuesto, recordaba la fecha exacta, recordaba el día que había entrado en la tienda de música de toda la vida, la misma que Gustav (su mejor amigo de cuando estudiaba en el conservatorio), le había sugerido cuando tenía unos quince años. Cuando ambos estaban en la ciudad, solían citarse en aquel lugar a pasar horas entre los instrumentos, comparando las cuerdas, revisando las novedades, charlando alegremente con los encargados de la tienda hasta convencerlos de dejarles probar alguno de sus instrumentos para matar dos pájaros de un tiro, ellos comprobaban si debían comprar, la tienda adquiría publicidad gratis. Pero no, el día que había comprado ese Stradivarius había ido solo.
No estaba en sus planos ir a la tienda, pero sus pies conocían el camino de memoria, así que se dejó llevar hasta que estuvieron en la entrada. Fue una especie de corazonada, en cuanto Luka vio el violín supo que debía adquirirlo, jamás sabría que, en ese preciso instante, Sass había recordado el nombre de Evan, un portador antiguo que sí sabía tocar el violín.
Sass agradeció a Luka el haber comprado aquel instrumento (carísimo, para gusto del kwami), y sintió su corazón hincharse cuando Luka confesó que sólo por ver la forma devota en la que la pequeña serpiente se había sentado sobre la caja y puesto sus manitas sobre las cuerdas, había hecho valer cada euro. Aquella era la primera acción que Sass había tenido hacia el violín, sentarse sobre él durante una hora, con lágrimas en los ojos mientras recordaba al valiente y dulce Evan, que solía sorprender a todos con sus melodías.
No. Luka no sabía tocar el violín, pero la razón por la que observaba fijamente el estuche de su Stradivarius era porque recordaba a Paganini.
Mucho antes de ser novios, antes de que su esposa terminara la relación romántica con Adrien Agreste, Marinette y él habían visto una película protagonizada por David Garrett, daba la casualidad que ambos tenían que verla por sus respectivas carreras, ella por la moda, él por la música, así que se habían citado en el Liberty para verla juntos e intercambiar ideas.
Luka había abrazado a su musa por los hombros, para guardar calor ambos, pero había llegado una escena en un bar de la ciudad en la que Paganini había tocado hasta reventar todas menos una las cuerdas de su violín. El muchacho no había podido evitar inclinarse lentamente hacia el frente, atento a cada movimiento del violinista como si aquel hombre le hubiese puesto voz y cuerpo a lo que él quería transmitir con su música.
Ahora Luka observaba el violín preguntándose si sería capaz de hacer hablar a su guitarra como Paganini había conseguido arrancar las súplicas a sus violines tanto tiempo atrás.
No lo pensó más, en un movimiento veloz se dirigió a toda velocidad al único lugar en su hogar que servía como Sancta sanctorum cuando no encontraba consuelo en el mundo y no quería molestar a su musa con nimiedades.
(Fragmento escrito por Skayue-Chan, espero que lo disfruten, porque a mí, me cautivó)
Se encerró en su estudio de música que adecuó en su departamento, azotando la puerta detrás de él y tomándose el cabello como si quisiera arrancárselo de la cabeza de raíz. Durante todo el interrogatorio a Lila se mantuvo controlado, sintiéndose orgulloso de que esa criminal desquiciada no hubiese logrado provocarlo al admitir con tal descaro cada uno de sus crímenes. Pero las flores con aquella dedicatoria... Eso fue demasiado, fue el colmo, una bajeza enferma, incluso para ese par. Sentía que, si no lograba controlar de alguna manera sus impulsos, terminaría por hacer algo de lo cual se arrepentiría después, algo con lo que provocaría que todo se fuese más al carajo.
La única razón por la que no había intentado nada antes era por la promesa hecha a Colette...
Pero tenía que drenar esos instintos asesinos de alguna forma, o lo poco que le quedaba de cordura se esfumaría.
Tomo fuertemente la guitarra especial que ya estaba afinada en Re, la que usaba solo en tocadas de Rock pesado al dar un sonido grave y hasta grotesco. La conecto al amplificador, al que le subió los graves, la distor a todo lo que le permitía y el volumen, no importándole que el ensordecedor ruido que llegara a provocar, además, para eso precisamente adecuó la habitación con material a prueba de ruido. Probo el sonido tocando un acorde disminuido, sonando en cierta manera disonante, pero justo así se escucharían sus emociones si tuvieran sonido, los graves incluso retumbaron bajo sus pies.
Cerro fuertemente los ojos, apretando a su paso también su mandíbula y comenzó una improvisación encolerizada, demoniaca y sádica. Hizo largos y chillantes slide por todo el cuello de la guitarra, Blendigs con los que casi sacaba las cuerdas del grosor del instrumento. Sus dedos se movían a una velocidad impresionante al pisar cada uno de los trastes, tocando en semicorcheas y a un beat por minuto que dejaría sin palabras al petulante de XY. A su mente vino la sonrisa altanera y casi divertida de Lila al confesar con orgullo cada uno de sus crímenes, lo que le hizo aumentar la velocidad, tocando ahora en treintaidosavos por pulso. Lo que de la guitarra emanaba, sin duda, era lo que se escucharía al entrar en el inframundo, más precisamente, al reino de los condenados donde sufrían las más tortuosos e inhumanos castigos, algo que solo un verdadero demonio podía imaginarse.
Bueno, él era Hades, y si podía arrastrar a Lila Rossi al Tártaro con él, se la llevaría sin pensarlo.
La sexta y quinta cuerda reventaron, dándole dos latigazos consecutivos a su mano derecha que le dejaron fuertes heridas de azote, pero ni el ardiente dolor lo detuvo en continuar con esa infernal composición que improvisaba, cuyas inestables emociones le dictaban, ahora escuchándose más abrumado al estar tocando con las cuerdas más agudas. Ni siquiera se percató que su esposa le estaba escuchando casi desde que comenzó a tocar, abrumándola por las emociones sádicas y asesinas que transmitía con su guitarra, pero lo dejo, ella sabía mejor que nadie que la música era como Luka drenaba sus emociones, sean cual sean, y justo en ese momento, su guitarra era la que hablaba, mejor dicho, gritaba desgarradoramente por él. Sin embargo, luego notó algo recorriendo su mano izquierda, eran finos hilos de sangre fluyendo del dorso de su mano, líquido que emanaba de las yemas de sus dedos. Eso fue la que la impulso a pararse frente a él para agarrar su mano herida y detenerlo…
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Kami: Lamento lo de las bombas, aunque se las atribuyo a Scar jajajaja las voy a dejar de leer los días que escriba para que no se vaya al carajo tan rápido jajajaja pero saben que las amo, prometo reivindicarme.
Sonrais777: Déjalo en mis manos, los haré pagar cada gota de sangre
Manu: Había pensado abordar el tema de la contingencia, pero la mayoría de la gente ya está harta del tema, así que mejor dejé el tema por la paz. No he planeado el lemon de Luka y Ladybug, así que no sé si esté. Ya tengo muchos malabares con la presencia de Oliver en este tiempo, no me voy a meter en los hijos. Gracias por las ideas, pero no es algo que vaya a barajar dentro del caos que ya estoy planeando cuando el torneo se me va de las manos a veces.
Scar: Sigo con la promesa vigente de que me voy a reivindicar por tanto sufrimiento que les he causado, pronto-pronto, por el momento, les dejo este momento de calma y espero que otro más. La verdad es que decidí retrasar un capítulo las heridas sin curar, para darles paz. Creo...
Ms Laddy: De nuevo, mil gracias por el mensaje, la verdad es que me sube el ánimo saber que mis historias están teniendo buen impacto, espero mantenerme al nivel de las expectativas y seguir retribuyendo su apoyo con mis historias
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Marinette atendía las heridas en la mano de Luka con movimientos suaves, jamás había tenido tanto cuidado como en ese momento, que repasaba la piel de su esposo con un algodón humedecido en alcohol para evitar cualquier infección.
Ninguno de los dos dijo nada por largo tiempo, el guitarrista dejó a su esposa hacer y deshacer entre suspiros, no tenía el valor para mirarla a los ojos después de aquel gesto de automutilación, pero en la sonrisa tímida de la chica no había reclamo, no había dudas, no había ningún gesto que pronosticara una tormenta.
Marinette depositó un beso suave en los nudillos de su esposa, lejos de las heridas antes de levantarse y sonreírle con la misma dulzura de antes.
—Perdón, tengo que ir por las banditas adhesivas. Esto es menos severo de lo que pensaba.
Aunque Marinette hizo por retirarse, la mano de Luka se cerró en torno a su muñeca, deteniéndola en el acto. El muchacho miraba el suelo, avergonzado de sus propias acciones, sintiéndose y sabiéndose indigno de su musa; no sabía ni cómo iniciar aquella conversación, así que Marinette, enternecida por ver de nuevo a Luka convertido en un niño de doce años que no sabe decir "lo siento", tiró suavemente de la mano del muchacho para hacer que se pusiera de pie y sonrió poniendo su teléfono sobre el piano, reproduciendo una melodía.
(Howl's moving castle theme)
Luka soltó una risita pusilánime al reconocer la melodía, pero no dijo nada antes de asentir para Marinette y sostener su mano, avanzando a pasos lentos por la habitación, dejándose llevar por la melodía. ¡Dios! ¿Cuántas veces no habrían bailado en ese mismo salón después de peleas, después de enfrentar akumas o situaciones complicadas?
Cuando el violín dio entrada al cambio de la música, Luka apresó con fuerzas la cintura de su esposa y comenzó a guiarla a pasos largos por todo el salón, entre las mesas, alrededor del piano.
Marinette podía dejarse llevar con facilidad en los brazos de Luka, desde la vez que habían patinado juntos años atrás ella lo sabía perfectamente bien, pero cada vez que discutían o que alguno de los dos se aislaba del mundo, reafianzar su confianza, su relación a través de aquellos actos simples le recordaban por qué lo amaba tanto.
Una mano en su espalda, la otra sosteniendo firmemente sus dedos mientras giraban a toda velocidad, moviéndose por el espacio disponible con pasos diestros, con Marinette ladeando la cabeza hacia un lado cada vez que iban a cambiar el ritmo de sus pasos, como si toda la vida se hubiesen dedicado a aprender esa pieza solamente.
Y mientras la música cambiaba de nuevo en los arpegios del piano, todo el lugar cambió ante los ojos de ambos, sus vestimentas no eran los pijama que solían usar al dormir, eran vestidos de época, las ventanas hacia París habían desaparecido para dejar en su sitio la vista al océano, el salón estaba lleno de velas y candelabros, gente de todo tipo que los miraba con embeleso mientras ellos giraban a toda velocidad por el espacio, mientras hacían pausas, mientras Luka reclinaba a Marinette delicadamente o la hacía saltar en el aire, sosteniendo su cintura mientras ella levantaba las manos con gestos gráciles.
—Evan... —murmuró la portadora en un suspiro, enamorada del muchacho que la sostenía, con los últimos acordes de la pieza.
Cualquiera se molestaría ante la mención de un nombre que no era el propio, pero no fue el caso de Luka Couffaine, el muchacho soltó un suspiro con la misma intensidad que Marinette antes de murmurar: —Claire...
Y reclinarse hacia su boca, arrancando un beso que sabía a desesperación, a añoranza, a deseo, a tristeza y a despedida.
Por un momento los invadió la sensación de que aquello no estaba bien, que debían parar cuanto antes, Marinette incluso levantó la mirada en dirección a la puerta, rompiendo el beso con violencia, sabiendo que encontraría los ojos anegados de alguien...
Pero la puerta estaba vacía, y oscura. No había candelabros, no había salón, no había mar, sólo ella y su esposo, agitados, cubiertos en sudor mientras la visión de una vida pasada se iba disolviendo en el aire y ellos recuperaban la consciencia.
—Escucha —pidió Luka tomando las manos de Marinette, encarándola y buscando en sus facciones el valor para poder continuar —, quería matar a Lila en ese mismo instante. No habría nada que pudiera detenerme sino sintiera que le debo a Colette la muerte de Jeany.
—No podíamos evitarlo.
—No, pero ya había pasado antes, ya antes le había quedado a deber a Colette y no lo recordaba. Dar testimonio, ver el cuerpo de Jeany en la morgue me recordó a la batalla que tuvimos contra Vengeur hace tiempo.
—¿Vengeur? —Repitió la diseñadora, recordaba los nombres de todos y cada uno de los enemigos a los que se habían enfrentado, pero aquel no retumbaba en ningún sitio de los recovecos de su mente, así que la joven volvió la mirada al suelo, tratando de entender por qué pronunciarlo sí era familiar para ella.
—No le des vueltas, no lo vas a recordar de todos modos, no es algo que hayas vivido tú. Pero yo sí. Y anoche quería matar a Lila en la sala de interrogatorios, Maunier, Chat, ninguno lo habría impedido, pero Colette me pidió justicia, estaba furioso. Todavía quiero matarla, sobre todo por lo que dijo respecto a ser Hawk Moth... Necesitaba drenar, quería deshacerme de todas las emociones que me estaban carcomiendo por dentro, y siento que no ha funcionado del todo, así que...
—Luka, sea lo que sea que necesites, estaré aquí para apoyarte. Lo sabes ¿verdad?
—Lo sé —admitió al final tomando las mejillas de su esposa antes de besar su frente y asentir.
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Marinette había salido de la firma y se había visto rodeada de reporteros, todos alzando grabadoras, celulares, plumas y micrófonos hacia ella, que los miraba pasmada. ¿Ahora en qué escándalo mediático se había metido? Hizo una lista mental de sus acciones de las últimas veinticuatro horas, la única razón por la que creía que podían hacerle aquel interrogatorio era el funeral de su amiga, o los homenajes que harían por ella en el Chat y en Les Reptiles. Porque fuera de eso, al menos toda la noche del viernes se había mantenido en la carrera, sábado y domingo velorio y funeral, lunes...
No, estaba en blanco.
—¡Uno a la vez! —Gritó desconcertada, haciendo aspavientos con las manos antes de alternar miradas con todos los presentes, un reclamo silente.
—Diseñadora Marinette —llamó una chica levantando su teléfono hacia ella y abriéndose paso entre el gentío —, Monique de Le Parisien. ¿Es verdad que su esposo se convirtió en un portador de Miraculous?
—Antoine de El mundo hoy, ¿Luka Couffaine hará alguna declaración respecto a su papel como Melek Taus en los planes de Ladybug y Chat Noir?
—¿Tenía usted conocimiento de los planes de su esposo para convertirse en portador?
—¿Son cercanos a los héroes que protegen nuestra ciudad?
—¿Usted tiene planes de convertirse en una portadora?
Montones y montones de preguntas más se alzaron contra ella, que lentamente fue apretando las manos a sus costados y bajando el rostro, permitiendo que su fleco le ocultase las facciones. Chloe había estado a punto de salir en su rescate, pero los periodistas frenaron en seco al ver la actitud de la entrevistada en cuestión, y poco a poco guardaron silencio todos, temerosos de la reacción de la chica.
Marinette suspiró para relajarse y levantó el rostro con una sonrisa tranquila, casi podían verse sakuras floreciendo a su alrededor mientras ella ladeaba el rostro un poco.
—Mi esposo hizo lo que cualquier ciudadano parisino debería hacer, tomar cartas en el asunto cuando los héroes nos necesitan —hizo una pausa para mirar a todos los presentes, que parecían desconcertados ante su dulzura, antes de seguir. —No creo que mi esposo tuviera en sus planes formar parte de los equipos de Chat Noir o Ladybug, no es noticia que llevo una buena relación con el gato negro ya que ha salvado mi vida en varias ocasiones, pero no somos lo suficientemente cercanos como para convertirnos en portadores. Vi los videos de seguridad de la comisaría y lo único que pude advertir fue que mi esposo obstruyó los planes de Hawk Moth y Lila Rossi para llevarse el miraculous del pavorreal, según me informó Luka. Tomó acción, y fue todo. Si quieren una respuesta más elaborada, deberían preguntar directamente a él.
De nuevo todos alzaban preguntas hacia la diseñadora, haciéndola retroceder apenada, pero el ruido de las llantas derrapando contra el asfalto consiguió que todos levantaran la mirada en dirección a la calle y se percataran de que un Mustang Cobra amarillo brillante acababa de enfilar por aquel lugar y amenzaba con arrollarlos.
La mayoría se apartó, pegándose a la pared, pero al final, el auto derrapó drifteando hasta estacionarse frente al edificio y Luka bajó la ventana con una sonrisa socarrona.
—¿Necesitas que te lleve, guapa?
—Mi héroe —exclamó la chica antes de subir al auto y dejar a todos los periodistas pasmados en su sitio, preguntándose qué había pasado hasta que se percataron de que habían perdido a Marinette y sus entrevistas.
—Causssassste mucho revuelo, enamorado —se burló Sass saliendo de su escondite, revoloteando en torno a Marinette mientras Tikki y Mullo salían también.
—Sí, no era mi intensión —admitió el muchacho tomando la mano de Marinette y plantando un beso en sus nudillos.
—Tampoco has devuelto el auto de Oliver —acusó la chica, divertida mientras Luka cambiaba de velocidad y ambos se pegaban en su asiento bajo el poderoso rugido del motor.
—Me lo dejó como garantía. Dijo que se encargaría de recuperar el Bugatti, pero no me molestaría quedarme con esta belleza.
—Además de que es un cobra, va con tu personalidad.
—Muy graciosa.
—Todavía tenemos una discusión pendiente —urgió Tikki mirando a Marinette con gesto grave, determinada —, Duzuu está esperando por noticias, quiere saber qué haremos ahora que la recuperamos para nosotros, y está segura de que puede pelar.
—Tenemoss que reunir a todoss loss kwamiss y a todoss loss portadoress que ssaben el ssecreto —dijo Sass con una voz tranquilizadora, consiguiendo que, tanto Tikki como Marinette bajaran los hombros, un poco más relajadas. —No tiene ssentido hacser nada hassta que esstemos todoss enteradoss de lo que ocurre aquí.
—Alya y Nino estarán esta noche en el Chat —explicó Marientte sosteniendo en sus manos a ambos kwamis —, también Kagami y Adrien, podemos aprovechar y desaparecernos un rato sin que la gente lo note.
—¿La gente o Colette? —Inquirió Luka pensativo.
—Oliver puede hacerse cargo de Colette.
—¿Qué quieres decir? —murmuró Luka incómodo, aferrándose al volante con fingida indiferencia, pero consiguiendo que Marinette soltara una carcajada ante aquello.
—Dios, a mí jamás me has celado como celas a Juleka y a Colette.
—Son mi familia y no saben cuidarse solas.
—Colette sabe perfectamente cuidarse sola —corrigió Marinette, aun riendo a carcajadas, consiguiendo que Luka le dedicase una mirada larga aprovechando la luz roja, una sonrisa de medio lado que le dio a Marinette el permiso para desternillarse de la risa con más ganas todavía.
—Todavía no confío en Oliver. ¿Tú sí?
Marinette se fue calmando poco a poco hasta poder dedicarle una mirada pesada a Luka, que ya había puesto en marcha el vehículo, mirando el camino con el entrecejo fruncido.
—Se parece mucho a ti —murmuró la chica estirando una mano para acariciar el cabello de su esposo, haciéndole sonreír al tacto, pero consiguiendo una mueca de reclamo al terminar de entender qué había dicho su esposa. —Me refiero —aclaró la chica sonriendo ampliamente —, a que ambos están así de comprometidos con la gente a la que quieren. Oliver se siente responsable por la muerte de Jeanette, así que no permitirá que nada le pase a Colette mientras él pueda evitarlo.
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Colette estaba recostada en su cama, con un pie colgado por el borde y los brazos cruzados sobre sus ojos, Oliver golpeteó la puerta discretamente, consiguiendo como respuesta un gruñido gutural por parte de la cantante, una forma de decirle que se fuera de ahí.
—No querrás llegar tarde al último adiós para Jeany, ¿o sí?
—No es eso —admitió ella apesadumbrada, dándole la espalda a la puerta y acurrucándose en posición fetal, abrazada de su almohada mientras suspiraba. —No me siento fuerte como para encarar a Jean. Es su padre, y estará ahí en el bar, sirviendo tragos a los asistentes, seguramente sonriéndole a todo el mundo y agradeciendo por la compañía, y yo estaré ahí sin poder decirle que lamento mucho no haber hecho justicia por nuestra Jeanette.
Oliver se sentó en la cama, frente a Colette, sonriendo al ver su expresión acongojada.
Suspiró profundo antes de acostarse frente a ella y despejarle el cabello con una mano, un gesto suave que consiguió que Colette suspirara frunciendo el entrecejo.
—Te pareces una imposibilidad a tu papá.
Oliver soltó una carcajada tan espontánea que Colette se encogió en su sitio, la había tomado por sorpresa, pero la relajó escuchar al muchacho reír un poco.
Pasaron largos segundos antes de que Oliver pudiera calmarse un poco para responder, pero sus palabras fueron una especie de efecto analgésico para Colette, que la ayudaron a cerrar los ojos y acurrucarse mejor en torno a la almohada.
—Mamá lo dice todo el tiempo.
—Los vamos a salvar —prometió Colette en medio de un suspiro.
Oliver suspiró profundo, removiendo los cabellos contra la nariz de la pelinegra y consiguiendo que ella abriera los ojos, había algo pesado en la mirada de Oliver, algo profundo, oscuro, peligroso cuando ella se atrevió a mirarlo de nuevo, esa chispa que sólo aparecía en los ojos de Luka Couffaine cuando él quería hacer algo que iba contra las órdenes o autoridad de otro.
—Mis padres están a salvo —confesó con voz tajante. —Bunix me ha contactado esta mañana para hacerme saber que, lo que fuera que pusiera en riesgo la vida de mi padre, ya no está en la línea temporal, los ataques cardiacos han desaparecido, entonces debería volver a casa.
—Me da gusto saber que está a salvo —murmuró Colette melancólica, cerrando los ojos de nuevo, pero consiguiendo que Oliver le acariciara una mejilla con los nudillos.
—Hablé con ella para hacerle saber de una decisión que tomé.
—¿Decisión? —Repitió ella abriendo los ojos, confundida ante las palabras del muchacho.
—Sí. Colette, yo te prometí hacer justicia por lo que le pasó a Jeanette, y no pienso dejar este tiempo hasta haber cumplido a mi promesa. Y, de todos modos, esto va a beneficiarnos a todos.
—No entiendo eso.
—El equipo de balística de mi padre, los contactos que tiene para estudiar las balas y esas cosas, nos entregó los resultados esta mañana de la bala que mató a Jeany. Son las mismas balas que mandaron a mi madre al hospital.
—Mierda —espetó sentándose en la cama y mirando a Oliver con los ojos abiertos por la sorpresa, por el pasmo —, eso quiere decir que las personas que infiltraron a los reptiles son las mismas que les entregaron las armas a Lila y a su equipo.
—O peor, que Lila infiltró a los reptiles hace meses y ahora sólo vino a terminar el trabajo sucio. Aunque hay algo que todavía no termina de encajar en el rompecabezas. En mi tiempo no hay registro de que Lila haya confesado ser Hawk Moth, aunque los medios no hayan dicho nada al respecto todavía, mis padres no lo sabían en su tiempo, eso quiere decir que hay más cosas cambiando ahora que vine.
—¿Es muy malo?
—No lo sabré hasta que regrese a mi tiempo —admitió el muchacho recostándose bocarriba con las manos debajo de su cabeza, mirando al techo con aires distraídos —, pero volver todavía no es una prioridad para mí. No hasta que resuelva el asesinato de Jeany.
Colette se recostó de nuevo en la cama, esta vez usando el brazo de Oliver como almohada, cerrando los ojos para respirar el perfume del muchacho, pensativa.
—Louis...
El muchacho sonrió ante la mención de su nombre, dedicándole a Colette una mirada de reojo, la joven tenía el gesto apretado, como si decir aquel nombre fuese una especie de pecado, o como si temiera continuar con su frase. Por primera vez comprendió a qué se refería Luka cuando decía que su madre era clara como una nota musical, pudo fácilmente adivinar los pensamientos de Colette sólo con ver su expresión, así que sonrió cerrando los ojos antes de liberar su mano para acariciar el cabello de la chica.
—La respuesta es no.
—No puedes negármelo así nada más —espetó enderezándose en su sitio y mirándole con reproche. —Si me vas a ayudar con lo de Jeany yo quiero ayudarte en lo que pueda.
—Una cosa es que me ayudes a resolver mis problemas, y otra cosa es que quieras ir a mi tiempo.
—Sólo para ayudarte, y luego me regresas aquí. Para poder pagarte con la misma moneda.
—Colette —murmuró conciliador, sentándose en la cama con una sonrisa ladina, enternecido ante la expresión de la chica. —Créeme. Conocerte ya ha sido el premio mayor de mi venida aquí.
—Louis, no vayas por ahí —pidió la chica apretando el gesto, volviendo el rostro.
—No me malinterpretes, Colette —pidió el muchacho, tomando el rostro de la chica entre sus manos, sonriéndole con dulzura mientras negaba con la cabeza. —No estoy esperando nada contigo, sé que volveré a mi tiempo cuando todo esto termine, así que, cuando menos lo esperemos, volverás a ser mi amor platónico; si te lo confesé fue con la intensión de que lo supieras, por decir que no me quedé con ganas de hacértelo saber. No estoy esperando una respuesta.
Colette le compuso un puchero, un reclamo silente. Tenía que ser hijo de Luka Couffaine...
Si bien era cierto que el dolor por la pérdida de Jeany estaba muy reciente, tampoco era indiferente al atractivo natural de aquel muchacho. Pero aquellas palabras habían dado justo en el clavo, él volvería a su tiempo, a su mundo. Entonces ¿por qué quería ella ir con él? De todos modos, no tenía caso, no había nada que ella pudiera hacer para ayudarle porque no había nada que resolver.
Tampoco sería sencillo olvidar las palabras que Louis le había dicho para confesar que se había enamorado de ella... Porque eres tan complicada como una sinfonía completa, llena de notas, de agudos, de graves, llena de cambios y, al mismo tiempo, tan constante, que sacarte de mi cabeza será imposible. Mi corazón seguirá latiendo al ritmo de tu melodía hasta el último de mis días.
—Al menos déjame llevarte al Chat —pidió el muchacho sonriendo de medio lado.
—Sólo... —murmuró la chica dándole de nuevo la espalda, levantándose en dirección a la puerta, reacia a volver el rostro —, sólo si te quedas conmigo esta noche. Todavía no me siento preparada para quedarme a solas con mis pensamientos y...
—Descuida, me quedaré.
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No estaba segura de cómo había llegado ahí, sólo recordaba que había entrado al Chat Lunatique de la mano de Luka, Adrien les había dedicado una mirada de desprecio desde la barra y el guitarrista habría ido a plantarle cara a su mejor amigo (a iniciar un pleito, seguramente), de no ser porque ella se había desvanecido.
Al abrir los ojos se encontraba caminando por los pasillos largos de lo que le parecía un hotel, pero al mirar por las ventanillas se percató de que estaba en el mar, en un barco, algún crucero de época, levantando los holanes de su vestido para no tropezar con su propio vestido, admirando los candelabros dispuestos en las paredes para iluminar el espacio en las noches.
La confusión inicial desapareció de un momento a otro, la chica recordó lo que estaba buscando y sonrió apretando el paso, ansiosa por llegar.
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(A partir de aquí, fragmento escrito por Marianne E, miss u girl)
Entró al camarote y allí estaba Evan, recostado en la cama de la manera más perezosa posible; sus manos la hacían de almohada y la vieja boina le cubría la mitad del rostro.
Clare sonrió para sí misma, porque contemplar a Evan McKenzie, el portador del miraculous de la serpiente; apacible y sosegado, no era una efigie que pudiese ver todos los días… no después de la guerra.
La primera vez que lo vio, supo que en él había algo especial.
De hecho, si cerraba los ojos unos cuantos segundos, podía percibir la música emerger de su viejo violín, aquel que ensamblaba suaves melodías y se anteponía a la fuerza de las gaitas de su natal Escocia. De hecho; imaginándolo a él, tocando en la sala de aquella vieja casa a las afueras de Edimburgo, podía rememorar el olor a pino, e incluso sentir la briza gélida rosarle las mejillas.
Amaba la música que engendraba desde el corazón y lo amaba a él.
Repentinamente, el recuerdo del violín brotó de su mente, realzando una canción real. Clare abrió los ojos y Evan le sonrió apremiante, deslizando el arco de madera sobre las finas cuerdas del instrumento. ¿En qué momento había despertado y había tomado posesión de aquel instrumento? Ella no lo supo, y tampoco quiso averiguarlo, porque ahora las suaves y melifluas notas musicales la invitaban a unirse a la melodía.
— Would ya' singfor me, lass? — incitó Evan con gesto audaz.
Ella jamás podría decirle que no.
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Billow and breeze, islands and seas
Mountains of rain and sun
Allthatwasgood, allthatwasfair
Allthatwas me isgone
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Había dos cosas que Evan; el portador del miraculous de la serpiente amaba por sobre todas las cosas en este mundo: la voz de Clare O'Malley al cantar… y a la misma Clare.
La amó desde el momento en que pisó la granja de su familia cuando apenas era una niña de trece años, la amó cuando ella lo eligió como el portador de la serpiente, la amó incluso cuando viajó a Rusia a estudiar música; la amó aún durante la guerra y la amó incluso al volver y enterarse de su compromiso con Kendrik McKenzie; su hermano menor.
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Mullwaseastern, Rumontheport
Eiggonthestarboardbow
Glory of theyouthglowed in hersoul
Whereisthatglorynow?
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Era un arreglo de sus padres, claro estaba. Y aunque su Mo shíorghrá ya lo había elegido a él como el verdadero dueño de su corazón, en el fondo Evan sabía que el destino de ambos ya estaba grabado en piedra: el alma gemela de la catarina era el gato negro, no la serpiente. ¿Podrían ambos seguir luchando contra corriente?, ¿podrían seguir viviendo un amor que desde un inicio nunca debió existir?
— Sé lo que estás pensando — dijo Clare, una vez que la música terminó. Podía adivinar el rumbo de sus cavilaciones con tan solo contemplar su faz — Todo va a salir bien, estoy segura.
— Kendrik te ama tanto como yo lo hago. No va a renunciar a ti tan fácil.
Clare tomó la mejilla de su querido violinista, allí donde aún prevalecía una de las cicatrices que la Revolución Rusa había impreso en su piel: — Quiero a tu hermano, pero te amo a ti… y eso es algo que él tendrá que entender tarde o temprano. Hoy mismo hablaré con él. Si vamos a pisar América para tener un nuevo comienzo, será el que yo decida; no mis padres, no Kendrik y no el destino de los portadores.
Sin más que añadir a aquel juramento solemne e impío. Evan la besó desmesurado, ansioso por arribar a un destino que prometía la libertad y autonomía que con un amor prohibido como el suyo necesitaba.
O al menos eso creía, pues sin darse cuenta; cierto joven admiraba la escena, escondido en la puerta con corazón resquebrajándose en mil pedazos y la furia encaramándose en el pecho.
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Marinette abrió los ojos en brazos de Adrien, que la miraba con adoración mientras Luka se acercaba a ellos con un vaso de agua y una sonrisa tranquila.
—¿Qué vamos a hacer contigo, Marinette Dupain-Cheng? —Dijo alegremente el peliazúl mientras le entregaba el vaso a su esposa, la chica estaba sentada al fondo del Chat Lunatique, rodeada por sus amigos más cercanos, su equipo de portadores.
—De Couffaine —corrigió ella divertida, agradeciendo el vaso con la mirada y consiguiendo que Adrien bufara, ofendido.
—Adrien —llamó Plagg angustiado desde el bolsillo interno de su chaqueta —, por favor mantén la calma, no te pertenecen esas emociones.
—No, ya no —apuntó el muchacho, ofendido. —Pero en algún momento se trató de mí.
—¿Continúan las visiones? —Murmuró Alya angustiada por sus amigos.
—Sí —confesó Marinette desviando la mirada hacia su amiga —, cada vez son más frecuentes, ya no sólo son sueños, a veces me asaltan durante el día, mientras cocino o coso. En el trabajo, en la ducha. Donde sea.
—Esta mañana tuvimos una especie de trance compartido —admitió Luka tomando el vaso vacío de manos de su musa, sonriéndole de medio lado para tratar de infundirle valor.
—Cada vez es más complicado mantener las emociones a raya —admitió Adrien mirando a Kagami con una disculpa en los ojos. —El día de hoy le grité a mi novia por una tontería.
—Está bien —dijo ella sonriendo apacible, tomando las manos de su enamorado y asintiendo una vez —, tus ojos cambian cuando estás influenciado por los trances, sé que no es contra mí.
—De todos modos, tenemos que hacer algo —murmuró Marinette apesadumbrada. Miró a Tikki oculta en su bolso y murmuró: —Tal vez, si nos hablaran de Evan, Claire y Kendrik...
—Tal vez luego —pidió Tikki encogiéndose en su sitio, incapaz de mirar a su protegida. —Yo todavía no me siento lista para recordar esa vida, no quiero fallarte como le fallé a ella.
—Tikki, yo estoy segura de que no le fallaste a Claire —prometió la portadora metiendo una mano al bolso y acariciándole la cabeza para tratar de dar consuelo a la pequeña. —Aun si le hubieras fallado, estoy segura de que ya te perdonó. Y si ella no lo ha hecho, yo te perdono en su nombre, por lo que quiera que creas haber hecho.
La kwami se abrazó a la mano de su portadora y sonrió sintiendo que las lágrimas escapaban a su control, pero asintió feliz de saber que estaba en buenas manos, sabiendo que, tanto Claire como Marinette tenían un corazón de oro.
—Vinimos a hablar de Duzuu —recordó Kagami serena, temiendo interrumpir, pero sabiendo que debía poner fin a la tensión que había surgido entre ellos. —Pero también es el homenaje a Jeany, así que ¿por dónde empezamos?
—Tengo turno al micrófono en cuanto llegue Colette —anunció Luka mirando hacia la barra, percatándose de que Jean sonreía para las personas que se habían sentado, haciéndole plática para distraerlo de sus pensamientos. —Y la muy amable pidió que Mari hiciera algo, al final, Jeany la admiraba muchísimo.
—Una vez cubierto eso, somos libres para ir con ustedes —anunció Marinette con la mirada llena de determinación —, mientras tanto, Adrien los puede poner al corriente sobre lo que ocurrió en la comisaría.
—Son muchas cosas que charlar —admitió el rubio levantando una mano —, así que hay que ponernos cómodos antes de que el lugar se llene.
