Manu: Honestamente no creo que se enfoquen a Félix en el comic si ya dijeron que se van a dedicar a los otros tres, pero se vale guardar esperanzas. De hecho, Oliver ya usó un miraculous en otro capítulo, pero todavía no he decidido cómo profundizar ese tema sin meter en más problemas a los portadores, a veces siento que les debo pagar la terapia por todo cuanto les hago pasar jajaja. Ya estoy trabajando en la actualización del Océano, no estoy segura de para cuándo, pero pronto. Ya verás.
Sonrais777: Créeme, arderá, no voy a dejar que Lila y Félix salgan impunes por lo que hicieron, pero no sé cuándo ocurrirá. Seguimos con las emociones fuertes, prometo pronto darles una pausa de tanto drama.
Scar: Pronto verás la escena de Hécate y Hades por acá, te va a gustar, estoy segura
Faty: Decidí actualizar antes de leerte para arrancar con todo la prueba de las insignias, ahora sí, agárrate, se viene lo bueno
Mariana: Gracias por apoyarme en mi micro crisis, te debo una. Por lo pronto ya tienes spoilers y mi promesa de que nadie se queda roto, nadie se va de esta historia sin ser arreglado.
(Fix me –Icon for hire)
Luka suspiró paseando las manos por las teclas del piano de media cola que habían dispuesto al centro del Chat, había comprado ese instrumento para los eventos especiales, normalmente permanecía cerrado con llave, pero esa noche estaría ahí dispuesto para quien tuviera una canción y una intensión para dedicarle a Jeanette. Las últimas despedidas.
Another day, another waste of my heart
It only beats when it wants to
Another step, and I've learned to hold my breath
Still scared to want you
La voz de Colette se alzó melancólica entre los presentes, la chica tenía los ojos cerrados y se aferraba al micrófono de pedestal, conteniendo tan bien como le era posible las lágrimas; las ganas de llorar se habían convertido en una masa pegajosa que amenazaba trepando por su garganta, a punto de asfixiarla si ella no hacía algo al respecto.
Bueno, haría lo mejor que sabía hacer, cantar cuando el mundo se le venía encima.
I'll be the mess, you be the medicine
I'll be the mess, you play the medicine
¿Cómo ser fuerte? ¿Cómo aferrarse a los últimos gramos de cordura cuando el dolor lo estaba consumiendo todo?
Colette abrió los ojos mientras dos gruesas lágrimas se abrieron paso por sus mejillas, no se molestó en limpiarlas, dejó que se convirtieran en arroyos bajando lentamente por su piel, abriéndole camino a la desesperación que sentía por dentro, de saber que era una decisión que ya había tomado, que ambas habían tomado.
Aceptar el hecho de que Jeany había dicho a Oliver que la dejase morir para tener una esperanza para el futuro, aceptar que ella misma había estado de acuerdo, aceptar que su niña china no volvería a su lado, que no volvería a tirar de sus rizos desordenados, que no volvería a ver su piel morena.
Why don't you fix me?
I can't help myself
Why don't you fix me?
You know I'm fading still
Sus ojos dieron con los de Oliver, que levantó su cerveza en dirección a ella a manera de brindis, una forma de decir "estoy aquí" sin acercarse, una promesa silente de que aquello no quedaría así y se haría justicia por Jeanette.
I have tried to be better inside
We both know how it kills
I've tried to heal myself so many times,
But we both know that I'm still ill
Oliver escuchaba la voz de Colette, observaba la forma en que torcía el gesto cada vez que tenía que dar notas más agudas, todo su rostro se contorsionaba hasta formar una mueca que podría pasar por angustia si no conocías a la chica, pero Oliver sabía que lo que Colette mostraba era dolor físico, el esfuerzo de apretar el pecho y estirar la garganta, porque todavía le dolían los golpes.
I'll be the mess, you be the medicine
I'll be the mess, you play the medicine
Why don't you fix me?
I can't help myself
Why don't you fix me?
You know I'm fading still
Colette no había hablado con Luka, ni con la policía, ni con Marinette, ni con Jean. No le había contado a nadie hasta dónde había llegado Lila para torturarla aquella noche. Pero a Oliver sí que le había soltado la sopa, le había relatado con lujo de detalle todos y cada uno de los golpes que le habían propinado, le había explicado cómo la habían sujetado por las muñecas y atado tan apretado que el pecho abierto le había comenzado a causar asfixia, relató cómo le habían pasado una cuerda entre los codos y los brazos para obligarla a sacar el pecho, a abrir las costillas, a estirar el cuello para que el aire tuviese todavía menos espacio para pasar.
And you know how I try, fight to survive
My hands are bloody from holding myself too tight
You know how it hurts
You know what the pain will be worth
Colette le había mostrado las quemaduras de las sogas en sus muñecas y en sus brazos, le había mostrado los moretones que tenía en las costillas cuando Lila le dio una patada en el costado y cómo ella había evocado el rostro de Jeany para tratar de escaparse del dolor, imaginándola dormida en su cama por lo entrada que estaba la noche, agradeciendo que estaba a salvo de sus enemigos, la forma suave en que emitiría algún silbido, porque ella no roncaba, no. Jeanette era una clásica princesa de Disney, como Cenicienta o Blanca Nieves, y las princesas eran perfectas hasta dormidas.
Every scar one day will heal
Every tear one day will dry
Oliver estaba seguro de que Colette tendría una costilla rota gracias a ese golpe, le costaba respirar cuando la habían encontrado. Además de ver todos los otros golpes y cortadas que la chica tenía en el resto del cuerpo, un labio reventado, las encías de ese lado hinchadas y sangrando a la menor provocación. "Como Santo Cristo" era una buena forma de describir el estado en el que se encontraba Colette mientras cantaba. Pero eso no impidió que la chica alzara la voz con ganas, mirando a los presentes con una sonrisa melancólica, agradeciéndoles con aquella canción por acompañarla ese día tan triste.
Every scar on day will heal
Every tear one day will dry
Colette siguió cantando, a pesar del dolor, mirando la fotografía de Jeany colgada al fondo del bar, sonriendo ampliamente al recordar las palabras que su chica solía dedicarle sin saber por qué. Aquella chica dulce y optimista tenía tiempo diciéndole a Colette que estaba viviendo vida prestada, que estaba tomando minutos que no le correspondían, que estaba teniendo experiencias como tiempo extra y que agradecía todo aquello de verdad. Jeany tenía semanas insistiendo en que, si algo le pasaba pronto, ella no debía llorar su muerte, o que llorara todo lo que necesitara, pero que no se detuviera.
Why don't you fix me?
Why don't you fix me?
Colette soltó un sollozo alejando el micrófono de su boca, desviando el rostro hacia el otro lado, apretando los ojos, conteniendo el llanto mientras Luka seguía tocando, mientras el rostro de Jeany ocupaba toda su mente, su voz cantarina, sus palabras de "todo estará bien, si no regreso es porque ya aproveché todos mis minutos y agoté todo mi tiempo extra".
Colette abrió los ojos y miró a Jean en busca del reclamo que estaba esperando, en busca de la condena de un padre que perdió a su hija, a la espera de ser condenada por sus pecados, pero encontrándose con una sonrisa amable y un asentimiento de la cabeza, una manera de decir "aquí estoy también yo".
Colette asintió con los últimos acordes en el piano, sabiendo que las cosas estaban en paz entre ella y la familia de su Jeany, sabiendo que podía quedarse estacionada en el dolor o seguir adelante. Agradeció cuando Luka se levantó y le dio un abrazo, ahogando otro sollozo y dirigiéndose a la gente.
—Gracias por venir hoy —logró decir Colette antes de dirigirse a su mesa, donde las chicas que solían escoltarla y acompañarla en sus salidas, esperaban por ella.
—¡Vaya! —Exclamó Luka mirando a su alrededor, sonriendo de medio lado. —Hay muchos rostros que no conozco, y eso me da gusto, quiere decir que de verdad querían a Jeany. Esta noche es especial para el Chat Lunatique, porque perdimos a una de nuestras bateristas más queridas, y el dolor es muy real, se siente muy cerca, pero a pesar de lo que nos impide movernos hacia el frente, aquí estamos nosotros, rindiendo tributo a una promesa musical, a una hija, a una amiga, a una novia que supo darnos a manos llenas su corazón. Gracias a todos por estar aquí esta noche.
.
El prendedor del pavorreal descansaba en el centro de la mesa, los portadores habían quitado las botanas y las bebidas, poniéndolas en la esquina para poder admirar aquella pieza de joyería sin obstáculos. Ninguno dijo nada por largos minutos, escuchando a Andree contar una anécdota de Jeany que tenía a todos desternillándose de risa. A todos menos a Colette, que lo miraba con una rabia animal y desbordante, Oliver le sostenía la muñeca, seguro de que la chica iría a golpear al rey caimán.
Las miradas que intercambiaron entre los seis héroes dejaron en claro que tenían sus dudas respecto al broche, respecto a la seguridad de usarlo, a las posibilidades de que aquello fuese una trampa de Lila.
Pero Dusuu había mirado a Luka a los ojos y le había sonreído con franqueza, feliz de volver a donde estaban sus hermanos, y el guitarrista había sentido la honestidad de Dusuu al prestarle su poder para pelear contra los villanos que tenían a su ciudad bajo amenaza constante. Mullo, Sass y Tikki se habían lanzado hacia ella para apresarla entre sus brazos, llorando todos al saber que, por fin, volvían a estar juntos.
La kwami estaba confundida, desorientada, sabía que había servido a los villanos de París en muchas ocasiones y no tenía por qué corroborar que Lila había dicho la verdad, lo que había podido aportar era que el refugio de Hawk Moth era en una azotea enorme, un ático lleno de ventanales de cristal que dejaban claro que se encontraba cerca del Parc André-Citroën.
(American animal – Katie Garfield)
Saliendo del conservatorio al día siguiente, Luka iría a ver a Maunier para dar testimonio de lo que había dialogado con la pequeña kwami de los sentimientos, antes de entregar el miraculous a los defensores de París, se había desplegado una operación de búsqueda para tratar de localizar a Lila y a Félix cuanto antes, pero a pesar de llevar ya un par de días en ello, era como si se hubiesen esfumado de la faz de la tierra.
—El prendedor está arreglado —aseguró Luka sombrío, mirando a Marinette y extendiendo una mano hacia ella, gesto que la joven correspondió entrelazando sus dedos y asintiendo una vez.
—Aun así —murmuró Kagami pensativa, mirando los destellos que el broche ofrecía gracias a los cambios de luces en el lugar —, no deberíamos confiarnos al respecto. No es un miraculous que deba usarse abiertamente, podríamos dejarlo como último recurso en caso de que Lila nos supere.
—Las pocas veces que un akuma nos ha superado —apuntó Nino taciturno, llevándose una mano a la barbilla y mirando la mesa —, fue porque convocaron un amok junto con él, y tuvimos que ir los seis portadores permanentes. Los únicos que han estado a punto de derrotarnos o han conseguido sacarnos una ventaja son los akumas potenciados y los portadores oscuros.
—¿Portadores oscuros? —Repitió Marinette confundida.
—Bueno —murmuró en respuesta Nino, rascándose la nuca con una sonrisa radiante —, hablo de Cobra en específico, pero también están Panthère y Tentomushi.
Marinette y Kagami intercambiaron discretamente una mirada mientras Luka cerraba el agarre sobre la mano de su musa, luchando contra la sonrisa de satisfacción que amenazaba con ocupar sus labios.
Si bien, la identidad de Cobra seguía siendo un secreto para ellos y habían caído en el mismo engaño que Maunier cuando Luka y Adrien habían estado investigando a los Reptiles, sus amigos hacían bien en encasillar a los otros dos justicieros en la misma rama que Cobra, puesto que ya habían dejado en claro que no eran héroes.
—Y este nuevo portador del que no sabemos nada —murmuró Alya al final, mostrando una fotografía a sus amigos.
Marinette tragó saliva al ver el traje de escamas verde y amarillo, un dragón chino tradicional, las espadas en su espalda, la lira al costado, el antifaz y los colmillos.
—Se hace llamar Xiǎngwěishé —informó Marinette tomando el teléfono entre sus manos, consiguiendo que todos le dedicaran una mirada pesada.
—Mari —llamó Luka en voz baja, pasmado de darse cuenta de que Marinette parecía saber algo más del tema, incrédulo de que la chica le estuviese ocultando aquello, pero entonces vio el destello rosa claro en sus ojos, y se percató de que era Mullo quien hablaba a través de su portadora.
—Es un portador de la serpiente —continuó el ratón a través de la boca de Marinette, dedicándole una mirada perdida a cada uno de sus amigos, dejando al final los ojos de Luka —, será un aliado poderoso en caso de que lo necesitemos.
—De pronto la serpiente tiene demasiados portadores —se quejó Alya percatándose de la sorpresa de Luka. —¿A este tampoco lo conoces? Cobra se hace llamar hermano de Viperion, pero este Xa... we...
—Xiang... —murmuró Marinette parpadeando para despejarse antes de mirar a Alya. —Podemos llamarlo Xiang, solamente.
—Sass dice que no sabe nada de este nuevo portador —musitó Luka mirando el interior de su chaqueta, asintiendo para su kwami mientras pasaba el mensaje —, dice que, aunque él sea la única serpiente de la caja de Miraculous, no pueden ser los únicos reptiles que existan.
—La caja tiene dos reptiles —puntualizó Kagami dulcemente antes de dar sorbo a su bebida y asentir para Luka. —Si hay un dragón y una serpiente, podría haber más reptiles allá afuera.
—Dios, desearía que Fu estuviera aquí —murmuró Marinette recargando la cabeza contra el hombro de su esposo, apretando el agarre sobre su mano. —Sabría decirnos tantas cosas.
Marinette estiró una mano sobre la mesa y guardó el prendedor en su caja antes de ocultarlo entre sus pertenencias mientras Andree se dirigía hacia ellos, seguido de Colette, ambos con miradas de disgusto.
—Hello, tricky mouse —musitó la reptil parándose al lado de Marinette y pasando un brazo por sus hombros, llamando la atención de todos en la mesa.
—Hello, tricky snake.
Colette le pegó un golpe rápido con el dedo medio en la oreja a Marinette, consiguiendo que la chica soltara una carcajada y se encogiera en su sitio, soltando una exclamación de reclamo.
—Lamento venir a interrumpir así —espetó Andree cruzándose de brazos y mirando en otra dirección, esquivando las miradas de todos los presentes en la mesa, evadiendo a toda costa conectar con los ojos curiosos de Colette —, pero quería que estuvieran ustedes presentes para lo que viene a continuación. Sé que está reciente la muerte de Jeany, pero es lunes.
—Lo sabemos —espetó Colette tomando el mentón de Andree y obligándolo a mirarla a los ojos, la chica tenía un puchero por gesto, un reclamo infantil. —Ya deberíamos saber cuál es nuestra siguiente prueba.
Andree se soltó dando un manotazo a la joven y le dedicó el mismo gesto infantil de reproche antes de murmurar —Quería mostrar respeto por la pérdida.
—Te quedaste al velorio, suficiente respeto —desafió Colette parándose en jarras.
Con un movimiento lento, Luka recorrió su silla y se puso de pie, encarando a Andree, sitiándolo entre Colette y él mismo, mirándolo ambos a la espera de las siguientes indicaciones.
—Habla —ordenó el reptil ladeando el rostro, consiguiendo que Marinette se irguiera en su sitio y sonriera orgullosa de su rey del inframundo.
Andree pasó saliva, divertido por la situación, sonriendo con aquella locura y socarronería que sólo un auténtico Dios del Caos conseguiría.
—Así me gusta, esos son mis reptiles... Niños —dijo al final con melancolía, alternando miradas con ambos aludidos, negando levemente mientras la sonrisa se ensanchaba en su rostro —, ¿qué voy a hacer con ustedes? Ahora la cuestión es dónde entregar las insignias.
—¿Insignias?
—A cada participante que todavía queda en la contienda le voy a entregar una insignia, para poder permanecer en el torneo, deberás continuar con, al menos, cinco insignias cada uno, mismas que hayas arrebatado con tus propias manos a otros reptiles. Ya saben que tengo ojos y oídos por todos lados —amenazó bajando la mirada, pero Colette sonrió tronándose los nudillos.
—Y tú sabes cómo somos los del equipo Olimpo. Así que danos la información.
Andree suspiró divertido y asintió para la reina de las serpientes.
—Como gustes, querida. Ustedes deciden cómo hacen las cosas, si las roban, si pelean por ellas, si las compran, el caso es que el sábado deben tener cinco insignias cada uno para poder pasar a la siguiente parte de la contienda. Las reglas son las mismas de la casa, si se meten con alguien que no sea un contendiente...
—Lo sé, pagamos con sangre —soltó Colette fastidiada, arrastrando las palabras y rodando los ojos, el berrinche de una princesa mimada. Al final compuso una sonrisa hipócrita, y con voz zalamera, añadió: —Erik se va a portar bien, lo prometo.
—No me quedaron ganas de portarme mal —espetó el aludido acercándose a la mesa y mirando a Luka de reojo, consiguiendo un asentimiento de la cabeza por parte del reptil, y una sonrisa por parte de Marinette.
—Además de que serviste como chivo expiatorio —apuntó Luka, divertido ante las miradas recelosas que el muchacho daba a su alrededor. —¿Qué te trae a este lado del bar?
—Ver a Andree con ustedes reunidos, quería hacer una entrada triunfal —bromeó colgando un brazo alrededor de los hombros de Luka y consiguiendo que el guitarrista se aferrara a su cintura para darse equilibrio, compartiendo una sonrisa de camaradería que creyeron jamás volvería a existir entre ellos. —Pero mi sentido del chisme es más grande.
—¿Eso es todo? —Espetó Colette cruzándose de brazos. —¿Cinco insignias?
—Eso —respondió Andree entre risas —y seguir con vida para el final de la semana. Lo que no sé... —murmuró al final, pensativo, llevando una mano a su barbilla —es dónde hacer el cierre oficial, quiero decir, no voy a contaminar El Chat después de que Luka logró convertirlo en un espacio sagrado para los más jóvenes, lejos de la corrupción y de los pleitos. Les Reptiles está cerrado en estos días, tenemos que limpiar ese nido de víboras puesto que se llenó de ratas, aparentemente, y no sabemos si Lila hizo algo con nuestras instalaciones. Estamos revisando todo de cabo a rabo.
—Por fin una acción inteligente —bromeó Luka sombrío, sonriendo con sadismo cuando Andree le dedicó una mirada de reproche.
—Te recuerdo —espetó Andree fríamente —, que todavía tenemos una prueba patrocinada por tu santa patrona de la destrucción sin sentido, así que apechuga.
—¿La vas a dejar seguir metiendo la cuchara después de lo de Jeany?
—Ya entregó el dinero, ya dejó las indicaciones, y lo hizo antes de que descubriéramos su identidad. ¿Quieres que me arriesgue a desairarla? ¿Que venga a por la cabeza de cualquiera de mis reptiles? ¿No protegerías tú a tu gente a toda costa?
Y estaban tan ocupados con su concurso de miradas, que no se percataron de que Marinette y Kagami habían intercambiado algunos gestos, un movimiento de cejas y un asentimiento seco antes de que la franco-china girase el rostro con una sonrisa ladina y un gesto seductor.
—¿Por qué haces el cierre de esta contienda en El Inframundo? Sería una buena inauguración.
—¿Inframundo? —Murmuró Nino viendo a Alya, consiguiendo una negativa de parte de la morena, igual de confundida que él. —¿Qué es el Inframundo?
—En fin —espetó Colette en medio de un suspiro, agitando la mano y comenzando a caminar lejos de la mesa —, me largo de aquí, no he dormido en veinticuatro horas, y todo por aquí se está terminando, me despiden de la banda.
—Colette... —trató de llamar Luka a manera de advertencia, pero la chica levantó ambas manos y soltó una exclamación.
—¡Me van a llevar, no te preocupes!
—Me llamas cuando llegues a casa. ¡Me llamas!
—¡Sí, sí, te llamo, te llamo!
.
Colette estaba enfurruñada. Se aferraba con ambas manos al pecho de Oliver mientras el joven drifteaba por las callecitas de París, haciendo que el motor de la motocicleta rugiera con potencia y ferocidad. La reptil hacía pucheros, negándose a admitir que estaba impresionada por la forma pulcra en la que aquel desconocido había conseguido hacer que su motocicleta (¡SU MOTOCICLETA!) avanzara por las calles de su ciudad como poseída por algún demonio.
—¿También esto se lo aprendiste a tu papá? —Gritó por encima del ruido del motor, consiguiendo que Oliver soltara una carcajada y acelerara, saltándose la luz roja y salvando la vida por los pelos.
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El departamento estaba oscuro, pero eso no evitó que ambos muchachos se movieran en las sombras. Oliver comenzaba a acostumbrarse a aquella rutina, entrando sin encender las luces, dejando las llaves en su sitio, colgando la chaqueta en el perchero mientras Colette se dirigía hacia su habitación y abría la regadera.
Una vez que la puerta del baño estuvo cerrada, Oliver encendió la luz de la cocina y encendió la estufa, batiendo algunos huevos para no irse a la cama con el estómago vacío.
Insignias... Recordaba esa parte del torneo, recordaba las anécdotas que su padre le había contado al respecto, las cicatrices que tenía. No cualquiera tenía el valor para enfrentarse a Luka Couffaine, no querían problemas con la leyenda más grande que hubiese tenido aquella banda desde su fundación, leyenda que poco a poco había ido opacando el desquicio de Jerome hasta sumir aquel nombre en el olvido. Pero una cosa eran las historias que había escuchado, y otra muy distinta era estar viviendo en carne propia los cambios que se suscitaban conforme aquella historia evolucionaba, día a día.
Volvió a apagar las luces una vez que todo estuvo limpio, y se paró frente a la ventana, percatándose de que algunas nubes cubrían el cielo de París, dándole al paisaje un aire macabro y escalofriante.
No estuvo seguro de cuánto tiempo pasó ahí, observando a detalle los colores surrealistas que los autos proyectaban sobre las avenidas al moverse a toda velocidad, en los destellos que los cristales proyectaban hacia el cielo, en el ruido de las charlas de media noche, momento en que la ciudad parecía cobrar vida, con su música resonando en los callejones vacíos, incluso el olor de la tierra mojada puesto que la tormenta se acercaba.
Las manos de Colette se deslizaron por su pecho y pronto ella le abrazaba, recargando la mejilla entre los omóplatos del muchacho, pensativa, aferrándose al calor que él le ofrecía como si fuese el último bote salvavidas del naufragio.
Ese nuevo aroma inundó las fosas nasales del muchacho, el champú de la chica, la piel limpia del sudor acumulado, el agua escurriendo por las puntas de su cabello. Sintió un escalofrío ante la humedad del cabello de Colette contra su camiseta, contra su piel, pero no se movió de su sitio, puso las manos sobre las de ella y suspiró, sintiendo por fin el peso del cansancio venciéndolo, doblegando sus rodillas, obligándolo a cerrar los ojos presa del mareo.
—Dejé agua caliente —informó tímidamente antes de soltarlo y avanzar hacia la habitación.
Agua caliente, se quedaría dormido de pie con el agua caliente, pero cada músculo de su cuerpo, cada tendón, cada hueso, cada poro, cada terminación nerviosa agradeció cuando sintió el chorro deslizándose por su espalda y hasta el piso.
Oliver recargó los antebrazos en la pared y permitió el chorro de agua hirviendo le golpeara la nuca. Le dolía, el contacto con el agua le ardía a su paso, pero el muchacho aguantó ahí un momento más antes de abrir el agua fría y cerrar la caliente, sintiendo el cambio de temperatura como un alivio a su piel.
Maldita costumbre. Ahora le dolía por el frío.
Y al salir de la bañera, con el pantalón del pijama cayendo sobre el borde de su cadera, con la camiseta de resaque envolviendo su torso, con la toalla rosa pastel de Colette sobre la cabeza para eliminar el exceso de agua de su cabello, se encontró con una imagen que le partió el alma.
Colette estaba tirada en el suelo de su habitación, abrazada de una almohada, hecha un mar de lágrimas que tenían demasiado tiempo esperando para desbordarse. Aquella reptil, fuerte, apasionada, despiadada, había escuchado a Luka decir, al menos mil veces, que había momentos en los que se sentía como una presa a punto de romperse y desbordar toda el agua que contenía. No lo había querido entender, no había querido comprender a Luka cuando le había escuchado decir aquello puesto que habría implicado admitir que ella misma estaba al borde del llanto y de la locura.
No, ella no sería la niña frágil, ella no podía romperse, no podía darse el lujo de partirse en mil pedazos sin mayor consecuencia. Pelearía de frente hasta que no quedara nada, y entonces tal vez seguiría peleando.
Bueno, aparentemente ya no quedaba nada.
Oliver la levantó al vuelo, como si no pesara, como si fuera ligera como una pluma, y la acurrucó entre sus brazos mientras se sentaba en la cama para poder apartarle el cabello del rostro y besar su frente, prometiendo que todo iría bien, que todo terminaría pronto.
Colette era una niña pequeña y asustada, una niña de seis años con el corazón roto, con el miedo de enfrentarse sola al mundo, era la niña aterrorizada porque acaba de perder a sus padres en medio de la feria y está segura de que se quedó sola en el mundo, que nadie la va a encontrar, que tendrá que dormir entre la basura y suplicar a los extraños por comida. Colette es la niña pequeña que ni siquiera es lo suficientemente bonita como para que se la quieran robar, se ha quedado sola en el mundo y no hay nadie que la conforte.
Y entonces, Oliver se convirtió en una luz en medio de las tinieblas, una mano amable que se extiende y que promete que ayudará a buscar a los padres, que estará ahí hasta asegurarse de regresarla al lugar al que pertenece para poder irse después.
—No es justo —musitó Colette aferrándose con ambas manos a la camiseta del muchacho, sollozando con fuerzas mientras él asentía para sí mismo, acariciándole el cabello a su amiga como si pudiera defenderla con aquel gesto simple. —Ella tenía muchos sueños, planes a futuro, quería hacer mil cosas, no sólo formar parte de Panic, ella quería ser arreglista y tocar para otros artistas, incluso Luka la estaba ayudando con ese proyecto, no tenía por qué morirse, no tenía por qué morirse así.
Y no, Colette no sólo lloraba por Jeany, por su incompetencia para mantener a salvo a su chica, por lo tarde que había intentado deshacerse de ella para ponerla fuera de las garras de Lila. Ahora lloraba también por lo asustada que había estado cuando se la habían llevado, lloraba por la certeza que había tenido de estar muerta cuando la habían secuestrado. Lloraba por todo el cansancio físico y emocional al que se había sometido por obligar a su cuerpo a mantener el despotismo y la postura hasta probarle a Lila que no podía romperla a ella.
Y lloraba por haberse convertido en un títere de Lila.
Pero en medio de un trueno que surcó los cielos, en medio del relámpago que siguió al rayo, en medio de un silencio que se alzó en medio de la habitación luego del ruido atronador de la tormenta, Colette dejó de llorar de golpe, dándose cuenta de que Oliver cantaba una cuna por lo bajo.
—À la claire fontaine m'en allant promener, J'ai trouvé l'eau si belle que je m'y suis baigné. Il y a longtemps que je t'aime, jamais je ne t'oublierai.
Alguna vez le había escuchado a Luka tararear aquella canción cuando estaba más nervioso, un clásico de la música francesa, una canción que cualquiera de su edad conocía. Escucharla no era una novedad, pero escucharla en la voz profunda y aterciopelada de Oliver, aquello consiguió que Colette fuese tranquilizando su respiración, soltando el agarre sobre la camiseta de Oliver y conciliando el sueño.
Con sumo cuidado, Oliver se levantó y rodeó la cama para dejar a Colette en el colchón, arropándola mientras seguía cantando otros versos de aquella canción de cuna, moviéndose por la habitación, recogiendo cosas, apagando luces, dejando el lugar más o menos organizado antes de ir a recostarse a la cama y apreciar los ojos abiertos de Colette, que, si bien seguían dando paso a dos arroyos de profunda tristeza, también le miraban con curiosidad y asombro.
—No voy a dejar de cantar hasta que te duermas —advirtió acariciándole el cabello y sonriendo de medio lado, consiguiendo que ella cerrara los ojos.
—Entonces no me voy a dormir, para que no pares.
—Con que a esas vamos —murmuró divertido, mientras paseaba sus manos por el cabello mojado de la joven, alejándolos de su rostro, haciéndole llorar con más ganas. —Pues entonces más te vale no dormirte hasta que hayas llorado todo lo que te duele, hasta que te hayas deshecho de todas las heridas que no sanaron en el pasado.
—Una noche no me alcanza —exclamó la chica con tono lastimero, permitiéndose la compasión, lamentarse por todo cuanto había perdido en ese tiempo.
—Pues entonces seguiremos cantando hasta que sanes.
Y dicho aquello, volvió a entonar la melodía, las palabras, la cuna que consiguió que Colette se sumiera en un sueño profundo y sin pesadillas, con una sonrisa dulce en el rostro.
