N/A: no sé si este mini arco sea lo suficientemente pesado como para asustar de verdad a alguien, pero te diré esto, a mí me puso muy nerviosa escribirlo, seleccionar la música, poner los momentos de mayor tensión y etcéteras. Yo estoy nerviosa, así que lee bajo tu propio riesgo.

Ahora sí, mi querido equipo de trabajo, hagamos justicia al chiste local de "Luto, llanto y destrucción" ¿Cuál de los tres aparecerá aquí?

Según mi equipo beta (Te amo Faty, perdón por hacerte esto), este capítulo no es apto para gente ansiosa.


(12:00 am – The haunting of hill house)

Estaba perdida y lo sabía, sabía que había cometido un error.

Estaba aterrorizada, pero ya no había marcha atrás, ahora debía afrontar sus consecuencias.

Apenas hubo atravesado el umbral de la puerta, comprendió el error que había cometido al lanzarse sin planearlo más. La puerta se había azotado a sus espaldas y la oscuridad reinante sólo hizo que la justiciera comenzara a ponerse nerviosa lentamente, tomó un par de respiraciones profundas, cerrando los ojos, tratando de tranquilizarse.

Pero los ruidos, los crujidos de la madera en la planta alta (como si alguien pesado caminara sobre aquellos espacios, merodeando entre las sombras a la espera de su siguiente víctima), los aullidos del viento colándose entre las ventanas cerradas como gritos y lamentos de las almas atoradas entre este mundo y el siguiente, los jadeos que venían de entre los escalones de la escalera como si demonios se ocultasen esperando el momento oportuno para extender las garras y tomar las piernas de sus incautos, los arañazos en las paredes, como si alguien quisiera salir de los muros, como si montones de ratas trataran de roer la madera, como si las uñas ensangrentadas de una persona emparedada ya no dieran para más y el hueso se hubiese abierto paso hasta tratar de romper los muros, los ruidos de la casa no la dejaban pensar.

Evocó el recuerdo de los ojos de Adrien, dos esmeraldas refulgiendo en la oscuridad mientras él le dedicaba miradas de ensoñación antes de prometerle amor eterno, y aquel pensamiento fue suficiente para ayudarle a calmarse.

Tentomushi abrió los ojos y emitió un grito al darse cuenta de que la mirada celeste de Panthère la escrutaba con curiosidad.

—¡Imbécil! —Gritó con todas sus fuerzas, retrocediendo un paso y apretando los ojos, sintiendo que el corazón se le saldría del pecho.

—Perdón —dijo el felino entre risitas, retrocediendo un par de pasos y llevándose una mano a la boca para ocultar la sonrisa de Cheshire que se extendió por su rostro. —Te veías tan tranquila.

—Muero de nervios, no me gusta esta casona.

—Oh, vamos, te has convertido en una portadora sanguinaria y legendaria, y ¿ahora me sales con que una casa embrujada te pone nerviosa?

—No me gustan las películas de terror —confesó la heroína mirando a su alrededor. —Deberíamos salir y planear una estrategia antes de movernos en cualquier dirección —pidió mirando a su compañero, descubriendo una mirada de compasión en los ojos del justiciero.

—Eso no se va a poder —dijo sombrío, bajando un poco el rostro y consiguiendo que Tentomushi diera un paso de espaldas, con un escalofrío recorriendo toda su espalda.

—¿Por qué dices eso?

Panthère señaló a espaldas de Tentomushi con un gesto de la cabeza.

—Porque no sé dónde está la puerta.

(Shiki – Pendulum)

La catarina se giró sobre sus propios pies, dándole un primer vistazo al lugar en el que se encontraba. Un pasillo enorme, eso era lo que había a sus espaldas, un pasillo oscuro que conducía al fondo de la casa, a una pared amplia con el cuadro de una mujer con velo negro de encaje de flores cubriéndole el rostro, un pasillo con las paredes llenas de pilares y de puertas cerradas a los costados, con candelabros de araña que se tambaleaban ligeramente como si acabaran de tocarlos, llenos de telarañas y polvo, con el papel tapiz cayéndose a pedazos, viejo y podrido dejando entrever la madera roída.

Volvió a girar, encarando a Panthère, percatándose que a espaldas del justiciero había una escalera enorme con dos vertientes que se torcían hacia arriba como cuernos dentro de la casa, alfombra roja, ventanales de mosaicos, atrás de la escalera otros pasillos que parecían conducir a un invernadero, pasillos a los lados, puertas frente a ella, pero ninguna que se asemejara al lugar por el que habían entrado.

—Es como una casa de muñecas —murmuró el portador extendiendo una mano hacia su compañera, componiendo una sonrisa dulce para infundirle valor. —A mí tampoco me gustan las películas de terror, pero esto sólo es un akuma, y nosotros somos más poderosos.

—No entiendo cómo esto puede ser una casa de muñecas —respondió la portadora aceptando el apretón de Panthère y comenzando a caminar tras él, mirando hacia sus espaldas para asegurarse de que todo permaneciera en su sitio, preguntándose en qué momento se había movido la puerta si ella sólo había cerrado los ojos un instante.

—De hecho, sí parece una casa de muñecas —insistió Panthère pensativo, analizando la estructura de la mansión, preguntándose si podría marcar las paredes de alguna forma —, mi hermana tuvo una parecida.

—Qué horror con los juguetes de tu hermana —espetó Tentomushi apretando el paso para no tener que estar trotando tras los pasos de su aliado.

—No en plan "mansión embrujada", quiero decir que tenía una casa de muñecas que se desarmaba, podía poner las habitaciones como se le ocurriera, todas ensamblaban.

—¿Crees que así funciona esta casa?

—Dímelo tú —murmuró divertido, apretando el agarre sobre la mano de su amiga, dándose cuenta de que volvían al lobby de la casa. —Porque hemos estado caminando en línea recta y volvimos a donde... —giró el rostro ensanchando su sonrisa, pero se quedó helado al percatarse de que, a pesar de sentir el apretón de Tentomushi de regreso, su compañera se había desvanecido.

—¿Bicho? —Murmuró el felino aflojando la mano y retrocediendo. —¡Bicho! —Gritó girando en su lugar, mirando a todos lados, preguntándose dónde había quedado Kagami, percatándose de que el lobby se encontraba vacío, pero ahora las luces de los candelabros estaban encendidas y proyectaba sombras extrañas en todas direcciones.

La casa se había quedado repentinamente en silencio. Ya no había aullidos, ni sollozos, ya no había gritos provenientes de la oscuridad, ya no había nada arañando las paredes, y el pasillo parecía haber adquirido vida propia, con los candelabros encendidos, con los muros intactos, con la madera pulida y las alfombras colocadas con gracia y elegancia. La casa había dejado de ser una construcción terrorífica para transformarse en una mansión señorial, reflejando la antigua gloria de mil novecientos.

—¿Bicho? —Volvió a llamar Panthère, con un hilo de voz, prestando atención al pasillo y escuchando atentamente, percatándose de que había sonidos en la planta alta, pasitos pequeños como de niños corriendo, y risas trémulas que se quedaban suspendidas en el aire como testigos de la presencia de los infantes.

Escuchó una risa más fuerte a sus espaldas y giró a toda velocidad al escuchar una puerta azotarse, pasó saliva mientras aprestaba sus bastones y avanzaba cauteloso, sabiendo que se había azotado la tercera puerta a la derecha, pensando "no es gracioso".

Con la punta del pie empujó un poco la madera, y habría azotado la puerta, de no ser porque escuchó el grito de Tentomushi viniendo de escaleras arriba, giró sobre sus pasos y se dispuso a correr justo cuando un par de manos (heladas, húmedas, cadavéricas) se cerraron en torno a su boca y ojos, tirando con fuerza de él para obligarlo a entrar en la oscuridad.

.

Oliver tomó la mano de Colette y comenzó a correr en dirección a la plaza, rodeando a la gente y rodeando la mansión que se alzaba como un monumento a lo macabro y a lo retorcido. Aunque la guitarrista habría querido protestar por aquel agarre fuerte, decirle que la lastimaba, ironizar algún insulto o decir con sarcasmo que era suficiente mayorcita como para correr sola, algo en la angustia, en la desesperación de la mirada del muchacho le hizo saber que lo mejor era guardar silencio en ese momento.

La guitarrista recibió un mensaje de los medios de información, decían que había un nuevo akuma atacando la ciudad de París, y en cuanto Colette había encendido las noticias para decidir si debían ir a un refugio o esperar, Oliver supo que aquello era peor de lo que podría parecer a simple vista.

—En mi mundo no existe este akuma —sentenció a medio grito cuando por fin localizó a su madre, de pie junto a un grupo de gente, observando la mansión.

Ambos muchachos apretaron el paso y la chica abrió su boca, llamando la atención de su amiga.

—¡Marinette!

—Oliver —murmuró aliviada la chica al reconocer las facciones de los recién llegados, Adrien se acercó también a ellos y alternó miradas, confundido ante la complicidad de ambos muchachos.

—Esto está mal a niveles que ni sospechas —espetó el muchacho, ni siquiera le importó que Adrien y Colette escucharan la conversación. —¿Qué portadores están dentro?

—Panthere y Tentomushi —informó la chica, volviendo la vista a la mansión al escuchar un nuevo alarido escapar a sus paredes. —Pero no sé si puedan hacerlo ellos solos.

—Yo no tengo ninguna noción de esto.

—Entonces es nuevo —sentenció la chica mirando Oliver, en busca de respuestas.

Ambos guardaron silencio y volvieron la vista a la casona, atentos a los gritos provenientes del interior, percatándose de que, a pesar de que escuchaban lamentos constantes, no reconocían en ellos la voz de sus respectivos amores.

Aquello les daba calma, sí, (podía ser su imaginación, o podía ser una negación, podía ser una fantasía y que las voces de sus enamorados estuvieran distorsionadas por la magia del akuma, que ambos estuvieran siendo torturados con la brutalidad necesaria para hacerles gritar, necesitaban desesperadamente aferrarse a la idea de que todo estaba bien, que sus portadores más poderosos estaban a salvo, luchando contra el akuma) pero Adrien y Marinette sabían perfectamente que esos gritos, si no pertenecían a los justicieros, debían pertenecer a los parisinos, y esa idea también les partía el alma. Ahora ambos compartían el pensamiento de que había sido estúpido dejarlos ir solos.

—Luka me dijo que sabes cómo contactar a Chat Noir —dijo Oliver percatándose de la expresión de dolor que había compuesto su madre, dedicándole una mirada pesada, cargada de significados que la chica atrapó al vuelo, asintiendo con determinación.

—Sí, pero esta noche está en otra misión, no vendrá y por eso enviaron a la pantera.

—Chat tiene aliados poderosos, aliados nuevos que cada vez se superan a sí mismos. Sé —dijo señalándose el cuello, Marinette por instinto se llevó la mano a la gargantilla y asintió, comprendiendo —lo que puedes hacer para llamar a nuevos portadores.

—Tengo que ir a donde Maunier —sentenció ella asintiendo una vez, sintiendo que su corazón se aceleraba a tope y le regresaba la capacidad de pensar a toda velocidad.

—Adrien puede acompañarte, tiene que.

—¿Qué hay de ti?

—Colette y yo nos quedaremos por aquí, tengo un par de cosas que charlar con ella, y podemos brindar apoyo moral.

—Yo no voy a ser ninguna porrista —espetó Colette metiendo las manos a los bolsillos de su chaqueta, acariciando la peineta de la abeja. —Si puedo patear traseros akumatizados lo haré. No estoy del lado de los héroes, pero cualquiera que se meta con mi ciudad, se mete conmigo. No es la primera vez que le meto zancadilla a los aliados de Hawk Moth, ahora que sé que está contra tu familia... ustedes también son mi familia.

Marinette asintió agradecida tomando a Colette por los hombros y besándole una mejilla antes de murmurar —Lo que sea que estés pensando, no hagas una locura.

—No te preocupes por mí —murmuró Colette abrazando a Marinette a manera de despedida —, Oliver no me dejará matarme esta noche.

—Adrien, andando —llamó la franco-china antes de dar unos pasos lejos de sus amigos, pero Oliver la detuvo por la muñeca y pasó saliva ruidosamente, acercándose a su oído para que no lo escucharan ni Adrien ni Colette.

—¿Llevas contigo el miraculous del pavorreal?

Marinette se jaló de espaldas, sorprendida por aquella pregunta, asintiendo una vez, cortante, seca, dudando de los motivos del muchacho para hacer aquello.

—Oliver...

—Lila anda tras los pasos de Luka —sentenció el muchacho con aires sombríos mientras extendía la mano —, pero ambos sabemos que yo puedo confundirla.

La portadora pasó saliva de forma ruidosa antes de suspirar y asentir. Sacó de su bolso la caja del miraculous, consiguiendo que Colette abriera los ojos, pasmada, lo mismo que Adrien. Ninguno de los dos comprendía lo que estaba ocurriendo, pero no preguntaron y se limitaron a seguir a su respectivo compañero cuando ambos salieron corriendo.

.

Tentomushi miraba a su alrededor, sentía el corazón latiendo con violencia dentro de su pecho, podía sentirlo golpear con fuerza contra sus pulmones, contra sus costillas, contra la piel de su estómago, podía sentir las palpitaciones en las sienes, en los tobillos. Latía tan fuerte que le dolía el cuerpo, le zumbaban los oídos. No sabía en qué momento había perdido a Panthère si lo había estado tomando de la mano durante todo el trayecto.

Sí, había permanecido con la vista puesta atrás, quería asegurarse de que nadie ni nada los siguiera, tenía la certeza de que, mientras no soltara a su compañero, todo iría bien, incluso había entrelazado sus dedos con los de él para afianzar el agarre, si alguno de los dos salía corriendo, el otro lo negaría.

Y la mano de su compañero (quien quiera que le hubiese estado sosteniendo la mano en ese instante) había apretado con fuerzas cuando los ruidos habían parado.

Fue cuando el felino dejó de hablar cuando ella supo que algo no andaba bien.

—¿Línea recta y qué más? —Inquirió percatándose de que una puerta parecía estar moviéndose justo cuando ambos pasaron por ahí, como si se fuera a abrir en cualquier momento, el picaporte giraba en su sitio, y no la dejaba tranquila el hecho de estarse alejando, aquella puerta en movimiento quedaba cada vez más y más atrás, pero no importaba cuánto se alejase de ahí, seguía estando dentro de la mansión. —¿Línea recta y qué más?

—Y nada más... —murmuró una voz profunda mientras el agarre sobre la mano de Tentomushi se volvía más fuerte, la voz sonó macabra, rasposa, como salida de ultra tumba.

Y la catarina sintió los ojos llenarse de agua mientras ella se plantaba en su sitio antes de girar lentamente el rostro hacia el frente, esperando encontrarse con el dueño de aquella voz.

No mires, se dijo a sí misma.

No.

Frente a ella no había nadie. Sólo el pasillo vacío. Ella estaba sola de pie al centro del pasillo que parecía hacerse eterno, que, aunque hubiese cuatro metros para un lado y cuatro metros para el otro, ella había caminado mucho más que eso.

Pero el pasillo estaba vacío, no estaba el dueño de aquella voz, no había nadie, no había nada, sólo ella en medio de la penumbra mientras rayos surcaban el cielo y truenos inundaban la casa.

Tentomushi pasó saliva en silencio, y luego soltó un alarido, puesto que, con el siguiente trueno, todas las puertas del pasillo se azotaron con violencia, y gritos, y lamentos, y gruñidos, y gemidos, se alzaron por toda la casa, rodeándola y sumergiéndola en el caos.

Sí, la portadora soltó un alarido mientras se agachaba en su sitio, haciéndose bolita, aterrorizada por el movimiento a su alrededor, por los gritos y lamentos, por los gruñidos y gemidos, por las voces, por los cantos, por los pasos, por los rasguños a las paredes que se dirigían hacia ella, por los golpes a las ventanas y el movimiento de los cristales que se cimbraban como si quisieran reventar, como si toda la casa le gritara al mismo tiempo para que se largara de ahí.

Pero ella estaba atrapada en ese pasillo, posiblemente estaría atrapada el resto de la eternidad, porque entre más lo caminaba, menos sentía que podía dejarlo, mientras más avanzaba, éste se alargaba más y más, haciendo imposible su avance.

Una pesadilla, debía ser una pesadilla, ya antes había soñado con puertas que se alejaban más y más, de pasillos que se extendían lentamente, como burlándose de ella, ya antes había estado en pesadillas en las que, por más que corría, su cuerpo se movía en cámara lenta dificultándole avanzar, pesadillas en las que, en cuanto sentía que alcanzaba la perilla de la puerta, esta se alejaba de golpe, obligándola a correr de nuevo.

El ruido frenó de golpe, todo se detuvo, los gritos, los gruñidos, la tormenta. Todo volvió al silencio inicial, pero la portadora permaneció en su sitio, permaneció agazapada cerca del suelo, con las manos presionando fuertemente contra sus oídos, con el cuerpo contraído. El único sonido que retumbó por el pasillo fue el sollozo lastimero que la portadora dejó escapar a su boca, una súplica sin palabras para que la dejaran en paz.

—Esto puede terminar —musitó una voz distinta.

Aquel sonido había sido armónico y agudo, podría tratarse de una niña pequeña, pero el eco escalofriante que envolvía aquellas palabras dejó claro que, niña o lo que fuese, ya no se encontraba con vida.

Kagami se reprendió internamente, recordándose que, a lo único a lo que ella tenía permitido tener miedo era a su madre y al fracaso. Jaló aire, soltó un jadeo involuntario que salió entremezclado con un sollozo, pero ella volvió a intentarlo, jaló aire, recordándose a sí misma que ella era Tentomushi, la segunda portadora más poderosa que el miraculous de la buena suerte hubiese tenido jamás, otro respiro, ella era el dragón más poderoso de todos los tiempos, otro respiro, la encargada de proteger París una vez que Ladybug y Chat Noir ya no estuviesen en el país.

(Creepy doll music – Dollhouse of magic)

Volvió a respirar y levantó la vista, encontrándose en una habitación muy grande, llena de juguetes, de casas de muñecas, de peluches decapitados, de vestidos infantiles.

Levantó lentamente el rostro hasta percatarse de que estaba en una habitación muy amplia, con un tapete rosa pastel circular al centro, con una cama adornada con un dosel digno de una princesa, a los pies de la cama un baúl de madera, un caballito para balancearse, más al fondo había una máquina de coser y, llenando las repisas, acomodadas como si se estuvieran burlando de ella, como si fuesen espectadoras silentes del circo en que aquella casa se había convertido, montones y montones de muñecas de porcelana, con sus rostros pálidos y sus rizos de oro y de caoba, y sus vestidos de época, y sus mejillas pintadas, y sus labios sonrosados, con sus sonrisas lacónicas y sus miradas vacías, como almas suspendidas en el limbo.

Una voz lastimera, la misma voz aguda que había escuchado instantes atrás, se alzó a sus espaldas, estirando cada letra en las palabras que recitaba, como si le costase mucho trabajo hablar, como si le doliera hacerlo porque el eco le consumiera el alma.

—Podrías hacer que esto termine...

Tentomushi pasó saliva con dificultad y giró lentamente en su sitio, armándose de valor para lo que fuese a enfrentar, recordándose a sí misma que se trataba de un akuma, una fuerza contra la que podía luchar sin lugar a dudas, ni problemas.

Se quedó helada al darse cuenta de que había una niña dándole la espalda, con sus cabellos negros largos hasta las rodillas, con un vestido gótico de color blanco que lamía el piso, desgarrado en los bordes como si se hubiese atorado en distintos lugares, con las manos pálidas hasta lo imposible, y los nudillos morados, y las uñas negras por la muerte y la putrefacción.

—¿Qué tengo que hacer? —murmuró con voz quebradiza, pero manteniéndose firme en sus palabras, determinada a poner a salvo París.

Y de nuevo la voz se alzó en respuesta, pero esta vez vino de todas direcciones, las palabras de la niña salieron extendidas, las letras se pronunciaban con mucha dificultad y hacían eco en toda la habitación, como si la voz viniera de las paredes y al mismo tiempo provinieran de la pequeña que le daba la espalda mientras sostenía algo del tamaño de una caja de zapatos, un bloque.

—Podrías entregar tu miraculous, o traerme a Ladybug... Yo sólo quiero que vuelva mi hermano.

La niña comenzó a sollozar, las paredes temblaron, las sonrisas de las muñecas de la repisa se ensancharon como gestos cínicos de aquel que disfruta la tormenta, de la persona que sabe que viene el rayo y contempla el rostro del niño asustado que tiembla ante la tormenta, burlándose de su terror. Las muñecas se movieron, lentamente, como si cobrasen fuerzas, como si se prepararan para saltar de la repisa, emitiendo crujidos sonoros, la porcelana despegándose de las repisas.

Y Tentomushi apenas fue consciente de que la niña parecía estar acomodando las habitaciones de una casa de muñecas, no tuvo estómago para quedarse cuando se percató de que los lamentos volvían a surgir de las paredes y se levantaban lastimeros conforme la pequeña giraba el rostro, lentamente, a punto de revelar su secreto.

No.

Tentomushi saldría corriendo, buscaría a Panthère y luego vería que hacer, pero no se quedaría ahí a ver las cuencas vacías y ennegrecidas de aquel fantasma que gemía, no se quedaría a escuchar el lamento de la niña que suplicaba por su alma, no se quedaría para escuchar aquella última palabra de la pequeña de las muñecas que gemía el nombre de Luka Couffaine.

.

(Emotional music – A nostalgic dream)

Marinette se quitó la gargantilla de Longg mientras Adrien le entregaba la pulsera de Sass, la portadora observó ambas joyas y negó con la cabeza, confundida ante las posibilidades.

—¿Oliver sabe algo de nosotros? —Quiso saber el rubio, escrutando a Marinette con la mirada.

—No, pero escuchó a Maunier decir que soy cercana a Chat.

—Le entregaste un miraculous.

—Oliver cree que Luka me entregó el miraculous del pavorreal, creía que yo se lo entregaría a los portadores en cuanto las cosas estuvieran más tranquilas.

—¿Y por qué se lo entregaste a él? —Exclamó el muchacho, confundido ante lo errática que parecía estar Marinette en ese momento.

—Oliver dijo que Lila podría estar buscando a Luka, como si quisiera confirmar que no sea otro portador. Ahora que lo pienso, Luka reaccionó muy rápido, no recibió indicaciones, no hubo charla previa, actuó como si supiera perfectamente cómo usar el miraculous y el poder de Dusuu. Cualquiera sospecharía.

—Cada portador tiene su propia escencia, si Oliver usa a Dusuu para tratar de despistar a Lila, si el traje es diferente, entonces será en vano haberle entregado el prendedor.

—Créeme, Adrien. Oliver sabe un par de cosas sobre los miraculous que nosotros desconocemos. Por algún motivo él tiene un miraculous consigo, uno que no pertenece a mi caja.

—¿Qué?

—No puedo explicarlo todo ahora —murmuró la chica agobiada. —Pero...

—No, escucha —interrumpió Adrien tomando las manos de su amiga y asintiendo una vez. —Tú has sido la guardiana de los miraculous durante años, y antes nos guardábamos secretos para protegernos unos a otros. Estoy nervioso porque mi prometida está metida en una casa embrujada y yo estoy aquí afuera sin poder hacer nada, así que necesito que sepas que confío ciegamente en ti. Si crees en Oliver, si le entregaste un miraculous, hasta ahora no te has equivocado nunca, así que creo ciegamente en ti. No necesitas explicarlo después.

—Gracias —murmuró la chica, aliviada de contar con su colega.

—Bueno, Bugaboo, ¿qué sigue?

Marinette tomó una respiración profunda y asintió una vez, armándose de valor para continuar.

—Luka tiene a Mullo... Y los demás artículos están en el departamento, Rena y Carapace llegarían en cuestión de minutos, pero...

—Mari —murmuró Adrien poniendo su mano sobre las joyas y entrelazando los dedos con su amiga, sonriendo para infundirle valor. —Sabrás qué hacer.

—Si eso crees, es momento de traer a Aspix al juego.