No estoy respondiendo reviews, pronto lo haré, y con una explicación.
(Family secrets – Midnight syndicate)
Sonidos...
Sonidos agudos.
El repiqueteo de algo.
Podía ser el golpeteo de la lluvia azotando el techo de la mansión.
No, afuera no llovía, no podía deberse a ello.
Entonces ¿qué?
Carapace apretó el gesto y se obligó a si mismo a abrir los ojos, confundido, desorientado, preguntándose por qué le palpitaba la cabeza con tanta violencia. Ladeó el rostro de un lado a otro, sintiendo aún más confusión por la reinante oscuridad que lo rodeaba en ese instante.
Y el sonido se repitió.
Por debajo de la máscara y de la capucha, Nino escuchó de pronto el sonido de violines, como montones de cuerdas agudas siendo tocadas al mismo tiempo, pero no podía estar escuchando violines, tenía que ser otra cosa, así que parpadeó con fuerza varias veces para acostumbrarse a la oscuridad y trazar su plan de acción, sea lo que estuviese ocurriendo, encontraría la manera de resolverlo.
Se quedó pasmado al darse cuenta de que estaba atrapado.
Colgaba de cabeza, eso explicaba por qué le dolía el cuerpo con cada palpitación de su corazón, además estaba envuelto en una especie de tela sedosa y pegajosa en partes iguales, forcejeó un poco, tratando de aflojar el agarre de lo que lo tenía sostenido en ese momento, percatándose de que, entre más forcejeaba, más apretado se ponía el capullo.
Pasó saliva con dificultad cuando por fin comprendió que el repiqueteo que escuchaba eran montones y montones de pasos, pero, ¿pasos de qué?
Aunque una parte de él se mantenía reacia a bajar la mirada, pronto descubrió que, al fondo, en el suelo de aquella habitación, alcanzaba a vislumbrarse un movimiento uniforme y constante, acorde al ritmo de los repiqueteos que iban aumentando de velocidad; no estaba seguro de qué observaba, la masa de cuerpos oscuros arremolinándose unos contra otros, sombras sin forma que se movían a toda prisa, no eran nítidos en medio de la penumbra.
Pasó saliva de nuevo cuando uno de los cuerpos se separó del resto y comenzó a caminar ágilmente por la pared.
Tic, tic, tic, tic, ruidos a toda velocidad, una araña trepando hasta su tela, revisando a las otras presas que había logrado capturar a lo largo de la noche. Una araña que tenía el tamaño de su pecho, cuyas patas eran poco más largas que sus propios brazos, una araña negra llena de manchas que escurrían de forma espesa, la sangre de sus víctimas.
Tomó una respiración profunda para mantener la calma.
Odiaba las arañas...
No, no era una fobia, podía pisar una araña sin ningún problema. Odiaba las arañas porque recordaba a la hermana de Alya, recordaba la forma cruel en la que lo había tratado, acusándolo de no ser suficiente para proteger a la joven morena.
Pasó saliva con dificultad cuando una araña más grande se desprendió del nudo en el suelo de la habitación.
Claro.
Ninguna de ellas era la madre, debía haber por ahí alguna araña terroríficamente grande esperando en las sombras para hacer acto de aparición y comerse a Carapace en el acto.
Bueno, no iba a permitirlo.
El héroe conjuró su escudo, una luz verde que se adhirió a su piel primero, y que fue creciendo hasta formar una esfera a su alrededor, reventando el capullo en el que había estado cautivo, la única razón por la que no cayó al suelo inmediatamente fue porque el escudo se había quedado pegado a la tela de las arañas, pero el movimiento en sus hilos hizo que el resto se movieran, y un instante después, todas las arañas se dirigían a toda velocidad, trepando por las paredes en busca de la víctima que osaba tratar de escapar antes de convertirse en la cena.
Carapace cerró un poco el escudo sobre sí mismo, haciéndolo más grueso.
Sólo un amok había sido capaz de romper una vez el escudo del maestro Fu, fuera de esa ocasión, nadie nunca había logrado traspasar la barrera perfecta que aquel portador era capaz de conjurar, mientras mantuviera los bordes lisos y la curva estuviera pronunciada, los ataques de las arañas resbalarían por la superficie, un escudo más grande haría que los puntos de presión fueran más resistentes y lo último que quería era que lo atraparan en ese momento.
Sonrió confiado, el plan era casi infalible...
Casi.
Porque una vez que la oscuridad del fondo se dispersó por completo, Carapace pudo ver perfectamente a la madre de las arañas.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pasó saliva con dificultad y cruzó los brazos sobre el pecho cuando la araña trepó a toda velocidad por sus hilos y golpeó con sus puños el escudo.
Tenía el cuerpo de araña, ocho patas, exoesqueleto, pero el torso era el de una mujer morena, cabellos castaños, ojos dorados, y le sonreía con sadismo y hambre. Nino, debajo de la máscara de Carapace, reconoció las facciones de Alya descompuestas en una mueca de sarcasmo y sadismo mientras la reina de las arañas golpeaba una y otra y otra y otra vez contra su escudo.
—Babe, basta... —musitó con los puños tan apretados que, de no ser por los guantes, se habría abierto la piel de las palmas. —Por favor, basta.
Pero la reina de las arañas siguió golpeando, cada vez con más fuerza, como si su intensión fuera despedazar el escudo de Carapace.
—Baby... —musitó de nuevo cuando el escudo verde se agrietó bajo el implacable puño de la reina de las arañas, no porque aquel horror fuese más fuerte, sino porque algo en el espíritu de Nino se quebrantaba lentamente.
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(Walking on air – Kerli)
Lóng y Aspix estaban pegados espalda con espalda, tomados de las manos mientras aquella sombra los rodeaba a toda velocidad, obligándolos a moverse de vez en cuando, acercándose demasiado a los muchachos.
El viento arreciaba alrededor de ellos conforme se movía la sombra, como si fuese capaz de conjurar con sus alas aquella tormenta alrededor de los portadores para imposibilitarles moverse. No podían faltar los cuervos en una mansión embrujada, pero el ave que los rodeaba no parecía un cuervo como tal. Habían hecho por llamarlo así por el color negro de sus plumas, pero tenía tres pares de ojos rojos en el rostro, su pico se curvaba mostrando una punta blanca muy afilada, sus garras parecían ser las de un león, y en la cola sus plumas resplandecían como navajas. Aquello no era un cuervo, era un demonio.
Ambos portadores habían querido moverse para tratar de planear una estrategia, refugiarse de su atacante para ponerse de acuerdo, era como si aquella ave hubiese adivinado lo que planeaban, puesto que se puso a dar vueltas a su alrededor haciéndole honor a la conclusión a la que habían llegado al llamarle demonio.
Y entonces, Lóng cayó en cuenta de lo novata que se había dejado ver.
—¡Tengo el miraculous del dragón! —Exclamó antes de convertirse en una nube de vapor y girar a toda velocidad en torno a Aspix, amarrándole la soga alrededor de la cintura y sonriéndole antes de fundirse con el tornado de plumas y viento que les había dejado algunos cortes en las mejillas a ambos portadores.
Lóng hizo por girar en sentido contrario a como el cuervo había estado haciendo hasta esos momentos, logró desbaratar el tornado que había crecido en torno a Aspix y el portador salió corriendo en dirección a uno de los armarios mientras Lóng lo seguía a toda velocidad.
Cerraron las puertas del armario con fuerza, temiendo cortar la soga, pero agradeciendo el momento de calma.
Sólo fue un momento y la tormenta se desató.
Por fuera de su refugio improvisado se escuchaban ruidos constantes, como si la tormenta de viento creciera a cada segundo, tumbando todas las cosas que estaban en la habitación, la puerta se azotó un par de veces, la perilla giró con violencia, pero Aspix y Long se aferraron a ella con vehemencia, jalando con todo el peso de su cuerpo para evitar que se abriera.
—¡Mierda! —Gritó Aspix a la par que su cadera golpeaba contra la puerta, por fuera habían tirado de la soga, y ahora él consideraba seriamente desatar los nudos, pero desistió sabiendo que aquello era lo único que les podría indicar la salida de aquel laberinto del terror.
Lóng soltó la perilla y se aferró a la soga por encima de la cadera del muchacho, tirando para tratar de conseguir algo de espacio, sabía que su colega corría peligro.
(Clap game – Joseph Bishara)
Y de pronto todo paró.
El ruido dejó de escucharse afuera del armario y la cuerda perdió tensión.
Guardaron silencio algunos segundos, aguardaron con el oído pegado a la puerta, en espera de algún cambio o algún movimiento afuera que delatara los peligros que les esperaban, pero nada.
No hubo cambios, no hubo ruido, no hubo viento.
Pasaron largos segundos en los que retrocedieron lentamente, dando pasos cortos, temiendo delatar su retirada, avanzando centímetro a centímetro hasta que lograron pegar las espaldas a la pared y ocultarse en medio de los abrigos y vestidos que estaban guardados en aquel lugar.
Aspix movió su mano hasta encontrar la de su compañera y entrelazó sus dedos con los de Lóng en busca de consuelo. Ambos portadores suspiraron aliviados luego de largo rato en silencio, sabiendo que, fuera lo que los hubiera amenazado minutos atrás, ahora estaban a salvo.
—Tenemos que prepararnos para el siguiente horror —murmuró Lóng tan bajo como pudo, mirando a Aspix entre los abrigos.
—Te sigo, my lady.
—Me quedé sin ideas, no puedo imaginar qué viene a continuación, pero...
Su frase se vio interrumpida por dos sonidos consecutivos, secos, muertos, dos aplausos que se escucharon por fuera del armario, demasiado cerca de ellos, demasiado tranquilos.
El portador de la serpiente miró a su compañera, horrorizado.
—Ya vi esa película... —murmuró tratando de hacer alguna broma para romper la tensión, pero su voz salió estrangulada y la expresión de horror que Lóng compuso, sólo le hizo saber que ella también intuía lo que venía.
—Tenemos que salir —musitó ella con un hilo de voz.
Aspix asintió lentamente y luego ambos se despegaron del fondo del armario, moviéndose en sincronía, con deliberada lentitud. Ninguno de los dos se sentía lo suficientemente valiente como para dar otro paso en ninguna dirección, ninguno de los dos se sentía lo suficientemente fuerte para abrir el armario o volver a pegarse a la pared, sabían que tenían que moverse porque la cuerda los delataba, tarde o temprano terminarían siendo encontrados por algún nuevo enemigo si no tomaban la delantera, pronto descubrirían otro horror de la casa, pero saberlo no era suficiente como para aventurarse a dejar el refugio que les había otorgado un momento de calma después de la tormenta, literalmente.
Aspix alzó la mano en dirección a la perilla y le dedicó una mirada a su Lady en busca de confirmación, ella también extendió su mano, regresando la expresión y asintiendo una vez, una manera de decir "lo haremos juntos".
No habrían hecho otra cosa sin una motivación lo suficientemente fuerte.
Cuando te ocultas en un armario, esperas a que los peligros se queden fuera, esperas que ese refugio improvisado sirva para tratar de despistar a lo que sea que te persiga, en el fondo lo sabes, meterte debajo de la cama, ocultarte entre las sábanas, meterte en un armario, aferrarte al último oso de peluche de la colección, todos ellos son actos desesperados que denotan tu última esperanza, sabes que cualquiera de esos métodos puede fallar de mil maneras.
Tu enemigo es más grande, es más inteligente, es más peligroso. Se asomará bajo la cama, tirará de las sábanas, abrirá la puerta, desgarrará el oso, y tú te quedarás de nuevo sin protección, a merced del enemigo.
En el fondo sabes que fue una mala idea, sobre todo por lo patético y trillado que resulta creer que te va a funcionar a ti cuando lo has visto fracasar en cada película de suspenso, has visto cómo los héroes de cada filme terminan enfrentándose al horror que le persigue puesto que sus esperanzas no siempre son suficientes, pero, aun así, te aferras a esa última estrategia creyendo que te va a funcionar a ti...
Ellos dos se habían aferrado a esa creencia porque no tenían otra opción, porque aquel armario era el único refugio que los ayudaría a resguardarse del enemigo que había herido sus mejillas con cortes sutiles, porque no se podía pelear con el viento, no se podía pelear con un enemigo al que no ves, y entonces, lo único que habían podido hacer era meterse tras el único par de puertas que había en la habitación y rezar que funcionara.
Pues no les funcionó.
Porque cuando pusieron las manos en la puerta para empujar y salir de entre los abrigos, emerger de entre las sombras y enfrentar al enemigo que los esperaba fuera, volvieron a escuchar los dos aplausos cerca de la puerta y el horror se hizo presente.
No por los aplausos, no, ellos sabían que había algo afuera, lo habían escuchado instantes atrás, la razón por la que el pánico se instauró dentro de sus sistemas en ese segundo fue, primero, porque escucharon otros dos aplausos dentro del armario, justo entre sus cabezas, y, segundo, mientras él era proyectado por una fuerza invisible, lanzado fuera del armario varios metros hasta hacerle chocar contra la pared del frente, ella era jalada hacia la oscuridad en medio de un alarido que delató que lo sabía, estaba perdida.
Aspix trató de levantarse y correr a auxiliar a su compañera, Lóng gritaba con todas sus fuerzas dentro del armario suplicando por auxilio, pero era como si una fuerza invisible lo detuviera, no podía ponerse de pie, no podía moverse, algo pesado se había sostenido sobre él, reteniéndolo contra el muro, contra el piso. No importó con cuánta fuerza arañó la madera, la duela, no importó cuanto empeño puso en despegar su cadera de la pared, no importó el hecho de que trató con todas sus fuerzas moverse de aquel espacio para correr a auxiliar a Lóng, no pudo moverse ni un centímetro mientras la portadora del dragón gritaba desesperada, presa de la casa.
—¡Auxilio! —Pero no fue un grito, fue un alarido desesperado cargado de horror y dolor, una palabra dicha con tanto miedo que incluso a Aspix se le heló la sangre.
El problema fue lo que entró a su campo de visión, porque luego de escuchar a Long proferir aquel llamado, él ya no pudo mover el cuerpo, paralizado por una fuerza que lo superaba por mucho, reteniéndolo en su sitio mientras el rostro pálido y demacrado de una mujer emergiendo de las sombras a su lado se ponía a la altura de sus ojos.
El portador de la serpiente sintió su corazón palpitando con violencia dentro de su pecho, sintió el horror crecer y arremolinarse mientras las facciones de aquella mujer se deformaban componiendo el rostro de una vieja, podría llamarla bruja con sus cabellos endurecidos, sus arrugas, sus ojos vacíos su sonrisa desdentada y la sangre que goteaba por la comisura de su boca, Aspix habría querido gritar también, pero no tuvo fuerzas para hacerlo, no encontró el valor para abrir la boca, no era dueño de su cuerpo, y su corazón palpitó con más fuerza cuando los ojos de aquella mujer se convirtieron en dos abismos sin fondo amenazando con consumirlo en ese instante.
Estaba paralizado, pero ni siquiera era por el miedo, una fuerza se lo impedía, reteniéndolo contra el suelo mientras aquella bruja sonreía sabiendo que consumiría su alma.
Pero el espectro desapareció, así como llegó se fue, desvaneciéndose en el aire sin dejar rastro de que alguna vez estuvo ahí, y Aspix recuperó la movilidad. No sabía cómo lo sabía, pero había recuperado la habilidad para mover su cuerpo, simplemente no encontraba el valor para hacerlo.
Las puertas del armario se abrieron, revelando su interior oscurecido por las sombras, Aspix logró entrever los abrigos y algo moviéndose al fondo, aquello disparó una alarma en su interior, tenía que salir corriendo inmediatamente.
¿Correr? ¿¡Qué demonios estaba pensando!? Su mejor amiga estaba en ese armario, así que trató de levantarse para asegurarse de que ella estaba bien, pero, así como llegó la determinación de moverse, el muchacho volvió a congelarse en su sitio.
Una mano.
Long sacó una mano y se aferró al borde del armario, su rostro, su cuerpo todavía seguían ocultos entre los abrigos y la oscuridad, pero el portador de la serpiente no necesitó más para saber que algo no andaba bien, porque el traje de su compañera estaba roto, sus nudillos tenían sangre seca, y la piel expuesta lucía amoratada, como si la dueña fuese un...
Respiró profundo, alejando ese pensamiento, sabiendo que, para que un cadáver se viera así, debía pasar mucho tiempo.
Y entonces emergió la otra mano, cuyo antebrazo carecía de piel, de carne, de venas, dejando un pedazo de hueso al descubierto.
El portador tragó saliva y se levantó lentamente, dándole la espalda al armario y suplicando perdón por su alma al tomar la decisión de salir de ahí, pero apenas hubo puesto su mano en el marco para impulsarse hacia afuera, la voz de aquel espectro se alzó escalofriante, llenando la habitación.
—Aspix... —la portadora estiró las palabras todo cuanto pudo, como si le costara hablar, como si le doliera hacerlo —¿Por qué dejaste que me mataran?
—Tú no eres Long —sentenció el portador con voz firme, pero el corazón roto en mil pedazos, incapaz de darse la vuelta para encarar el espectro que se arrastraba por el piso hacia su lado.
—Otra vez no fuiste suficiente —musitó el espectro con voz lastimera mientras se arrastraba lentamente hacia el portador, consumiendo lentamente los centímetros que los mantenían separados para alcanzarlo.
—Long es una portadora poderosa, no me necesita.
—Pero te necesitaba y me dejaste sola... ahora por eso...
—¡No! —Exclamó Aspix dando la vuelta y encarando al espectro, que ya se encontraba de pie frente a él, con sus ojos vacíos, con la piel carcomida, con el casco roto, con el traje desgarrado, mirándolo como ausente puesto que sus ojos iban vedados por una película lechosa que le impedía ver con claridad. —Tú no eres Long.
—No, ya no lo soy, porque, de nuevo, no fuiste suficiente para salvar mi vida...
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(Halloween waltz – Celestial Aeon proyect)
La música había iniciado de nuevo, Panthère miraba a su alrededor en busca de su origen, asustando cada vez más y más a Shé, quien se había alejado algunos pasos, mirando fijo los movimientos del muchacho.
No, ella no podría haber adivinado jamás que se trataba de un baile completo, de nuevo el portador de la mala suerte veía el salón lleno de cuerpos bailando y bamboleándose al ritmo de un vals que carecía de sentido y de temporalidad, porque el sonido proveniente de una caja musical no le hacía justicia a los movimientos majestuosos de las parejas que giraban con elegancia y velocidad por toda la habitación.
Shé no entendía por qué la expresión de su compañero se había vuelto fría y distante, no comprendió por qué de pronto el muchacho había palidecido y retrocedido, no comprendió de dónde venía el terror que habitaba en cada uno de sus gestos, e hizo por llevar sus manos a la lira y tratar de romper aquel hechizo, pero el felino levantó la mano pidiendo en silencio que se detuviera, y ella obedeció.
No sabía si era buena idea confiar ciegamente en aquel desconocido, después de todo, Panthère era un justiciero de París, no un héroe, pero fuera como fuera, tenía más tiempo de experiencia luchando contra akumas, así que la chica se guardó la lira y esperó pacientemente mientras Panthère convocaba su cataclismo en ambas manos y hacía una reverencia, como invitando a una danza.
La visión de Panthère era una sinfonía al terror. Frente a él se encontraba Ladybug, una versión cadavérica y putrefacta que reflejaba de forma grotesca la antigua gloria de la defensora de París, causaba repulsión en igual medida en que la original había causado admiración.
(Dance of the damned – Peter Grundy)
Respondió a la reverencia con una igual antes de dirigirse al portador, le dio el costado y sostuvo la mano cerrada en puño a la altura de su rostro, Panthère sonrió de medio lado comprendiendo el juego y se acercó a ella, posando su muñeca contra la de ella, cuidando no tocarla con su cataclismo y dando pasos lentos, girando sin dejar de verse a los ojos.
En un movimiento elegante, ambos giraron sobre sí mismos, cambiando de muñeca y llevando la mano disponible a la espalda, dejándose envolver por la música que los rodeaba, alejándose un paso y volviendo al encuentro del otro mientras las parejas de todo el salón daban vueltas y vueltas, creando un círculo a su alrededor.
Un paso largo, dos cortos, un paso largo, dos cortos, un dos tres, un dos tres, un dos tres, un dos tres.
—Eres una visión bastante sólida —aduló el portador. —Pero te falta gloria aun en la muerte.
—Es curioso que no seas el único portador que tema perder a su compañera —admitió el espectro rompiendo el contacto y tomando los olanes de su falda, puesto que de pronto, el traje moteado se había evaporado para dejar en su sitio un vestido de encaje y polizón.
El espectro dio pasos cortos, un dos tres, girando sobre sí misma y desplazándose alrededor de Panthère mientras éste daba un paso al frente y uno atrás, repitiendo ese gesto siguiendo el ritmo de la música, esperando a que su compañera de baile diera todo el recorrido a su alrededor.
De nuevo, frente a frente, ambos pusieron las palmas a los costados de su rostro y se movieron de un lado al otro, un dos tres, un dos tres, adaptándose a la melodía que los rodeaba.
—Nos cuidamos y protegemos unos a otros —explicó Panthère —, es normal que tenga miedo de perderlos.
—¿Cómo sabes que no soy tu Cherí?
—Ella no está aquí esta noche.
Panthère ofreció su palma derecha y el espectro colocó la propia muy cerca de la del felino, sin llegar a tocarlo, admirando las volutas negras de energía de destrucción. No tenía intenciones de rendirse tan pronto, pero siguió el movimiento del muchacho cuando él levantó la palma por encima de su cabeza, girando en su sitio, haciendo que los bordes de la falda se arremolinaran en torno a ella.
Shé se quedó pasmada, abrió los ojos y retrocedió un paso, sin aire, al darse cuenta de que un pequeño remolino se formaba a los pies del portador, el polvo se removió de forma circular y luego se aplastó contra el suelo como si algo pesado le cayera encima.
—¡Mierda! —Murmuró la serpiente retrocediendo un paso. —Sí estás bailando con alguien...
—Esto es un infierno personal ¿no es así? —Inquirió el felino mientras sostenía la cintura del espectro con el antebrazo, alejando la mano de su piel, extendiendo una pierna hacia atrás para hacer contrapeso y reclinar a su compañera de baile mientras ella dejaba colgando la cabeza y sonreía con dulzura.
—Muy bien, portador. Diste justo en el clavo.
—Pero no tiene efecto en mí porque sé que ella no está aquí.
—Aun así, estás sumergido en mi hechizo, inmerso en mi fantasía.
—No, inmerso no —corrigió con media sonrisa mientras volvían a pegar las muñecas y daban vuelta en su sitio, mirándose con intensidad. —Sé perrrfectamente que Shé está ahí de pie. No la he perdido de vista esta vez. Y tú no eres real.
—Fue un placer bailar contigo —admitió el espectro acercándose lentamente hacia Panthère, haciéndole retroceder un paso y pasar saliva. —Pero todo lo bueno termina alguna vez, así que...
Los labios del espectro se acercaron a los del portador, aquel ser de inframundo se acercó invadiendo el espacio personal de su enemigo y él soltó un jadeo involuntario justo antes de poner su mano sobre el rostro de aquella chica, empujándola lejos y consumiéndola con su cataclismo.
Toda la fantasía se desvaneció a su alrededor, los vestidos, los candelabros, las velas, la música, todo se desvaneció y el papel tapis de las paredes se consumió como si fuese quemado. Panthère retrocedió hasta Shé y entrelazó su mano con la de ella, pegándose espalda con espalda mientras la habitación caía por completo en decadencia.
Unos segundos transcurrieron hasta que la habitación dejó de cambiar y el aire se volvió denso, les dolía respirar, pero sabían que el horror de aquella habitación terminaba con ese último vals.
—Márcala... —murmuró Panthère señalando la pared más cercana a ellos, caminando al lado de Shé sin perderla de vista, temiendo que la habitación fuese a cambiar de nuevo.
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(Predator – Celestial Aeon Project)
Long corría con todas sus fuerzas, aferrándose a la esperanza de dar con la cuerda enredada en algún rincón de la casa y poder encontrar a su amigo.
Cuando habían entrado a la mansión, se habían topado con el hecho de que la cuerda parecía venir de otro pasillo hasta ellos, tensa y enredada varias veces como una telaraña, o sea que no habían entrado directo al lobby de la casa. Aquel sitio era un laberinto cambiante, pero, a pesar de todos sus movimientos, no parecía ser suficiente para romper el iman que Melek les había entregado.
Ahora corría con todas sus fuerzas, no porque huyera de algo, sino porque sabía perfectamente que tenía que llegar primero.
Cuando el armario se había abierto, Aspix había sido lanzado fuera, pero ella había sido atraída hacia la oscuridad, la casa la había proyectado hasta otra habitación, estaba segura de que se trataba de la segunda planta, llena de pasillos y pasillos, de puertas sin ventanas, de recovecos inexplorados que terminaban de convertir aquella casa en un laberinto infinito que tenían que derrotar. El problema es que la habían lanzado a un pasillo lleno de perros.
No, perros no, ni tampoco lobos, algo más grande, más peligroso.
Criaturas de ojos rojos que andaban en cuatro patas, que gruñían y ladraban y lanzaban rugidos guturales que no parecían animales, rodeándola, caminando en círculo en torno a ella, olfateando el aire a su alrededor en busca de su víctima.
—Llegaremos primero —musitó uno de los perros componiendo una sonrisa que consiguió arrancarle a Long un escalofrío.
—No —musitó a manera de súplica, alzando una mano hacia el que había hablado.
—Cuando llegues, no quedará nada —prometió antes de lanzar un aullido gutural, aullido que los otros imitaron antes de lanzarse hacia las paredes y desaparecer en la casa, dejando el pasillo sumido en la oscuridad.
Long tardó un par de segundos en comprender de qué hablaban aquellos lobos. No la querían a ella, querían a sus amigos.
Por eso ahora corría con todas sus fuerzas sin llegar a ningún lugar, abriendo puertas, dando vueltas en los pasillos, volviendo sobre sus pasos, cambiando de dirección.
En algún lugar había leído que, si caminabas por un laberinto con la mano izquierda pegada a la pared, siguiendo religiosamente las formas del mismo, eventualmente terminarías dando con la salida, ella no tenía tiempo, debía llegar hasta sus amigos antes que ellos.
Volvió por enésima vez al punto del que había partido y soltó un grito desesperado antes de dejarse caer de rodillas.
Respiró profundo una vez, removiendo el polvo, virutas minúsculas que se arremolinaron sobre sí mismas y se metieron entre las tablas del suelo, y entonces la portadora soltó un jadeo por la sorpresa justo antes de volverse vapor de nuevo y meterse en los espacios de la duela, bajando a toda velocidad, pasando por en medio de la tierra y del polvo, del concreto, del tapis, encontrándose en la primera planta de la casona, con la cuerda de Melek enredada montones de veces sobre sí misma, viniendo de todas direcciones al mismo tiempo.
Se lanzó a tomar la soga y suspiró aliviada, permitiéndose hacer una pausa mientras los perros la rodeaban de nuevo, saliendo de los muros, escurriéndose de los cuadros, emergiendo entre las tablas de la duela y ladrando de forma amenazante.
—Tal vez tienen razón, no puedo encontrarlos, no puedo protegerlos, pero ellos no me necesitan, son fuertes y pueden cuidarse de ustedes y de quien sea.
Todos los perros comenzaron a gruñir, gemidos guturales como salidos de ultratumba que se acrecentaron cuando la portadora pareció encogerse un momento en su lugar, pero cuando estuvieron lo suficientemente cerca, la chica sonrió soltando la cuerda y dando un golpe al suelo con el pie, con todas sus fuerzas, logrando que una tormenta de estática electrocutara a sus atacantes, reduciéndolos rápidamente a cenizas.
Toda la casa tembló un momento, sacudiéndose del sótano al ático, consiguiendo que todos los portadores que luchaban contra aquel akuma levantaran la mirada en busca del origen de aquel temblor. La tormenta estaba dentro de la casa y a punto de desatarse, por debajo de la máscara, Marinette sonrió disfrutando todo el poder del trueno, comprendiendo por fin por qué la primera intervención de Kagami como portadora del dragón había sido tan arrebatada.
Longg ofrecía demasiadas emociones al mismo tiempo, parecido a lo que Luka había experimentado al portar por primera vez a Plagg, así que la portadora cerró los puños para contener la tormenta y sonrió antes de volver a enredar su mano en torno a la soga y comenzar a correr a toda velocidad, daría con Aspix o con la puerta, aunque fuera lo último que hiciera esa noche.
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(Dark Orchestral violin – Time will catch me first)
Tentomushi había escapado apenas del golpe de aquel espectro que, poco a poco, iba cobrando forma, la niña de las muñecas se había desaparecido en medio de un remolino de oscuridad y sombras, dejando a la portadora a su suerte. Pero más allá de dejarse amedrentar por la situación, la Catarina sonrió de medio lado, adoptando una postura de pelea y girando su yo-yo mientras la figura contra la que peleaba se convertía lentamente en una silueta femenina, alta, más alta que ella, con los brazos delgados, con las piernas largas, con el rostro afilado y oculto tras unas gafas negras.
—Sabía que nos enfrentarían contra nuestros temores —admitió la portadora retrocediendo un paso para tener un mejor rango de visión. —Pero no sabía que serían tan fieles a la realidad. ¿Tú qué eres, mi otra madre?
—¿Quieres apostarlo? —Incitó el espectro, bajándose los lentes a la punta de la nariz y mostrando dos botones negros y enormes, brillando bajo el destello de un rayo en la ventana, cosido con hilo blanco a su sitio, dándole un aire macabro a su enemiga.
Tentomushi se movió como un rayo, saltó hacia su enemiga lanzando el yo-yo de frente, buscando golpear a su enemiga en el rostro, pero el espectro usó una bokken para detener el golpe, consiguiendo que la heroína dudara un segundo, aterrorizada por aquello, percatándose de que aquella muñeca del terror de verdad parecía ser una copia exacta de su madre.
No era momento de fallar, desde que había visto a aquella niña en medio de sus juguetes, desde que le había hablado de los golpes que le daba su madre, ella sabía que la casa había decidido tomar sus miedos y ponerlos en su contra, lo más seguro es que la pobre víctima del akuma ni siquiera tuviera idea de qué horrores estaba creando para enfrentarlos contra los portadores, pero ese pensamiento no la dejó más tranquila, al contrario.
Cuál sería el tamaño del dolor de la víctima, aquella casa del terror había logrado superar por mucho a los akumas que Lila había creado en los últimos meses. Y ahí estaba la clave, ahora sabían quién era la dueña de los demonios que asechaban París.
Tentomushi se recuperó tan rápido como había perdido la concentración, avanzando a pasos tranquilos hacia su enemiga antes de volver a lanzar su yo-yo y enredar la espada de madera de su enemiga, la otra madre lanzó un golpe con la mano libre mientras levantaba su espada, jalando a la portadora hacia sí y conectando aquella agresión contra las costillas de la portadora, haciéndola ahogar un grito contenido. Pero no, aquel golpe no tomó a la Catarina por sorpresa, puesto que ella se aferró al brazo del espectro y lo usó como palanca para contraer el vientre y tirar una patada con ambos pies contra el rostro de su enemiga, lanzando los lentes lejos de ambas y consiguiendo romper un botón.
El espectro soltó un grito ahogado y lanzó un golpe hacia el frente, agresión que Tentomushi evadió con todas sus fuerzas al ver que la mano de su enemiga se había convertido en un elemento peligroso.
Los dedos, afilados y largos, ahora parecían agujas plateadas y afiladas de tal manera que logró atravesar la duela sin esfuerzo alguno, la villana levantó la mano, trayendo astillas consigo, y preparando el siguiente golpe, y el siguiente, y el siguiente.
Su bokken había quedado olvidada en el suelo mientras espectro y portadora se tiraban golpes y patadas, tratando de alcanzar a la otra. El espectro superaba a Tentomushi por casi treinta centímetros, pero sus formas alargadas la hacían lucir más alta, así que la Catarina puso especial atención en desviar los golpes; cada vez que la otra madre le lanzaba un zarpazo, la heroína daba un golpe a palma abierta contra el brazo de su enemiga, alejándola a toda velocidad y consiguiendo que las agujas terminaran clavadas en la pared o en el piso.
No pudo evitarlo, sabía que el tiempo se terminaba, así que atestó una patada brutal en el centro del pecho de su enemiga, obligándola a caer de espaldas y rodar sobre su espalda, ganando un par de segundos para poder lanzar su yo-yo hacia el cielo y gritar ¡Lucky Charm!
Obtuvo tijeras.
Grandes, necesitaba de ambas manos para poder abrirlas y cerrarlas, rojas llenas de motas negras, que rechinaban con cada movimiento, las observó un momento y paseó la mirada a su alrededor en busca de la pista que necesitaba, pero la otra madre se levantó en un movimiento rápido y la alcanzó para atestarle el siguiente golpe, por lo que Tentomushi retrocedió de un salto para ponerse a salvo.
—¿Tu madre no te enseñó a no correr con tijeras? —Gritó el espectro abalanzándose sobre la heroína a toda velocidad.
—¡También me enseñó a no hablar con extraños! —Exclamó abriendo las tijeras y recibiendo el siguiente golpe de frente, amenazando con cortar las manos del espectro, pero la casa volvió a sacudirse por completo, consiguiendo que ambas mujeres volvieran la vista hacia la puerta de la habitación.
Era como si la casa estuviese agonizando, temblaba, se sacudía, emitía gemidos y lamentos de ultratumba capaz de hacer que la piel de los portadores se erizara avisándoles que lo peor estaba por venir, el espectro ensanchó su sonrisa, como si aquel clamor fuese una buena noticia, aunque por dentro, la Catarina sabía que la casa agonizaba. No entendía por qué su enemiga sonreía.
Así que aprovechó esa distracción, abrió las tijeras de una vez y cortó las manos del espectro, haciéndola soltar un grito de dolor y retroceder unos pasos mientras un líquido negro y espeso, como brea o chapopote, emergía de las extremidades amputadas. Tentomushi no tuvo piedad, se lanzó de nuevo hacia el frente, abriendo las tijeras, y cortó de un solo movimiento la cabeza de su adversaria.
Azotó con un golpe seco, pero cuando Tentomushi bajó la mirada al suelo, sólo se encontró con una pequeña muñeca de tela decapitada. El cadáver del espectro se había reducido a un juguete pequeño, con el algodón desperdigado por toda la habitación, que de pronto lucía vieja y abandonada.
Y la catarina estuvo lista para buscar la siguiente habitación.
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(Shelob's Lair – Creepy spider music)
Carapace había deshecho el escudo para poder saltar lejos del alcance de la reina de las arañas, que había soltado una risa melodiosa y escalofriante al verlo partir. Todavía seguía la lucha interna para convencerse a sí mismo de que aquel espectro no podía tratarse de su chica, Alya estaba afuera, era Rena Rouge, él había perdido los estribos al entrar a la casa a buscar a alguien que ni siquiera estaba adentro, pero ahora luchaba para convencerse de que, de verdad, Alya se había quedado en su puesto.
De los dos, ella era la más fuerte, la inteligente, la que planeaba antes de lanzarse a atacar. Tener el miraculous de la ilusión sólo la había hecho más astuta, así que se había vuelto una experta de pensar rápido para tener soluciones a las situaciones que los rodeaban. Pero incluso debajo de la máscara, Alya era una periodista intrépida y arriesgada que siempre parecía tener la pregunta correcta, y él era bueno para mantener el ritmo, pero esa noche se había dejado llevar.
Debía enmendar su error cuanto antes, así que volvió a convocar el escudo, pero esta vez, en lugar de ser una esfera alrededor de él, se manifestó como dos círculos adheridos a sus brazos, mismos que usó para golpear y alejar a las arañas que lo habían atacado.
La reina de las arañas soltó un silbido poderoso, apresando dos dedos entre sus labios, y consiguiendo con aquello que todas las arañas pequeñas retrocedieran a toda velocidad, subiéndose a las paredes y fungiendo como observadoras, simples espectadores que se congelaron como si fueran estatuas o gárgolas velando por el sueño de la casa.
Carapace adoptó una postura de pelea, aprestando ambos escudos, y la reina de las arañas aterrizó unos metros frente a él, sonriendo de medio lado, consiguiendo que el muchacho pasara saliva con dificultad.
—Babe, de verdad, no quiero hacer esto —pidió una última vez, mirándola, suplicando con los ojos antes de adquirir toda la determinación que lo caracterizaba como portador. —Pero si tengo que pelear, lo haré.
Porque sí, Alya era la estratega, la intrépida, la feroz, pero él era el de la determinación, él era el que protegía a sus compañeros, él era el leal que se anteponía ante cualquier peligro, sabiendo que los demás eran resistentes, pero que siempre necesitaban de una mano. Alya era la de los planes, Nino era el que ofrecía resistencia para darles tiempo de pensar. Si podía hacerlo para otros, esa noche sería el último escudo que quedara en pie.
Araña y portador se lanzaron frente a frente, ella trató de alcanzarlo con los brazos, pero él la recibió de lleno con uno de los escudos antes de atestar un golpe violento contra su abdomen y hacerla caer de espaldas. Ambos retrocedieron, él saltando de espaldas, ella retorciéndose para volver a levantarse, la sonrisa se había desvanecido y ahora sólo había espacio para la rabia y el rencor.
La araña lanzó su tela como una agresión, aquel ataque iba dirigido hacia el rostro del portador, pero Carapace unificó los escudos en un movimiento, y detuvo el ataque, percatándose de que aquello parecía más una masa pegajosa que tela de araña por sí misma.
—Tú no eres mi chica —afirmó Carapace disolviendo los escudos, permitiendo que la tela cayera hasta el piso —, y esta noche Lila no tendrá una victoria.
Carapace recuperó los escudos, echó los brazos hacia atrás para tomar vuelo, y en un movimiento rápido, llevó ambas manos hacia el frente.
Un rayo surcó el cielo en ese instante, el relámpago vino después, el trueno fue ensordecedor, lo suficiente como para hacer a Carapace congelarse frente al cuerpo que caía decapitado frente a él gracias al golpe de los escudos, la araña muerta se deslizó, las patas se doblaron por mitad cediendo bajo el peso del cuerpo de la reina de las arañas mientras la cabeza de Alya rebotaba varias veces, alejándose de él mientras un charco de sangre se extendía a su alrededor.
Pero cuando los músculos de Carapace reaccionaron de nuevo, cuando el portador pudo bajar la mirada, se dio cuenta de que, frente a él sólo quedaban los rastros de una muñeca de porcelana rota, rodeada de arena, de toda la arena que la había estado rellenando.
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Panthère se puso de pie en el centro del lobby, justo frente a las escaleras, sosteniendo la cabeza de aquella muñeca por los cabellos antes de mirar a su alrededor. La casa había temblado, cuatro veces, aquello quería decir que otros tres portadores habían logrado vencer sus infiernos personales, aquello representaba un problema.
Panthère y Tentomushi habían entrado a la casa juntos, Shé Nüwáng se había metido después, pero la portadora de la serpiente no sabía decir cuántos portadores más había esa noche tratando de salvar la ciudad.
Había llegado a algunas conclusiones, su musa debía tener uno de los dos miráculous, serpiente o dragón, aunque Adrien era el más apropiado para portar la serpiente esa noche por su experiencia previa con Aspix, él llevaba colgado el miraculous de Mullo, así que Marinette no tendría otras opciones. Seguramente Carapace y Rena estarían cerca para ayudar a los portadores, pero si Marinette había trazado la estrategia, ella pondría al portador de la tortuga a crear un perímetro seguro para los parisinos, y Rena se encargaría de protegerlos en caso de que algo se saliera de la mansión...
Claro que las cosas siempre podían salir mal, y aquella casa del terror era el akuma más poderoso al que se habían enfrentado hasta ese momento, nada podía salir bien esa noche, así que Panthère mandó al carajo todos los planes que había trazado con su musa de camino a la plaza, se plantó en el lobby y, lanzando la cabeza de la muñeca hacia las escaleras, sólo tuvo voz para gritar una palabra, un bramido poderoso que retumbó por toda la casa, consiguiendo que la habitación sin resolver retumbara, consiguiendo que Aspix y los espectros miraran con pánico la entrada.
—¡Juleka!
