Y, aunque ambos muchachos se habrían ido a la cocina en busca de un asalto a la nevera, Tikki entró volando a toda velocidad hacia ellos, entregándole a Marinette su teléfono, mostrando la señal de alerta por akuma.

Marinette sintió la descarga de adrenalina, hacía tiempo no había ataques de Akuma tan poderosos, comenzaban a parecer una burla a sus habilidades, aunque no sería la primera vez que un Hawk Moth trataba de cansar a los héroes de París mandando villanos a la menor provocación, no importaba qué tan absurdos estos fueran, lo importante era que no pararan, que fueran uno tras otro hasta que los portadores desfallecieran.

Algún villano había tratado de hacerlo para descubrir la identidad de los portadores, acción que carecía de sentido puesto que los parisinos iban a refugios contra los akuma, y como Hawk Moth no podía perder la transformación o perdería el akuma, no tenía manera de averiguarlo. El resto de las ocasiones fue para tratar de vencerles con el más patético de los villanos.

Con lo que no contaban era con la versatilidad de los portadores, de sus habilidades, de sus aliados, no contaban con el hecho de que siempre había alguien que estaba dispuesto a apoyar.

Así que, cuando la alerta de akuma fue tan poderosa, tan demandante, Marinette sonrió con energías renovadas y encendió los comunicadores de diadema, llamando a los portadores.

—Me adelanto —había dicho a Luka, tomando su rostro entre las manos y besando su boca. —No podemos llegar juntos.

—Marinette, estamos hablando de mi hermana —dijo Luka justo antes de que Ladybug saliera por la ventana, tomándole una muñeca y dedicándole una mirada suplicante.

—Lo sé —prometió ella con un asentimiento —, por eso es que estoy llamando también a Ryuoko. Si alguien merece entrar a esa casa eres tú.

Y el plan era relativamente sencillo. Luka y Kagami encabezarían la misión, les tomó por sorpresa enterarse de que lo harían como los justicieros de París, pero era la única parte del plan que cambiaba. Ellos dos entrarían a la mansión y Marinette y Adrien permanecerían afuera, protegiendo a los civiles de ser necesario, por una parte. Por otra, habían llamado a Nino y Alya a estar alertas en caso de necesitarse los refuerzos.

Entraban, neutralizaban el akuma y volvían a salir. Para cuando París acordara, ambos portadores ya habrían vuelto todo a la normalidad y podrían volver a la cama para reponer fuerzas y enfrentar el día siguiente.

Pero no, las cosas no habían salido según lo planeado, y Luka no tenía ni idea de cómo resolver el problema que tenía entre manos, puesto que aquella casa de muñecas se había convertido en una especie de laberinto sin fin, y una parte de él estaba segura de que sólo podrían enfrentarse al verdadero akuma una vez que derrotaran a todas las habitaciones.

Ahora, había una segunda opción, porque al igual que en un videojuego, conforme había ido sintiendo los temblores de la casa, conforme la mansión se había ido estremeciendo, el nivel de los enemigos había aumentado, eso sólo podía querer decir que estaban haciendo enfurecer al akuma.

Ahora, había una decisión por tomar. Su hermana había sido akumatizada antes, podía llamarla a la cordura. Pero esa noche no era Viperion, no era Melek, ni siquiera era Cobra. Esa noche había llegado a la casona portando la piel de Le Panthère, del justiciero de París.

Viperion era un portador digno, decente, zen incluso, que hablaba con los enemigos antes de intentar cualquier otra cosa. Melek era el hermano mayor de Juleka, no había más por añadir. A Cobra ni siquiera le interesaba el bienestar de París...

Pero Panthère era un justiciero de la ciudad, él se encargaría de que cualquier indigno pagara hasta el último de sus pecados, y los orillaría a saldar su deuda. Así que, cuando llegó al lobby de la habitación con la cabeza de aquella muñeca como trofeo, lo hizo sabiendo que llevaría aquello hasta las últimas consecuencias, suplicando porque su musa tuviese piedad y una estrategia.


Sonrais777: La saga de Dollhouse llega a su final, lamento haberte tenido en ascuas, pero también deseo haberte arrancado uno o dos sustos.

Scar: Te culpo de que esto ocurriera jajajajaja a ti y a Mau por recomendarme música de terror, de no haber querido poner a Nino a pelear con algo de música electrónica, y sin tus porras tratando de animarme a escribir algo más oscuro, esto no habría sido posible.

Manu: Perdón, pero tu comentario sobre terminar esta historia en el capítulo cien, creo que te estás pasando un poquito de la raya. Gracias por las recomendaciones de anime y por seguir leyendo la historia, lamento decirte que se extenderá tanto como mi adorado equipo creativo lo permita.

Faty: claro que tienes tu parte responsable en esto, porque sumado a los comentarios y ánimos de Scar, si no me hubieses planteado sin querer el reto de asustarte de verdad, y no nos hubieras dicho que no te gustaban las historias de terror... bueno, el resto es historia.

Mariana: Gracias por preocuparte y por seguir formando parte de todo esto, aunque sea de forma indirecta. Perdón si estos capítulos no sirven de ansiolítico, pero espero que al menos sirvan para tener la mente ocupada.

#LutoLlantoYDestrucción, las amo! Gracias por el apoyo que me han brindado, el simple hecho de saber que están ahí hace mucho la diferencia, perdón por molestar.


Aquel bramido retumbó por toda la habitación, el nombre de su amiga sonó claro contra sus oídos, el muchacho no tuvo dudas, se trataba de la voz de Panthère, así que Aspix pasó saliva con dificultad, sabiendo que se acababa el tiempo para jugar. Pero el espectro contra el que luchaba era demasiado poderoso.

No, el espectro en sí carecía de fuerza, sus miedos eran los poderosos, rogar por un milagro parecía buena idea en esos momentos, así que Aspix desenfundó la lira para usarla de arma y escudo, y comenzó a pelear con todas sus fuerzas, determinado a acabar con la vida de aquel espectro que trataba de parecerse a su compañera, pero que carecía de fuerza, de gloria, de coherencia. Sabía que aquello no podía ser Lóng, no era su Marinette, no era su amiga.

Marinette había resuelto y perdonado el asunto de Chat Blanc, ella jamás haría aquellos reclamos. Así que Apix asió la lira con fuerza y se dispuso a atestar el siguiente golpe, preparado para clavarle el colmillo de su instrumento en la cabeza a su enemiga.

Pero ese golpe fatídico nunca llegó a su sitio.

(Come little children – The hound + the fox)

Las notas musicales llegaron a él como un eco distante, un sueño lejano, como el recuerdo de algo que escuchaste en la infancia pero que ahora no parece real.

Y la voz que le siguió lo sacó de dudas. Aquello era obra de un miraculous.

Conforme la canción tomaba forma, él pudo ver más claramente al espectro al que enfrentaba, como si pudiera leer sus movimientos antes de que los hiciera, de pronto el perímetro de su adversario se había visto reducido a menos de la mitad, así que Aspix sonrió de medio lado y llevó una mano a la altura de su rostro, jalando el codo hacia atrás para ganar impulso, uniendo los dedos para apuntarlos todos en una misma dirección.

—¡Venom! —Exclamó consiguiendo que sus uñas, metálicas, emitieran un destello verde antes de atestar aquel golpe final y conseguir que el espectro cayera al suelo convertido en una muñeca destrozada.

La habitación perdió gloria, las paredes se llenaron de moho, el techo se cubrió de telarañas y algunas tablas flojas se cayeron de su sitio, el héroe tomo aquellos cambios como señal de partida, abandonó la habitación sin mirar atrás, siguiendo la cuerda que había dejado para llegar a ese sitio y percatándose de que estaba escaleras arriba.

Dio con el barandal y echó un vistazo a la planta baja, encontrándose con Panthère y Shé de pie en el recibidor, espalda con espalda mientras ella tocaba la lira con maestría y ambos portadores entrelazaban sus voces en un canto hipnótico y seductor.

El portador de la serpiente comenzó a correr escaleras abajo cuando Panthère tomó la lira de manos de su compañera y siguió con los acordes, mientras ella movía los brazos y las manos como haciendo una invitación al viento. Aspix no pudo evitar evocar la imagen de Hocus Pocus, podía ver en los movimientos erráticos de aquella portadora un tributo perfecto a la bruja que había cantado originalmente aquella canción, y aunque ella inclinó su torso para darle más dramatismo a su histriónica actuación, y Panthère se dobló un poco sobre sí mismo, las caderas y piernas de ambos permanecieron juntas, como si estuviesen adheridas.

Aspix vio sorprendido cómo la casa parecía cambiar conforme la canción evolucionaba, así que se detuvo al llegar al lado de ambos portadores y aprestó la lira, siguiendo los movimientos de Panthère con parsimonia, enalteciendo aquella pieza, embelleciéndola cuando el portador de la mala suerte comenzó a silbar.

Aquella habitación se volvió aún más sombría, como si la casa envejeciera y se debilitara de pronto, sucumbiendo bajo el hechizo de aquellos portadores.

Panthère dejó de tocar, Aspix hizo los últimos acordes, acompañando la voz de Shé, y en cuanto la música frenó, toda la casa pareció dar un suspiro, un aullido, como si se rindiera ante ellos.

Instantes después, Carapace llegó corriendo a toda velocidad por el pasillo, mirando sobre su hombro cada varios pasos, temiendo que las crías de araña fueran a tomar represalias por haber quedado huérfanas a sus manos. Tentomushi saltó del segundo piso hasta ellos y Lóng emergió de debajo de las escaleras, dedicándole miradas de alivio a todos los portadores.

—Huài yīdiǎn, ¿dàjiā hái hǎo ma? (Menos mal, ¿todos están bien?)—Exclamó Long llevándose una mano al pecho, consiguiendo que She, Carapace y Tentomusi le dedicaran una mirada de confusión.

—Xiǎnrán dì (Aparentemente) —respondió Panthère escrutando confundido a la portadora, tratando de ver a través de su máscara y confirmar sus sospechas, y la forma en que pronunció aquella respuesta y sonrió aliviado, terminó ganándose una mirada de sorpresa por parte de Carapace.

—¿Hablas chino? —Inquirió el portador guardián, viéndose olímpicamente ignorado.

Aspix avanzó un par de pasos hasta Lóng y le tomó las manos, observándola incrédulo ante su apariencia —¿Nǐ hái hǎo ma, piáo chóng (estás bien, Ladybug)?

—¡Ah! —Exclamó Tentomushi dedicándole una mirada de reproche a Aspix antes de mirar a Carapace en busca de apoyo, alternó miradas y negó con la cabeza antes de espetar —Ahora resulta que todo el mundo habla chino...

—Perdón —murmuró Long entre risitas antes de dirigirse a su amiga y abrazarla —la costumbre.

Tentomushi suspiró aliviada, apresando con fuerzas a Lóng entre sus brazos y sonriendo ante el perfume inconfundible del shampú de Marinette.

—Todos estamos bien —afirmó Panthère mirando a su alrededor, observando a todos los portadores con una sonrisa tranquila. —Pero aún no terminamos con esto.

—Quiero un recuento de daños —soltó Tentomushi mientras todos los portadores se ponían en círculo para poder verse las caras entre ellos.

—La casa funciona como una especie de laberinto —murmuró Panthère llevándose una mano a la boca, paseando su mirada por la duela frente a sí —, pero una vez que derrotamos a los demonios de cada habitación, éstos parecen desvanecerse. El Hall no volvió a moverse de lugar luego que decapitara a la muñeca de ese sitio.

—¿Dijiste muñeca? —Inquirió Carapace, confundido.

—Sí —confirmó el felino con una mirada cargada de determinación. —Cuando derroté al espectro del gran salón, se convirtió en una muñeca de paja ¿por qué?

—La reina araña de la biblioteca se convirtió en una muñeca también, cuando la vencí.

—¿Arañas? —Cuestionó Aspix con sarcasmo e incredulidad. —¿Ese fue tu infierno personal?

—Es simbólico, ¿sí? —Respondió la tortuga a la defensiva, cruzándose de brazos. —Es una representación poética de mis temores, no me asustan las arañas.

—Peleamos luego, niños —canturreó Shé dando tres aplausos rápidos y parándose en jarras después. —No hay tiempo para los berrinches.

—¿A ella quién la invitó? —Inquirió Tentomushi mirando a Long, percatándose de que había dos serpientes esa noche.

—Parece que los reptiles se están llevando la noche —murmuró en respuesta la portadora del dragón, encogiéndose de hombros comunicando su ignorancia.

—Es una historia muy larga —se quejó la reina de las serpientes, alternando miradas con la dragona y la mariquita. —Tardaremos más en explicarla que en derrotar al akuma.

—Tiene razón —concedió Aspix mirando a sus amigos. —Como sea, yo también derroté a mi muñeca, pero algo me dice que tendremos que desbaratar todas las habitaciones antes de lograr llegar hasta el akuma. ¿Tenemos algo de utilidad?

—Nada —soltó Tentomushi sacando las tijeras de su cinturón y mostrándoselas a sus amigos. —No veo nada que sea de utilidad que pueda combinar con esto.

—Entonces está en mis manos —murmuró sombrío Panthère —, de momento.

—De momento —recalcó la catarina categórica, dedicándole una mirada tajante al felino para dejar claro que tenía que limitarse.

—Shé no tiene Seconde Chance —anunció Panthère cerrando los puños —, pero su música parece poner a la casa en un letargo sobrenatural.

—¿Necesitamos la segunda oportunidad? —Inquirió Aspix llevando la mano a la pulsera.

—Si confías en mí, no la necesitamos.

—Confío en ti —puntualizó la serpiente con determinación —, pero no sabemos qué ocurra a continuación.

—No es la única habilidad que tienes, y yo confío en ti.

—Muy bien —murmuró Aspix resignado —, un poder de prodigio a la vez.

El portador de la mala suerte asintió una vez antes de plantarse frente a las escaleras y mover la cabeza lentamente de un lado al otro, consiguiendo que sus huesos emitieran un chasquido sonoro. Tentomushi y Lóng apartaron a los demás portadores, obligándolos a retroceder y a observar.

Y por segunda vez, su voz se alzó por la casa como un bramido sobrenatural, extendiendo cada letra, como si quisiera poner esa palabra en cada habitación que contuviera un demonio.

—¡Juleka!

Ocurrió lentamente, pero el cambio se sintió súbito. La habitación de pronto estaba pesada, el aire denso, costaba trabajo respirar, como si cada portador en ese espacio estuviese presa del pánico, aunque la sensación pronto se convirtió en una emoción consistente.

(Scaretale – Nightwish)

El techo lentamente fue invadido por una sombra densa y oscura, como si tuviera vida propia y fuera capaz de consumir a los portadores, montones de muñecas salieron de los pasillos, bajando por las escaleras, asomándose entre los candelabros y las velas, sitiando a los muchachos que miraban horrorizados la variedad, cerámica, tela, fieltro, porcelana; el tapis de las paredes se consumió hasta las cenizas, revelando que, bajo su manto, ocultaba las súplicas escritas en los muros de la casa, sálvenme, sáquenme, no puedo salir. Los que la conocían, los que habían visto sus partituras mil veces, pronto reconocieron la apretada caligrafía de Juleka, era ella, la joven Couffaine quien pedía auxilio a través de las paredes.

La escena era surrealista, globos brotaron entre las duelas de la casa y la música de carrusel se hizo presente, las muñecas se sentaron acomodadas unas contra otras, como si fueran espectadoras a punto de presenciar un circo, pero al mismo tiempo desperdigadas unas sobre otras, como acomodadas por las manos de la niña que quiere jugar. A los portadores les pareció ver que sonreían más ampliamente una vez que se quedaban quietas, como si ensancharan aquel gesto antes de volver a convertirse en simples muñecas, adornos perfectos para la ocasión.

El candelabro de araña que colgaba en el techo se iluminó de golpe, y en el rellano de la escalera, como un trueno, como un rayo, apareció una figura alta y estilizada envuelta en un vestido gótico loli. Largo a las rodillas, falda ampona, escarolas y holanes por doquier, una sombrilla sobre el hombro, que giraba lentamente mientras ella observaba a los muchachos. Su piel estaba tan pálida y uniforme que ella misma parecía una muñeca de porcelana, arrancando un escalofrío a todos los presentes, salvo a Panthère, quien le dedicó una mirada de rabia a la muñeca.

—¿Sabes que tu hermano es el siguiente blanco de Lila? —Exclamó la pantera avanzando un paso, pero la muñeca subiendo las escaleras ni siquiera se inmutó.

—Lo sé —dijo fríamente mientras cambiaba la sombrilla hacia el frente, y ésta se transformaba lentamente en una muñeca parecida a Juleka, no a la villana akumatizada, sino a la verdadera Juleka.

—¡Entonces ¿por qué le facilitas esto?!

—No se lo estoy facilitando —murmuró ladeando el rostro lentamente, la cabeza dio un par de espasmos involuntarios, como si el cuello se trabara por la porcelana.

—¡Claro que sí! —Bramó encolerizado el portador. —Está afuera, vino por ti, renuente a dejarte sola, y Hawk Moth podría atraparlo por tu culpa.

La muñeca gritó. Sus ojos se convirtieron en dos perlas negras y profundas, llenas de desesperanza, las ojeras crecieron como el chapopote desbordándose sobre la blanca porcelana, su rostro se estiró más de la cuenta cuando ella gritó —¡Lo estoy haciendo por él!

La akumatizada lanzó su muñeca hacia el rellano y luego saltó sobre el portador de la mala suerte, mostrando las manos con la piel engarruñada sobre los huesos, con las uñas afiladas como agujas, goteando sangre... Su sangre.

Fue Juleka quien atestó el primer golpe, arañando la mejilla de Panthère en ese primer zarpazo y obligándolo a retroceder.

—¡Claws out! —Gritó el felino mientras sus manos se transformaban en garras y él se disponía a atacar con todo el filo de aquellas armas.

Carapace, Shé, incluso Aspix no pudo evitar gritar la palabra "No" y hacer por saltar a la acción, pero las muñecas que habían sido espectadoras despertaron a la vida y se movieron a una velocidad sobrenatural, rodeándolos y comenzando a atacar.

Muñecas poseídas en una casa de muñecas. El escenario perfecto para una pesadilla infernal. Todas ellas amontonadas unas a otras, saltando sobre los portadores hasta cubrirlos, hasta hacer insuficiente el hecho de que lanzaran golpes o patadas, incluso de que usaran su poder, porque cuando Carpace conjuró su escudo, se vio sepultado por un montón de muñecas de trapo muy apretadas unas contra otras.

Lóng y Tentomushi observaban la escena, impasibles mientras sus compañeros luchaban contra las muñecas endemoniadas, preguntándose si Luka debajo de la máscara habría perdido la razón o si seguía siendo dueño de su mente.

Juleka tiraba zarpazos certeros, todos dirigidos hacia la garganta o el pecho de aquel portador, las agujas en sus manos podrían haberle desgarrado la piel y la tela, la sangre que mancharía la duela sería la del felino y no la suya, pero Panthère era más rápido que su enemiga por segundos, porque, aunque ella era buena peleadora, ahora estaba cegada por la rabia, por el odio, por el temor. Y el reflejo de aquel hecho fue escuchar a las muñecas de porcelana, las únicas que se habían quedado sentadas al final, emitir gemidos guturales y llantos infernales, y sollozos, y súplicas silentes que se alzaban sobre todos los presentes. Porque aún sin emitir palabra alguna, a nadie le quedaba ninguna duda de que aquel horror era el reflejo del sentimiento de amargura y de temor, de la certeza de que el alma se ha perdido, de que nadie la escuchará a tiempo y no habrá alivio a su suplicio. Porque las muñecas cantaban a coro el lamento de Juleka, porque lograban expresar, aún sin decirlo, la ansiedad por añorar la libertad.

Juleka tiró una patada circular, dándole de lleno en el rostro a Panthère, y aunque ella celebró internamente una victoria, no se percató de la sonrisa arrogante que compuso el justiciero antes de aprovechar el vuelo que aquel golpe le había proporcionado para girar por completo y patearla también.

Algo dentro de Juleka se cimbró, conocía aquel truco, lo había visto mil veces cuando era una niña, cuando otros muchachos se metían con ella y la molestaban llamándola hija de un traidor, Juleka había visto cómo esa técnica se perfeccionaba día con día, puesto que Luka Couffaine no era alguien que peleara con la fuerza, sino con la estrategia.

O al menos así fue hasta que llegó la pubertad, y con ella, los músculos.

Golpeó el pecho de Panthère con ambas manos, y junto con ello vino una onda expansiva, el muchacho salió disparado varios metros en el aire, como en cámara lenta, mientras todas las muñecas perdían la vida y caían al suelo, al mismo tiempo que el justiciero rebotaba contra la duela.

Los globos que antes había revestido el salón se aglomeraron unos contra otros, formando arcos y cúmulos, y del candelabro bajó una tela roja y una tela blanca, que se enredaron entre ellas hasta dar la ilusión de que estaban en una carpa de circo.

Long corrió hasta Panthère para ayudarlo a levantarse, el portador compuso un gesto de dolor y ahogó un gemido gutural ante el dolor que el golpe de su enemiga, y asintió secamente para la portadora del dragón en señal de que estaba bien... o algo parecido.

—Chicos... —Musitó Carapace estirando la palabra, retrocediendo hacia sus amigos mientras uno de los cuadros de la pared parecía cobrar vida y un hombre comenzaba a salir de la pintura.

El cliché perfecto, sombrero de copa, saco rojo, pantalones negros y botines mientras él hacía una reverencia teatral y movía la mano en círculos, presentándose.

Pero toda la teatralidad se vino abajo y el hombre del sombrero se lanzó contra Lóng mientras Panthère era atrapado por una cuerda delgada y tirado lejos de sus compañeros. Tentomushi logró interceptar el ataque de su enemigo antes de que su compañera sufriera los estragos, y los portadores se centraron en derrotar aquel nuevo horror de la casa, enfocando sus poderes para darle espacio a Panthère de trabajar.

Carapace tragó saliva con dificultad al ver que algunas de las muñecas se habían convertido en payasos, y que crecían lentamente mientras sus bocas se deformaban hasta mostrar sonrisas grotescas y dientes afilados manchados por el sarro y la sangre, narices rojas, ojos saltones, cabellos de colores y artilugios varios. Globos con forma de animalitos, martillos de juguete, bates, púas, cadenas y otros, todos seguramente para causar dolor.

—Todo menos payasos... —Musitó el portador de la tortuga, sintiendo náuseas y retrocediendo.

Shé se adelantó a todos, se plantó frente a las muñecas con una sonrisa déspota y aprestó la lira con un gesto despectivo, mientras uno de los payasos levantaba una pistola hacia ella.

—No vas a disparar —afirmó la reina de las serpientes mientras se asía con fuerza a la lira y preparaba su primer acorde.

El enemigo apuntó con velocidad y tiró del gatillo, emitiendo un ruido sonoro que consiguió hacer gritar a los portadores. Shé por su parte, apretó el gesto al verse bañada en un líquido frío y ver la expresión de pasmo que compuso su enemigo antes de largar la carcajada.

—Agua —murmuró la chica limpiándose el rostro y encajando la lira en su sitio. —De verdad, ¿agua?

El payaso se encogió de hombros torciendo la sonrisa, justo antes de salir huyendo, perseguido por la portadora furiosa, que amenazaba con matarlo en ese instante.

A espaldas de ellos la historia era muy diferente, Panthère y Juleka se habían estado agrediendo el uno al otro, con velocidad y fiereza, pero sin llegar a hacerse daño realmente. El vestido de la chica tenía desgarros por toda la falda, nada significativo, y el felino respiraba con dificultad, cansado de aquel juego de "corre que te alcanzo", perdiendo la paciencia.

La música se alzó a espaldas de ellos. Shé Nüwáng había comenzado a tocar la lira, arrancando sonidos armónicos la instrumento y consiguiendo que todas las muñecas se quedaran en su sitio, congeladas por su hechizo, por su magia y su poder. Aquello les dio la oportunidad de presenciar el siguiente movimiento del justiciero de París.

Porque Panthère estaba harto, así que no reparó en velocidad al lanzar su mano hacia el frente y encajar sus garras en el vientre de Juleka, haciendo que la muñeca escupiera paja y sonriera de manera escalofriante.

Tentomushi lo vio entonces.

La muñeca tenía un cordón en la espalda, como si contuviera una caja de voz, pero aquel cordón había sido halado, en toda su longitud, y estaba atado a la muñeca de trapo que descansaba en el rellano de la escalera. Vio un hilo rojo con motas negras, luego vio la lira de Shé, luego vio a Panthère cubierto por aquel patrón y todo cobró sentido.

—¡Shé Nüwáng, sigue tocando —ordenó la mariquita retrocediendo y reteniendo a los demás portadores —, no te detengas por nada del mundo! ¡Panthère!

—¿Qué? —Espetó el felino retrocediendo de un salto mientras la muñeca imitaba aquel gesto, preparándose para la siguiente ronda de golpes.

—¡Destroza a esa bruja! Ella no es Juleka, ella es el artículo akumatizado, debo cortar la cuerda de la caja de voz.

—¡Será un placer! —Exclamó como un grito de guerra mientras atacaba a toda velocidad.

—¡Carapace, pon un escudo alrededor de Shé! Que nadie se acerque a ella, mientras tanto, Long y Aspix defenderán por fuera.

—Sí —gritaron los últimos dos al unísono, adoptando todos posiciones.

Podría haber ocurrido en un segundo, o podrían haber pasado horas desde que inició aquel plan de acción, no estuvo seguro de si lo vio en cámara lenta o si la adrenalina era demasiada y eso lo había vuelto veloz, pero Panthère arrancó de la muñeca de porcelana las extremidades, quebrando aquel material de alabastro que sucumbía ante la melodía de su compañera. Vio claramente como la porcelana se partía bajo sus golpes cuando él sostuvo las manos de la muñeca y atestó un codazo a los antebrazos, vio los pedacitos blancos saltando en todas direcciones cuando sus garras alcanzaron la cara de aquel akuma, y sintió el corazón encogido de horror ante las lágrimas que la falsa Juleka proporcionaba.

Aquel monstruo desmembrado hizo por saltar sobre Panthère, pero Aspix alzó ambos brazos en su dirección y la muñeca quedó suspendida en el aire, atrapada para siempre en el tiempo que la serpiente controlaba. El hilo quedó bien tenso, y Tentomushi pudo saltar para cortar la cuerda con sus tijeras moteadas.

La polilla demonizada emergió de los trozos de la cuerda y la catarina pudo lanzar el Yo-yo hacia el frente, capturando el akuma —¡Tu jornada del mal terminó! Ve y se libre, seishin...

Pero, por algún motivo, la casa no desapareció.

Juleka apareció en medio del rellano de la escalera, sentada sobre sus talones y llorando amargamente, todos estaban tan concentrados en Panthère subiendo lentamente escalón por escalón, que Lóng tuvo tiempo de acercarse a Carapace y murmurar: —Llama a Rena.

—No me escuchará, la casa...

—Llámala en voz baja, pero con todo tu corazón.

.

Fuera de la casa, Melek, Maunier y Rena observaban la puerta, la mansión había hecho ruidos extraños, había temblado, se había tambaleado varias veces, como si fuese un animal herido que sufriera por heridas graves, pero no pasó a mayores, no había forma de saber qué ocurría dentro, nada salvo la sensación de angustia que oprimía el pecho de la portadora del ilusionismo, como si supiera que su enamorado corría peligro.

El llamado se hizo más fuerte, casi le pareció escuchar su voz pronunciando su nombre, todo su cuerpo se inclinó hacia el frente y ella luchó para no acudir.

—Tienes que ir —murmuró Melek comprendiendo la situación, mirando a Rena con ojo crítico y asintiendo una vez —, hasta yo sentí eso.

La portadora del zorro asintió una vez, suspirando tranquila antes de enredar su brazo una vuelta en la cuerda, con fuerza para no soltarse, flojo para que se deslizara conforme ella fuese avanzando.

—En cuanto llegue allá, tiraré dos veces de la cuerda —informó ella con la mirada cargada de intensidad. —En cuanto sientas eso, deshaz el iman y desaparece.

—Mi hermana...

—Estás en todos los medios —interrumpió la chica, ofuscada. —Dios, ¡qué terco eres! Lila viene hacia acá, lo sabes ¿no? Mejor que encuentre la casa vacía y a Juleka purificada, su poder dura cinco minutos más, si logramos salvar a Jule, entonces Lila estará expuesta. Es una trampa.

—Muy bien, pero Jule...

—Tranquilo —espetó la chica plantándole cara y parándose en jarras. —O me vas a decir que no sabes cómo trabajamos los héroes.

Aquello era un mensaje de doble sentido, Oliver debajo de la máscara lo sabía, sabía que aquello era un mensaje para Luka Couffaine, pero por todos los cielos, él no era Luka, aunque todos creyeran que sí.

Suspiró imitando el gesto de su padre y asintió.

—Perdón, es mi hermana —dijo como si aquello fuera una respuesta universal para justificar todos sus errores esa noche.

—Lo sé, la traeremos a salvo —prometió Rena acariciando la mejilla de Melek antes de dar la vuelta y correr a toda velocidad.

La cuerda estaba enredada dentro de la casa, entraba y salía por todas las habitaciones, se cruzaba en algunos sitios, pero la portadora saltó y se deslizó para no perder el agarre sobre el iman y llegó hasta donde el resto de su equipo estaba.

Panthère no había llegado todavía al rellano y todos miraban impactados la escena, puesto que las garras del portador relucían como la plata expuesta al fuego.

Rena llegó al lado de Carapace y tiró de la cuerda dos veces, el iman se desvaneció en el aire sin que nadie más se diera cuenta, ni siquiera la tortuga podía alejar la vista de aquella escena tensa, así que Lóng se acercó a su amiga y musitó en voz baja.

—Alya, necesito que me hagas lucir como Ladybur.

La portadora del zorro abrió los ojos, barriendo de pies a cabeza a Lóng, pero luego relajó la expresión y asintió un par de veces como si acabase de descubrir lo obvio.

—¿Qué pasa, chica?

—Te explico luego, haz tu magia.

—Juleka Couffaine —dijo Panthère con voz trémula. Sus ojos dieron un destello azul hielo y la joven se encogió en su sitio. —Confiesa.

—No traicioné a mi hermano —aquellas fueron las primeras palabras que Juleka pronunció luego de un largo rato de mutismo y desconcierto, lo dijo entre dientes, con la mandíbula muy apretada, sabiendo que estaba muy mal parada en aquel momento y que no merecía el voto de confianza. —Lila me habló al oído, Hawk Moth me ofreció la polilla, pero yo ya había estado akumatizada antes, sabía cómo resistirme al demonio.

—¿Y entonces?

—Comenzó a hablar, dijo que iría a por Luka, dijo que iría por Mari, dijo que no pararía hasta tener los miraculous y a mi familia y... —apretó los puños sobre sus rodillas, bajó el rostro sintiendo que las lágrimas se deslizaban lentamente hasta manchar sus mejillas. —Y entonces dijo que podía darme el poder para protegerlos. Sabía que era mentira.

—¡Aun así aceptaste! —Gritó Panthère golpeando el barandal de la escalera con el puño, destrozando y astillando la caoba tallada, haciendo a todos brincar en sus sitios.

—No —musitó la chica a manera de súplica, llorando de nuevo —, yo no quería, me resistía al akuma, pero Lila hablaba del daño que les haría, de maneras y maneras de torturarlos, incluso dijo que sería peor que como fue con Jeany, me llené de miedo, no podía controlarme, mi cuerpo temblaba de pies a cabeza y yo... y yo...

Emitió un sollozo que llenó toda la habitación, todos los portadores se sintieron conmovidos, el dolor tocó a sus corazones, pero no al de Panthère, él levantó el rostro déspota y altanero, sonriendo de medio lado con asco, con desprecio.

—Caíste en su juego. Si no eres aliada, eres enemiga, da igual que te resistieras.

Panthère levantó una mano, haciendo ademán de golpear a Juleka, todos los portadores avanzaron medio paso, presas del pasmo de saber que Luka estaba a punto de golpear a su hermana, pero la voz de Ladybug se alzó sobre ellos, vieron en cámara lenta pasar el traje de motas negras y ella llegó a tiempo, abrazándose del torso del justiciero y haciéndolo dar un traspié hacia el frente.

—¡Miraculous Ladybug! —Gritó Tentomushi lanzando hacia el cielo su Yo-yo, desapareciendo la mansión y regresando todo a la normalidad.

Junto con la mansión, también desapareció Melek, y Shé, Rena y Carapace se alejaron tan rápido como pudieron de aquel sitio. La primera en busca de Oliver, los otros dos para esperar a sus amigos en el techo del Inframundo.

—¡Espera! —La mariquita se golpeó la frente y la nariz por la velocidad a la que corría, sus ojos se llenaron de lágrimas por el golpe y ella pegó la mejilla entre los omóplatos del antihéroe. —Espera —suplicó en voz baja mientras Panthère, pasmado, giraba el rostro.

—Ladybug... —musitó sin aliento. —¿Quieres que espere? —Repitió confundido por aquellas palabras, girando en su sitio y tomando a la mariquita por los brazos. —Noche a noche, día con día arriesgas tu vida —reprochó entre dientes, con el gesto descompuesto en una mueca de dolor — y la gente ni siquiera se toma el tiempo de pensar que están tratando de salvar la ciudad, a ellos no les importa, cuando pierden el akuma, pierden los recuerdos, se van muy quitados de la pena sin recordar todo el daño que te hicieron y tú vienes y ¿me pides que pare?

—Sí —musitó la chica levantando el rostro, agobiada.

—¿Por qué?

—Porque todos merecen redención.

—Redención —escupió aquella palabra jalando el rostro, como si fuese una atrocidad. —La única razón por la que no destrozo a esta traidora a su familia —escupió apuntando a Juleka con el dedo —, es porque me lo pides tú.

—Lo sé —musitó ella retrocediendo un paso antes de salir corriendo también.

Panthère le dedicó una mirada a Tentomushi, quien se encogió de hombros antes de acercarse a Juleka, agachándose a su lado para preguntarle si se encontraba bien.

La gente alrededor de la escena del crimen, Maunier, todos estaban pasmados por aquella interacción, todavía les costaba creer que aquel justiciero de verdad fuese así de implacable, de rencoroso.

—¡Se acabó el espectáculo! —Exclamó con fiereza, consiguiendo que la gente se alejara pasmada, o al menos la mayoría, porque la niña que había prestado su soga para el iman se soltó de la mano de su madre y corrió hacia los portadores, hasta frenar frente a Panthère y mirarle con los ojos bien abiertos, ofreciendo una paleta.

—¿Y esto? —Espetó el justiciero aceptando el dulce.

—Tú nos salvaste también —informó la niña antes de correr a los brazos de su madre y alejarse del lugar, dejando a Panthère con expresión de pasmo en el rostro, confundido por la gratitud de la niña, considerando que ella no comprendiera lo que acababa de hacer.

—¿Está bien? —Espetó el justiciero fríamente, sin mirar a su compañera ni a Juleka.

—Lo estará pronto —prometió la catarina.

—Entonces me voy, ya no me necesitas.

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Tentomushi llevó a Juleka hasta su departamento, donde Rose la recibió con los brazos abiertos y ambas rompieron en llanto. No dejaban que nadie se acercara a la zona, pero Luka llamó inmediatamente después de que la chica cerrara con llave, y prometió verla en la mañana. En la azotea del Inframundo, Rena, Carapace, Lóng y Tentomushi ya esperaban a Panthère, que en cuanto aterrizó en aquel espacio, cayó de rodillas y se soltó llorando.

Longg y Plagg soltaron las transformaciones y se dejaron caer, agotados por aquella noche de locos, mientras Luka lloraba amargamente en los brazos de su esposa.

—¿Qué fue todo esto? —Murmuró Nino liberando a Wayzz, lo mismo que el resto de los portadores.

—No lo entiendo —admitió Alya mirando a Kagami y Adrien alternadamente —, si Luka estaba dentro de la casa ¿quién era Melek afuera?

—Mari le pidió apoyo al primo de Luka —confesó Adrien, igual de confundido que sus compañeros, viendo en los noticieros que, en efecto, Melek Taus estaba fuera de la casa encantada, creando aquel iman al mismo tiempo que Panthère peleaba por dentro. —Dijo que Oliver sabe un poco más de los kwamis de lo que creemos. Y por lo visto, tiene aliados poderosos, yo llevaba a Sass y de todos modos hubo otra serpiente esta noche.

—Panthère estuvo a punto de golpear a Jule —espetó Alya avanzando hasta Luka, con reproche y rabia mal disimulados.

—¡Lo sé! —Gimió Luka en respuesta, cada vez un poco más tranquilo.

—Desde el principio de la noche lo planeamos así —murmuró Marinette tomando el rostro de Luka entre sus manos y sonriéndole con las mejillas llenas de lágrimas también. —Dusuu cree que Lila podría tratar de averiguar si Luka es un portador de tiempo completo.

—¿No crees que fuiste muy duro? —Murmuró Nino, inseguro de sus palabras mientras se agachaba al lado de sus amigos y le daba algunas palmadas a Luka en la espalda.

El guitarrista levantó la mirada hacia su amigo, arrancándole el aliento al ver la desolación de sus facciones. —La mirada que me dio Juleka esta noche, de miedo, de rabia, de culpa, esa mirada me va a acompañar el resto de mi vida. Será el recordatorio de que estuve dispuesto a hacerle daño a ese grado, con tal de tenerla a salvo.

Marinette abrazó a Luka con fuerza, apresando el torso de su esposo y hundiendo el rostro en su hombro, suspirando para suprimir las ganas de llorar, de desmoronarse ahí mismo junto a él, lo que la tomó por sorpresa fue darse cuenta de que el resto de sus amigos se unieron a ese abrazo esperanzador, consiguiendo que ambos portadores rompieran en llanto.

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Desde el edificio del frente, oculto entre las sombras gracias a su transformación por Plagg, Oliver observaba con curiosidad la escena de todos en el techo, dándose apoyo unos a otros, sabiendo todo lo que se estaba sacrificando esa noche para protegerse. Profirió un suspiro largo y profundo preguntándose si sus padres, si sus amigos soportarían lo que vendría a continuación, pero sacudió la cabeza y corrió ágilmente entre las sombras hacia el encuentro con Shé Nüwáng, que le miraba con curiosidad oculta en el callejón.

—¿Tú conoces la identidad de los portadores de nuestra época?

—No sabía la de todos —mintió en medio de un suspiro, sonriéndole a su compañera mientras Plagg abandonaba la transformación. —Sólo la de los kwamis que me entregaron para venir aquí.

—¿Cómo me deshago de las escamas?

—Igual a como las adquiriste.

—¡Sass, scales slithers!

Lentamente, las escamas que lamían su figura, se fueron convirtiendo en una lluvia de diamantina verde, dejando al descubierto la mezclilla, las botas, la camiseta a cuadros y el cabello negro con las puntas teñidas de rosa, Sass liberó a su portadora y Colette tomó una respiración profunda, sintiendo que, de pronto, el cansancio la golpeaba de lleno, tan fuerte, que tuvo que doblarse sobre sus rodillas y recargar las manos para sostenerse.

—¡Dios! —Murmuró la chica en un jadeo, apretando el gesto antes de mirar a Oliver con reproche —Tú te ves muy bien.

—Gracias —exclamó divertido el portador, ofreciendo alimento a Plagg y Sass para que recuperasen fuerzas. —Me alimento balanceado, duermo mis horas y hago mucho cardio.

Colette le dedicó una mirada cargada de sarcasmo antes de respirar y enderezarse, ahogando un gemido de dolor y propinándole un puñetazo a Oliver en el brazo.

—Eres insufrible.

—Mei me lo dice seguido —exclamó el muchacho en medio de risas.

—¿Mei? —Musitó Colette con el entrecejo fruncido y expresión de confusión.

—Sí —comentó Oliver sacudiéndose las morusas de queso del abrigo con aires distraídos, antes de dedicarle una mirada a Colette —, ella es mi... —pero una sonrisa torcida se extendió sobre su rostro cuando el muchacho vio el puchero que su amiga componía. —Acaso estoy viendo... ¿celos?

—Oliver —espetó Colette poniendo su mano abierta sobre el rostro del muchacho y empujándolo antes de caminar lejos de él, en dirección a las escaleras de emergencia —, en tus sueños.

—Sí —murmuró el muchacho entre risitas nerviosas. —Mi hermana suele tener ese efecto en la gente que no la conoce.

Colette carraspeó rodando los ojos y comenzando a bajar, pero sonriendo de medio lado al considerar la posibilidad de que tuviera razón, ¿estaba sintiendo celos de Oliver? Apartó esa idea de inmediato y se saltó los últimos tres escalones, aterrizando en el piso con gracia y elegancia, esperando a Oliver.

—¿Cuál es el plan? —Inquirió la chica al ver a Oliver acomodándose las solapas y sonreírle.

El muchacho le ofreció el brazo y sonrió haciendo un movimiento con la cabeza, invitándola a acompañarlo, y ganándose una mirada de incredulidad por parte de Colette, una ceja alzada y la boca torcida en una mueca.

—Comienza a hacer frío —dijo Oliver sonriendo de medio lado. —Nevará —enfatizó el muchacho con apremio, dedicándole una mirada intensa a su amiga, consiguiendo que ella suspirara y asintiera una vez.

Colette hizo por poner la mano sobre el antebrazo del muchacho, pero le tomó por sorpresa que Oliver entrelazara sus dedos con los de ella y la jalara para tenerla más cerca.

—Esto es invasivo —acotó la chica subiéndose, con la mano libre, el cuello de tortuga sobre la boca, tratando de ocultar su sonrojo aprovechando la excusa de evitar las nubes de vaho.

—Si te molesta, te soltaré sin pensarlo.

Colette sonrió y recargó su sien contra el brazo de Oliver, apretando más el agarre sobre su brazo y caminando al mismo tiempo que él.

.

Juleka tomó la video llamada de su hermano, saliendo de la habitación para no despertar a Rose.

—Me da gusto saber que estás bien, me dijeron que estuviste ahí esta noche —murmuró apenada la joven, suspirando profundo.

—Jule —llamó Luka alzando una ceja, con una expresión inescrutable que su hermana conocía a la perfección, no necesitaba decir más para dejar en claro que estaba esperando algo más que un saludo escueto y hacer como que no lo había notado.

—Fue muy confuso estar akumatizada —murmuró bajando el rostro, sentándose a la mesa de la cocina y dejando el teléfono recargado sobre el azucarero para poder mirar a su hermano. —Pero no es la primera vez que someten mi voluntad —continuó ladeando el rostro y componiendo una mirada profunda, entrecerrando los ojos —, es como si cada vez tuviera más claridad de lo que ocurre a mi alrededor, como si pudiera recordar más cosas.

La pausa se alzó sobre ambos. Luka se sentó al piano y recargó el teléfono en el atril, mirando a su hermana mientras suavizaba su mirada, esperando a que continuara con su discurso, pero los ojos de Juleka viajaban de sus manos a la pantalla del teléfono y de regreso, como si no quisiera pronunciar aquello en voz alta.

—Jule... —Llamó Luka, compasivo, sonriendo de medio lado antes de soltar un suspiro que se prolongó hasta que él sintió la calma. —Está bien. Dilo.

La joven esperó un par de segundos más, tiempo que el muchacho respetó, conociendo perfectamente el funcionamiento de la mente de su hermana. En ese momento sus ideas debían estar yendo y viniendo a toda velocidad, así que esperó callado, respirando profundo.

Y la joven bajista soltó aquella frase al mismo tiempo que un trueno retumbaba por las calles de París, mientras el rayo iluminaba cada rincón de la ciudad, dejando cada secreto al descubierto por un instante efímero.

—Sé que eres la pantera de París.