(Horizon variations – Max Richter)

—Sé que eres la pantera de parís.

El rayo iluminó los tejados, los rincones, los callejones, iluminó a cada ser vivo que paseara sobre las calles de París, en la lejanía consiguió que Oliver y Colette se encogieran en su sitio y dedicaran una mirada de reojo al firmamento, apretando el paso para llegar al departamento.

El trueno que siguió al rayo fue una descarga de adrenalina para el guitarrista de Kitty Section, que por primera vez en mucho tiempo pensó en sí mismo de aquella manera, parte de la banda que lo había visto y hecho crecer como músico.

Luka suspiró corto, conciso, asintió para sí mismo y miró a su hermana con media sonrisa de orgullo. —¿Cómo lo descubriste?

—Por tu estilo de pelea, no recuerdo muchas cosas de cuando estaba akumatizada, pero sí recuerdo el hecho de que sentía que estaba peleando contigo, del kickboxing.

Luka recordaba aquello, recordaba cuando entrenaban, Juleka acababa de salir de la preparatoria y la gente comenzaba a acosarla por su creciente fama, la molestaban en la calle exigiendo respuestas, haciéndole fotos, y hasta cierto punto sentía que podía defenderse, pero no estaba exenta de una agresión física; debía aprender a defenderse y su hermano le había prometido enseñarla a pelear, pero necesitaba entender cómo funcionaba una contienda real.

—Juleka, lo que te dije esta noche... —musitó apretando los puños, tensando la mandíbula, su expresión se tornó de rabia, estaba furioso consigo mismo, así que le tomó por sorpresa las palabras dulces que su hermana le dedicó.

—Sé que lo hiciste para proteger tu identidad —prometió ella entrecerrando los ojos y ladeando el rostro, con una sonrisa de medio lado, apenada por su confesión —, sé que no hablabas en serio, sé cuánto te dolió.

—Jule, ¿cómo podrías? —Murmuró furioso el muchacho, dedicándole una mirada de reclamo a su hermana, despectiva, desdeñosa.

—Porque conozco tus ojos, sé cómo eres cuando estás arrepentido, y sé cómo eres cuando hieres a otros para ponerlos a salvo... En eso eres... —lo pensó mucho, dejó correr algunos segundos mordiéndose el labio, cuestionándose si aquellas palabras caerían en el lugar correcto o si desatarían la tormenta que el muchacho podía ser —, eres igual a papá.

Otro trueno surcó el cielo y ambos muchachos se quedaron observándose en silencio el uno al otro, Luka sintiendo algo tibio aglomerarse en su pecho.

—Jule...

—Esta es una conversación que deberíamos tener mañana, estamos cansados.

—Iré a buscarte al barco —prometió el muchacho sonriendo.

—Trae a Mari, vendrá todo Kitty Section, no me digas que lo olvidaste.

Por primera vez desde que inició el ataque del akuma, Luka pudo sonreír de medio lado, tranquilo, sintiendo que volvía a convertirse en dueño de sus propias emociones. Negó con la cabeza, y bajó la mirada en un gesto de vergüenza, consiguiendo que Juleka soltara una risita por lo bajo y negara con la cabeza.

—Perdón, yo...

—Descuida —murmuró Juleka pasando el cabello tras su oreja y sonriéndole a su hermano con confianza —, debe ser agotador. El final del disco, los conciertos, salvar París, no sé. Nunca creí que tus motivos para llegar tarde a los ensayos fuera por... ya sabes.

—Jule —murmuró a manera de advertencia, estirando aquella palabra, pero la chica levantó las manos en señal de rendición y sonrió asintiendo.

—Lo sé, tu secreto está a salvo conmigo, hermano —pero su gesto se tornó sombrío al terminar de decir aquella oración y la chica entrelazó sus dedos, un gesto que Luka conocía bastante bien. —No quiero convertirme de verdad en un motivo para que Lila te atrape... ¿Te puedo pedir un favor? —Murmuró con gesto compungido, apretando el rostro en una mueca, sintiéndose indigna de pedir aquello. —Regresa el miraculous del pavorreal. Ya es suficientemente malo que seas un portador recurrente.

—Descuida, ya lo entregaron a Ladybug...

El gesto de Juleka pasó de ser una sonrisa de disculpa a una mueca de rabia, su gesto se transformó lentamente hasta que la chica sólo pudo mirar a su hermano con reproche. —Ladybug...

—¿Qué pasa? —Inquirió confundido el guitarrista, retrocediendo sin darse cuenta.

—¿Le estás siendo infiel a Marinette?

Luka soltó una carcajada ante aquella afirmación, relajando su expresión y soltando los hombros. Pasaron largos segundos antes de que el muchacho pudiera dejar de reírse y mirar el puchero que le componía su hermana, harta de los secretos.

—No, no.

—No me mientas, Luka. He visto cómo Panthère mira a Ladybug, su romance es muy... tórrido.

—Tranquila, no es lo que parece.

—¿Marinette lo sabe?

Luka suspiró, de esa respuesta dependía todo, sabía que Juleka no tenía motivos para creer que su esposa fuera la portadora más poderosa de París, así que suspiró negando con la cabeza.

—Marinette lo sabe —dijo tranquilamente, cruzando los brazos y frunciendo el entrecejo, haciendo su mayor esfuerzo para no reírse de la expresión de desaprobación que su hermana le compuso. —Ella está de acuerdo en mantener la farsa, aprobó mi idea cuando se lo propuse a ella y a Ladybug.

—¿Por qué harían algo así?

—No lo sé, Jule —exclamó Luka fingiendo sarcasmo, fingiendo estar cansado, molesto por verse acorralado —, ¿por qué te llamaría traidora a los gritos frente a todo París?

El silencio se apoderó de ambos hermanos, quienes se evadieron las miradas luego de aquella afirmación. Juleka suspiró profundo negando con la cabeza, no sabiendo qué pensar al respecto, pero tomando la decisión de preguntarle a Marinette cuando la viera.

—Estamos cansados —sentenció Juleka encogiéndose de hombros y tomando una respiración profunda.

—Deberíamos hablar mañana.

Luka cortó la llamada y suspiró dejando el teléfono en el atril antes de llevarse una mano a los ojos y carraspear para tratar de calmarse. Las risas de Marinette lo sacaron de su ensimismamiento, el guitarrista levantó la mirada y descubrió a Marinette acercarse a pasos calmados con una sonrisa radiante en su rostro.

—Así que, me engañas con Ladybug —canturreó divertida, sentándose a su lado en el banquito del piano y enterrando sus dedos en el cabello del muchacho, sonriéndole dulcemente para tratar de infundirle calma.

El muchacho sonrió de regreso, apresando la cintura de su esposa antes de hundir el rostro entre su cuello y su hombro, aspirando profundo el perfume de su champú.

—Tal vez...

—Entonces —murmuró Marinette deslizando su mano por la espalda desnuda del muchacho, sonriendo con picardía al escucharle suspirar —, tal vez debería buscar un amorío con Viperion, ese portador está...

Las manos de Luka fueron más rápidas, en un movimiento ya había conseguido tomar a Marinette por las rodillas y sentarla a horcajadas sobre su regazo, y aunque la diseñadora contenía la risa, la mirada seria de Luka la hizo apretar el gesto y considerar que, de verdad, no debía reírse o le iba el matrimonio en ello.

—Ni aunque Lakshmi en persona se manifestara ante mí, podría considerar la idea de engañarte.

Y Luka pronunció aquellas palabras con tal intensidad, que Marinette suspiró con los ojos comenzando a llenarse de agua, sonriendo ampliamente y asintiendo para su esposo.

—Ahora convénceme de quedarme —murmuró ella divertida, consiguiendo que Luka compusiera una expresión de sorpresa antes de arremeter contra su cuello a lamidas y chupetones, levantándose en un movimiento rápido antes de dirigirse a su habitación.


TheBlacKat: Gracias por el apoyo, verás que sí. He tenido problemas de salud en estos días, pero espero poder actualizar de nuevo. Estamos trabajando en una historia de Bleach con OC publicado en el perfil de KamiInuzuka120, pero estoy segura de que la inspiración para confesiones volvió.

Sonrais777: es que, es que, es que ay... -rueda por el piso- Son hermanos, y son tan unidos que no podía menos que hacérselo saber, me gustó el resultado al final. Lamento la demora y gracias por comentar

Manu: No sé cuánto me tome terminar esta historia y menos porque estoy escribiendo en conjunto algo de Bleach, así que no prometo nada, actualizar esto me costó muchísimo, ando corta de inspiración y no me gustó sentirme presionada por el contenido que debería manejar, creo que seguiré llevando Confesiones conforme vayan pasando las cosas.

IzzyEverdeen: Aunque ya te respondí el mensaje aparte, quiero reiterar que sí, verás el primer beso de Luka y Marinette en esta historia, un poco más adelante, espero volver a agarrar ritmo para actualizar pronto.

Asami, Saya: Contra todo pronóstico, hubo actualización. Tal vez lo que hacía falta era una falsa alarma de COVID y un cuadro de Tifoidea para que las ideas fluyeran. Les entrego este fragmento con todo cariño. Y se viene la bodaaaa, cada vez le queda menos al torneo y nos vamos al templo, pronto espero. A menos que Bleach se apodere de nuevo de mí. ¡Las amo!


Oliver se sentó en el suelo, con la guitarra de Colette en el regazo, la luz de la luna entraba a raudales ahora que las nubes se habían evaporado en el firmamento, así que el muchacho prefirió no encender la luz, se quedó en silencio sosteniendo la guitarra acústica mientras pensaba en lo que estaba por venir, mientras se preguntaba cómo sería capaz de resistir a caer rendido ante los pies de la mujer que había sido su amor platónico durante tantos años.

Suspiró de nuevo y trenzó el primer acorde, levantó la mirada hacia la puerta del estudio, se había asegurado de cerrar bien, pero nunca estaba de más asegurarse.

Sabía que la idea de tener un estudio con el sonido aislado había venido de uno de los dos, pero no sabía si había sido su padre o Colette el que había insonorizado una habitación primero, pero ahora agradecía contar con aquella ventaja para poder arrancar a la guitarra sonidos lastimeros que se comparasen con lo que sentía en ese momento.

Era irremediable.

Una cosa había sido enamorarse de las historias de Colette, de la mujer rebelde y rezongona que había desaparecido de los medios luego de la muerte de Jeanette, una cosa era escuchar a sus padres hablar de la que había sido su mejor amiga durante tanto tiempo antes de mudarse de ciudad y otra muy distinta era convivir con ella día y noche. Porque había conocido a la chica de cabellos teñidos que miraba con cara hosca a todo el mundo, pero también había descubierto a la chica risueña y divertida, sarcástica, frágil. A la que lloraba aferrada a las almohadas a las tres de la mañana, a la que dejaba croquetas a escondidas para los perros de las calles, a la que donaba una parte de cada concierto a las causas nobles, pero lo hacía en secreto para poder mantener su imagen de punk resentida.

Quédate un momento así
No mires hacia mí
Que no podré aguantar
Si clavas tu mirada
Que me hiela el cuerpo
Me ha pasado antes
Que no puedo hablar

¿Cómo demonios se habían metido en esa situación?

Colette había sido clara, y él también, no podían estar juntos por muchos motivos, iniciando por la muerte de Jeany y terminando con su próxima partida de vuelta a su tiempo, pero había sido inevitable enamorarse.

Tal vez pienses que estoy loco
Y es verdad un poco
Tengo que aceptar
Pero si no te explico
Lo que siento dentro
No vas a entender
Cuando me veas llorar

Sonrió ante aquella idea. Podía robarle un beso antes de irse para siempre. Los besos como el agua ¿verdad? A nadie se le niegan. Y por estar soñando despierto, sus dedos se atoraron en las cuerdas un segundo, haciéndole reír antes de recuperar la concentración.

Nunca me sentí tan solo
Como cuando ayer
De pronto lo entendí
Mientras callaba

Levantó la mirada en dirección a la puerta del estudio y sonrió al percatarse de que Colette le dedicaba una mirada cargada de curiosidad, no dudó un segundo antes de levantarse en una rodilla y sostener la mirada de la guitarrista, cantando con mayor apremio.

La vida me dijo a gritos
Que nunca te tuve y nunca te perdí
Y me explicaba que
El amor es una cosa
Que se da de pronto
En forma natural
Lleno de fuego
Si lo fuerzas se marchita
Sin tener principio
Llega a su final

Colette suspiró cansada, buscando una explicación en la mirada de aquel muchacho que le sonreía detrás de su guitarra, mirándole con los ojos entrecerrados y una sonrisa radiante. No era difícil entender el mensaje: Lo sé, no voy a intentar nada, pero seguiré confesándome contigo.

Colette sonrió negando con la cabeza, rodando los ojos mientras se dirigía a sentarse al lado del muchacho, escuchando la música mientras recargaba la cabeza sobre el hombro de Oliver.

Ahora tal vez lo puedas entender
Que si me tocas se quema mi piel
Ahora tal vez lo puedas entender
Y no te vuelvas si no quieres ver

Suspiraron al unísono, Colette no pudo evitarlo, el suspiro se escapó de su boca al mismo tiempo que se formaba un pensamiento doloroso: Cuando él se vaya...

Ciertamente no quería encariñarse demasiado con Oliver, no quería enamorarse, no quería considerarlo más que sólo un amigo, pero simple hecho de perder a un amigo luego de que todo aquello terminara parecía una idea dolorosa. Oliver había pasado de ser una maceta a una mascota, algún gato paseando libremente por los rincones de su casa, y luego se había convertido en un inquilino al que das asilo para que pase la noche porque afuera llueve muy fuerte. Pero cuando ella comenzó a necesitarlo, cuando ella lo invitó a pasar aquella primera noche en su casa, ahí fue que supo que todo se había ido al carajo, ya no había marcha atrás.

Que lloro por ti
Que lloro sin ti
Que ya lo entendí
Que no eres para mí
Y lloro

Así que Colette se recargó en el hombro de Oliver y suspiró de nuevo mientras él terminaba de cantar esa canción, que iba dedicada a ella y, al mismo tiempo, no le pertenecía a nadie, permaneció quieta todo el tiempo que Oliver pasó cantando y tocando, tratando de hacerse invisible a los ojos de su amigo, sabiendo que, en cuanto todo terminara, ella tomaría los pedacitos de su corazón y se largaría a otra ciudad, empezaría de cero con sus ahorros, abriría una tienda de instrumentos o lo que fuera, cualquier cosa con tal de alejarse de la capital, del lugar en el que había tenido tantos sueños, planes, e ilusiones con la primera persona que logró hacerla sonreír.

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Luka caminaba distraídamente hacia el conservatorio de regreso, había salido a comprar algo de comer y ahora se movía metido en sus pensamientos. Chocó de lleno contra una persona y se disculpó al menos tres veces por andar metido en sus pensamientos, pero luego sonrió ampliamente al reconocer el rostro de Dean, que parecía tan sorprendido como él.

—¿Qué haces por estos lados del mundo, Couffaine?

—Vuelvo a clases, salí a comer. ¿Tú qué haces de este lado del mundo?

—Fui con Gustav para pedirle un par de cuerdas para mi guitarra.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a Gustav —admitió Luka llevándose las manos a los bolsillos, bajando la mirada con una sonrisa de medio lado.

—Sí, preguntó por los amigos del conservatorio. Si lo veo pronto le diré que te volviste parte del edificio —añadió al final soltando algunas carcajadas al ver la mirada de sarcasmo que Luka le dedicó. —No te quito tiempo, sé que odias llegar tarde.

—Me da gusto verte —admitió Luka aceptando el abrazo antes de caminar hacia la entrada del edificio, sin embargo, se detuvo en la escalera y sonrió girando el cuerpo —¡Oye, Dean!

El moreno se dio la vuelta y sonrió para su amigo, tenso en su sitio.

—¡Suerte en la contienda! —Exclamó Luka al final levantando la insignia que acababa de sacar de su bolsillo, consiguiendo que Dean se pusiera pálido de golpe y le dedicara una mirada de incredulidad —Pero la próxima, sé menos obvio, Gustav está en Los Ángeles como productor esta semana.

Y sin añadir más, entró al conservatorio sonriendo ampliamente, pensando en que sólo faltaba conseguir tres insignias más.

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(Viernes, último día de la contienda. 7:45 p. m.)

(Baby did a bad, bad thing – Amy Lee)

Luka y Erik miraban a Colette con el entrecejo fruncido, la chica les sonreía ampliamente, con sus dos coletas altas bailando con los movimientos de sus hombros. Sí, la chica se estaba encogiendo de hombros como si de verdad pretendiese quitarle importancia al hecho de que había llegado al lugar con cuatro insignias en lugar de cinco.

Aquel día se inauguraba el inframundo, un café en el segundo piso del edificio de Fu. Marinette y Kagami habían trabajado mucho en el concepto de aquel café temático, puesto que querían hacerle justicia al mito griego, incluso las bebidas tenían nombres extraños, y algunas de ellas parecían brebajes en ebullición esperando por su siguiente víctima. Aquella cafetería, con los pilares decorados mezclando en el equilibrio justo al estilo gótico y la gloria de la antigua Grecia, con ventanales altos, con las paredes adornadas como muros de ladrillo o roca labrada, de verdad parecía una cueva de inframundo, y la cafetería compartía nombre con el primer piso de aquel edificio, la diferencia radicaba en el hecho de que el lugar de abajo era una tienda de ropa, la marca independiente de Marinette diseñada especialmente para los reptiles, pero abierta a todo público. Había sólo un apartado de la tienda que no estaba abierto para el público en general.

Las chaquetas.

—No puedo creer que te presentes aquí incompleta —espetó Erik encarando a Colette con el rostro comenzando a colorearse en un tono rojizo por la rabia.

—Falta media hora —exclamó arrastrando las palabras, rodando los ojos y empujando a Erik lejos de ella. —Andree dijo que teníamos hasta esta noche para poder presentar nuestras cinco insignias.

—Sí —espetó Erik parándose en jarras frente a su amiga y acusándola con la mirada. —¿Qué piensas hacer al respecto?

—Conseguir otra. Me pareció aburrido buscar por una insignia en la ciudad, y esta noche el lugar está lleno de ellas.

—Niña lista... —murmuró Luka ofuscado, negando con la cabeza.

Colette sonrió y paseó su mirada por todo el lugar. Al fondo había una barra donde despachaban las bebidas, Oliver había ido con ella, pero se habían separado al entrar al lugar, así que no lo había vuelto a ver hasta ese momento, en el que se reía coquetamente con una de las reptiles de la competencia.

Podía tolerar que el muchacho estuviera coqueteándole a alguien que no fuera ella, pese a sus negativas, no había podido evitar irse enamorando de la personalidad del viajero, pero verlo con una de sus contrincantes mientras estaban a punto de revelar la siguiente contienda, con eso sí que no pudo.

Se movió como una flecha a toda velocidad, sigilosa y certera entre la gente, agudizando el oído sobre las charlas para entender qué era lo que aquella víbora rastrera se traía con su compañero.

—Tentador, lindura —murmuró Oliver recargando una mano en la barra y ladeando el rostro con una sonrisa ladina y socarrona, seductor como solo Luka Couffaine podría ser con una reptil. —Pero he venido acompañado esta noche, y no me gusta quedar mal.

—Oh vamos —murmuró ella sonriendo de medio lado. —Cualquier persona puede entender que un amigo se escape por una buena oportunidad.

—¿No lo escuchaste, Celine? Oli viene acompañado.

—¿Por ti? —Exclamó despectiva la aludida cuando Colette se metió entre ellos. —¿Tan rápido se te pasó la muerte de Jeany y ya tienes postre nuevo?

—Repite eso —desafió la reptil con voz gutural, amenazando a Celine con la mirada.

Sin embargo, Oliver se metió entre ellos y empujó a Colette por los hombros, mirándola a los ojos.

—Linda, no caigamos en provocaciones —pidió con voz cadenciosa y sonrisa ladina, consiguiendo que Colette relajara la guardia.

Oliver retrocedió un poco en su sitio, pasmado ante la reacción de su amiga. Sí, había visto alguna vez el efecto calmante que podía tener la gente, Marinette solía conseguir las mismas reacciones cuando Luka estaba furioso, así que para él fue muy extraño ver a Colette relajando los hombros ante su petición.

—Es una perra brava —espetó Colette, ligeramente más tranquila.

—Pero al menos no soy una zorra fácil —inquirió Celine con altanería, consiguiendo que Colette tratara de rebasar a Oliver para atacarla. —Qué fácil te sacaste el recuerdo de Jeanette, no puedo creerlo de ti —espetó la chica al darse cuenta de que estaba relativamente a salvo de su contrincante gracias al cuerpo del muchacho.

Las manos del modelo se cerraron en torno a la cintura de Colette con fiereza, el muchacho metió una rodilla entre las piernas de la chica para obligarla a retroceder y le habló al oído.

—No es necesario pelear esta noche.

—No voy a dejar que nadie hable del recuerdo de Jeanette —espetó la chica aferrándose a las muñecas de Oliver y forcejeando, pero la sonrisa tranquila de su amigo la hizo frenar de nuevo.

Oliver aprovechó ese momento de calma para soltar a su amiga y mostrar que tenía una insignia en la mano, dejando a Colette con los ojos abiertos como platos.

—De verdad, cielo, hoy no —remató poniendo la insignia en las manos de Colette con discreción para no ser descubierto, antes de encarar a Celine. —Perdona linda, no me gustan las chicas.

—¿Qué? —Espetó la aludida, ofendida por aquello mientras Oliver le tendía el brazo a Colette y comenzaban a alejarse de ellas, contoneando las caderas y riendo divertidos.

—¿De dónde salió eso? —Exclamó la guitarrista cuando llegaron hasta Luka y Erik.

—Así he sacado a mi hermana de algunos apuros cuando salimos todos juntos —confesó el muchacho con una sonrisa ladina. —Además, así no sospecharán de ti hasta que anuncien a los ganadores.

—Niño listo... —aduló la chica, sorprendida de la estrategia de Oliver.

—No vine hasta acá desde Liverpool por mi linda carita, dulzura —añadió tomando el rostro de Colette con una mano y ganándose que Luka le pusiera una mano en el hombro a manera de amenaza.

—Sigue siendo mi protegida —apuntó, consiguiendo que Oliver retrocediera divertido, y que Colette barriera a Luka con la mirada.

—¡Hey! Mi roomie nos salvó la contienda.

—¿Roomie? —Musitó Erik sorprendido por aquella afirmación.

—Por eso dejo pasar la situación —afirmó Luka mientras Andree se dirigía al micrófono a llamar la atención de los presentes.

—¡Buenas noches, gente bonita!

—¡Hipócrita! —Le gritó Luka divertido al verlo de buen humor.

Andree le mostró el dedo medio antes de pasear la mirada por los presentes.

—Se terminó el tiempo, reptiles. Primero lo primero. ¡Gracias Marinette Dupain-Cheng!

—De Couffaine —soltó la aludida levantando su vaso en un brindis con el rey caimán, procurando no interrumpirlo.

—Por prestarnos tu café para hacer esto, y el día de la inauguración, además. Reptiles, en unos minutos más, las dueñas del Inframundo y un servidor estaremos pasando a sus mesas para contar insignias, así que pongan todo junto y levanten las manos hasta que lleguemos. Estoy hablando en serio —amenazó apuntando a toda la audiencia. —Reptil que baje las manos, reptil que está fuera de la contienda.

—¡Mierda! —Gritó Celine desde su lugar. —¿Quién fue el infeliz?

—Oh-oh... —Canturreó Colette divertida, levantando las manos y sonriéndole a Luka con orgullo, consiguiendo que sus compañeros de equipo sonrieran también, burlescos y divertidos. —Justo como en los viejos tiempos —terminó encogiendo un hombro.