El bullicio habitual llenaba el aula, los estudiantes charlaban entre ellos animadamente, comentando las tareas extra que les habían puesto en la semana de música internacional. No era la primera vez que tomaban meses patrios de otros países para celebrar la diversidad musical alrededor del mundo, así que conmemorar la música mexicana en pleno mes de septiembre se convirtió en toda una fiesta; lo que nadie se imaginó fue que los profesores se tomarían aquella semana tan en serio.

Originalmente no iba a ser así, cada uno de los profesores del conservatorio llevaría aquella semana cultural a su manera, con evaluaciones discretas y tareas sencillas, pero Luka los convenció a todos de llevar las cosas a otro nivel, así que los estudiantes mostraban cierto aire de recelo y entusiasmo en espera de la siguiente sorpresa.

La razón de Luka para querer hacer una fiesta grande tenía todo que ver con su musa, con Marinette y su necesidad apremiante de querer honrar la vida de la Mariquita. Aunque sus memorias estaban ahora relativamente en paz, Marinette había hablado con Luka para organizar una Noche Mexicana en el Chat Lunatique, la idea le había gustado tanto a los meseros que habían terminado organizándose para comprar ropa típica y decorar el bar con los colores verde, blanco y rojo por todos lados, y extender las fiestas a toda la semana y no sólo a la noche del quince. Por supuesto, Marinette se ofreció a confeccionar los trajes ella misma, combinando un poco las memorias de su antecesora y lo que había estudiado en la carrera, además de personalizar cada uno de los atuendos acorde a cada uno de los meseros.

Marinette sabía que La Mariquita era una mestiza que había vivido en la época de la colonia, siglos antes de la Independencia de México, pero el simple hecho de que María fuese mexicana era más que suficiente para que la joven Franco-china quisiera celebra aquella fiesta, segura de que María querría haber visto a su gente libre otra vez.

Y luego, Luka había hablado con los profesores del conservatorio para hacerles saber que esa semana, coincidiendo con las actividades de su escuela, el Chat se vestiría de fiesta.

Claro, al final todos le siguieron la corriente, ya no era ningún secreto que los estudiantes de Luka participaban en actividades extracurriculares en aquel bar, presentando exámenes, haciendo puntos extra o trabajos especiales a la par que ambientaban el lugar del que él y su esposa eran socios, así que la semana completa habría música en vivo de diferentes índoles en el Chat.


77.-Noche Mexicana

Hace mucho no interrumpía un arco justo a la mitad jajaja no me odien por eso, pero antes que ser escritora, soy Mexicana, y con todo y todo ¡Viva México!

Lamento de verdad la demora, pero actualizar se volvió una tarea imposible con la vuelta a la nueva normalidad y algunos otros proyectos personales que tengo entre manos, espero pronto poder traer la continuación de la historia.

Sonrais777: Pronto sabrás más de esta nueva reina abeja, ya se está gestando la continuación y te va a encantar.

TheBlacKat: Colette siempre ha sido un tema de conversación, y merece la mejor de las suertes luego de todo lo que ha pasado jajaja pronto más, y más. Gracias por el comentario, pronto más de esta Colette, pero antes, México lindo y querido jajaja

Guest: Respecto a la relación de Colette y Oliver, la verdad es que yo también estaba bastante en conflicto por todo el desastre natural que estaba por causar, pero creo que más o menos lo tengo manejado. Al contrario, me encanta saber esa parte, honestamente agradezco que hayas hecho ese comentario, porque precisamente esas son las cosas que hacen que estas historias crezcan con ganas. Gracias por leerme!

Manu: Creo que una de las ventajas del fanfiction es que nos permite hacer lo que queramos con los personajes, así que agradezco muchísimo poder hacer estas historias jajajaja ya veremos con qué nos sorprenden en la T4 de Miraculous, sé que nos van a tener al borde del asiento de nuevo.

Scar, Faty: Gracias por acompañarme en momentos complicados y por apoyar hasta estas pequeñas locuras. Pronto me pondré al corriente con ambas, lo prometo, pero primero lo primero, poner en orden este pedacito de vida que se llama felicidad jajajjaja pronto les entrego los fragmentos del back.

Marianne E: De una u otra forma, esto sigue conteniendo guiños hacia La vie en rose, espero que encuentres el de esta ocasión, creo que es el más difuso que he escrito. No puedo creer que pasara ya un año desde Serenata con Mariachi, y aquí traigo otro pedacito de México hasta Miraculous. Disfrútalo mucho, te extraño!


Esa mañana era quince de septiembre, el conservatorio estaba lleno de charlas, de bullicio, de risas, de nervios. Los estudiantes de Luka habían estado hablando animadamente sobre lo que harían esa noche. Marinette les había reservado el Chat a los consentidos de Luka, quería que el día en que se celebraba la independencia para el pueblo de la Mariquita fuese para su gente. Incluso Adrien y Kagami habían prometido ir y participar de alguna forma en las actividades, así que todo el mundo estaba nervioso.

Los pasos de Luka resonaron por el pasillo y en la entrada del aula, los murmullos, las risas, las conversaciones se fueron apagando conforme él se movía en dirección al escritorio, ganándose miradas de sorpresa y de pasmo por parte de sus estudiantes, y las últimas conversaciones de aquellos que le daban la espalda al frente, murieron con el sonido de un sombrero charro aterrizando en el escritorio.

—Mariachi —soltó Luka sonriendo ampliamente, encajando los pulgares en el cinturón con un gesto arrogante, divertido ante las expresiones de sus estudiantes.

—¿De qué está vestido? —Soltó una chica al fondo, entre asombrada y petulante.

—¿No me oyeron? —Inquirió divertido —Si lo acabo de decir. De Mariachi. Y esa es la temática para esta noche. Se evaluará música y, además originalidad, mi esposa estará apoyando con las calificaciones, y no será precisamente en lo musical, después de todo, ella es una diseñadora de modas. Lo visual es la mitad en la música mexicana.

—Se había tardado —soltó Ana divertida.

—Una repentina —murmuró alguien rodando los ojos, divertido.

—Ya nos va a poner a improvisar —se quejó un muchacho al fondo, consiguiendo arrancarle a Luka una carcajada.

—Les dije desde hace una semana que sería sobre música regional mexicana.

—Nunca dijo que región —exclamaron varios al unísono, haciendo que Luka riera con más ganas mientras otras quejas se sumaban.

—Son muchas regiones.

—México no es sólo una región.

—Además, nadie es así de versátil —dijo al final una chica al fondo.

El silencio se extendió por toda el aula como un manto pesado cargado con muerte y desolación, consiguiendo que la chica mirase a sus compañeros como preguntándose que había hecho mal.

—No esperaba menos de usted, Sophie —admitió Luka con cierto aire resignado, negando con la cabeza, pensando en lo mucho que esa chica le recordaba a Chloe cuando eran niños.

—Y justamente le dice eso al único profesor del conservatorio que tiene una banda de rock —se quejó Anna mirando a sus compañeros con aires resignados. —Nos acaban de poner sentencia.

—¿Qué? —Espetó Sophie mirando a sus compañeros. —Sólo porque le gusta Morat no quiere decir que sea realmente así de versátil.

—A mí no me gusta Morat —defendió Luka ofuscado —, a Mari le gusta Morat, yo me sé las canciones por su culpa. Pero si quieren ponerme a prueba, los espero en el Chat esta noche.

—Seguro preparará algo —espetó Sophie molesta —, si de verdad es así de bueno ¿por qué no lo prueba ahora?

Luka suspiró negando con la cabeza, recordándose a sí mismo que debía mantener la calma en todas esas situaciones.

Una sonrisa se extendió por todo su rostro y luego él asintió una vez, como concediendo aquello.

—Muy bien —murmuró antes de mirar al jefe de grupo. —Enciendan la pantalla y abran YouTUBE.

Aquel muchacho obedeció antes de salir corriendo hacia Luka y ofrecerle el control, pero el profesor ya llevaba en la mano el teléfono y había buscado una versión en karaoke de alguna canción de Luis Miguel.

Las letras doradas llenaron la pantalla sobre el fondo negro: Deja que salga la luna.

—La música tiene su propio lenguaje —exclamó Luka alzando su voz por encima de las trompetas que resonaban en armonía con los violines, en contraste a las guitarras —, pero la música del mariachi es tan parecida entre sí que no sólo debes prestar atención a la composición, sino a la intensión y a la emoción que el mariachi pone al momento de cantar e interpretar lo que está diciendo. Y la belleza de este género radica en el hecho de que las diferencias sutiles hacen que la música, no importa qué canción sea, te transporte hasta la tierra en que nació.

Algunos de ellos habían tomado nota a toda velocidad buscando no perder un solo detalle de aquella mini cátedra. Otros habían estado tan embelesados con el discurso que no tuvieron oportunidad de reaccionar, pero los ojos de Luka se posaron sobre los de Sophie, mirándole con reproche antes de recuperar el sombrero y levantarlo en dirección a ella.

La boca de Luka se abrió y su voz sonó tan potente que llenó toda el aula, apagando el sonido de la música a pesar de que estaba tan fuerte en la pantalla.

Deja que salga la luna
Deja que se meta el sol
Deja que caiga la noche
Pa' que empiece nuestro amor

Luka paseó la mirada por todos sus estudiantes, moviendo también el sombrero como si les estuviese dedicando la pieza a todos ellos, como si estuviese orgulloso de compartir aquel pedacito de su acervo cultural con ellos.

Deja que las estrellitas
Me llenen de inspiración
Para decirte cositas
Muy bonitas, corazón

Sin embargo, cerró los ojos pensando en Marinette, en la noche anterior, en la última prueba de vestuario y en la canción en sí misma, porque se la había aprendido para cantársela a su musa como una sorpresa en el Chat.

Yo sé que no hay en el mundo
Amor como el que me das

Originalmente, Luka habría querido cantársela a su musa el quince, en el Chat, frente a todo el mundo, pero cuando vio los ojos de Marinette llenarse de lágrimas cuando él se miró de costado en el espejo, poniéndose el sombrero charro, no pudo evitar encender las bocinas y cantarle en ese mismo instante, bañados por la luz de la luna.

Y sé que noche con noche
Va creciendo más y más
Y sé que noche con noche
Va creciendo más y más

El falsete dejó a todos con la garganta cerrada, dos personas incluso sintieron los ojos anegados ante la potencia de la voz de aquel muchacho. Aquel grupo de estudiantes habían conocido muchas facetas musicales de su profesor favorito, pero verlo ahí, vestido de charro, un traje negro de botones dorados, con bordados color cían y azul eléctrico como flores, como hojas, como rizos, verlo ahí destilando emociones mientras cantaba, aquello fue un shock para todos en el aula.

Cuando estoy entre tus brazos
Siempre me pregunto yo
¿Cuánto me debía el destino?
Que contigo me pagó

Haber elegido esa canción para dedicársela a su musa no había sido algo al azar, sentía que cada palabra de la letra describía perfectamente su relación, el cómo había ido creciendo el amor que se tenían el uno al otro con el paso del tiempo, de todas las pruebas que habían superado.

No, cuando se trataba de Luka y de música, las cosas nunca eran al azar.

Por eso es que ya mi vida
Toda te la entrego a ti
Tú que me diste en un beso
Lo que nunca te pedí

.

Luka estacionó fuera del Chat y sonrió divertido al ver al valet vestido con el traje típico de chiapas, la ropa de manta, el sombrero de ala corta, el rebozo rojo atado a la cintura, los huaraches de cuero.

—¿También tú? —Dijo el guitarrista bajando el sombrero y entregando sus llaves antes de mirar al muchacho de pies a cabeza.

—El entusiasmo de Marinette es contagioso —admitió divertido antes de subir al auto y dirigirlo al estacionamiento.

La noche había caído a toda velocidad, Luka llegó al Chat sonriendo ampliamente al percatarse de que los balcones estaban adornados con banderines de colores, papel picado en verde blanco y rojo, y sonrió aún más al entrar y percatarse de que dentro del lugar todo el personal estaba vestido con los trajes típicos de diversas regiones de México, mientras que la música resonaba en las bocinas haciendo de aquel evento una auténtica noche mexicana.

Holanes, listones, manta, colores, las faldas estaban diseñadas con menos tela de la que deberían llevar, así que las chicas que trabajaban ahí podían moverse cómodamente entre las mesas, los sombreros de los muchachos estaban prendidos de sus espaldas además del cordón con el que se colgaban de sus cuellos para evitar accidentes, pero haciendo a un lado la practicidad del asunto, Luka se sintió transportado a la tierra de la mariquita, a los trenes robados, a las adelitas, a las balas de incógnito y la gala de una guerra que se gestaba.

Marinette estaba de pie en medio del Chat, de espaldas a la entrada, mirando a su alrededor con una sonrisa mientras el vestido típico de popelina la envolvía con gallardía y belleza. La falda verde bandera se arremolinaba en torno a ella y caía pesada hasta sus pies, ocultando los botines blancos, la blusa blanca de cuello ojal que adornaba sus hombros discretamente, las mangas que caían por encima de los codos, y los listones rojos bordados por todos lados.

Ella era la única que usaba el vestido como debía ser, con los metros y metros de tela que se arremolinaban en torno a su cuerpo y giraban cada vez que ella daba un paso, como si la falda ansiara ser levantada y girar con vehemencia en el aire.

Luka abrazó a Marinette por la espalda y plantó un beso en su mejilla, percatándose de que su cabello iba trenzado sobre su cabeza con listones de colores adornándole.

—¡Hola! —Exclamó la chica divertida y volviendo el rostro antes de plantar un beso tímido en los labios de su enamorado. —Te lo acabas de perder, dos de tus estudiantes cantaron La llorona.

—Apuesto a que no cantaron ni la mitad de hermoso que como tú lo haces, ma muse...

Marinette rio nerviosamente antes de dar la vuelta y pasar sus brazos sobre los hombros de Luka, percatándose de que el guitarrista también llevaba el sombrero colgado a la espalda.

Y aquella escena a los ojos del mundo fue como una fotografía antigua, o una pintura, o el recuerdo vivo de la época de antaño.

Un charro y su escaramuza, mirándose a los ojos con infinita devoción mientras esperaban que el destino los encontrara en ese sitio, como si estuviesen hechos a prueba de balas, como si fueran más grandes que cualquier suerte que les deparara el futuro.

Marinette con labios rojos (y agradeciendo internamente el labial indeleble), con ojos delineados en negro profundo, con sombras de colores enmarcando sus párpados, eternamente enamorada, plantó un beso en la boca de su charro, un beso lento, rítmico, profundo, dulce, apasionado al mismo tiempo, sintiéndose eternamente agradecida con él por hacer posible aquello.

Al separarse, Luka a preso la cintura de su esposa con ambas manos mientras que Marinette tomó un momento para acomodar el moño sobre el cuello de Luka, aquel listón de color azul que parecía brillar a las luces tenues.

Te ves muy guapo —murmuró en español la diseñadora, sin percatarse de aquello, así que Luka sonrió enternecido antes de responder.

Mutchas-racias, señiorita.

Marinette soltó una risita de nervios, bajando la mirada antes de volver los ojos al escenario y señalarlo.

—La clientela te aclama, han preguntado por ti —confesó la chica apenada. —Y ya es hora de llamarle a Colette, salió de trabajar hace un rato. ¿Tienes algo para ella?

—Tengo algo perfecto para la ocasión —admitió el guitarrista sacando su teléfono y encaminándose hacia el escenario.

Marinette sonrió buscando el contacto de Colette para hacer la video llamada mientras Luka subía al escenario y miraba a sus estudiantes, saludando, presentándose, ambientando un poco el lugar mientras alguien bajaba el volumen de la música.

—¡Mierda, Marinette! —Exclamó Colette al ver a su amiga adornada por el traje típico de Jalisco —De verdad pareces Mexicana esta noche.

—Gracias —murmuró la aludida bajando la mirada con las mejillas sonrosadas. —¿Qué tal todo por... España?

Colette paseó la mirada a su alrededor y sonrió ladeando la cabeza de un lado al otro. —Todo cool pero extraño mucho mi hogar.

—Aquí también te extrañamos mucho —murmuró Marinette sonriendo de medio lado.

—¡Colette Faure! —Exclamó Luka levantando el sombrero en dirección a su musa, consiguiendo que Marinette se encogiera de hombros y sonriera.

Volteó la cámara para poder seguir viendo la expresión de Colette y que su amiga pudiera ver a Luka mientras presentaba su número.

—Donde quiera que estés en este momento, encontré una canción que te describe a la perfección. No te enojes —dijo al final entre risas antes de buscar a sus estudiantes con la mirada. —Y ustedes tomen nota, al que vuelva a decir que no soy así de versátil, lo voy a reprobar.

De nuevo, la música inundó las bocinas, y Luka sonrió guiñando para su musa antes de comenzar con su pantomima.

(La bikina – Luis Miguel)

Luka paseó la mirada por todos los presentes, divertido ante los gestos de incredulidad que la gente había compuesto al verlo subir al escenario vestido así.

Sus amigos del instituto estaban ahí, los de Marinette también. Gustav sonrió mirando a Luka con cierto aire de escepticismo, levantando un shot de tequila en su dirección mientras se reía burlesco.

Luka levantó el sombrero en dirección a Marinette, en realidad con la intensión de dedicarle a Colette aquellos versos, y sonrió tomando aire con un gesto histriónico, y durante toda la canción, acompañó con gestos y pantomimas, con movimientos exagerados cada uno de los versos, no sólo estaba cantando, era como si de verdad estuviese contando la historia de aquella desdichada mujer a todos los presentes, como si quisiera que todos y cada uno de ellos supieran lo que ocurría.

Solitaria camina la bikina

La boca de Gustav se abrió sólo con ese primer gesto, su caballito resbaló hasta el suelo cuando la voz de Luka salió proyectada con potencia y con poder.

La gente se pone a murmurar
Dicen que tiene una pena

La mano libre de Luka paseó por todo el lugar, presentando a la dama de la canción antes de ponerse el sombrero y acomodárselo con gesto galante.

Dicen que tiene una pena que la hace llorar

Altanera, preciosa, y orgullosa
No permite la quieran consolar
Pasa luciendo su real majestad
Pasa, camina, los mira sin verlos jamás

Lo que sorprendió a todos fue el hecho de escuchar a los meseros, a la gente de la barra, a los hostes, a Marinette cantar los versos a la par de Luka, haciendo segundas voces y presentaciones desde sus sitios, alzando las manos y moviéndose en perfecta sincronía.

(La bikina) Tiene pena y dolor
(La bikina) No conoce el amor

No pudo evitarlo, en el puente musical fue como si el cuerpo de Luka actuara por voluntad propia, sus manos fueron a dar a la espalda y el muchacho dio un zapateado al ritmo de la música, girando en torno al micrófono de pedestal antes de quitarse el sombrero y mirar a sus amigos, divertido ante sus expresiones de pasmo y ante el hecho de que todo el lugar estaba enardecido.

Sí, podía convocar a la locura y al frenesí con el rock, y ahora también podía hacerlo al ritmo y al son del mariachi.

Altanera, preciosa y orgullosa
No permite la quieran consolar
Dicen que alguien ya vino y se fue
Dicen que pasa las noches llorando por él

.

—Una vez leí que los mexicanos nacen donde les da la gana —dijo Colette divertida viendo a Luka y a Marinette lado a lado, observando lo bien que hacían juego entre ellos, vestidos con aquellos trajes tan vistosos. —Y con ustedes lo compruebo.

—Me da gusto verte —admitió Luka divertido. —¿Te gustó la canción?

—¿Qué es eso de que no conozco el amor? —Reclamó ofuscada, Luka casi pudo sentir el golpe que Colette le habría dado en la nuca de estar en la misma habitación.

—¿Significa que conociste a alguien en España? —Murmuró el guitarrista esperanzado, encogiéndose en su sitio como si de verdad le fuese a llegar el golpe de su amiga.

—Se puede decir que sí, pero no hay nada serio —murmuró la chica desviando la mirada.

—No puede ser —espetó Luka ofuscado, acercándose a la pantalla —, por favor no me digas que vas a volver a los romances cortos de una noche.

—No es eso, Luka —soltó la chica mirando a su amigo con intensidad. —Es sólo que no quiero ir tan rápido esta vez, quiero que sea algo real, como lo que tuve con Jeanny... o como lo que tuve contigo.

Ambos suspiraron al unísono y bajaron los hombros, resignados ante la profundidad de aquel comentario. Luka asintió relajando los hombros antes de sonreír y mirar a Colette con cierto aire de disculpa.

—No es culpa de nadie —murmuró la chica leyendo aquella expresión y consiguiendo que Marinette soltara una risita por lo bajo ante la expresión de pasmo de su esposo. Después de todo, ella sabía toda la historia de amor que Colette traía entre manos en ese momento.

—Luka —llamó Adrien acercándose a ellos, también vestido de charro blanco, sin el sombrero —, te buscan afuera.

—Ya vuelvo, cielo —murmuró el guitarrista antes de besar la sien de Marinette y levantarse, pero antes de retirarse, le dedicó una última mirada a Colette —, no te vayas sin despedirte.

—Sí, sí.

—No vayas a colgar.

—¡Sí, sí!

Marinette se aseguró de que Luka estuviese lo suficientemente lejos antes de mirar de nuevo a Colette.

—¿Entonces?

—Me mudé con él —soltó divertida antes de pasear la cámara por toda la habitación y mostrarle el lugar antes de volver a enfocar a su amiga. —Pero la vista no te la muestro hoy, demasiada gente y no quiero que lo arruinen, es hermoso. Y el tipo es un caballero.

—Tenía que ser —murmuró Marinette divertida antes de mirar a su amiga —, me da tanto gusto verte feliz de nuevo... —admitió con los ojos anegados y parpadeando a toda velocidad tratando de evitar arruinar su maquillaje.

—¡Ah, no, tricky mouse! Si lloras voy a colgar y tú tendrás que lidiar con la molestia de Luka.

—Lo sé, perdón, es que te extraño. Es que, eventualmente las llamadas se irán haciendo cada vez más pocas.

—Bueno —Exclamó Colette sintiendo ahora ella las ganas de llorar —, pero pronto nos veremos y nos pondremos al corriente, aunque te conviertas en una perdona aburrida.

—Ay vamos, Colette, yo seré igual de divertida a los cincuenta y a los cien. No seas ridícula.

Ambas chicas soltaron una carcajada ante aquel intercambio y luego soltaron un suspiro.

—Extraño París más de lo que creí que haría —admitió al final Colette sonriendo con melancolía. —Quiero decir, extraño a los reptiles, el desorden, Panic and Chaos. No sé, todo.

—¿Cómo te va adaptándote a tu nueva vida?

—Es genial, lo admito, volver al modelaje, ser solista, dar clases y esas cosas. ¡Mira —Exclamó cuál niña pequeña, alejando el teléfono y tirando de un mechón de cabello que caía ondulado en torno a su rostro —, me pinté todo el cabello de naranja¡

—Qué horror darle mantenimiento —soltó Marinette entre risas.

—¿Nunca te lo dije? Soy rubia oscura, pero siempre me teñía el cabello de negro, por la imagen de Panic.

—¡Nunca supe eso! —Exclamó Pasmada la diseñadora.

—Recuérdame llevarte a tomar un café ponto —soltó Colette cambiando de tema —, encontré un gran lugar que sé que te va a encantar.

—En cuanto te vea te lo recordaré —prometió Marinette sonriendo ampliamente.

Y luego ambas miraron hacia el costado, la inercia de Colette fue más fuerte, sabía perfectamente donde estaban las bocinas del Chat así que volvió el rostro y luego se palmeó la frente como un reproché silente; la música había frenado, así que Marinette se levantó en dirección a la barra para investigar al respecto, y la sonrisa cómplice de Sonya le hizo saber que había caído en alguna trampa.

La música inundó el lugar, poderosa y altanera, pero no venía de las bocinas, así que Marinette se dirigió a toda velocidad hacia el balcón y sonrió ampliamente al ver al mariachi dispuesto en semicírculo a sus pies, con Luka al centro, con las manos metidas en los bolsillos, con la sonrisa tímida y el sombrero echado hacia atrás para que su esposa pudiera verle el rostro.

La música no tardó en llamar la atención la gente que paseaba por las callecitas, pronto estuvieron rodeados por montones y montones de pares de ojos que les miraban con curiosidad, pero para Marinette y Luka no existía nada más en ese momento salvo ellos mismos y la música como un e te vivo.

Luka giro un poco el rostro, en busca del guía del Mariachi mientras sacaba una mano del bolsillo.

—Motivos —murmuró como una petición —, en Do.

La música se suavizó lentamente, los acordes se volvieron cadenciosos y Luka se quitó el sombrero levantándolo en dirección a su musa con una sonrisa radiante.

Una rosa pintada de azul
Es un motivo
Una simple estrellita de mar
Es un motivo

Marinette sintió el nudo en la garganta y los ojos anegados, Kagami le había quitado el teléfono para que ella pudiera enfocarse en la serenata, ahora estaba recargada en el balcón con un rebozo de seda envolviendo sus brazos para cubrirla del frío de la noche, disfrutando de la mirada que Luka le dedicaba, como un simple mortal contemplando a su propio ángel de la música.

Escribir un poema es fácil
Si existe un motivo
hasta puedo crear mundos nuevos
en la fantasía

Las manos de Luka se movían acorde a la música, levantándose hacia Marinette, enmarcando la noche, señalando a los alrededores, y la diseñadora podría haber muerto de amor en ese instante, sintiendo tanta dicha en su pecho que casi era doloroso.

Unos ojos bañados de luz
Son un motivo
Unos labios queriendo besar
Son un motivo

Soltó una risa débil al ver a Luka ponerse de nuevo el sombrero y agacharse en una rodilla para seguir cantando.

Y me quedo mirándote aquí
Y encontrándote tantos motivos
Yo concluyo
Que mi motivo mejor eres tú

Es un motivo, son un motivo

Escribir un poema es fácil
Si existe un motivo
hasta puedo crear mundos nuevos
en la fantasía

Esta vez no pudo evitarlo, la voz de Marinette se entrelazó dulcemente con la de Luka, trenzando melódica los acordes en segunda voz, consiguiendo que la sonrisa de su serpiente se ensanchar a con ganas, y podría haberles ganado la risa, pero también tenían tantas ganas de prometerse el mundo esa noche…

Unos ojos bañados de luz
Son un motivo
Unos labios queriendo besar
Son un motivo

Y jamás se darían cuenta de un dato curioso. Desde el techo del frente, como dos sombras en la noche, dos figuras espectrales que les miraban con curiosidad. Envuelta en su vestido negro flamenco de lunares rojos, con el cabello corto, con las rosas adornando su cabello, con el yoyo enredado en su cintura, La Mariquita, la María, mirando a la chica que se había convertido en sucesora de su línea, eternamente enamorada.

A su lado, Fernando, el Gato Negro, con su traje de charro bordado en verde brillante, miraba la escena con el entrecejo fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho.

Y me quedo mirándote a ti
Y encontrándote tantos motivos
Yo concluyo
Que mi motivo mejor eres tú (eres tú)

La gente aplaudió con ganas al concluir la canción, regresando a los enamorados de golpe a la realidad.

Luka volvió a guardar las manos en los bolsillos y bajó la mirada, sonriendo ampliamente, pero abochornado. Se sentía como un adolescente llevando serenata por primera vez en la vida, así que le sorprendió mucho cuando Marinette exclamó desde el balcón: —¡El son de la negra!

Algunos de los Mariachis se miraron entre ellos con un gesto confundido, pero cuando Luka se encogió de hombros y asintió, como concediendo un permiso, las guitarras, trompetas y violines resonaron con armónica estridencia, haciendo que Marinette sonriera con ganas unos segundos apreciando la música, disfrutando también las miradas que Luka dedicaba a los músicos a su alrededor, sorprendido por lo apasionada que la pieza parecía en ese momento.

—¡No me la sé! —Exclamó Luka al ver a Marinette perderse en el balcón.

Luka se ajustó el sombrero y sonrió divertido, abriendo los brazos al ver a Marinette salir corriendo en su dirección, la escaramuza saltó a los brazos de su charro y él de verdad necesitó dar un giro para no caer por el impulso, puesto que el vestido de popelina pesaba bastante más de lo que él habría creído. Sonrieron ambos, y luego Luka besó la boca de su enamorada conteniendo una sonrisa radiante.

Negrita de mis pesares
Ojos de papel volando
Negrita de mis pesares
Ojos de papel volando

—Jamás había escuchado esa canción —admitió Luka divertido cuando Marinette rompió el contacto. —No esperes que te la cante.

—No te preocupes, esta vez es al revés.

A todos diles que sí
Pero no les digas cuando
Así me dijiste a mi
Por eso vivo penando

Y aunque a Luka le confundió en un principio esa frase, sonrió fascinado cuando Marinette retrocedió un par de pasos, tomando los bordes de su falda y comenzando a moverla al ritmo de la música. Los holanes se arremolinaban en el aire formando círculos que parecían infinitos, la sonrisa radiante de aquella mujer sólo podía compararse con la intensidad de la música, sus pies marcaban el ritmo, moviéndose ida y vuelta haciendo el zapateado perfecto.

Y por un momento, Luka consideró seriamente que aquello fuese obra de la Mariquita, pero rápidamente descartó esa idea, puesto que aquella mestiza había vivido mucho antes de que aquellos bailables pudieran haberse instaurado.

No, dejó de pensar y se dejó envolver por la magia del momento, viendo a su musa retroceder y girar sobre sí misma, mientras la falda formaba un círculo alrededor de ella antes de volver a girar los holanes y los bordes.

Y el cuerpo de Luka reaccionó también. De pronto estaban frente a frente, Marinette con las manos en las caderas, Luka con las manos en la espalda, zapateando frente a frente, mirándose mientras giraban lentamente en su lugar.

Luka sonrió divertido, mirando a los ojos de su esposa. Alguna vez habían improvisado en la pista de hielo, habían bailado algún vals en la calle, habían bailado tango y bachata, pero un baile folclórico, aquello no se lo habría esperado jamás, pero tampoco pensó en eso, se limitó a bailar al lado de su musa mientras la gente se agrupaba en torno a ellos, grabando al mariachi, grabando el baile, disfrutando de aquel pedacito de México que se manifestaba en el centro de París.

Y desde los tejados, La Mariquita y el Gato Negro disfrutaron de aquel desplante de histrionismo y patriotismo.

—Es extraño, ¿sabes? —soltó el Gato mirando a su María de reojo. —Ver a tu sucesora bailando con la música de nuestra tierra, verla tan feliz con otro.

—¿Acaso estás sintiendo celos?

—Sí, la verdad sí.

—¡Ay, Fernando! —Exclamó la heroína divertida, encarando al rubio y pasando los brazos alrededor de su cuello, sonriéndole con dulzura. —No soy yo la que baila con aquel indigno, yo estoy aquí entre tus brazos.

—Justo a donde perteneces —admitió el muchacho al final, apresando la cintura de su mexicana, deleitándose en el contraste de su piel morena de mestiza contra la suya de español, sonriendo ampliamente al darse cuenta de que tenía toda la libertad de robarle cuantos besos quisiera.

El bailable terminaba, los últimos acordes de la canción arrancaron casi tantos aplausos como el hecho de que Luka tomó una mano de Marinette, haciéndola girar, atrayéndola hacia sí antes de agacharse sobre su boca, y aunque la coreografía original implicaba que sus rostros quedasen juntos y simularan ocultar un beso bajo el sombrero, Luka no tuvo ningún reparo en besar de verdad a su musa, quien le quitó el sombrero y lo levantó sobre las cabezas de ambos, consiguiendo que la multitud soltara chiflido