Sábado, casi medio día, y Colette seguía tendida en su cama, acostada sobre el pecho de Oliver, quien dormía profundamente, pero roncaba apenas superficialmente. El teléfono de la chica sonó por enésima vez, haciéndola gruñir por lo bajo antes de tirar un manotazo en busca de apagar aquel ruido infernal.

Y entonces reconoció el tono que había puesto para las llamadas de Denisse.

Colette dio un manotazo para tratar de tomar su teléfono, pero terminó derribándolo de la mesita de noche, ni siquiera se movió con cuidado, pasó por encima del estómago de Oliver, arrancándole un gruñido por lo bajo al hacer aquello antes de quedar colgando a medias de la cama, con el cuerpo contra el suelo, pero las piernas enredadas en las sábanas, con los pies apuntando hacia el techo en una posición incómoda.

—¿Qué pasa? —Musitó Oliver mirando a Colette con el entrecejo fruncido, empujándole las piernas para hacerla caer sobre el costado.

La chica emitió un gemido por el dolor del golpe, sintió todo el cuerpo entumido por la batalla del día anterior y los recuerdos fueron volviendo a ella lentamente.

—Te doy asilo en mi casa y así me tratas —refunfuñó la chica cruzando las piernas y recargando la espalda contra la cama mientras Oliver se asomaba sobre su hombro a leer los mensajes que Denisse le había dejado a la guitarrista.

Colette suspiró cerrando los ojos, tenía la vista borrosa, le dolía la espalda baja y las piernas, tenía un moretón en el costado, debajo de las costillas por la patada que Celine le había propinado; llegar hasta su departamento en la moto, fuertemente aferrada al pecho de Oliver, parecía una tarea titánica lograda a duras penas, y agradeció muchísimo cuando el muchacho la llevó cargando hasta su cama antes de dejarse caer a su lado, incapaces ambos de dar un solo paso en otra dirección.

Colette levantó la mirada en dirección a Oliver y no pudo evitar soltar una carcajada al percatarse que el muchacho llevaba todavía puesta la chaqueta de su padre sobre los hombros.

—¿Siquiera te quitaste las botas? —Inquirió la chica girando el rostro y pegándole un golpe en los hombros —Ni se te ocurra ensuciar mis sábanas.

—Lavaré a mano de ser necesario —soltó divertido antes de dar un golpecito leve en la nuca de su amiga, sonriéndose el uno al otro antes de que Colette volviera la atención a su teléfono.

—Parece ser que la asistente de Luka nos quiere en el Liberty en media hora —murmuró Colette sonriendo al ver que, en la última hora, se habían vendido alrededor de ochocientos boletos para el concierto.


79.-La debilidad de Denisse

IzzyEverdeen: Perdona cielo, la verdad es que al principio los capítulos no tenían un orden específico, de hecho algunos especiales como el de día del grito, año nuevo y navidad, bueno, algunos, siguen sin tener un orden específico, pero la cronología va en línea recta desde el capítulo 15, para aclarar un poco todo mi desorden, ellos se casaron al civil por ahí del capítulo catorce, pero la boda a la iglesia no ha ocurrido, por eso los menciono como esposos y como prometidos al mismo tiempo. Espero esto aclare las cosas.

Manu: Ni siquiera leí tu segundo comentario, con leer el primer párrafo me di cuenta de que se trataba de un spoiler tras otro, y la verdad no me parece justo que hagas eso, puesto que yo no he tenido oportunidad de ver el especial y no sé cuándo pueda verlo, afortunadamente ya volví a trabajar, la cafetería puede operar y yo escribo en el teléfono, pero para ver series y otras cosas, nada.

Mariana: No sabes cómo te echaba de menos, ahora muero de curiosidad por lo que viene, por lo pronto, quise retomar una historia que te había prometido hace tanto tiempo que involucra a nuestra maravillosa Denisse, espero que pronto las emociones encuentren calma, ya verás que todo se va acomodando poco a poco, el lado amable es que no se murió nadie, ni se morirá jajaja. ¡Hey! Actualicé nuestra playlist con toda la música hasta éste capítulo, por lo que se ofrezca, y pronto verás el océano en marcha, no sabes cómo me inspiró leer esos parrafitos de Segunda oportunidad.

Scar: espero hacerle alguito de justicia al Gustav que has creado, quería meter en este capítulo más interacciones de su parte, pero creo que ya es mejor que lea tu capítulo para poder hacer una intervención con Marinette que de verdad le haga justicia a tus personajes.

Faty: ¿Qué te digo? Estoy retomando esto y espero continuar pronto con el hielo, lo que viene del torneo les va a entretener bastante, ya agarré ritmo, ya luego me pondré al corriente también contigo, pronto espero


Marinette sonrió dejando la correspondencia al lado de Luka mientras el muchacho sostenía el periódico en una mano y daba un sorbo a su café con la otra. No perdió oportunidad de echar una ojeada por encima del papel cuando su esposa se estiró hacia la alacena alta en busca del azúcar, consiguiendo que la camiseta se le subiera y dejase expuestas las piernas.

Sus risas de nervios fueron lo que lo delató, consiguiendo que la diseñadora volviera el rostro con un gesto inquisitorial antes de componer un puchero y sonrojarse con fuerza.

—¡Hey!

—No soy de cartón, Marinette —defendió el muchacho cuando su musa le lanzó una rebanada de pan y estalló en risas. —Y tú estás para comerte...

—¡Luka!

Y aunque el nerviosismo los hizo reír un poco más, Luka suspiró sonriendo de medio lado y bajando un poco el rostro, una mueca de inseguridad de la que Marinette se había enamorado años atrás, misma que ya casi no veía desde que se habían acostumbrado a vivir juntos.

—Me gustas tanto... —admitió el guitarrista, consiguiendo que la diseñadora se sonrojara aún más, pero ensanchara la sonrisa antes de dirigirse a él y sentarse en sus piernas, pasando ambos brazos alrededor de su cuello y uniendo sus frentes en un gesto suave. —Tanto, tanto —añadió acariciando la mejilla de su musa con la punta de la nariz, disfrutando de aquel roce inocente a ojos cerrados, aferrándose a su cintura y aspirando su perfume.

Marinette se enderezó un poco y sonrió acariciando el rostro de Luka con una mano, enterrando la otra entre sus cabellos largos. Los mechones caían sobre su rostro de forma rebelde, acariciaban su nuca, rozaban sus hombros; hacía días que Luka tenía que usar pasadores para mantener el cabello fuera de sus ojos para componer, y Marinette había optado por trenzarle un costado para hacerle una mohicana y mantener a raya el malestar. En el conservatorio, ahora se había convertido en un deleite para las estudiantes de nuevo ingreso ver a Luka caminando por los pasillos con la mirada fija en alguna partitura que revisaba mientras se despejaba el cabello con la mano libre, mordiéndose el labio por la concentración.

—¿Debería cortármelo? —Murmuró Luka cuando Marinette comenzó a hacerle algunas trenzas al costado. —Para la boda.

—¡Dios, no! —Murmuró la chica escandalizada, echando un poco el cuerpo hacia atrás para poder observar el gesto de su esposo. —Amo tu cabello largo —Marinette tomó el rostro de Luka entre sus manos y le sonrió acomodándose mejor. —Si te lo quieres cortar por gusto, adelante, pero si es por las fotos y eso, olvídalo. Me casé con una estrella de rock, no con otra persona.

—Estrella de Rock —soltó Luka en medio de risas discretas, quitándole mérito a su éxito con aquel gesto, bajando el rostro con las mejillas ligeramente sonrosadas, pero las manos de Marinette lo obligaron a levantar el rostro de nuevo.

—Luka —reprendió la joven con media sonrisa.

—¿Vraiment?

—Vas por tu segundo disco como solista —enumeró la chica divertida, comenzando a contar con los dedos de una mano —, tocas todos los jueves en un bar bohemio (propio, por cierto —puntualizó, consiguiendo que Luka rodara los ojos antes de murmurar la palabra "inversionista"), has tocado y compuesto con artistas de tallas internacionales, el año entrante te irás de gira con Bad si todo sale de acuerdo al plan, y te vas, ni más ni menos que a los Yunaites luego de grabar una versión acústica de este disco en bim-bim-bim-bim —exclamó levantando las manos por encíma de la cabeza y haciéndole encogerse en su sitio —Abbey Road Studios.

—Ya entendí —exclamó Luka divertido, tomando ambas manos de Marinette entre las suyas y sonriéndole a su musa —, te casarás a la iglesia con una estrella de rock, pero cuando el sacerdote rece el Padre Nuestro, no te asustes si me tuerzo.

—¡Luka!

—Lo cierto es... —admitió apenado, bajando la mirada y componiendo una mueca. —Aún no termino mis votos —Luka se llevó una mano a la nuca y torció el gesto a manera de disculpa. —No importa cuántas veces lo intente, las palabras que escribo no hacen justicia a lo que tú te mereces, y la boda es el sábado y yo...

Los labios de Marinette tomaron posesión de la boca de Luka en un gesto tímido. El roce fue tan suave que se sintió como un cosquilleo, pero Luka tomó aquel contacto para relajarse y suspirar enamorado mientras las manos de la joven se hundían entre sus cabellos y le acariciaban la piel en la nuca.

—Créeme, cielo —prometió ella sonriendo antes de besar la punta de la nariz del guitarrista —, si en el altar tú dices "sí a las anteriores, me caso con ella", será perfecto, no tienes que esforzarte nada, ya le haces justicia a nuestro amor.

—Seguro lo dices porque ya tienes tus votos —remilgó el muchacho abriendo los ojos y tomando el rostro de su musa para verla bien.

—No —admitió con una sonrisa radiante mientras se levantaba en dirección a la estufa, escuchado la tetera bullir. —Tampoco encuentro algo que haga justicia a lo que hemos vivido y a lo que quiero prometerte, así que me relajé con el tema. Todavía tenemos una semana completa a partir de hoy.

—Qué bonito suena cuando lo dices así —soltó Luka con sarcasmo, llevándose la taza a la boca y volviendo a levantar el periódico, sin embargo, un sobre de la correspondencia llamó su atención, y Luka sonrió levantándolo, sorprendido al percatarse de que conocía la caligrafía desparpajada de un viejo amigo del conservatorio. —¿Esto es de hoy? —Inquirió leyendo el nombre de Gustav en el sobre, ensanchando la sonrisa.

—De ayer —murmuró la chica abriendo la nevera con aires distraídos. —Pero con todo lo que pasó de las insignias y eso, no había tenido tiempo de revisarlo. Todavía no lo hago —admitió mirando sobre su hombro, interrumpiendo su discurso al ver la expresión de ilusión que tenía el guitarrista en el rostro. Ya no la iba a escuchar.

Las manos de Luka rasgaron el papel con cuidado para vaciar el contenido del sobre, venía dentro una plumilla con la bandera estadounidense además de una carta que el muchacho no demoró en comenzar a leer.

Hey Luka, ¿o debería iniciar diciendo "querido Luka"? Pero no quiero problemas con tu Mari, aunque ella no es celosa, ¿verdad? Eres tú el caso perdido.

Bueno, entonces iniciaré así:

¡Volví a París!

Creo...

He escrito esta carta pensando en enviarla justo para el día en que mi avión aterrice en la ciudad, aunque hace tanto que no envío cartas (me pregunto si todavía existirá el servicio del correo), que no sé ni cómo te haré llegar esto, tal vez por paquetería. ¿Enviarán cartas?

Sé que hemos hablado mucho por teléfono y por whats y todo, pero creí que en la semana de tu boda merecías un par de lindas sorpresas y, como sé bien que eres un romántico, he decidido enviarte una carta. Espero no meterte en problemas con Mari.

¡Dios, Couffaine! No puedo creer que de verdad te vas a casar con la mujer de la que estabas enamorado desde que estudiábamos juntos, sino es que desde antes.

En fin, producir en Los Ángeles fue un desafío, aprendí un par de trucos que me gustaría aplicar contigo en tu siguiente álbum, si es que ya estás pensando en ello. Márcame en cuanto recibas esto, hace mucho no tomamos una cerveza y yo todavía quiero darle el pésame a Marinette por saber que tendrá que soportarte el resto de tu vida.

La plumilla salió de una subasta, según dijeron, perteneció a Dave Keuning, no sé si será cierto, pero por los viejos amores y por el futuro prometedor.

De verdad márcame, a mí se me va a olvidar, o te haré spoiler de la carta y no quiero arruinar la sorpresa.

¿Tengo que firmar?

Pues entonces: Gustav Monette.

Luka sonrió de oreja a oreja y sonrió cuando Marinette le ofreció su teléfono con un gesto cómplice en la mirada, ganándose un beso en los nudillos y un guiño de coquetería.

.

Denisse D'Epines era una mujer dulce, joven, incluso podría parecer tímida cuando recién la conocías, la clase de rostros que se quedan grabados en los linderos de tu mente después de verlo por primera vez, pero también la clase de persona a la que no ves en medio de un montón de gente puesto que se esfuerza por pasar desapercibida, como un agente encubierto. Podía llegar a ser invisible si lo quería, pero la razón por la que Lena Baudín la había considerado para contratarla como asistente personal de su estrella de rock más rebelde era por los resultados que esa chica podía dar a nivel profesional, superando cualquier expectativa que pusieran sobre su cabeza.

Prueba de ello eran los resultados que estaba dando esa mañana.

A pesar de haberse desvelado en el Inframundo hasta entrada la madrugada, Denisse se había levantado a primera hora del sábado con tal de poner en marcha la operación Selfie. Para las ocho de la mañana ya había contactado con los encargados del Parc des princesse, apartado la noche del viernes para el concierto y abierto la venta de boletos en línea. Había publicado las fotos de Colette y Luka en redes sociales y había logrado hacer una campaña de "Concierto de despedida: último adiós a una estrella". YouTUBE y Facebook estaban llenos de carteles, videos, comerciales y propaganda que prometía un evento espectacular, único e irrepetible para ese fin de semana.

Los boletos eran baratos, y Colette había dicho que donaría un porcentaje de las ganancias a una causa noble (al final, Luka la había convencido de apoyar a la filarmónica del orfanato al que apoyaba como civil y como Viperion).

Para las nueve de la mañana se habían vendido quinientos boletos, para el medio día Denisse había confirmado la presencia de Luka Couffaine como invitado especial durante el concierto y había lanzado una segunda campaña de "Invitados sorpresa: síguenos en redes para saber quién compartirá el escenario".

—Maldita sea —murmuró Colette bajando de la motocicleta y quitándose el casco mientras Oliver mantenía el vehículo estable para ella. —La desgraciada es buena en su trabajo.

El muelle donde descansaba el Liberty estaba lleno, personas apretándose unas contra otras mientras trataban de buscar un mejor lugar para ver, preguntándose por qué Juleka Couffaine había publicado que haría un anuncio importante ese día respecto a su carrera como música.

—¡Al fin llegas! —Exclamó Denisse alcanzando a Colette en la parte alta del muelle, echándole encima un blazer color rosa brillante y arrancándole una mueca. —Dale, póntelo y arregla tu cabello, necesitamos una foto decente.

—¿Foto?

—Hola Colette —saludó tímidamente Juleka, acercándose a ellos con pasos calmados y sonriendo dulcemente. —¿Preparada para el desastre?

—¿Desastre?

—Luka me contó del torneo —admitió la chica ladeando el rostro de un lado al otro —, y su idea descabellada del concierto para lograr la selfie, así que quiero apoyar a hacer esto crecer.

—La contacté cuando me di cuenta de que la venta de boletos se había estancado durante una hora —confesó Denisse alternando miradas.

—Me propuso tocar en tu concierto, una canción —explicó Juleka sonriendo ampliamente, pasando un mechón de cabello tras su oreja antes de asentir. —Parece una buena idea para comenzar a publicitar el regreso de Kitty Section en cuanto el disco de Bad esté listo.

—¿El regreso? —Inquirió Colette confundida.

—Iván y Rose dijeron que sí también —murmuró Denisse revisando sus mensajes y sonriendo ampliamente. —Pero esos anuncios los haremos hasta mañana y pasado, el día de hoy centrémonos en esto —añadió mostrando su teléfono, una cuenta regresiva con la que Juleka asintió una vez, alejándose unos pasos y deteniéndose en una pose, una mano en la cadera, la otra descansando al costado.

Denisse levantó su teléfono en dirección a Juleka, preparada para transmitir en vivo desde el insta personal de la bajista. El conteo llegó a cero, las notificaciones llegaron a los teléfonos y Juleka avanzó unos cuantos pasos, con toda la cadencia que había ganado al ser modelo de pasarelas, y se plantó frente a Denisse con una sonrisa radiante.

—La música ha llamado y yo he dicho que sí —dijo Juleka con tal seguridad que dejó a Colette pasmada. Hacía años no la veía tan determinada, así que sonrió asintiendo una vez y cruzando los brazos, orgullosa de la pequeña July. —Este viernes, en concierto con Colette y lista para darle a nuestra Jeanny el último adiós. Diez pases dobles a las primeras diez personas que lleguen hasta aquí con una camiseta, gorra o portada del último disco de Panic and Chaos.

Colette corrió hasta Juleka y la abrazó por los hombros, haciéndola dar un traspié y percatándose de que vestían el mismo tono de rosa, ella en su blazer, Juleka en los estampados de su camiseta.

—Ahora sí, la última y nos vamos —exclamó la guitarrista mirando a su amiga y sacándole la lengua antes de volver la mirada hacia el teléfono y hacia Denisse. —Último concierto, y los lugares se acaban. ¿A qué esperas? ¿Por permiso? No nos van a volver a ver juntas en un escenario.

—Tienes que vivirlo.

Denisse hizo un paneo general a todo su alrededor, llamando la atención de los fans dispuestos al lado del Barco, y la gente no tardó en salir corriendo en dirección de ellas, consiguiendo que Oliver se interpusiera con los brazos abiertos, sintiendo que nunca terminaría de acostumbrarse a esas situaciones.

.

Marinette se había dirigido a la firma esa tarde, no tenía que presentarse en la oficina en pleno sábado, pero salir a cenar con Chloe había sido la excusa perfecta para dejar a Luka ponerse al corriente con su amigo de la adolescencia.

Después de todo, durante largas semanas, cuando Gustav recién se había mudado a Los Ángeles para trabajar como productor (sólo se iba un mes, por amor a Dios, pero Luka era un exagerado que había planteado esa separación en el mismo nivel de intensidad que la muerte de Jack en Titanic), el guitarrista no había hablado de otra cosa que de las aventuras que había tenido con su amigo del conservatorio, del instituto y de las calles antes de Les reptiles.

—Quería saludar a Marinette también —comentó Gustav con la boca llena de papas en gajo, consiguiendo que Luka soltara una carcajada y le lanzara una servilleta arrugada a su amigo. —De verdad le quiero dar el pésame, no sabe en lo que se mete.

—Sabe en lo que se mete —prometió Luka riendo con una papa entre los dedos. —¿Sabes cuándo tiempo llevamos viviendo juntos?

—¡Con mayor razón quiero darle el pésame! —Exclamó alzando las manos sobre la cabeza. —Ya era suficientemente malo quedarme contigo en el Liberty hasta la medianoche terminando las partituras, ahora vivir contigo...

—Eres un idiota —soltó Luka entre carcajadas antes de llevarse la cerveza a los labios y dar un trago largo.

—Tal vez —admitió levantando su cerveza a manera de brindis —, pero soy el idiota al que más has extrañado en tu vida.

—He tenido mejores —soltó divertido, paseando la botella de un lado al otro, sin atreverse a mirar a su amigo, pero sabiendo que aquello les haría reír a ambos.

Los músicos guardaron la compostura lo mejor que pudieron antes de mirarse y romper en carcajadas.

Pasaron largos minutos para que ambos pudieran calmarse y dejar de reír, Luka con dolor de estómago, Gustav con las mejillas entumidas; cuando se miraron, de nuevo rompieron en carcajadas negando con la cabeza, sosteniendo su estómago y cuidando no tirar nada al momento de reírse.

Por un momento, Luka se sintió con dieciséis años de nuevo, entrando a la media superior en música, yéndose a las alitas en los fines de semana que no tenía tareas extra y divirtiéndose con Gustav, con Dean, preguntándose qué sería de su futuro, suspirando de amor por Marinette sin que la chica lo supiera, componiendo con su mejor amigo y prometiendo juntos grabar un disco cuando ambos fueran famosos en el mundo de la música.

La música llenaba las bocinas, el lugar estaba a media luz, las personas de las otras mesas estaban tan ocupadas que jamás le prestaron atención a los dos muchachos que se carcajeaban con fuerzas, como si estuvieran completamente ebrios a pesar de llevar dos cervezas, la música fuerte de todos modos no permitía que se enteraran de la conversación de otras mesas, si a duras penas escuchaban la charla de la propia.

Las carcajadas les sentaron bien a ambos, a Luka para soltar el estrés del día, olvidarse del concierto, de los robos, del torneo. A Gustav para quitarse la sensación de pesadez del viaje, el estrés de las grabaciones, el jet lag. Porque por una noche se permitieron ser dos adolescentes riéndose en unas alitas, tomándose una cerveza y bromeando por un futuro mejor.

O al menos así fue hasta que Gustav se percató del golpe que tenía Luka en el ojo derecho, la ceja ligeramente hinchada, el labio partido.

Dude, ¿qué te pasó en la cara?

Luka se llevó una mano a la ceja y sonrió avergonzado antes de mirar a su amigo.

—No —pidió Gustav con expresión desencajada. —Por favor no me digas que te sigues peleando en los callejones. ¿Mari lo aprueba? ¿No te bastaron todas las noches que Juleka y Anarka lloraron por ti? ¡No inventes! —Gritó dejando la cerveza de golpe, tirando su botella casi vacía y moviéndose a toda prisa para evitar un derramamiento. —¡Yo ayudé a curar tus heridas! Me juraste que dejarías a los reptiles —musitó apuntándolo con un dedo, preguntándose qué le causaría tanta gracia a Luka como para estarse riendo.

—Un akuma atacó el bar de Marinette —explicó Luka tratando de recuperar el aire y sonriéndole de medio lado a su amigo. —Tal vez recibí un golpe o dos. Pero sí —admitió al final, tomando la botella con ambas manos y mirando el vidrio semitransparente con el entrecejo fruncido —, volví a los reptiles.

—¿Por qué?

—¿Recuerdas a Andree? —Inquirió el guitarrista mirando a su amigo con los hombros tensos, con el gesto lleno de misterio, de secretos, cuestión que despertó la curiosidad de Gustav.

Rápidamente el muchacho adoptó la misma postura, ansiando la siguiente parte de la frase.

—Claro que lo recuerdo, te enseñó a reparar el motor de tu primera motocicleta.

Luka volvió medio cuerpo hacia la barra, levantando la mano mostrando dos dedos, el barman comprendió la indicación y asintió para el guitarrista, levantando también una mano antes de enviarle al mesero con dos cervezas más.

—Mira —murmuró mientras destapaban las dos botellas en la mesa y se llevaba las anteriores —, llámame loco si quieres, pero ¿recuerdas que su idea original para los reptiles era hacer una especie de hermandad para cuidarse unos a otros?

—Sí, y luego comenzaron a meterse con la ley como Jerome quería —murmuró amargamente Gustav antes de dar un trago largo a su bebida, negando con la cabeza y desviando la mirada.

—Llámame loco —insistió con intensidad —, pero Andree ha cambiado en estos meses.

Gustav bufó por lo bajo y levantó la mano, llamando la atención de un mesero.

—Unas alitas pimienta limón y unos aros de cebolla, al fin que mi amigo paga esta noche —soltó molesto el productor, consiguiendo que Luka soltara una carcajada y asintiera en confirmación de la orden.

—Y unos nachos —añadió sonriendo de medio lado.

—¿Entonces? —Soltó Gustav recuperando la atención de su amigo. —¿Dices que ha cambiado?

—Sí, verás... Cómo explicar esto —murmuró el muchacho recargándose hacia atrás en su silla y llevándose la cerveza a los labios sin llegar a beber de la botella. —Estoy cooperando con la policía para investigar un caso —explicó consiguiendo que Gustav abriera la boca, pasmado.

—Andree odia a los azules.

—Y me dio carta abierta para poder hacer y deshacer a mi antojo —confirmó Luka asintiendo mientras volvía a recargar los codos en la mesa. —Le dije que planeaba ayudar a Maunier con el caso y no me lo prohibió, ni me echó a los reptiles encima, respetó eso.

—Espera, ¿Maunier? ¿El patrullero?

—¿Patru...? ¡No! Se convirtió en inspector. Ahora lidera el sector en el que vivo. Y lleva el caso de los imbéciles que dispararon a Marinette.

—Recuerdo eso —murmuró Gustav bajando la mirada, acongojado. —Salió en las noticias internacionales, estuvo en todos los canales un día completo.

Luka sonrió de medio lado con el gesto cargado de amargura y recelo. Sin embargo, suspiró y miró a su amigo con una mueca de pena. —Han pasado tantas cosas.

—Oye, no quisiera ser el legendario Luka Couffaine en este momento —exclamó Gustav alzando ambas manos en señal de rendición —, con Hawk Moth tras los pasos de tu esposa y demás, uff. No me imagino lo dura que debe ser la vida.

—Le tengo más miedo a mis estudiantes del conservatorio que a Hawk Moth, créeme. El lunes te llevaré a conocerlos —prometió divertido. —Pero primero, necesito que me ayudes con un par de cosas.

—¿Empezando por?

—Andree organizó un torneo entre los reptiles, hay dos premios. El primero es ser la mano derecha, el sucesor al trono cuando el rey caimán se retire —a Gustav se le escapó un silbido ante aquella parte de la frase. —El segundo es una indulgencia plenaria, el reptil que se gane la posibilidad de elegir, quedará fuera de toda contienda, su familia estaría protegida. Supongo que imaginas por qué entré a la mentada contienda.

—Claro, ¿quién rechazaría la idea de ser rey reptil? —Bromeó entre risas, consiguiendo que Luka le golpeara el brazo con el puño cerrado. —Ok, ok, quieres la indulgencia —soltó mientras se reía con más ganas, encogiéndose de hombros. —¿Qué necesitas?

—Tengo... una lista de tareas que cumplir esta semana —murmuró incómodo, mirando sobre su hombro antes de mirar a su amigo y componer una mueca de desprecio —, algunos robos, algunas infracciones, son cosas pequeñas, o eso creía.

—¿Cómo que creías?

—Sé que todos los equipos, bueno, quedan ocho, tampoco somos tantos —murmuró llevándose la botella a la boca de nuevo y dando un trago largo. —Nos enviaron un último requerimiento sorpresa, una tarea patrocinada por Lila Rossi.

—¿Qué?

—Ella estaba patrocinando el torneo originalmente, ya tenía varias cosas planeadas, hasta que descubrimos su identidad secreta y ahora es prófuga de la justicia. Esta mañana nos llegó un mensaje a los conductores de la carrera

—Escuché de la carrera en las noticias —interrumpió emocionado, sonriendo ampliamente para su amigo cuando sus ojos parecieron brillar en la oscuridad. —¡Dios! Verte bajar de ese Mustang fue épico y...

—Sé —exclamó Luka abrumado por el entusiasmo de su amigo — que tenemos todos la misma encomienda, y esa tarea la tengo que cumplir entre mañana y pasado, entonces necesito pedirte un favor.

—¿Cuál es? —Murmuró Gustav incómodo.

—Mañana te invito al departamento, ve por aquello de las doce y media, a desayunar.

—Ya veo por dónde vas —inquirió molesto, retrocediendo en su asiento y cruzándose de brazos mientras negaba con la cabeza. —No voy a ser tu conejillo para que puedas irte a la ciudad a cometer crímenes como el adolescente ilegal que eres.

—Qué lástima —musitó Luka recargándose hacia atrás en su asiento, sonriendo tras su botella con un retintín de diversión brillando en los ojos. —Pensar que Marinette es el contacto perfecto con Rose Lavillant, XY, Adrien Agreste, en fin, me imagino que nunca soñaste con producir un álbum para ninguno de los clientes de mi musa, ¿no?

.

Denisse suspiró subiéndose los lentes hasta el puente de la nariz, tecleando a toda velocidad mientras Colette se asomaba sobre su hombro, analizando las campañas de Google que la asistente estaba realizando.

La guitarrista no pudo evitar bufar divertida cuando Denisse sonrió levantando el rostro en su dirección y asintiendo una vez.

—Llegamos a los mil doscientos boletos vendidos —anunció la chica mientras Colette se sentaba a su lado y Oliver llegaba hasta ellas con las cervezas y el tequila.

Si alguna vez Marinette llegó a desencajar en Les reptiles con sus vestidos rosas pastel y el cabello enmarcado por listones de colores, ver a Denisse usando un pantalón de mezclilla entallado, tacones bajos y una blusa semitransparente color durazno, aquello era como una vela en medio de la más profunda oscuridad, así que las miradas de varios reptiles estaban fijas en ellos con curiosidad y diversión, preguntándose si aquella diminuta joven sería algún prospecto de Colette.

Nadie había hecho por acercarse, y luego llegó el rey caimán, que avanzó a pasos calmados hacia ellos, comenzando a cansarse de la presencia de aquella chica revoloteando en torno a sus reptiles preferidos.

—Colette, aquí no hacemos actos de caridad —espetó el caimán barriendo la espalda de Denisse antes de dedicarle una mirada de desprecio a su aliada.

—Qué bueno que lo sepas —se quejó Colette con voz nasal, componiendo un gesto de reclamo mientras Oliver se tensaba en su sitio —, no sabes lo caro que cobra esta mujer.

—¡Ay por favor! —Exclamó la aludida tecleando sin prestar atención al aura oscura y macabra situada a sus espaldas. —Te va a salir barato el chiste. Querrás contratarme después —añadió pasando todo su cabello hacia el frente y revelando un escote profundo en la espalda, mismo que hizo a Andree pasar saliva con dificultad, y a la diminuta asistente crecer dos centímetros en ego y orgullo.

—¿Qué parte de "último concierto" no te entra en la cabeza, tiny mouse? —Canturreó Colette divertida al percatarse de aquello, agachándose al lado de su amiga.

—¿Ahora ella es el ratón? —Soltó Erik divertido, llegando a la mesa y dejando caer un cinturón de funda con todo y pistola, haciendo que Denisse saltar por la impresión. —¿Marinette ya evolucionó? —Añadió mirando a Andree.

—Ahora le dicen Perséfone —puntualizo Colette orgullosa. —Y estoy lejos de negar que le queda el apodo, juro que es la candidata perfecta a reina del inframundo. ¿Qué es esto? —Murmuró tomando la pistola entre dos dedos para alejarla de su shot.

—La quinta petición de mi lista —anunció divertido el muchacho abriendo algunas fotografías de su teléfono para demostrar que había robado el arma al patrullero doce noventa y seis de su zona residencial. —Me faltan tres, y la sorpresa de Luka.

—No pierdes el tiempo —aduló Colette mirando la hora. —Sábado a la media noche y tú ya casi terminas.

—No te burles —pidió Erik mirando a Colette con cierto retintín. —Te recuerdo que mi segundo requerimiento era conseguir la lista de Didier y él tiene por encomienda conseguir un diente tuyo, me preocupa tu seguridad.

Colette y Oliver hablaron al unísono, con una ferocidad que consiguió hacer a Andree retroceder antes de soltar una carcajada.

—Sé cuidarme sola.

—Está bien cuidada.

—No necesito que me cuides —reclamó la chica barriendo a Oliver con la mirada.

—Así me pago el alquiler —espetó de regreso, levantando ambas manos y sonriéndole a la reina de las serpientes antes de mirar a Erik. —¿La lista ponía en peligro a alguien más?

—¿A alguien más? —Exclamó Erik como si aquello fuera ilógico. —Didier es el novio actual de Celine. Tiene buenos motivos para querer vengar a su chica. ¿Quieres tener a más gente en peligro?

—Pero Luka no está involucrado en esa lista —murmuró Colette mirando a Erik. —Eso quiere decir que es blanco de otro equipo. Porque tú tienes encomienda de conseguir un mechón de cabello de Adele antes del jueves a media noche. ¿Qué harás?

—Pedirlo a la buena —murmuró Erik con dulzura, antes de componer una mueca de sarcasmo y añadir —¡Arrancárselo cuando venga a por mí!

—Andree ¿Qué demonios? —Espetó Colette cuando el aludido soltó una risa ante aquel comentario sanguinario. —¿En qué pensabas cuando hiciste la lista?

—No hice la lista solo. Te darás cuenta de cuáles requerimientos tienen mi marca personal y cuáles no tienen nada que ver conmigo.

—Sí, lo de la pistola es bastante original —ironizó Denisse mientras cambiaba de pestaña y arrugaba la nariz al ver el facebook de Luka, las fotos en las alitas y la etiqueta a un productor internacional. —Esto nos sirve —murmuró para sí misma mientras Andree jalaba una silla y se sentaba con los brazos recargados en el respaldo y las rodillas abiertas.

—¿Les sirve? —Inquirió el rey caimán tomando un mechón de cabello de Denisse entre dos dedos y levantándolo como si fuese algo asqueroso, pero la chica lo ignoró y siguió tecleando a toda velocidad, recordándose a sí misma que se había metido en los dominios de aquel Dios del caos, no tenía derecho a decir nada, menos aun cuando él se había comportado al estar en su oficina en busca de Luka.

—¿Sabes qué? —Espetó Colette levantándose y empujando a Andree por los hombros. —Lárgate de mi mesa, suficiente tengo con tu requerimiento estúpido de la selfie.

—¿Ahora crees que es estúpido?

(Forget - The tech thieves)

—Ahora creo que tienes miedo de que me convierta en reina de las serpientes —admitió la chica meneando la cabeza de un lado al otro. —Lo dijiste, no quieres que el equipo de Luka gane, pero sí quieres que Luka siga siendo un reptil, eres un imbécil, Andree, y alguien además de Luka Couffaine te lo tiene que decir. Lárgate de mi mesa.

—No, deja que se quede —murmuró Denisse llevándose su cerveza a la boca y sonriendo de medio lado, cuidando que el rey caimán no viera su expresión. —Esto ya es personal —dijo volviendo el rostro hacia Andree, sosteniendo su mirada con desafío y desprecio. —Desde el momento en el que se metió con Luka, con Marinette, bueno, se metió con todo el combo.

—Explícate —murmuró el muchacho, y su voz sonó peligrosa como una cobra a punto de atacar, pero la sonrisa de Colette se ensanchó con ganas cuando vio a Denisse prepararse para atacar.

—Tú tendrás a tus reptiles, y serán todo lo unidos que quieras y lo que quieras. Pero Marinette y Luka nos tienen a nosotros. A Kitty Section, a Adrien y Kagami, a Chloe, y a un montón de gente que los rodea y los adora. Nosotros unidos —añadió con una sonrisa ladina y voz filosa, con toda la intensión de que aquella frase se convirtiera en una amenaza inminente, acercando su rostro al de Andree con actitud ladina —, contamos más que todos tus reptiles. Juntos.

Andree se relamió los labios antes de sonreír de medio lado y asentir.

—Me gusta que el Elegido se siga rodeando de gente poderosa, será un gran rey.

—Claro, si no nos vetas primero de tu concurso —remató Colette levantándose y dejándose invadir por la música que estaba puesta en las bocinas. —Vamos —murmuró extendiendo una mano hacia Oliver y tirando de él en dirección a la barra, donde se pidió otro shot de tequila mientras sus caderas se movían al ritmo de la música.

Erik le dedicó una mirada a Denisse con la interrogación marcada en cada gesto, pero cuando la chica asintió, el muchacho se levantó también para alcanzar a sus amigos y pedirse otra cerveza.

—Si tu elegido llega al trono, los reptiles no volverán a ser lo que son ahora —murmuró Denisse como si estuviese haciendo la revelación de un secreto dicho a voces.

—Lo sé —admitió el rey caimán tomando la botella de la chica y dando un trago largo antes de perder la vista al frente, suspirando con pesadez.

—Algo me dice que es justo lo que quieres —murmuró la asistente mirando en dirección a la barra, percatándose de que Colette bailaba con Oliver mientras Erik sacaba a bailar a otra mesa, algunos de sus amigos más cercanos.

No pudo evitar sentir cierto grado de celos cuando vio a Oliver sonreírle a Colette con embeleso, como si contemplara una aparición. Se les notaba a leguas, estaba enamorado de ella.

—He mantenido a los reptiles en línea estos años, pero Luka tiene lo que se necesita para meterlos en cintura como debe ser. Son gente dura —murmuró haciendo una mueca —, pero escuchan al niño.

—¿Niño? —Se burló Denisse volviendo la vista a la computadora mientras Andree retiraba el cabello de su hombro, dejando el cuello al descubierto y descubriendo una cadena de oro colgando, diminuta, con eslabones finamente trabajados que se perdían en la piel clara de la chica.

—Tu jefe —escupió el rey sonriendo cuando Denisse se pasó todo el cabello del otro lado, dejando ahora sí descubierto el costado, mirándole de reojo y percatándose, por primera vez en la noche, que, a pesar de la pinta de malandro, el cabello del muchacho iba bien arreglado, su ropa tenía cierto aire de lujo, su loción... —es cuatro años menor que yo. Cuando lo conocí era un crío de once años, cuando lo recluté tenía catorce. Siempre será "el niño" para mí.

Denisse podría haber perdido la cabeza por él en ese momento, Denisse y su debilidad con los bad boys del momento, pero se recordó a sí misma que aquel hombre podría ser uno de los motivos por los que Marinette había estado en el hospital, sabía que Andree era la causa de varios de los problemas que su amiga había tenido con Luka, la razón por la que se habían alejado tanto el uno del otro por un momento. Así que puso los pies en la tierra y volvió la mirada a la computadora.

—No es más tu niño, tú lo convertiste en el Elegido.

—No —puntualizó Andree reacomodándose en el asiento, sonriendo socarrón. —El muy infeliz se postuló solo como elegido, ¿sabes que nunca perdió una sola pelea? Yo no le enseñé eso.

—Y ahora lo quieres convertir en rey.

—No se va a dejar —murmuró Andree molesto, antes de mirar a Denisse y sonreír de medio lado, sabiendo que no había manera de ganar esa batalla. —Yo puse la primera piedra con los reptiles para revertir el mundo del terror que Jerome había instaurado. Ahora la gente comienza a pronunciar el nombre y respetan al hombre que hizo esto posible.

—Luka Couffaine...

—No espero que lo entiendas —admitió el muchacho terminándose la cerveza de Denisse y arrancándole una mueca de disgusto —, pero, aunque vayamos a medio camino, lo que Les reptiles es ahora todavía no se acerca a lo que quería hacer con ellos cuando entré. Y no me voy a detener hasta que esto esté justo como lo imaginaba. —Y con una mueca de disculpa, se levantó de su asiento y mostró la botella vacía —En seguida te la repongo.

Denisse se quedó mirando la espalda de Andree mientras el muchacho se dirigía a la barra, con los hombros caídos, con la cabeza agachada, con el ánimo decaído.

Y se dio una bofetada mental, pensando en que seguramente se estaba tragando algún cuento o estrategia de parte del rey de los reptiles, como si el muchacho pudiera usarla como pieza de ajedrez para convencer a Luka de algo.

Suspiró percatándose de que la ropa de Andree lucía bastante cuidada, la imagen estaba diseñada pulcramente. El pantalón de mezclilla con desgastes en algunos lugares, la camiseta blanca de cuello ve, la camisa de cuadros rojos atada en torno a la cintura y la chaqueta de los reptiles, con el logo que lo distinguía del resto.