(Bad bad world – Katie Garfield)

Podían verlo en cámara lenta.

Luka caminaba lentamente por las calles de París, con una cerveza en la zurda y aerosol de pintura roja en la diestra.

El guitarrista se llevó la botella a la boca y dio un trago largo, haciendo una mueca de medio lado antes de sonreírle a un patrullero de la zona, que se quedó pasmado al verle pasar.

Domingo, diez de la noche, todo sereno...

O casi todo, porque Luka Couffaine sonreía como si fuese dueño de la mitad de París, de la única mitad que no les pertenecía a los reptiles, de la única mitad en la que la policía todavía era "confiable" para ayudarle con su pequeño predicamento, los que podían ayudarle para cumplir con su parte de la lista, con su siguiente requisito para cumplir con sus objetivos.

Esa mañana, Gustav había llegado puntual a su casa como reloj suizo, entonces habían desayunado con Marinette y luego el guitarrista había recibido una llamada urgente por parte de Denisse para avisarle que los anuncios de radio estaban funcionado, que lo necesitaban en Legend Records cuanto antes para seguir haciendo difusión a lo de los pases dobles y las camisetas autografiadas. Aquello ni siquiera lo había planeado y ya tenía todas las piezas justo donde necesitaba puesto que al final, por algún motivo que no comprendía, Gustav había terminado por ayudarle con la idea de distraer a Marinette el resto del día.

Una gota de pintura cayó de la lata manchando el asfalto, Luka escuchó ese sonido por encima del ruido de las calles y le dedicó una mirada de reojo a la marca ignominiosa de su paso por las plazas de su bella ciudad, sonriendo con socarronería, comparando aquello con una mancha de sangre, recordado sus días como peleador callejero y sintiéndose orgulloso de saber que todavía mantenía el toque y el título.

Conservaba todo lo que había tenido alguna vez.

Seguía siendo El Elegido de las calles.

Y su sonrisa viperina se ensanchó cuando llegó por fin frente a la Columna Vendôme.

Su teléfono sonó por enésima vez en la noche, esta vez hizo por tomar la llamada al ver el identificador, el logotipo del rey caimán.

—¿Qué buscas? Estoy ocupado —murmuró divertido al escuchar la respiración entrecortada de Andree al otro lado.

¿Dónde la tienes?

—Te mandé la foto, ¿no? Está por ahí.

Una maldita foto ¡Una maldita foto! —El grito fue audible en toda la calle, pero Luka no hizo por retirar el teléfono de su oído, al contrario, soltó una risa por lo bajo antes de asentir para sí mismo, orgulloso del estado de histeria en el que había sumido al rey de los reptiles. —¡¿Dónde tienes mi maldita motocicleta?!

—Está estacionada en la entrada de la plaza Vendôme, y no le falta ninguna pieza.

¿Por qué demonios robaste mi motocicleta? —Gritó Andree, furioso con su elegido, considerando seriamente arrancarle personalmente el título de invicto. Nunca habían peleado entre ellos, no en serio, así que no tenía idea de si podría equipararse al elegido, pelear con él, vencerlo. —¿Es por el concierto? ¿Es por la maldita selfie? ¡Se lo buscaron, Couffaine!

—No es por la selfie —admitió Luka entre risas antes de mirar su pantalla un segundo y volver a poner el teléfono contra su oído. —No, es gracias a tu sociedad con la señorita Rossi. Su mentada lista exclusiva. Ese es el requerimiento que me pidió a mí. Ahora, tienes dos opciones —murmuró filoso, amenazante, componiendo una mueca de desagrado. —Puedes validar mi punto por haberlo logrado y ahí muere la contienda, o puedo entregarte esto tal cual Lila Rossi me lo pidió, y te haré llegar el motor en piezas.

¡Mándame otra foto! Es más, hazme una video llamada para asegurarme de que sigue entera.

—No puedo, la dejé estacionada, ahora voy por la séptima de mi lista, pero te envío otra selfie que me tomé con tu moto cuando la dejé.

Luka no se molestó en cortar la llamada, quería escuchar la reacción en tiempo real.

Y sonrió con ganas cuando Andree comenzó a gritarle al teléfono, asegurándole que lo mataría antes de que la contienda terminara, prometiéndole una paliza que no olvidaría en las siguientes diez vidas.

Luka colgó la llamada y sonrió admirando la fotografía que había enviado al rey, en la que la motocicleta estaba cubierta de pintura por todos lados, kanjis chinos, su firma como autógrafo en el asiento, el dibujo de una cobra en el frente, líneas y líneas de pintura roja que la cubrían de todo a todo, su marca personal.

Y luego volvió a sonreír mirando la columna mientras agitaba su lata de pintura, caminando a pasos calmados hacia el lugar en medio de la gente que ya se había detenido a mirarlo al reconocerlo. El muchacho se acomodó mejor la mochila al hombro y suspiró, orgulloso mientras escuchaba los rayos de tormenta, suplicando internamente que la lluvia le diera la oportunidad de cumplir con su objetivo antes de azotar París.


80.-La prueba de Luka

TheBlacKat: No estás tan lejos del Andree original, salvo por el color del cabello. Cuando Marianne E diseñó al muchacho, sólo era cualquier crío buscapleitos. Ronda los 32 años más o menos, y es un classic badass. He buscado respetar lo más posible la imagen que ella me entregó, a pesar de todos los cambios que le he hecho con el tiempo. Espero en este capítulo te quede más clara su imagen. Gracias por leer

giselle . lealgarza: Vaya, de verdad muchísimas gracias, no sabes cómo me halaga y me alegra leer tu mensaje. No sabes cuánto me motiva saber que esta historia ha llegado a tanta gente, escribirla ha sido un desafío y he tenido que dejarla y retomar tantas veces y se ha convertido en algo tan extenso que a veces me pregunto si habrá gente que la siga disfrutando, de verdad gracias. De lo de la paciencia, gracias también. La verdad no me gustan los conflictos y busco ser lo más ecuánime posible, pero hay días en los que sí me sacan de mis casillas jajaja, de verdad gracias por el review, espero disfrutes lo que viene

Manu: Mira, lo del spoiler, ya pasó, pero sí ten cuidado porque hay gente a la que puedes ofender muchísimo por esas actitudes, podrías hasta pasar por una persona egoísta y desmedida, ya te platicaré qué opino del especial después.

Mariana: Seguimos introduciendo nuestro nuevo ship estelar jjajaja esperemos que no se maten entre ellos dos con el paso de los días, creo que será divertido.

Scar: Gracias por prestarme a Gustav, de verdad no sabes cómo he disfrutado este pedacito de la historia, creo que todavía le quedan varias apariciones interesantes y sé que lo vas a disfrutar todavía más.

Faty: Lo sé, lo sé, sigo sin ponerme al corriente, lo siento, me cuesta jajjaja por favor, ya no me odies por lo de Colette y Oliver, te lo juro que tengo cómo resolverlo, sólo ten paciencia y fe, te vas a caer de la silla cuando sepas lo que le tengo preparado a Colette en España (no es spoiler, en el especial de independencia dejé pistas al respecto)


—Para —pidió Marinette cuando los dedos de Gustav se trabaron en el piano. —Mira, de verdad agradezco mucho esto, pero creo que deberíamos parar por ahora.

—Sí, coincido contigo, además es tarde.

Marinette miró el reloj de su muñeca y frunció el entrecejo, comenzando a preocuparse.

—Luka debería haber llegado aquí hace una hora al menos —murmuró preocupada, alzando la vista hacia el estudio, donde Mullo y Tikki la miraban con expresión expectante.

—¿Pudo parar a tomar algo? —Sugirió Gustav comenzando a ponerse nervioso a la par que Marinette se alejaba en dirección al estudio, tomando su teléfono con la excusa de marcarle, pero con la intensión de preguntar a Mullo por Sass.

—No lo creo —exclamó la chica distraída, sin percatarse de que Gustav enviaba mensajes de texto a su amigo con desesperación. —Con el torneo ocurriendo a todas luces, no se arriesgaría a moverse solo. Podría necesitar apoyo.

—¿Apoyo?

El teléfono de Marinette se iluminó mostrando a Denisse en la pantalla entrante, la chica suspiró aliviada al percatarse de quién era la persona que le marcaba, pero cuando escuchó la respiración acelerada de la asistente de su Luka, sintió el corazón hundirse hasta los tobillos.

—¿Pasó algo?

Nada grave, pero necesitaba que te enteraras de esto por mí, Luka me pidió que no dijera nada, pero ¡Maldita sea! Esto pone todo en riesgo.

—¿Qué pasa?

Enciende el noticiero, que tengo que darle play a la canción otra vez. Perdón por no decirte nada antes.

¿Perdón?

Marinette corrió a toda prisa hasta la sala, seguida de Gustav, que se quedó pasmado al ver a su amigo colgando de la torre.

Los arneses sujetos a su cintura, las cuerdas bien tensas, las puntas de sus botas apretadas contra el metal, y las letras rojas escritas a lo largo de la columna de arriba abajo rezando "Liberté" con una cursiva perfectamente legible de todos lados.

Gustav temió volver la mirada hacia Marinette, creyendo que la vería descolocada, llorando, pasmada por las actitudes de un hombre al que juraría conocer. Ya se sabía esa historia, ¿cuántas veces no había visto a chicas salir corriendo cuando se daban cuenta de que Luka Couffaine era un ángel de día, pero que por las noches se convertía en un monstruo?

No, Marinette no rompió en llanto, soltó una carcajada ligera y tímida, cubriendo su boca con el dorso de la mano al darse cuenta de que su esposo escribía la palabra "BAD" debajo de la otra mientras sonaba en alguna bocina en la plaza una canción de Les Miserables. Do you hear the people sing.

¿Cómo no romper en risas?

La chica tomó su teléfono y sonrió cuando vio a Luka tomar la llamada, en vivo y en directo, mientras los noticieros locales transmitían la noticia y la policía se aglomeraba alrededor de la columna, hablándole a Luka a través de los altos parlantes.

Hola cielo ¿Ya lo viste?

—¡Claro que ya lo vi! Pero no entiendo. ¿Qué requerimiento de tu lista es esto?

Número siete, pasar una noche completa en prisión —Luka sonrió levantando una mano y saludando a la cámara. —Va en tu nombre, amor. Además —añadió subrayando la palabra BAD con una sonrisa socarrona. —Me sirve de publicidad para mi siguiente sencillo. Lena Baudin se va a morir, pero al menos habrá valido la pena mi última semana con Legend, espero que sea ella la que afronte la demanda.

Marinette soltó una carcajada al escuchar aquellas palabras antes de negar con la cabeza y sonreír enternecida ante la expresión de pasmo que Gustav mantenía en el rostro.

—¿Qué voy a hacer contigo, Luka Couffaine?

Eso depende del día de la semana. ¿Tienes planes para el sábado en la noche?

—Bueno, tendría que revisar mi agenda —bromeó con aires coquetos, tomando un mechón de cabello entre sus manos y comenzando a enredarlo. —Creo que estaré ocupada desde las cuatro.

Cancela tus planes. Te invito una copa, o mejor aún. ¿Qué opinas de casarte conmigo?

—¿Este sábado en la noche? —Murmuró la chica, divertida, dándole la espalda a Gustav y comenzando a caminar por toda la sala. —No lo sé, Luka, ¿Sin un café primero?

Primor —murmuró el guitarrista divertido y seductor, sonriendo aún más ampliamente antes de soltar la lata y dejarse colgado en los arneses, comparando la sensación de estar sentado en una nube ahora que coqueteaba así con su musa. —Si no fuese a pasar la noche en prisión, te prepararía el mejor café del mundo antes de hacerte el amor. Tal vez después.

—Bueno —respondió la chica saliendo al balcón y recargándose en el barandal, usando el mismo tono, mirando la luna —, sería una lástima que no llegaras a casa antes de que tenga que irme a la firma mañana, con las ganas que tengo de verte...

Doce horas, y volveré a tu lado, cielo —murmuró el muchacho mirando igualmente la luna, preguntándose si su musa estaría bien esa noche, suplicando porque estuviera a salvo de todo.

—Estoy contando.

Ahora no vayas a gritar —pidió al final, recuperando tensión en las cuerdas y guardando el teléfono.

No, Marinette no comprendió lo que Luka le había pedido hasta que se dio cuenta de que había retirado el seguro de su cuerda, deslizándose hacia el suelo a toda velocidad. El guitarrista frenó de último minuto, encogiendo las piernas para no golpear el suelo antes de soltar su arnés y sonreírles a los oficiales.

—¿Es normal que haga eso? —Soltó Gustav ofuscado, mirando a Marinette con incredulidad y molestia.

—¿Debería serlo?

—Por piedad, es Luka Couffaine, no lo conociste cuando yo lo conocí —exclamó el muchacho, pasmado ante lo inocente que lucía Marinette, como si de verdad no tuviera noción de quién era el hombre con el que se casaría.

—Bueno, es el rey del inframundo —murmuró Marinette sonriendo con orgullo, abrazándose el vientre mientras le ponían las esposas a Luka en los noticieros locales, frente a todos sus fans. —Y yo seré su reina oscura —añadió mirando a Gustav con una sonrisa de orgullo en el rostro.

.

Colette estaba cubierta de sudor, se limpió la frente con una toalla a la par que Oliver daba un trago largo a su botella de agua. Erik les sonrió de medio lado cuando ambos muchachos se dejaron caer hasta el suelo a tomar un descanso.

—Dios, se están tomando el concierto muy en serio —se quejó antes de darle otro tragó a su cerveza y seguir tecleando en su portátil.

—¿Sí? —Soltó Colette poniéndose en pie de un salto. —Tal vez lo dices porque no te dedicas a la música, pero para dar un espectáculo de calidad se necesitan semanas de planeación.

—Sin contar ensayos —puntualizó Oliver.

—Bah —espetó Erik divertido, sin levantar la mirada de su computadora —, eso lo dices porque ya vendiste dos mil boletos, y te sabes la mitad de las canciones que van a presentar.

—La otra mitad es la que preocupa —admitió Oliver pensativo, dejándose caer en el piso con los brazos extendidos a sus lados.

—A todo esto —murmuró Erik levantando la mirada en dirección a Colette, con expresión de confusión en el rostro —, ¿qué tiene que ver el tap con el concierto?

—¡Hey! —Llamó Oliver con el entrecejo fruncido, levantándose en los codos para mirar a Erik con reproche —Céili, se llama céili.

—Perdón, perdón —musitó el muchacho levantando las manos en señal de rendición, asintiendo para ambos músicos, que le miraban con reproche y con disgusto. —Y para más sorpresas, ¿tú por qué aprendiste a bailar eso? —quiso saber el reptil bajando los ojos hacia su portátil, sin percatarse jamás de la mirada vehemente que Oliver le dedicó a Colette para responder.

—Por una chica.

—Dios —murmuró Erik divertido. —El romanticismo es un mal de los Couffaine.

—No tienes idea —soltó Colette con un hilo se voz antes de sonreír.

—¿Entonces? —insistió Erik divertido, levantado el rostro en dirección a Colette.

La chica dejó correr largos segundos antes de responder, se dirigió hacia la ventana para poder observar las nubes de tormenta que se aglomeraban en el cielo, las formas extrañas que se manifestaban entre los huecos gracias a los rayos, sintiendo el peso de la respuesta sobre sus hombros y pensando en sus boletos comprados para huir de aquel lugar en cuanto pudiera hacerlo.

Las primeras gotas golpearon contra su ventana, demasiado grandes, demasiado gruesas, esa noche diluviaría en París, así que la chica tomó aire para responder.

—Es el último concierto despedida que le doy a Jeanny. Y una vez... —Colette se llevó una mano al corazón, en busca de un colgante que ya no estaba más en torno a su cuello.

—Una vez le prometiste que —continuó Oliver sentándose con las piernas cruzadas y sonriendo melancólico — harías un disco para honrar las raíces de tu madre. ¿No es así, Colette Faure-Walsh?

La aludida estaba sorprendida por la dulzura con la que Oliver había pronunciado aquellas palabras, como si ella misma le hubiese contado la historia, así que asintió recomponiendo su expresión, sonriendo de regreso con la misma calidez que sentía en su corazón en ese momento antes de responder.

—Así es, y si esta de verdad es la última y nos vamos, quiero honrar a cada promesa que le hice.

—Pero ¿qué tiene que ver el tap? —Insistió Erik volviendo la vista a la computadora, sintiéndose de regreso a la época en la que Colette y Luka eran novios, dedicándose miradas de dulzura y gestos cómplices.

Oliver volvió la vista a su teléfono y sonrió de medio lado antes de mostrar el remitente a Colette.

—Marinette dice que la filarmónica confirmó. Mañana iniciamos ensayos con ellos.

—Muy bien —exclamó Colette tendiéndole una mano a Oliver para ayudarlo a levantarse. —Si así están las cosas, esta semana tengo que partirme en cuatro, dos para el concierto, dos para el torneo.

—¿Dos para el torneo? —Inquirió Erik con aires distraídos, un gesto al que Oliver (Louis) estaba tan acostumbrado que no pudo evitar sonreír de medio lado. —Definitivamente nunca voy a terminar de comprender cómo piensas ni cómo funcionas. Eres un caso.

—¿Tienes lo que estabas buscando? —Inquirió Colette divertida, al percatarse de la historia nueva que había publicado Adele sobre su cambio de look del día siguiente.

—Lo tengo justo aquí —murmuró el reptil con una sonrisa radiante.

Oliver soltó una risa por lo bajo, llamando la atención de ambos muchachos, aunque la mirada de Erik fue de curiosidad, Colette le dedicó una mirada inquisitorial como si quisiera sacarle toda la verdad en ese gesto.

¿Qué podía hacer Oliver? ¿Decir que su tío Erik le había contado esa historia mil veces durante su adolescencia, cuando ambos muchachos querían unirse a la banda? No, gracias.

—Perdón, pero de verdad creo que será muy divertido —murmuró Oliver desviando la curiosidad de Erik, no así librándose del escrutinio de Colette, de esos ojos viperinos que parecían capaces de abrasar todo a su paso hasta consumir el mundo y reducirlo hasta las cenizas.

No quería admitirlo, no quería pensarlo ni para sí mismo porque admitirlo le habría obligado a darse cuenta de cuánto le dolía la verdad sobre su inminente separación. Pero ¡Dios! Amaba a Colette con cada fibra de su ser.

Cuando se levantó en dirección a la reina de las serpientes, tuvo que contenerse recurrir a toda su fuerza de voluntad para no tomar en un gesto brusco y posesivo la boca de aquella despiadada y atemorizante bruja. Sí, bruja, así como suena, bruja. Si Oliver se tomaba la libertad de pensar en Colette como una bruja era porque ella le había hechizado con esos zafiros que cargaba por ojos, tan parecidos a los de su madre en color, pero tan distintos en intensidad.

Louis Couffaine estaba perdidamente enamorado de esos ojos de zafiro que ahora le miraban con curiosidad, observándole mientras le tendía una mano antes de volver a encender el estéreo, listo para otra ronda de práctica, de danza. No se rendiría hasta que Colette dominara aquellos pasos, aquellos saltos, aquellos desesperados taconeos contra la duela, puesto que sabía cuánto de su alma estaba puesto en aquel concierto.

Aunque, a diferencia de él, Colette no tenía miedo de admitir para sí misma que había caído rendida a los pies de aquel muchacho, del modelo, del violinista. Cuando se había enterado de la verdad, de su identidad y de su procedencia, había creído que encontraría en los ojos intensos de aquel muchacho algún parecido con su padre. Sí, era cierto, ambos eran apasionados de la música, también estaban a favor de las causas nobles, tenían una debilidad por el rock y una inclinación peculiar para meterse en problemas, pero cuando Colette Faure miraba a Oliver, no veía en él los vestigios de su padre, no veía al hijo de Luka Couffaine, veía a Louis solamente, al muchacho apasionado y arrebatado que le había dado las fuerzas para seguir adelante.

—Amo tu locura —admitió Colette con media sonrisa cuando Erik por fin cerró su portátil y terminó su cerveza.

—¿Perdón? —Exclamó Oliver mientras la botella de agua saltaba en sus manos (un gesto de torpeza que Colette le había conocido a Marinette cuando la chica se ponía nerviosa o la tomaban desprevenida, como si sus manos tuviesen mantequilla o estuvieran diseñadas para repeler todo aquello que se les acercara).

—Tu locura, aunque suene a música pop, lo digo en serio. Amo tu locura.

—¿A qué viene eso? —inquirió Erik divertido mientras guardaba las cosas en su mochila y miraba a sus amigos, sintiendo algo cálido subir por el pecho ante ese nombramiento para aquellos dos reptiles que saldrían de su vida en cualquier momento.

—Un acto de locura lo trajo a París —explicó Colette sonriendo de medio lado —, y luego otro lo llevó a salvarme la vida, y luego otro lo hizo quedarse. Y no quiero ni imaginar hasta donde nos llevará el siguiente.

—Al altar —aseguró Erik con una sonrisa, consiguiendo que ambos muchachos se sonrojaran con violencia antes de reprocharle con pucheros y reclamos ininteligibles. —¡Tranquilos! Hablo de la boda de Mari y Luka, es este fin de semana.

—También la legendaria pelea con Cobra —murmuró Oliver, sombrío antes de dirigirse a la ventana y recargar la muñeca contra el marco, observando la tormenta.

—Ya resolveremos eso, Lu… —prometió Colette poniendo una mano en el hombro del muchacho, ganándose una sonrisa efímera y un beso en el dorso.

—¿Lu? —Murmuró Erik, confundido.

—Luka estará bien —prometió Colette en voz alta, mirando a Erik de reojo antes de palmear la espalda de Oliver. —Saquen las colchonetas, acamparemos aquí —anuncio divertida, consiguiendo que ambos soltara algunas risitas por los nervios.

—¿Qué?

—¿Acampar?

—Esta noche eres blanco de Fran —puntualizó Colette parándose en jarras y sonriendo de oreja a oreja. —Y mi tarea es sacar de la competencia a los otros equipos, así que se lo pondré difícil al muy creído.

—Bueno, habiendo dos reptiles en esta casa… y medio —continuó Erik sonriendo para Oliver.

—¿Qué te pasa? Soy casi un reptil honorario.

—Casi.

—Niños, no peleen o no habrá pizza —canturreó Colette divertida.

—¡Ah, no! —exclamó Oliver en respuesta. —Esta noche haré alarde de mis habilidades culinarias, la cena la preparo yo.

.

Maunier llegó hasta la celda donde tenían preso a Luka, el muchacho estaba sentado en una esquina, con la espalda encorvada y las manos sujetando su armónica mientras le arrancaba melodías cadenciosa, un blues de prisionero.

—Muy gracioso —inquirió el inspector cuando Luka le sonrió detrás de sus manos, cambiando el ritmo a algo más alegre. —Ya te divertiste, ahora largo de mi prisión.

—¿Me vas a sacar? —Murmuró el guitarrista con socarronería.

—Lo tenias planeado, ¿verdad? —murmuró el inspector recargando los codos contra la reja y sonriendo de medio lado. —Hasta con armónica cargaste.

Luka se recargó hacia atrás y sonrió despectivo.

–¿Qué tal la tormenta? —cuestionó mirando al inspector mientras un rayo iluminaba tenuemente la celda, arrancando sombras extrañas a los rostros de ambos hombres.

—Fabulosa —ironizó el agente. —Se llevó toda la pintura —culminó su frase con un atisbo de rabia y reclamo.

Luka bufó divertido antes de ensanchar su sonrisa y volver el rostro a un costado, pasando el pulgar sobre su labio en aquel gesto que había caracterizado a Cobra tanto tiempo atrás.

—Pero eso no te sorprende —acusó Maunier con una mueca de desprecio. —¡¿O sí?

El gesto del guitarrista se tornó sombrío un momento, pero Maunier no se movió de su sitio, demasiado acostumbrado ya a las pantomimas del guitarrista. Luka le dedicó una mirada a su colega antes de inclinarse hacia el frente y recargar los codos en las rodillas.

—Necesitaba poner a Marinette a salvo una noche ¿sí?

—Pudiste haber pedido asilo —exclamó el oficial golpeando la reja, señal inequívoca del tamaño de su frustración.

—¿Y ser lanzado a los leones? —respondió furioso el rey de las serpientes, levantándose en un movimiento ágil y avanzando hasta Maunier, mirándole con reproche. —Tú mejor que nadie sabe que las aguas están muy turbias en este momento, con el torneo ocurriendo todos los reptiles quieren mi cabeza, no les voy a dar una oportunidad.

—¡Otra vez! —gritó dolido el oficial, preguntándose que tenía que hacer para que ese muchacho (al que había llegado a querer como si fuera su hijo) confiara en él. —¡Otra vez explícame para qué te metiste a ese maldito torneo!

—¡Por la bendita indulgencia, Travis! —Gritó Luka golpeando los barrotes con una mano antes de comenzar a pasearse por la celda como un león enjaulado. —Porque quiero que Andree me dé la bendita indulgencia para que mi padre pueda pasearse por las calles de París al lado de mi madre sin temer por represalias.

Luka bajó los hombros frenando de golpe, consiguiendo que Travis Maunier retrocediera medio paso, pasmado ante la intensidad de aquella confesión.

Vio por un instante la figura derrotada de un hombre que lo había perdido todo.

Luka profirió un largo suspiro, pesado como el infierno, Maunier incluso podría haber apostado ver un destello en sus ojos, como si estuviese a punto de liberar una lágrima, pero Luka suspiró de nuevo, recomponiéndose, irguiéndose en toda su estatura a la par que la celda parecía oscurecerse puesto que los relámpagos habían frenado.

Cuando Luka dedicó una mirada de reojo a su carcelero, incluso sus ojos parecieron levemente iluminados en ese tono azul hielo y sobrenatural que sólo se les concede a los dioses y a los indignos que venden su alma. Travis supo, por primera vez en su vida, que Luka Couffaine era algo más poderoso, algo que él debió tomar en serio desde el principio. Y el apodo de Hades jamás fue tan certero como lo fue en ese momento en el que Luka se cerraba su chaqueta negra, esa cazadora que distinguía su lugar como rey de las serpientes y le aseguraba un sitio entre el resto.

—Marinette... —murmuró el oficial en un hilo de voz, consiguiendo que Luka soltara una risa corta pero filosa, más peligrosa que Cobra en su peor momento, en su ataque más violento.

—Marinette hace mucho tiempo que conoce mi pasado y apoya mis decisiones. Después de todo, ella es mi reina oscura.

Maunier pasó saliva con dificultad.

—En las calles la llaman Perséfone —puntualizó el oficial tratando de poner a raya el pánico que amenazaba con consumirle en ese momento.

—Sí —respondió Luka a media voz, suavizando su expresión y mostrando una sonrisa devota e inocente. —El balance perfecto entre dulzura y destrucción... —Sin embargo, la mueca de Luka de nuevo se convirtió en un témpano cuando el muchacho volvió la vista hacia Maunier. —Este año descubrí la verdad sobre mi padre, descubrí la razón por la que nos tuvo que dejar hace tantos años, y Andree inició este maldito torneo. Sé que sus intenciones son recordarle a París toda la gloria de los reptiles sin poner en riesgo a sus habitantes, a los civiles, así que escucha bien mis palabras, Travis Maunier: No me voy a detener ante nada para conseguir la indulgencia que me permita limpiar el nombre de Louis Couffaine.

—Cualquiera creería que la quieres para ti —admitió el policía luego de pasar saliva y ver a Luka retirarse al fondo de la celda para dejarse caer en un movimiento desgarbado y elegante al mismo tiempo, y sacar de nuevo la armónica del bolsillo. —Para proteger a tu familia.

—Juleka está fuera de todo peligro, los reptiles no se meten con mi madre, sigo siendo el Elegido invicto de las calles y Marinette ha pateado el trasero de reptiles que le doblan el tamaño y la locura. Entiéndelo, Travis —murmuró al final, divertido y sombrío. —Marinette y yo somos los reyes del inframundo. Somos intocables.

—Al principio no decías eso —consideró el agente antes de volver a recargar una mano en los barrotes.

—Al principio no había derrotado a un reptil entero con dos costillas rotas, no había desafiado a Lila Rossi en persona, no era un portador de miraculous. No soy el mismo niño ingenuo que era en ese entonces.

—Es verdad —murmuró Maunier con pesar, sintiendo que le arrebataban algo que le había pertenecido, no, dándose cuenta de que aquello que anhelaba nunca estuvo a su alcance. —Haz cambiado.

Luka suspiró, corto, conciso, antes de levantarse y caminar hasta Maunier, poniendo una mano sobre su brazo y sonriéndole con franqueza.

—No, viejo. Sigo siendo el mismo —murmuró con un gesto cálido que le hizo albergar esperanzas al inspector —, pero ahora estoy determinado a proteger a los míos a toda costa, y si he de irme al infierno para conseguirlo...

—Sólo recuerda la ruta de regreso —pidió Maunier poniendo una mano sobre la de Luka, asintiendo una vez con un gesto lleno de fuego, de fe, de confianza, de toda la confianza que Chat Noir le había suplicado al principio, contemplando por primera vez al Luka del que todo el mundo hablaba, el amable, en entregado, el generoso, el abnegado. —Habemos muchos que queremos verte de regreso en nuestro lado.

—¿Sabes que me apodan Hades en las calles?

—¿Quién no lo sabe? —Exclamó Maunier divertido mientras Luka volvía a su rincón, a su armónica. —Deberías sacar un sencillo.

—¿Ahora eres mi fan?

—No te emociones, niño rico.

—Lo intentaré —Luka sonrió con ganas al ver a su amigo, a su viejo, más tranquilo, y luego asintió para sí mismo antes de admitir: —me gusta el apodo. Hades estaba locamente enamorado de su Perséfone, no era el malo, sólo se encargó de que las almas fueran conducidas al lugar correcto y recibieran su merecido —su expresión se volvió seria, grave, pero ya no había rastros del psicópata, ya no había sed de venganza ni crueldad injustificada. —Hades enviaba a los pecadores al tártaro, y premiaba a los justos. Sí, me llaman Hades en las calles, y yo le haré honor a ese nombramiento. Ya lo verás —prometió dedicándole una mirada centelleante a Maunier, gesto que hizo al oficial retroceder pasmado y sonreír, agradecido, aliviado. —Haré que te sientas orgulloso.

Maunier asintió una vez y luego le dio la espalda a Luka, alejándose de la celda. No, Luka no escucharía en ese momento, puesto que ya arrancaba a la armónica las notas para La vie en rose y aquellos sonidos ocuparían toda su mente, pero justo antes de salir al pasillo, Travis Maunier murmuraría para sí mismo: Ya estoy orgulloso, hijo.

.

Denisse golpeteaba el suelo con el pie, esperar no era un problema, pero hacerlo en medio de la estación de policía, donde montones y montones de pares de ojos la miraban con curiosidad y recelo (entre otras miradas que la chica había hecho por ignorar durante largos minutos que parecían horas), eso había logrado incomodarla sobremanera. Dos hombres entraron forcejeando contra sus respectivos captores, pero ambos patrulleros parecían ya bastante adiestrados en el arte de someter a gente violenta, así que Denisse se hizo a un lado, carraspeando y tratando de alejar un mechón de su rostro con un resoplido desganado, mientras les hacía espacio a los nuevos inquilinos para encontrar un lugar en el que estuvieran cómodos.

—Mierda Luka —murmuró la chica para sí misma, mirando a la pareja que le observaba desde una esquina, esperando para ser llevados a su celda mientras le tomaban huellas a un tercero. —Mil y un veces mierda, Luka.

El mundo siguió con su revoloteo durante varios segundos y Denisse habría optado por perder la mirada en la ventana y sumirse en sus pensamientos (sí, tenía un millar de correos sin leer, pero no se iba a arriesgar a sacar su teléfono celular para poner más tentaciones a los pandilleros que le dedicaban miradas de soslayo cada catorce segundos, y no es que estuviese contando), pero un muchacho entró en su campo de visión, ofreciéndole una sonrisa simple.

—Hola, perdón —murmuró él llevando una mano al bolsillo y otra a la nuca —, no quiero molestar, pero es que luces tan incómoda que pensé en saludar y... claro —dijo con una risita ante el gesto de incredulidad que compuso Denisse ante aquellas palabras —, como si necesitaras sentirte más incómoda ¿no?

—Gracias —murmuró la chica. —Pero ya casi me retiro.

—Sí, es sólo que pensé que no debías estar sola en un lugar así.

—De verdad gracias —insistió la joven, cortante pero amable. —Pero ya me voy, sólo vine a buscar a una persona.

—¡Qué coincidencia! —Exclamó aquel extraño a los ojos de Denisse, quizás alzando la voz un poco más de lo que habría debido, sobresaltándola con un gesto todavía más incómodo. —También yo espero por alguien. ¿Te importaría...?

—¿Eres imbécil o eres sordo? —Exclamó Andree entrando en el campo de visión de Denisse, abriendo los brazos, mitad poniéndola a salvo, mitad pavoneándose de su poder y de su físico.

Y quiso hacerse la tonta, quiso evadir a toda costa ese pensamiento, quiso hacerse tonta ella misma, pero un fragmento de su mente le gritó con todas sus fuerzas que era momento de admitirlo, adoraba la colonia del parisino que ahora se interponía entre ella y el muchacho que la había incomodado.

—No les des motivos para volverte a encerrar —exclamó el extraño, envalentonado frente a Denisse.

—¿Volverme a...? —Claro, las piezas cayeron en su lugar y Andree soltó una carcajada mientras encaraba a Denisse, entregándole dos vasos de café con el logotipo en el costado. —¿El idiota te hizo algo, Denisse?

—No —murmuró la chica, intimidada, agradecida.

—Bien —dijo Andree cortante antes de girar sobre sí mismo y encarar al muchacho, que contemplaba la escena pasmado. —Para volver a encerrarme, primero tendrían que encerrarme una vez, y no estaba preso, así que hay de dos sopas, amigo. O dejas en paz a mi chica por la buena, o levanto una denuncia por acoso.

—¿Tu chica? —musitó Denisse incrédula al haber escuchado aquello.

—A ver, amigo —respondió el aludido, recobrando un poco la calma. —Yo no...

—¡Gustav! —Exclamó Marinette sorprendida, acercándose a sus amigos con una sonrisa divertida mientras los tres muchachos le miraban confundidos. —No esperaba verte aquí.

—Luka dijo que salía en la mañana —respondió Gustav como si aquella frase justificara su presencia en la estación.

—Sí, te dije que lo recogería con unos amigos esta mañana.

—¿Sabes? Luka me prometió presentarme a sus amigos del conservatorio, a su grupo favorito y demás, pensé en evitarles la vuelta hasta mi hotel.

—Qué lindo.

—A ver, Perséfone —llamó Andree metiéndose en el campo de visión de Marinette y haciéndole reír, consiguiendo que Gustav se tensara en su sitio. —¿Me estás diciendo que conoces a este pelmazo?

Marinette soltó una risa leve entre dientes y asintió.

—Este pelmazo es el mejor amigo de Luka del conservatorio, de cuando era un estudiante. Permítanme presentarlos. Este es Gustav Monette, productor, músico...

—Filántropo empedernido —añadió divertido, mirando a Denisse con un aire de coquetería, ganándose un gruñido por parte de Andree.

—Monette, ya decía yo que tu rostro me sonaba —admitió Denisse entregando su café a Andree y sonriendo amablemente. —Un consejo, no seas tan invasivo.

—¿Invasivo? —Murmuró el muchacho, confundido.

—Gustav, ella es Denisse, la asistente de la que te he estado hablando. Y él es Andree.

El muchacho pasó saliva mirando al aludido de pies a cabeza antes de mirar a Marinette con expresión de pasmo —¿Ese Andree?

—Ese Andree.

Gustav pasó saliva de nuevo antes de mirar la sonrisa socarrona que Andree le compuso, pavoneándose de su triunfo mientras pasaba un brazo sobre los hombros de Denisse, arrancando un sonrojo violento a las mejillas de la joven asistente.

Andree abrió la boca con la intensión de añadir algo más, sin embargo, Luka apareció en la sala dirigiéndose hacia Marinette con pasos apresurados. La chica corrió hacia sus brazos, literalmente saltando para colgarse de su cuello y plantarle un beso dulce en los labios, haciendo a Denisse suspirar.

—Bueno —murmuró la asistente sonriendo de medio lado —, al menos ya está todo en su sitio.

—Casi todo —murmuró Andree encaminándose hacia Luka cuando el guitarrista apartó a Marinette hasta ponerla tras de sí.

El rey caimán tomó a Luka por las solapas y lo atrajo hacia sí, el guitarrista se asió a las manos de su agresor para proteger su chaqueta, y sus miradas soltaron chispas donde se encontraron.

—¿Qué? —espetó Luka receloso mientras el lugar se sumía en el más profundo de los silencios.

Oficiales, civiles, delincuentes. Todo el mundo se detuvo en cuanto las chispas saltaron en el aire, las miradas de ambos muchachos rezaban claramente las ganas que tenían de matarse el uno al otro, y Luka sonrió socarrón al darse cuenta de que Andree no podía hacer ningún movimiento estando en ese sitio, sólo sostenerle la mirada y esperar a que el otro golpeara primero.

Pero Luka no golpeaba primero a menos que fuera necesario, en medio de una pelea Luka evadía los golpes hasta el último momento posible, buscaba la manera de desentenderse de los problemas hasta haber analizado a sus oponentes, evitando todo contacto hasta que conocía perfectamente cómo funcionaba la estrategia del enemigo, entonces sí que golpeaba, y siempre lo hacía con todas sus fuerzas.

—Mi moto —gruñó el rey de los reptiles, acercándose tanto a Luka que podía sentir su respiración sobre la boca. —¿Por qué demonios tomaste mi moto?

—Lila nos dio una orden —murmuró Luka en el mismo tono, pero tomando las solapas de su compañero, haciéndole saber que no se dejaría amedrentar. —El mensaje fue muy claro —prosiguió, hablando entre dientes mientras ladeaba la cabeza a un costado, sonriendo de forma tan sádica que consiguió hacer que todos se estremecieran en ese sitio, encogiéndose un centímetro completo, tratando de evaporarse del lugar. Incluso los que parecían peligrosos se removieron incómodos mientras suplicaban desvanecerse en el aire antes de que la tormenta Couffaine azotara con toda su violencia. —Pieza a pieza, quiero que entregues el motor pieza a pieza —Luka cerró los ojos y ladeó el rostro hacia el otro lado, como si pudiera saborear cada palabra que decía. —Tienes que entregarle a tu rey ese motor pieza por pieza, quiero ver la rabia, la desesperación, la desesperanza en cada centímetro de su rostro, y entonces te doy el punto.

Luka soltó las solapas de Andree y levantó las manos en señal de rendición, sus ojos centellearon una última vez y luego la flama se apagó, dejando en su lugar a un muchacho cansado de haber pasado la noche en una celda por un crimen que no había cometido.

—¿Y luego? —incitó el reptil rechinando los dientes, invitando a su elegido a hablar.

—Y luego descubrimos que Lila Rossi es Hawk Moth, así que decidí hacer con esa lista lo que pude y ponerme en tus manos, pero ya que pareces tan entusiasta por hacernos cumplir la lista de tu torneo al pie de la letra, tal vez debas asegurar a tu bebé.

Andree empujó a Luka lejos de sí y se dirigió hacia la entrada, metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta, echando humo por las orejas.

—¡El punto es tuyo! —Exclamó Andree furioso, consiguiendo con su salida, que todos dieran un respiro profundo antes de mirarse entre sí, algunos volviendo a sus labores, otros reconsiderando seriamente dejar de oponer resistencia.

Y Luka se habría quedado mirando el punto exacto por el que Andree Dumont había salido, de no ser por las manos suaves y pequeñas de Marinette, que recorrieron su pecho hasta rodear su cuello, sacándolo del trance en el que la salida del rey reptil había sumido la habitación.

—Tenemos ensayo en el Liberty —anunció la diseñadora sonriendo con aires soñadores. —Tú tienes prueba de vestuario, yo tengo que tomarle medidas a Colette y coser el resto de la tarde. Y te falta conseguir...

—Conseguir la identificación oficial de un político —interrumpió divertido el muchacho. —Lo sé, pero primero voy a dar clases. Le prometí a Gustav presentarle a mi grupo favorito y hoy tenemos una pequeña apuesta entre manos, así que...

—Oh, una apuesta de Luka Couffaine —canturreó Marinette tomando la mano de su esposo y sonriendo con picardía. —¿Esto terminará el en Chat Lunatique en una de tus noches de micrófono? No sabes cómo las extraño

—No, esta semana la única música en vivo que necesito es la de los ensayos. Y todavía tenemos que supervisar la prueba de Erik, asegurarnos de que no lo maten y demás.

Podrían haberse quedado perdidos en su burbuja y caminar hacia el auto de no ser por Gustav, que los abordó en la puerta, colgando los brazos alrededor de los hombros de ambos, preguntando por Denisse.

No, ninguno se habría dado cuenta de la repentina desaparición de la asistente de Luka de no ser por Gustav, pero para cuando llegaron al estacionamiento, la chica ya no estaba, ni Andree tampoco.

Lo que esos tres se perdieron por estar en su mundito fue el hecho de que Denisse había salido corriendo tras Andree para devolverle su café y agradecerle el haberla apoyado, preguntándose si el reptil estaría bien luego de la conversación con su pupilo favorito.

—¿Sabes quién le enseñó a Luka de motocicletas? —exclamó Andree ofendido mientras Denisse le entregaba su café y negaba con la cabeza. —Yo, yo, yo le enseñé a armar y desarmar su motor pieza a pieza, le enseñé a modificarlos, le enseñé a pintar su maldita motocicleta y así me paga.

—Bueno, ustedes tampoco le han dado oportunidad de hacer las cosas de manera diferente —dijo Denisse en defensa de su amigo. —Tienen que entender que lo único que Luka quiere es proteger a su familia, darles un lugar seguro para estar.

Andree suspiró asintiendo una vez, preguntándose cuánta más responsabilidad podría tener en las desgracias que habían perseguido a Luka en los últimos meses, pero sabiendo que, a esas alturas, no podía echarse de espaldas tampoco.

—Luka siempre fue el mejor, el que tenía más agallas. Nunca inició una pelea —admitió con un retintín de burla, como si le menospreciara —, pero ¡Dios! Nunca evitó ninguna. Y luego se convirtió en un peleador invicto, lo tiene nato.

—Claro, desplantes de testosterona —comentó Denisse antes de dar un sorbo a su café y sonreír ante el sabor dulce de un moca blanco. —Como si los hombres no necesitaran más motivos para vivir menos.

Andree rodó los ojos ofreciéndole el brazo a Denisse, volviendo el rostro antes de bufar. —Te invito a desayunar.

—¿Y esto?

—Después del problema en el que te metí, es lo menos que puedo hacer —murmuró el muchacho sin dedicarle una mirada a la diminuta asistente. El contraste era visible en la lejanía.

Andree era más alto que Denisse por casi una cabeza, sus hombros anchos iban ocultos bajo la chaqueta de reptil, el primer trabajo de Marinette, la primera cazadora confeccionada a mano para la marca personal de ellos, sus cabellos cobrizos (seguramente en su juventud y adolescencia fueran pelirrojos con ganas) formaban una mohicana elegante y sofisticada, corto a los costados, largo arriba, e iban elegantemente peinados hacia el costado, como si el muchacho constantemente se pasara las manos entre los mechones para echarlos fuera de su rostro. Esta vez llevaba una camiseta de manga larga y cuello redondo, jeans azul oscuro y tenis deportivos, una cadena colgada al cuello con su propio logotipo, rezando que él era el rey de los reptiles.

Y Colette a su lado lucía tan pequeña e indefensa, con su cabello recogido en una coleta alta y pulcramente planchado para caer lacio a su alrededor, con sus lentes de pasta oscura resbalando hacia la punta de su nariz, con el blazer verde bandera sobre la blusa azul marino y su falda a juego, con los tacones de charol, realzando las curvaturas naturales de su figura, realzadas en los sitios importantes para destacar que, a pesar de su fragilidad, era una mujer poderosa y orgullosa de sí misma. Su rostro fino enmarcado por un maquillaje ligero, no, Denisse D'Epines no usaba maquillajes cargados, sabía sacarle todo el provecho a su rostro, tal vez eso fue lo que Andree vio la primera vez que le observó. El rimel, el delineador, los labios...

Aquellos dos eran agua y aceite, así que, cuando Denisse levantó la mirada y se percató de que Andree tenía un tatuaje tras la oreja, no pudo evitar sonreír y preguntarse qué se ocultaría bajo la pinta de chico malo.

—Gracias —murmuró la joven pasando un mechón de cabello tras la oreja y desviando el rostro.

—¿Por?

—Por lo de esta mañana, por defenderme de un extraño que resultó ser inofensivo. No me gustó que me llamaras "tu chica" —puntualizó arrugando la nariz, mirando con reproche al muchacho y consiguiendo que él se estirara en su sitio, ufanándose de su victoria. —Pero lo que hiciste fue muy dulce, así que muchas gracias.

—No te acostumbres, dulzura —murmuró Andree en medio de un suspiro de resignación. —Tienes razón, arrastré a Luka hasta esto, es la última persona a la que voy a poner en peligro por causa de los reptiles. Si el reino sigue así...

—A menos que Luka se convierta en rey —murmuró Denisse sonriendo de medio lado, dándole una última esperanza a su...

Amigo.

—Vamos a desayunar —soltó el rey liberando el brazo de Denisse y pasando el propio sobre sus hombros, atrayéndola cerca y haciéndole sonrojar. —Ya veremos qué sigue después.