Louis Couffaine carraspeó mientras se ajustaba la correa de la guitarra, preguntándose como había terminado ahí.

Ah, sí…

Luka lo había llamado viejo.

Aunque bien, la excusa era haber sido llamado de aquella forma, tenía que admitir que quería hacer aquello.

Bufo divertido al ver a su hijo acomodar la altura del micrófono antes de dedicarle una sonrisa de medio lado.

Luka, ¿Qué voy a hacer yo con ustedes en el escenario? No tengo nada que ofrecer.

¡Oh, vamos, viejo reptil! —había esperado el guitarrista cuando Louis hizo por retirarse hacia su asiento —¿No cantarás conmigo el día de mi boda? Tú me enseñaste todo lo que sé de música.

¿Viejo? —espetó perplejo el mayor —¿Acabas de llamarme viejo?

Poniéndolo en perspectiva, aquello no era tan distinto de cuando Luka trataba de chantajearlo a la edad de seis años, el formato era el mismo.

(Todo cuenta – DLD)

Louis se sobresalto al escuchar el rasgueo de Jagged Stone, la música sonó con estridencia contra las bocinas y al músico le tomó un segundo más acoplarse a la interpretación de aquel hombre que sonreía socarrona mientras disfrutaba del concierto improvisado en la boda de su hijo.

Hoy, hoy no quiero ver el sol
Y me quedo en medio de la oscura habitación
Porque sé que no vas a regresar
Y estoy en todo mi derecho de no salir jamás

Louis miró a su muchacho con reproche, negando con la cabeza ante la sonrisa descarada y divertida que componía el muchacho al mirarle de reojo, un reproche que había sido para él alguna vez, pero que hacía tiempo había perdido toda la fuerza del mundo.

Podía ver claramente el parecido entre Luka y Jagged, la forma en que ambos disfrutaban de aquel escenario como si hubieran sido diseñados para ello, recordaba las veces que los había visto hacer colaboraciones en los escenarios más importantes de todo París, en las sonrisas desenfadadas y en la complicidad. Pues bien, ahora que su hijo se había dirigido hacia él y le abrazaba por los hombros se sentía parte de todo aquello, a pesar de la dificultad para tocar.

Y si pasas por aquí
Te darás perfecta cuenta que pude estar sin ti
Y hablaremos de todo lo que pudo ser
Y nos reiremos del pasado con algún cóctel

Jagged pegó su espalda a la de Luka cuando el muchacho lo alcanzó en el escenario, moviéndose al ritmo de la música y marcando con los asentimientos de cabeza cada tiempo a su manera.

Louis recordaba con cierto grado de celos haberse enterado que Luka había descubierto a su verdadero padre por culpa de un Akuma, recordaba con cierto grado de rabia haber descubierto lo bien que su muchacho se había llevado con un indigno que ni siquiera había tenido el cuidado de visitarle sino hasta muchos años después, recordaba con cierto grado de alegría saber que para esas fechas el joven heredero ya no se andaba con los reptiles y que aquel hombre (idiota) no estaba relacionado con la banda de ninguna manera, podría ofrecerle una existencia tranquila y la posibilidad de perseguir sus sueños…

Todo cuenta, todo cuenta, cuando no hay nada
Todo se va, todo cambia, todo se acaba
Todo cuenta, todo cuenta, cuando no hay nada
Todo se va, todo cambia, todo se acaba

Por supuesto, para Louis fue una sorpresa cuando ambos músicos corrieron hacia él, encaramándose unos contra otros y así darles acceso a su micrófono.

Jagged y Louis dando la espalda a su hijo, Luka rodeando el cuello del segundo con un brazo mientras el rockero se inclinaba hacia ellos y alzaban los tres la voz al grito para entonar el coro.

Anarka, Marinette, Colette incluso (ahora que Oliver se había situado tras el teclado y sintetizaba para su padre y sus abuelos), con los ojos llenos de lágrimas. Juleka refugiada en el abrazo de Rose mientras luchaba contra la melancolía que amenazaba con transformarse en una lluvia torrencial para sus mejillas.

Hoy, hoy yo puedo ver el sol
Y me he dado cuenta que ya me siento mejor
Y hablaremos de todo lo que pudo ser
Nos burlaremos del destino, una y otra vez

Durante semanas, que claramente se sentían como años, cada miembro de esa familia había sentido que sus pecados iban siendo expiados. Esa noche incluso Anarka sintió la absolución que había conseguido con los años y años de lágrimas derramadas por recibir a su pequeño cubierto de golpes y heridas que limpiaba en silencio para no desatar otra guerra. Anarka, que era la más inocente de todos (si es que podías llamarle inocente a su situación), apenas esa noche se sentía realmente absuelta de todo crimen cometido contra sus hijos, comenzando por haberles negado la identidad de su padre y culminando con las múltiples peleas que había tenido con Jagged luego de aquella fatídica confesión.

Todo cuenta, todo cuenta, cuando no hay nada
Todo se va, todo cambia, todo se acaba.
Todo cuenta, todo cuenta, cuando no hay nada
Todo se va, todo cambia, todo se acaba

Tres generaciones compartiendo un escenario, presente, pasado y futuro en perfecta armonía, en comunión, una promesa de que tanto dolor había pasado al fin y que enfrentarán juntos cualquier desafío sin temor a las consecuencias puesto que se tenían los unos a los otros.


87.-La solución al problema

RubyMoon Li: último momento de calma antes de empezar ahora sí con lo bueno. Me gusta mucho la manera en que evolucionaron la mayoría de mis personajes, llegó ya un punto en el que no sé ni cómo mantenerlos en cintura, te lo juro que ellos me cuentan sus historias y yo sólo puedo contarlas. Marinette creció mucho, no me esperaba que fuera a distanciarse tanto de la del Canon, pero supongo que esas cosas pasan cuando crecemos jajaja. La pelea estará a la altura, mi hermana Saya me recomendó soundtrack y cuando la música toma el control, las cosas se me salen de las manos. Disfruta el último respiro antes del final del torneo.

Manu: Pues con lo rápido que van las confesiones entre personajes y ya teniendo temporad confirmadas, tal vez veamos a los hijos. Sólo queda esperar. De Jagged y Anarka con sus nietos, tal vez. Adrigami definitivamente hace falta, más adelantito para alivianar tensiones. Del resto no prometo nada, el final del torneo me emociona porque marca el principio del templo, a ver qué sale.

ClauSan: Originalmente la boda sería el último capítulo, pero han pasado tantas cosas que ya no podía darle más largas, y tienes razón, es un traguito de paz antes de otra tormenta, algo que vengo retrasando porque sé que me va a doler escribir jajaja. La verdad es que me da mucho gusto saber que te alegré el día. Muchas veces me pregunto si mis historias de verdad le darán algo de entretenimiento a la gente y los comentarios me dan mucha paz. Pronto habrá actualización del océano, ya se está trabajando y sé que lo vas a disfrutar.

Mu Bug Moon: Hasta yo quisiera ser la Marinette que escribo, con ese Luka tan sexy jajajaja. En la última actualización de OC no alcancé a llegar a Jeanny, pero pronto, cada vez más pronto, lo prometo. Colette y Luka son un tema, lástima que el destino de Colette ya esté lazado al de Louis, extrañaré esa comedia entre ellos. Pronto vienen cosas interesantes.

Tete2020: gracias por el comentario, de verdad, es lo que me impulsa a seguir con las historias, saber que todavía hay gente que me lee y para la que tiene algún tipo de impacto lo que publico. Pronto habrá actualización también en Ocean's childs, a ver qué pasa. Nos leemos pronto.


Marinette los había descubierto compartir un beso. Por supuesto, no había dicho nada, y la razón para guardar silencio fueron sus propios sentimientos. Emociones encontradas y aglomerados unas contra otras: Dicha por su amiga, por verla feliz, angustia por su hijo, por lo inminente de su separación, dudas por el continuo espacio tiempo, expectativa de la aparición de Bunixx para resolver aquello, y las ganas de verlos felices contra todo pronóstico.

Cuando Oliver y Colette abandonaron la fiesta en silencio, Marinette sonrió y arrastró a Luka consigo hasta la pista de baile, perdidos entre el mar de cuerpos que danzaban al ritmo de la música a pesar de ser entrada la madrugada.

Entraron en silencio al departamento, la oscuridad reinaba en el entorno, ni siquiera encendieron las luces, aquella rutina Colette la tenía bien ensayada, y Oliver ya se había acostumbrado a seguirla, ya familiarizado con la posición de los muebles, de las puertas, de los rincones.

Para Colette había sido extraño ver a Oliver acostumbrarse tan rápido, la excusa de ser bueno adaptándose al entorno no se la había tragado, pero le había dejado en paz sabiendo que suficientes problemas debía tener en la cabeza con todo cuanto había ocurrido en su viaje a ese tiempo como para fastidiarle con una trivialidad.

Los ojos del muchacho se habían habituado ya a la penumbra y tenían varios segundos prendidos de la espalda de Colette, cuya silueta se recortada contra la abundante luz colándose por la ventana, sonrió divertido al verla perder varios centímetros de estatura luego de bajar de un tacón y agacharse a retirar el otro, aferrada con la mano disponible al respaldo del sillón. Pero definitivamente se le corto la risa cuando la chica volvió sobre sus pasos y le dio la espalda, trayendo su abundante cabellera hacia el frente en un gesto coqueto antes de alzar una zalamera petición.

—¿Me ayudas con el cierre?

Oliver pasó saliva antes de atrapar el tirador entre los nudillos del índice y el dedo medio, su pulgar trazó una línea sobre la piel de Colette conforme el zipper cedía ante su paso, arrancando un escalofrío a la chica, haciéndola soltar un jadeo por la sorpresa.

—No es justo —se quejó el muchacho cuando logró revelar por fin la espalda de su novia y dejarla desnuda ante su mirada —, un movimiento de hombros y tu ya estás lista para una ducha —añadió aventurado la mano dentro del vestido de Colette, acariciándole el vientre con las yemas de los dedos antes de atraerla hacia su cuerpo y hacerla soltar una risa por lo bajo al sentir el aliento del muchacho sobre su cuello y su oreja —, yo tengo que deshacerme de un millar de artilugios primero.

Las manos de Colette se alzaron hasta enterarse en el cabello de Oliver, de Louis, deshaciendo las trenzas que solía llevar en honor a su padre, antes de alzar también el rostro, echando hacia atrás la cabeza para poder morder el mentón del muchacho y de sonreír.

—Sí quieres, te puedo ayudar.

Louis rio por lo bajo, entre dientes, un gesto sensual que consiguió ensanchar la sonrisa de la chica, mientras Colette giraba hasta encararlo y pasar sus brazos alrededor del cuello, evitando a toda costa perder el vestido.

(Tú - Shakira)

Guardaron silencio un momento, mirándose a los ojos sin poder quitarse todavía la sensación de "cuento de hadas" que tenían sobre la piel luego de haber huido de la boda de sus padres.

Colette pasó saliva con dificultad cuando el pulgar de Louis le acarició los labios, una advertencia que no necesitaba traducción.

Cerraron los ojos suspirando mientras los labios de Louis encontraban un lugar contra su boca, haciéndole suspirar de amor esta vez. Ahogaron ambos un sollozo, compartiendo el pensamiento amargo de que aquello era demasiado bueno para ser verdad, sabiendo que la burbuja de felicidad reventarla en cualquier momento, pero aprovechando ese último minuto de calma.

La chica ahogó un grito cuando los brazos del muchacho se cerraron por debajo de sus caderas y él cargó con ella, riendo divertido mientras se la echaba al hombro y se ganaba un golpe en medio de la espalda y otro rebasando los linderos de la espalda baja, haciendo al guitarrista reclamar entre risas nerviosas.

—¿Me estás castigando? —reprochó ingresando a la habitación de la chica y sentándola en la cama antes de agacharse hasta el suelo, recordando de último minuto que Colette se había deshecho ya de sus tacones y quedándose de momento sin labor.

—No tengo por qué hacerlo —musitó en respuesta, mordiendo la uña de su pulgar al ver a Louis arrodillado frente a ella, recargando el codo en una rodilla y sonriéndole antes de levantar la mano disponible hacia su rostro, hacia su mejilla, hacia su cuello, depositando una caricia que parecía abrasadora y al mismo tiempo contenía en sí misma toda la ternura y todo el amor que aquel extraño le profesaba.

Louis se levantó lentamente, con los ojos entrecerrados, con la mirada fija en la boca de Colette, que le dio la bienvenida con una sonrisa dulce mientras los dedos largos y afilados de la serpiente volvían a asirse del cabello de su novio, tirando hacia sí con un gesto cuidadoso hasta obligarlo a caer sobre ella sin atreverse ninguno a romper el contacto del ósculo que compartían.

El cuerpo de Louis todavía presentaba los atisbos del perfume que había usado esa tarde, mezclado con otras cosas, un poco a sudor, un poco de alcohol, un poco de humo de cigarro, un poco de todo.

Colette sabía que no había aroma más embriagante sobre la faz de la tierra que ese que se desprendía de la piel de su enamorado en el momento en que él aventuraba las manos por los costados de su cuerpo hasta dar con el borde del vestido y comenzar a enrollarlo, acariciándole a su paso la piel de las piernas y haciéndola sentir escalofríos que le erizaron la piel.

Colette sólo rompió el beso para liberar un suspiro y echar el rostro hacia atrás, percatándose de la suavidad contenida en cada caricia que recibía esa noche.

Sus amantes, sus múltiples amantes, habían sido apasionados al momento de llevarla a la cama, ella misma no había dado tregua, la rebelde consagrada, la reina de las serpientes, la estrella de rock que se entregaba al desenfreno y la locura de una noche de embriaguez y diversión, así que se sintió perdida cuando Louis le quitó el vestido y sus manos sólo fueron capaces de acariciarle con adoración.

Y posiblemente Louis vio esa confusión en los ojos de Colette, puesto que le cubrió el rostro de besos mientras las manos temblorosas de aquella rebelde buscaron los botones de su camisa.

El cinturón del pantalón aterrizó lejos de ellos con un ruido seco, la luz de la habitación bajó, el rayo iluminó la ciudad seguido del profundo trueno, que consiguió hacer saltar a la chica que parecía estarse entregando en serio por primera vez.

Pronto la camisa también estuvo en el suelo, Colette se encontraba desnuda sobre la cama mientras Louis se levantaba un poco para deshacerse también del pantalón, a los dos les tomó por sorpresa que la mano de la chica vagara por encima del colchón y hasta la mesa de noche para encender la lámpara.

Colette se sentía cómoda en la oscuridad, solía decir que la penumbra le daba el beneficio de la duda cuando necesitaba esconderse, así que encender aquella lámpara (que tampoco iluminaba mucho en general pero que ahora parecía un faro en la oscuridad) sólo servía para dejarla expuesta.

Bajo la luz artificial era evidente que Colette estaba asustada, sus ojos bien abiertos, los labios apretados, el corazón acelerado, ni siquiera podía pasar saliva, así que Louis no cuestionó a la chica por sus motivos para encender la luz, en lugar de eso volvió a tomar la boca de su novia con un beso suave mientras ella comenzaba, poco a poco, a sentirse segura entre los brazos del muchacho.

No sólo los besos, las manos de Louis dejaban sobre la piel de Colette una que otra caricia inocente, una sobre la cintura, una en su mejilla, una en sus clavículas, una en sus muslos, todas aquellas caricias dulces que no pretendían llevarle por ningún otro camino a pesar de la vorágine de emociones que desbordaban en su pecho, en los escalofríos y estremecimientos de los que la reina de las serpientes se veía presa en ese momento.

¿Hacía cuánto ansiaba ese encuentro?

Lo había imaginado de todas formas, algo apasionado, algo sexy, había pensado en ponerse este o ese conjunto de lencería, había pensado en seducirlo y arrasar, lo último que se imaginó fue que terminaría desnudándose el alma conforme las manos de Louis seguían encontrando lugares respetuosos en los que depositar la siguiente caricia.

Porque ya había quedado claro el juego, él no se movería hasta que Colette se sintiera completamente segura entre sus brazos.

Por eso mismo le tomó por sorpresa que la reptil tomara la iniciativa y le empujara hasta poder sentarse a horcajadas sobre él.

Sí, su expresión todavía era de incertidumbre. Sí, todavía se moría de nervios por aquel primer encuentro. Sí, se sentía una extranjera a pesar de su experiencia.

—Qué hermosa eres...

La voz de Louis quebrantó el mutismo en el que ambos amantes se habían sumido y los ojos de Colette se llenaron de lágrimas

No, definitivamente aquello nunca se lo hubiera imaginado.

Y de nuevo tomó la delantera.

Fue ella quien se acomodara sobre el cuerpo de su amante, siendo invadida lentamente conforme abría las rodillas, disfrutando el placer que le proporcionaba sentir en sí misma el cuerpo de Louis mientras él gruñía ahogando un gemido, cerrando los ojos y arrugando la nariz.

La mano de Colette recorrió el pecho de Louis, tomándole por sorpresa cuando los dedos de ella se aferraron a su cuello, por el costado del tatuaje, tirando hacia sí.

Louis se enderezó sosteniendo las piernas de Colette en torno a sus caderas y le miró con devoción, percatándose de que las mejillas de aquella chica estaban cubiertas de lágrimas, le abrazó con fuerza, aferrándose a ella que parecía diminuta en ese momento, sabiéndose más fuertes que el mundo.

Un vaivén de caderas, una danza sensual mientras sus brazos se cerraban con más fuerza en torno al cuerpo del otro, si se soltaron fue únicamente para que Colette tomara el rostro de Louis entre sus manos y le besara la boca, aumentando la profundidad de aquel contacto conforme subían la velocidad de sus movimientos, ahogando gemidos en la boca del otro, ahogando promesas, porque Colette sabía que, si le permitía hablar, Louis se desviviría en halagos, en promesas, en palabras de amor, y ella todavía no se sentía digna. Sabía que debía salvarle la vida primero, sabía de la contienda al día siguiente, sabía de los peligros que corrían, y, hasta que no estuviera segura de que podía proteger a Louis, no escucharía ningún verso ni promesa optimista.

Y él respetó ese deseo. Cuando sus manos vagaron por la espalda desnuda de aquella chica, cuando sus dedos se le enredaron en el cabello, cuando la recostó sobre la cama para poder arremeter contra su centro y empujarla estocada a estocada hacia una vorágine de placer, Louis ya había comprendido todos y cada uno de los miedos de Colette, así que guardó sus promesas para otro momento, pero ocupó su boca en besos que no dieron cuartel, acariciando, lamiendo, pellizcando la piel de Colette entre una estocada y la siguiente, dejándole un chupetón cerca del hombro, arañándole la piel entre los dientes mientras ambos gemían presas del placer.

.

En algún punto de la madrugada dejó de llover, Marinette le dedicó una sonrisa a Luka, que descansaba sobre la cama todavía con el traje puesto, la camisa a medio desabotonar, el chaleco abierto, ella le había quitado los zapatos. Recordaba haber llegado riendo a carcajadas, a Luka le había afectado un poco el alcohol, así que se había convertido en un montón de chistes baratos y clichés requemados.

Cuando el guitarrista se dejó caer en la cama seguía carcajeándose.

—No debí tomar tanto —espetó el muchacho en medio de carcajadas, contagiando a Marinette mientras ella le desataba los zapatos y le ayudaba a acomodarse.

—No todos los días podemos darnos ese lujo, disfrútalo.

—Tú no tomaste.

—Tomé —murmuró meneando la cabeza de un lado al otro, riendo por lo bajo —, tequila con Colette, poco, pero sí. Juré no volver a emborracharme en mi vida, ¿lo olvidas?

—Ah, sí, la señorita perfecta quería impresionar esa noche.

—Parece que lo logré —murmuró divertida mientras se quitaba las horquillas de la cabeza y se dirigía al espejo a buscar el desmaquillante, deshacerse de los aretes y el resto de las joyas —, después de todo, terminaste casándote conmigo por las dos leyes que conocemos y, encima, nos ganamos una bendición por parte de seres legendarios que... —Marinette volvió el rostro y sonrió enternecida cuando se percató de que Luka estaba profundamente dormido, con la boca entreabierta y una expresión de paz que la hizo suspirar —Buenas noches, mon serpant...

Ahora Marinette no podía dormir, había despertado una hora antes del amanecer, se había preparado una infusión y se había propuesto volver a recostarse para tratar de conciliar el sueño, pero una idea vaga cruzó por su mente.

(Assassins's creed – Zyrah)

—¿Marinette? —murmuró Tikki al ver pasar a su portadora a toda prisa, cargando con el tapete de Yoga y su termo humeante.

La kwamii intercambió una mirada con Mullo y Sass antes de seguir a su portadora, intrigada por sus actitudes distraídas en contraste a su mirada determinada.

Pasos, el eco de sus pasos, el eco frío de sus pasos en la oscuridad que la conducían escaleras arriba. Marinette se concentró sólo en el sonido de sus pisadas en la piedra fría mientras se dirigía hacia la escotilla de la terraza. Durante largos segundos presente y pasado se le entremezclaron en la conciencia, no estaba segura de si subía hacia la terraza de su departamento o si cruzaba los pasillos del castillo veneciano, tal vez estaba en un calabozo en Tenochtitlan o de la India, o encerrada en el sótano de Irlanda, por ahí de mil novecientos...

Esperaba que la luz la golpeara al llegar hasta el tope y ella abriese la puerta, sin embargo, la ciudad seguía sumida en la penumbra.

Marinette tomó una bocanada de aire, permitiendo que el frío se le metiera en los pulmones.

París, estaba en París.

Se recargó en la barda del edificio, encarando el este, esperando la salida del sol mientras bebía su infusión.

El cielo comenzaba a clarear, podía ver la neblina cubrir las calles de su hermosa ciudad como un manto de frialdad, había tanto silencio que se sintió abrumada por un momento. Parecía como si la ciudad entera estuviese suspendida en el tiempo, como si esperase, como si estuviera al vilo, así como lo estaba ella que todavía no resolvía cómo iban a salir de aquella situación.

La pelea contra Cobra se acercaba minuto a minuto, habría querido aferrarse a cada segundo disponible antes de aquella batalla, habría querido retrasar aquel enfrentamiento lo más posible, pero sabía que tenían que avanzar hacia su destino.

Destino...

Ahora la palabra destino no sonaba como al enemigo, ahora le causaba una emoción distinta... tal vez... tal vez... entusiasmo.

Gotitas de sudor se desprendieron de su rostro cuando ella frenó en seco su movimiento. Había iniciado como taichí, algo para despejarse la mente, para encontrar calma, para buscar paz para su mente y aquietar su alebrestado corazón. Sin embargo, poco a poco se convirtió en un entrenamiento de pelea, atacaba y se defendía de enemigos invisibles.

Sus movimientos eran irregulares, cambiaba el estilo de pelea cada vez que daba un paso o retrocedía, sus manos se movían como armas letales, preparadas para atestar el siguiente golpe y acabar con sus enemigos...

¿Enemigos?

Sí, los akumas, ¿no era así?

Marinette siguió peleando contra aquellos enemigos invisibles, sabía perfectamente que luchaba contra el mal desde el momento en el que se había convertido en una portadora de miraculous, pero cuando lanzó el siguiente golpe hacia el frente, tratando de recordar la última vez que había peleado contra el Señor Pichón, cuando sus manos alcanzaron la distancia máxima de su cuerpo, ella vio claramente el rostro de un hombre al que no había visto en su vida...

O al menos no en esa vida.

Marinette respiró con dificultad y retrocedió cuando aquel hombre (¡Fernando! ¡Se llamaba Fernando!) tiró una patada hacia el frente y hacía por atacarla de nuevo.

Podía verlo. No precisamente a Fernando, sino una bruma blanquecina. Primero había creído que se trataba del frío propio de aquella madrugada en la que la ciudad estaba suspendida en un limbo. Después comenzó a considerar que en realidad se encontraba en alguno de los trances, o al menos lo hizo cuando comenzó a ver que aquella bruma parecía adquirir tintes pálidos, como un azul muy claro y traslúcido.

Bruma que se dirigía a ella, que se cerraba sobre su cuerpo, que amenazaba con alcanzarla y que comenzaba a asustarle. Y aunque al principio se contentó con retroceder en su sitio, evadiendo aquellos ecos de su pasado, pronto se dio cuenta de que evadir la lucha no le llevaría a ningún lado.

Pelear. Necesitaba pelear, pero ¿cómo enfrentarte a un enemigo al que apenas puedes vislumbrar?

Marinette lanzó ambas manos hacia el frente, una kata, antes de retroceder y golpear con toda la fuerza de su puño esperando encontrarse el aire...

Pero no, encontró perfecta resistencia.

Y todos los ecos se hicieron presentes.

Necuametl sostenía su puño, evitándole retroceder mientras preparaba su macuahuitl, alzándolo sobre su cabeza y preparándose para atestar el golpe final.

El sol salió por fin del horizonte mientras la mano de Jeanne D'Arc encontró su sitio en el hombro de Marinette. La portadora, sintiendo toda la energía de aquella guerrera de antaño, levantó la mano disponible recibiendo ahí el golpe de aquella arma de obsidiana, y para sorpresa de Marinette un escudo se materializó ahí, proveyendo la defensa que necesitaba antes de girar a toda prisa, aprovechando la sorpresa de su atacante y aprestando una espada que antes no sostenía, poniendo tierra de por medio.

Durante largos segundos ocurrió lo mismo. Cuando Jeanne D'Arc soltó el hombro de la guardiana, el escudo y la espada desaparecieron, lo mismo le pasó a Necuametl, y cuando Claire tomó su lugar frente a Marinette dispuesta a golpearla con su shillelagh, fue turno de Necuametl para tocar su hombro y ofrecerle su escudo de caparazón de tortuga.

María y Fiorella le prestaron sus abanicos para interceptar las espadas de Kiyoko y Laal Bag. Claire aprestó su yo-yo cuando Necuametl apareció de nuevo y Marinette soltó un grito, sintiendo que todas aquellas encarnaciones previas entraban en su corazón, o salían disparadas lo más lejos posible de ella, haciéndose presentes un momento antes de desaparecer.

Marinette soltó un jadeo, cayendo de rodillas, agitada, con el cuerpo adolorido.

Tikki y Mullo llegaron hasta su lado, horrorizadas por lo que acababan de ver, pero dándole su espacio a Marinette, que miraba el suelo como si hubiese descubierto algo trascendental.

—Sé —jadeó Marinette con dificultad mientras Luka terminaba de subir las escaleras, agitado como si hubiese corrido un maratón para llegar hasta ella —, sé... sé cómo...

—Mari —musitó Luka cayendo de rodillas a su lado, tomándole el rostro y buscando en su mirada algo que le indicara que su musa estaba bien.

Marinette se aferró al rostro de su esposo y unieron sus frentes respirando con dificultad, apretando el gesto y repitiéndose que todo estaba bien.

—Sé cómo puedes vencer a Cobra —murmuró Marinette separándose de Luka, mirándolo a los ojos con determinación, con fuego en la mirada —. Pero tienes que confiar en mí.

—Mi amor —musitó el guitarrista acariciando el rostro de su enamorada —, ma muse, ma coccinelle... Yo pondría mi vida en tus manos.

—Esto no te va a gustar —prometió Marinette angustiada, sintiendo que las lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas hasta bañar las manos de Luka.

El músico abrazó a su esposa con fuerzas contra su pecho, acariciándole el cabello y cerrando los ojos mientras los kwamiis se acercaban a ellos, tratando de darles un poco de calma en medio de la tormenta.

—Mi vida te pertenece, y yo te seguiré hasta el final.