Las calles estaban llenas, la gente se empujaba mientras avanzaba en todas direcciones, cuidando no golpear los puestos ni tirar nada dado que podían verse envueltos en algún reclamo, "yo ni lo tiré", "me lo tienen que pagar", "si quiere le hablo al policía", "con los cuicos no me meto", "cien pesos y ahí muere", y las risas discretas de la gente que pasaba por ahí, conociendo de memoria aquel discurso elaborado; a la entrada de aquella plaza había policías, gente vestida de azul profundo, tan oscuro que parecía negro, dando indicaciones a la gente, cateando las bolsas y los abrigos, asegurándose que nadie fuese a colar nada muy peligroso a la plaza.
Marinette estuvo a punto de regresar sobre sus pasos al ver a un muchacho pasar un billete de doscientos si lo dejaban ingresar con su navaja, pero el brazo de Luka se cerró sobre sus hombros, arrastrándola consigo.
—¡Pero Luka!
—Mari —llamó divertido mientras usaba esa misma mano para despejar el rostro de su musa —, échale otro vistazo, ¿Crees que va a hacer algo?
Marinette, enfurruñada, volvió la mirada hacia el muchacho, percatándose de que era un adolescente. Diecisiete, dieciocho a lo mucho, con un grupo de amigos aunque sus ojos iban fijos en una chica más bajita que él, misma que reía nerviosa ante los guiños del indigno.
La modista carraspeó aferrándose a la cintura de su esposo antes de dejarse envolver por la fiesta de nuevo.
—¿Qué opinas de México? —murmuró el guitarrista con una sonrisa distraída, hablando en voz baja mientras pegaba la boca a la sien de su esposa —¿Es lo que ella habría querido?
—No —murmuró la portadora con una sonrisa radiante, un gesto arrogante que no le pertenecía —, pero pos se'horcan solos.
Luka volvió la mirada hacia su musa y sonrió al verle los ojos oscurecidos, chocolate amargo que miraba la fiesta con diversión y alegría, color que permaneció un segundo más ahí antes de que la chica parpadear a un par de veces, sacudiendo la cabeza para recuperar la claridad.
—¿Perdón? —cuestionó Marinette mientras Luka reía por lo bajo, aferrando el brazo con más fuerza, agradecido de estar ahí con su Marinette —¿Qué dijiste?
—Que me da gusto que disfrutes México.
Una vez dejadas atrás las vendimias, los puestos de tacos, a los vendedores ambulantes que se habían estacionado con sus aparadores improvisados, aquel pasillo se ampliaba para dejar a su paso un andador donde la gente, desesperada por aire fresco, abría sus caminos y se alejaba del tumulto.
Marinette suprimió un escalofrío al dejar de sentir el calor humano, y agradeció mucho cuando Luka volvió a rodearla con el brazo.
Palacio de Gobierno, su plaza, su avenida, el lugar estaba sitiado, al menos tres cuadras a la redonda se habían cerrado las calles y puesto cateos en cada una de las entradas disponibles, la avenida que desembocaba en la plaza se había llenado de puestos que vendían de todo, comida tradicional, ropa típica, banderas, aretes, joyería con los colores verde blanco y rojo, mascaras de luchadores, collares de tejocote.
Marinette tenía los ojos llenos de asombro, no paraba de mirar a su alrededor, percatándose del bullicio que abundaba en aquel lugar. Bocinas con mariachi, con norteño, con banda (haciendo a Luka arrugar la nariz y negar con la cabeza), las mismas canciones que ellos habían entonado en su hogar por aquellas fiestas, vestidos de Charro y Escaramuza como muchos de los presentes esa noche.
Tenían que admitirlo ambos, esa fiesta tan pintoresca los tenía fascinados, tal vez por los colores, la música o la gente.
No, definitivamente por la gente.
"¿No lleva la bandera con la virgencita de Guadalupe?", "Primo, hay de todo, pásele, si hay", "Güerita, ¿le pintamos la bandera?", "Nomás nos quedan tres copias, ire, disco original firmado por El Sol"
—Híjole, ¿y así las tienes? —exclamó algún fulanito al pasar al lado de Marinette, mirándola de pies a cabeza y de regreso mientras la pestilencia del alcohol golpeaba a ambos portadores.
La mirada gélida que Luka le dedicó al ingrato lo hizo dar traspiés para alejarse lo más rápido posible, y Marinette soltó una carcajada al sentir a su esposo tirando de ella para alejarse hacia la plaza principal.
—Eso fue muy raro —exclamó la chica entre risas mientras Luka miraba sobre su hombro, asegurándose de que el tipo no les siguiera de regreso.
—Raro —escupió Luka con el entrecejo fruncido mientras la música se volvía más clara y más estridente.
—¡Ven, vamos! —suplicó la chica divertida, tomando la mano de Luka y tirando hacia la plaza, haciéndole reír por su arranque.
Por supuesto la siguió, sonriendo al verla volver el rostro para mirarle sonriente antes de encaminarse a traspiés hacia el tumulto de nuevo.
Luka carraspeó divertido, trotando tras los pasos de su musa en dirección al mariachi que se disponía a tocar una nueva canción.
88.-En México
Ruby Moon Li: pues habrá un último respiro antes de que esto se vaya al carajo otra vez jajajaja espero disfrutes esta entrega, tarde pero segura, pronto vendrá la tormenta, ya casi está completa.
Mu Bug Moon: Quiero hacer más alusiones a la Mariquita, muchas gracias por el dato de Amor en tiempos de Cólera jajjaja lo evitaré dentro de lo posible, Ocean Childs ya se está cocinando, y la pelea contra Cobra será dolorosa. Me haré un espacio para pasar por tus drabbles, espero pronto.
Manu: no me he informado mucho de las series nuevas, pero sabía que estaban planeando las series, de verdad me gustaría que el Lukanette fuera real en la serie, ya el tiempo dirá.
TheBlacKat: Ahora si vendrán más apariciones de los portadores antiguos, después del cierre del torneo, a ver qué pasa.
Sonrais777: Nunca ha sido mi intensión hacerlos sufrir, pero a veces no puedo evitarlo jaja.
ClauSan: Bueno, si quiero escuchar cosas bonitas creo que este capítulo se puede perfilar para esto jajaja. Lo de Jagged me tomó por sorpresa y cimbró muchos planes que tenía, pero ya más o menos se van acomodando, Louis es demasiado entrañable para dejarlo ir. De los antepasados pronto sabrás más, respondiendo a tu pregunta, ¡sorpresa!, sí hay especial de 16. No he visto Hack-san, pero espero pronto poder hacerlo, sería mucho pedir que Astruc leyera mis historias jajjajaa me encantaría que oficializara el Lukanette, pero pues no. A ver cómo avanzan con la serie.
Saya, Asami: ya no puedo contener más la tormenta y habrá drama por todos lados, espero que disfruten este último minuto de calma jajajja antes de que hasta el Legado se vaya al carajo.
Volaron en la madrugada. El aeropuerto era un caos total, las llegadas internacionales estaban saturadas, gente mexicana viviendo en el extranjero, pero volviendo a casa para sus fiestas patrias, así que Luka y Marinette tuvieron problemas a la hora de recoger sus equipajes. Los etiquetados estaban bien, pero las bandas transportadoras estaban tan sobrecargadas que les tomó casi una hora encontrar las suyas.
Marinette sonreía mirando a todos lados mientras encontraban un sitio privilegiado en el retorno de la banda, si las maletas pasaban por ahí tendrían tiempo de sobra para recuperarlas. La joven diseñadora permanecía tomada de la mano de Luka con fuerza mientras se asía mejor a su mochila, el mismo guitarrista se había ceñido las correas a los hombros antes de ajustar su gorro y mirar a su esposa, divertido ante las miradas de asombro que dedicaba al lugar.
¿Cómo no hacerlo?
Banderas de México, sombreros charros, camisetas de futbol, la verde, la negra, las oficiales del equipo del país, también algunas otras de equipos locales, de diversos estados. Acentos de todos lados, alguno que otro compatriota que había hecho escala en aquel país antes de dirigirse a su siguiente destino, aunque el idioma que predominaba en esa ala era el inglés con un acento muy marcado.
—Esto es increíble —murmuró Marinette cuando Luka la soltó para recibir sus equipajes, emitiendo un gruñido por el esfuerzo antes de sonreírle de nuevo a Marinette —, sólo mira a la gente.
—Me caería bien una mano —exclamó el guitarrista tomando la maleta por la correa, pero incapaz de levantarla.
Luka se atascó con su propio equipaje entre las rodillas y Marinette corrió riendo discretamente con el fin de alcanzar su maleta, sonriéndole a Luka para hacerle saber que lo tenía bajo control.
Dirigirse hasta el estacionamiento, pedir un carro, dirigirse al AirBnB que habían rentado durante la próxima semana antes de dormir un rato y desempacar.
Pero cuando se dieron las cinco de la tarde, Marinette ya se había puesto de pie para alistar su ropa y preparar alguna comida ligera antes de prepararse para salir.
Luka le besó la sien mientras ella apagaba el fuego de la estufa y le servía una taza de café. Y aunque la perdió de vista durante varios minutos, al final Marinette volvió sobre sus pasos, emocionada, mostrando los outfits que había confeccionado a mano para esa noche, colgados en sus respectivos ganchos.
—¿Los hiciste para este viaje? —exclamó Luka levantándose hacia ella, percatándose de que estaba tan emocionada que parecía a punto de ponerse a dar saltitos en su lugar.
—¿Te gustan?
Luka recibió la chaqueta charra en sus manos, negra, con bordados azul cobalto en contraste a la camisa blanca y el moño. Se parecía muchísimo a la que había usado el año anterior, en el Chat Lunatique mientras le llevaba serenata, pero se notaba que era una cuestión muchísimo más casual. Se vería genial con mezclilla y botas.
La blusa de ella era negra también, con bordados rojos por todos lados, una pechera gris oxford que subía como un cuello alto, mangas abombadas en los hombros, largas hasta las muñecas con bordados en ese espacio, ciñendo el conjunto para adornar las manos de la portadora.
—Te verás hermosa con esto —murmuró el guitarrista antes de tomar la cintura de Marinette en sus brazos y besarle la frente —, te verás hermosa.
.
Marinette tenía la boca abierta mientras los violines enmarcaban la melodía, recordaba haberla bailado el año anterior fuera del Chat, pero había olvidado el nombre.
Luka la abrazó por la espalda y sonrió besándole la coronilla antes de cantarle al oído un verso o dos de aquella pieza, haciéndola reír sorprendida por aquello. Los cabellos de Marinette iban sueltos en su mayoría, salvo por una trenza que cruzaba su cabeza como diadema con listones verdes, blancos y rojos entretejidos para hacerla lucir más llamativa.
—Mariachi Vargas de Tecalitlán —dijo el guitarrista en el oído de su musa, haciéndola levantar la mirada un momento antes de sonreír con más ganas y continuar viendo el espectáculo.
Aplaudieron con fuerza mientras pirotecnia anunciaba el final del espectáculo.
Un presentador vestido de charro entró en el campo visual de los presentes, llevando un micrófono y unas tarjetas en las manos, sonriendo y saludando mientras el mariachi hacía una reverencia antes de retirarse.
—¿Qué tal se están pasando esta noche? —exclamó haciendo que los presentes gritaran, aplaudieran e hicieran algún gesto haciendo reír al presentador —Digan si no es México el país que tiene la mejor fiesta de todos, ¡Sí, señor!
—¿Eso decimos todos los países? —murmuró divertido Luka en el oído de Marinette.
—Esta noche no sólo tenemos la fiesta más bonita, sino la gente más bonita —siguió el presentador consiguiendo que la gente soltara exclamaciones afirmativas —¡Es más! ¡A ver la gente de aquí! ¿Quiénes nacieron aquí mero?
Marinette y Luka pasearon la mirada hacia los costados y sonrieron al percatarse de que no estaban tan rodeados como creían, habían elegido una buena locación para ir a esa fiesta.
—¡Achis, achis! —exclamó el presentador, y Marinette estalló en carcajada cuando los músicos a sus espaldas respondieron al unísono.
—¡Los Mariachis!
—¡A ver, levanten la mano los que nos visitan de otros lados de la república?
Durante algunos minutos, los ojos de Marinette viajaron del presentador al público, fascinada con la calidez de toda la gente, divertida con los acentos tan diversos en un solo país, tan ricos como su tierra y su gente.
—¿De dónde mero usted? Ah, ahí es muy bonito, ¿y usted oiga? ¡Ah, los mejores mariscos! Y usted, ¿vienen juntos? ¡Tantos! A ver, ¿quién más viene de allí mero? No pos sí son muchos. Ah, los cortes, ¡la carne asada bien buena ahí!, no pos sí. ¿De qué estado tenemos más gente que nos visita esta noche? Levanten la mano. A ver, ¿de dónde? No, si de ahí son las mujeres más guapas, a usted ni le pregunto, a ver una vuelta.
Luka y Marinette reían a carcajadas ante las respuestas de la gente, muchos de los presentes esa noche vestían los trajes típicos de sus estados de origen, aunque ellos dos realmente no resaltaban entre la multitud con sus atuendos personalizados, definitivamente Marinette había logrado darle un aire actual a la vestimenta charra, que se había convertido en su favorita poco a poco.
—¡Lleve el llaverito, lleve el recuerdito!
—¡Bigotes, pestañas, sombreros, banderitas, le pintamos las banderitas!
—¡Haaaay eloooteeeeeees!
Había tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo en aquella plaza que no sabían ni para dónde mirar, porque si bien el animador hacía bromas inteligentes y la ocurrencia mexicana tenía fascinada a la portadora, también había mucha riqueza en todo el show que rodeaba a la plaza y a la gente. Después de los adornos tricolores, lo que más tenía fascinada a la modista eran los puestos ambulantes, estalló en carcajadas la siguiente vez que levantó la mirada hacia Luka y se percató de que llevaba puesto un falso bigote, moviendo la boca para levantar los bordes en un gesto que habían visto en alguna película tal vez.
—¿Crees lo tengan en azul? —inquirió el guitarrista sonriendo —Para hacer buen juego.
—¡Momento de ponernos "internáchonals", como diría un expresidente! Ladies and gentlemen, time to get serious. Do we have people from further afield? Lo que viene a ser lo mismo que ¿tenemos gente que venga de más lejos? Estrényers, vamos —finalizó moviendo la mano arriba abajo, enfatizando su gesto.
—¡De harto lejos! —gritó Marinette poniendo las manos junto a su boca y haciendo a la gente reír.
—¡A ver! ¿Gente de los Yunaites?
Varias personas levantaron las manos, Marinette sonrió percatándose de los bronceados, las pieles blancas enrojecidas por las horas pasadas bajo el sol, los cabellos rubios que sólo podían pertenecer a ese rinconcito del mundo, las bermudas, las camisetas, la etiqueta que delataba la nacionalidad de aquellos extraños.
—¿De'onde mero? ¿California, como el sushi? A ver, de dónde más ¡A poco! Yo tengo familia en San Diego, ¿no me habrán mandado unos dólares con uste'oiga?
Más risas por parte de la gente que miraba fascinada cómo una pareja subía al escenario con aquel hombre, vestidos con la ropa típica de Jalisco, una falda rosa mexicano con holanes y listones bordados que Marinette reconoció al instante.
—A ver, ¿viene gente de otros lados del continente?
—¡Perú!
—¡Chile!
—¡Ah, chile, aquí se usa mucho, oiga! —y más risas de la gente, al menos de los locales, puesto que Marinette miró a Luka confundida, ganándose que el muchacho se encogiera de hombros negando con la cabeza.
—¡Brasil!
—¡Pe-pe pe-pe-pe-pe —entonó dando vueltas en su sitio y moviendo las manos al ritmo de su propio canto, dejando a algunos atónitos, pero arrancando carcajadas a otros —, upa neguinho na estrada! Bueno, algo así —exclamó al final sacudiendo las manos hacia el frente una vez —, si no le entienden no tiene chiste. ¿De otro continente?
—¡París! —gritó Marinette haciendo a Luka levantar la mano y reírse por su entusiasmo.
—¡Oh! Oui-oui, ¡París, baguette, sacrebleu, le popú le mató le guaguá!
—¿Qué? —exclamaron ambos parisinos carcajeándose e intercambiando una mirada de confusión y arrancando más carcajadas a la audiencia mexicana.
—¿Y qué andan haciendo tan lejos'oiga?
—Honeymoon —exclamó Luka divertido, abrazando a Marinette por los hombros y dedicándole una mirada enamorada que la hizo sonrojarse y asentir.
—¡Ah, pos entonces ya sabemos a quién subir! —soltó el presentador mirando a la pareja en el escenario, quienes asintieron mostrando sonrisas radiantes pero acartonadas —¿Qué dicen? ¡Que pasen los novios!
La gente gritó animando a la joven pareja, que intercambió una mirada mientras un staff del evento se dirigía hacia ellos y los escoltaba hacia el escenario en medio de aplausos que celebraban su valentía.
Al llegar arriba, la chica jaló a Marinette consigo para darle indicaciones mientras que el presentador le puso su sombrero charro a Luka.
—Where are you from? O sea, ¿de dónde vienen?
—París, Francia —informó Luka divertido, ciñéndose bien el sombrero y reacomodándose el bigote.
—Pos parece mexicano, como que usté y yo nos damos un aire ¿no? ¿O qué dice el público? ¿A poco no parecemos hermanos? ¡Uy sí, como dos gotas de agua!
Luka soltó una carcajada ante aquello, asintiendo una vez.
—¡Nombre, hasta habla español y toda la cosa! El charro francés le vamos a decir —exclamó el animador antes de dar un paso hacia atrás y empezar a corear —¡Vuelta, vuelta!
Luka rio primero, nervioso ante aquello antes de llevarse una mano al estómago y levantar la otra sobre su cabeza, girando al ritmo de los vítores y haciendo a la gente chiflar divertida.
—¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Luka.
—¡Luka! Luka yo soy Juan Pérez, mucho gusto —exclamó dando un efusivo apretón a la mano del guitarrista, y asintiendo ambos —, primero lo primero, ¿por qué vinieron hasta acá a dar el grito?
—Mi esposa es mestiza —respondió, una verdad a medias, con el acento marcado, arrancando silbidos y gritos a la multitud —, queríamos pasar una temporada en la tierra que la hace sentir orgullosa y elegimos esta fecha para venir.
—¡Mejor elección imposible! ¿Ya probaron los chiles en nogada? ¡Uy, de lo que se están perdiendo! A ver, vamos a ver qué tanto llevas a México en la piel, ¿listo?
—Arránquese —exclamó Luka aplaudiendo fuerte una vez antes de frotar sus manos, encarando ambos a la audiencia.
La mancuerna perfecta, Marinette observaba desde detrás del escenario mientras la enfundaban en la falda típica, divertida al darse cuenta de lo cómodos que lucían aquel par con sus interacciones, Luka había conseguido un buen ritmo con el tal Juan Pérez y la audiencia estaba maravillada con ellos, logrando hacer reír también a la chica a su lado.
—Tu esposo es un amor.
—Sí, lo es.
—¡Primero lo primero, de hidalgo! —exclamó Juan Pérez mientras un staff llegaba con dos caballitos de tequila hasta ellos.
—¿De hidalgo? —murmuró Marinette confundida, alzando los ojos hacia la chica a su lado.
—Que... salude a su madre el que deje algo —explicó la chica abochornada, haciendo a Marinette reír con ganas.
Luka recibió el caballito, brindó con su interlocutor y, tras intercambiar una mirada y una ceja alzada, entrelazaron los brazos para terminarse cada uno su shot.
Luka agitó la cabeza de lado a lado luego de aquello, ahogando un gruñido que hizo reír a Juan Pérez antes de regresar el caballito.
—¿Reposado?
—¡Sabes de tequila!
—¡Como si hubiera nacido en Jalisco!
La gente gritó, aplaudió ante aquello, Juan Pérez largó una carcajada antes de asentir y mirar a Luka con una sonrisa radiante.
—Vamos a ver si'cierto. Repite, tres...
—Tres
—Cuatro
—Cuatro
—Tres
—Tres
—¡Tres-tristes-tigres-tragaban-trigo-en-un-triste-trigal!
Luka rompió en carcajadas, retrocediendo un par de pasos y mirando a su alrededor, percatándose de que la gente reía también.
—Nous y voilà —murmuró Luka antes de mirar a la gente y sonreír —tres...
—¡Nah, pero primero que de tres vueltas!
Luka se llevó una mano a la boca, pasmado y divertido hasta que Juan Pérez se carcajeó haciendo un aspaviento con la mano, instándolo a continuar.
—Tres tristes ¿tigres? Tragaban triste trigo...
—¡Tres tristes tigres tragaban trigo en un triste trigal!
—Tres tristes tigres tragaban trigo en un triste trigal —repitió Luka con mucha dificultad, para luego soltar el aire y levantar las manos sobre la cabeza, ganándose el aplauso del público.
—¡Ande! Mejor que muchos mexas —exclamó Juan llevando las manos a su cabeza mientras Luka volvía a sacudir la cabeza, reacomodándose el sombrero y sonriéndole —, a ver, vamos a ver si puede más.
—No, te toca decir una en mi lengua —cortó el guitarrista jocoso, haciendo que la gente aplaudiera divertida —¿O no se puede?
Abucheos, la gente echándole sal a la herida, y Juan Pérez sonrió divertido asintiendo antes de mirar al público.
—¿Le seguimos la corriente? Pa que no se agüite —la gente asintió a los gritos, haciendo a ambos varones reírse a carcajadas —Ira, compa, la neta es qe te hago jalón nomás porque me caíste bien, ¿qué me vas a hacer decir.
—Una mora madura susurra en la pared
—Ay, ¡qué fácil! Una mora madura susurra en la pared.
—¡A ver en mi idioma! Une mûre mûre murmure au mur
Fue turno de Juan para carcajearse mientras Luka levantaba las manos una y otra vez, llamando a la gente a aplaudir, convocando el caos y la fiesta.
—¡Ay güey! A ver, un mur... mur-mur-mur-mur-mur-mur-mur
Luka se carcajeó con ganas, lo mismo que toda la audiencia mientras el presentador hacía un zapateado celebrando su triunfo. Intercambiaron una mirada, una sonrisa y el presentador se alejó el micrófono de la boca antes de asentir para Luka una vez.
—Me están haciendo la noche.
—Me encanta tu trabajo —respondió el guitarrista aceptando un nuevo apretón —, ¿de verdad te llamas Juan Pérez? Sí sé ese chiste.
—Javier Aldama.
—Luka Couffaine.
—¡A ver, la esposa! —exclamó el presentador antes de girar y dar entrada a Marinette y a la otra chica, María Luisa, quien se acercaba hasta ellos sosteniendo los holanes de su falda y una sonrisa coqueta.
—Une mûre mûre...
—¡Así ya no tiene chiste! —cortó Juan Pérez divertido, haciendo a Marinette reírse.
—¿Quién canta más bonito?
—Ella —soltó Luka sin dudarlo, haciendo a Marinette abrir los ojos con sorpresa.
—Ah, entonces vas a cantar tú, pa'que se te quite. ¡On'ta mi mariachi! ¿Ocupas la letra?
—¿Qué le vamos a cantar?
—Arráncate con la que quieras, pa'que veas que no soy gacho.
—¿Te canto amor o desamor? —inquirió el muchacho coqueteando con su esposa, haciéndola sonrojar, Marinette sonrió mordiendo el rebozo que caía sobre sus hombros, haciendo al público reír.
—¿Qué te merezco esta noche?
Luka suspiró sonriendo, quitándose el sombrero y levantándolo en dirección a su musa antes de responder.
—Mi amor, tú mereces el mundo —chiflidos, aplausos, abucheos, miradas de enamoramiento y de reproche, novios molestos puesto que sabían que sus novias exigirían mínimo una muestra así luego de aquello, pero para Marinette y Luka el resto del mundo ya no existía en ese momento, de pronto estaban otra vez fuera del Chat Lunatique, ella en el balcón mirando los ojos claros de su eterno enamorado mientras él volvía el rostro hacia el mariachi para pedir una canción.
—Sabes una cosa —murmuró Luka mirando de reojo a los músicos que ya se habían acomodado a espaldas del muchacho.
Trompetas, guitarras, violines, la música arrancó uniforme, las palabras de Luka tomaron por sorpresa a Juan Pérez, como si de verdad no se hubiese esperado que el muchacho conociera alguna canción para esa ocasión.
Pero no, Luka Couffaine sonrió disfrutando la música mientras Marinette le dedicaba una sonrisa soñadora, bailando de un lado al otro con los ritmos de aquella armonía señorial.
Sabes una cosa
Tengo algo que decirte
Y no sé cómo empezar a explicar
Lo que te quiero contar
Sabes una cosa
No encuentro las palabras
Ni versos, rima o prosa
Quizá con una rosa te lo pueda decir
Luka levantó una mano hacia Marinette mientras los primeros versos de aquella canción emergían de su boca, potentes, llenando el espacio y anteponiéndose al mariachi para sorpresa también de los presentes.
Sabes una cosa
No sé ni desde cuándo
Llegaste de repente
Mi corazón se puso a cantar
Sabes una cosa
Te quiero, niña hermosa
Y te entrego en esta rosa
La vida que me pueda quedar
Marinette tomó los bordes de su falda y se paseó ida y vuelta, bamboleándose mientras Luka levantaba el sombrero hacia ella, dedicándole la canción antes de encarar al público y hacer la misma faramalla, dedicando esa misma canción a los presentes.
—Para todos los enamorados presentes esta noche —dijo Luka levantando la mirada hacia la gente, quitándose el bigote y sonriendo ante las miradas de sorpresa de las personas que intercambiaban risas y se secreteaban por encima de la música —, si te sabes esta canción, cántala conmigo, pero a todo pulmón, como si fueran mexicanos, porque esta noche estamos de fiesta todos.
Luka encaró a Marinette luego de dedicar aquellas palabras a la audiencia y le sonrió con más ganas todavía antes de proyectar su voz, poderosa, tan poderosa que podría haber apagado el sonido del mariachi si él no fuese el músico que era — Doy gracias al cielo
Por haberte conocido
Por haberte conocido
Doy gracias al cielo
Y le cuento a las estrellas
Lo bonito que sentí
Lo bonito que sentí
Cuando te conocí
Luka volvió a ponerse el sombrero antes de tomar las solapas de su atuendo, poniéndose de nuevo el bigote en un gesto altanero, haciendo a Marinette reírse por su histrionismo. Porque claro, ¿cómo se le había ocurrido creer que Luka dejaría pasar una oportunidad así para celebrar con ella?
Sabes —entonó a todo pulmón mientras se encaminaba hacia ella.
Sabes una cosa
Que yo te quiero
Que sin ti, me muero
Si estás lejos
Sus pasos lentos le parecieron una eternidad antes de llegar hasta el lado de su esposa, tomándole una mano para hacerla girar antes de agacharse en una rodilla y tirar de su mano, haciéndola sentarse en su pierna mientras seguía cantando, acariciando su rostro con devoción mientras la gente los miraba con embeleso.
Marinette sonrió quitándole el sombrero a Luka para cubrir sus rostros antes de robarle un beso tierno, haciendo a la gente gritar con ganas.
—Tons me imagino que si les pido que bailen El son de la negra no van a sudar —Marinette y Luka se asomaron detrás del sombrero antes de que la chica se levantara divertida y dedicara una mirada a su esposo.
—Habría que ver —canturreó ella.
.
Tras devolver el sombrero y la falda, que Luka intercambiara números de teléfono con el presentador y que Marinette prometiera volver, la pareja se encaminó de nuevo a deambular por la plaza mientras esperaban el evento principal. Marinette sentía la energía de María revoloteando por ahí, así como también Necuametl estaba muy presente esa noche, pero no dijo nada y se permitió disfrutar de aquella fiesta, paseando las miradas por todos lados.
—Ven —pidió Luka tirando de la mano de Marinette hasta un puesto de aretes de todo tipo. Sonrieron ambos al percatarse de que un apartado era específicamente para plumas de aves, algunas engarzadas en aretes, otras como prendedores para el cabello; Luka levantó una pluma enorme, al menos veinte centímetros de largo, motas negras sobre rojo, haciendo a Marinette sonreír.
—Es de mera lechuza de la sierra —prometió el muchacho del puesto antes de poner la señal de la cruz y tronar un beso a su mano —, deveritas. Pintada a mano con pigmentos naturales y recolectada del suelo pa'no lastimar a los animalitos, ya ven que dicen que son brujas. Nomás no deje que se le moje, porque se le puede hacer fea.
—¿Qué dices, amor? ¿Quieres llevar la pluma de una bruja encima?
—¡Luka!
—¿Cuánto por esta? —cuestionó el muchacho desprendiéndola del resto antes de verla contra el rostro de Marinette y haciéndola sonreír con ganas —Es que es perfecta para ti.
—Si te llevas esa y otra te las dejo en dos ochenta.
—¿Dos ochenta por las dos?
—Simón, patrón, usté nomás diga.
—¿Quieres otra? —cuestionó Luka mientras Marinette se prendía la pluma en el cabello y negaba con la cabeza, sonriendo apenada por el regalo.
—Ire jefe —dijo el muchacho levantando otra pluma, pintada de tonalidades de azul —, esta pa'usté, pa'que hagan juego.
—Ándale pues —aceptó Luka sonriendo y aceptando la pluma antes de entregarle dos billetes al muchacho y alejarse a pasos tranquilos, abrazando la cintura de Marinette mientras ella le acomodaba la pluma en el cabello.
—¡Su cambio, patrón!
—Ahí déjalo, luego vengo por él.
—¡Que me lo bendiga la virgencita, patrón!
Marinette avanzó algunos pasos más antes de sonreírle a Luka y suspirar.
—Pareces de acá —aduló ella mientras Luka sonreía con ganas.
Y habrían dicho más, pero ambos sintieron una mano sobre el hombro, Marinette sintió un gesto tosco mientras que Luka recibió una caricia suave, pero al volver los rostros, Luka no distinguió a nadie presente, mientras que Marinette sonrió divertida tomando la mano de su esposo y avanzando por la plaza.
—¿Están aquí? —cuestionó el guitarrista todavía con la mirada sobre el hombro.
—Necuametl y Alitzel están aquí. Y jamás se habrían imaginado que su México se convertiría en esto.
—¿Al menos disfrutan?
Marinette ensanchó su sonrisa antes de mirar de nuevo a su esposo.
—En grande.
—Bien —respondió el muchacho antes de besar la sien de Marinette suspirando —, a veces me pregunto cuántas formas de amor he sentido por ti —y ante la mirada de confusión que Marinette le compuso, Luka volvió a besarle la sien antes de agregar —, Alitzel amó a Necuametl como su hermano, porque lo eran, pero tú y yo, Claire y Evan, Fiorella y Bruer... bueno, sólo recuerdo vidas en las que he estado enamorado de ti.
—Porque no conociste a Malika y Nadim.
—No, pero conocí a Alisha y Yamir —completó tomando la cintura de Marinette y besándola apasionado antes de mirar hacia la plaza —. Vamos, está por empezar.
Marinette sonrió divertida mientras se acercaban un poco más al balcón por el que darían el grito esa noche.
Aquel sería un viaje que ella jamás olvidaría, la primera vez que estaba en México, reconciliada con sus demonios, con sus pasados, con el destino. Así que cuando el hombre salió al balcón acompañado de su esposa a gritar los nombres de los héroes de aquella patria, Marinette respondió a todo pulmón, gritando en nombre de las almas mexicanas que estaban de pie a sus espaldas, agradeciendo haber cambiado de yugos, sabiendo que quedaba un largo camino por recorrer, pero que su pueblo encontraría la manera de alzar la voz.
—¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
—¡Viva! —gritaría ella pensando en Necuametl y en María.
—¡Vivan los hombres y mujeres que nos dieron libertad!
—¡Viva! —respondería recordando los grilletes en sus muñecas y tobillos cuando la habían encerrado en los calabozos.
—¡Viva México!
—¡Viva!
—¡Viva México!
—¡Viva!
—¡Viva México!
—¡Viva! —exclamaría con voz en grito mientras Luka le ponía las manos en los hombros y la hacía sentir completa y en paz, habiendo cumplido su promesa a María.
