(You are so beautifull – Tommee Profit feat Brook)
Dijo que le tenía miedo...
Le dijo a Belmont que le tenía miedo...
Luka le había dicho a Dean Belmont que Cobra le tenía miedo.
Dean estaba tirado en un charco, con la boca reventada, el tabique desviado, un moretón en el ojo, y tenía a Luka sentado sobre él mismo cuando él heredero había dicho aquello.
Y estaba aterrorizado.
El reptil novato estaba seguro de que aquella leyenda había enloquecido por completo, durante largos segundos temió por su vida puesto que estaba a merced del reptil veterano, que no podía estar hablando en serio cuando dijo que Cobra tenía miedo de él, tenía que ser una maldita broma. Porque Cobra era uno de los portadores oscuros, el más peligroso de ellos, el desquiciado; lo habían visto en acción, estaba loco, era despiadado, no se medía al momento de enfrentar a sus enemigos...
Luka debía haber enloquecido, pues le dijo a Dean Belmont que Cobra le tenía miedo...
—¿Sabes qué? —había dicho el reptil con una sonrisa sádica y la mirada descolocada —Cobra tiene miedo de aparecerse, por eso no he peleado con él. Porque me tiene miedo.
Dean se había arrastrado hasta Les reptiles y había pedido un trago en la barra, todavía en shock por las palabras que Luka le había dedicado antes de salir del callejón, riendo entre dientes.
Cuando el hombre de la barra le preguntó por su mal aspecto, Dean contó todo. Habló de la locura de Luka, de su expresión ausente al momento de estar golpeando, dijo que jamás en su vida había visto ojos tan vacíos, tan muertos, como los de Luka mientras lo masacraba en un callejón de París.
Contó, bajo el atento escrutinio de Andree que le escuchaba en la distancia desde su trono, cómo el Elegido de las calles le había sacado de encima la navaja antes de alejarse riendo por lo bajo como si hubiese perdido la cordura.
El rey caimán había permanecido en silencio, había fingido desinterés en el tema cuando Deán se bebía su sexta copa consecutiva, sonrió con sarcasmo cuando le preguntaron si había escuchado aquello y había negado todo…
Y después de fue a buscar a Luka al Inframundo.
No lo encontró, su heredero, el Elegido de las calles, se encontraba en el Chat Lunatique, aferrado a la cintura de Marinette mientras ella aplaudía la actuación de una chica en el escenario.
Aquella imagen mostraba todo menos a un Luka desquiciado. Ni siquiera entró, soltó un bufido que contenía en sí mismo todo el sarcasmo, desprecio y orgullo que aquel regente sentía por su caballero más preciado. Salió riéndose de aquel lugar mientras concluía atinadamente que Luka pretendía hacer salir al portador de su escondite a través de esa artimaña.
Y secundó su locura con alevosía y ventaja. El Rey en persona comenzó a divulgar más y más rumores sobre la seguridad de Luka, sobre su elegido diciendo que Cobra le tenía, con la esperanza de hacerle salir.
Ahora se arrepentía tanto…
Haber visto a Luka y Marinette decir sus votos, verlos en la fiesta, cantándose el uno al otro, verlos bailando su primer vals, ver la mirada enamorada que la joven Perséfone tenía para su esposo, ver lo dispuesto que estaba el elegido a morir por ella...
Pero ya no había manera de detener aquello, todo se limitaba a saber qué harían Luka y Marinette a continuación. Porque, para Luka, ya no había marcha atrás.
88.-Cobra Rey
Marianne, Saya, llegamos por fin... la saga del templo se acerca.
Lo que sigue es una actualización del océano, espero antes de que termine el mes.
Lo sinto, double-tap
Luka y Marinette habían iniciado su sesión fotográfica en el Bois de Boulogne, pero las nubes de tormenta, los ventarrones y el exceso de turistas ese día, les habían obligado a regresar sobre sus pasos y considerar posponer.
—A menos que mi reina de la primavera quiera su sesión de fotos en las Catacumbas de París... —había dicho Luka mirando las nubes sin percatarse de la forma en que los ojos de Marinette se abrieron ilusionados ante la sugerencia, haciendo a su fotógrafo pasar saliva con dificultad.
Rosa y azul, primavera e inframundo. Sus atuendos para las fotos de esa mañana eran el cliché de Hades y Perséfone, así que cuando Luka se sentó en un trono de piedra, rodeado por huesos, por cráneos, por lápidas empalmadas, con Marinette sobre su regazo, el fotógrafo soltó un grito que pudo escucharse hasta la superficie, fascinado por la mirada inocente que Marinette le dedicaba a la cámara mientras Luka miraba a su esposa como si quisiera comérsela en ese mismo instante.
Aunque al final el fotógrafo adoró capturar la imagen de Luka volviendo el rostro hacia un costado mientras se abotonaba las mangas antes de poder inmortalizar a Marinette sentada en aquel trono, altiva, soberbia, cruel, despiadada, sosteniendo un cráneo en una mano mientras miraba al camarógrafo de reojo.
Luka suspiró asintiendo, viendo cómo su musa era fotografiada por aquel individuo mientras ella demostraba por qué no sólo era la diosa de la primavera, sino también Perséfone: portadora de la muerte.
.
Salir de las catacumbas, dirigirse por la ciudad de regreso hasta su departamento, enviar un mensaje a Andree, otro al equipo del Olimpo, otro a Adrien y Kagami. Otro para Alya y Nino.
Y luego, los seis portadores juntos, subir a la terraza de los Couffaine para entrenar un rato mientras Marinette trataba de explicarle a Luka cómo había accedido ella (sin saber exactamente cómo) a las habilidades de los portadores de antaño.
Chat Noir retrocedió un par de pasos mientras Luka pedía tregua entre jadeos involuntarios, agobiado por la velocidad a la que el gato se movía.
—¿No habías dicho que eras más fuerte que Cobra? —se burló el felino mientras Marinette se acercaba a ellos con una botella de agua.
—Nunca —jadeó entrecortando las palabras mientras recibía aquel líquido vital —dije, nada, del-gato...
—No sé si Luka esté listo para esta noche —murmuró Kagami para Alya, quien asintió una vez guardando discreción.
—Yo tampoco —admitió Luka enderezándose en con un gruñido, sorprendiendo a las portadoras y haciendo reír a Marinette por lo bajo.
El teléfono de Luka sonó con estridencia, Marinette y su esposo levantaron la mirada hacia sus pertenencias, suspirando ambos con un gesto grave en el rostro y consiguiendo llamar la atención de sus amigos por aquello.
—Es Colette... —murmuró Marinette reconociendo ya el tono.
—Puede esperar —murmuró Nino dudando de sus propias palabras —, estamos haciendo algo importante por aquí.
—También es importante saber si dio resultado la treta —concedió Marinette mientras Luka se dirigía a contestar, espetando ese "¡Qué!" al que comenzaban a acostumbrarse.
—¡Maldita sea, Couffaine! —espetó Colette furiosa, Luka había contestado la llamada y puesto el teléfono tan lejos de sí mismo como su brazo lo permitía, ahora Nino comprendía que había hecho bien al actuar así, luego de escuchar la voz clara de la chica hasta el otro lado de la terraza.
—¿Y qué querías que hiciera, Faure? ¿Sentarme a ver cómo nos descalifican por no hacer nada al respecto? ¡No es mi estilo!... ¡Ya lo sé! Pero no tenía opción si... Ah, ¿sí?, qué curioso, no te pregunté a ti.
Marinette sonrió melancólica mientras Luka seguía gritándose con Colette al teléfono.
—Es lindo saber que se preocupa tanto por su amigo —admitió ella ganándose miradas de incredulidad por parte de los presentes.
—Aunque es maravilloso escucharla gritar "maldita sea, Couffaine" —comentó Adrien mirando a Marinette confundido —, ¿podrías explicarnos ahora qué hizo tu marido?
Marinette suspiró mientras su propio teléfono delataba la llegada de un mensaje de Oliver.
No sé qué hizo Luka, pero de verdad logró poner París de Cabeza. Tengo la joya de Luka. Estamos listos para esta noche.
Marinette suspiró asintiendo antes de responder con un "espero que nosotros también".
.
Tal vez Oliver había exagerado al decir que París estaba de cabeza, tal vez no toda la ciudad se encontraba bajo aquellas circunstancias, pero al menos habían puesto a todos los reptiles a movilizarse.
Luka había hecho un post en sus redes sociales. "Estacionamiento Les Reptiles, a las diez esta noche, si no tienes miedo. Veamos quién es el rey de las serpientes".
La mayoría de sus seguidores no habían entendido ese mensaje, muchos ni siquiera conocían aquel bar de los barrios bajos, pero cada reptil que seguía a Luka había comprendido el mensaje a la perfección. El Hades de los reptiles había desafiado a Cobra a hacer acto de aparición aquella noche.
Los portadores habían parado el entrenamiento a las cuatro de la tarde, no tenía caso continuar. Luka necesitaba reponer fuerzas para esa noche, así que debían poner el resto en orden.
—Diga —había espetado Colette cuando Luka le marcó a las cinco.
—No quiero que estés en mi pelea esta noche —sentenció la serpiente mientras la luz bajaba a su alrededor, mermada por las densas nubes de tormenta.
Primero nada, silencio al otro lado de la línea, Luka supo que Colette seguía ahí sólo porque escuchó su respiración claramente, y esperó por los reproches y por la tormenta. Ya se había preparado mentalmente para los gritos que la chica le dedicaría ante aquello.
Por supuesto, su respuesta le tomó por sorpresa.
—¿Por qué? —gruñó tranquilamente la chica.
De nuevo una pausa, Luka respiró profundo preguntándose si sería así de simple.
—No quiero que veas esta pelea, no quiero que me veas pelear contra Cobra si es que se aparece, porque será la peor de todas, y no estoy seguro de si puedo ver tu rostro descompuesto otra vez.
Tenía que admitirlo, se sentía como cuando hablaba con Juleka, como la última vez que se había quedado en la escuela con ella, listo para golpear a los imbéciles que se habían metido con su sœurette y que hicieron caso omiso de sus advertencias. Pero la verdadera razón por la que no quería que Colette estuviera ahí tenía que ver con el plan de Marinette, con el hecho de que sería Oliver quien pelearía contra él, y Luka no estaba dispuesto a pelear contra su amigo frente a la mujer que le amaba, no tenía corazón para tanto.
—Sé que no será lindo —comenzó Colette tranquilamente, sin embargo, Luka la interrumpió.
—No sólo no será lindo, Colette, será la peor pelea en la que me haya metido, y la última vez que me viste perdiendo una pelea...
Luka nunca había perdido una pelea. Sí, en muchas ocasiones parecía que iba a perder, parecía que el adversario (los adversarios) sería más fuerte y más ágil que la serpiente Couffaine, pero siempre había encontrado la manera de vencer.
La última vez que había peleado, la última vez que había tenido la desventaja en la pelea y le estaban dando una paliza digna de recordarse, Colette le dedicó la misma mirada que Juleka la última vez que lo vio pelear.
—No quiero que veas esto —completó al final, derrotado —, no quiero que Marinette vea esto, y a ella no pude convencerla de no estar ahí. Sólo... sólo quiero proteger a la gente que amo —musitó con un hilo de voz, ahogando las ganas de llorar, las ganas de quebrantarse en ese momento.
—Luka —llamó Colette apretando el gesto, sintiendo que lloraría si no colgaba la llamada —, el hecho de que no me presente hoy ¿te dará libertad para pelear mejor?
—Sí —sentenció inmediatamente, contundente, como el rayo que golpeó la tierra.
—Muy bien, pues me debes una.
—Y te la voy a pagar con creces —prometió el muchacho aliviado.
—Luka —murmuró Colette luego de otra pausa, preguntándose ambos si podían bajar la guardia un momento —, no dejes que te mate, ¿sí?
—¿Bromeas? Lo haré suplicar que no le arranque las escamas.
Y aunque aquello fue el intento de una broma, ambos muchachos sintieron algo profundo, un temor muy grande.
Colette lo sabía, Colette sabía que Oliver tomaría el lugar en la pelea contra Luka esa tarde. Y ella se convertiría en la reina de las serpientes para salvarle la vida. Pero ¿quién iba a salvar la vida de Luka Couffaine?
Ambos muchachos estaban muy seguros al respecto, que Luka sería capaz de vencer.
El problema era el costo al que ganaría aquella batalla.
.
Luka pasó saliva discretamente al ver el estacionamiento lleno.
Enarcó una ceja mirando a los presentes, que abrieron un círculo al centro de aquel lugar y guardaron silencio, Luka los ignoró a todos, siguió caminando hacia el frente del bar, a la barra, para pedirse un whiskey mientras esperaba a Marinette.
Erik llegó primero, sentándose a su lado y sumiéndose ambos en un mutismo agobiante que podría haberse prolongado hasta la eternidad.
Ni siquiera lo miró, Luka levantó su vaso en dirección a su amigo y Erik correspondió aquel brindis chocando su caballito antes de vaciar ambos sus bebidas de un trago y sumirse en el silencio de aquellos que saben que van a morir. Gladiadores, condenados al destino inevitable al que camina el resto, pero conduciéndose por una vía más corta, más certera.
A pesar de la música en las bocinas, Luka fue perfectamente capaz de escuchar los pasos de su musa, suspiró revelando la calma que le daba saberse acompañado en ese momento de tormenta, llamando la atención de Erik a su lado y consiguiendo que el reptil volviera la cabeza, sonriendo al percatarse de la llegada de la reina.
Marinette llevaba una blusa rosa pálido, corte griego, pantalón gris de mezclilla, el cabello suelto cayendo en caireles, una corona de flores en su cabeza, y para completar su atuendo de esa noche, la chaqueta de cuero negro con el logo en la espalda, la banda atravesada en el costado, la prenda que le hacía intocable ante cualquiera que perteneciera a la banda de Andree, esa que ella había cosido a mano sintiéndose orgullosa de haberse convertido en la reina del inframundo.
Erik levantó la vista por primera vez hacia su amigo, chaqueta negra, la chaqueta del rey de las serpientes, camiseta azul marino con detalles cobalto, pantalón negro, botas de baqueta. Una versión rockera y contemporánea del mito griego de amor más grande de la historia.
—Perséfone —saludó Erik cuando Marinette acarició la nuca de Luka, haciéndole bajar la cabeza y suspirar mientras buscaba a tientas la mano de su esposa.
—¿Cómo debería saludarte? ¿Can Cerbero? —murmuró la chica en respuesta, sonriendo dulcemente para Erik mientras Luka se giraba en su sitio para levantarse —Después de todo eres parte del equipo del Olimpo y...
Los brazos de Luka se cerraron en torno al cuerpo de Marinette, el guitarrista temblaba de pies a cabeza, no quería hacer aquello, no quería estar ahí. No quería que su esposa viera el monstruo en el que se convertiría con tal de poner a salvo a todos...
Así que ella cerró sus delgados brazos en torno al cuerpo de su enamorado (pasando sus manos por dentro de la chaqueta) y suspiró acariciándole la espalda, tratando de infundirle un poquito de paz. Aventuró sus manos hacia el borde de su camiseta y suspiró acariciando directamente su piel, repasando las cicatrices más prominentes que plagaban su espalda.
El muchacho sintió un escalofrío cuando los dedos de Marinette, fríos en contraste con su piel ardiente, repasaron la línea sobre sus omóplatos, la base de sus alas de ángel, la cicatriz que se hizo defendiéndola del hombre que estaba a su lado, acongojado por verlos así.
—Qué ironía —murmuró Luka separando un poco su rostro para poder mirar a Marinette a los ojos antes de sonreír con más ganas —, este idiota —indicó señalando a Erik con un gesto de la cabeza, haciéndolo bufar divertido —inició todo y ahora pelea a mi lado.
—Este idiota —puntualizó el muchacho fingiéndose ofendido —tenía buenos motivos para querer vencer al elegido.
—Pues entonces sí es idiota —cortó Luka mirándolo y cerrando un brazo sobre los hombros de Marinette para mantenerla cerca a pesar de encarar a su amigo —, porque sigo invicto.
—¡No me digas! Porque estaba pensando...
Pero guardó silencio volviendo la vista hacia el costado.
El bullicio que había reinado en el estacionamiento había frenado de golpe unos segundos, para luego retomar su marcha de una forma más discreta, ahora se escuchaba un murmullo uniforme, gente hablando por lo bajo como si temieran ser descubiertos en el acto. Marinette y Luka intercambiaron una mirada y luego el rey de las serpientes tomó una respiración profunda mientras se dirigía hacia la entrada.
Andree ingresaba al bar justo cuando llegaban hasta la puerta, les tomó por sorpresa cuando la mano del rey caimán, del rey de los reptiles, aterrizó en el hombro de Luka para frenarlo un momento.
—No tienes que hacer esto —murmuró el pelirrojo volviendo el rostro, sin atreverse a sostener la mirada de Luka.
—Me lanzaste a los leones ¿y ahora pretendes que no haga nada? Tú no me enseñaste eso —respondió Luka entre dientes antes de dar un golpe a la mano de Andree, quitándoselo de encima —, me convertí en tu elegido porque nunca en mi vida evité una pelea, porque siempre encontraba la forma de solucionar los problemas que tenía entre manos, y porque siempre ganaba. No he perdido en dieciséis años, no pienso iniciar ahora.
—Luka, Cobra podría matarte —espetó el caimán encarando por fin a la serpiente, ganándose una mirada fría como el infierno que le hizo bufar, furioso al darse cuenta de que no disuadiría al muchacho de frenar esa pelea.
—Igual yo podría matar a Cobra esta noche.
—¿Lo vas a dejar pelear? —exclamó mirando a Marinette, cuya expresión era un puchero y cuyos ojos estaban anegados. No. Sus labios estaban sellados. Ella no se sentía con el derecho de opinar.
Andree suspiró paseando ambas manos por su cabello, caminando ida y vuelta presa de la desesperación antes de encarar a Luka y mirarle con los ojos llenos de miedo y angustia.
—Luka, juro que mi intensión nunca fue hacer esto, no pensaba en mis acciones. No se te ocurra dejarte matar, no podría cargar con eso.
—Bueno, ya veremos con qué culpa cargarás el resto de tu vida —espetó el guitarrista antes de salir del bar, seguido de Erik.
Roto... Andree sentía roto el corazón luego de escuchar aquellas palabras. Se lo había ganado a pulso, había puesto a su hombre más leal en el peor de los predicamentos por el berrinche de una niña que, posiblemente, no haría lo mismo por los suyos; merecía la culpa, el dolor, el desprecio, el karma. Merecía sentirse así de miserable al saber que había enviado a su Elegido a morir.
Marinette se detuvo al lado de Andree y le tomó el rostro con un gesto suave, obligándolo a mirarla.
—No está enojado contigo.
—No me digas —ironizó el caimán, haciendo a Marinette sonreír dulcemente.
—Luka está asustado. Sabe perfectamente que hace tiempo vienes dándole vueltas al asunto, sabe perfectamente que no quieres que pelee. Esto es algo que tiene que hacer.
—¿Por qué?
Marinette bufó, si no estuviese así de angustiada, si él mismo no estuviera aterrorizado, ambos podrían haberse divertido con ese gesto.
—Orgullo —murmuró ella levantando un hombro —, quizás es que no quiere desdecir sus propias palabras, hizo arder París en una noche, su nombre será leyenda entre los suyos. Creo... —continuó al final, bajando el rostro, componiendo una expresión de culpa mezclada con orgullo, le preocupaba su esposo —creo que quiere hacer que los reptiles olviden el nombre del hombre que casi amotinó París en una noche... Y no hay mejor manera de hacerlo que esta... Y también quiere hacerte escarmentar —añadió al final, mirando al caimán con una sonrisa.
—¿Escarmentar? —espetó molesto el rey de los reptiles.
—Sí, escarmentar —respondió secamente Marinette, recuperando el orgullo de ser la reina del inframundo, recordándose que también ella estaba molesta con Andree —, porque te portaste como un idiota al ponerle a Colette y a Luka esas pruebas extra sólo porque no tuviste los... pantalones para ver llorar a una de tus preciadas salamandras. Si me disculpas, tenemos una pelea qué sacar adelante —aseveró antes de avanzar hasta la puerta con pasos firmes, dejando atónito al rey —. ¿Sabes? —murmuró al final, frenando en la entrada con una mano en el marco de la puerta —Luka te quiere mucho, no se odien por esto.
Andree se quedó pasmado, su boca y ojos se abrieron por la sorpresa mientras Marinette le dejaba solo en el bar. Ni siquiera los empleados estaban presentes, todo el mundo había salido al estacionamiento al percatarse de los murmullos.
Cobra había llegado.
Las charlas se habían convertido en murmullos ininteligibles con la llegada de Cobra, el portador lucía su traje original, la capucha amplia, los colmillos, las mangas largas, el traje oscurecido, Luka pasó saliva discretamente al percatarse de que incluso tenía las escamas en el pecho, esas que eran del color de los ojos de su Marinette, sin imaginarse que esa noche representaban los ojos de Colette.
Cobra estaba de pie al fondo del estacionamiento, la gente se había hecho a los lados con tal de no estar a menos de dos metros del portador oscuro y de su acompañante, la reina de las serpientes.
—¿Qué hace ella aquí? —murmuró Luka cuando Marinette llegó hasta su lado —¿Tú la conoces?
—No —murmuró ella —, ese miraculous no lo entregué yo.
Shé tomó la capucha de cobra entre sus dedos para poder acercarse al oído del portador y murmurar algo, cubriendo su boca con la mano disponible y fijando una mirada amarilla en los reyes del inframundo.
Marinette vio a Cobra asentir una vez, antes de que la reina de las serpientes saltara hacia los tejados y se perdiera entre las sombras, mirando la pelea cobijada en la oscuridad de la noche.
—Honessstamente —inició el portador pasando el pulgar sobre sus labios, arrancándole un escalofrío a Luka por lo bien que había logrado Oliver fingir su comportamiento sanguinario —, no pensaba que tendrías las agallas de venir.
—Pensaba lo mismo de ti —respondió Luka desafiante mientras sacaba una venda del bolsillo de su chaqueta —, las serpientes somos seres de sangre fría.
—Ni siquiera eres una serpiente real, Luka Couffaine —se burló el portador oscuro, consiguiendo hacer a Marinette y Erik retroceder.
—¿Y lo eres tú?
Silencio...
Un silencio sepulcral, abrumador, ensordecedor que precedió al rayo y al trueno que iluminaron aquel estacionamiento.
Silencio mientras Cobra se subía la máscara para cubrirse los ojos mostrando los colmillos y la lengua bífida, en una sonrisa sádica y cruel que destilaba una sensación de muerte.
—Muy bien, es suficiente —murmuró Marinette plantándose frente a Luka y poniendo las manos en sus hombros, haciéndole suspirar con aquel gesto —, ya dejaron claro que los dos quieren pelear.
Marinette arrancó la venda de manos de su esposo y le tomó la mano izquierda, comenzando a cubrirle los nudillos, tres vueltas a la muñeca, una sobre el pulgar, una vuelta sobre la mano, una entre el índice y el medio, un ritual que tenían consagrado entre ellos cuando entrenaban por su cuenta, y Marinette logró su cometido, atraer sobre sí misma toda la atención de Luka, quien le tomó una mejilla en la mano disponible antes de agacharse a besarle la frente.
—¿No me dirás que me cuide mucho? —murmuró el guitarrista tomando un mechón de Marinette y llevándolo hacia su nariz para aspirar profundo aquel perfume que le tenía tan enamorado.
—Te pediré que no lo mates.
—¿Es tu forma de desearme suerte?
—¿Necesitas la suerte? —cuestionó ella levantando los ojos hacia Luka y haciéndole sonreír con aquello.
—Tú eres toda la suerte que necesito, Petite... Volveré a ti —prometió conteniendo en esas palabras toda la intensidad con la que amaba a su esposa.
—Lo sé, siempre vuelves —respondió ella antes de pararse en las puntas y besarle anhelante, suplicando internamente que todo saliera bien —, suerte —murmuró al final antes de alejarse de él y correr hasta Erik, que la recibió bajo su brazo para ofrecerle respaldo.
Luka respiró profundo, bajando la mirada hacia su puño vendado. El izquierdo, siempre el izquierdo, sólo el izquierdo. Aunque la idea era que no se lastimara al golpear, tener mejor soporte en la muñeca, tener los nudillos protegidos, también era un recordatorio de que esa noche peleaba contra una especie de aliado, puesto que bajo la máscara se encontraba un buen amigo.
Avanzaron ambos al mismo tiempo, aquello era poesía pura, la similitud entre sus movimientos, la facilidad con la que parecían leerse el uno al otro, como si Cobra conociera todos y cada uno de los secretos de Luka Couffaine y estuviese esperando el primer golpe.
Pero no, Luka nunca daba el primer golpe a menos que fuera necesario. ¿Era necesario?
Ocurrió en un parpadeo, el puño de Cobra aterrizó contra el pómulo de Luka con brutalidad, el muchacho cayó de espaldas mientras el ruido del golpe se ahogaba en medio del trueno, lo mismo que el grito de Marinette y las esperanzas de Erik y Andree.
Cobra esperó en su sitio, girando un poco el rostro para que su cuello emitiera un chasquido sonoro ida y vuelta, mientras Luka se recargaba en el codo y se limpiaba la sangre de los labios en medio de una risa macabra.
—Pegas fuerte —aduló la serpiente mientras Cobra sonreía sádico.
—¿Ahora sí ya tienes motivos para pelear conmigo?
—No, la verdad es que no los tengo —musitó antes de levantarse en un salto y arremeter a golpes y patadas contra el portador.
Si Luka tiraba un golpe de frente, Cobra se doblaba de espaldas, si Luka daba una patada circular, Cobra se barría, si Luka daba una serie de puñetazos, Cobra los bloqueaba todos y ponía tierra de por medio.
Aquello se sentía como una burla, como si Cobra estuviera poniendo a Luka en ridículo. Una pelea que no tenía caso, puesto que el portador oscuro siempre sería más rápido que el rey de las serpientes.
—¡Muy bien, frenen esto! —exclamó Andree avanzando hacia ellos armado de valor, incluso Celine en el borde del estacionamiento quería evitar aquella pelea sabiendo que había sido su culpa que Luka estuviera en esa situación, así que se sintió internamente aliviada al ver al Rey intervenir —Cobra, estás en mis dominios y...
Pero la pregunta latente, ¿qué podía hacer un simple humano contra un portador oscuro?
Y la respuesta inmediata a la pregunta generalizada.
—Hypnossissss —musitó el portador tirando de su máscara para mirar a los ojos al caimán.
Andree sintió náuseas, el suelo se desvaneció bajo sus pies por un instante, algo viscoso se había instaurado en el centro de su pecho y ahora fluía hacia afuera, rodeándolo todo, flotaba a la deriva en un océano infinito mientras sus ojos se convertían en dos gemas ambarinas y su consciencia sucumbía ante los deseos de aquel portador.
—Knees... —ordenó Cobra con una sonrisa oculta bajo la máscara, y estuvo a punto de dar otra indicación, pero el puño de Luka se estampó contra su mejilla con tanta fuerza que lo lanzó hasta el piso, haciéndolo caer y golpearse la cabeza.
—¡No te metas con mi gente! —gritó furioso el rey de las serpientes —¡Tu oponente soy yo!
—¿Y ya pelearas en serio? —espetó el portador oscuro con la misma rabia del guitarrista, levantándose de un salto, hecho un huracán de golpes que Luka recibió en los antebrazos, bloqueando lo mejor que podía ante la velocidad de su enemigo —Porque hasta ahora sólo te has burlado de mí.
—¡Sí! —gritó Luka abriendo los brazos tras recibir el siguiente golpe, abriendo también la guardia de su adversario —¡Ya pienso pelear! —remató pateando el pecho de Cobra y haciéndole caer de espaldas, mientras se carcajeaba fuera de sí.
El ruido brutal de los golpes se veía ahogado en medio del sonido propio de la tormenta, los truenos fungían como música de fondo para aquello que prometía convertirse rápidamente en una masacre, Cobra ya se había puesto de pie y golpeado con la rodilla el costado de Luka, y el sonido fue tan brutal que logró alzarse sobre el ruido de la tormenta.
Travis Maunier bajaba de su auto cuando Luka recibió aquel golpe fatal, una lesión hecha sobre heridas viejas que sanaban recién, volver a fracturar esa costilla que Erik le había roto tiempo atrás, sofocándole por la presión contra su pulmón y haciéndole toser con tal de jalar un poco de aire.
(Panic attacks – Icon for hire)
Luka respiraba con dificultad, a gatas sobre el suelo, liberando una mano para sujetar su costado y tratar de respirar. Sabía que sería doloroso, sabía que Cobra pelearía en serio, sabía que sentiría dolor y que ganar sería una tarea imposible. Nunca una costilla rota había dolido tanto, nunca respirar había sido una tarea tan difícil, nunca en su vida había sentido náuseas por esa clase de dolor que ahora amenazaba con hacerle desmayar. Quizás porque ahora peleaba contra alguien a quien apreciaba bastante, tal vez porque sabía que el cariño era mutuo. Tal vez porque nunca se imaginó (a pesar de haber sido advertido que aquella pelea iría en serio) que recibiría un primer golpe cargado con aquella saña.
No podía respirar, no podía respirar, no podía respirar.
No, no era el momento para un ataque de pánico.
La mano de Cobra se cerró en los cabellos de su nuca, obligándolo a levantar el rostro y cerrar un ojo por el dolor, los ojos ambarinos del reptil estaban vacíos, carecían de vida, pero Luka podía ver claramente que Oliver sufría también bajo la máscara, podía ver que no quería hacer aquello, que quería terminar con esa pelea cuanto antes. Pero ambos sabían que no podía dejarse ganar, tenía que lucir real.
Los reptiles habían retrocedido horrorizados, mirando la pelea enmudecidos, preguntándose si esa masacre terminaría como una tragedia.
—Marinette —murmuró Travis Maunier llegando al lado de la joven, cuyas mejillas estaban cubiertas de lágrimas y cuyos ojos desorbitados admiraban la escena con incredulidad, puesto que ella había puesto toda su confianza al nombre de Luka Couffaine y que sabía los precios que se pagarían con tal de ganar.
Cuando la modista por fin levantó los ojos hacia el detective, sólo encontró ahí algo de consuelo por la mirada suave que Maunier le dedicaba a pesar de haber escuchado la costilla de Luka hasta su auto.
—¿Qué haces aquí? —murmuró ella agradeciendo el abrazo que aquel hombre le dedicó antes de volver la mirada hacia la pelea.
—No voy a dejar a mi muchacho solo.
—¿Quién te dijo que...?
—Yo lo hice —murmuró Louis arribando también, parándose al otro lado de Marinette y tomándole una mano antes de acariciarle la cabeza y mirar a Luka, gruñir mientras Cobra empujaba su mano hacia abajo y le soltaba con violencia.
—¿Por qué hacen esto? —cuestionó Maunier agobiado por el silencio a su alrededor, percatándose del hecho de que ninguno de los reptiles quería ver así al rey de las serpientes.
—No lo sé —admitió Marinette derrotada.
Cobra se puso en cuclillas frente a Luka, subiéndose la máscara hasta los ojos y riendo por lo bajo, burlándose del muchacho con aires crueles.
—¿Eso es todo lo que el poderoso elegido tiene para dar? —espetó entre risas mientras despejaba el cabello del guitarrista para verle mejor —Dijiste que te tenía miedo —añadió entre dientes, arrugando la nariz y temblando por la rabia —, aquí estoy, Luka Couffaine, y una Cobra no teme del ratón al que da caza.
—No, no lo hace —musitó entre dientes, cerrando el puño que le ayudaba a detenerse.
—Perdón, no entiendo cuando hablas entre dientes.
—Una Cobra no se enrosca para humillarse —murmuró con más fuerzas mientras sonreía de medio lado —, se enrosca para atacar.
Cobra trató de levantarse, comprendiendo aquellas palabras en el instante, dando un traspié y perdiendo el equilibrio, pero Luka ya se había impulsado hacia el frente y le había derribado, sentándose a horcajadas sobre él mientras sus manos encontraban un sitio contra sus mejillas sin tregua.
Los golpes entraban uno tras otro, diestra y zurda, diestra y zurda, Luka golpeaba con fuerza, no con todas sus fuerzas, el dolor lo tenía aturdido y le nublaba los sentidos, pero hacía el intento para mantenerse en la pelea.
Algunos reptiles se permitieron sentir esperanza un segundo, creer que Luka de verdad estaba consiguiendo algo. No Erik, no Andree, no Marinette, no Louis, que sabían perfectamente que Luka daba golpes desesperados, pero que Cobra se dejaba golpear.
Cualquiera podría creer que Luka de verdad peleaba usando su marca de agua, no, él solía tomar el cuello de su adversario en la diestra mientras descargaba con toda su furia la fuerza en la zurda, aquellos golpes eran movimientos desesperados, y la confirmación a ese hecho llegó cuando la mano de Cobra detuvo la zurda de Luka en el siguiente golpe, haciendo presión y arrancándole un gruñido de dolor que le hizo retorcerse hacia atrás, evadiendo el daño.
Cobra se quitó a Luka de encima con una patada, obligándolo a retroceder, ambos muchachos se pusieron de pie rápidamente y el portador sonrió limpiándose la sangre de la boca mientras Luka adoptaba una postura defensiva, alerta a los movimientos de su adversario.
—Nada mal, Luka, pero me ofende mucho que estés gastando tu energía de esta forma. Eres decepcionante como elegido.
Luka escupió al costado, sangre, haciendo a Marinette ahogar un sollozo y retroceder medio paso sin quitar los ojos de la pelea. Munier hizo por retirarla de ahí, pero Marinette se soltó de un manotazo y avanzó hasta situarse un paso por enfrente de la multitud, en un espacio en el que Luka podía verla de reojo.
Ahí estaba su motor, su buena suerte, su razón para seguir.
Su ansiolítico.
Ya habían vencido a la muerte una vez, ya le había entregado una vez la piel del dragón estando como rehén en su propio hogar, lo haría de nuevo.
—Al menos ahora sé qué tan fuerte golpeas —escupió Luka con una sonrisa torcida y los ojos llenos de locura —, ahora sé qué tan rápido te mueves, y logré encontrar tu brecha.
—¿Brecha? —espetó acercándose a toda velocidad, pateándole la pierna por el costado y arrancándole un grito de dolor antes de hacerle caer —No me hagas reír, soy un portador oscuro, y tú eres un humano común y corriente.
—¡Sí, Cobra! —rugió levantándose en una rodilla, mirando con desprecio al portador —Un humano que ya fue un portador también, y convertirme en Melek me dio una ventaja sobre ti.
—¿Sí? ¿Cuál fue?
—Sé que eres humano, y debajo de la máscara no eres invencible.
Un sonido gutural, la risa de Cobra fue como un ruido de ultratumba que consiguió erizar la piel de los presentes, algunos pasaron saliva, otros consideraron salir corriendo.
—No me digas —murmuró para sí mismo, llevándose una mano a los ojos y bajando el rostro mientras se encorvaba ligeramente, temblando todavía por las risas —. Poison... —murmuró el portador empuñando la mano, haciendo a Marinette palidecer.
—¡Eso es injusto! —gritó la chica tratando de correr hacia ellos, pero las manos de Erik, Andree y Maunier la detuvieron por los brazos mientras Cobra le sonreía divertido.
—Tu esposa cree que es injusto —murmuró Cobra acercándose a Luka y amenazándole con la aguja-colmillo mientras el guitarrista se levantaba —¿tú crees que es injusto?
—Yo creo que tienes miedo de perder ante mí —espetó Luka sujetando su costado y sonriendo altanero —, y por eso tienes que recurrir a tus trucos.
Cobra gritó antes de lanzarse hacia el frente, Luka evadió los golpes con mucha dificultad, moviéndose apenas un poco más rápido que su oponente y salvándose de aquella inyección, haciendo enfurecer aún más al portador.
Retrocedió, jalando el cuerpo, dando pasos de costado, agachándose de último minuto para evadir aquella inyección. Recordaba haber usado esa misma técnica contra Maunier, contra su equipo de extracción. Recordaba haber causado alucinaciones a sus compañeros. ¿Era lo que Oliver pretendía, intoxicarlo?
El talón de Cobra alcanzó su hombro, el chasquido que emitió fue brutal, Luka cayó de espaldas, ebrio de dolor tras recibir aquel golpe. La bota de Cobra se le clavó sobre la piel, haciéndole gruñir por el dolor antes de recibir aquella inyección por debajo del hombro.
—Sabes Luka, yo no tengo miedo, mientras más alto se está en la cadena alimenticia, menos se preocupa el depredador.
Cobra levantó el pie y se alejó unos pasos, dejando a Luka retorcerse en su sitio, sintiendo cómo el brazo se le iba durmiendo poco a poco.
Así que eso era. Sedante...
Luka se habría reído por la ironía, aquella cobra lo envenenaba para aturdirlo, tal vez podía usar eso a su favor, pero ¡Por Dios! El dolor no lo dejaba pensar.
Marinette se dejó caer de rodillas, llorando amargamente, todavía sostenida por los reptiles, por el detective. La sensación física era familiar, María, La Mariquita, presa en los calabozos sin su miraculous luego de ser traicionada, esperando con Hidalgo al momento de su ejecución como la de tantos otros revolucionarios cuyos nombres no serían conocidos por la historia jamás.
—Tranquila —pidió una voz suave frente a sí, consiguiendo hacer a la portadora levantar los ojos mientras la invadía una calma ajena.
El tiempo pareció detenerse un momento, o tal vez corrió en cámara lenta.
Marinette podía ver a través de María, su figura traslúcida en ese azul blanquecino con el que se le había presentado esa mañana mientras peleaba contra otros ecos de su pasado.
Pero la portadora luchó contra la calma para poder mirarle con reproche a su antecesora.
—Lo va a matar...
—Lo puedes salvar —murmuró la mestiza suavizando aún más su mirada, consiguiendo que Marinette abriera los ojos, pasmada —. Pero tiene un costo.
—¡No importa el costo! —exclamó Marinette mientras el tiempo parecía comenzar a correr poco a poco más rápido.
Podía verlo a través de María, podía ver a Luka girando lentamente sobre el costado para enderezarse mientras la sonrisa de Cobra se ensanchaba poco a poco.
—Marinette —llamó María con apremio —, los sellos están más débiles que nunca, ahora será más difícil...
—¡Lo que tenga que pagar, lo pago!
María la miró sorprendida antes de desaparecer, sin imaginarse jamás que Luka había estado sumido en ese mismo letargo extraño.
(Down with the sickness – Disturbed)
Luka logró ponerse de costado y alzó la mirada, percatándose de que el mundo a su alrededor parecía haberse detenido, podía ver el puño de Cobra dirigirse hacia su rostro mientras la mano disponible ya sostenía la siguiente aguja-colmillo, listo para paralizarle otra extremidad.
Y en el espacio disponible entre él y su adversario, creyó ver la figura traslúcida de alguno de sus antepasados, que le sonreía suavemente mientras le ofrecía una mano para ayudarlo a levantarse.
—Marinette de verdad te ama si está dispuesta a pagar por darte este poder —murmuró aquella aparición volviéndose más nítido, consiguiendo que Luka le mirase confundido —, esto va a doler.
—¿Me hará ganar?
—Eso depende de ti.
Luka bufó antes de aceptar el apretón que aquella esencia le ofrecía, pensando en un agradecimiento para Yamir, pero considerando que la mejor manera de agradecerle era ganar aquel combate.
Yamir golpeó con fuerza en ese apretón, y de pronto ya no estaba ahí, no era la mano de Yamir la que sostenía, sino el puño de Cobra, que había golpeado con fuerzas y ahora miraba sorprendido cómo Luka Couffaine había logrado detener su ataque.
Fue un golpe de suerte, pensaron los presentes mientras Cobra recuperaba su mano y lanzaba el puño de la aguja por delante, preparado para paralizarle la mano al guitarrista, sin embargo, Luka se giró y la aguja de Cobra se estrelló contra el concreto, haciéndose pedazos en el acto mientras su adversario ya se había levantado, pateando las costillas del portador y haciéndole caer de costado.
Ya no sentía el brazo derecho, no podía moverlo, pero tampoco experimentaba el dolor, así que podía ignorar el hecho de que tenía el hombro dislocado por el resto de la pelea.
Cobra se levantó de un salto y atestó otro golpe tan rápido que Luka no tuvo tiempo de detenerlo, le dio de lleno en el mentón, obligándolo a girar con violencia mientras su sangre manchaba el asfalto y salpicaba a los reptiles más cercanos, ¿le había roto la nariz?, el siguiente golpe le dio en el costado, una patada frontal que lo obligó a dar un traspié y caer sobre sus rodillas.
El siguiente golpe habría ido contra sus costillas, pero Luka se volvió a girarse en el suelo poniéndose a salvo para levantarse de un salto con mucha dificultad al no contar con un brazo.
Cobra se bajó la máscara para poder mirarle a los ojos, mostrando su desasosiego ante la repentina velocidad de Luka para moverse.
Volvió hasta su lado en menos de lo que duró el rayo, y contra todo pronóstico, fue el puño de Luka (cargado con toda la fuerza bruta del propio guitarrista y de Yamir también) el que aterrizó de lleno contra la nariz de Cobra, haciéndolo caer de espaldas sobre el asfalto con las primeras gotas de la tormenta, gruesas y abundantes que llenaron todo de chacos en unos cuantos segundos.
Cobra se levantó imitando el gesto de Luka y volvió a arremeter contra él, pero Luka sintió en su hombro la mano de Evan y encontró la fuerza para golpear.
Rotó medio cuerpo empuñando la mano derecha, sorprendido de haber recuperado el control de su brazo, y luego regresó a toda velocidad, levantando su brazo y ganando fuerza y velocidad por la inercia de su movimiento convertido en un latigazo, Cobra se salvó por poco ya que se barrió abrazando las rodillas Luka haciéndolo caer de frente, pero la mano de Alitzel se asió a su cuello de último minuto y el muchacho se contorsionó sobre sí mismo, cayendo sobre la espalda y librándose a patadas de Cobra.
El portador se sentó a horcajadas sobre Luka, tomándole las solapas de la chaqueta entre las manos para mirarle bien luego de bajarse la capucha y revelar sus cabellos largos por debajo de los hombros, empapados y pegándose a su nuca, enmarcando todavía más la locura de aquel psicópata consagrado.
—Me estoy cansando de tu arrogancia —espetó el portador mirando a su adversario —, pocas personas me hacen pelear usando mis ojos, así que siéntete afortunado de haber conseguido sacarme de mis casillas, ahora morirás por mi veneno. Poison...
La mano de Cobra se estampó contra el asfalto cuando Yamir tiró de Luka hacia el costado, sacándolo a tiempo del rango de ataque. El portador emitió un grito de frustración y dolor, el chasquido, ¿se había roto la mano?, pero Luka ignoró aquello y levantó las piernas hasta tomar entre los talones el cuello de Cobra y estamparlo contra el asfalto.
El portador se quedó viendo luces un segundo mientras Breuer le tocaba la frente y la visión de la serpiente se apoderaba de él.
Se zafaron el uno del otro, Cobra se levantó primero y lanzó una mano hacia Luka, llenándole los ojos de lodo y haciéndolo gruñir por el dolor del golpe que siguió a ello, una patada circular a su mentón que lo llevó hasta el piso y lo dejó a gatas.
Y el dolor en el hombro también lo golpeó.
—¡Levántate! —exigió Evan arrodillado frente a él, mirándole angustiado antes de tocarle la frente y darle la fuerza de continuar con su pelea —¡Por ella!
No necesitó saber a qué se refería con aquello. No necesitaba preguntar.
Todavía contaba con la visión de la serpiente. Ni siquiera hizo amago de limpiarse los ojos, adoptó una postura de pelea y esperó mientras las gotas seguían golpeando sin tregua contra toda superficie disponible esa noche. ¿Cuánto faltaría para la medianoche?
Demasiados sonidos, demasiados aromas, demasiadas esencias a su alrededor, necesitaba enfocarse, necesitaba respirar.
El pie de Cobra aterrizó contra su estómago, llegó antes de darse cuenta, así que Luka no tuvo ocasión de centrarse y responder.
Volvió al suelo mientras Alitzel le tomaba una muñeca y le miraba con reproche.
—Por nuestro reino soportamos más, levántate.
Luka se sentía debilitado, el dolor lo aturdía, llamaradas y llamaradas que venían de todos lados, de la costilla rota, del tabique desviado, de los golpes en su estómago, en sus pantorrillas. Y estando ahí, tirado en el piso, encontró el respiro que necesitaba para enfocarse y localizar a Cobra en medio de todo el caos.
—Breuer... —suplicó el guitarrista, consiguiendo sentir la mano del portador en la espalda e intensificando la visión de la serpiente.
Cobra caminaba a pasos lentos hacia Luka, tronándose las articulaciones de los dedos para amenazar al guitarrista, para tratar de amedrentarlo sin llegar a imaginarse que acababa de darle justo lo que necesitaba.
Volvió a encogerse en su sitio, yendo a posición fetal mientras gruñía por el dolor, Cobra cometió el error de confiarse, de creer que tenía a Luka Couffaine justo donde lo necesitaba, y cuando estuvo suficientemente cerca, la serpiente en el suelo se extendió, pateando el cuello del portador, sofocándolo en el acto y obligándolo a caer, desorientándolo.
Luka se levantó lentamente mientras permitía que la lluvia lavara su rostro y poder tallarse los ojos por fin, mirando a Cobra en el suelo, avanzando hacia él mientras el portador retrocedía lentamente, mirando a Luka como si...
Como si le temiera.
Luka se sentó a horcajadas sobre Cobra, tomándole el cuello del traje en la diestra mientras se preparaba para atestar el golpe final.
Estaba mareado, se desmayaría por el dolor, pero tenía que terminar.
Sólo escuchaba un pitido en su oído izquierdo, además de la tormenta, ni las respiraciones, ni la gente, no había gritos de apoyo, no había nada, estaba solo contra el portador oscuro al que había odiado tanto por hacerle daño a su Marinette.
Cerró el puño izquierdo recordándose a sí mismo que esa era la máscara que había usado cuando casi había perdido a su musa.
¿Necesitaba motivos para querer acabar con Cobra?
Sólo uno.
Golpeó con todas sus fuerzas y la cabeza de Cobra rebotó contra el asfalto, le había roto un diente, lo había sentido claramente.
Y no fue lo único que sintió.
Cuando aquel golpe conectó contra la piel del portador, Luka vislumbró durante menos de una facción de segundo el rostro de un bebé.
Estaba aturdido, se lo atribuyó al dolor y al cansancio, y volvió a golpear.
Esta vez la imagen fue más nítida. Se vio a sí mismo, tal vez un poco mayor, lanzando en el aire a un niño de cuatro años que reía descontrolado mientras Marinette los alcanzaba en el parque.
Luka se enderezó soltando a Cobra, la cabeza del portador rebotó contra el asfalto y el muchacho miró a su padre agotado, sus ojos azules, azules como los de Marinette, le dedicaron una mirada suavizada antes de apretar el gesto en una mueca de dolor. Pero Cobra tenía los ojos color ambar.
—Termina —exigió el portador oscuro en un susurro tan bajo que sólo Luka alcanzó a escuchar...
Y entonces el resto de los sonidos reanudaron su marcha.
Lo que había iniciado como gritos aislados ahora se había convertido en un bramido ensordecedor que amenazaba con sumir el espacio en el más puro estado de frenesí; todos los presentes gritaban al unísono en ese momento, alzando los puños al cielo en medio de la noche de tormenta mientras el agua caía helada sobre ellos. No, había tanta rabia contenida en ese espacio que el frío no era suficiente como para hacerles huir, no sentían ya nada además de la euforia por la pelea.
Al principio, fue confuso para los peleadores entender lo que decían, puesto que las voces iban cada una por su lado, con su cantaleta, con su alegata, pero poco a poco se habían ido unificando hasta convertirse en un sólo canto de guerra que rezaba: Cobra Rey.
—¡Co-bra-Rey! ¡Co-bra-Rey!
El mareo amenazaba con hacerle caer, le daba vueltas la cabeza, le dolía el cuerpo y, cuando bajó la mirada, se percató de que sus nudillos estaban cubiertos de sangre. No sabía si la propia o la del portador bajo su cuerpo, sangre a final de cuentas, ¿importaba si era del portador en realidad?
Portador...
—¡Acábalo! —Se escuchó entre la multitud.
—¡Termina! —exigió Cobra a media voz, haciendo a Luka perder el equilibrio por un instante.
Portador oscuro no... un niño...
—¡Co-bra-rey!
Su niño...
—¿Qué esperas?
Cobra podría matarte, había dicho Andree antes de dejarle con la palabra en la boca.
Otro golpe, uno menos fuerte puesto que había perdido la voluntad de pelear, un golpe en el que veía a Oliver de catorce años, llegando a casa y corriendo hacia él con la funda del violín en la mano, presumiendo su primer recital como solista.
Luka levantó la mirada en dirección a Marinette, percatándose de que la chica lloraba desconsolada, cubriendo su boca con ambas manos, sintiendo que todo su mundo se venía a pedazos. ¿Qué debía hacer ahora?
—¡COBRA REY!
Marinette asintió una vez y Luka, con el corazón destrozado, dio el golpe final, que hizo a Cobra caer ante sus pies y que le dio la victoria.
O yo podría matar a Cobra, había respondido Luka Couffaine como una manera de molestar a su rey, pero ahora, viendo el cuerpo inerte de su...
Las voces de todos se alzaban por encima de la tormenta, ¡Cobra Rey!, Luka estaba mareado por el dolor y por la revelación que había tenido, ¡Cobra Rey!, se agachó sobre el cuerpo de Oliver y bajó un poco la máscara para asegurarse de que vivía, ¡Cobra Rey!, sintió un escalofrío ante la respiración del muchacho contra su mejilla y agradeció al percatarse de que seguía vivo, ¡Cobra Rey!, pero la visión de la serpiente no mentía, el corazón latía cada vez más débil, ¡Cobra Rey!
—Apártate... —murmuró una voz filosa y fría a sus espaldas.
Luka volvió el rostro y se encontró con la reina de las serpientes mirándolo como si estuviera dispuesta a matarlo.
—¿Puedes salvarle la vida? —cuestionó el guitarrista con los ojos llenos de lágrimas, sin fuerzas para alzar más la voz, pero la reina de las serpientes no respondió, mantuvo la boca cerrada y esperó el siguiente movimiento de Luka, suprimiendo las ganas de llorar al verlos ahí luego de haberse destrozado el uno al otro —Eres una portadora de la serpiente, lo tuyo es el tiempo —insistió Luka con una descarga de adrenalina que se esfumó en cuanto llegó —¿Puedes salvarle la vida?
—¿Qué te importa? Apártate.
Luka se movió con mucha dificultad, levantándose y dando un traspié, perdiendo el equilibrio, pero consiguiendo de último minuto permanecer erguido.
Shé Nuwang se agachó para mirar el rostro de Cobra antes de echárselo al hombro y alejarse de ahí, contoneando las caderas como si tratara de seducir a los reptiles.
Las miradas de todos iban fijas en la portadora que sacaba a rastras al reptil derrotado, así que nadie se dio cuenta de que Luka se desplomó casi sin darle tiempo a Marinette de llegar a detenerlo. Maunier, Erik, Andree, los tres trataron de ayudarle a cargar el cuerpo de Luka cuando la chica dijo que habían llegado en su auto, que sería más rápido que pedirle una ambulancia al ver a Louis marcando a emergencias, y Marinette rompió en llanto cuando vio a Adrien en la entrada del estacionamiento, esperándola con la puerta trasera abierta y una mirada de horror en el rostro.
—Nos haremos cargo —prometió Adrien ayudando al resto a acomodar a Luka en la parte trasera del auto.
—Voy con ustedes —dijo Erik, pero Marinette le miró suplicante, frenándolo en el acto.
—Colette, localiza a Colette.
—Luka me necesita.
—También Andree —murmuró la chica agobiada al ver al rey de rodillas en medio de la lluvia, lejos de las miradas de sus reptiles.
—Mierda, bien —exclamó el muchacho entre dientes antes de tomar el rostro de Marinette entre las manos —, avísame en qué hospital estarán en cuanto puedas —exigió antes de besarle la frente a la chica y correr hacia el rey caimán.
—Los escoltaré —exclamó Maunier mirando a Louis, como haciéndole una invitación a seguirlo —, traigo la sirena por las emergencias.
—Los seguimos —murmuró Adrien antes de recorrer el asiento del copiloto hasta el frente y permitir a Marinette sentarse junto a la cabeza de Luka, para cuidarle en el camino.
Una vez al volante, luego de que arrancaran el vehículo, Adrien miró por el espejo a Marinette y suspiró.
—Pensaba que el plan era llevarlo a casa, ¿Tikki...? —inició el rubio, viéndose interrumpido por la voz ahogada de Luka.
—Marinette, el niño...
—Estará bien —prometió ella agobiada.
—Deberíamos usar a Tikki para mantener vivo a Luka hasta llegar al hospital, si lo curamos...
—Sospecharán —musitó Luka antes de mirar a Marinette, desesperado por lo atrofiados que tenía los sentidos en ese momento, odiando que el mundo corriera en cámara lenta, odiando la lengua entumida, odiando no poderse levantar —, el niño...
—Oliver estará bien —prometió por enésima vez Marinette...
—Tienes que salvar a nuestro niño —murmuró Luka con un hilo de voz, apenas audible para la portadora, haciéndola romper en llanto, pasmada por aquello —, envía a Tikki, yo no me voy a morir.
—Luka...
—Por favor —alcanzó a decir antes de perder el conocimiento.
Adrien no entendía ni escuchaba nada, dedicaba miradas de desesperación de vez en cuando, percatándose de que ambos portadores murmuraban algo mientras él conducía a toda velocidad. Se quedó helado cuando la escuchó dar indicaciones a Tikki.
—Ve con ellos. Estaremos bien.
—Voy a salvar a su bebé —prometió Tikki en un susurro que sólo Marinette escuchó, antes de perderse en la tormenta mientras Marinette tomaba las manos de Luka y rompía en llanto, preparándose para lo peor.
