—¡Amor, tú tienes que luchar! —exclamó Marinette con voz poderosa mientras ponía su mano en la frente de Luka y el aludido profería un grito desgarrador que le heló la sangre a todos los presentes.
Adrien, Nino, Andree, Erik, no había en ellos fuerza suficiente para sostener a Luka, que se retorcía cubierto por aquella sábana, gritando en lenguas mientras se quitaba de encima a todos sus compañeros y aterrorizaba al resto.
—Hermano —musitó Juleka al ver al muchacho dar un golpe con el puño y lanzar a Erik un par de metros lejos de ellos.
—¡Escúchame, Luka, no dejes que ella te haga esto!
Ethan, hermano de Erik, ya había corrido a tomar el lugar que dejó disponible el reptil para sostener a la serpiente, que casi había logrado liberarse de sus captores.
—¡No te está escuchando! —gritó Adrien desesperado, luchando por sostener a su amigo —¡Esto es más fuerte que nosotros!
—¡No, Luka tiene que luchar! Amor, ¡Amor! Yo estoy aquí, y necesito que vuelvas a mí. Por favor, regresa a mí...
Se contrajo haciendo a todos dar un traspié y luego se enderezó en toda su estatura a la par que los focos estallaban, iluminándolo todo un segundo antes de sumirse en la oscuridad.
Ninguno de los muchachos pudo sostener a Luka, terminaron todos en el suelo, y cuando levantaron la mirada en dirección al muchacho, se percataron de que ya no había nadie ahí...
Y entonces escucharon el grito en la parte de arriba de la casa.
No, No iba a dejar pasar desapercibido halloween, pero creo que este especial se va a mezclar un poco con el de día de muertos, y va a llegar tarde jajaja gracias por leer. Y perdón por la interrupción.
Ruby Moon Li: Y más cruel todavía, halloween ni día de muertos pasará desapercibido jajaja pero no sé si meteré un especial en OC o si voy a meter los dos especiales aquí. Saya suele decir que cada capítulo "bonito" que escribo es la equivalencia al luto, llanto y destrucción que vendrá a continuación jajaja pronto continúo. Perdón
TheBlacKat: No haré spoiler respecto a la salud de Oliver, sólo diré que pretendo arreglarlo jajajaja sé que lo mismo dije de Jeany, pero ay... Ya me voy
ClauSan: Moría, MORIA, por usar las referencias de los portadores de antaño, era la última pieza que necesitaba acomodar en este arco para que el siguiente tenga sentido, Jajjaja ya identificaste también que los capítulos bonitos son sobarles antes del golpe, perdón por eso. No sé qué haré con Andree para que se reivindique consigo mismo y con Luka, la verdad no lo he pensado, pero algo saldrá, lo juro. Y de Luka, créeme, en la continuación cronológica podrá estar bien consigo y con el mundo que los rodea. Las visiones de Oliver bebé me sorprendieron, eso no estaba presupuestado, pero pues salió bien, creo. Gracias por el entusiasmo. Pronto continuación.
(París, Francia - 1977)
La música sonaba en todos lados, el Bois de Boulogne estaba lleno de la gente que había ido al concierto de aquella tarde, las personas reían a carcajadas portando camisas con estampados brillantes, el olor de los cigarrillos inundaba todo el espacio y el mundo parecía haberse sumergido en un optimismo colectivo en el que los abrazos, fumar al aire libre y saludar extraños se había convertido en la moda.
Las estrellas de cine caminaban por las calles, la moda parecía encontrar caminos extravagantes y dinámicos llenando a todos con sus colores, la gente cantaba a los gritos con los éxitos del momento; los Beattles, Elvis Presley y otros artistas se habían convertido en lo más escuchado y había surgido una nueva tendencia en el mundo del estudio académico.
—Demonología —exclamó Luka azotando un libro enorme sobre su escritorio y sonriendo para la clase mientras las luces bajaban y el proyector era encendido.
Marinette a su lado sonrió dulcemente antes de mirar la pantalla atrás de su esposo y esperar a la continuación de aquel dramático especialista.
Su sonrisa se dulcificó cuando vio al demonólogo moverse hacia el otro lado del salón y no estorbar la vista a los estudiantes que habían decidido asistir a esa conferencia, aquella mujer se dio la oportunidad de admirar a su esposo, cobijada en la penumbra que ofrecía la habitación ahora que las luces se habían apagado.
Pantalón de vestir, zapatos formales, camisa gris claro con una corbata a cuadros azules y negros, que hacía juego perfecto con su vestido jumper (misma tela), puesto delicadamente encima de su blusa blanca de cuello con moño. ¿Que si se vestían a juego? Bueno, ellos seguían desmintiéndolo todo, alegando que en las mañanas se ponían lo primero que veían para luego descubrir, alegremente, que hacían juego para salir. Chaleco de lana y un saco formal abandonado en una de las sillas aledañas.
Luka sonrió para Marinette al otro lado de la habitación mientras ella pasaba un mechón de cabello tras su oreja. Aunque toda su melena estaba peinada a los costados de su rostro y sostenida por los pasadores y horquillas, ella no pudo evitar sonreír tímidamente mientras su esposo encaraba a la audiencia.
—El año pasado —inició Luka dándole la espalda a la audiencia y encarando las imágenes proyectadas, donde se apreciaba el rostro de una joven hermosa y sonriente que parecía transmitir paz entre la audiencia —, uno de los temas más tratados al respecto fue el exorcismo de Anneliese Michel, quien falleció en una de las sesiones que realizaron para tratar de sacar a los demonios que vivían en su cuerpo —las imágenes avanzaron por la pantalla mientras Luka hablaba, mostrando la progresión del deterioro en la joven durante las sesiones y el especialista se movía frente a la audiencia, sin estorbar a la luz de las proyecciones —. El Vaticano habla de la importancia de los exorcistas en el mapa espiritual, en el día a día, pero no hablan de la parte más importante para combatir una posesión.
Y ante los susurros que se levantaron entre la gente, Marinette dio un paso al frente y sonriendo radiantemente concluyó: —La fe.
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Luka cerró la cajuela de su Celica 70 mientras Marinette colgaba delicadamente el saco de su esposo sobre su brazo, cuando un muchacho los alcanzó en el estacionamiento.
—¡Luka! —exclamó trotando los últimos pasos, haciendo a Marinette girar para encarar a su amigo, que parecía haber corrido la mitad del campus para localizarlos.
—Hombre, respira —pidió el aludido con una sonrisa divertida al ver a Adrien doblarse sobre sus rodillas y tratar de recuperar el aire —, ¿viniste corriendo?
—No podía esperar a que llegaran hasta su hogar para marcarles —admitió levantando el rostro y volviendo a dejar caer la cabeza —, esto es urgente.
—¿Qué pasa? —murmuró Marinette poniendo una mano en el hombro del rubio y sintiendo una descarga de angustia subir por su brazo al tacto, la preocupación del muchacho.
—Hay una familia...
—Adrien, no lo sé —interrumpió Luka derrotado, comprendiendo el camino que emprendería la petición del muchacho —, lo hemos dejado para poder dedicarnos a los libros, la sociedad, las clases, las conferencias y eso.
—Luka —llamó Marinette tomando el brazo de su esposo y haciéndole suspirar con aquel gesto sencillo —, al menos déjalo explicarnos.
El aludido suspiró rascándose la nuca con la mano libre antes de mirar a Adrien, que había recuperado el aliento luego de su carrera.
—Es una familia muy pequeña —dijo el muchacho a manera de súplica, como si temiera recibir una segunda negativa por parte del matrimonio —, una joven y su madre a las afueras de la ciudad, de verdad creo que necesitan ayuda.
—El párroco de su iglesia... —trató de iniciar Luka cruzando los brazos mientras Marinette miraba con curiosidad a su amigo, quien no dudó al interrumpir al especialista.
—Desestimaron el caso —murmuró el rubio molesto, bajando la mirada y suspirando, frustrado, mientras apretaba los puños —. Dijeron que debía ser algún tipo de esquizofrenia y que la iglesia no tenía por qué involucrarse en los asuntos de los hombres, que les hacíamos perder el tiempo tanto a los exorcistas como a la familia, ya que no los dejaban iniciar un tratamiento psiquiátrico.
Luka lo pensó un momento antes de suspirar y asentir, derrotado.
—¿Por qué es tan importante?
—Yo... —comenzó inseguro Adrien antes de levantar la mirada hacia sus amigos y sonreír apenado por su confesión —yo estoy saliendo con la chica. Si no creyera que puede haber un caso de infestación no los molestaría con esto.
—Podemos diagnosticar una infestación —murmuró Marinette mirando a su esposo, como si tratara de abogar por el caso que Adrien les planteaba.
Y el rubio intercambió una sonrisa con su amiga cuando Luka se paseó las manos por la cara, carraspeando frustrado ante aquella derrota inminente.
—Podemos echar un vistazo —concedió mirando a Marinette con determinación —, pero en el momento en el que algo salga mal, o en el instante en que sienta que es más de lo que podemos manejar...
—Saldremos corriendo inmediatamente —prometió Marinette tomando las manos de su esposo y sonriendo agradecida mientras Adrien sentía la esperanza crecer en su pecho.
—Muy bien —murmuró Luka suspirando antes de recibir su saco de manos de su esposa —, manos a la obra. ¿Cuándo nos esperan?
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Parar en una gasolinera, que Luka bajara a fumar un cigarrillo mientras Adrien cargaba gasolina y Marinette descansaba un poco del camino, recargada contra el auto y admirando la figura de su esposo en la distancia.
—¿Por qué se retiraron? —inquirió Adrien llamando la atención de Marinette, haciéndola mirarlo y sonreír dulcemente —Quiero decir, son jóvenes, tienen talento para lo que hacen y una carrera por delante, incluso la iglesia los reconoce como colaboradores importantes. Pero siempre que alguien me busca para un caso, Luka se pone...
Marinette suspiró asintiendo antes de mirar a Luka en la distancia, como cerciorándose de que no los fuese a escuchar.
—Hace unos años asistimos un exorcismo —comenzó ella sintiendo que las escenas se apoderaban de su mente una tras otra, como si se viera transportada hasta ese momento y lugar en el que todo se había ido al carajo para ellos —, el caso era difícil, llevaban seis meses con él y no daba muestras de mejora. El sacerdote encargado había conseguido sacar información decente y creían que había un total de ocho demonios poseyendo el cuerpo del pobre hombre. Un granjero —puntualizó mirando a Adrien y sonriendo compungida, sufriendo internamente por la condena de aquel indigno —, apenas y sabía leer, jamás escribió algo más que su nombre, pero de un día para otro podía hablar latín, alemán y tuvimos que llegar nosotros para identificar el arameo antiguo. Gritaba en reversa los cantos gregorianos y escupía sangre cuando rezábamos el rosario.
Adrien pasó saliva con dificultad cuando las escenas que Marinette describía cruzaron por su mente. Tenía tiempo trabajando con los Couffaine, documentando sus casos, grabando las sesiones cuando hacía falta, pero nunca había pasado más allá de una silla moviéndose, ruidos en el segundo piso, sombras sin forma captadas por el rabillo de los ojos y las psicofonías captadas en las grabaciones.
Y Marinette ahora le hablaba de posesión demoniaca...
—Nunca me hablaron de ese caso —murmuró Adrien mirando a Luka en la distancia, preguntándose si alguna vez vería algo así y rezando a su Dios nunca hacerlo —, digo —se corrigió a sí mismo frunciendo el entrecejo —, sabemos por palabras del Padre Moreau que han estado en sus exorcismos, pero...
Marinette soltó una risa ante los tartamudeos de su amigo, y asintió una vez, dándole a entender que comprendía a qué se refería con aquello.
—No hablamos mucho del tema, Luka quiere dejarlo en el pasado y dedicarnos a cuidar a Louis, pero Dios sigue poniendo estas cosas en nuestro camino.
Adrien lo pensó un segundo, suspirando profundo mientras Luka se dirigía a la tienda a pagar la gasolina.
—Pero...
—Sabes que veo cosas —murmuró ella mirando al horizonte y consiguiendo la atención de Adrien por la tristeza en la voz de su amiga —, y sabes que hago cosas que la gente normalmente no puede. Ese caso me afectó mucho, nos afectó a ambos, y lo hablamos, decidimos dejarlo, volver a los casos sencillos, algo que no consumiera nuestra cordura. No nos gusta hablar del tema, es todo, y evitamos a los demonios todo lo posible, pero...
—Pero Dios los sigue guiando por ese camino, lo sé —cortó el rubio con una sonrisa cálida —, Luka lo dice mucho en sus entrevistas.
—¿Se divierten sin mí? —quiso saber el aludido llegando hasta ellos mientras Adrien quitaba el dispensador y cerraba el tanque de gasolina.
—Por supuesto, amor —concedió Marinette antes de subir a la parte trasera del auto —, hablamos del demonio y de cómo no invocarlo.
—Bien —soltó divertido el especialista antes de subir de nuevo y arrancar el vehículo.
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La casona era enorme, habían pasado quince minutos en auto desde que habían dejado la ciudad, los árboles y el camino de carretera los había llevado hasta un camino oculto que llevaba a la construcción, y aunque cualquiera se habría esperado ver una mansión en ruinas o una casa abandonada con avanzado deterioro, para los especialistas fue sorpresivo percatarse de que llegaban, en realidad, a un lugar hermoso y bien conservado.
—La casa de la familia Tsurugi tiene historia —informó Adrien cuando visualizaron la edificación en la distancia.
Marinette abrió los ojos sorprendida y se deslizó en el asiento para ver mejor por su ventana, sonriendo maravillada ante la belleza en la construcción.
—Se ve antigua.
—Lo es —afirmó Adrien sonriendo maravillado —, alrededor de treinta personas trabajan en ella, jardineros, cuidadores, ama de llaves —pero toda la alegría del muchacho se desvaneció al instante cuando recordó la decadencia en la que se había sumido —, bueno, lo hacían... los pocos que quedan no pasan la noche en la finca, se preocupan por la señorita Tsurugi, pero ella se niega a dejar a su madre y...
—La vamos a ayudar —prometió Marinette poniendo la mano en el hombro del rubio, ganándose una mirada de reproche por parte de su esposo —, si no podemos hacerlo nosotros, traeremos a las personas adecuadas para ello. Pero la vamos a ayudar.
—Eso espero... De verdad eso espero —murmuró Adrien en medio de un suspiro.
—¿Qué dices que tiene la casa? —cuestionó Luka confundido mientras se acercaban al umbral.
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Kagami esperaba en la entrada, con las manos entrelazadas hacia abajo y la mirada impaciente, sus ojos vagaban de vez en cuando sobre su hombro hasta la ventana más alta, donde una sombra oscura le observaba detenidamente, a la espera de su siguiente movimiento.
El auto se detuvo frente a ella y la puerta de Adrien se abrió a toda prisa, el muchacho ya había llegado frente a la joven y le sonreía esperanzado, dedicando miradas de soslayo al matrimonio que se acercaba a pasos tranquilos.
—Ellos son los Couffaine —murmuró el rubio mientras la sonrisa de Marinette se contraía por un instante en una mueca de angustia —, son los especialistas de los que te hablé.
—Vi su entrevista en la televisión la otra noche —confesó ella mientras Luka se encaminaba y ofrecía una mano, y aunque la joven esperó un apretón firme, se sorprendió cuando el muchacho se agachó para depositar un beso en sus nudillos y hacerla sonrojarse —, me pareció interesante cómo respondieron a las provocaciones del psiquiatra en turno. Jamás creí que se autodenominarían demonólgos antes de usar la palabra...
—¿Locos? —concluyó Marinette con una sonrisa radiante ante la pausa larga de la joven —Otros nos llaman así, no veo por qué no hacerlo. Marinette de Couffaine —dijo al final, ofreciendo una mano a Kagami y sintiendo un escalofrío al tacto suave de la joven oriental —, Adrien nos dijo que su casa está infestada.
—Yo no creo que sea la casa —murmuró Kagami con tristeza, bajando el rostro y sintiéndose agobiada.
—Bueno, estamos aquí para determinarlo —prometió Luka con una sonrisa franca que hizo a la joven oriental sentir esperanza —, ¿te importaría hablarnos del tema?
—Seguro —exclamó ella en un respingo antes de mirar sobre su hombro, insegura de cómo proceder —, ¿quieren...?
—Descuida, cielo —murmuró Marinette poniendo una mano en la mejilla de Kagami y haciéndola levantar el rostro para encararla —, lo que sea que tengas para mostrarnos, lo hemos visto antes.
—La casa es... es que es... da miedo.
—Yo nunca he estado aquí —admitió Adrien mirando a Kagami con tristeza —, así que no pude darles muchos detalles.
—Un recorrido por el interior ayudaría bastante —admitió Luka tratando de sonar sereno e infundirle valor a la joven, quien sonrió tímidamente para Adrien cuando él le ofreció una mano para avanzar.
—Y un resumen —añadió Marinette tomando el brazo de su esposo y avanzando hacia la puerta.
—Todo empezó hace unas cuatro o cinco semanas, al principio creíamos que tendría que ver con la edad de la casa —admitió la oriental mientras avanzaban por la planta baja y ella les daba un recorrido —, escuchábamos ruidos en las tuberías y arañazos en las paredes. Nino creyó que podría tratarse de ratas, incluso pusimos veneno en sitios estratégicos, pero luego de unos días no había caído ningún animal, ni siquiera los insectos propios de la zona. La calefacción comenzó a fallar —continuó mientras avanzaban por la cocina, con Kagami por delante de ellos y Marinette al final, fue la joven franco-china quien pareció notar el cambio de temperatura, pues sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza antes de mirar sobre su hombro y pasar saliva con dificultad —, la cocina siempre está helada, lo mismo que la habitación de mi madre y el rellano de la escalera. La estufa pasa mucho tiempo encendida, pero no es suficiente jamás. La caldera debe estar dañada.
—Señorita Tsurugi —llamó una voz profunda y dulce desde el fondo de la habitación, haciendo a todos respingar sorprendidos —, créame cuando le digo que no es la caldera.
Todos suspiraron al percatarse de que era un ser vivo quien les había hablado, y sonrieron agradecidos ante la sonrisa amable que aquel muchacho de piel morena les dedicaba.
—Nino, pensaba que se había retirado.
—No he terminado por aquí, señorita —admitió el muchacho echándose los guantes al hombro y disculpándose con la mirada —, pero me dio sed y pensé en entrar a la casa. Todavía es temprano —añadió mirando a los invitados y enarcando una ceja —, pensé en trabajar un par de horas más.
Kagami asintió una vez y sonrió agradecida de estar acompañada en aquella casa antes de pasear la mirada entre los presentes.
—Nino Lahife, te presento a Adrien Agreste.
—Mucho gusto —exclamó el Rubio encaminándose hacia el muchacho y ofreciendo un apretón cálido.
—Marinette y Luka Couffaine —añadió mientras el aludido ofrecía un apretón y Marinette hacía una reverencia elegante y corta.
—Encantada.
—Un placer.
—Nino es nuestro jardinero —informó la joven con un gesto educado.
—Mi padre es el jardinero —puntualizó el muchacho con una sonrisa amable —, pero no se encuentra bien de salud, así que lo estoy cubriendo en sus deberes con la familia Tsurugi.
—En realidad tengo la teoría de que quiere impresionar a la hija del ama de llaves —confesó Kagami haciendo a Nino enrojecer por su comentario —, pero es bueno contar con él por aquí. Siempre es amable y nos sube el ánimo a todos. Aun cuando la casa parece tratar de tragarse nuestra alegría. Nino, ¿te importaría? Vinieron a conocer la casa.
—Señorita Tsurugi —murmuró el muchacho negando con la cabeza, retrocediendo medio paso y mirando a los extraños.
—Ay perdón —soltó Marinette avanzando hacia él y ofreciendo una mano a pesar de verle cubierto de tierra —, no nos presentamos adecuadamente. Mi nombre es Marinette de Couffaine —dijo cuando Nino le dio un apretón suave —, y somos especialistas en casas poseídas por espíritus inhumanos.
Los ojos de Nino buscaron los de Kagami en un movimiento brusco, sorprendido por aquella afirmación, buscando en los ojos de la joven la confirmación o negación de aquello.
—Pensé que el padre Breuel...
—No venimos de parte de la parroquia —añadió Luka pasando un brazo sobre los hombros de Marinette y haciéndola sonreír por su cercanía —. Adrien tuvo la gentileza de hablarnos del caso de la familia Tsurugi y su finca, y decidimos tomar el caso para interceder por ellos ante la iglesia.
—¿Por qué? —cuestionó Nino confundido, la misma pregunta que Kagami se había estado haciendo desde que Adrien le había informado que había conseguido convencer a los demonólogos de trabajar su caso, esperando encontrar en la respuesta de ellos algo que le diera paz.
El matrimonio intercambió una sonrisa suave antes de que Marinette tomara la palabra.
—Porque hay muchas cosas malas ocurriendo en el mundo a gente buena, y nosotros queremos ayudar a evitar que pase.
—Somos humanos —añadió Luka con una sonrisa serena —, cometemos errores porque tenemos miedo de lo que no conocemos, y si el párroco de su iglesia se equivocó al momento de diagnosticar esta casa, bueno, todos merecen una segunda opinión.
Nino sonrió con ganas, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas por las palabras de aquel matrimonio, preguntándose si podía sentir tanta gratitud por aquellos completos extraños ahora que todo parecía comenzar a mejorar.
Y justo cuando abrió la boca para expresar alguna palabra que buscara expresar lo que sentía, tres golpes secos retumbaron por toda la casa, haciendo que tanto Nino como Kagami se tensaran en sus sitios, horrorizados, presa del pánico antes de alzar la mirada lentamente hacia el techo de la casa y pasar saliva con dificultad.
—Madre ha despertado —murmuró Kagami temblando del miedo, confundiendo a los presentes cuando Nino pasó saliva y retrocedió asintiendo.
