(Brittle – Icon for hire)
Mareo...
Lo primero que recordaba era el mareo constante.
No quería vomitar, cuestión que le parecía extraña teniendo en cuenta que el mareo plagaba cada segundo de su existencia y cada gramo de su ser en aquel momento.
Mareo...
Como cuando era niño y pasaba las noches en vela por sus ataques de ansiedad.
Mareo, como cuando le dieron calmantes luego de su primer ataque de pánico a la dulce edad de doce años, y la voz de su madre, quebrantada por el llanto mientras le prometía aquel vacío y banal "todo va a estar bien, es por tu bien".
Mareo, como las primeras noches de medicamentos que pasaba durmiendo en el barco, sintiendo que el vaivén de las olas amenazaba con hacerle volver el estómago en medio de la madrugada.
Abrió los ojos cuando sintió el mundo detenerse en seco, extendió una mano y gruñó probando el sabor de su propia sangre cuando sintió el tirón que le obligó a incorporarse.
El frío de las manos de Marinette no fue consuelo suficiente cuando la chica ayudó a Adrien a sacarlo del auto. Levantó el rostro, pudo ver a los camilleros corriendo hacia él, horrorizados por el estado en el que llegaba.
Tosió.
Y, ¡por Dios bendito!, que todo su cuerpo dolió.
La mano de Marinette aterrizando en el centro de su pecho mientras la piel pálida de ella se llenaba de borgoña y carmesí, manchada por la sangre de su esposo, un segundo antes de que los enfermeros lo subieran a su camilla y corrieran hospital adentro seguidos de cerca de Marinette, que contenía lo mejor posible las ganas de llorar cuando la mano de Luka se cerró sobre su muñeca como asiéndose a la vida en aquel gesto simbólico.
¡Por Dios bendito que le dolía hasta el alma!
Cuando su mano se asió de la muñeca de Marinette y sintió la contracción en sus músculos supo que todo su cuerpo dolía todavía más de lo que había creído. Las costillas rotas, los golpes en todo el cuerpo, el hombro dislocado, sentía el desgarre en varios de sus músculos, la sangre coagulada en su nariz le imposibilitaba respirar y la garganta, ¿le había golpeado la garganta?
Sintió todo volver de golpe, los recuerdos de aquella fatídica noche.
Marinette sintió todo volver de golpe.
Los camilleros le cerraron el paso, no podía ir más allá de aquel pasillo, y Luka lo sabía, así que la soltó extendiendo la mancha de sangre hasta las puntas de sus dedos, de los de ambos, mientras el dolor de una bala que había sido retirada meses atrás golpeaba de nuevo a Marinette.
Recordó esa noche, cuando peleando en un callejón ella recibió una bala perdida en el costado. Recordó haber vomitado por el dolor, recordó que Luka había cubierto la herida con su chaqueta mientras Sass marcaba el número de Adrien. Recordó cuando Luka cargó con ella hasta el auto del felino y la llegada al hospital.
Recordó que ella misma se había asido a la mano de Luka, horrorizada, sabiendo que si volvía a cerrar los ojos lejos de él le tomaría toda una vida volver...
Y lo sabía.
Ambos lo sabían.
Sabían que la misma expresión horrorizada que tenía Marinette en ese momento era la que Luka había compuesto cuando las puertas se cerraron para poner entre ellos una barrera más desgarradora y desafiante que el destino mismo.
Porque Luka estaba al borde entre el sueño y la consciencia, entre la vida y la muerte, así como Marinette lo había estado luego de recibir aquella bala en un callejón.
¿Luka había sentido eso tras verla atravesar las puertas? ¿Había Luka sentido que desgarraban su interior y hacia afuera? ¿Había sentido que arrancaban la piel hasta llegar a sus entrañas para luego proceder a extirparle los órganos, los músculos, los huesos?
¿Había Luka tenido la certeza de que su vida se acabaría en el preciso instante en el que el corazón de Marinette se detuviera?
Luces blancas, largas, distorsionadas...
Luces regulares y periodos de penumbra.
La mascarilla cubriendo su boca y su nariz mientras le tomaban el pulso.
La inyección entrando en su brazo, la desesperación en su mirada cuando los ojos de la enfermera encontraron los suyos y trataron de brindarle calma.
Pero él no necesitaba dormir.
¡No necesitaba dormir!
Tenía que permanecer alerta o no despertaría después.
¡Que lo operaran despierto, toleraría el dolor!
Tenía que volver a ella, se lo había prometido, tenía que volver...
Un parpadeo, luego otro, luego el mareo. El mismo de la primera noche de medicamentos, ese que no le hacía vomitar, pero le recordaba que estaba roto, roto como su tabique, como sus costillas, como sus músculos desgarrados. Un parpadeo, luego otro, y la sensación de que podía respirar...
Respirar...
Sigue respirando, pensó para sí mismo, hagas lo que hagas sigue respirando.
La oscuridad cerrándose a su alrededor.
Sigue respirando.
El dolor remitiendo al fin.
Sigue respirando.
La nada arrastrándolo hacia la eternidad.
Sigue respirando.
Hagas lo que hagas, sigue respirando.
Se lo prometiste, enfócate en eso, sigue respirando, sólo sigue respirando y vuelve a ella, enfócate en ella, piensa en ella.
Y respira...
Brenda Edith: Todo un poco, aquí estamos para complacer a los lectores jajaja gracias por el comentario, de verdad hacen la diferencia
ClauSan23: No hubo especiales navideños este año, pero dejo aquí para tratar de compensar todos los desequilibrios causados jajaja perdón por la espera, de verdad no imaginaba tardarme tanto con esta nueva actualización, pero espero no tardar tanto con la siguiente.
Manu: Ya estoy cocinando una sorpresa para el cien, pero no sé si será algo bonito jajaja espero que les guste mucho, gracias por tus comentarios. Me voy a poner al corriente con la serie antes de escribir el siguiente, estoy esperando un capítulo en específico para poder escribir el especial número cien. A ver si sale antes
Sonrais777: Será un mini arco con ese corte, pero lo voy a meter entre capítulos para no dejar tirado el tema de Cobra. Saludos
theBlackKitty1994: Hey, de verdad gracias por el comentario, el hecho de saber que hay gente que sigue esta historia hace que quiera dar más y más de mí. Espero mantenerlo a la altura.
Mu Bug Moon: Respecto a Oliver, aquí hay una pista de cómo está, pero ya verás qué más. Disfruta esta entrega, del especial de halloween, la verdad sí espero sacarles dos o tres sustos, pero más adelante. Gracias por tanto.
(Lonley – We Rabbitz 'acoustic piano')
Podía escuchar el sollozo lejano de Marinette, pero no sabía de dónde venía.
Podía recordar brevemente el quirófano, las voces de los doctores, las charlas de la gente involucrada.
—Se metió en una pelea —había dicho una mujer con un aire reprobatorio, como si tuviera todo el derecho del mundo para juzgarlo.
—No sería el primero que se muere por sus malas decisiones.
—¿Viste a la novia?
—Es su esposa, llevaban anillos.
—¡Dios! Estaba destrozada —¿la voz de un hombre mayor sumándose al cotilleo? Aquello sorprendió a Luka, ahora sí tenían su atención.
—¿Alguien vio cuando le entregaron sus pertenencias?
—Yo vi —aquella debía ser la voz más joven que Luka hubiese escuchado hasta ese momento en el quirófano, un muchacho joven —, la esposa recibió todo y lo pasó a manos del que los trajo, y sólo se quedó con la argolla de matrimonio.
—Insisto, estaba destrozada.
—Sostuvo la argolla como si contuviera la vida de este pobre muchacho...
—Su culpa —insistió la primera voz, consiguiendo que Luka gruñera, al menos en sus adentros —, ¿para qué se mete con uno como estos? —dijo con tal reproche en su voz que el guitarrista pudo ver claramente la mueca de desprecio que aquella mujer tenía.
—No sabemos los hechos —murmuró un hombre con voz tranquila, tan profunda que Luka se sintió a salvo por primera vez desde que había soltado la mano de Marinette —, bisturí.
Perfecto, pensó Luka fastidiado, estaré despierto en mi cirugía...
Volver el rostro hacia el costado y descubrir las facciones de Evan mirarle con curiosidad.
—No tiene por qué ser así —prometió aquel portador antes de ofrecerle una mano y tirar de él hacia la oscuridad, lejos del quirófano, del dolor, de la consciencia.
Ahora escuchaba pitidos lejanos cada vez más cortos, su monitor cardiaco, y el sollozo de Marinette, y la voz de Adrien y Kagami, y el llanto de Juleka y de Anarka, y el optimismo de Rose. Como si todo estuviese ocurriendo al mismo tiempo.
Todo había ocurrido, estaba seguro, pero no entendía en qué orden.
—Lo prometiste —había dicho Marinette en medio de un sollozo que le quebrantó el alma en mil pedazos —, prometiste que volverías a mí.
(Lost without you – Freya Riddings)
—No te encuentro, petite... —había tratado de decir, pero su boca no se movió, sus labios no se despegaron cuando él trató de decir aquello. Y volvió a sumergirse en la oscuridad.
—Luka ha cumplido sus promesas —escuchó decir a Adrien mientras Evan levantaba la mirada con el entrecejo fruncido, molesto al escuchar la voz de su rival —, no te dejará.
Luka también levantó la mirada, y como burbujas emergiendo hacia la superficie, se dio cuenta de que estaba sentado al fondo de un pozo, sumergido hasta el fondo.
—Marinette te ama —había murmurado Alitzel sentándose a su lado, admirando la negrura reinante a su alrededor —, mira que pagar por verte vivir.
—¿Pagar? —cuestionó Luka confundido.
—Pagar —afirmó Breuer de pie a su lado, mirando hacia arriba —, romper todos los lazos y barreras, soportar sobre sus hombros el peso de los sentimientos de todas las portadoras de la catarina antes de ella sólo por darnos la oportunidad de brindarte nuestra fuerza...
Tenía que salir... tenía que nadar.
Tenía que agradecerle... Le debía la vida.
—¿Se puede revertir?
Su cabeza dio un vuelco y volvió el mareo.
—Se puede hacer —murmuró Evan sentándose espalda con espalda, suspirando, derrotado, cansado, abatido luego de la batalla contra la muerte, sabiendo que su fuerza había sido suficiente para que Luka sobreviviera, pero no suficiente para hacerlo despertar.
Mareo... como cuando lo arrastraba el mar.
—Pero depende de ella —dedujo el guitarrista hundiendo el rostro contra sus brazos, subiendo las rodillas hacia su pecho, aceptando la derrota al fin, considerando dimitir.
—También depende de ti —murmuró una última voz, obligándolo a levantar la mirada.
Quería renunciar, pero...
Tenía que nadar.
Tenía que salir.
Tenía que seguir...
Levantarse...
Comenzar...
Luka se encontró con la mirada pacífica de Yamir, que sonrió agradecido en nombre de todas las serpientes que se enamoraron alguna vez de la catarina, ofreciéndole una mano para ayudarlo a incorporarse.
Levantarse y comenzar a bracear hacia arriba, hacia la luz blanca y brillante en que se habían convertido los sollozos de Marinette. Con la fuerza de Yamir, con la posibilidad de que el portador se desvanecería si le daba ese último empujón, pero dispuesto a perderse en la eternidad si, en nombre de todos ellos, Luka podía ser feliz...
Y escuchar los sollozos de Marinette...
Luka suspiró, no sentía dolor, estaba mareado, todavía bajo los efectos de la anestesia general, brindada para operarlo.
Abrió los ojos en medio de la oscuridad. Sería de madrugada o sería al atardecer. La luz le engañaba en medio de todo el caos que era su mente. Pero abrir los ojos era una batalla ganada contra la inmensidad.
Abrir los ojos...
Para encontrarse con ella.
Marinette estaba acostada en la cama, a su lado, hecha un ovillo, cuidando no tocarlo, sólo sus manos aferradas a la de él, como si necesitara de aquella ancla a la realidad. Marinette acostada a su lado, queriendo rodear sus rodillas entre sus piernas, queriendo aferrarse a su pecho, queriendo hundir el rostro, la nariz contra su cuello y sus cabellos y respirar profundo y perderse en su aroma y su perfume...
Sabiendo que no podía hacer todo aquello o reventaría las puntadas, y presionaría los músculos desgarrados, y lesionaría los huesos de por sí ya rotos.
Muriéndose por dentro porque quería abrazarse de Luka con todas sus fuerzas y obligarlo a volver a ella.
Luka suspiró, cerró los ojos y volvió a dormir, brindando un apretón a la mano de Marinette antes de perderse en la inconsciencia, sabiéndose a salvo ahora que había encontrado el camino de regreso a ella.
Sentir el viento contra su rostro, colándose por su cuello y obligándolo a suspirar para no ahogarse. Luka sonrió con ganas ante el destello que le cegó por un momento y que desapareció al siguiente, cuando giró enfilando por la calle aledaña.
Viento...
¿Por qué sentía el viento?
¿Estaba en su cama de hospital y alguien había abierto la ventana?
Pero no, se encontraba en movimiento.
Vio sus propias manos en los manillares mientras ponía direccionales y aceleraba para girar, sintió el cambio en sus pies mientras metía y sacaba el clutch para avanzar.
Sonrió con más ganas mientras volvía un poco el rostro hacia atrás, luego de sentir la presión en torno a su cuerpo.
Las manos de Marinette, las reconocería donde fuera, con las cicatrices de cada vez que se había picado con una aguja, con el anillo de compromiso, con ampollas entre el índice y pulgar luego de haber pasado horas y horas cosiendo a mano su siguiente disfraz...
Iba en la motocicleta, una tarde veraniega.
El sol brillaba sobre su rostro y otorgaba a todo un brillo ígneo y cálido que le hacía querer sonreír con más ganas todavía, como si nada pudiera salir mal ese día. Y sumado a la belleza del clima, las manos de su musa se cerraban en torno a su cuerpo mientras ellos dos avanzaban por la ciudad en la motocicleta del muchacho.
Luka suspiró profundo mirando por su retrovisor, percatándose de que, a través del casco, Marinette llevaba los ojos cerrados y sonreía tontamente, suspirando de vez en cuando mientras sus manos se cerraban con fuerza en torno a su pecho, delineando su musculatura con aires distraídos cada vez que él detenía la motocicleta.
—Ya casi llego, amor —murmuró Luka pensando en su Marinette mientras su mano vagaba hasta la de ella, a la de su recuerdo, su ancla a la realidad.
En su promesa...
Sintió que sus pies cambiaban la velocidad, pasó a segunda, el monstruo dio una sacudida hacia el frente y la Marinette de su recuerdo soltó una carcajada, asiéndose con más fuerzas a su cuerpo mientras sus cascos chocaban aturdiéndolos a ambos.
—¿Por qué la prisa? —cuestionó ella mientras Luka sentía la vibración de la motocicleta bajo su cuerpo y las manos de Marinette se aferraban hacia él, tirando hacia atrás dada la velocidad que habían ganado al dar vuelta.
—Te extraño tanto —confesó él al ver su reflejo en los cristales de los edificios a su lado, percatándose de lo inmensamente felices que parecían ambos al pasear en motocicleta, preguntándose cuándo había sido la última vez que lo habían hecho por el simple placer de dar un paseo.
—Anda con cuidado —y aunque sus palabras fueron una advertencia, la sonrisa que su voz traslucía terminaba confesando que ella también se sentía inmensamente feliz —, o no vas a llegar.
—Ya casi llego, amor, de verdad no puedo esperar —insistió mirando a Marinette por el retrovisor y haciéndola soltar una carcajada previa a su respuesta.
—Tranquilo, estaré ahí cuando regreses —prometió ella mientras Luka se metía a lo que parecía ser un estacionamiento subterráneo.
—Ya casi... —repitió con voz trémula mientras entreabría los ojos, cegado por la luz de una tarde que acababa —Ya casi regreso a ti...
—¡Luka! —exclamó Marinette mientras el sonido de algo repiquetear contra el piso hasta quebrarse en mil pedazos llenaba la habitación.
Las manos de Marinette presionaron frenéticas el botón de asistencia mientras ella rompía en llanto y miraba a Luka, temiendo que aquello fuera una falsa alarma.
Pero no. Ahí estaba.
Ahí estaba esa mirada dulce y soñadora que Luka tenía para ella cada mañana cuando despertaba primero y esperaba paciente, mirándole como si temiera despertarla o incomodarla al observar sus facciones con tanto detenimiento.
Ahí estaba esa chispa azul cobalto que parecía bañarla de certeza y prometer que todo iría bien.
Ahí estaba el atisbo de media sonrisa que Luka componía cuando quería burlarse de ella en su cara, y de cuando lo conseguía.
—Hola, Petite —musitó con dificultad el muchacho mientras Marinette avanzaba medio paso hacia él, extendiendo una mano como si quisiera tocarlo, y cubriendo su boca con la otra, como si temiera despertar de un precioso sueño.
—Mi Luka... mon serpant... —murmuró ella cayendo de rodillas al lado de la cama y aferrándose a la colchoneta con las puntas de los dedos, mirando al guitarrista como si temiera que fuese una aparición... a punto de esfumarse.
—No quería hacerte esperar —murmuró cerrando los ojos y respirando profundo, sintiendo un disparo de dolor por todo su cuerpo ante ese acto, componiendo una mueca que hizo a Marinette tragar saliva con dificultad —, pero no encontraba el camino.
Necesitaba un trago de agua, moría de dolor, el cansancio lo arrastraba hacia las sombras, su garganta había ardido al pronunciar aquel puñado de palabras y la respiración parecía una tarea dolorosa impuesta para expiar sus pecados.
La pelea...
Luka abrió los ojos y giró el rostro a toda prisa, horrorizado, devastado consigo mismo mientras Marinette rompía en llanto, desconsolada. Volver el rostro le supuso una dosis extra de dolor que disparó su monitor cardiaco, los músculos, las costillas, el hombro que había estado dislocado, su tabique roto, ¡no, por favor!, ¿se había roto también una pierna?, pero todo eso pasó a segundo plano cuando la puerta de su habitación se abrió y por ella asomó Oliver, mirándolo con apremio, como exigiendo saber si estaba bien.
Y en cuanto los ojos de Luka chocaron contra los del muchacho, ambos rompieron en llanto, agradecidos de saber que el otro se encontraba fuera ya de todo peligro, dando tiempo apenas suficiente para hacer consciente aquel pensamiento antes de que los médicos entraran a revisar, un segundo para darles una orden, otro más para que Oliver tomara a Marinette por los hombros y la sacara de la habitación, prometiéndole que todo iría bien a partir de ahora.
Muy bien, exámenes primero, aclaraciones después.
.
Marinette sostenía la mano de Luka, acariciándole con devoción mientras él suspiraba enamorado, preguntándose cuánto tiempo habían pasado ahí, prendados de la mirada del otro, dedicándose a contemplar las facciones de la persona a la que más amaban en ese momento...
La puerta de la habitación se abrió, pero ellos ni siquiera se soltaron la mirada, no se inmutaron ante la presencia del médico asignado ni de los dos oficiales que esperaron pacientemente mientras el doctor revoloteaba en torno a los aparatos, ajustando la reducción de morfina y revisando los monitores de Luka para comprobar la continuidad en ellos, para asegurarse de que Luka hubiese tenido signos estables en las últimas horas antes de retirar la dosificación de sedantes y ver la evolución de su paciente.
Luka y Marinette suspiraron al unísono cuando le retiraron a Luka el medidor del índice, permitiéndole abrir y cerrar la mano varias veces, sintiendo que estaba entumido por tanto estar quieto.
—Me voy a quedar —murmuró ella percatándose de la presencia de los oficiales en la puerta.
—No espero que sea diferente —aseguró él con voz firme, dando un apretón suave a la mano de Marinette y haciéndola sonreír ampliamente.
—Lamento mucho —trató de iniciar el doctor, pero guardó silencio cuando las miradas de ambos cayeron sobre sí mismo, pasó saliva y retrocedió un paso, aclarándose la garganta al darse cuenta de que la mirada de ella rebosaba curiosidad mientras que la de él parecía prometer que todo estaría bien.
—Luka Couffaine... —dijo uno de los oficiales con voz trémula.
—Si estoy bajo arresto —interrumpió suave, pero fríamente, al ver avanzando al oficial un par de pasos hacia ellos y frenando ante las palabras calculadas de la serpiente, que no estaba amenazando, pero que dejaba claro que no estaba negociando —, les voy a pedir que sean tan amables de informármelo y dejarme cumplir la parte de la condena que me ata a esta cama de hospital en paz. No tengo intensiones de irme de aquí y escapar.
Los oficiales de policía intercambiaron una mirada de incomodidad mientras el médico salía y Marinette suspiraba serenando sus emociones.
—No está bajo arresto, señor Couffaine —aclaró la segunda oficial, avanzando un par de pasos por enfrente de su compañero.
—Bien —cortó el guitarrista bajando la mirada, sintiendo que el hombro le dolía por la tensión de sus propias emociones.
—Sin embargo, creemos que sería prudente que su esposa se retirase y...
—En lo próspero y en lo adverso —recitó diligentemente Marinette, tomando de nuevo la mano de Luka entre las suyas mientras ponía en su dedo la argolla de matrimonio que los había unido ante la iglesia —, en la salud y en la enfermedad —continuó admirando la forma en que el oro blanco relucía contra la piel de su esposo y él suspiraba con una sonrisa enamorada —, y así amarte y respetarte por todos los días de mi vida... No voy a ir a ningún lado —aseguró Marinette levantando la mirada hacia los oficiales, haciéndolos retroceder a ambos, impactados por la lealtad en sus actos y la sensación ígnea que transmitía con su mirada —, mi lugar es al lado de mi esposo, no importa qué, así que lo que hayan venido a hacer, comiencen. Porque no me voy a mover de aquí.
—Señora —murmuró la oficial avanzando otro paso, componiendo una sonrisa suave para Marinette, como si tratara de convencerla con su argumento —, nuestra intención es interrogar a su esposo respecto a lo que ocurrió la otra noche, y podría escuchar cosas que...
—Cualquier cosa que les diga a ustedes —cortó Luka sombrío, harto de tanto rodeo —, se lo diré a ella eventualmente.
—Dejen que se quede —espetó una voz ronca a sus espaldas.
Ambos oficiales dieron un salto por la impresión antes de girar a toda prisa y encarar al recién llegado.
Travis Maunier se quitaba el sombrero y sacudía la nieve de su ala echando un vistazo a las superficies para poder dejarlo por ahí, para proceder a quitarse la gabardina y mirar a los oficiales.
—Inspector... —inició él haciendo una reverencia leve para mostrar su respeto —Tenemos la intensión de interrogar al sospechoso de lo que ocurrió la otra noche, pero esperamos indicaciones de su parte para proceder.
—No, por favor, comiencen —comentó el aludido tomando asiento a los pies de la cama de Luka y sacando una libreta de su bolsillo interior.
—¿Le asignaron el caso? —cuestionó ella con curiosidad —De ser así, nosotros no seremos un estorbo a su trabajo.
—La verdad es que no me han asignado el caso, he solicitado que se me asigne porque yo estaba ahí esa noche. Pero no me han autorizado todavía, así que, por si me conceden mi capricho, quisiera estar presente en el primer interrogatorio y evitar que se triangule la información. Si no les importa.
—Será un honor, inspector Maunier.
—Siéntase en la libertad de intervenir a placer —pidió el oficial antes de sacar su propia libreta y encarar al matrimonio Couffaine, que se miraba a los ojos con expresión grave, previniéndose el uno al otro para el interrogatorio.
—Por favor, señor Couffaine, ¿podría narrarnos los hechos de la pasada noche del domingo?
—Seguro, ¿por dónde empiezo? —murmuró para sí mismo antes de mirar a Marinette, confundido —¿Por cuánto tiempo dormí?
Marinette suspiró viendo claramente la tensión aparecer en el cuerpo de su esposo, le acomodó un mechón de cabello antes de levantarse a esponjarle las almohadas, agradeciendo el silencio y la paciencia de los oficiales presentes, ignorando la sonrisa soñadora que Maunier compuso cuando la chica se sentó más cerca de Luka, todavía sin atreverse a tocarlo, temiendo lastimarlo más de lo que ya estaba.
—Un par de días —murmuró ella mientras Luka se reclinaba hacia atrás, sobre las almohadas y descansaba el peso de su cuerpo, sintiendo alivio por primera vez desde que despertó.
—Un par de días... —repitió el muchacho admirando la argolla en su dedo y sonriendo de medio lado, asintiendo lentamente —Marí, mi diagnóstico...
—No te preocupes por eso ahora —pidió la joven acariciando el cabello de su esposo, recordando una charla que parecía haber ocurrido en otra vida, Luka confesando que no le gustaba que nadie tocase su cabello porque lo hacían sentir... vulnerable.
—Señor Couffaine —murmuró la oficial con un gesto suave —, entendemos que tiene poco tiempo despierto, pero es importante que nos diga...
—Lo sé, sólo estoy confundido —interrumpió Luka antes de suspirar profundo y mirar a Marinette, poniendo en orden sus ideas mientras levantaba su brazo bueno para acariciar el rostro de su musa —, estaba perdido, me siento perdido. Pero al mal paso darle prisa. La noche del domingo peleé con un portador.
Silencio.
Primero el silencio reinante tras la contundencia en las palabras del guitarrista.
No había peleado contra un portador y ya, había peleado contra un portador oscuro.
Y había ganado.
—Los reportes dicen que usted comenzó la pelea —murmuró el oficial mirando a su compañera con un gesto de incomodidad.
—Hay tres reglas madre que rigen a los reptiles —citó Luka Couffaine, textualmente, las palabras de su padre —; sin importar tu categoría o el color de tu chaqueta. Las armas de fuego están prohibidas —recitó enumerando las normas con los dedos de una mano —. Los soplones reciben su castigo. Y la más importante de todas; un reptil no puede meterse con los seres queridos de otro reptil...
Marinette suspiró mientras Luka tomaba una respiración profunda, tratando de llamar a la calma luego de haber recitado ese código, ese credo que había regido su vida durante tantos años, y que nunca se atrevió a quebrantar, a diferencia de tantos otros de su generación, de las anteriores y las venideras.
Porque sí, Luka Couffaine era El Elegido de las calles, apodo que Andree alegremente había conferido como un premio al más despiadado de sus reptiles, pero también al más recto de todos. Porque cuando otros reptiles escuchaban el nombre de Luka Couffaine temblaban ante la posibilidad de enfrentarlo, y también honraban la fortaleza de su espíritu para, a pesar de ser El Elegido, mantenerse íntegro.
El elegido...
Luka suspiró levantando la mirada hacia la ventana y sonrió con amargura. Al igual que había descubierto alguna vez que era idéntico a su padre, ahora se daba cuenta de que él era el Elegido de las calles. Y por primera vez, la corona no pesó. Por primera vez comprendió que aquel gran poder que se le había conferido al único reptil invicto, era mucho más que el capricho de ser el invencible Luka Couffaine...
—Luka —musitó Marinette mientras su mano volvía a encontrar un sitio entre el cabello de su esposo, haciéndole relajar la expresión.
—Cobra era un reptil honorario y se metió con lo más sagrado que es mi familia —continuó el rey de las serpientes con voz trémula, planeando lentamente sus palabras, pensando bien en el discurso que daría a continuación —. Pero esos no fueron mis motivos para pelear con él —admitió a media voz, buscando en su interior la respuesta que necesitaban escuchar —. Antes de seguir, quisiera saber para qué es este interrogatorio.
—Podrías levantar cargos contra tu agresor —explicó Maunier entre risas, como si aquello le pareciera ridículo.
—¿Cargos contra Cobra? —bufó Luka, burlesco mientras negaba con la cabeza —Esa serpiente rastrera no me va a volver a molestar en un buen rato.
—No creemos que vuelva a hacerlo —admitió la oficial mirando a Marinette, quien se removió incómoda —. Nunca más.
Luka miró a Marinette con cierta confusión, preguntándose a qué se debería tanto misterio. Conocía a su esposa lo suficiente como para saber que algo no iba del todo bien...
—Luka —murmuró ella tomándole la mano entre las propias, suspirando resignada mientras sonreía avergonzada —, no queríamos alterarte.
El guitarrista respiró profundo una vez, tratando de serenar su corazón y agradeciendo que hubiesen desconectado su monitor cardiaco o delataría que sus latidos habían duplicado la velocidad.
—La noche de la pelea —explicó Maunier levantándose de su asiento y alisando su pantalón mientras una sonrisa socarrona cruzaba su rostro, confundiendo a Luka todavía más —, luego de que vencieras a Cobra en una pelea mano a mano y llegaras hasta este hospital, luego de que casi lo mandaras a la tumba, luego de que te ingresaran al quirófano y yo regresara a mi oficina, apareció una portadora en la estación de policía.
La incomodidad era palpable en el ambiente, Luka repasó los rostros de todos los presentes y reparó en la forma en que Marinette se mordía los labios, tratando de ocultar una sonrisa. Una persona que no la conociera podría creer que estaba muy avergonzada, pero él, que ya sabía cómo funcionaban todos y cada uno de sus trucos, comprendió al fin que Marinette sabía algo que el resto no.
La oficial que estaba más alejada suspiró sacando algo del bolsillo y avanzando hasta ellos. Extendió su mano hacia Luka y él recibió aquel objeto que esa mujer ofrecía como si fuera un tesoro, la prueba del desafío superado.
Luka jadeó por un instante, alguna vez creyó que jamás en su vida volvería a ver una caja de aquellas, al menos no desde que Marinette se había convertido en la guardiana de los miraculous y él se había convertido en portador de tiempo completo. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando recorrieron todas las letras y grabados de la caja de madera, de ese pequeño contenedor hexagonal con líneas rojas que contenía... ¿qué cosa, exactamente?
—Shé Nuwang entregó esto la otra noche —murmuró Marinette mientras Luka pasaba saliva con dificultad y se preguntaba si abrir la caja.
—La reina de las serpientes dijo que habías vencido a Cobra —murmuró el otro oficial, claramente incómodo —, dijo que el orgullo y el honor del portador se habían quebrantado. A pesar de ser portadores oscuros, tienen un código de ética que no pueden romper y él...
—Cobra dijo que había estado en deuda contigo alguna vez —murmuró Marinette como una invitación para que Luka abriera la caja —, y que no supo corresponder esa deuda como debía. Dijo que falló como portador, y como reptil. Dijo...
—Sólo hay un rey de las serpientes, y ese no soy yo —había soltado Shé Nuwang citando las palabras de Cobra mientras las armas de todos los oficiales le apuntaban y ella dejaba la caja al alcance de Maunier, con una expresión desafiante que logró darle a todos un escalofrío —, fueron las palabras del antiguo portador. París tiene un nuevo Cobra Rey.
Acto seguido, desapareció de la vista de todos.
Luka suspiró antes de abrir la caja de miraculous y percatarse de que Sass emergía de ella, pero no era la pulsera de la serpiente lo que venía contenido ahí, sino un colgante, un colmillo de cobra que confundió al muchacho.
—Hola Luka —saludó el kwami con una sonrisa sagaz —, Cobra manda sus saludos y sus ressssspetosssss.
—Gracias —murmuró el muchacho inquieto.
—Y ahora, tú eres mi portador.
