-¡Doy gracias al cielo por haberte conocido!
El mariachi sonaba con fuerza por toda la plaza, la gente estaba fascinada por la proyección musical tan bella a pesar de que el sonido había estado teniendo fallas.
Luka no pudo evitar acercarse hasta las consolas para hablar con el encargado e intercambiar un par de palabras mientras Marinette se reía a carcajadas con las ocurrencias del animador en turno, minutos después la interferencia se había ido, las consolas estaban perfectamente ecualizadas, y la música llenaba de nuevo la plaza con maestría y belleza.
—Son como las del último concierto —explicó el guitarrista señalando la torre de la izquierda y haciendo que Marinette comprendiera por fin por qué le resultaban tan conocidas—, ¿te acuerdas que se les colaba el ruido?
—¡Dios, odié las pruebas de sonido!
—Lo sé —soltó entre risas mientras sentía el teléfono vibrar en su bolsillo.
Luka sonrió leyendo el contenido del mensaje y se lo mostró a Marinette antes de hacerle un gesto con la cabeza, invitándola a acompañarlo.
—Vamos —soltó ella divertida, aferrándose a su mano antes de salir del tumulto y buscar a Juán Pérez en el atrio de la plaza.
93.-Porque #(hashtag)Septiembre
TheBlacKitty1994: Gracias por el mensaje, espero poder actualizar pronto.
Manu: La verdad, no he terminado T4 y no tengo muchas ganas de ver la T5, a ver más adelante quién sabe. Saludos
Necuámetl, con el entrecejo fruncido, miraba a todo el mundo con mala cara, mientras que Alitzel corría de un puesto al siguiente.
Durante largos minutos, aquellos espíritus se habían adueñado de los portadores para poder recorrer México a sus anchas, observando todo a través de los ojos de dos enamorados que habían crecido en ese mundo.
Alitzel, a través de la boca de Luka, exclamó una adulación a la forma en que las plumas habían sido engarzadas en plata, pero nadie en los alrededores entendió bien lo que dijo, bueno, tal vez el muchacho que atendía el puesto comprendió un "Como lo hacían en casa". Si bien, mayoría de los que iban pasando se conformó con creer que aquel par debía venir de Islandia o algún país escandinavo por aquel acento marcado y extraño, solamente el muchacho que le sonrió a Luka, pudo decir que había reconocido una lengua nativa de aquel lugar de México, y le había entendido a la perfección.
Para cuando llegaron a la plaza, ambos portadores se habían librado del control de sus antecesores y buscaban con la mirada a un charro que los había invitado a dar la vuelta.
—¡Luka Couffaine!
—Javier Aldama.
Ambos muchachos abrieron los brazos y se recibieron el uno al otro como viejos amigos luego de una larga temporada de no verse. Maria Luisa recibió los besos de Marinette en las mejillas y luego los cuatro se dirigieron hacia la plaza. Maria Luisa se aferró al brazo de Marinette cuando los muchachos las adelantaron un par de pasos, comparando a la vista los locales y puestos ambulantes, debatiendo en dónde cenarían para seguir celebrando.
—Neta tienes que probar los chiles en nogada —había insistido Javier cuando divisaron una cenaduría/bar en una esquina apartada. Suficientemente llena como para dar a entender que era buena, suficientemente ventilada para evitar aglomeraciones—, ¡uy, chulada!, ahí venden una cerveza artesanal que ni para qué te cuento.
—Tienes mi atención.
Los cuatro se dirigieron hacia el establecimiento, divertidos, mientras Javier enviaba su ubicación y algunos amigos más les daban alcance.
Marinette reconoció a tres de los mariachis que habían estado tocando mientras ellos estaban en el escenario.
—Pedro, José, José Luis…
—Nomás Luis —pidió el muchacho presentado.
—¡Nel, José-Luis! —Las voces de sus amigos se alzaron y el más cercano le propinó un golpe en la nuca que hizo reír a Marinette discretamente.
—Hay más "Luises" que perros callejeros en este mundo.
—Mi papá se llama Luis —coincidió Luka brindando con su cerveza, haciendo reír a los presentes.
—¿Ves? —Exclamó Javier divertido, brindando con Luka— ¡Hasta en el culo del mundo!
La mirada que Luka le dedicó, ofendido, retirando su cerveza justo antes de que Javier concretara el brindis, hizo a José escupir su trago al costado mientras Marinette y María Luisa se carcajeaban de lo lindo.
—Estás hablando de la ciudad de la luz —reprendió Luka negando con la cabeza, como si regañara a uno de sus estudiantes.
—¿De la luz? Del amor, ¿no?
—Y de la luz —añadió soñador el muchacho con media sonrisa de melancolía—. Eso de la ciudad del amor —exclamó divertido, levantando su Santa Sabina a manera de brindis— está trilladisimo por las películas de romance.
—Ya estamos —murmuró Marinette rodando los ojos.
—Es como Edith Piaff y su vie en rose —continuó el guitarrista con un retintín divertido ecualizando su voz.
—Es un himno al amor —defendió Marinette, demasiado acostumbrada a ese discurso, que parecía nuevo cada vez que lo recitaba.
—Es una canción de souvenir —y que les recordaba a ambos lo enamorados que estaban.
—Pará ser un romántico, es un amargado —se quejó María Luisa mientras dos chicas más se sumaban a ellos en la mesa, saludando a los presentes.
—¡¿Verdad?! —La voz de Marinette se alzó chillona haciendo a Luka arrugar la nariz mientras las réplicas de las recién llegadas se sumaban al discurso de Marinette en defensa de su canción preferida.
Las risas no se hicieron esperar, y mientras dejaban un plato de alitas y papas al centro, las charlas se centraron en la belleza de la fiesta y el amor por el escenario.
Al final vino a resultar que Javier solía trabajar con el Mariachi los fines de semana, había un cuarteto de ellos que se dedicaba a animar fiestas, para Marinette había resultado fascinante escuchar la historia en la que Javier había organizado a sus músicos cuando algunos invitados llegaron tarde a un cumpleaños.
Las risas aumentaron cuando Luis confirmó que los siguieron por todas las mesas hasta que se acomodaron, cantándoles "tarde y sin regalo" además de exigir una que otra vuelta para complacer a la gente.
—¿Y toleran eso? —Exclamó asombrado Luka mientras María Luisa asentía sin poder dejar de reírse.
—Toleran más que'so —afirmó Pedro asintiendo y acompañando su frase con un movimiento de su cerveza.
—¿Te acuerdas de los gringos?
—¿Cuáles?
—Los que se festejaron en la casa del Lirio.
—¡Ah, Simón, los que venían de La Peñita!
—¿No eran los que traían la…?
—¡Ey, Simón, Simón! Se alojaron allá en el…
–¡M-mes, no me digan que fueron a cantarles sin mi!
—Ni te indignes, andabas cantando con los García ese finde.
—Bueno, entiendan al hambriento.
Luka y Marinette observaban fascinados el intercambio de aquel numeroso grupo de amigos. Aquella charla inconclusa no era exclusiva de las amistades de Javier, aunque su grupo ciertamente era de los más numerosos de aquel lugar, los franceses habían tenido ocasión de escuchar a otros grupos de amigos charlando de la misma forma.
—Irá, cuando llegas a México —había iniciado a explicar Javier cuando caminaban por la plaza, buscando su siguiente parada turística de la noche— tienes que volverte políglota. Primero aprendes el español normalito, a producto de gallina.
—¿De gallina —cuestionó Marinette confundida—?
—Huevo —explicó Luka antes de besarle la sien y escuchar un tímido "ah" por parte de su musa.
—Mínimo a preguntar por el baño y "¿por qué tan caro?".
—Ni que fuera de oro —había interrumpido Luka, arrancándole una carcajada y un asentimiento brusco.
—¡Pos qué se maneja sólo, oiga! —complementó Marinette, sorprendiendo a Javier.
—Luego uno aprende los modismos locales —continuó con su cátedra esperando tomar desprevenida a la pareja—, ¿Edá?
—Eeey —canturreó Marinette, sorprendiendo también a Luka esta vez.
—Por último, está el albur.
—Ahí sí no me meto —exclamó Luka mientras Marinette se carcajeaba con ganas—. No vaya a ser que te meta un… Gol.
—Oye mano —espetó por fin Javier mirando a Luka con suspicacia y diversión—, como que hablan muy buen español pa' ser franceses, ¿no?
—Mira, Juan Pérez —soltó Luka divertido mientras pasaba un brazo alrededor de los hombros de su esposa—, no me hagas darte un pastelazo.
Y la carcajada que soltaron ante la referencia consiguió llamar la atención de varios transeúntes de la plaza, haciendo que Marinette negara con la cabeza, abochornada.
—¿Apoco sí muy malo?
El rasgueo de la guitarra hizo a los muchachos volver el rostro hacia la plaza. Un trío de cuerdas les miraba con curiosidad, como esperando la respuesta de ambos muchachos.
Javier reconoció al mismo tiempo en la guitarra a Francisco y la progresión de la copla de Infante y Negrete, no se lo pensó antes de adelantarse a Luka, tomando un lugar al centro de aquel trío mientras le daban tono.
La gente dice sincera
Cada que se hace un casorio
Que el novio siempre la quiera
Sino que le hagan velorio
Para esta novia no hay pena
Pues va tener buen marido
Porque bueno es cosa buena
Por lo menos de apellido
La música era bella, la voz de Javier había llenado la plaza con facilidad, la gente había dejado sus cosas para tener un mejor puesto ante lo que parecía ser otra sorpresa de las fiestas patrias.
Aunque para Luka fue hasta divertido ver el despectivo histrionismo que Javier le metió a esa canción, asintió cruzando los brazos y entrando al papel.
Jorge Bueno es muy bueno, hijo de bueno tambien
Y su abuelo hay que bueno Quién se llamara como él.
Ante el gesto despectivo que Javier interpretó, barriéndolo con la mirada, Luka se acomodó mejor el cuello de su vestimenta charra y asintió, quitándose el polvo de los hombros.
Y luego su voz llenó la plaza de la misma forma en que había llenado el escenario cuando le cantó a su musa, pero cargada de desprecio esta vez.
Procurare ser tan bueno
Como dice mi apellido
Que se trague su veneno
El que velorio ha pedido
Javier hizo un gesto de sorpresa y retrocedió divertido ante la respuesta, esperando por más.
Pedro es malo de apellido
Retachar es su cuarteto
El nomas es presumido
Porque no es malo es... maleta —exclamó despreciandolo con un gesto de la mano y haciendo reír a la gente.
Pedro malo es muy malo
Malo por obligación
Y su abuelo, uy que malo
Ay que comprarle su…
Pero no pudo culminar su frase.
Primero el ruido, como un metal partiéndose por la mitad, o como dos rocas haciendo coalición.
Después la sacudida de la tierra, que se cimbró con violencia, obligándolos a dar un par de pasos para estabilizarse.
Luka avanzó hasta Marinette y le puso las manos en los hombros, mirando en el rostro de su musa la determinación para pelear, demasiado acostumbrados a los akumas de su tierra. Ambos asintieron discretamente, preparando su salida, hasta que las carcajadas de Javier llamaron su atención.
—No podía faltar.
—Mms, se adelantó este año —exclamó Luis abrazando a Jorge.
Los mariachis se miraron entre ellos mientras la gente se aglomeraba en la plaza, lejos de las edificaciones, y los animadores en sus escenarios llamaban a guardar la calma.
—¡Pos! Mira, conque el del diecinueve no sea así de fuerte.
—Aunque en Jalisco nos va bien —añadió Maria Luisa acercándose a los franceses—. Es que cada año tiembla en Septiembre.
—Cada año tiembla todo el año —dijo uno de los músicos antes de asegurar la correa de su guitarra.
—Sí, pero el de Septiembre es festivo.
—¿Allá en su rancho tiembla?
—Siempre que ataca un akuma.
—¿Akuma? ¿Como los de Naruto?
—¡No seas wey, en Naruto no hay Akumas!
Marinette y Luka intercambiaron una sonrisa antes de mirar a sus amigos y percatarse de que la gente parecía ponerse en filas y todo el mundo tenía los ojos puestos en los celulares.
—Ni tienen red —se quejó Javier divertido, tomando a Maria Luisa por las manos—, pero no entienden, siempre quieren comunicarse con sus familias a saber si están bien.
—Dales chance, en algún momento llegan los mensajes.
Y una segunda sacudida hizo que los ojos de Marinette y Luka se encendieran, negando con la cabeza.
—Ahorita se pasa —prometió Adriana, otra de las chicas de su grupito, interpretando aquellos gestos como sinónimo de temor—. Los de protección civil nos van a decir a dónde movernos cuando se acabe esto.
—Sí, nos van a mover a nuestra casa —se quejó la otra chica, Marinette había olvidado el nombre por completo—, es lo malo de que tiemble.
—Y retiemble en su centro la tierra —se burló Javier llevándose la mano a posición de saludo a la bandera, haciendo reír a sus amigos, pero dejándole a Marinette y Luka claro que no iban a tener una noche tranquila, a pesar de que los muchachos aseguraban que podrían seguirla por ahí en algún bar con terraza en cuanto dieran luz verde.
Y con la tercera sacudida, comenzó el caos.
