Capítulo 4 —Lo que necesito es que seas honesta
—No voy a poder ayudarte —Hanami sabe que los sábados la madre de Izumi va a un club de golf o de tenis. Ambas tienen padres excéntricos que fingen ser pudientes, la diferencia es que Hanami no conoce el valor del dinero, contrario con Izumi quien ha trabajado desde que se graduó del bachillerato.
Todavía recuerdan divertidas cuando intentó meterse de vendedora de artículos de belleza
—¿Eh? ¿Ayudarme?
—Sí, para ayudarte..a lo de tu cita. Miwako se comió un litro entero de helado y ahora le duele el estómago Espera. No me digas que ya no te acuerdas, Izu
—¡Ay no! Es hoy, ¿verdad?
—¡Sí! No puede ser. Qué vas a hacer sin mí
—Estaré bien, te lo prometo. Sólo que he estado concentrada en escribir y mi mamá ha estado rara. Ha sido complicado
—¿Estás escribiendo de nuevo? Es genial. Lamento escuchar lo de tu madre... ¿Quieres hablar de eso? —comenta comprensiva.
—Sí —masculla. Ha tenido días mejores. Aunque en casa no puede recordar cuando se sintió tranquila por última vez. Su papá ayer tomó un vuelo para un viaje de negocios.
«Volveré en menos de lo que piensas», la tranquilizó, no sin antes darle un fuerte abrazo, Izumi aspiró su olor, triste; tratando de obtener un resquicio de la paz y sabiduría que emanaba. «Me dices si tu mamá se desquicia», le advirtió con voz baja.
—Y estás sola —comenta pensativa. Tiene una idea. Izumi nota como el ánimo en su voz se hace presente. —. Puedo arreglarte. Mientras estamos en eso mi hermana puede estar en mi habitación. Estaré al pendiente de ella y te podré ayudar. Ven a mi casa
—Cómo crees. Estás cuidando a tu hermana —arruga la nariz al percibir el molesto incienso que dejó su madre. «Canela. Odio la canela»
—Ya te lo he dicho. Eres como una hermana para mi y Miwako. No te dejaré sola. Además ya me había ofrecido
—Gracias, Chichi. También las quiero mucho, demasiado
Sabe que ese apodo la molesta. Su madre le decía así cuando era pequeña porque así nombraba a los pechos. Y a ella se le habían desarrollado más rápido que a otras chicas. Se lo confesó una vez tras alcoholizarse en una fiesta de Hatsu, la hermosa chica popular que después se volvió al estilo grunge.
—¡No me digas así! —exclama. Su hermana voltea a verla, reprochándole el ruido. «Perdón», susurra
—No puedo evitarlo, Chichi —Izumi estira la mano para tomar el maldito incienso y apagarlo. No alcanza, el cable del teléfono es muy corto.
—Ya, ya. Apúrate y bañate.
—Ya me había bañado —dice ofendida por lo que está implicando su amiga.
Hanami mira el reloj de pared. Es cierto eran poco después de las 12, Izumi incluso los domingos se levanta temprano.
—Pues vuelve a hacerlo. Recuerda no ponerte ningún producto en el cabello.
—Sí, mamá. O debería decir, Chichi
—Hasta luego —cuelga molesta. O pretendiendo estarlo. Es cierto que el apodo no era su favorito. Luego se las cobrará a la castaña.
Mientras en la otra línea, Izumi se ríe a carcajadas conociendo de sobra que Hanami la molestará después.
En las familias convencionales se acostumbra pasar el domingo en compañía, contando anécdotas del trabajo o la escuela, divirtiéndose juntos. Bien, pues nada de eso aplica en la familia Uchiha: no es una tradicional.
Con unos padres divorciados desde que tenía doce, Itachi ya no espera los domingos familiares en donde salían a la playa, a acampar, al cine. Para ser sincero, ni siquiera recuerda un paseo en particular, a excepción de la playa. Ese le trae recuerdos felices, fuera de eso ninguno marcó al joven. Por eso le toma de sorpresa que su madre quiera hacer algo ese día. Porque justamente ese día va a ver a Izumi.
—No puedo —dice cuando termina de probar bocado. Su madre lo mira seria. El almuerzo ha sido pacifico. Incluso rieron cuando recordaron anécdotas sobre Sasuke de pequeño.
—¿Y eso? Tienes algo que hacer
—Pues la verdad sí
—No entiendo a estos jóvenes de hoy. Siempre concentrados en todo, con la cabeza en las nubes con su wolkmam, ignorando su entorno y prefiriendo estar con sus amigos—Mikoto mira hacia ellos reprobando con la cabeza. Sasuke bufa, molesto porque lo haya puesto en el mismo saco que su hermano. Él sí podía salir con ella.
—Es walkman, má. Se pronuncia walkman —aclara Sasuke, echando la silla hacia atrás para estirar un poco las piernas.
—Tú mejor no hables. No creas que me tienes tan contenta, jovencito.
—He quedado con una chica. Le dije desde hace días y no la puedo cancelar —explica Itachi, limpiándose las comisuras con delicadeza
—Oh. Ya veo. Esta chica.. ¿desde cuando la conoces?
—Desde hace no mucho —dice escueto, evitando dar detalles. No es que no quisiera hablar de ella, sólo prefería ser hermético porque apenas si se han visto una vez.
—Nunca me habías platicado de ella
—No es mi novia si es a lo que te refieres.
—Ni hablar. Tienes un compromiso con ella. No puedes quedarle mal — concluye sonriendo.
No es que no lo haya intentado antes, Mikoto suele ser tranquila pero simpática. Contagia alegría con esa sonrisa dulce.
Antes salían a los centros comerciales y los consentía. Se decía que sus hijos merecían lo mejor y si ella trabajaba tan duro podía permitirse dárselos. No era erróneo ese pensamiento. Hasta que decidió que los niños no se ponían de acuerdo respecto a qué películas ver. Itachi prefería comedias absurdas y terror, Sasuke; en cambio se asustaba por todo, él prefería ver romance y acción.
Y luego llegó Shisui, quien tenía los mismos intereses que el mayor y éste se pasaba largo rato con él, fascinado por compartir tiempo con alguien de su edad. Entonces Mikoto comprendió que su hijo había crecido y que con Sasuke todavía podía disfrutar esa protección maternal. Hasta que él también creció y tuvo que trabajar más y acompañarlo menos. Ahora, los dos eran mayores pero no tanto para depender totalmente por sí mismos.
—Deja de jugar con tu comida —exclama llamándole la atención a Sasuke.
—No me gusta el morrón
—Entonces no te lo comas, pero deja de jugar con la comida.
—¡No estaba jugando con ella!
—No levantes la voz —advierte Mikoto con cara de circunstancias.
Itachi mira a su hermano decepcionado de su comportamiento.
«Quiere atención. Está preguntando por mi y él quiere lo mismo»
—Cómo te ha ido sin dinero, pequeño hermano tonto
—Sabes que no he podido hacer nada —contesta estoico.
—Mamá no dijo nada sobre prohibirte pequeños trabajos para conseguir el dinero
—Es cierto. No te daré tu mesada, pero no dije sobre ganarte el dinero con tu esfuerzo —agrega Mikoto.
—¿A dónde quieren llegar con esto?
—Estábamos pensando que estaría bien que trabajaras. Puedes cortar el césped de los vecinos, pintar sus cercas, pasear a los lindos Golden terrier de la señora Hayasaka —explica ella.
—Como sea —contesta Sasuke.
—Piénsalo —dice su madre.
Por la madrugada no podía conciliar el sueño y bajó a la cocina donde estaba su hijo mayor. Ambos coincidieron que lo mejor para Sasuke es que empiece a tomar responsabilidades. Qué mejor que trabajando sin que ocupe demasiado de su tiempo para que no interfiera en el estudio.
—De hecho, Sasuke. Si me ayudas a revivir las plantas yo te puedo dar algo. No será mucho.. —ofrece Itachi.
—Está bien. Acepto. Te ayudaré con las plantas, iré con la señora Hayasaka. Pintaré la cerca del Señor Whitman, pero por nada del mundo tomaré la podadora.
Le da miedo utilizarla desde que Naruto le contó que su primo casi pierde el dedo índice usando una.
—Muy bien —La sonrisa de ella es de satisfacción. No puede permitir que su adorable hijo se vaya por un mal rumbo.
—Bueno —Hanami se había quedado un rato cavilando y, tras mucho pensar que decir, decide comentar lo obvio —. No sé qué decirte. No soy la mejor para aconsejar
—No te preocupes. Me basta con que me hayas escuchado —dice mirándola por el espejo.
El peinador de Hanami iluminado alrededor por luces LED la encandiló al principio. Después de discutir y ver revistas de moda han decidido que una media coleta alta es la elección que mejor le queda. «Ni pienses ponerme mucha laca», advirtió Izumi sonando lo más intimidante que podía, lo cual era casi nada.
En realidad lo del peinado es lo de menos. Izumi es bastante buena trenzando su cabello, o casi siempre opta por hacerse la raya en medio y a los lados ponerse pasadores. Algo que en opinión de Hanami es su estilo. Lo que en realidad quería era hacerle compañía.
—Lo que puedo decirte es que es una mierda. Prácticamente todo lo que haces es usado en tu contra —dijo al tiempo que tomaba el cepillo. Ya le había aplicado un producto para protegerlo del calor. La idea era hacer una coleta media alta, pero quiso cepillárselo primero. Le relaja hacerlo.
—Me jode que siempre sepa qué teclas pulsar. Siempre sabe qué decirme para que duela más
—Lo siento —dice—. ¿Y qué dice tu papá de todo esto?
—Cuando está, mi mamá me ignora. A veces me trata bien sin que esté él, pero son menos frecuentes esas veces —bajó la mirada hacia sus manos, estaban una sobre la otra—. No quiero hablar de eso, mejor cambiemos de tema
—Bien, se te ve muy bien ese jumper. La camiseta blanca debajo le da un toque muy urbano —la halaga mientras hace ondas suaves con las tenazas, remarcando de esta manera el cabello castaño.
—Gracias. La verdad lo quiero ver. No sé por qué casi olvidaba la cita ¿Significa eso que no estoy lista para una relación?
—No pienses en que si estás lista o no. Sólo siente. Deja que todo fluya.
—Es más fácil decirlo que hacerlo, sabes —dice incrédula
—Pero no es imposible. Tienes suerte de no tener hermanas que se comen un maldito litro de helado cuando las dejas solas un segundo —suspira profundo —. De todas maneras, no es la primera vez que has ido a una cita. Sólo recuerda relajarte y ser tú misma
—Es una de las dos cosas. No puede ser las dos
—Vamos, nunca te pones nerviosa con los chicos
—No —acuerda Izumi.
—¿Ves? Además algo me dice que él también tiene sus dudas. Tendrá la inseguridad picandole. Tal vez ahora piensa que fue desesperado hablarte tan pronto para una segunda cita. Yo pensaría algo así si fuera un chico —dice.
—Suenas muy sabia
—Que va. Ojalá tuviera tino para escoger a mis parejas. O para cuidar mejor a mi hermana —sonríe cansada al tiempo que pasaba un mechón para ocultar la liga —. Mira, ¿cómo quedó?
Izumi levanta la vista, había estado mirando sin repasar ni un solo momento en su reflejo.
—¡Me encanta! Me sorprende como lo haces tan rápido —expresa levantándose de la silla, estirando un poco los brazos.
—Eso es porque tengo una buena modelo.
—Estoy esperando.
—Qué cosa —pregunta extrañada Hanami.
—Me vas a regresar lo del apodo.
Su amiga sonríe divertida
—El crepé.
—No, ¡te dije que no me echarás tanta laca! —
—Sí pero te ignore.
Oficialmente ha sido un día raro en la vida de Itachi Uchiha. Desde que puso un pie fuera de la casa, hasta este momento en dónde está esperando a Izumi en la parada de los colectivos, ha pasado por las situaciones más curiosas. Primero; fue la viejecita Whitman pidiéndole que si podía arrancar los limones de su árbol. Quiso decirle a Sasuke para que se ganara su primeros dólares; no obstante, él estaba ocupado ayudando a su madre.
Cuando terminó y tenía una canasta llena de los pequeños frutos verdes, la señora lo tomó del brazo con una fuerza increíble para alguien que aparenta tener setenta.
—Esas ojeras. Esas ojeras las tienen los chicos que se portan mal. Los vagos sin quehacer. La gente que se desvela no es productiva. De lo contrario quedarían rendidos nadamas al acostarse
—Tal vez —dijo con una sonrisa incómoda.
—Tú no eres un mal chico, Hitachi ¿Por qué tienes entonces esas ojeras? Ahora que lo pienso ya no te veo por aquí —reflexionó la mujer.
—Me llamo Itachi —aclaró incómodo—. Estoy ocupado siempre.
—Algo de verdad tienes —dijo ignorando la corrección que le hizo de su nombre—. Los jóvenes deben ocuparse. Tienen vitalidad y tiempo. Sí se esfuerzan lo suficiente podrán hacer dinero y vivir sin complicaciones
—Así es —concordó para evitar discutir con aquella señora.
«Deje mi maldito brazo. Casi me está arañando», pensó irritado.
—Bueno, señora Whitman ha sido un placer pero tengo que irme ahora
Casi huyó de ahí corriendo.
El segundo acontecimiento fue en el autobús. Conoció a un señor hiperactivo con cejas bastante gruesas.
—A dónde vas, jovencito —Por un breve instante consideró cambiarse de asiento, pero cuando el señor hizo contacto visual con él, supo que estaba perdido.
—Por un mandado —Sí le decía que para ver a una chica seguramente habría dicho un comentario jocoso.
—¡Ah los jóvenes de ahora tienen tanta vitalidad! Puede parecerte una locura, jovencito. Pero yo sigo siendo tan energético que cuando tenía veinte —expresó animado.
—Sí, sí le creo —respondió serio.
—¿Y a qué mandado irás? —dijo mirando la canasta que tenía en su regazo. La había comprado porque no había tenido tiempo de cocinar nada. Era una locura
—A visitar a mi abuela. Le voy a llevar su comida favorita —mintió.
—¡Qué gentil eres! Me recuerdas a mí. Yo iba a un asilo de ancianos y los mantenía entretenidos...
Itachi asintió tanto que le dolía la cabeza. De vez en cuando miraba por la ventana. Porque eso era otra cosa: estaba sentado al lado del pasillo. Por fortuna el autobús estaba casi vacío y no se sentía asfixiado.
—¡Me gustó bastante hablar contigo! —dijo cuando termina su monólogo.
—A mí también
Era una mentira, aquel sujeto había hecho toda la conversación. Lo único que había respondido Itachi era que estudiaba para maestro.
—Qué mal educado que soy. No he preguntado tu nombre
Reconoció la calle en donde debía bajarse, se levantó con cuidado, sosteniendo firmemente la canasta "casera"
—Ésta es mi parada. Hasta luego
—Me llamo Might ¡Gusto en hablar contigo, jovencito!
Rememorar todo aquello le causa una molestia en la parte posterior de la cabeza. Algún día se reirá de esto. Pero no será hoy. Está esperando sentado en la parada. Los domingos suelen ser días ajetreados para el transporte público, excepto que a esta hora en específico no hay mucho tránsito.
Justo pasa un autobús donde baja un grupo de gente y distingue a una chica de media coleta con jumper de mezclilla.
—¡Izumi! —La chica voltea a verlo y sonríe. Las mejillas de él adquieren un tono rojizo. Una reacción simple que ya quiere decir mucho.
—Ahora soy yo la que ha llegado tarde
—Descuida. No tengo mucho tiempo aquí —Está preciosa. Ahora que se ha acercado observa la piel radiante. Y lo elaborado del peinado. Para su gusto el labial es lo que le da ese toque inocente y tierno; ha escogido un color coral sencillo que no quita protagonismo a sus ojos.
—Itachi, a decir verdad me sorprendiste. ¿Ya te encuentras mejor? —La pregunta lo despierta de sus cavilaciones.
—¿Qué cosa? Ah, ya. Sí, estoy bien —asegura, recordando la llamada telefónica.
—Me alegro —sonríe no muy convencida. Él se levanta y ella ve de reojo lo que sostiene en su mano derecha— ¿A dónde iremos hoy? Va a sonar raro o pretencioso mi sugerencia, pero escuché en la radio que hay una exposición en el museo de cultura
—Es una buena idea. Yo estaba pensando en algo más tranquilo tal vez una ida al parque. Podemos..
—¿Sí? —cuestiona curiosa.
—Podemos hacer un picnic en el parque Hashirama. Verás, me contaron que es un sitio bonito.
—Pues un picnic será, ¿por qué no? —El estómago emite un sonido similar a un gruñido. Izumi se hace la desentendida pero él no le da oportunidad de decir algo.
—Ya veo. No tuviste tiempo de comer , verdad —preguntó de buen ánimo. La cara de Izumi fue un poema antes de sonreír apenada.
—¡Qué vergüenza! Ahora estoy apenada
—No pasa nada. Tengo cubierto eso —dijo levantando la canasta. Izumi mantuvo la sonrisa todo el camino.
Avanzaron observando de tanto en tanto el paisaje. Parque Hashirama es un sitio frecuentado por familiares y amigos, decir que es un parque es un término no del todo exacto, consiste en 80 hectáreas de área verdes. Posee un lago en el centro en donde habitan patos. Es común ver en sus árboles pequeñas ardillas juguetonas asomándose y saltando entre los densos follajes verdes.
En la noche adquiere un toque más romántico por las luces trazando un camino intimo, por desgracia en la tarde adquiere esa familiaridad que contrasta con dos jóvenes que no saben bien porqué se han metido ahí.
Izumi se pregunta porqué Itachi ha decidido ir a ese lugar, también sobra decir, está sorprendida por la idea del picnic.
«De verdad que ha pensado todo esto» Nunca lo hubiera catalogado en esa clase de chicos que se preocupan por los detalles.
—Hace un tiempo que no vengo por aquí. Solía venir con mi familia todo el tiempo. Íbamos al museo de liturgia —comenta ella.
—¿En serio? Yo conozco este sitio desde hace poco. Vine aquí por un evento de un amigo
—Entre más camino es como si no hubiera pasado el tiempo aquí. Claro que antes me parecía inmenso. Todavía lo es pero..
—¿Por qué dejaste de venir?
—Te diría que fue desinterés en mi madre. Lo cierto es que a mi padre lo ascendieron y empezó a viajar más seguido. A mamá nunca le gustó mucho venir. Decía que los mosquitos se daban un festín con sus piernas y brazos ¿Y tú? —pregunta girando la cabeza hacia él—. ¿Por qué no habías venido antes?
—Es lo que tiene que mi padre también sea un hombre ocupado. Eso y que hace ocho años se divorció de mi madre
—Oh...lo siento mucho.
—Fue hace mucho. En realidad creo que fue lo mejor. Ambos ya no confiaban el uno al otro. Preferible el divorcio a un matrimonio infeliz.
Izumi al escuchar «un matrimonio infeliz», se tensa. Sin querer Itachi ha tocado un tema sensible que no quiere pensar
—Tal vez estés en lo cierto. Sin confianza una relación no tiene razón de existir
—¿Qué te parece ese lugar? —pregunta apuntando hacia un sitio en donde se tiene una vista del lago. Este reluce con el agua blanquecina. No hay bancos alrededor, pero es lo suficientemente privado para sugerir una atmósfera tranquila y apacible.
—Creo que está muy bien ¡Me gusta! —exclama alegre.
Aceleraron los pasos, o más bien es Izumi quien lo hace, Itachi sólo sonríe por el entusiasmo que desprende la chica
—Antes de que te sientes sobre el pasto. Permíteme desdoblar esto —pronuncia mientras abre la canasta y saca una manta roja. Espera que Mikoto no note una manta faltante del nuevo paquete que había comprado.
—Hombre precavido vale por dos —dice Izumi observando con nostalgia el lago donde su papá siempre le tomaba la mano a pesar de tener estar rodeado de un cristal.
—No me gustaría que te ensuciaras el vestido.
—Me tienes impactada. Pensaste en todo esto. Es genial
—Digamos que pedí ayuda
El viento sopla con delicadeza y aún así se la arregla para que los cabellos negros se levanten un poco. Itachi lo deja pasar, ahora todas las preocupaciones se han evaporado. Su mente no lo inquieta. ¿Es esto lo que llaman disfrutar el momento? Si es así entonces necesita practicarlo más seguido. Lo que contiene la manta lo ha pedido en una tienda a dos cuadras de su casa.
La está abriendo, sacando los sándwiches envueltos en una bolsa de papel. Tiene incluso una jarra de plástico de limonada con dos termos del mismo material. De postre Kushina le recomendó una tarta. Le pareció una buena idea, pero ya no había pedazos de tarta cuando llegó a la pastelería.
—Itachi —le llama con esa misma voz suave con la que habló por teléfono.
El voltea a verla. Está sentada enfrente de él con las piernas cruzadas. La manta roja bajo su cuerpo parece más grande de lo que es. La chica es de complexión menuda, empero con una energía inigualable que equivale a la de tres hombres fortachones.
Él imita su postura y cruza las piernas. En esa posición puede observar y reparar en cuán espléndido es su atuendo. Es bonita, la clase de belleza que conmueve por lo dulce que parece.
Con él se siente cómoda. Es como estar al lado de alguien que ya has conocido. Se siente cercano, familiar y también lejano. Izumi siente que comparten algo en común fuera del carácter introvertido.
Probablemente sólo sea su mente buscando empatizar con un elemento que no los haga tan dispares. Porque ella puede ser muchas cosas menos alguien callada. Y él al parecer tiene muchas virtudes pero conversar no es lo suyo.
—Antes me dijiste que te gustaba The cure. ¿Puedo decir una opinión polémica? Amo el nuevo disco
—Sí —la insta a continuar.
—¡Pero a nadie le gustó! En las revistas de música no lo recomendaron. Está pasando sin pena ni gloria. Y creo que es porque tiene un estilo diferente.
—No lo he escuchado.
—Oh, bueno. Creo que es normal, salió hace unos meses. De todas maneras no está sonando en la radio. Deberías escucharlo es genial. Se llama Wild Mood Swings
—Si tengo oportunidad lo escucharé
—Hazlo. No te arrepentirás Está infravalorado.
—Creo que la canción que más me gusta de The cure es Lovesong
—En serio. A mí también me gusta. Mi favorita es Boys Don't Cry
—Es que es una buena banda. A diferencia del resto de bandas actuales. La música de los noventa no es buena —sentencia el chico. También se da cuenta de algo. Izumi tiene frío. No está gélido el clima, sino templado. El vestido no le queda muy corto, un poco por debajo de las rodillas pero no fue una buena elección para este día.
—Claro que no, ¿has escuchado The Smiths? —pregunta conmocionada.
—Ellos no cuentan. Iniciaron en los ochenta y no están activos actualmente
—¿Y qué dices de Blur? Ya sabes Girls who wants boys, who like boys to be girls
—canturrea.
—Cantas muy bien —la halaga Itachi, provocando que la chica abra los ojos de sobremanera y se rasque la nuca, apenada.
—Claro que no. ¡Deja de verme así!
—¿A qué te refieres? ¿A verte con los ojos? —pregunta serio. Pareciera que se hace el tonto.
«¿Estará haciéndose el gracioso?»
—Ya veo. Eres de esos.
—¿De esos?
—No te gustan las canciones muy alegres.
—Supongo que no.
—Bueno, ¿y Luis Miguel? Romance es una hermosa oda al amor...romántico
Claro que conocía "Romance". Describía todas las etapas de la relación de sus padres, o eso escuchó decir a Mikoto por teléfono a una amiga.
Creyó que era lindo porque Romance es un término que implica un sentimiento hermoso. Hasta que meses después su padre se fue de casa. El divorcio inevitable de los Uchiha apenas estaba comenzando a tomar su cauce. Fue doloroso. Sobre todo porque estaba comenzando a dimensionar su identidad —como sigue haciendo con la de género—y su madre decidió sobreponerse con ayuda del trabajo. Lo único que lo ayudó para lidiar con el proceso fue cuidar de Sasuke y tontear con Shisui.
Pero claro que no diría eso.
—No me gusta el amor romántico. Y romance tiene temas muy pocos románticos de todos modos —dice mientras observa de soslayo los brazos ajenos. Están con piel de gallina.
«Se va a enfermar»
—¿Qué significa eso?
—Es que el amor considero que está afectado por las ideas de Hollywood. No creo que sea así como lo pintan.
«De hecho sí, pero es mejor. Más realista», piensa la castaña. El recuerdo de sus antiguas parejas sigue en su memoria. Ahí donde están todas las cosas buenas que le dejaron. Se siente aliviada al estar ahí. Les desea lo mejor pero quiere conocer otras personas. Por qué después de todo el amor se transforma continuamente. Y a ellas sólo les tiene una forma diferente de amar.
Piensa todo esto mientras le da mordiscos a su sándwich. Itachi sigue manteniendo el mismo semblante contemplativo. O eso le parece a ella.
Sin esperarlo, ya no puede despegar la vista de él. Quizás sí puede, pero no lo hace.«Rápido ve otra cosa»
Itachi gira la cabeza, sintiendo su mirada sobre él. Suprime una risilla ladeada. Le gusta que lo vea. Le gusta verla.
No es tonto. Conoce bien que es físicamente atractivo y se ha acostumbrado a que las chicas lo vean sonrojadas, nerviosas o que intenten acercarse a él con cualquier excusa tonta. Pero pocas han sido las que él quiere ver teniendo esas reacciones hacia su persona.
Izumi es una de ellas.
—No es que odie las películas de Hollywood de amor.
—No, ¿cuál te gusta? Y dime por qué —dice animosa.
—Aquella en donde sale Audrey Hepburn. Two for the road. Me parece realista. El amor es complicado, pero si la persona vale la pena entonces todo es un poco más sencillo.
—No la he visto, esa actriz nunca me ha convencido.
—Y me dices a mí que no me gusta nada
—¿No vas a comer? No quiero comer sola —El chico toma el otro sándwich como respuesta. Izumi sonríe complacida.
Se está dando cuenta del carácter burlón del chico. No es un humor chocante, sino que se espera al momento oportuno para decir algo gracioso sin pretenderlo.
¿O lo hace conscientemente fingiendo seriedad?
«Ahí voy asumiendo cosas sobre él» A Izumi no le agradaba que hicieran eso con ella. ¿Por qué debería hacer justo lo que tanto odia?
—Perdón pero no pude evitar notar que..
—Sí, ¿qué pasa?
—...Tienes frío —Antes de que ella pueda contestarle algo, él ya se ha quitado su suéter. Le gustan los suéteres extra grandes así que a ella le quedará enorme.
—Gracias —contesta tomando entre sus manos el suéter. Es bonito, de un celeste pálido que contrastaba bien con la piel nivea de él—. Me das de comer y ahora me das abrigo. Perdón por depender tanto de ti, Itachi.
—Tengo que preguntarte algo —dice Izumi. Se ha puesto el suéter y se percata que su perfume de vainilla se ha combinado con el olor que ya tenía éste.
De bebida había dos termos. Uno de ellos está siendo sostenido por ella.
«Tiene limonada. Está fresca», le aseguró cuando vio que ella veía con desconfianza el líquido.
«La pobre señora Whitman no dejaba de tocar mi brazo. Más que tocarlo lo apretaba. No fue tan malo si no hubiera insinuado que era un chico malo por mis ojeras». Izumi sólo negaba con la cabeza, reprimiendo una carcajada.
«El señor del autobús era muy simpático. Creo», ahora ya no pido evitar reírse. Lo peor es que ella también ha tenido que lidiar con locos sueltos.
—Adelante pero si lo haces entonces que sea justo. Que sea hacer una pregunta uno y uno. Yo también quiero saber sobre ti —contesta seguro.
—¿Por qué me invitaste a salir?
— Porque quiero seguir conociéndote. Creo que ésa es fácil. Sigo yo ¿Quien eres?
—Soy lo que ves. Una chica simple y tranquila —Itachi mostró una sonrisa socarrona.
—Nadie es lo que aparenta, Izumi.
Siempre mostramos lo que queremos
—¿Así piensas que eres? Eso quiere decir que tú también muestras sólo una faceta de ti.
—Esas son más de dos preguntas. Pero sí, tengo esa visión de la humanidad. Déjame aclarar algo de mí. Yo no creo en que nadie sea completamente bueno o malo. Somos matices de muchos colores y no a todo les parece bien eso...entonces la gente siempre muestra lo que quiere acerca de ella —Izumi se ha quedado atrapada bajo su mirada segura. Pretende tocarse el cabello para entretenerse con algo y evitar verlo fijamente.
—Creer que clasificar a las personas en buenas o malas es cerrado. Estoy de acuerdo
—Dime cuales son tus intenciones al salir conmigo —Itachi no tiene ganas de perder el tiempo si ella no quiere lo mismo que él.
—Eh, pues yo...Te seré honesta no tenía planeado algo así. No sé si ya lo sepas pero Konan me habló ¿Recuerdas el día que hablamos por teléfono? Ella me llamó en la noche y me confesó que originalmente ibas a ver a otra chica. No me esperaba conocer a alguien y aún así...me gustaría seguir conociéndote
—Ya veo —luego añade—. Tiene sentido. Qué bueno que fuiste tú y no la otra chica.
—Quisiera preguntar qué te hace sonar tan convencido pero no pienso desperdiciar mi turno —La lógica de la chica le saca una sonrisa leve. Izumi rascó su barbilla. Tenía muchas cosas que quería saber del hombre sentado enfrente de ella—. Una tranquila. ¿Cuáles son tus planes? No hablo de esos típicos de "graduarme de la universidad y formar una familia"
Izumi quiere saber tanto que se olvida de devolverle la pregunta que puede guiar el rumbo de la relación entre ambos como conocidos, amigos o tal vez algo más.
—En un futuro quiero ser maestro de inglés —cuenta después de darle un mordisco a su sándwich.
—¿En serio? —pregunta Izumi con interés. Ella ha dejado de comer desde hace un rato—. ¿Vas a ser de planta? Mi tía es profesora pero creo que ella de matemáticas. Ya hice más de una pregunta
—No, no será permanente. Está bien, considera esto un tiempo de receso.
—Muy bien —concuerda — ¿Será como tu primer empleo formal o qué tienes pensado hacer? Ahora me pasé con las preguntas, ¿no? —sonríe, nerviosa.
No podía evitar querer saber más, porque si la primera vez que lo vio pensó que no era muy conversador, ahora lo confirma. Pero hay algo que le produce curiosidad sobre él. Tiene la impresión que cuando habla es imposible ignorar lo que sea que tenga que decir con esa voz profunda.
—Yo creo que es normal que hagas preguntas. Cómo te estaba diciendo, a mediano plazo quiero ser profesor de inglés. Creo que será mejor pagado de lo que hago ahora
El silencio se hace presente. Él se limita a observar los patos del parque. No los puede alimentar, entonces los admira a la distancia.
—Oh, so do you speak english. Like really well, don't you? —Es una tontería. Pero al que su padre, suele utilizar los silencios incómodos para romperlos diciendo cualquier cosa que se le venga a la mente. No es del todo honesta, está nerviosa y no sabe bien porqué.
Itachi voltea a verla, extrañado.
«Qué caraj..»
—For you information, Lady. I happen to know many things and one of them is speak english as well as french —contesta con seriedad aunque sus ojos denotan lo opuesto. Un profesor explicando lo obvio a su distraída alumna.
«Claro debí imaginarlo. Parece un estuche de monerías»,
—Ok, fair enough. You win, I only speak english.
—When did you learn it? I learned it by playing video games and practicing with my classmates in middle school.
—My father. You remember when I told you that he used to tell me stories as a kid? —Él asiente—. Well, he used to read those stories in english
—Tu pronunciación es muy buena.
—Thanks.
—But mine is flawless.
—Ok, yes I admit that. You're gonna be an excellent teacher
—Tengo que ser honesto contigo.
«No debería decirle» «Es muy personal»
—I don't know, sir. You seem troubled and honestly I don't speak Spanish very well.
—De verdad. Creo que es importante dejarlo en claro.
De pronto Izumi entendió lo serio del asunto. Itachi está confiando en ella. Están intentando conocerse y, para lograrlo, serían honestos.
—Dime.
—Yo..he aceptado la cita a ciegas sin ninguna razón en particular. Y probablemente no fue la mejor decisión —respira profundamente. Izumi ladea la cabeza con duda—. Estuve enamorado. Muy enamorado. Y yo nunca hago eso de aceptar algo que sé que no voy a estar comprometido al cien, pero de pronto le dije a Konan que aceptaba.
«Y ahora creo que fue lo mejor, porque te conocí»
—Oh. Yo..no sé qué decir. Supongo que yo también tengo algo que decirte
—Qué cosa
—Yo...no me agradan mucho los chicos.
—¿Qué?
—Lo que oyes. Es poco común que logre entablar una conversación con uno. La verdad es que si acepté es porque Konan me lo pidió. Yo le debía un favor.
—Vaya. Eso sí que es inesperado.
—Entonces estás superando a alguien...
—No es tanto así. Lo que pasa es que necesitaba decírtelo. Pero el pasado está en el pasado. Izumi, me interesas. No sé si quieras continuar saliendo o sólo lo dejamos como amigos. Sea lo que elijas respetaré tu decisión —dice mirándola a los ojos.
—No sé qué decir. Es mucha información tan de repente
—Está bien. Esperaba que dijeras algo así
—Sólo hemos salido una vez —señala—. Agradezco que hayas tenido la confianza de decírmelo y más que sea ahora a que sea en la décima cita.
—Entiendo.
—Algo que me causa ruido es que digas que no quieres estar con alguien y a la vez pensar en otra. Si eso es verdad, ¿por qué me ofreces seguir saliendo? —Él asiente, comprendiendo muy bien que tiene que ser más específico. Está seguro que tomó una buena decisión.
—Me conozco, no podría estar saliendo con alguien cuando todavía tengo esa espina en el pecho de no serle honesto. Es como te dije antes. Me interesas. Quiero seguir conociéndote, pero tampoco quiero ir muy rápido. Es lo que quiero decir.
«No soy bueno con las palabras»
—Nunca lo pensé. Al menos creo que ambos estamos de acuerdo que necesitamos tiempo de calidad para estar seguros de entablar algo serio —explica Izumi. Se han quedado un tiempo mirándose. Itachi observa el lunar debajo de su ojo derecho, le parece exótico. Antes de que pueda pensar en otra cosa, siente el calor en sus mejillas de nuevo.
—Me parece bien —dice volteando hacia los patos que nadan relajados. El cielo ha adquirido tonos anaranjados que resaltan como una perfecta postal dominical.
«No quiero ir muy rápido» Algo no le agrada. Y sí, ella es la primera que dice que quiere algo lento. Poco a poco. Pero Sayuri casi le dijo lo mismo y sólo se sintió utilizada.
—Necesito pensarlo. Es mucho que procesar.
—Está bien. Si quieres podemos ir al museo.
—Sabes qué. Lo que quiero ahorita es comprar una libreta.
—¿Una libreta? —cuestiona arqueando una ceja.
—Suelo escribir en una y la que tenía ya está llena
—¿Y lo quieres hacer ahora? Podemos ir cuando terminemos —ofrece.
—Tienes razón. Mejor terminemos de comer. Está muy rico, por cierto —contesta tomando el segundo sándwich.
—No lo hice yo. Lo compre. No tenía tanto tiempo
«Aunque la limonada sí que la preparé yo»
—Itachi
El aludido voltea hacia ella.
—Gracias por habérmelo dicho. No estoy enojada.
Él vuelve a asentir, aceptando que no hay nada de malo en eso: está siendo sincero y espera que ella sea madura para entender que, si desean empezar algo más formal, necesitan esa clase de confidencias. Ha admitido que no quiere ir rápido y que todavía hay un recuerdo de su primer amor. Una ardilla está a menos de un metro de ellos, atraído tal vez por el olor de la comida
Izumi está inmersa en sus cavilaciones cuando toma el postre. Un pay. Lo abre sin observarlo a detalle. Da el primer bocado, aún llena de información que sigue intentando de comprender. Mastica sin seguir un orden en su mente. Ahora no está para pensar en lo que hace, es instintiva. Está en su estado más puro de distracción. Itachi se percata del silencio y la voltea a ver, esperando quizás una broma o que vuelva a preguntar sobre su vida o intereses.
Traga.
Izumi se da cuenta de la estupidez que cometió cuando siente el sabor manzana en su papilas gustativas. ¿Manzana? Ella no puede probar esa fruta. «No, no»
—Dime...dime que no lleva manzana esto —dice tapando su boca con restos de postre todavía en su boca.
—Es un pay de manzana. Claro que lleva esa fruta —nota la cara de shock en el rostro ajeno—. Izumi tú…
—Soy alérgica a la manzana —Alcanza a escupir alejándose de su mesa improvisada sin fijarse en la ardilla que es proyectada por el pedazo de pay a medio comer.
«Mierda», piensa Itachi levantándose de su sitio
—Necesito llevarte a un hospital. Tranquila, todo estará bien —De alguna forma se las ingenia para mantenerse proactivo. «No es momento para dudar» «Maldita sea, sabía que el pay de manzana era demasiado», consideró llevar chocolates o un pequeño snack casero. Su mamá solía prepararles a Sasuke y él un postre hecho de plátano.
—Itachi. Me estoy empezando a hinchar. Ayúdame —pidió asustada. Le comenzaba a fallar el aire. Siempre que una de sus alergias atacaba también lo hacía su desesperación y ansiedad.
—Sí, vamos. Te llevaré cargando si es necesario
—¿Cómo? —No tuvo tiempo para expresar algo más, Itachi la cargó como princesa. Lejos de sentirse feliz o ilusionada, estaba impactada.
—Coloca tu brazo en mi hombro —le ordena.
—Pero...
—No hay tiempo. Si te tardas avanzará más tu alergia.
Cierto. Pero es que el repentino contacto la consternó. No estaba acostumbrada a estar con nulo espacio personal. La frecuencia cardíaca aumentó de manera considerable con el espacio que compartían. Se sentía muy íntimo. Debería estar pensando en los efectos inmediatos que tendrá sobre su alergia y no en el calor que sentía en su pecho, algo acogedor.
No comió mucho, ¿cierto? Apenas un bocado. No era nada grave, ¿verdad? Entonces por qué actúo así. Lo que es más inaudito porque Itachi decidió que valía lo bastante para cargarla e ir avanzado lo más rápido que pueda. Por suerte no se adentraron en lo más lejano del Parque.
—Por qué..
—No hables. Por favor no hagas esfuerzo. «Llegaremos a la salida y en las puertas de acceso y llamaré al guardia para pedir socorro».
—No es nada. Sólo probé un bocado
Itachi no contestó. Ella estuvo observando cualquier cosa, evitando desviar su vista hacia él. Lo único rescatable es que el parque no está lleno y se han encontrado gente que los ve sin impresionarse, demasiado ensimismados en el paisaje o en la conversación entre ellos. Esperaba que Itachi no notara los latidos. Porque luego lo malinterpretaría pensando que está emocionada por su contacto físico y no era así. Estaba en shock sólo eso.
«¿Sólo eso?»
«Cómo es que llegamos a este punto. Estábamos hablando tan serios acerca de lo que esperábamos . Es gracioso esto de vivir», reflexiona cuando llegan a la puerta de acceso donde hay un guardia vigilando.
Uno; Miwako abre los ojos molesta por la intromisión del estridente timbrazo. Tal vez no sea un ruido potente en sí mismo pero le molesta todo debido a su letargo interrumpido. Al segundo timbrazo se ha planteado la brillante idea de contestar.
Tercero; sí ya es hora, hoy es su día. Ha vivido entrenándose para este momento. Contestará y dirá que no estén molestando.
—¡Está sonando el teléfono, Hanami! —Cambió de idea. Ella se siente mal y su hermana es mayor. Tiene la obligación de contestar.
—¿Qué cosa? ¡Casi no escucho desde aquí!—Su hermana está en la cocina preparándole la comida.
—Olvidalo. —Se vuelve a acomodar para continuar con la siesta y de nuevo empieza la serie de estridentes timbrazos —¡Hanami, el teléfono!
Toma aire cogiendo valor, y decide que tendrá que tomar la iniciativa porque en esa casa nada funciona sin que la pequeña Miwako lo haga primero.
—Bueno —pregunta con educación a pesar de su molestia. La sorprende una voz masculina que no reconoce.
—Miwako ¿Qué decías? —Ha terminado de guisar y ahora está en el umbral de la cocina, limpiándose las manos con el delantal. Miwako había insistido
—Ten. Es para ti —Arruga la frente demostrando incredulidad. Miwako aclara —. Es de parte de Izumi pero es la voz de un chico
—¿De un chico? Hola, ¿quien habla? ¿¡Cómo!? Ya veo. Sí, claro sé dónde queda. Estoy ocupa...descuida, llegaré en 10 minutos
Cuelga de inmediato. Los ojos se disparan hacia todos direcciones, observando y estableciendo sus prioridades.
—Coge tus cosas. Ven te voy a peinar —dice al tiempo que se calza unas zapatillas.
—¿A dónde vamos? No puedo salir en este estado —reclama bajando la vista hacia su pijama de Minnie.
No es la mejor que tiene. Está deslavada porque una vez quiso lavar su ropa y metió ropa blanca con rosa. El resultado fue una pijama de Minnie blanca con manchas rosas y muchas blusas de su madre arruinadas. Para una niña de diez años es muy importante su apariencia física. ¿Cómo es que su hermana no se da cuenta del aprieto en que la ha metido?
—Eso te pasa por comerte todo un litro de helado—le llama la atención. Hanami no es nadie sin el constante recordatorio y regaños que le dedica a su hermanita—. Ven, te haré un peinado rápido
—Yo puedo. Ya estoy grande —Hanami sacude la mano para dejar zanjado el asunto—. ¿Me puedo poner el vestido rojo que me compraste? ¿A dónde iremos? —cuestiona quitando lagañas de sus lagrimales.
—Ponte lo que quieras pero apúrate. Izumi está en el hospital —Miwako al escuchar eso cambia de opinión. No le gustan los hospitales.
«Izumi. ¿qué le pasó?» Le agrada mucho y ya perdió a alguien. Un hospital. No le gustan nada. Son sitios deprimentes.
—Está bien, está bien. Me pondré mi estilo casual —Escucha a Hanami rebuscar en en donde sus padres dejan las llaves. No. Hanami nunca ha manejado muy bien —. ¿Vas a manejar?
—Nos tardaremos mucho si esperamos el autobús —explica tras ver la indecisión en su pequeña hermana. —Ya mejoré bastante y no me mires así ¡Ve a vestirte!
Algo que tienen las hermanas menores es la habilidad de desesperar y hacer rabiar a las mayores. Claro que Hanami no está enojada por lo que quiso decir entre líneas Miwako, más bien está con la prisa pisándole los talones. Al parecer la alergia de Izumi había vuelto en el momento más inesperado
Cuando llega al consultorio es casi como si la vida se le fuera en apurar los pasos para llegar a su encuentro, Miwako es perceptiva y la toma de la mano izquierda para no quedarse atrás. Hanami necesita ver a Izumi. Habló con Itachi (es reconfortante poner una voz al chico que está saliendo con su mejor amiga) y al parecer todo estaba en orden pero Izumi quería ir ya a casa. ¿Estará apenada con él? ¿Querrá morirse de la vergüenza si vuelven a salir? ¿En qué estaba pensando su amiga para comer manzana si sabe que es alérgica ? Manzana, la fruta prohibida; tiene su gracia.
Entran a la recepción a preguntar a la primera persona que vean en el módulo de información. Es una clínica familiar y es pequeña, también solitaria. Cuando ven a la chica de cabellos rosas, quien estaba en el escritorio recargada y adormilada; es Miwako quien toca con insistencia la campanilla que está situada en la entrada. La recepcionista levanta la cabeza y se pone de pie de inmediato
—Busco a una pareja que llegó hace menos de media hora. Es una chica con la cara hinchada y un chico de voz grave —menciona con duda lo último. Ahora se percata que Izumi nunca le ha descrito a Itachi físicamente. Sólo dice que es tierno y le agrada. «Y si fuera tan bueno no estaría soltero»
—Sólo hay un chico con coleta baja en la sala de espera. Puede esperar ahí si gusta. No sé si es la persona que está buscando —Mira a Miwako con preocupación —. Sólo esté al pendiente de la niña —advierte.
—Claro, gracias. Ven —le hace un ademán a Miwako quien se encontraba distraída viendo en mostrador, más atrás de éste están medicinas de distintos formas y nombres en los estantes que se extienden más alto, incluso, que la estatura de su hermana o su padre La mujer no era recepcionista en efecto, o fungía la labor de una; pero, además era una encargada de farmacia. Tras el intento de contacto de Hanami, Miwako niega con la cabeza y avanza sola hacia la sala de espera que está pasando la siguiente área.
Se concentra en ver sin reparo de tanto en tanto las blancas baldosas, está contando los azulejos al mismo tiempo que los pisa.
Escuchó antes decir a la floja farmacia que solo había un chico como único paciente.
Ve al chico con curiosidad. No porque sea atractivo. Es muy pequeña para fijarse en chicos. Es que tiene coleta y solo ha visto a un grupo selecto de hombres con cabello largo, y no parece que que él esté dentro de una banda de rock.
—Hola.
El chico estaba distraído porque abre los ojos de sobre manera cuando se percata que una vocecilla le habla directamente.
—Tú no eres una estrella de rock —dice para que no tenga tiempo de timarle.
—Hola —saluda a su pequeña nueva acompañante—. No. No lo soy. Siento decepcionarte
Hanami suspira aliviada cuando los ve.
—Miwako no vuelvas a hacer eso —reprende al tiempo que repara en el chico de coleta baja. «Debe de ser él». Hace gala de su educación y modales de clase snob y se acerca a saludarlo.
—Tu debes de ser, Itachi —El chico sólo asiente.
—Hanami, mucho gusto. Izumi me ha pedido que te hablara a ti.
—¿En dónde está ella?
Ella mira de soslayo a Miwako y se percata de cuando levanta el brazo, apuntando hacia el cabello de Itachi.
—Ni se te ocurra hacer eso —La muy traviesa quería golpear la coleta, seguramente movida por la curiosidad de ver a un hombre con cabello largo. Su padre está en contra de eso: Los hombres con cabello corto y las mujeres; pelo largo, largo. Suele decir.
—Perdón. Es una niña —se disculpa apenada. Él sólo mira de reojo a la pequeña y sonríe leve. Hanami luego añade—. Entonces supongo que está adentro
—Sí.
Deduce acerca del paradero de Izumi. No puede evitar incomodarse, hay algo que le parece fuera de lugar. La impasibilidad de él, el hecho de que su hermana pueda molestar si la descuida un segundo,
o es algo que tiene que dejar salir sí o sí debido a la intensidad que acaba de vivir. Una olla bajo presión mal cerrada, así se siente ahora mismo.
—¿Y por qué no entraste con ella? —reprocha.
Tenía que decirlo. Tenía que saber porqué refleja un estado tan tranquilo.
—Ella me dijo que no quería que yo entrara a la consulta
«Hombres», piensa con irritación.
—Ya pero a las mujeres nos gusta que nos insistan. Ella es muy penosa en cuanto a pedir ayuda. —Comienza a elevar el tono de voz, ve a su hermana sentada hojeando una revista de cardiología. Se intenta tranquilizar para no causar problemas. Aunque tiene ganas de entrar al consultorio a verla.
—Perdón.
Ella lo mira y asiente. No es culpa de nadie. Fue un descuido de la distraída de Izu. Antes le llamaba mucho así. Antes sabía que podía confiar en que la otra le sería honesta en todo. ¿Ahora? No está segura de eso, Izumi es alguien difícil de conocer a pesar de haberla visto por primera vez hace más de 8 años
—Compermiso —dice al tiempo que toca la puerta
—Propio —responde Itachi. Miwako ha cerrado la revista y le pregunta su nombre.
—Pase —Le dice una voz profunda.
Hanami no se lo piensa dos veces y abre la puerta, vislumbra a su amiga sentada y al médico, un hombre de mediana edad con bata blanca y barba de candado.
—Está bien, es mi amiga —le dice al médico. Éste sonríe abierto.
—Han sido afortunados que tomaron un taxi. Se te hubiera complicado más si hubieran llegado un par de minutos tarde.
—Tal vez es mi día de suerte.
—Ni tanto. —interpela Hanami. El doctor la mira con curiosidad pero Izumi ensancha su sonrisa.
—Si hubiera sido tu día de suerte jamás hubieras comido un trozo de manzana—Añade . ¿Qué estabas pensando ?
—Ya. No lo volveré a hacer
—Tú, de verdad que.. —Su cara es de puro alivio y durante un segundo no se lo piensa y la quiere abrazar. Mejor no, Izumi sigue avergonzada por lo que pasó.
Alguien más toca la puerta asomándose, al parecer era la chica de recepción. El doctor se disculpa con ellas y sale un rato, quedando a solas en el consultorio.
Hanami por fin puede observar que tiene fotos familiares en el escritorio que divide el espacio del profesional de la salud y sus pacientes. Se respira un ligero aroma a desinfectante que no llega a incomodar. Tiene un pequeño aparato que lo había visto antes cuando acompañó a una de sus primas a realizarse un chequeo prenatal. El gel está al lado ya casi vacío.
Cuando voltea, a Izumi se le ha borrado la sonrisa. Su cara no está hinchada, supone que fue por el rato que tardó en llegar que ha dado el tiempo suficiente para que se desinflamara.
—Entonces ese es Itachi, eh —dice tratando de sonar casual y relajada. Sonríe genuinamente cuando la ve con un suéter celeste que no traía consigo más temprano.
—Sí.
—Izu.
—Chichi —El apodo le arranca una sonrisa. Increíble cómo se las arregla para romper cualquier tensión que pueda haber.
—Tienes malos ratos pero no malos gustos —expresa, juguetona.
—Para con eso. No fue sólo su apariencia, ¿sí? De cualquier modo no es tan sencillo
—¿Qué quieres decir con eso?—Le ha llamado la atención esa última frase «Te ha rechazado», quiere preguntar. Es una idea estúpida hacerlo ahora que ella ya tuvo suficiente drama por un día. La entiende, o cree entenderla. Entiende cómo funciona y por eso deja el tema para después.
—Salgamos de aquí —pide. La de cabellos negros piensa que es lo mejor
—Te ha dado la receta —Izumi sacude la mano izquierda con un papel doblado a la mitad
—Bueno, vámonos de aquí —accede.
—Te dejamos en tu casa —ofrece la amiga de Izumi. Él se levantó al momento de verlas salir del consultorio. Estaba hablando con Miwako. Algo le decía acerca de un hornito que quería para hacer pastelillos. «Quiero aprender a hacer un pastel de tres leches» Incluso la niña se mostró interesada en lo que tenía en su cesto a sus pies. El picnic improvisado. Buena idea, mala ejecución.
Cuando reparan en su presencia, ya no siente que Hanami lo vea con pesadez o con molestia. No sabe bien qué pensar sobre ella y poco importa gastar energía en conocer y analizar a gente que no le interesa.
Izumi lo ve y algo parece apagado en sus ojos aunque la sonrisa no se evapore de sus labios.
Qué podría hacer más que aceptar que lo dejarán en casa. Se ofreció a pagar la receta e inyección de Izumi, pero Hanami no lo dejó. «No te preocupes por eso, ya ayudaste bastante». Insta a Miwako a adelantarse y pasar por ellos justo enfrente de la clínica, de esta manera los dejan un rato solos.
—Esto es algo inoportuno. Tal vez —dice rascándose la nuca, aparentando (fallidamente) que sabe que va decir—. Pero antes de que nos subamos al auto y todo se torne incomodo, quiero que sepas que sigo esperando tu respuesta.
«Y tal vez no tenga derecho a eso. Ya que casi mueres por mi culpa»
—Sí sobre eso..Dame tiempo para pensar. Yo..tengo que pensar que es lo que espero en un futuro. Y eso incluye mi vida social y romántica.
—Está bien. Piénsalo.
[...]
Memoria 02
Sucedió una tarde de septiembre. Se encontraba acostada reposando de un arduo día de escuela. Y es que tener clases extra de idiomas cuatro días a la semana la estaba agotando. Consideró hablar con su mamá y que la quitará de las clases, al fin de cuentas no estaba capturando nada de lo que explicaba la profesora.
«Y además no conozco a nadie ahí», eso estaba pensando cuando escuchó un estruendo proveniente de la cocina
Presa de la curiosidad, bajó de inmediato a la planta baja.
—¡No quiero hablar de eso, mujer! Me has arruinado las ganas de comer—
Tragó saliva . Estaba segura que su padre volvería de viaje de negocios hasta el lunes. Miró el calendario pegado a la pared, más por un tic involuntario que para comprobarlo, había tenido clases y sabía que era jueves.
Su madre se encontraba lavando los platos. Es que el papá de Izumi era un amor. Pero con su esposa era distinto. Adentro se transformaba en un hombre diferente, desprovisto de esa bondad característica que mostraba con propios y extraños. Sin embargo el mal humor de su padre se manifestaba de vez en cuando, era como si fuera dos personas distintas cada que sacaba a relucir su parte mala.
—Oh, no pensé que ya estabas aquí —El tono de voz había bajado varios decibeles al ver a su hija. Su única hija y su adoración.
—Salí temprano porque teníamos examen —explicó con cara de circunstancias.
—Tu mamá no me comentó nada.
—Sí..es que sólo llegué y me encerré en mi habitación. Perdón, papi.
—A la próxima no estaría mal que me avisaras que ya llegó —advirtió el hombre a la mujer que aún se encontraba en el fregadero dándole la espalda a Ios dos. Había ignorado por completo el comentario de Izumi. Probablemente su madre estaba avergonzada porque su hija había presenciado "la parte mala de papá" con ella. Porque sólo era con ella.
El resto del día tuvo un sabor amargo en la boca imposible de quitar. Decidió, en lugar de pedirle a su madre que la cambiará de clases de idiomas, pedirle dinero para comprarse un cassette. Necesitaba distraerse un rato escuchando las canciones de Depeche Mode y Radiohead. Siempre fue una adolescente nostálgica.
