WARNING: Insultos homofóbicos.


Capítulo 5—Encuentro con tus iguales

"Una persona suele encontrar su destino en el camino que eligió para evitarlo".

– Jean de La Fontaine


Las hijas de los Hyuuga lo atendieron cuando tocó la puerta. Tiene su gracia que sea él el que ahora toca puertas ofreciendo sus servicios, cuando antes era quien abría en caso de que alguien llamara.

Ellas le habían contestado que sus padres estaban fuera de casa, pero llegando le preguntarían si necesitaban algo.

—Gracias, Sas-sasuke —dice tímida la niña más alta. Es una chiquilla, Sasuke le calcula unos diez años, mientras que la otra no debía pasar de siete. Ambas parecen calladas, solitarias; no salen mucho por el vecindario

—Recuerden decirles a sus padres —pronuncia sin decir nada más. Es tarde y sólo había conseguido unas cuantas monedas a cambio de fumigar el jardín de los Hayasaka. Lo único que desea es regresar a su casa ubicada en el número 203 y no salir jamás. A menos que sea para beber

«Necesito el puto dinero» Había recorrido el vencindario y sólo había obtenido un trabajo. Bueno, no todo el vecindario, estrictamente hablando. Faltaba esa casa. El número 135. Itachi una vez le mencionó que la familia de ahí tuvo problemas con la ley.

«Llegó una patrulla y se llevó al padre de familia. Sea lo que sea tuvo que haber sido algo fuerte porque no volvió a aparecer», Se lo mencionó como un simple suceso, no estableciendo un juicio o juzgando. Su hermano no suele juzgar a los demás y tampoco le gusta que todo lo que diga lo asumen como verdad. Se acerca a la casa apunto de tocar la puerta. No tiene timbre.

Casi lo escucha «pero de todas maneras, no creo que toda la familia tenga la culpa si el papá estuvo involucrado en algún problema»

Se convence de que puede hacerlo.

«Es sólo una estúpida casa con un montón de gente adentro»

Toca con fuertes y breves golpes. Sabe por experiencia que a la gente le molesta que insistan y se queden un rato sin descansar los nudillos sobre el barandal o la puerta.

«Lo sabía. Nadie iba a contestar»

—¿Te puedo ayudar en algo? —le dice un joven asomándose de la puerta a medio abrir. Tiene el cabello banco y la piel blancuzca casi enferma.

—Hmm. Sí. Bueno no. Venía para ofrecerme a hacer cualquier trabajo.

—No te han abierto la puerta todos, ¿verdad? —El muchacho abre la puerta completamente y se acerca hacia él. Sasuke no responde pero el extraño chico no necesita contestación.

—Menudos hijos de puta —exclama con un cigarrillo en la mano. Abre la puerta del barandal y le hace señas para que se meta al pequeño porche. Adentro sólo hay dos macetas muertas y restos de polvo que trae consigo el viento de Octubre. Sasuke desconfía, sin embargo hace caso y entra.

—Cómo sabes —Aquel vecino no da la apariencia de ser alguien tranquilo, aún así se siente cómodo con él.

—¿Qué son unos hijos de puta o que no han contestado a un inocente chiquillo tocando la puerta?

—Ambas cosas.

—Porque la gente de aquí se cree superior. Dicen que es un barrio fino. Como si existiera tal cosa —Se queja al tiempo que volvía a colocar su cigarrillo entre los labios. Sasuke con desconfianza observa hacia la puerta abierta. El lugar se ve humilde con una pequeña mesa de vidrio para tres o cuatro personas.

—¿Cómo te llamas? —Lo interrumpe su vecino hasta ahora anónimo. A Sasuke eso le parece injusto. Si le ha hecho caso respecto a entrar a su porche por lo menos debe conocer su nombre.

—Cómo te llamas tú.

—Suigetsu —contesta tras aspirar el humo, evitando tirarlo en dirección a su nuevo acompañante—. Eres hijo de Mikoto. .

—Sí —dice entrecerrando los ojos. Sospechando de porqué es tan obvio.

—Mikoto...qué bella mujer. Muy guapa ella. Son como dos gotas de agua.

—Hmmp —responde ante el halago. Nunca sabe qué decir cuando la gente comienza a decir cosas tan triviales como esa. ¿De qué sirve ser guapo?

—Pero tú no eres simpático como ella. O inteligente como tu hermano. —Es más de lo que está dispuesto a escuchar. Decide irse pero Suigetsu lo toma del brazo, deteniéndolo de su escape.

—Espera. Tengo un trabajo para ti. —Sasuke lo mira impasible y mueve el brazo, zafandose de su agarre.

Suigetsu sonríe y añade:

—Mi hermano quiere remodelar nuestros cuartos. La idea es limpiarlos y después pintar las paredes. No suena mucho trabajo, pero él se la pasa trabajando y yo soy muy flojo y necesito ayuda.

—¿Para cuando?

—Ven mañana y empezamos. Hoy iré a comprar la pintura. ¿Te parece bien, hijo de Mikoto?

—Sasuke, mi nombre es Sasuke y sí, está bien.

—Excelente. Te veo mañana.


—No sé, Nagato. No suena como una buena idea. Es domingo y mañana tengo que ir a la Normal —objeta Itachi con voz apagada. Tenía poco tiempo de haber llegado de la cita desastrosa. Quería sólo escuchar a Nagato y a Deidara discutiendo o contando anécdotas estúpidas que les había pasado de adolescentes.

Nagato no trabaja, Deidara de vez en cuando va a mercadillos y vende su arte explosivo. Yahiko y Kisame tienen un negocio propio heredado con el esfuerzo de los padres de cada uno. El último incluso había insinuado que abriría otra sucursal en pocos meses.

Para Itachi, es curioso como la mitad de sus amigos tienen la vida hecha y sus metas bien fijas, por contraste, la otra mitad sólo se divierte sin pensar mucho en el mañana. Él siente que se encuentra en medio y no está seguro si eso está bien; es decir, se esfuerza por su futuro, para ser un docente de calidad, ser un hermano comprensivo, un hijo responsable. Eso tendría que ser suficiente. Eso debe ser clave para lograr sus metas.

—¿Y bien? Vamos, viejo —le anima—. No me puedes quedar mal con Halloween

—¿Halloween? Nagato. Estamos a doce de Octubre

—Halloween comienza desde el primer día de Octubre, Itachi —afirma el pelirrojo vigilando que Kisame no vuelva a encender un cigarrillo en su presencia.

—No sé…

—My man —una voz rasposa y grave se anuncia entre el oído del moreno. Su acento es limpio.

—Kisame —dice reconociendo la voz.

—Ven y trae tu trasero blanco contigo. O… —amenaza el hombre.

Itachi entrecierra los ojos y se frota el puente de la nariz. Está en su recámara. En específico, sentado sobre el colchón. Se ha pintado las uñas de los pies para ver cómo le quedan. Tiene cuidado de no moverse para no arruinar su esmaltado

—O si no qué

—Les enseñaré a todos la foto tuya de hace dos años

—¿Cuál foto? —pregunta intentado hacerse el desentendido. Una movida arriesgada dado que Kisame lo conoce muy bien.

—Ya sabes. La foto. La foto que podría arruinar tu reputación —No se anda con rodeos.

—No me amenaces, Kisame.

—No lo hago, sólo lo comento de pasada. Imagina esto: de repente estamos ebrios y yo sólo digo "oigan quieren ver algo que cambiará su perspectiva acerca de Itachi" y ellos dicen "pues qué será eso. Quiero ver" y pasa lo que tenga que pasar. Digo, es una idea.

—Una idea muy estúpida si me permites decir.

—Una idea es sólo eso. No puede ser estúpida o inteligente hasta que la lleves a cabo.

—Te diré que con amenazas no funciono

—Te diré que queremos verte para nos cuentes cómo te fue en tu cita —cambia el tema de conversación. Nagato se burla de su ingenio. Deidara ojea una revista sin prestar atención

«Muy listo, Kisame»

—Está bien. Los veo en media hora.

—Te esperamos.

—¡Trae algo para beber! —exclama Nagato intentando quitarle el teléfono a Kisame.

Cuando colgó alcanzó el control y, sin éxito, hizo zapping en todo los canales esperando encontrar algo interesante. Sin mucho esfuerzo dejó el canal en MTV. Se le había pasado el programa de moda que pasaban en "E". La canción era de Depeche Mode, eso atrajo su atención.

Oh my little girl

All I ever wanted

La armoniosa melodía recordaba cierta nostalgia a pesar de su ritmo. Igual era por la letra. Dave Gagan hacía lo propio, inyectando de alma a la canción, haciendo que su voz resonara con fuerza.

Is here in my arms

Sí, era por la letra que le parecía nostálgica. Era como un recuento de su vida: que sólo se tenía a él mismo.

Words are very unnecessary

They can only do harm

Un hombre de hechos, no palabrería. Yahiko suele describirlo así. O al menos eso le comentó Nagato.

No muchos entendían sus acciones. En sus veinte años de vida había aprendido que lo mejor a veces era ser verbal respecto a lo que quiere, por ejemplo en las relaciones románticas. Aunque nunca había querido formalizar con nadie, y siendo honesto, la mayoría de sus citas eran de una sola vez. Nunca le convencían para seguirlas conociendo. Y en cuanto a chicos, sólo Shisui estaba en su radar. Y eso no terminó nada bien.

¿Por qué con Izumi había sido diferente? Quizás por su fino rostro, o tal vez era porque le gustaban las castañas. No, no era por su apariencia. Obvio que una linda cara es atrayente, pero no se mantiene lo necesario para serle interesante.

Era entonces porque tenía una energía única, su sentido del humor parecía inocente, y al mismo tiempo tenía una pizca intuitiva.

—Deja de soñar despierto —se dice.

Daba igual lo que pensara de ella. Lo había arruinado. El pay de manzana fue el tiro de gracia para eliminar cualquier cosa que pudo haber pasado.

Toca la uñas de sus pies con cuidado para cerciorarse que se había secado el esmalte negro. Satisfecho se vuelve a poner los calcetines.

Ve hacia la ventana. Ya ha anochecido y Sasuke al parecer ya había llegado desde hace rato.


—No te acabes el chocolate que compramos —advierte Sasuke, serio. Su hermano es otro cuando tiene cualquier dulce en su mira.

La cocina es lo único que ha parecido mantener su estado inalterable. Desde que sus padres se divorciaron y Fugaku se fuera de ahí, la casa había sufrido cambios y reestructuraciones. Una de ella y la más visible es que habían ampliado para hacer un recibidor antes de la sala, además del cuarto de Itachi que había sido construido poco después de la separación.

—Ni siquiera sabía que había chocolate —aclara, yendo hacia el refrigerador para sacar la barra del chocolate—. ¿Dónde estuviste?

—Consiguiendo dinero.

—Buena suerte con eso —menciona tras un mordisco al dulce.

—¿Cómo te fue en tu cita? —preguntó más para hacer plática con él. La verdad tiene sólo leve curiosidad. Al parecer su hermano nunca repetía una cita. Quería saber sí había salido con la misma chica.

Itachi se encoge de hombros, fingiendo que está desinteresado.

«Supongo que no fue tan bien», piensa Sasuke.

—Cambiando de tema, Naruto me ha estado insistiendo para que hables con su mamá.

Itachi entrecierra el ceño.

—¿Para qué?

Ahora es turno de Sasuke de encoger los hombros.

—No lo sé. A saber que se le metió en la cabeza al torpe

—Supongo que tendré que hablar con ella. Ya era hora, nunca los he visto —reprocha.

El menor comienza a perder interés en una posible conversación y sube las escaleras con dirección a su habitación.

Itachi suspira y guarda el resto de la barra en el refrigerador. Necesita paciencia para tratar con su adolescencia y el comportamiento cambiante que tiene. De pronto recuerda cómo eran las cosas cuando Sasuke era un niño. Tan inocente y puro. El pequeño y tierno Sasuke lo admiraba y lo veía como un héroe. Y claro que eso lo hacía sentir mejor consigo mismo. Le tenía un cariño a su hermano más que a nadie y ser objeto de su admiración se sentía lo mejor del mundo.

Se deshace la coleta para entretenerse haciendo algo. En el recibidor hay un espejo de cuerpo completo y ahora está enfrente de el, acicalando su cabello. Por fuera está tranquilo, dista bastante de lo que tiene dentro de su cabeza. Los pensamientos de Itachi son así: van sin orden y, en el mismo momento en donde se siente mejor, se unen para no dejarlo en paz.

«Genial. Otra cosa en la que no estoy al pendiente. Le dije a mamá que pasaría tiempo con él»

Sabía de sobra que cuando llegara el momento Sasuke cambiaría su actitud hacia ciertas cosas, pero nunca pensó que estaría ocupado cuando finalmente la pubertad le pegará a su hermanito.

Con esa promesa que se sintió como una ; mas no lo fue, sube al segundo piso y le toca la puerta.

—Mande —dice al tiempo que abre y se queda esperando recargado en el marco.

—Hermanito tonto —Antes de que Sasuke cierre la puerta en su cara, pone un pie dentro para evitar que lo haga—. Que dices si mañana paso por ti después de la escuela y vamos a las hamburguesas que te gustan tanto. Te hablaré de estos caóticos últimos días .

—Eh...pues supongo que estaría bien. ¿Puede ir Naruto con nosotros?

No comprende otra cosa de su hermanito. Y es que cómo se las ha ingeniado para conservar a un amigo y más a alguien tan diferente a él, sigue siendo un misterio para el mayor.

—Dime algo. ¿Por qué estás siempre con él?

Las facciones de Sasuke se suavizan por la sorpresa

—Porque él está siempre sólo en su casa. —Es verdad. Sus padres tienen varios negocios y llegan muy cansados. Luego añade, dolido—. Es como yo.

—Sasuke…

—También tengo algo que decirte. Es referente a Fugaku. Cuando fui con él a la cena me dijo un par de cosas.

—¿Si? Qué cosas —cuestiona ignorando que lo ha llamado "Fugaku", en lugar de "papá" o entrando al plano formal "padre".

Sasuke duda unos segundos antes de mencionar:

—Prefiero decirtelas mañana. ¿Si podrás? me refiero por el trabajo y eso.

—Yo estaré ahí. Cualquier cosa te llamaría de una cabina. ¿Está bien?

—Sí —concuerda.

—Ya me voy.

—¡Pero acabas de llegar! —exclama levemente molesto.

—Ya sabes, hermanito. Los adultos siempre estamos afuera lidiando con cosas aún más aburridas que nosotros. Ah, eso me recuerda —extiende el brazo hacia la frente de Sasuke.

—¡Ah, no! —Hace una mueca más parecida a un puchero. Nunca admitirá abiertamente, ni siquiera a Naruto, que no le molesta el poke que le hace su hermano—. No hagas eso enfrente de Naruto. Tengo una reputación que proteger.

Itachi se burla como respuesta.

—Te da pena con tu novio —grita alejándose de ahí. Una almohada le da en la espalda mientras baja las escaleras—. ¡Vas a recoger esa almohada!


—Vaya. Eso fue muy... —Incapaz de encontrar las palabras adecuadas sólo hace una cosa y ahora sí la abraza

El abrazo reconforta a Izumi. No es raro que en tantos años de amistad se hayan tenido que consolar en los momentos difíciles; cuando el hermano de Hanami tuvo ese accidente que sigue siendo un tema sensible para ella, cuando a Izumi su madre, Hazuki, la despreciaba o cuando la ignoraba con una crueldad digna más de una madrastra que de una madre. Y de pronto, Izumi siente que todo irá un poco mejor si la tiene a ella. Si tan solo pudiera confesarle lo que lleva años tratando de ocultar.

—Y eso —pregunta después de sentir el contacto de Hanami.

—No sé, Izu. Creo que ahora lo que necesitas es dejar de pensar un rato en tus problemas. Y qué mejor que con un abrazo.

La castaña sonríe y Hanami rompe el contacto curvando levemente sus labios.

—No me has dicho lo que piensas.

—¿Sobre tu madre o sobre el asunto de Itachi?

Le había contado acerca de lo que hablaron en la cita, y para ese menester subieron a la habitación de Hanami, ya que su madre había llegado del hospital y necesitaban privacidad. Las ojeras y el semblante cansado de la señora no pasaron desapercibidos para Izumi cuando la saludó. Les había dicho que su padre le había rolado el turno de la tarde. Las visitas en los hospitales privados estaban prohibidas los Domingos, pero el padre de Hanami tiene amistad con el director y le concede las visitas siempre y cuando sólo sean o muy temprano o al anochecer.

La televisión está encendida, Hanami le había cambiado hasta poner un canal de música. De fondo resuena Spice Girls. Con sus atuendos brillantes las cuatro integrantes daban cátedra de diversión en el vídeo musical. Izumi mira sobre Hanami esto, esperando que su vida un día sea así de colorida. Porque si algo ha pasado en los últimos días nunca ha sido como ella planeaba o deseaba.

—Sobre mi mamá no puedo hacer mucho… y sobre lo de Itachi. La verdad no sé —menciona apreciando sus uñas. No se las ha cortado y ahora le quedan ligeramente largas. A diferencia de Hanami, no es muy fanática del pintauñas.

Hanami resopla. Le tiene que ser sincera a su amiga del alma.

—Yo pienso que es miedo al compromiso. Y mira cómo llegué a esa idea. Sus padres están divorciados —acentúa.

—No veo la relación. Él mismo mencionó que fue mejor porque ya tenían problemas de confianza —explica con semblante pensativo, levantando la cabeza para mirarla .

—No. Te acuerdas de Hatsu, ¿verdad? La de rubia de la fiesta en donde terminé con Maki.

—Sí, no entiendo por dónde van los tiros —Tiene un vago recuerdo de esa noche. Mucha cerveza, música estruendosa. Hanami llorando sobre su hombro, ella acariciándole el pelo a modo de consuelo. Un chico ofreciéndoles un trío y la cachetada de Hanami que casi lo tumbó al piso. Sí, una fiesta incomparable.

—Bueno, los padre de ella se divorciaron. Y poco después de eso empezó a actuar extraño. ¡Y si vieras la ropa que se pone!

—Sigo sin ver qué tiene de relación con lo de Itachi.

—A lo que voy es que la gente cambia cuando sus padres dejan de quererse. En el caso de Hatsu no sólo fue su apariencia física, empezó a juntarse con gente diferente. Diferente, en el sentido de que no eran personas de bien. Se cortó el pelo muy raro, vale. Pero mi punto es que la personas nos influyen Izu, nos influyen y por eso debemos estar con los ojos bien abiertos y no confiar demasiado.

—Ya sé. Es importante no confiar mucho. —Ella misma ha tenido decepciones amorosas que confirman la aseveración de su mejor amiga—. ¿Qué debería hacer?

Comienza a rascarse la cabeza. No sabe si lo que quiere es una relación o una amistad. Ha pasado un tiempo desde lo de Sayuri y pudo recuperarse del dolor gracias a sus actividades diarias. ¿Estará lista para algo así otra vez?

—En mi opinión no deberías de estar perdiendo el tiempo con una persona y más si tiene conflictos acerca del amor o lo que sea.. Pero bueno, tú querías algo lento. Y con alguien así puedes tener tiempo de sobra

«¿Con alguien así?» «¿Será que es cierto que Itachi le tiene miedo al amor? Qué pensará Sasori. Él es un chico quizás tenga una opinión diferente »

—Eso me deja igual —confiesa, desanimada.

—Lo siento. Lo bueno es que fue honesto cuántos otros hay que no dicen las cosas desde el principio. —Hace una mueca de asco recordando a Maki y su miedo "a dejar de ser libre" como había planteado cuando discutieron acerca de acabar la relación—. Yo sólo quiero lo mejor para ti. Y que no te ilusionen en vano

Antes de que pueda decir algo, la madre de Hanami, Nahomi, le grita informándole que alguien quiere hablar con ella por teléfono.

Demasiadas emociones por un día. Sintiéndose tensa se recostó sobre la cama matrimonial de su amiga.

«Sólo quiero dormir un rato antes de mañana tenga que ir trabajar»


—¡Cabrones! —expresa Yahiko helándose de frío. Sólo a su grupo de amigos se le ocurre ir a un bar en domingo y con el clima empezando a enfriar. Itachi está a su lado reprobando una acción con la cabeza. Están afuera del bar y pueden distinguir a los otros tres idiotas porque el local tiene vidrio.

Apenas le va a preguntar qué tiene cuando ve a Kisame riéndose con esa particular sonrisa burlona. Retándolo. Luego voltea a ver a Itachi para quitarse de dudas

—¿Qué pasa?

«Es sólo Kisame y Deidara con sus sonrisas estúpidas»

—No es eso. Mira bien el barrio que está cerca de aquí —dice apuntando hacia la derecha. Cómo de costumbre la manga le queda floja debido a su manía de ponerse suéteres extra grandes. Yahiko entorna los ojos viendo hacia donde indica el azabache.

Cierto. A unos cuantos metros se encuentra el barrio rojo. Lo distingue por sus inconfundibles luces rojas que brillan iluminando los establecimientos pegados unos a otros. Eso y la cantidad de gente que viene y va relajada por el estrecho camino que se extiende más allá de sus ojos. Hay mujeres con poca ropa. Silva, coqueto. Conociendo a Deidara y Nagato no cree que sea casualidad que hayan citado al resto en un lugar cercano al Distrito del placer.

—Me estoy congelando el culo. Entremos ya —dice dejando atrás al siempre callado pero nunca tímido: Itachi

—Son unos cabrones —exclama poco antes de sentarse. Kisame le pega palmaditas en la espalda a manera de saludo. Deidara está tomando pero asienta con la cabeza, mientras Nagato está riéndose sin ningún motivo aparente, todo le parece muy gracioso después de tres cervezas.

—Cuando me topé a Yahiko en el metro y me dijo que habían cambiado de planes pensé que bromeaba —explica el azabache tomando asiento. Al parecer el de cabellos naranjas había alcanzado a coger la llamada de Deidara, informándole que se cambiaba el lugar de reunión.

—Sí, el sótano de Nagato se vuelve monótono. Hay que conocer más de vez en cuando —explica Kisame.

—Y vaya que ustedes se lo toman muy en serio, ¿verdad, Nagato? —pregunta burlón.

—No me mires a mí. Este tuvo la idea —dijo entre risas señalando a Deidara.

—El sexo es efimero, por lo tanto es una extensión del arte. Y la verdad no todo son prostitutas allá afuera.

—Ajá. Algunos son prostitutos —bromea Kisame. Causando la risa de los demás.

—Qué bueno que no le hice caso con lo de las bebidas. ¿Ya pidieron algo? —pregunta Yahiko tras recuperarse de las carcajadas. Kisame niega con la cabeza.

—Acabo de llegar. Pero estos de aquí ya ordenaron algo —dice mirando hacia Deidara y Nagato.

—Kaboom —exclama el rubio levantando su bebida.

—¿Qué mierda es eso? —Yahiko observa la bebida y lo único que tiene, que de seguro ayuda a que tenga ese color anaranjado, es el jugo de naranja.

—Le llaman Dragon Flu.

—¿Gripe de Dragón? —Traduce Yahiko levantando las cejas, intrigado—. Interesante

—Pidela. Está buena. Es una sensación explosiva. Tiene un poco de vodka.

—Mejor pido otra cosa. Es un restaurante bar —menciona pensativo, acariciando su barriga—. Lo que me viene de maravilla porque me comería un caballo del hambre que tengo

—Estoy igual —confiesa Itachi. No quiso terminarse lo que sobraba de la canasta y no probó bocado en su casa. Sólo la mitad de la barra de chocolate que tomó del frigorífico.

—Bien —Yahiko le hace una seña a la mesera, logrando llamar su atención. Itachi le pide a Kisame que le preste dinero porque no cuenta con lo suficiente.

—No, no. It's on me —masculla. Eso logra que el joven le agradezca y entienda el mensaje. Qué sólo a él le pagará la comida.


Las risas inundaban la mesa. Una conversación demasiada picante empezaba a tomar lugar.

—Que no suena como chancla.

—Claro que suena como chancla.

—¿Verdad que sí, Itachi? Vamos tú no me vas a dejar mentir. Cuando el sexo se pone más excitante de repente se oye un sonido parecido a un par de chanclas chocando entre ellas. —Yahiko saca una cajetilla de cigarros y se la muestra a Kisame. Éste niega con la cabeza aún manteniendo la sonrisa burlona en su rostro.

—Supongo que sí.

—¿Escuché bien? ¿Supones? Ita, no me digas que sigues siendo virgen —cuestiona Deidara con picardía.

Itachi y él no suelen hablar mucho. De hecho no lo considera un amigo cercano. Casi no hay temas de conversación entre ellos y el hecho de que el rubio sea tan expresivo y extrovertido no hace que quiera entablar una plática sincera con él, como hace con Kisame y Yahiko.

—Pues sí.

—Eso no me lo esperaba. Ahora entiendo todo.

—Quién diría que my homie está esperando a alguien que sea especial. Y yo creo que eso es respetable.

—Bueno, ¿pero sí has tenido toqueteos? Tú sabes que bajen y te hagan un trabajo —Deidara hace un gesto inflando su mejilla izquierda y moviendo la mano, cerrada en un puño, de lado a lado. Un gesto por demás obsceno.

El cuerpo de Itachi se tensa y Nagato se ríe mientras intenta abrir una cerveza, Kisame nota esto y le ayuda abriéndola.

Antes de que conteste,Yahiko alza la voz

El bullicio en el local ha incrementado. La gente ríe o come. La música ha bajado para que logren escucharse entre ellos o eso piensa Pain, como suelen llamarlo.

—No entiendo qué tiene que ver con eso. Yo confirmo por Itachi que sí suena a chancla —expresa con ánimo.

—Miren —señala Kisame todos voltean a ver lo que se refiere. Todo menos Itachi, quien está comienza a reflexionar sobre lo que ha preguntado Deidara. Lo iba a mandar a la mierda con amabilidad o regresarle el trago incómodo con otra pregunta más incómoda.

Claro que ha tenido experiencias sexuales. Con mujeres. Y no ha sido para nada cómodo, tal vez tenga que ver qué se refugió en las citas esporádicas y sin sentido después de lo Shisui. Tal vez tenga que ver qué necesitaba dejar de pensar en él en cualquier momento del día. Se arrepiente de haber hecho eso porque unas le dejaban clara su intención de algo serio y otras. Bueno, otras lo intentaban seducir. Una chica incluso le quiso hacer sexo oral pero él no pudo excitarse. Eso fue hace meses y desde ahí se concentró en su trabajo y en la carrera.

Y luego Konan le convenció de salir a una cita a ciegas.

«Es muy bonita. Sé que te agradará», recordó a Konan expresar con una media sonrisa. No se veía muy convencida. Ahora sabe la razón.

Cuando acuerda, la cena que ha pedido está en su mesa.

—Kisame, entonces..—dice sosteniendo el tenedor para comer el filete que escurría jugo de carne. El guacamole la mesera lo había dejado a su izquierda, donde estaba Yahiko enterrando un totopo sobre este, casi salivando del hambre.

—Ah —voltea a verlo confundido—. Sí, no te preocupes. Después de todo yo te convencí que vinieras

La conversación entre Yahiko y Deidara comienza a adquirir otro color cuando hablan acerca del concierto que fueron el mes pasado

—No recuerdo que tocarán esa canción.

—Andabas distraído viendo a la chica de tetas grandes —se burló Pain.

—Viejo, ya está es la última —advierte el hombre tiburón al pelirrojo. Yahiko y él intercambian miradas preocupados por el estado de Nagato.

—Eso sí que no, mi estimado. A mí no me gustan con tetas grandes

—Ya. Las prefieres entonces culonas.

—Por supuesto. Las tetas se caen, el culo no.

—¿Y no te gusta más ésa? —murmura Nagato, burlón. Vale se está portando como un maldito borracho. Yahiko se levanta, excusándose para ir al baño muy a su manera:

—Iré a dejar la piedra

—Demasiada informacion, idiota —se queja Deidara poniendo los ojos en blanco.

Kisame e Itachi se enfrascan en una conversación sobre política.

—Qué propuestas tan absurdas. Lo único que entendí de su discurso es que está desesperado por mi dinero —opina Itachi.

—Como todos —concuerda Kisame.

—Eh, no te gustan más así —dice Nagato tocando el hombro a Deidara. El rubio alza la vista hacia la mesa continua y ve a una chica con el cabello larguísimo. Es alta, quizás sea lo que lo desconcierta, porque juraría que es más alta incluso que él.

Entonces sólo ahí se percata de porqué Nagato se ríe a carcajadas

—Qué mierda —exclama con el deje de desconcierto en su rostro. La mujer no es lo que trata de aparentar. Tras mirarla con atención, te das cuenta que su espalda es muy ancha y las manos; enormes.

—¡Qué asco! Me recuerda a ese par que era muy cercano en el bachillerato —pronuncia el pelirrojo. Rememorando a unos chicos que habían sido sorprendidos besándose por un compañero de clase. Días después los rumores se hicieron tan fuertes y el acoso hacia los dos persistió con ahínco que los cambiaron de colegio.

—Maricas —murmura para sí mismo, viendo con disgusto hacia la mesa vecina. Itachi los mira molesto, comprendiendo muy bien lo que pasa. Y no le agrada nada.

—¡Idiota! ¡Qué asco! Por un momento casi me engaña —exclama el rubio. La conversación llama la atención del chico que está junto a la "chica".

—Como se las ingenian para verse femeninos —menciona Nagato burlándose con sorna. Aunque está siendo injusto porque Itachi y Deidara tienen facciones andróginas, que con un poco de esfuerzo y a luces apagadas se confundirían con chicas. Pero no es exactamente así, porque ambos son hombres. A pesar de los bonitos que puedan ser, son masculinos.

A cada risotada de Nagato, el enojo del joven de la mesa vecina incrementa, colocando sus manos sobre la mesa en un puño. No está para juegos. Marie ya la ha pasado bastante mal.

Con eso en mente, y sin más que decir para paliar su molestia que mantenerse en esa posición, su puño izquierdo comienza a doler de la intensidad con que aprieta la mano. Marie le sonríe, poco antes de fijar su atención en el menú frente a ella

«¿Por qué lo sigues ignorando?

«Por qué no te defiendes»

«Haz algo, chingado contigo»

—Marie, perdón. Pero no pienso permitir esto —Después de pronunciar aquello se levanta de su asiento.

—Oigan. Oigan. Eso no..—Intenta hablar el azabache. En un pestañeo los ojos captan al chico frente a su mesa. Tiene el cabello corto y la piel blanquisima. Viste una chaqueta verde y un pantalón de chándal gris.

—Me puedes contar el chiste —Los enfrenta golpeando el puño sobre la mesa con fuerza, causando que todos los presentes centren su atención ahí , conmocionados con la escena. El impacto ha causado que la cerveza que Nagato estaba a punto de abrir, se caiga.

—¿Qué? Pues... —Deidara es el primero en hablar. Y no sabe exactamente qué decir.

«Nos dio risa tu amigo el afeminado» no es una buena idea para decirle a ese chiquillo furioso.

—Diganme por favor que es tan gracioso —susurra letal. Repasa la mirada en los tres hombres, posándola durante un segundo en Itachi. Éste traga en seco. No tenía intenciones de pasar un día así.

—¿Y bien? —vuelve a preguntar acercándose al rubio. Antes de que acuerden lo tiene cogido del cuello de la camisa.

—¡Sueltame las manos encima, idiota! —increpa.

—Me gustaría no estar haciendo esto pero no puedo cuando te has burlado de mi amiga.

—¡Oye, déjalo en paz! —grita Nagato—. No fue él. Fui yo. ¡Ustedes no deberían existir! —Eso no ayuda porque el chiquillo fuerza más el agarre en Deidara.

—¡Nagato! Cállate. Discúlpanos, por favor. No salen muy seguido y el pelirrojo está ebrio —se apresura a explicar Itachi. Vuelca toda la tranquilidad que posee para tratar de mediar el ambiente. Que dicho sea de paso está tenso. Dos meseros se dirigen hacia ahí.

Mientras tanto, un debate interno parece suceder dentro del chiquillo porque suelta su agarre y se acomoda el cabello hacia atrás aún molesto. «Vale tiene todo el derecho de estarlo», piensa Itachi.

—Estamos jodidos —murmura Deidara viendo que los meseros están a poco centímetros de ahí.

—Señor, le vamos a pedir que salgan de este establecimiento, por favor. —La cara de confusión de Deidara es un poema. El chiquillo asiente y su acompañante lo coge del brazo. No los han echado.

No han echado a ninguno, de hecho.

Al menos no a ellos, sino al jovencito y a la mujer de la otra mesa.

—Vamos. Debe de haber un error. Este chico no tiene la culpa —intenta dialogar Kisame. Quiere decir implícitamente que no es culpa sólo de él. Qué los estúpidos de Deidara y Nagato tienen su cuota de responsabilidad

—Eh, ¿qué ha pasado? —cuestiona Yahiko con incredulidad. Sólo había alcanzado a ver un chico y una mujer enfrente de su mesa. Ahora el chiquillo está discutiendo con el gerente. Itachi se levanta y se dirige hacia ellos, Kisame viendo que es inútil conversar con los meseros, imita su acción.

—Yo entiendo. Pero no me parece justo que solo nos corran a nosotros —argumenta con la mujer al lado. Al parecer es una persona de pocas palabras

—Ocasionaron un altercado en el local. No puedo dejarlos estar como si nada

—No entiende. No estoy diciendo que no nos corran. Estoy diciendo que sea parejo

—Shi, vámonos. Ya no me siento cómoda aquí

—¿Ve? Su amiga ya quiere retirarse. Es usted el que está siendo irracional.

—No creo que sea irracional —rebate Kisame con Itachi al lado.

—¿Qué carajos hacen aquí? Ya ocasionaron bastante desmadre sus amigos. ¿Vienen a burlarse? —espeta el joven.

—Shi, ya vámonos —pidió la mujer.

—No te aguanto —expresa entrecerrando los ojos con molestia.

Kisame vuelve a retomar lo que vino a hacer:

—Miren, lamento lo que hicieron esos idiotas, ¿sí? Itachi también —Shi dirigió su atención en la mesa. El güerito seguía impresionado, en cambio, el pelirrojo pálido seguía campante—. ¿Cuál es tu nombre —pregunta al gerente.

—George —responde.

—Bueno, George. Lamentamos la intromisión en esta conversación, nos iremos de aquí —informa.

—Pero usted no ha molestado —luego masculló en sus adentros—. Usted es cliente frecuente como cree que.. —calló y asintió con la cabeza.

—Nos iremos. No queremos pasar por más vergüenza —coincidió el azabache. Marie lo miró con curiosidad. Shi sólo hizo una mueca de desagrado. Todo había sido desastroso. Y ahora la culpa abriéndose paso en aquellos dos hombres lo enfadaba sobremanera. No necesitaban idiotas con complejo de héroe. Cuando fija su atención de nuevo en ellos, sólo ve al joven de cabello largo solo.

—Vamos, muchachos. Levanten el culo de sus sillas que nos vamos de aquí —anuncia Kisame al estar frente a ellos. Su figura imponente no deja espacio a reclamos.

—Shi —insiste la mujer.

—Marie a veces eres un auténtico dolor de huevos.

Lejos de ofenderse, la mujer ríe divertida

—No hay que prestar atención a esos pendejos —opina por fin, resuelta. Itachi finge estar impasible pero por dentro está impactado. Se ha equivocado. La mujer no es frágil en absoluto. Daba la apariencia de ser delicada o delicado, pero sólo había decidido ignorar los comentarios de odio porque, sencillamente, no le importaban

—Está bien, tú ganas. De mejores lugares me han corrido para que lo sepas —le grita al gerente, quien sólo sacude su mano restándole importancia—. Adiós, niño bonito —se despide de quien cree recordar se llama Itachi. Se encaminan hacia la entrada. Marie se coloca su abrigo con parsomina. Están a punto de abrir la puerta cuando lo oyen

—¡Esperen! Yo… —Shi voltea por sobre su hombro para observarlo, después se arrepiente de hacerlo y como quiera gira su cuerpo para ver qué sucede. El hombre se acerca hacia ellos.

—Discúlpanos —quiere decir más pero sólo eso sale de sus labios.

El otro joven resopla

—Te diré algo. Si aquellos dos pendejos se hubieran disculpado aceptaría sin pensar. O bueno, no. No soy alguien muy espiritual. El caso es que no lo hicieron y tú no te has metido con Marie y conmigo así que no me interesa lo que tengas que decir

—Que ya vámonos. Nos han echado de aquí —lo jala la mujer mirando la escena divertida. Parecía imposible que se pudiera enojar aún con lo ocurrido.

—Aun así creo que debí haber hecho algo para evitar esto —confiesa

Shi sólo revolotea los ojos, volviéndose hacia el frente para abrir la puerta. Marie le sonríe compasiva, comprendiendo que ese chico es de naturaleza gentil.

«Una lástima que tenga ese tipo de amigos», piensa con leve tristeza.


—Qué noche

—Ni que lo digas, viejo —Están buscando un sitio en donde cenar. Ya no pretenden beber. La exigencia se le ha bajado debido a la conmoción de hace unos minutos. Hasta atrás está Nagato apoyándose en Deidara, quien sigue confundido sobre lo acontecido. Las estrellas anuncian una noche despejada y tranquila.

—Y tú. Por qué esa cara —pregunta Kisame con voz baja.

—Te parece poco preguntar eso después de todo lo que pasó —Da por toda respuesta Itachi. Él sabe que hay algo más allá de lo avergonzado y molesto que se encuentra.

«Maricas», recuerda el asco con el que pronunció aquello Nagato.

—Ni creas que Nagato es un mala copa, ni creas. Deidara ya quita esa cara de idiota —espeta Yahiko siguiendo el rumbo hacia la izquierda y dejando atrás a los causantes de todo el embrollo. Se ha quedado con hambre y, a causa de esto, está molesto. Sobrepasa también a Itachi y Kisame.

—Yo digo que mejor nos vayamos cada uno a su casa —razona Deidara, rompiendo el silencio.

—¿Por qué chingados no nos quedamos? De todas maneras tuvimos que pagar lo que pedimos —reclama el pelirrojo caminando con dificultad.

—No hables, cabrón. No quiero escuchar tus balbuceos —ordena Yahiko.

—No es muy culpa que nos hayan escuchado reírnos un poquito. La estábamos pasando bien

—Por última vez —advierte mirando sobre su hombro—. Cállate, cabrón

—No digas pendejadas. Qué te molesta —cuestiona farfullando. El rubio a su lado mira hacia el cielo, pensativo.

—Lo único que necesitábamos es que discutan por esto. Sucedió y no hay vuelta de hoja —opina el azabache con seriedad.

Yahiko asiente, dándole la razón. Su cabeza fórmula algo sobre la marcha

— Como sea. Busquemos un sitio. Deidara, Kisame —los mencionados alzan la vista hacia dónde está él. Ha caminando más lento y ahora está justo al lado de Itachi y el tiburón.

—Ustedes tienen carro. Vayan y aparquen cerca de aquí para subirnos. Aquí no vamos a encontrar nada más que bares y tables dance —añade tras un suspiro—. Itachi, Nagato y yo nos quedaremos aquí mientras ustedes están en eso

Los aludidos concuerdan en que es un buen plan. Kisame se encamina hacia su auto con pasos lentos pero firmes, a diferencia del rubio que rebusca las llaves en el bolsillo del pantalón.

—Puta mierda —se lamenta de todo. Por un segundo creyó no encontrar las llaves.

«Maldito karma, es una puta»


[...]

Memoria 10

En la habitación reinaba una quietud casi gloriosa. Hasta que entró él. Tenía el cabello mojado porque acababa de salir de la ducha. Hoy era día de pijamada en casa del menor así que aprovechó para darse un regaderazo.

—¿Por qué estás leyendo eso otra vez? —señaló el gran libro que tenía en su regazo su amigo. Y es que leerse la Biblia no era emocionante. No cuando ya las has leído dos veces o más como Itachi.

—¿Por qué no? —dio por toda respuesta sonriendo levemente, Shisui tenía algo que siempre lograba sacar lo mejor de él.

—Porque es aburrido. Por eso no nos hablan las chicas.

—Tu eres aburrido.

—Sabes que no —dijo golpeándolo con suavidad en el hombro—. Oye escuchaste acerca del rumor —preguntó sentándose al lado de él. Su pierna rozando la de Itachi. Y el menor fingió que el roce no provocaba nada más que un tenue contacto entre dos amigos.

—¿Cuál rumor?

—¡Lo sabía! Estás en todo menos en tu alrededor —se burló—. ¿Qué sucede aquí, eh? —dijo al tiempo que lo golpeó en la cabeza con su dedo índice.

El menor lo miró irritado, Shisui trató de suprimir la risilla que le daba siempre que el menor hacia ese puchero de desagrado.

—Como te decía —habló tras recuperarse del ataque de carcajadas, tosió un poco para aclarar la voz —. Hay un rumor en la escuela. Dos chicos fueron encontrados besándose o metiéndose mano, la verdad nadie sabe a ciencia cierta lo que pasó. Estaban en el baño. Ya había sido la hora de salida y este chico en cuestión los vio

Miró a Itachi esperando una reacción. El otro seguía serio. Quizás analizando lo que le contó.

—¡Qué fuerte! —exclamó él mismo.

Su amigo asintió, no expresando nada fuera de lo habitual.

—Sí. ¿Qué pasó con ellos? —La curiosidad se apoderó de él

—A uno lo acaban de transferir a otra escuela. Uzumaki me contó

Itachi asintió pensando en lo complicada que es la vida en el bachillerato con los profesores estrictos, las materias sin sentido, aceptando los cambios propios de la edad como para lidiar con reconocer que te gusta alguien de tu mismo sexo. Cómo le pasaba a él. Cómo lo llevaba procesando desde hace años

—Sólo te quería contar eso. Deja duermo un rato antes de continuar con la tarea —Itachi conocía muy bien que acabaría haciendo la tarea mañana a primera hora. El rato no iba llegar hoy, porque cuando despertara no se pondría a hacer nada escolar, vería la televisión a cambio o hablarían sobre lo que le había pasado el transcurso del día.

Mientras leí la biblia, recordó una frase que lo trastocó más de lo que se había permitido nunca

"La mujer no llevará vestido de hombre, ni el hombre vestido de mujer, porque Dios aborrece al que hace tal cosa".

Era en Deuteronomio 22, 5.

Él creía en Dios. No en una visión estandarizada de Él, sino en su propia versión.

Quería creer que ÉL lo aceptaba. A pesar de lo que pasaba en su mente y de lo que sentía por el chico dormido a su lado. Por eso leía la biblia para encontrar consuelo, para estar conectado con su Dios.

De pronto sintió miedo que se manifestó en el pecho. Pensó que porque estar cerca y a la vez tan lejos de Shisui era, por momentos, insoportable.

Se equivocaba. Porque en un mundo donde no puedes expresarte por miedo a represalias o al desprecio de tu Dios provoca desasosiego y dolor.


Tenemos que hablar de este fic.

Yo sé que ha pasado un laaaargo rato desde que subí el último capítulo. Lo admito. En mi defensa la falta de reviews lo condenó al olvido, pero debo admitir que disfruté como nunca escribirlo. Va a tener un final, uno más corto que el que tenía preparado pero tendrá uno. Gracias por los amables reviews que han dejado, sé que quizás ya abandonaron este fic XD. No los puedo culpar. Aun así gracias por haberle dedicado el tiempo necesario para leerlo, hasta la próxima.