Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

El calor en las calles era evidente. Algunas personas se quejaban por lo abrumador del clima, otras disfrutaban de algún alimento frío que compensara aquel pequeño infierno. Todo transcurría tranquilamente en las calles cercanas al dojo Tendo, hasta que pasaba corriendo algo que nadie podía saber qué era, solamente dejaba un camino de polvo provocado por sus pies.

Cuando creía haberla visto, detenía en seco su carrera para asegurarse y cuando se daba cuenta de que no era ella, entonces volvía a correr. Las personas miraban extrañadas al joven de ropas chinas, y vaya que no era para menos. Se encontraba parado a mitad de la acera, con los ojos cerrados, totalmente concentrado. Dónde estará esa boba… Se preguntaba mientras hacía uso de su recurso más común, y secreto, cuando no podía saber dónde estaba su prometida. Había aprendido a detectar su presencia. Claro, era más fácil cuando Akane encendía su aura de enojo, pero esta vez no era el caso. Eso ocurría generalmente luego de alguna pelea, cuando ella salía de la escena en cuestión y se alejaba de él, molesta por alguna cosa con o sin sentido. Tenía que admitir que casi siempre era con mucho sentido, pero es que a él le fascinaba sentirse celado por ella, para qué negarlo.

-¡Te encontré! -gritó al tiempo que abría los ojos de golpe. Aquello espantó a los espectadores que estaban cerca del chico de la trenza. Emprendió la carrera de nuevo pero ahora con un rumbo definido.

-¿Mamá qué le pasaba a ese hombre? -preguntaba un niño a su madre.

-Nada hijo, el calor vuelve loca a la gente -explicaba congruentemente la señora. Todas las personas alrededor asintieron en apoyo a la declaración de la mujer.

Cerca de la zona más comercial de Nerima, se veía caminar a una joven cuya expresión en el rostro, mostraba una evidente tranquilidad y alegría. Tenía dibujada una pequeña sonrisa, detalle suficiente para encantar a las personas que la miraban. A la luz clara del día con aquel Sol brillando cual corona desde lo alto, su cabello azulado brillaba y caía en una sutil y semi larga cascada sobre su espalda. Iba muy concentrada en su camino, dispuesta a distraerse y pasarlo en grande. Sus ánimos estaban por los cielos y tenía que aprovecharlo. No le preocupaba nada en ese momento, podría decirse que estaba en paz con su mundo entero. De sus labios salía un tarareo de la música que aún traía en la cabeza. Pero a pesar de estar tan absorta en su pequeña fiesta, se daba clara cuenta de que atraía la atención de las personas. Había notado miradas de todo tipo, como los que la observaban asombrados, los discretos, los descarados, las envidiosas, en fin un poco de todo y aquello comenzaba a causarle la primer incomodidad del día.

Vamos Akane que esto no arruine tu día, sigue pensando en disfrutar… Trataba de mantenerse ajena a las miradas incómodas. Demonios, sabía que esta ropa no era adecuada… tal vez hubiera traído otra cosa… Sentía que comenzaría una discusión consigo misma por haber aceptado los consejos de Nabiki cuando al doblar en una esquina, chocó con el cuerpo de otra persona y por poco cae, pero una firme mano le ayudó a evitarlo.

-Lo siento… -se disculpó apenada. No había visto a la persona por haber cerrado los ojos en un acto reflejo.

-¿Akane? -le preguntó una varonil voz.

La joven abrió sus enormes ojos para mirar al dueño de la voz que la había reconocido y la mano que aún la tenía sostenida por la muñeca.

Cómo pudo haber llegado tan lejos si camina tan rápido como las tortugas… iba pensando el joven azabache mientras caminaba cerca de la presencia de su prometida. Miraba en la dirección donde la tendría que avistar y en efecto, logró verla tan cerca que el corazón casi se le sale de su lugar, y tan lejos que tuvo tiempo de poder esconderse tras de la pared de esa esquina, asomando ligeramente para observarla.

A la distancia le parecía estar viendo a otra persona. Tal vez nunca había observado tan detenidamente la figura de su "agresiva" prometida. Después de todo, ¿qué tanto podría ofrecerle a la vista una violenta, plana y cero atractiva Akane? ¡Já! Por supuesto, a quién quería engañar con las mismas tonterías de años atrás. No era mucho más alta que antes, pero su estatura había aumentado. Sus piernas y brazos mostraban la tonificación muscular que la vida de artista marcial le habían dejado plasmada en el cuerpo. ¿Brazos y piernas solamente? Claro, cómo no. Su retaguardia llamaba la atención. ¡Y más con esa maldita falda! Ceñida a la cintura pero suelta a partir de ese punto, marcaba sus anchas y bien proporcionadas caderas. Llegaba de largo justamente hasta poco después de taparle los atributos de esa zona. ¿Qué era eso? ¿Un maxicinturón? Es que un viento fuerte y adiós imaginación. Su prometida estaría mostrando a cualquier persona lo que a él jamás le enseñaría en la vida. Y luego estaba aquella horrorosa blusa. ¿Blusa? ¿No era más bien otra piel y ya? Era tan jodidamente pegada a su cuerpo que parecía haber sido cocida con Akane puesta. Estaba de más decir que dejaba a la vista, resaltado, mega remarcando, su busto tan plano como las montañas. Y tan pegada estaba que si uno ponía atención en la parte baja del torso, podría darse cuenta de que debajo de aquella tela se encontraba un muy bien marcado abdomen. ¿Qué estaba pensando esa mujer? ¿Presumir que tiene cuerpo de artista marcial? Su cabello azul largo y precioso, su aroma, sus densas pestañas que enmarcaban aquellos ojos a veces verdes a veces marrones… en fin… ¡Hasta en eso tenía que ser mágica la ingrata! Pero claro, sus inocentes facciones y sus tenis negros de agujetas blancas (tipo converse), hacían que cualquiera le calculara menos edad. Y es que era come años. ¿Cuántos pervertidos no estarían fantaseando con ella mientras se paseaba por las calles tan campante?

El calor le subía desde los pies a la cara. ¿O había sido de la cabeza a los pies? No lo sabía y no le interesaba. El chico de los ojos azules la observaba detenidamente mientras sentía cómo el cuerpo le ardía por dentro. ¿Calor, celos, enojo o emoción de verla atractiva? Tal vez era todo a la vez. La miraba mientras ella leía un papel que sostenía entre sus manos, se notaba concentrada en la lectura de aquello que podía ser una nota o una carta.

-¿Acaso tiene una cita? Sabía que tal vez esto era un truco sucio de Nabiki. Aún así no entiendo cómo puede vestirse de esa manera y salir sola a la calle. Quien quiera que sea pudo haber pasado por ella al dojo y entonces así no exponerse a…

-¿Podrías dejar de repetir todo lo que pienso? -el joven azabache tenía cara de pocos amigos, tuvo que interrumpir sus pensamientos.

-Ay Ranma… cuando te conocí supe que eras un tonto pero el paso de los años te hace serlo cada vez más… -se escuchó una joven voz a su espalda y luego una risa burlona.

Ranma dejó de espiar a Akane para darse la vuelta y encarar aquella ya no tan conocida voz aunque sabía muy bien que solamente una persona era capaz de molestarlo de esa forma. Un jovencito de ojos y cabellos morados lo miraba con una ceja enarcada, una sonrisa burlona y con sus brazos cruzados por el frente de su torso. Era más alto que la primera vez que se vieron hace algunos años. Sin duda se había convertido en un simpático y bien parecido adolescente.

-Vaya… pero si es el niño más entrometido del mundo -se burló el azabache.

-¿Y a quién tenemos aquí? Al perdedor más grande de la Tierra -le respondió desafiante.

-¡¿A quién llamas perdedor?! -se molestó aún más el ojiazul.

-¡Pues yo no soy un niño! -le reclamó el jovencito.

-Oooohh… disculpe usted joven hombre, ¿te crees muy grande no? -le dijo burlonamente Ranma, mostrándole una sonrisa desafiante y confiada.

-Me encantaría decir que soy todo un joven pero si la edad me volverá tan idiota como lo hizo contigo, prefiero irme a la tierra de nunca jamás para no tener que crecer -terminó su comentario triunfalmente el joven de ojos morados.

-Sa-to-rii… -terminó deletreando en tono irritado el chico de la trenza -¡me las pagarás!

Ranma estuvo a nada de darle un golpe al chico pelimorado pero éste lo esquivó hábilmente, moviéndose de lugar con rapidez.

-Te digo que eres tonto, recuerda que puedo leer tus pensamientos -expresó orgulloso el jovencito. De pronto se acercó a la esquina para asomarse como minutos antes lo hiciera el azabache. Su sonrisa se hizo más grande y los ojos comenzaron a brillarle, todo al tiempo que su rostro mostraba un sonrojo notorio.

-Akane… mi amor platónico… -decía emocionado el chico cuando de pronto le vino un ligero golpe en la cabeza.

-¡Óyeme! -Ranma sentía incomodidad de que dijeran tal cosa sobre su prometida.

-¿Qué te pasa? Ranma no tengo la culpa de que Akane sea tan hermosa para mí, además está más guapa que antes -se sobaba la cabeza, justo donde le había dado con el puño.

-No deberías hablar como si fueras un adulto… -le comentaba Ranma aún en tono molesto. Se acomodó a un lado del chico para poder espiar de nuevo.

Se veían las cabezas asomadas, arriba la de Ranma y enseguida abajo la de Satori.

-¿Me dices que no hable como un adulto? ¡Já! Te sorprendería saber la cantidad de barbaridades que están pensando todos los hombres que la ven en este momento, gracias al cielo que puedo elegir qué pensamientos leer.

La mano que Ranma tenía apoyada sobre la pared, se recargó con fuerza ante el comentario del muchacho, provocando que sus dedos se enterraran de tal modo que causaron fisuras en el muro.

-Ranma no entiendo qué estas haciendo aquí en lugar de estar allá con ella ¿acaso ya no son novios? ¿Akane al fin se dio cuenta de que no valías la pena? -le preguntó entre inocente y burlonamente.

-Satori, ¿no te han dicho que tienes una boca muy grande? -le dio otro golpe en la cabeza y de pronto se le ocurrió una idea -por qué no mejor me ayudas a saber qué es lo que está pensando Akane…

-Eso es muy vil Ranma, hasta para ti… -le respondio el ojimorado, viéndolo con los ojos entrecerrados mientras se sobaba la cabeza de nuevo. Luego suspiró resignado. -Está bien, te ayudaré sólo porque eres un pobre tonto que no sabe qué hacer con una mujer tan bella…

Aquellas palabras hicieron que a Ranma se le subiera el calor a las mejillas. No era molestia, era vergüenza porque se trataba de algo muy cierto. Akane lo ponía nervioso, aunque lo negara nunca sabía qué hacer con ella bajo ciertas circunstancias. Miró al muchacho de reojo. Estaba observando a su prometida, en el mismo ademán que él recordaba como cuando lo conocieron en el dojo. De pronto lo vio sonrojarse.

-¡Concéntrate! -le reclamó.

-No me molestes, sabes que no es fácil porque ella… me… -se vio interrumpido por un golpe -¡Arg! ¡Deja de golpearme!

-Pues concéntrate en lo que tienes que hacer, dime por lo menos si lo que está leyendo es una nota de alguna ci… ci..ta.. o algo… -comenzaba a balbucear de los nervios. Esperaba que no lo fuera.

Satori comenzó a concentrarse de nuevo, mirando a aquella joven de cabellos azules. Estaba doblando el papel que había leído y la observó soltar un suspiro.

-Ya entiendo… -comenzó a decir el chico de cabellos morados -tranquilo Ranma, no se trata de ninguna cita, es la nota que le dejó su… amiga… será mejor no decirle, todo sea por Akane.

Ranma suspiró aliviado -Ya veo, eso quiere decir que después de todo sí tenía pensado salir con alguna de sus amigas -dijo Ranma un poco más tranquilo aunque en parte también resignado.

-Bueno yo no diría eso… -opinaba Satori cuando de pronto, el leer un pensamiento cercano lo hizo mirar de nuevo en dirección a Akane con algo de sorpresa -Oh no…

-¿Qué? ¿Qué sucede?... -preguntó exaltado el azabache ante esa reacción del más joven.

De pronto, mirando a Akane se dio cuenta de que otra persona se acercaba a ella. Le tomó unos cuantos segundos a su cerebro el poder digerir la imagen que estaba plasmándose en sus ojos. Deseaba poder estar soñando una cosa espantosa, pero era real. De todas las personas con las cuales podía encontrarse su prometida, esa era la menos esperada, la menos deseada y la más temida. Reconocía bien esa figura. Lo reconocía bastante bien pero ¿qué demonios estaba haciendo ahí? Cerró sus manos en puños y dejó salir aquel indeseable nombre de su boca.

-Shinnosuke…