Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi
Se pasó una mano por la zona que le parecía estar punzando en su cabeza. Hizo una mueca al instante en que se tocó, un escalofrío le recorrió por la espalda, parecía que las lágrimas iban a salir de sus ojos y su boca dejó escapar unos quejidos cual niño, provocando que el chico de los ojos lilas, que lo observaba atentamente, soltara una sonora carcajada.
-Jajajajajajaja! -se reía y apuntaba al mayor con uno de sus dedos -tienes una cara de idiota ¡jajajajaja!
-¡Ya cállate! En verdad me duele mucho -se sobaba la cabeza sin dejar de hacer gestos. Podía sentir claramente una protuberancia en la zona afectada -¿qué fue lo que sucedió? -preguntó menos alterado aunque sin dejar de tocarse la cabeza y sus ojos llorosos delataban su estado.
El más joven no le respondía, se limitaba a tomarse el estómago con ambas manos, moviendo sus piernas estando sentado sobre la rama. Incluso se le podían notar las lágrimas, producto de la risa. Se tapó la boca para tratar de controlarse, pues era consciente de que el azabache explotaría de un momento a otro.
-¡Saaa-tooo-riii! Voy a tirarte de esa rama y así tu cabeza se estrellará con tal fuerza que tu dolor será mayor que el mío -le dirigió una mirada severa al sentirse presa de la evidente burla.
-Ya, ya… está bien -controlaba la risa – está bi… -se tapó la boca y volteó su cabeza hacia el lado donde Ranma no podía verlo muy bien. Se pudo controlar luego de unos segundos, y más cuando notó el aura roja del azabache, signo de que estaba perdiendo la paciencia. Se aclaró la garganta y le dirigió una mirada divertida. -Veamos ¿cómo explicarlo? -se colocó un dedo índice en la barbilla y miraba hacia el cielo, signo de estar buscando las palabras.
-Dilo como es, no me creas tan tonto como para no entenderlo… -comentó Ranma con una ceja enarcada y la mirada de pocos amigos.
-Bueno lo de que eres tonto es cosa aparte -cerró un ojo y con el otro pudo notar que Ranma fruncía el ceño. Luego se rascó la cabeza en ademán de confusión – la verdad es que fue todo muy extraño… -comenzó a relatar -una chica linda y muy extraña… más bien loca, pasó a toda prisa y te golpeó…
Flashback
Ranma y Satori se encontraban discutiendo debido a que el azabache se negaba a reconocer que necesitaba defender su compromiso con Akane ante su único considerable rival.
-¡Eres un idiota o qué! Ranma, el orgullo no vale la pena… ya deberías haber aceptado tus emociones desde aquella vez en que los conocí en el dojo, ¡no puedo creer que sigas siendo un cobarde! -Satori no pudo contener sus palabras y emociones.
-Ella sabe lo que hace… -Ranma quitó el agarre del muchacho para luego darle la espalda -no tengo nada que hacer aquí…
-¡Vete entonces cobarde y deja que ella sea feliz con alguien más! ¡Grandísimo idioootaaaaa! -gritaba con indignación y coraje el chico de los ojos morados, viendo al azabache doblar la esquina y desaparecer de su vista.
-Pero que… cobarde… -se cruzó de brazos con el ceño completamente fruncido por la molestia que le provocaba la actitud de Ranma.
De repente le pareció que el suelo temblaba y tuvo que mirar en todas direcciones, viendo un montón de polvo que se levantaba y se extendía muy cerca de donde Ranma había emprendido el camino. Satori, totalmente intrigado se asomó para descubrir de qué se trataba. Logró ver a un pato que tenía el cuerpo envuelto en listones de regalo, corriendo a toda prisa, huyendo aparentemente de algo que lo perseguía sin tregua. Detrás de él, iba corriendo una chica de cabellos castaños muy claros, su larga y ondulante melena relucía, sus grandes y enormes ojos verdes brillaban intensamente y su sonrisa divertida y alegre se extendía por su joven rostro. Llevaba puesto un enorme vestido en color rosa que al parecer hacía juego con los listones alrededor del cuerpo del pobre pato que seguía corriendo horrorizado.
-¡No huuyaas! ¡Por favor vuelve Jean Monroe vuelve! -le gritaba la chica sin poder alcanzarlo por completo.
-Cuaaak! Cuaaak! -expresaba el pato que curiosamente llevaba unas enormes gafas.
El pato reconoció de inmediato la figura del joven que llevaba una trenza y se lanzó hacia él con la intención de pedirle ayuda. Ranma, quien logró verlo por el rabillo del ojo, tomó al pato por uno de los extremos de la cinta que llevaba en forma de moño. Lo alzó hasta la altura de su cara y lo miró con gesto indiferente, no estaba de muy buen humor sabiendo que en la calle paralela estaba su prometida con el indeseable guardabosques.
-¡Oh! Pero si eres tú Mousse ¿qué te trae por aq… -no logró terminar la pregunta debido al golpe recibido en la cabeza repentinamente. Ni siquiera pudo ver al autor de tal acto, ya que cayó al suelo completamente noqueado. Sus ojos en forma de espiral delataban su estado inconsciente.
-¡No te atrevas a tocar a mi Jean Monroe! -le reclamó la joven de los cabellos ondulados y ojos verdes, con el gesto arrugado por el enojo de ver que de nuevo ese chico entrometido tomara sus cosas sin su permiso. En una mano llevaba sujetados sus patines de hielo, que eran el arma que había usado para desmayar al secuestrador de su adorable nueva adquisición -¡Ay! Aquí estás. Azusa te ha salvado mi querido Jean… -le dijo al pato con su voz melosa y escandalosa mientras ella lo recogía del piso, alejándolo de la mano del azabache que yacía en el suelo.
-Cuaaaak! Cuaaaak! -el pato se meneaba violentamente entre los brazos de la chica sin poder librarse.
-Vamos Jeaan… hoy tenemos muchas cosas qué hacer… -la chica se alejaba tranquilamente con el famoso Jean Monroe entre sus brazos.
Todas las personas que habían presenciado la curiosa escena, miraban extrañados a la chica que se iba perdiendo en el camino de aquella calle. Satori era uno de ellos, parpadeaba constantemente sin dar crédito a tan extraño acto. Lo único que se escuchaba a lo lejos, eran los "cuaks" que el pobre patito expresaba con desesperación y al final un "cuak" resignado.
-Pobre muchacho… -se escuchó a un hombre decir.
-¿Estará muerto? -preguntó una chica.
-¡Hijo no hagas eso! -reprendió una mujer a su pequeño que con una vara picaba uno de los costados de Ranma, que seguía con las espirales en los ojos y un enorme golpe en la cabeza.
Satori suspiró pesadamente viendo el ridículo y desgracia de la que había sido protagonista el joven de la trenza.
Fin Flashback
-Y entonces tuve que salvar tu torpe trasero trayéndote aquí -dijo en tono socarrón el menor de los dos.
Ranma lo miraba con cara de muy pocos amigos y seguía sobando su cabeza. De alguna forma no le sorprendía que a pesar de que el tiempo pasara, siguiera encontrándose en líos por todos los locos que había conocido desde que llegara a vivir al dojo Tendo en Nerima. De pronto recordó la razón por la que había salido de casa. Bajó la mirada y se quedó en silencio. Lo único que podía escucharse en ese momento, era el sonido de las aves que estaban en la copa del árbol sobre el que estaba Satori. El chico de ojos color lila lo observaba por el rabillo del ojo, esperando de alguna forma a que el azabache rompiera el silencio. Sabía perfectamente bien que estaba pensando en Akane, pero Satori no iba a facilitarle las cosas, así que bostezó sonoramente y se acomodó en la rama del árbol, estirando sus pies y apoyando la espalda en el fuerte tronco.
Me pregunto… si Akane… si Akane ya se habrá desocupado o si ella está…
-Uuhhaaaaahh… -bostezó de nuevo Satori – pero qué aburrido…
Una vena punzante se notaba en la frente de Ranma al verse interrumpido en sus pensamientos, y más sabiendo que no eran solamente suyos sino que aquel jovencito tan molesto, podía claramente leer su mente. Notó de inmediato que el bostezo había sido a propósito.
-Si tanto sueño y aburrimiento tienes deberías irte a tu casa -comentó el azabache.
-Sí, sí… de nada por salvar tu trasero… -Satori seguía en su cómoda postura y se ponía una mano en la boca simulando bostezar exageradamente.
-¡Deja de hacer eso! -se quejó Ranma -es irritante y me desesperas…
-¿En serio? -al fin lo vio el chico de cabellos morados, con una cara sarcástica -aquí el único desesperante eres tú, mira que pensar y sentir una cosa y al final hacer todo lo contrario a lo que realmente quieres, es en verdad aaaa-buuu-rriiii-dooo… -remarcó lo último.
-No sé de qué me hablas… -le respondió Ranma, mirando aparentemente despreocupado el cielo azul.
-Claro, ajá… -respondía sarcásticamente Satori -y entonces ya te ibas muy seguro de lo que decías pero mientras estabas inconsciente decías ¡Akane por favor no me abandones! ¡Akane! ¡Akane! -el jovencito dramatizaba con su cuerpo y su voz lo que le contaba al azabache.
Ranma de inmediato sintió que el calor subía hasta su cabello, dejando ver una cara completamente roja y como rayo se levantó de la banca, moviendo su puño en modo amenazador y nervioso en dirección al chico que estaba sobre la rama.
-¡Cállate! ¡No digas mentiras! -le gritaba totalmente avergonzado.
-¡Já! No estoy mintiendo -bajó de la rama de un salto y se acercó con una expresión muy seria en su rostro hasta quedar frente a Ranma que seguía rojo y según amenazando con su puño -¿Y bien? ¿ya vas a decirme lo que quieres saber o no?
Ranma lo pensó por unos instantes. Era evidente que se había mostrado vulnerable consciente en su mente e inconscientemente mientras había estado soñando o más bien teniendo aquélla pesadilla. Le dio la espalda a Satori para que no pudiera seguir viendo su cara roja y que eso le diera más material para burlarse de él. Al principio su cuerpo estaba relajado pero luego sus puños se tensaron tenuemente. Dejó que la brisa calmara un poco sus ánimos tan intensos y confusos.
-Dime… dime dónde está… A… Aka… Akane… -había sentido que lo había dicho con seguridad pero lo cierto es que le daba pena demostrar que estaba realmente interesado en ella.
Satori, a espaldas del azabache, ensanchó una sonrisa en su cara y decidió jugar un poco más -¿cómo dices? no escuché nada -se puso una mano detrás de una oreja, en señal de que no escuchaba, a pesar de que Ranma no lo veía.
Su sonrojo no disminuía y su ceño comenzaba a arrugarse debido a la jugarreta del menor -claro que me escuchaste, no me hagas repetirlo…
-Bueno creo que es hora de irme, ¡nos vemos Ranma! -se despidió el chico de cabellos morados, dando pasos lentos y cortos fingiendo irse.
-¡Que me digas dónde está Akane! -Ranma ya se había girado para verlo y le gritaba exasperado pero rojo por haber tenido que repetirlo -maldito mocoso… -susurró al final, cas para sí.
Así me gusta pensó satisfecho Satori, quien se daba la vuelta para verlo al rostro. Conocía a una chica que estaría interesada en ver esa cara roja y graciosa que mostraba el azabache.
-Esta bien… sígueme….
