Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi
Una pareja caminaba en silencio, aunque éste no era un factor que resultara incómodo para los dos. El joven castaño de ojos azules miraba de reojo a la chica que caminaba a su lado. Por su parte, la peliazul a ratos se daba cuenta de que era observada, y aunque la mirada profunda y directa pero también discreta de Shinnosuke no le incomodaba, ella por acto reflejo se ocultaba tras de su cabello. Aprovechaba la extensión que el tiempo le había dado a su azulada cabellera, ocultando en ocasiones su rostro tras el flequillo o el resto de mechones que a propósito dejaba caer por un lado de su rostro. Casualmente el lado que quedaba justo en la proximidad de Shinnosuke. Era natural para ella, en cierta forma, sentirse de ese modo pues al estar siendo observada procuraba evitar el contacto visual. Se podría decir que era esperado que Akane actuara de esa forma, salvo con una persona.
-Hace mucho calor… -interrumpió ella el silencio. Dirigió una mirada al cielo y se tuvo que colocar un brazo por encima del rostro para que el intenso resplandecer del Sol, no le diera de lleno a los ojos.
-Lo sé… aquí hace mucho más calor que en el bosque -le siguió la plática el castaño -de alguna forma está bien para mí tener de vez en cuando un poco de luz, ya que los enormes árboles dejan pasar muy poca en casi todo el lugar.
-Tienes razón -dejó de mirar el cielo para dirigirle una amable sonrisa.
Shinnosuke se quedó embobado con la sonrisa de Akane y un ligero sonrojo se dejó ver en sus mejillas.
-Que linda eres… -dejó salir con seguridad aunque suavemente de sus labios.
Akane pudo escuchar claramente cada palabra, provocando que el color subiera a sus mejillas. Desvió la mirada de inmediato, hacia el piso, parecía una niña pequeña y avergonzada. Cosa que atraía aún más a cualquiera.
-Akane discúlpame, no es mi intención incomodarte… -se disculpó al notar de inmediato lo que parecía ser incomodidad en ella. La peliazul se limitó a negar con la cabeza, dándole a entender que no había problema. Sin embargo no dijo nada luego de aquel comentario por parte del castaño. En realidad no sabía qué decirle.
-Es aquí -anunció finalmente Shinnosuke, cosa que hizo que Akane saliera de su estado apenado y mirara el lugar en el que se había detenido.
Al mirar la entrada del establecimiento, Akane agrandó los ojos, y le pareció a él que le brillaban un poco más. Era de nuevo como verla convertida en una chiquilla, solamente que ahora frente a un nuevo juguete o descubrimiento. No era para menos. La entrada era a un local de helados, pero al parecer no a cualquier establecimiento de helados. Tenía una fachada de cristal con pequeños detalles en tonos pastel. Muy de chicas le habría dicho el azabache. Y es que era justamente una heladería de aquellas en las que su bobo prometido no se permitiría siquiera asomarse en su forma masculina, tendría que ser la pelirroja para no comprometer su hombría. Akane observaba atenta las características del lugar. Había pequeños detalles en las puertas. Unos diminutos cristales formaban reflejos de colores en la parte baja, ya que el Sol dejaba caer unos rayos en las diferentes caras de los cristales. Tenía un enorme arco que simulaba la forma de un caramelo, de esos típicos de bastón con franjas rojas y blancas, sólo que en este caso eran blancas intercaladas con rosas, lilas y color menta.
-Vamos… -le dijo el castaño, abriendo la puerta para que ella pudiera pasar primero. La joven asintió y caminó hasta introducirse en el lugar.
Por dentro era mucho más espacioso de lo que parecía ser a simple vista desde el exterior. Las paredes blancas daban la sensación de amplitud y había espejos en varias partes del espacio. El más grande colocado en el techo, como si fuera todo de espejo. Tenía una especie de candelabros en lugar de simples focos o lámparas. Las mesas eran de diferentes tamaños, para muchos y para pocos clientes. La mayoría eran chicas, grupos de amigas que disfrutaban una diversidad de exóticos helados en copas de formas curiosas ante la mirada de Akane. No faltaban los hombres, pero estos al parecer solamente iban como acompañantes de sus parejas.
-Akane… -le dijo el chico de los ojos azul profundo -espérame aquí, no tardo.
-Sí… -respondió Akane con una sonrisa.
Tomó asiento en una especie de banco alto. Las mesas en esa zona eran redondas y pequeñas, y tanto estas como los bancos eran metálicos. El frio del metal refrescó sus piernas pero también le provocó una especie de escalofrío, ya que se encontraba muy caliente después de haber estado bajo el brillante Sol en la calle. Regularmente no tenía aquel problema, ya que sus faldas o vestidos son largos y la tela no se recorre tanto cuando ella se sienta. Pero en esta ocasión se encontraba vistiendo una corta falda negra. Al hacerse consciente de nuevo acerca de su atuendo del día, se sonrojó ligeramente y miró discretamente a su alrededor. Aparentemente nadie la estaba mirando. Los clientes de la nevería se veían muy concentrados en sus propios asuntos o al menos quiso convencerse de eso.
Al girar su cabeza para mirar, cayó en la cuenta del enorme espejo que se encontraba en la pared más próxima a su lugar, justamente se podía ver a sí misma si miraba a su lado izquierdo. Pudo notar entonces lo elevada que estaba su falda, pues su piel contrastaba con el negro de la tela, dejando ver hasta por encima de los muslos. A pesar de que aquello no podía ser considerado un descaro, ella no sentía que estuviera del todo correcto. Rápidamente se acomodó la falda lo mejor que pudo para que no mostrara demasiado. Se miró una vez más al espejo, notando el largo de su cabello y su inusual tono azulado natural que resaltaba aún más sobre el blanco de su blusa sin mangas. Mejoró su postura, pues había relajado la espalda encorvándola un poco y al adoptar una compostura más erguida, se le veía incluso altiva pero encantadora.
-¡Akane!
Al escuchar su nombre, la peliazul buscó de inmediato con la vista. Era Shinnosuke quien le hacía una señal con una mano para que se acercara. Se encontraba justamente detrás del mostrador. Akane se acercó con curiosidad al verlo ahí.
-Shinnosuke…
-Te invito un helado, puedes elegir lo que gustes aunque tengo una recomendación especial…
-¿Una recomendación? -preguntó ella con curiosidad.
-Sí… -el castaño le señaló una de las tantas opciones que se demostraban tras el cristal. El color era por demás curioso, pues era azul obscuro, tan parecido al cabello de Akane pero a su vez daba la impresión de tener toques púrpura. La chica tuvo que pegarse al cristal para poder apreciar aquel peculiar efecto de color. El joven de la coleta solamente se limitaba a observarla, completamente embelesado por la belleza de la que fuera su primer amor.
-Vaya, es realmente extraño, ¿qué sabor es? -le preguntó, alzando la vista al rostro de su conocido de la infancia.
Shinnosuke se sonrojó unos instantes -Esa opción de helado es la razón por la que vengo a este lu…
-¡Shinnosuke-senpai! -se escuchó un grito al fondo de la tienda, interrumpiendo al castaño y provocando que todas las miradas se fijaran en la dueña de aquella voz. Una jovencita de aparentemente la misma edad de Akane, se acercaba a toda prisa con una radiante expresión. Se paró frente al aparador, por un lado de Akane, e inclinó lo más que pudo su cuerpo sobre el mueble para poder acercarse al chico que estaba del otro lado. -En cuanto supe que estabas aquí vine corriendo desde la otra sucursal. Recuerda que soy yo quien debe recibir la entrega de tu cosecha, nadie más… -dicho esto, la joven guiño muy coquetamente uno de sus ojos. Estaba tan concentrada en Shinnosuke que pareciera no notar la presencia de absolutamente nadie más. Sus largos y lacios cabellos castaños claro, se encontraban trenzados en un listón rojo. Sus ojos azules como los del muchacho, brillaban intensamente al estar en contacto visual con él. Akane miraba atenta la escena, sorprendida en parte por la aparición tan repentina y curiosa por saber de quién se trataba. Lo que era obvio es que la chica tenía un enorme interés en el castaño.
-Lo siento pero… ¿quién eres? -fue lo que dijo Shinnosuke luego de observar a la joven. Este comentario provocó que la chica se fuera de espalda y que la frente de Akane mostrara una gota de sudor por la situación tan graciosa. Parece ser que aún tiene problemas de memoria pensó la chica Tendo.
-Aaaaaaayyyy… siempre es igual… -dijo resignada la chica de la trenza. Bajó la cabeza en ademán de derrota y extendió las manos en dirección a Shinnosuke -¿podrías darme por favor los pedidos?
Shinnosuke le extendió una especie de canastilla y la chica la recibió, aún con la cabeza agachada. -Gracias… -fue lo que ella dijo a duras penas y antes de salir por donde había llegado, le dio una mirada extraña a la peliazul que estaba a su lado. Después de todo no me había pasado por alto… fue lo que pensó Akane al sentir aquella ojeada y ver cómo se alejaba dignamente la joven mujer. Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir que le tomaban de la mano. Volteó de inmediato para encontrarse con una intensa mirada por parte de Shinnosuke, provocándole una extraña sensación.
-Ven Akane, me gustaría platicar contigo… -dijo con firmeza. Ella solamente asintió algo nerviosa y se dejó llevar hasta un cómodo sillón que tenía delante una mesa de centro. Era uno de los pocos lugares libres, pues la tienda no paraba de recibir acalorados clientes.
Akane se sentó lenta y cuidadosamente, recordando que la ropa que llevaba dejaba ver mucho si ella no tenía el debido cuidado con sus posturas corporales. Se sentía poco, llegando a casi nada, relajada por lo que su postura era muy derechita y miraba hacia otro lado, evitando la penetrante mirada de su acompañante. Al tratar de mirar hacia otro lado, se percató de que no pasaban desapercibidos. Las miradas de hombres y mujeres se posaban en ellos de manera furtiva pero directa.
-Akane ¿te sientes bien? -preguntó con seriedad.
-Ah… sí, sí disculpa, es que este lugar no lo conocía y yo…
-¿Estas esperando a alguien cierto?
-¿Eh?... Bu.. bueno… -ese comentario la regresó a una realidad que había olvidado desde minutos antes. Ese bobo no vendrá, después de todo Nabiki se equivocó y yo no le intereso…
-Disculpa, no fue mi intención entrometerme -se disculpó el castaño al notar el cambio en ella -desde hace unos meses que vengo a este lugar y a otros para entregar la fruta azul…
-¿La fruta azul? -preguntó ella con verdadera curiosidad, saliendo de su breve trance de decepción por causa de su ausente prometido.
-Sí. La fruta azul es una extraña fruta que se da en Ryugenzawa y que fue descubierta por unos visitantes. Después de un tiempo dijeron que podía ser usada para postres como helados y pasteles.
-Aaah! Comprendo. Entonces tú vienes a hacer entregas para que se hagan helados de esa fruta en este lugar… -expresó entusiasmada por la historia.
Él asintió sin dejar de verla a los ojos. Akane al no recibir mayor respuesta que esa, y dada la insistencia de aquellos ojos, sintió que el corazón se aceleraba y los nervios la invadían de nuevo. Él no era mal parecido, sino todo lo contrario, pero eso no significaba que le gustara a ella. La chica Tendo siempre había pensado en su relación con Shinnosuke. El hecho de haber recibido halagos de su mala comida y que además él estuviera dispuesto a desayunar, comer y cenar lo que ella hiciera, era motivo suficiente para tenerlo en un alto concepto y estima. Eso, de alguna forma, la había cautivado. Cosa que obviamente no ocurría con su bobo prometido, quien solamente tenía insultos para ella y sus esfuerzos culinarios.
El chico de la pequeña coleta levantó una de sus manos para dirigirla al rostro de Akane. Ella agrandó los ojos, ante lo que parecía ser un futuro contacto. Pero la mano de él no fue a parar a su cara sino a su cabello. Tomó entre sus dedos un mechón de la azulada cabellera, acariciándolo con cuidado.
-El azul de la fruta, siempre me recuerda el azul de tu cabello… Akane…
-Shin…nosuke… -dejó salir nerviosamente de sus labios la joven de ojos aceitunados.
-Akane yo quiero… -esta es mi oportunidad para decirle todo -Akane yo quiero decirte…
-Probaré el helado en otra ocasión… -le interrumpió de la única forma en la que se le ocurrió al notar las intenciones del muchacho. Lo cierto es que no quería lastimarlo al no poder corresponderle.
-¿En otra ocasión? -preguntó sorprendido.
-Sí… es que la persona que espero es aficionada al helado y sé… -sus ojos comenzaron a mostrar un brillo especial y su mirada era tierna -sé que no me perdonaría probar un sabor nuevo y delicioso sin haberlo invitado…
Él no dijo nada pero entendió que tal vez era mejor guardarse sus sentimientos y deseos hacia Akane. Después de que el chico terminara de hablar con la supervisora del local, quien no dejaba de mostrar su decepción al haber sido olvidada nuevamente por el castaño, se dirigieron a la salida de la heladería. Dieron unos pocos pasos para alejarse de la entrada y se miraron directamente.
-Estás más… hermosa que antes Akane… -se sonrojo notablemente -por favor cuídate…
Akane sonrió y se ruborizó por aquellas palabras tan sinceras y seguras. Estaba separando sus labios para agradecer el cumplido cuando notó que Shinnosuke modificaba su expresión sonrojada y relajada por una totalmente seria, y que su mirada se desviaba de la de ella. La peliazul giró levemente su rostro para ver lo que observaba el castaño. Sus ojos se toparon con la mirada seria de un par de ojos azul grisáceos. Ella giró por completo para verlo bien, pues se encontraba justo a su espalda.
-Ranma!... -dijo sorprendida.
Antes de que ella pudiera decir nada, el azabache acortó la distancia entre ambos y la rodeó con sus brazos en un envolvente y nervioso abrazo. Su sorpresa no podía ser mayor. Podía sentir el cálido cuerpo de su prometido pegado al suyo, le parecía protector el gesto pero también demandante. Mientras Akane asimilaba lo que estaba sucediendo, no podía ser testigo de que dos miradas azulinas se enfrentaban directamente, en silencio.
Nota: Muchas gracias por leer! Disculpen la tardanza T_T
