Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takamhashi

Sus pasos eran seguros pero los acelerados latidos de su corazón delataban el nerviosismo que se hacía cada vez mayor dentro de él. Se tuvo que limpiar de nuevo una especie de sudor que ya no era provocado por el clima, pues afortunadamente había sombra, sino que era producto de las reacciones corporales por la situación ante la que no estaba preparado. Le dedicó una mirada desconfiada al joven que caminaba delante suyo. Había crecido en los últimos tres años y ahora era todo un adolescente. Es más astuto, más intrigoso y ¡mucho más molesto que antes! Pensaba Ranma y recordaba que una exasperación similar sintió cuando conoció a Satori, delatándolo ante Akane por haber aceptado la ayuda de Shampoo para que arreglara la muñeca que Akane le había encargado a él, obvio la chica de los cabellos morados le había pedido a cambio una cita. Y ahí se encontraba nuevamente con ese "niño" causando incomodidad pero ahora se suponía que en realidad estaba para ayudarle.

-Y tú sigues siendo el mismo torpe de antes porque sabes bien que puedo leer tus pensamientos y aun así te atreves a ofenderme en ellos, se ve que no has aprendido nada Ranma -obtuvo eso como respuesta por parte de Satori que seguía caminando y solamente se limitó a mover los brazos y cabeza en una expresión de mezclada desaprobación y decepción. Ranma simplemente miró hacia otra parte sabiendo que en parte el chico tenía razón.

Doblaron en una esquina y quedaron justamente cerca de una vía principal. Ranma miró alarmado en todas direcciones al notar que Satori se detenía de golpe. El azabache se asomó para poder ver qué clase de expresión tenía el chico que podía leer la mente. Tenía la vista completamente fija sobre una mujer que deboraba un helado junto con los que parecían ser sus hijos pequeños. Era evidente la concentración de Satori en su trabajo por lo que el pelinegro no quiso molestarlo.

-Rayos… hay demasiada gente pero estoy seguro de que debieron caminar cerca de aquí…

Ranma entrecerró los ojos y se puso las manos detrás de la nuca como solía hacer siempre. -¿Cómo dices? Creí que sabías el lugar exacto en el que ella estaba.

-¡Arg! Guarda silencio, poder leer la mente no es cosa sencilla. Debo buscar alguna pista…

-Sí claro… -comentó Ranma bastante incrédulo y curioso al mismo tiempo.

El joven de ojos lilas había dejado de ver a la mujer para concentrarse en uno de los niños con el helado, el cual no estaba pensando nada. Satori bufó y decidió concentrase en un joven que revisaba su teléfono móvil pero lo único que captó es que su novia estaría molesta porque de nuevo él llegaría tarde. Satori sacudió la cabeza un tanto exasperado y decidió probar suerte haciendo uso de su nueva técnica. Con el paso de los años había podido ir descubriendo que los alcances de su don podían ir más allá de lo que pensaba. Siendo un niño bastante perspicaz había logrado tener grandes avances en relativamente poco tiempo y a temprana edad. Cerró sus ojos y se concentró lo suficiente para dejar entrar a su mente el sonido de las palabras de todas las personas a su alrededor, solamente los más cercanos, que eran producto de los pensamientos.

Escuchaba a todos al mismo tiempo en un conjunto de palabras aglomeradas que parecían no tener algún sentido. Se concentró para ubicar palabras clave que le ayudaran para poder encontrar a Akane. "Cabello azul" fue una de las cosas que le llamó la atención. Dejó de dar entrada a todos para poder centrarse solamente en aquel pensamiento. "Me gustaría teñirme el cabello de color azul…" escuchó a una joven. Satori hizo una mueca de desesperación, pues no resultaba ser algo útil. "Como la chica de la heladería…" continuó pensando la joven y entonces esa sí que era una pista que podía ser usada.

-¡Bien! -fue lo que dijo antes de echar a correr en dirección a la pista obtenida. Ranma, que había tenido los ojos cerrados mientras esperaba a que Satori le dijera algo, abrió de golpe los ojos al escucharlo y miró en su dirección.

- ¡Oye! ¡Satori espera! -comenzó a correr detrás de él -Ese mocoso, ni siquiera me dijo nada, es un grosero -se quejaba el azabache al tiempo que lograba alcanzarlo. Vio a Satori mirando fijamente a una chica que se acariciaba el cabello. - ¿Y bien? ¿Encontraste una pista o simplemente estas admirando a la señorita? -preguntó burlón el chico de la trenza.

-¡Já! Ya te dije que mi amor está completamente dedicado a Aka… -No logró terminar la frase puesto que el azabache le soltó un golpe que fácilmente pudo esquivar. Satori le sonrió socarronamente.

-Tienes una boca muy floja que deberías poder controlar y además… -Ranma le sonrió de igual forma -ya deberías saber que no se debe buscar algo con una chica que está comprometida.

-¿Ah en serio? Yo no veo que le digas eso a Ryoga ni a ese tal Shinnosuke… -acercó su cuerpo hacia el azabache que al parecer le había tomado por sorpresa ese comentario -¿será porque soy más joven y solamente así te atreves a defenderla?

-¿Qué dijiste? ¿Qué estas queriendo insinuar mocoso? -Ranma comenzaba a perder la paciencia.

-Yo nada -Satori se dio la vuelta para buscar la heladería -nuestra querida Akane se encuentra cerca…

Ese comentario hizo que el azabache diera un pequeño sobresalto. Había olvidado los nervios que se apoderaron de él cuando se decidió a ir en su busca. Tranquilízate Ranma Saotome… las cosas no podrían repetirse… a su mente acudían las imágenes de lo vivido en Ryugenzawa, cuando la encontró sentada al lado de su rival. Aquello le hizo apretar sus puños. En ese momento Satori vislumbró la heladería donde Akane y Shinnosuke había entrado. Confirmó sus sospechas al leer la mente de una jovencita que animada entraba al local, pues el nombre que habitaba aquella mente era nada más y nada menos que el del acompañante de Akane.

-Espero que el entusiasmo lo conserves porque Akane se encuentra justo ahí…

Ranma estuvo a punto de reclamar por invadir sus pensamientos pero se detuvo al ver aquel dedo que señalaba lo que parecía ser un establecimiento de helados, uno lo bastante rosa y femenino como para solamente acudir en su forma de mujer, por lo que no sería capaz se entrar siendo el gran Ranma Saotome.

-E-es-tas seguro que.. que está a-ahí… -aquello ni siquiera sonaba a una pregunta, más bien eran casi balbuceos que provocaron exasperación en el más joven. Al notar el azabache que estaba quedando como un cobarde de nuevo, muy dignamente se aclaró la garganta y mejoró su postura corporal para denotar mucha seguridad aunque tuvo que girar su cabeza hacia el otro lado para que Satori no notara su sonrojo. Luego de recomponer su dignidad y su imagen se colocó a un lado del ojivioleta. -Bueno, ¿qué estamos esperando?

Satori no dijo nada simplemente se limitó a enarcar una ceja y emprender el camino. Cruzaron la calle y caminaron hacia el local de helados. Veían entrar y salir gente de todas las edades, en solitario y acompañados, hombres y mujeres. Se quedaron justo delante de las puertas automáticas, en silencio y aparentemente sin tener algo en mente,

-¿Qué hacemos aquí? Entremos. -dijo Satori que se dispuso a dar un paso hacia adelante pero fue detenido de inmediato por una mano un poco temblorosa del azabache que se posó sobre su hombro. El más joven tuvo que voltear a verlo para darse cuenta de que Ranma estaba más nervioso. -¿Es en serio? ¿Dónde quedó toda esa seguridad? -expresó irónico.

-Me-mejor vamos a ver desde afuera -logró decir el joven de la trenza.

-¿Es una broma verdad?

-No… -Ranma se llevó a Satori casi a rastras para quedar justamente pegados a uno de los cristales cerca de la entrada. Las personas que pasaban los miraban, como era de esperarse, con expresiones diversas y no se hicieron esperar los cuchicheos.

-Ranma esto es ridículo, solamente tenemos que entrar y si no quieres que Akane sepa que la has estado siguiendo entonces nos colocamos en alguna mesa cercana a la de ellos, no me gusta la forma en la que la gente nos mira por culpa tuya -se quejó pero no obtuvo respuesta. No tuvo que mirarlo mucho más que de reojo y saber lo que pasaba por la mente del de la trenza. Satori solamente sonrió y se quedó ahí en silencio mirando dentro de lo posible a la pareja que se encontraba al interior del establecimiento.

Por su parte Ranma observaba con toda la atención del mundo para no dejar escapar detalle alguno. La vio ahí tan radiante y sonriente, tan pura en sus expresiones cuando no estaba de mal humor, mandándolo a volar o propinándole demoledores golpes. De lejos le parecía otra persona por aquellas reveladoras prendas. No pudo evitar fruncir el ceño una vez que dejó de observarla para ver a su acompañante. Ese molesto individuo que lo hizo pensar que la había perdido para siempre. Jamás olvidaría la forma en la que él le tomaba la mano mientras caminaban en el bosque o cuando le escuchó pedirle que preparara la cena, como si fueran una pareja que habla de su rutina viviendo juntos. Aquellos recuerdos le comenzaban a provocar un calor incómodo en el cuerpo, haciendo que el enorme cristal de la tienda vibrara sutilmente ante el contacto de su mano apoyada.

-¿Puedes leer su mente desde aquí? -se atrevió a preguntar en un tono serio sin apartar la vista de su prometida y su rival.

-No, tal vez… no del todo… -comenzaba a explicar Satori -de preferencia no debe haber barreras físicas.

Ranma no hizo comentarios acerca de lo que le dijo pero dejó salir un audible rechinamiento de sus labios el cual se pudo interpretar como molestia de su parte. De pronto vio algo que le hizo entrar en alerta. La mano de aquel hombre que seguía con vida gracias a su prometida, se acercaba peligrosamente al rostro de Akane. Ese cretino… no te atrevas… Los pensamientos se escuchaban fuerte y claro para Satori, quien miraba expectante la escena. Al final esa mano tomó entre los dedos un fino mechón de cabello azulado. La parte del gran vidrio que se hallaba bajo la mano de Ranma comenzó a mostrar unas muy delgadas líneas. El joven de ojos lilas jaló de inmediato al de la trenza haciéndolo casi caer de espalda.

-¡Pero qué te pasa! -le reclamó el azabache.

-¿Estas loco? ¡Casi rompes el cristal y yo no pienso ayudarte a pagarlo!

El azabache lo miró con molestia pero aquello había logrado cortar el sentimiento de rabia que se acumulaba y crecía dentro de sí mismo. Aún no superaba el haber sido interrumpido tan abruptamente cuando de pronto fue arrastrado desde su trenza sin previo aviso. Satori se lo llevó a toda velocidad hasta la esquina de aquella calle. Ranma se levantó furioso y tomó al otro muchacho por el cuello de su camisa.

-¡Qué demonios te pasa, quién te has creído para arrastrarme de esa forma maldito chiquillo!

-¡Tranquilízate! No tuve otra opción… -señaló con su mano en dirección donde estaban segundos antes.

Ranma agrandó los ojos al ver a Akane con Shinnosuke salir de la heladería, tan concentrado e impactado estaba que dejó caer al pobre muchacho al soltar el agarre. Satori se quejó y al levantarse se sobó el trasero que fue sobre lo que cayó e iba a reclamar pero Ranma lo jaló del brazo para que ambos se escondieran justo detrás de unos maceteros, solamente se notaban sus cabezas asomadas entre las enormes hojas de las plantas.

-¡Oh vaya! Me pregunto si estarán despidiéndose… o tal vez vayan a otra parte. ¡Claro! Eso debe ser, solamente un completo idiota sería capaz de desaprovechar la oportunidad de salir con Akane. Porque obviamente ella es una chica muy bonita y con ese atuendo ella se ve realmente… -Satori detuvo su discurso al ver que Ranma se había salido de su escondite para caminar hacia donde estaba Akane. Eso le hizo sonreír triunfalmente. -Muy bien Ranma, hasta que estás haciendo las cosas como deben ser…

El azabache se acercaba poco a poco y, contrario a todo lo que imaginaba anteriormente, lo hacía con toda la tranquilidad del mundo. Su respiración se había vuelto estable y no tenía nada en mente, sencillamente quería acercarse y estar al lado de Akane, hacer acto de presencia para que Shinnosuke fuera consciente de que ella aún estaba comprometida. Logró escucharlo halagarla por lo que su expresión anteriormente neutra se convirtió en un ceño fruncido. Lo observó sonrojarse para luego poner un rostro serio al advertir su presencia. Eso estaba bien. El menudo cuerpo de su prometida estaba justo delante de él. Ella giró y entonces él miró aquel níveo rostro fugazmente e intercambió una mirada. Ella estaba sorprendida y él la miraba con seriedad, no podía evitarlo dadas las circunstancias. Su cuerpo reaccionó de forma inmediata y mucho antes que sus pensamientos inclinándose un poco para poder rodear el cuerpo de Akane en un abrazo. La abrazó tan firme como pudo ya que su cuerpo comenzó a temblar al darse cuenta de lo que había hecho. Temía que fuera rechazado pero ya estaba hecho. Lo único que pudo hacer fue mirar directamente a los ojos a su rival. Los ojos del otro joven se clavaron en los suyos pos unos segundos que parecieron pasar muy lentamente. El cuerpo de Akane se había sentido ligeramente rígido al inicio pero ahora se dejaba rodear por el suyo sin resistencia. El joven que estaba delante de él esbozó una sutil sonrisa, no era de burla ni de sarcasmo o superioridad, simplemente una sonrisa que podría interpretarse de resignación. Se dio cuenta de que movió los labios pero no salió sonido, solamente dibujó una palabra tan marcada que la interpretó de inmediato y luego de aquello, Shinnosuke desapareció de su vista.

Ranma relajó su cuerpo y dejó salir el aire contenido dentro de sus pulmones. Cerró los ojos y en casi nada los abrió de golpe al notar que aún tenía a su delicada prometida entre sus brazos. Se sonrojó de inmediato y comenzó a temblar aún más que antes. No quería soltarla porque jamás la había abrazado de esa manera salvo años atrás cuando reaccionaba así ante el estornudo de otros por causa de la mala jugada de Shampoo. Demonios y ahora qué voy a hacer… cómo va a reaccionar. ¡Akane va a matarme!

Poco a poco fue soltando el abrazo hasta poder dejarla libre. Su corazón latía a mil por hora y el calor subía a su rostro sin poder evitarlo. Bajó con mucho temor la mirada pero no era posible verla puesto que el flequillo de la peliazul se lo impedía. Había un notorio sonrojo en las mejillas de Akane. Serán de enojo o acaso… Ranma interrumpió sus pensamientos al verla girar hacia donde estaba Shinnosuke y al no encontrarlo le dirigió una extraña mirada.

-A..a-akane… -comenzó a decir nervioso -Akane yo… bueno… es que tú… y… y… es que él…

-No es necesario... -dijo ella muy bajito -quédate aquí… -ella bajó la mirada y luego pasó de largo -quédate aquí y no me sigas por favor…

Ranma quedó completamente perplejo, en shock, sin poder moverse ni mirar hacia donde Akane había ido. Era obvio que ella estaba incómoda con su presencia y que él había hecho mal al estar dispuesto en hacer caso a todas las estúpidas sugerencias del mocoso que podía leer la mente. Apretó sus manos hasta volverlas puños en una clara expresión de casi furia. Soy un completo idiota… dejó que pasaran los segundos y entonces relajó las manos, derrotado, asimilando poco a poco tanta intensidad en tan pocos minutos, momentos antes había disfrutado del calor de aquel abrazo y ahora estaba ahí, con la frialdad de la incertidumbre. Ya no había nada qué hacer en aquel lugar y sin más comenzó a caminar a ningún sitio en concreto pero al cruzar la esquina sintió un enorme golpe en la cabeza y todo se volvió negro.