Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

A pesar de que eran segundos los que habían transcurrido desde que sus miradas se encontraran, para la joven de azulados cabellos se había detenido el tiempo. Sin darse cuenta, se encontraba aspirando profundamente el suave aroma de su prometido. Y no solamente eso, sino que sus latidos se habían sincronizado con los de él sin que ella lo supiera. Habría permanecido de esa forma por tiempo indefinido de no ser porque el azabache relajó el cuerpo de golpe, soltando el placentero abrazo. Fue breve pero emocionante… se sonrojó ante sus propios pensamientos y descubrirse emocionada por lo que había ocurrido. Evitaba la mirada de su prometido, ante los nervios de ser descubierta, cuando en ese momento recordó que no estaba sola antes de que llegara Ranma, y al buscar con la mirada, se dio cuenta que Shinnosuke ya no estaba ahí. Volvió la mirada hacia Ranma, preguntándose qué habría pasado, aunque la respuesta era más que obvia.

-A..a-akane… -comenzó a decir nervioso -Akane yo… bueno… es que tú… y… y… es que él…

Antes de que él continuara dando su atropellada explicación, la chica tuvo la sensación de que debía hacer algo.

-No es necesario... -dijo muy bajito -quédate aquí… - bajó la mirada y luego pasó de largo -quédate aquí y no me sigas por favor…

Con sus mejillas aun ligeramente sonrojadas, Akane se adentraba en la heladería donde minutos antes conversaba con el chico de mala memoria. No era necesario que viera la enorme cantidad de opciones, pues en su cabeza tenía ya listo el pedido desde que Shinnosuke se lo comentara. Para su desgracia, la fila para pagar y pedir era un poco más larga que cuando estuvo allí, por lo que demoraría más de lo que había pensado. Con resignación se formó. Cada quince segundos se asomaba con gesto cada vez más impaciente. Tendría unos escasos tres minutos esperando, pero a ella se le había hecho toda una eternidad. Debí haberle dicho a Ranma que me esperara cerca de aquí o afuera… miró sus manos de manera tímida, cayendo en cuenta que los nervios de aquél abrazo le habían hecho reaccionar con torpeza, alejándose del atolondrado chico de la trenza, sin explicarle ni decirle que no se fuera. De pronto, el recuerdo del aroma de su prometido aumentó el calor en sus mejillas y en casi todo su cuerpo. De hecho, sentía que su cuerpo se llenaba de esa sensación extraña que hacía pocos meses comenzaba a aumentar cuando estaba cerca de él. Se llevó una mano al pecho, cerca del lugar donde debía estar el corazón, en un intento por querer calmar los fuertes y algo apresurados latidos de su corazón. Tranquilízate Akane, después de todo vivimos en la misma casa, ya deberías estar acostumbrada a su aroma, a su forma de verte y…

-¡Señorita!

Una voz femenina le hizo salir de sus pensamientos. Sin darse cuenta, la fila había avanzado al grado de haber un enorme vacío entre ella y el aparador, por lo que Akane se encontraba deteniendo el avance de la fila. Esta vez el sonrojo de su rostro fue de vergüenza y rápidamente se acercó hasta la chica que le llamaba para poder atenderla.

-Discúlpame, estaba distraída en mis pensamientos -inclinó la cabeza -realmente lo siento…

-Sí, sí… como sea -respondió la mujer con tono nada amable.

Akane la miró con curiosidad mezclada con la sorpresa por el trato tan desganado que le estaban dando. Es verdad que estaba distraída, pero no consideraba que merecía tal trato. Estando a nada de reclamar por la forma tan grosera de la empleada, cayó en cuenta de que ya había visto a la chica que estaba ahí. Se trataba de la joven de cabello castaño claro que momentos antes había mostrado mucho entusiasmo ante la aparición de Shinnosuke. Akane se relajó un poco, entendiendo que la confundida chica probablemente habría pensado que el chico de mala memoria tenía algo que ver con ella.

-¿Aún sigue distraída en sus pensamientos, se-ño-ri-ta? -enfatizó con gesto molesto y casi arrastrando las palabras en aquellos dientes apretados del disgusto.

Pero qué grosera… no importa que sean celos… pensaba Akane ya fastidiada de la actitud sobreactuada de la chica, pero dadas las circunstancias de tiempo, se limitó a realizar el pedido.

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Unos ojos de color lila observaban atentamente aquella escena. Para él, que tenía el don para leer los pensamientos de los demás, era como estar mirando una película en vivo. Se enterneció al descubrir los sentimientos de la bella joven peliazul en aquel abrazo con el bruto de la trenza. Luego, pasó saliva de forma trabajosa al sentirse en el papel del azabache ante los nervios de salir volando de aquél lugar por el atrevimiento. Cuando vio al rival de la coleta marcharse, sintió una especie de lástima al saberse derrotado en el amor, hasta se limpió una imaginaria lágrima.

-En realidad son todos tan buenas personas… -se dijo Satori con una sonrisa, que después dio paso a una cara de desconcierto al mirar que la chica dejaba solo a Ranma y también son muy bobos… oh vamos tonto ve por ella… no, no ¿qué haces Ranma?... ¡demonios!

Satori salió de su escondite para seguir al azabache quien, ajeno a las verdaderas intenciones de Akane, abandonó el lugar; primero a paso lento, después un poco más rápido. -Demonios Ranma… eres un tonto… debiste darte la vuelta para verla ¡los adultos son tan torpes! -se quejaba de frustración el adolescente, ante las miradas curiosas de los que le veían pasar. Paró en seco al reconocer cierta figura, y por cabeza pasó una idea antes de seguir al chico de la trenza.

Por su parte, Ranma caminaba decidido a alejarse de su prometida, si es que aún lo era. De todas las reacciones posibles, fue la que menos esperaba y la que, sin siquiera saberlo, le había dolido más. Le pareció haberla visto sonrojada, pero debió haber sido a causa de reprimir todo el coraje y para no tener que mandarlo a volar de un golpe o una patada. Debí suponer… que Akane aceptaría un encuentro con Shinnosuke, después de todo él quería comer todo lo que ella preparada por el resto de… sus pensamientos y recuerdos le hicieron hervir la sangre de coraje y golpeó la pared, dejando en ella una grieta. Se miró el puño y suspiró pesadamente. Con resignación, siguió su camino y al doblar la esquina, Satori aprovechó para golpear la nuca del azabache y dejarlo inconsciente sobre la acera.

-¡Uf! Pensé que no lo lograría -alzó sus manos para observar el par de patines que le sirvieron como arma para noquear a Ranma -vaya que son efectivos, muchas gracias por prestármelos -expresó con una gran sonrisa al tiempo que le daba la cara a una chica de hermosos y enormes ojos verdes. Ella parpadeó repetidas veces y después le devolvió la sonrisa.

-De nada. Estos patines son mis favoritos y nunca fallan ¿no es así querido Jean Monroe? -le preguntó al pato que llevaba sobre su hombro izquierdo. Los lentes de fondo de botella del pobre animal ya estaban rotos, tenía la lengua de fuera, además de que su cuerpo se hallaba completamente atado con listones. Satori se acercó observando con atención al animalito.

-Oye, ¿tu mascota se encuentra bien? ¿no está muerto?

-Claro que no, no seas bobo -abrazo al pato y luego lo alzó con sus manos mientras ella le mandaba besos. El adolescente de ojos lila puso cara de miedo y dio un paso para atrás. -Lo rescaté de un restaurante de comida china. Lo tenían haciendo trabajo de mesero ¿puedes creerlo? ¿cómo puede haber gente tan mala en el mundo? Hacerle daño a un pequeño animalito y tratarlo como un objeto, ¡es imperdonable! -los enormes ojos de Azusa se llenaron de lágrimas.

Definitivamente esta mujer está completamente loca

El movimiento del cuerpo de Ranma hizo que los pensamientos de Satori se interrumpieran de inmediato.

-¡Oh! Parece que tu amigo ya despierta, ¿necesitas que le de otro golpe? -levantó amenazante el par de patines.

-No, no, no, no… así está perfecto, gracias -meneaba sus manos el muchacho de forma nerviosa -será mejor que no te vea, yo me encargo. Muchas gracias por el favor -guiñó un ojo de manera amigable, provocando un ligero rubor en las mejillas de la ojiverde.

-¡Está bien! Vámonos Jean -se alejó con sus patines en una mano y en la otra llevaba al inocente Mouse.

Luego de escuchar un suave cuak que hizo eco en aquel pasillo, Satori se encargó de amarrarle las manos a Ranma antes de que se despertara por completo. Espero que Akane ya haya salido y podamos encontrarla o nada de esto habrá valido la pena.

-Rayos… mi cabeza… qué fue lo que sucedió… Ranma aún tenía los ojos cerrados mientras se quejaba, y al abrirlos, se dio cuenta de que el escenario era distinto a lo que recordaba. Estaba en la calle pero no sabía dónde. Al querer incorporarse se percató de que sus manos se encontraban inmovilizadas. -¡Pero qué demonios! ¿Quién me hizo esto? ¿Dónde estoy? -habló con fiera voz.

-Ah… tranquilízate Ranma, estas a salvo conmigo.

-Mocoso, ¿qué fue lo que me hiciste? ¿Por qué me tienes atado?

-Por torpe -respondió con desgano.

-¿Qué dijiste enano? -el azabache estaba más molesto que antes ante la actitud sospechosa de Satori.

-Lo que escuchaste. Mira Ranma, si no fueras tan bruto yo no estaría perdiendo mi tiempo y tú no estarías en esta situación tan vergonzosa -dijo con voz altanera.

-Nadie te pidió que perdieras el tiempo conmigo… -se quedó pensando -un momento, ¿alguien te envió para hacerme esto? -preguntó con inquietud.

-Mmm… ah… quién sabe -fingió desinterés y se estiro perezosamente -tienes mucha imaginación pequeño Ranma, pero ya me distraje lo suficiente. Gracias por el momento tan divertido -sonrió burlonamente -¡nos veeeemooos! -le dijo con cantarina voz al tiempo que se encaminaba hacia la calle.

-¡Esperaa! ¡Detente Satori a dónde crees que vas! -le gritó sin obtener respuesta. Maldito mocoso, me las pagarás, ¡esto no se quedará así! Se puso de pie sin hacer uso de sus manos e inició la carrera detrás del chico de cabellos morados.

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Akane salió de la heladería y su sonrisa de satisfacción se vio opacada ante el hecho de no ver a su prometido por ninguna parte. Caminó una calle hacia atrás y otra hacia adelante tomando como referencia la tienda de helados. Luego dio la vuelta a la cuadra y no, no lo encontró. No podía ir dando saltos por todas partes y llamar la atención con la falda tan corta que llevaba. Optó por seguir su instinto y caminar hacia adelante un par de calles. Seguramente ese bobo malinterpretó todo y se fue… suspiró pesadamente la boba en realidad fui yo, por no decirle nada… se detuvo y bajó la mirada, viendo la caja que llevaba en su mano.

-Ranma lo siento… me fui sin avisarte y… y me habría encantado comer este helado contigo… -apretó con más fuerza la agarradera de la caja. -Akane eres tan torpe… -unas traicioneras lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, a consecuencia de la frustración y molestia consigo misma, cuando un grito le hizo reaccionar.

-¡No huuuyaaas! -se escuchó cerca la voz de Ranma.

-¡Ranma! -Akane corrió en dirección a la voz. Me pregunto qué sucede… se detuvo esperando encontrarlo. Iba a gritarle cuando lo vio saltar una barda justo detrás de ella. -¡Ranma! -corrió tras de él. ¿Por qué llevara las manos amarradas a su espalda? Pensó mientras lo veía correr delante de ella.

Ranma estaba tan entretenido que no vio que Akane le seguía y Satori tuvo el cuidado de no ser visto por la peliazul.

Bien, la bella Akane ya viene tras Ranma, así que será mejor usar el último truco… sacó de uno de los bolsillos de su pantalón, un pequeño petardo que encendió y traviesamente lo arrojó por encima de la cabeza de Ranma, quien sonrió con burla.

-Que mal tino tienes mocoso

-¡Cuidado tonto Saotome, atrás de ti! -le gritó el susodicho.

-¿Qué? -giró la vista atrás y sus ojos se agrandaron al ver a la mujer que seguía sus pasos. ¡No puede ser! Detuvo sus pasos en seco, frenando con fuerza -¡Akane, cuidadooo!

La chica de cabellos azules se detuvo al instante, viendo cómo su prometido la miraba fijamente. Ladeó la cabeza sin comprender muy bien lo que ocurría.

-Esa boba, no sabe cuidarse sola, ¡aaaaaaaahhh! -rompió sin mucho esfuerzo las ataduras de sus manos y a toda velocidad, corrió hacia la menor de las Tendo, hasta acortar la distancia y tomarla en brazos; un microsegundo después, el pequeño explosivo cayó justo donde ella estaba. Ambos miraron el objeto, esperando una explosión de peligro, sin embargo, solamente salieron pequeñas luces, unas cuantas serpentinas y confeti.

Los dos jóvenes tenían cara de no creer lo que acababan de ver. Estuvieron así, ella en su pierna y rodeada de sus brazos, y él abrazando con fuerza el cuerpo de la fémina apoyado sobre una rodilla, hasta que notaron que ya había ocurrido todo. Se miraron instintivamente y un leve color carmín cubrió las mejillas de ambos. Miraron en otra dirección al descubrirse en una posición un tanto comprometedora.

-Ranma…

-Akane…

-Lo siento, es que él arrojó esa cosa… y tú estabas… -trataba de explicarse torpemente mientras soltaba su agarre, aunque ella aún permanecía sobre su pierna.

-Ranma qué estabas… -estando a punto de cuestionarlo, notó que sus manos se encontraban vacías -¡no puede ser! ¿Dónde? -buscó desesperada con la mirada hasta descubrir que la caja venía en picada desde el cielo -¡Ranma, no dejes que caiga al suelo! -apuntó con un dedo el objeto que caía. El azabache se levantó y de un saltó tomó con seguridad la caja en las manos.

-¡Já! Pan comido -dijo con altanería. Entonces miró a su prometida, descubriendo que al levantarse la dejó caer al suelo. Akane se sobaba el trasero y su gesto fruncido por el dolor fueron la clara señal para Ranma, de que habría problemas. -A-Akane, l-lo siento… es que tú me dijiste… -sus palabras abandonaron sus labios cuando sin querer, miró las piernas de su prometida, el calor subió a su cara haciéndole arder por dentro. Se dio la vuelta de inmediato y entonces notó que estaban en la calle y que muchos ojos miraban la escena. Frunció el ceño de disgusto por la exhibición que podría representar su prometida a los ojos de otros hombres. Se acercó hasta ella con seguridad, y hasta modo sobreprotector, para luego ofrecerle la mano.

-Duele… -ella lo miró con reproche en los ojos y tomó su mano para ayudarse a levantarse. Una vez estando de pie se sacudió la ropa y encaró a su prometido -¡Ranma! Eres tan brusco y… -Akane notó exactamente lo mismo que su torpe azabache. Había personas observando todo. Como acto reflejo ella le tomó de nuevo la mano y jaló para salir de ahí.

- ¡Ven! Vamos a otra parte

- ¡Oye! ¡Akane!... -se dejó llevar por ella.

Unos atentos ojos lila observaban a la pareja y una gran sonrisa se dibujó en aquel jovial rostro. Sacó un pequeño teléfono celular desde el que se dispuso a enviar un mensaje "ya está hecho".