Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

-Akane… -dijo en un susurro el trenzudo prometido.

Ranma vio, como queriendo que fuera una pesadilla, un corte en la cara de Akane. No parecía ser profunda pero era lo suficiente como para hacerle sangrar y esto le asustó… jamás creyó ver sangre en ella y mucho menos observarla completamente envuelta en un duelo de ese calibre. Pese a ser una chica violenta con él, y reconociendo que en muchas ocasiones provocada por él mismo, siempre la había considerado una chica tranquila, pacífica y que prefería no entrar en peleas con otras personas. Los retos del dojo Tendo eran parte de su trabajo más no una regla en su vida. Pero esto era diferente y, además, estaba el otro factor: Shampoo. Le daba la impresión de que aun cuando ella había hecho la declaración de ser su prometida también y pese a las tretas que hiciere años atrás, con el tiempo se formó una especie de amistad y camaradería entre todos. Eso incluía a los admiradores y sofocantes perseguidores de su prometida de cabello azulado. Sin embargo, este duelo no parecía algo entre, si bien no amigas, un par de conocidas que trataban de llevarse bien y compartir aventuras varias.

El ánimo en los espectadores no se hizo esperar. Los alumnos del dojo animaban a su profesora.

-¡Tendo sensei usted puede!

-¡Usted es la mejor Tendo sensei!

-Yo apuesto por la del restaurante chino, se ve que tiene más fuerza -opinó un sujeto.

-No, yo creo que tomó desprevenida a la hija de Tendo -dijo otro hombre que estaba cerca.

-Yo apuesto por la china -dijo un tercero.

-Yo apuesto por mi maestra, ¿cómo se atreve? -intervino molesto el tercero de los alumnos del dojo.

La gente comenzó a involucrarse con apuestas y comentarios. Ranma miró fastidiado todo el show que se estaba dando en el lugar. Nunca se imaginó escuchar una discusión acalorada entre sus alumnos y los seguidores o clientes favoritos de Shampoo. Esto es una locura, debo separarlas cuanto antes… pensó el azabache.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

A distancia de aquel lugar del encuentro, una anciana daba órdenes al por mayor a un joven alto y de gruesos lentes dentro de un restaurante de comida china.

-¡Vamos muchacho! Hay muchos pedidos. Mira que andar perdiendo el tiempo como pato en manos de aquella chiquilla, ¡eres un sinvergüenza!

-Cállese vieja momia. Ya le dije que fue culpa de Shampoo, yo tenía intenciones de acompañarla pero ella me arrojó agua -se defendió el joven de los lentes gruesos.

-¿Cómo me llamaste, insolente? -la ofendida anciana le propinó un golpe en la cabeza con su bastón. -Ahora que lo dices, ya se ha tardado bastante mi nieta -entrecerró los ojos, pensando en qué estaría haciendo Shampoo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Akane podía sentir una sensación diferente a todas las que había experimentado hasta ese momento en su vida como artista marcial. Ciertamente era emocionante enfrentarse a retadores que venían en posición de probar fuerza con los representantes del dojo Tendo, pero lo que ocurría en el interior de su cuerpo, en este preciso momento, era algo nuevo, algo similar a sus encuentros defendiendo el dojo de la familia pero a su vez distinto en gran manera. Su corazón palpitaba con fuerza y velocidad, sentía sus manos y piernas calientes, listos para actuar. Se irguió por completo, observando con curiosidad la punta de la lanza con la que Shampoo le amenazaba. Momentos antes, cuando aquella le atacó, primero usó uno de sus pomporis pero de inmediato éste reveló que tenía oculto en el interior una afilada punta, convirtiéndose así en una lanza. Como siempre, es una tramposa… se dijo así misma y no pudo evitar sentirse torpe al olvidar con mucha facilidad la principal característica de la china.

Una ráfaga de viento refrescó su cuerpo, pues el calor de su interior era cada vez mayor ante el combate iniciado. Le pareció que su cara ardía y no pudo evitar llevarse una mano a su mejilla izquierda. Su sorpresa no se hizo esperar. Sin haberlo visto ni sentido, la pelimorada le había acertado uno o dos rasguños en el pómulo. ¿En qué momento había sido aquello? Su mente regresó a la escena del ataque previo. Justo cuando Ranma había sido lanzado, como acto reflejo ella miró en su dirección y, aprovechando ese momento, Shampoo había realizado dos movimientos rápidos con su pompori. Akane no había visto que la lanza oculta en el interior en realidad dejaba salir una pequeña pero afilada punta por el centro del arma. Al sentir el ardor en su rostro lastimado y notar que bajo la palma de su mano se sentía húmedo, corroboró que sangraba. Ni siquiera quiso mirar su mano y tomó de nueva cuenta su posición de lucha. Su corazón dio un nuevo salto dentro de ella, sentía que palpitaba aún más aprisa.

Era la primera vez en la historia de sus encuentros con la chica de ojos carmesí, o con cualquier otra mujer que perseguía a su indeciso prometido, que presenciaba sangre ya fuera suya o de la otra persona. Estaba fascinada por lo que ocurría, se sentía novata en ese momento. Una sonrisa surcó su rostro y un brillo en sus ojos apareció tan vigorosamente que no fue algo inadvertido para la china de cabellos morados.

No entiendo por qué me mira de esa manera, pero no me agrada. Pensó la autoproclamada prometida del chico Saotome.

De forma imprevista, incluso para ella misma, Akane Tendo se lanzó contra su adversaria en una clara intención de ataque. La otra mujer sin tiempo para esquivar se cubrió con sus armas, las cuales se rompieron al instante luego del poderoso contacto de la patada certera dada por la peliazul, a quien le pareció increíblemente satisfactorio sentir bajo la planta de su pie cómo destrozaba aquellas cosas espantosas que habían usado para causarle cortes en la cara.

Con una evidente sorpresa plasmada en su rostro, la joven de China tuvo que parpadear un par de veces para asegurarse de que la que había hecho tal cosa no era otra sino Akane. De alguna forma, siempre habían tenido encuentros demasiado sencillos en los que se declaraba la rotunda ganadora, y el hecho de no aplicar de una vez y por todas el beso de la muerte, era porque ya se había adaptado a su vida en Japón, haciéndose cargo del restaurante con su abuela y teniendo divertidos encuentros con sus competidoras de amor. Pero el sentir que Akane se estaba convirtiendo en una verdadera rival, encendió en la amazona esa chispa de guerrera que tenía tanto tiempo dormida. Vino a su mente el recuerdo de aquella ocasión en que besó la mejilla de la chica de cabellos azulados cuando, buscando a su amor de la trenza, se dio cuenta de que no estaba solo. Por aquellos tiempos sintió un atisbo de pena al descubrir que la prometida Tendo era tan sólo una chica con actitud violenta pero infantil, artista marcial pero inmadura en la batalla, contrincante en el amor pero prometida y protegida de aquel joven que le había robado el aliento. Akane Tendo era ni más ni menos que una persona intocable, porque si algo le pasaba su airen se enojaría y porque en realidad era frágil, de fácil eliminación.

Miró de reojo a su motivo de pelea, ahí estaba aquel joven de ojos azules, con una expresión más que de enojo de sorpresa. Eso la relajó momentáneamente pero sabía que si aquello continuaba y si se salía de sus manos, pronto tendría a un Ranma Saotome más que molesto. Una gota de sudor cayó por el rostro de la amazona. Tiró a un lado los pedazos de sus herramientas de pelea y sacudió sus manos, quitando el polvo y las astillas de su ropa.

-Muy bien Akane, te felicito. Parece que ahora tendremos una pelea de verdad -mostró una sonrisa ladina al tiempo que se acomodaba para continuar con el enfrentamiento.

-Estoy lista… cuando quieras, Shampoo… -respondió confiadamente la chica de cabellos cortos.

Por su parte, el pelinegro se había quedado absorto observando la escena completa. Le pareció que el movimiento certero y veloz de su prometida había sido la cosa más espectacular y espeluznante que jamás sus ojos miraran antes. No era consciente de que su cuerpo estaba alterado en su interior, la adrenalina de ver la pelea entre las dos mujeres era el signo claro de la preocupación por la seguridad de Akane. También el palpitar creciente de su corazón le indicaba el peligro para su prometida ya que podía detectar el aura de violencia latente en los ojos de la mujer-gato. Akane… ¿qué está sucediendo aquí? Se preguntó y le preguntó también a ella en su mente, como quien apenas puede dar crédito a lo que ve y su cerebro por fin está atando cabos, aterrizando lo que ocurre. No tuvo más tiempo a idear un plan de interrupción para la pelea, antes que pudiera decir nada, Akane le había arrojado su pequeño bolso donde cargaba sus cosas de mujeres dijera él, evidentemente ella estaba dispuesta a dar continuación con la afrenta y al parecer el accesorio le estorbaría.

-¡AKANEEE! -gritó con fuerza y extendió una mano por medio de la cual solamente pudo sentir, con la punta de sus dedos, los finos y lacios cabellos de la joven Tendo que se escaparon como agua.

La gente se encontraba sumamente emocionada, de la nada ya habían sacado algunos hombres unas sillas y bancos para sentarse y presenciar cómodamente la pelea de las dos hermosas chicas. Había aclamaciones por todas partes y la cantidad de personas que se amotinaban rebasaban la capacidad de los estrechos pasillos del jardín en el que estaban, aunque el escenario de pelea era la parte más amplia y despejada del lugar. Un joven de cabellos y ojos lilas, ocultos con unas gafas oscuras, se encontraba en una pequeña mesa organizando apuestas y tomando fotografías inéditas del evento.

Tendo atacó con una patada directo al rostro de la china, ésta se defendió colocando sus brazos frente al rostro, pero eso no fue suficiente, pues cuando bloqueaba tremenda patada, Akane dio un giro veloz para asestar el siguiente golpe en el costado izquierdo de su rival. La mujer de China sintió cómo parte de su aire se escapaba por causa de ese ataque y trastabilló hacia atrás. Se tocó la zona afectada y respiró con dificultad. Su mirada clavada en la practicante del estilo libre, su corazón acelerado y en sus venas corriendo la palpitante sangre, pero además, estaba ese instinto asesino cada vez más llameante, era como si con cada estocada de Akane se fuera reactivando su impulso amazónico. No dejó pasar mucho tiempo y reponiéndose de su descuido, se lanzó con fuerza sobre la chica del dojo Tendo. Primero se arrojó con un codazo e intuyendo que ella podría bloquear ese ataque, con astucia se agachó, apoyando una mano sobre el suelo giró con su pierna derecha extendida e hizo caer a la Tendo al hacer contacto con sus piernas.

El murmullo de los varones no se hizo esperar pues algunos no solamente estaban atentos a la gran pelea sino también a las bellas figuras de esas dos jóvenes. Esto hizo que la indignación del azabache fuera mil veces por encima de la que ya estaba sintiendo. En un acto inconsciente, y dicho sea de paso que fue como ayuda a sus nervios, tomó las cámaras de algunos hombres y adolescentes con las que estaban grabando la pelea y fijando sus objetivos sobre las piernas de su protegida, haciéndolas añicos sin dejar de ver la contienda.

Aplicando un rápido kip up Akane se levantó y en cuanto tocó suelo firmemente con sus pies la china se abalanzó nuevamente contra ella, dándole tiempo apenas para con sus brazos cubrirse de una descomunal patada. Sus brazos le dolieron al sentir el contacto del empeine de la otra mujer. Sin poder evitarlo una mueca de dolor se formó en su rostro, esperaba que aquello no le hubiese fisurado sus huesos, sin embargo, eso sería confirmado hasta que pasara todo. Después de ser arrastrada unos pasos atrás por la patada, se cubrió con un solo brazo y con su mano libre afirmó por el tobillo el pie de la pelimorada, ejerciendo la fuerza suficiente para quitársela de encima y garantizando distancia entre ambas.

Las dos se quedaron en su lugar recuperando un poco de aliento. La mujer de ojos carmín tenía una sonrisa confiada pues sabía que había causado malestar en ese último ataque. Por su parte, la chica de ojos avellana mostraba completa seriedad, una concentración absoluta, pero con la seguridad de que estaba dando una pelea digna. Ambas habían recibido golpes certeros y tenían molestias en sus cuerpos, pero ninguna estaba dispuesta a detenerse hasta no haber dado lo último de ellas y ser la triunfadora del encuentro.

Shampoo fue la primera en romper el descanso. Arrojó con velocidad y fuerza un puñetazo al rostro de Akane; ésta detuvo el golpe con una mano y con la que le quedaba libre lanzó un puñetazo de igual forma que su atacante. La china detuvo su golpe con la palma de su otra mano. Ambas ejercían fuerza para hacer ceder a la otra. Sus frentes, y cuerpo en general, sudaban por el esfuerzo realizado hasta el momento.

-Has mejorado mucho Akane, debo reconocerlo -dijo la china.

-Supongo que lo tomaré como un cumplido… -respondió y sonrió la chica Tendo.

-Sí… lástima para ti que como siempre yo seré la ganadora, sólo que esta vez debes reconocer definitivamente tu derrota y retirarte de la vida de Ranma, porque él es mi futuro esposo y vendrá conmigo a China -confiadamente declaró la amazona.

-¡Já! Yo no estoy peleando por ningún título, Shampoo… sencillamente teníamos cosas pendientes…

-Como sea, yo soy la vencedora -habló finalmente la de cabellos morados, mostrando una sonrisa de medio lado tan triunfal como maliciosa.

Y antes que la peliazul pudiera preverlo, estiró una de sus piernas y la envolvió alrededor de una pierna de su contrincante, realizando una especie de llave con ella para hacerla caer de nuevo. Apretaba con tanta fuerza que comenzaba a causarle dolor a su rival, estaba dispuesta a romperle una pierna si era necesario. Akane en su inocencia como artista marcial, aunque estaba emocionada en el enfrentamiento, no era capaz de hacer un daño semejante a su contrincante y ésta, lo sabía perfectamente. Al notar que no cedía ante su maniobra, Shampoo optó por retirar el puño con el que atacaba y en un veloz movimiento levantó la minifalda de Akane, ocasionando que ésta, como era de esperarse por su personalidad tímida y recatada, se sintiera avergonzada y bajara sus manos para intentar cubrirse.

Esta es mi oportunidad… La amazona aprovechó la distracción y llevando una de sus manos hacia la nuca de su rival, pretendía dejarla inconsciente con un solo toque. ¡Te tengo!

-O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

En una enorme mansión de estilo tradicional japonés, se encontraba sentada tomando el té una mujer de refinados movimientos y mirada entusiasta.

-Señorita Kodachi -mencionó respetuosamente un hombre de talla pequeña y traje ninja.

-¿Qué averiguaste Zasuke? -preguntó la mujer.

-Sí… -respondió él e inmediatamente le extendió una serie de fotografías.

Tras examinarlas, un brillo casi psicópata se dejó ver en sus ojos y soltando una de sus tradicionales risas maniáticas, Kodachi Kuno salió de su mansión dando saltos por los tejados.