Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi
Los espectadores habían detenido sus vítores y cualquier conversación o susurro. Los ojos de los varones estaban atentos a las dos mujeres que habían iniciado una emocionante lucha callejera por motivos desconocidos, aunque para quienes ubicaban a la menor de los Tendo y al heredero Satome, sabían que estos estaban comprometidos y no era noticia para muchos que la mujer de China estaba más que interesada en el trenzudo. Observaron la falda de la peliazul que se elevaba y, aunque inmaduramente todos esperaban ver un espectáculo mas interesante que la pelea, la decepción no tardó en aparecer al notar que la tercera de las Tendo rápidamente cuidaba de su respetabilidad al mover su mano sobre la tela para evitar que su figura y más allá quedara al descubierto.
Por otro lado, la mujer de cabellos morados había planificado dejarla fuera de combate al noquearla definitivamente. Estaba tan molesta, con la sangre hirviendo de manera inusual debido a la sorpresa de encontrarse con una Akane mejor preparada y digna rival, que no le importaba mucho si al final se le iba la mano con la fuerza del golpe. Tal vez podría dejarla sin memoria para siempre y así por fin su Ranma le sería entregado de una vez y por todas. Sabía de sobra que si levantaba la falda de aquella chiquilla tonta la distraería, por lo que no dudó en poner a prueba su suposición. Y así sucedió. Le sorprendía que tan tonta podía ser Akane y lo infantil que resultaba después de tantos años, pues a estas alturas el combate debía ser más importante que el supuesto pudor que la caracterizaba.
¡Te tengo!… cantó victoria la pelimorada. Haciendo uso de sus milenarias técnicas chinas acercó su mano, y extendiendo su dedo índice localizó con la mirada el punto exacto donde debía tocar sobre la nuca de su rival. Y aunque su velocidad era impresionante, no fue suficiente para lo que se vino a continuación. Una mano mas grande se puso en su camino y aprisionó sus dedos con firmeza en el momento justo. Los ojos de ella se encontraron rápidamente con otros ojos que le propinaban una mirada seria, casi al punto de volverse fría. Aquellos orbes color azul grisáceo con los que soñaba dormida y despierta, por los que imploraba que le miraran con amor y deseo, repentinamente le parecieron diferentes. No era la mirada del muchacho inmaduro y nervioso sino la de un hombre que le advierte que está haciendo algo indebido, algo que no está bien y que, a su vez, le sugieren que está pisando terreno peligroso.
Reprimiendo instintivamente el sobresalto de su cuerpo, en fracciones de segundo, iba a retirarse del camino, pero su mente la obligó a hacer todo lo contrario y atacar con sus armas de mujer seductora. Cambiando su expresión de sorpresa a una de seducción, acercó su rostro al de Ranma para poder tocar sus labios con los de él.
-Ranma… -le susurró en ese tono meloso y gatuno que solía usar.
-Sha… Shampoo -respondió descolocado el ojiazul y esto hizo que aflojara el agarre que tenía sobre la china.
Ésta, ni tarda ni tonta, aprovechó la soltura del agarre para acercarlo a ella y así poder rodearlo con sus brazos.
Y antes de que alguien pudiera expresar "maravillosa jugada", el cuerpo del trenzudo fue movido con rudeza, apartando así su tonificado torso de las hábiles manos de la mujer.
-¿Qué crees que estás haciendo Ranma?, ¡nadie te pidió que te metieras en la pelea!... ¡en mi pelea! -se escuchó la voz de una enfurecida e indignada Akane.
Shampoo estaba tan absorta en el repentino entrometimiento de su amor imposible, que nunca se percató de que Ranma, con una mano había detenido su golpe hacia Akane pero con la otra estaba abrazando a la peliazul por los hombros. Y ninguno de ellos se dio cuenta de que la Tendo había logrado cuidar de su falda con una mano y con la otra cubrir su nuca, pero su mano quedó aprisionada en el abrazo de su prometido.
Akane estaba que ardía del coraje, doble coraje. Por un lado, aquella mujer se había atrevido a hacerle una treta de ese tipo. Bastante inmadura le pareció, pues en un combate se debe tener honor y respeto al otro, aunque sea contrincante. Y el otro enojo llegaría a causa el entrometido de su prometido quien, como siempre, no confiaba en ella para poder lidiar con sus propios problemas y defenderse sola. Además de que aquella intromisión solamente había acabado en los coqueteos insoportables de Shampoo.
El joven de la trenza pasó de la perplejidad al enojo. Ahí estaba de nuevo la ingrata de su boba prometida. Como siempre, siendo malagradecida de sus cuidados. Era obvio que ella había caído en la trampa de Shampoo y que por ende se vería en graves problemas. Le lanzó una mirada molesta a la peliazul.
-Tienes razón, nadie me pidió que me metiera -se cruzó de brazos -Pero ya me conoces -la miró con suficiencia -no soporto ver que abusen de los débiles e inocentes.
Aquellas palabras, como era de esperarse, hicieron que Akane perdiera la poca paciencia que había ganado con los años. Cerró sus puños y lanzando una patada a su prometido, que éste detuvo sin problemas aunque sorprendido, se dispuso a responderle con singular enojo.
-¿A quién estás llamando débil? -reclamó.
-A ti boba, a quién más -respondió él.
-Eres un… -fúrica continuó ella.
-¡Oigan! Yo pagué por la pelea, ¡que me devuelvan mi dinero! -gritó un muchacho de entre la gente, interrumpiendo la discusión de la pareja.
-¡Sí! ¡Quién le dijo al jovencito que detuviera la pelea! -se escuchó a otro decir.
-¡Oye niño! ¡Déjalas terminar sus asuntos! -gritó un tercer espectador.
-¡Siii que no se meta! -terminó un cuarto.
Pronto los gritos de insatisfacción de los espectadores llamaron la atención de los jóvenes prometidos. Sus mejillas se sonrojaron y miraron a su alrededor tratando de pensar en qué hacer con aquella muchedumbre. Akane, en todo ese tiempo, no había mirado a la gente salvo a su contrincante y Ranma pasó de la pena a la ira al percatarse de que aquellos hombres libidinosos querían seguir viendo a su atractiva prometida pelear.
Solamente los ojos de Shampoo estaban concentrados aún en lo importante: Akane. Probablemente era la oportunidad definitiva para hacerla a un lado por siempre y quitarla del camino, como tanto tiempo había deseado hacerlo. Lo que necesito es alejarlos de nuevo y así pelear libremente con ella y terminar con todo esto. Pensaba mientras maquinaba una estrategia que le permitiera continuar su afrenta. Sacando un bombori, de quien sabe donde, caminó lentamente hacia la Tendo y pronto su marcha comenzó a acelerarse. Llegaré de frente con todas mis fuerzas, no hay otra opción…
El instinto de Ranma que le avisaba del peligro, lo hizo mirar en dirección a Shampoo, quien venía con amenazante rapidez en dirección a la joven Tendo.
-¡No, Akaneee! -gritó el pelinegro al tiempo que se acercaba para alcanzar a cubrir el cuerpo de su prometida.
Ante la advertencia, la artista marcial de estilo libre se colocó en posición de defensa tan pronto como le fue posible. En ese momento, cuando parecía que la lucha se reiniciaba, una explosión salida de la nada pero detonada en medio de los tres jóvenes, los hizo cubrirse los ojos, obligándolos además a separarse por causa de la pequeña onda expansiva. Una risa casi maniaca de origen femenino surgió de entre la nube de humo que se había formado.
Las personas alrededor también se habían cubierto los ojos por el humo y los susurros no se hicieron esperar.
-¿Qué está pasando? -dijo un niño.
-No lo sé. ¿Alguien vio algo? -respondió la madre del pequeño.
-Tal vez fue el ataque de alguna de ellas -especuló un hombre.
-¿De quién es esa horrible risa? Mamá tengo miedo -dijo de nuevo el niño.
Satori, quien había estado organizando una mesa de apuestas y luego tuvo que lidiar con los reclamos de los participantes por la interrupción de Ranma, saltó hasta quedar casi frente a su amor platónico de azulados cabellos. Tenía que ver con sus propios ojos a la dueña de los pensamientos más locos y extraños que jamás había escuchado.
-E…esa mujer está realmente loca… -expresó muy por lo bajo mientras el humo desaparecía hasta dejar al descubierto a una guapa mujer de cabello negro.
Kodachi Kuno era ella. Vestida con un elegante kimono en carmesí con motivos de flores negras y armada con una antigua katana, posaba como toda una diva sin dejar de reír estruendosamente.
Lo cierto es que el tiempo no había pasado en vano para ninguna de las autoproclamadas prometidas de Saotome Ranma, incluyendo a la estrafalaria y caótica Kodachi Kuno. Su rostro lucía como el de una muñeca, sus curvas eran acentuadas y sus ojos se encontraban enmarcados grácilmente por sus pestañas perfectamente maquilladas. Los labios brillantes con labial rojo la convertían en una tentación siempre que no riera como lo estaba haciendo en el momento.
-No quería creer la noticia, jojojo… -se cubre su sonrisa con la mano libre -era algo que tenía que ver con mis propios ojos.
-Ag… Kodachi… -susurró Akane con cara de fastidio.
-¿De qué rumores hablas? -preguntó entre curiosa y molesta la pelimorada.
-Rumores de que algunas plebeyas, acosadoras de mi amado Ranma, estaban armando un alboroto en las calles -suspira con pesadez -pobrecitas… que pena me dan -ríe burlonamente.
Tanto Akane como Shampoo pusieron mala cara ante las palabras despectivas de la recién llegada. En aquel momento, Ranma comenzó a sentir el verdadero terror. Una contienda entre sus locas "prometidas" de hace años y su verdadera prometida Akane. Un escalofrío le recorrió la espalda y sus pensamientos dieron giros catastróficos alrededor de esa posibilidad. Tengo que sacarla de aquí… Akane boba cómo te metiste en esta locura… sudaba el azabache pensando en qué hacer.
-Y será mejor que lo hagas pronto… -le dijo una joven voz. Ranma lo tomó por la solapas de su camisa de inmediato.
-Tú mocoso del mal, eres el culpable de toda esta desgracia -lo sacudió un poco -si yo no hubiera seguido tus tontos consejos de perseguirla esto no habría ocurrido.
El chico de los ojos lilas le sonrió gatunamente sin temor a ser golpeado -claro, pero de haber hecho eso ahora la bella Akane estaría en los brazos de otro hombre, aunque ahora que te veo supongo que eso habría sido mucho mejor para ella que tener un prometido cobarde -lo miró retadoramente a los ojos.
-¿Qué dijiste? -gruñó el azabache, profundamente ofendido por aquellas palabras.
-Ay, de nuevo tienes sordera -colocando sus manos sobre las del Saotome se quita de su agarre -Mira Ranma, esta es la oportunidad perfecta para que en lugar de pensar en una forma de escapar, de una buena vez les dejes en claro que Akane es tu única prometida. De esa manera los dejarán en paz de una vez por todas.
Ante esas palabras, Ranma tragó en seco y miró con sorpresa al jovencito que tenía delante de sí.
-Si no haces eso ahora, Akane… -su tono de voz cambió a uno de preocupación -… Akane podría resultar muy mal herida en este asunto -sus palabras provocaron que Ranma se preocupara y que su rostro reflejara mayor nerviosismo.
-Satori, qué… qué quieres decir.
-Mira bien tonto Saotome porque no te lo voy a repetir -el joven señala a Akane -En primer lugar está Akane, con una pierna y un brazo lastimados. Por ahora es obvio que no lo demuestra del todo porque aún tiene la adrenalina en acción, pero comienza a enfriarse. Solamente tienes que ver su pierna, mira el enrojecimiento que tiene -le toma de la cabeza y lo hace observar.
Mientras tanto el azabache comienza a pensar más claramente acerca de la condición de Akane. Es cierto, estaba actuando instintivamente pero ahora Satori estaba poniendo palabras a eso que él solamente, de manera silvestre gracias a las enseñanzas de su padre, había estado percibiendo.
-Ahora está Shampoo -la señala con un dedo pulgar -si bien recibió unos cuantos golpes muy bien dados por Akane, ya vimos que es capaz de hacer malas jugadas con tal de ganar y más tratándose de ti. Y finalmente -su voz comenzó a bajar el volumen y prácticamente susurrándole al trenzudo continuó -tenemos a esa mujer de nombre Kodachi que realmente me causa escalofríos y son estas ocasiones donde me arrepiento de poder leer la mente de otros -tembló por escalofrío y tragó en seco -está safada de su cabeza y piensa en ganar a toda costa, y esa katana que tiene en la mano, créeme, no la usará de adorno… de hecho ella piensa incluso en…
Sin tardar más tiempo Ranma, guiado por las reflexiones de Satori, se armó de valor para caminar hasta donde se encontraban las tres mujeres. Con paso lento pero seguro fue acercándose poco a poco en dirección hacia su Akane, quien estaba dándole la espalda. Las otras dos jóvenes lo observaron con ojos interesados y mirada brillante, y es que el azabache era un hombre atractivo y aún más cuando tenía esa expresión varonil y seria.
-Ranma airen, aquí está tu Shampoo -dijo la china.
-Ranma mi amor, viniste a verme, sabía que sentirías mi presencia porque estamos conectados mi amor -expresó la otra mujer.
Sin nada más que mirar la cabellera azulada de su prometida pasó sin prestar mayor atención a las dos mujeres que expresaban su amor e interés por él y colocándose enfrente de Akane para cubrirla con su cuerpo, suspiró profundamente y exclamó.
-Deténganse Shampoo, Kodachi… no dejaré que continúen con todo esto, ni que le toquen siquiera un cabello a Akane porque yo… porque yo…
Continuará…
Nota: gracias por la espera, ojalá que estén bien y sigan leyendo. Abrazos!
