Una vez más, Sans esquivó uno de sus ataques que parecían venir de todas partes. Él era demasiado rápido al grado de no producirle ni siquiera un rasguño, pero en cuanto a su resistencia… estaba comenzando a cansarse y la flor no mostraba señales de secarse en algún momento.
Mientras contara con todas las amalgamas consigo, tenía las suficientes manos para no requerir siquiera su propio esfuerzo. Estaba en clara desventaja ante eso. Sabía que si tenía que recurrir a tales cosas, significaba que la hierba debía de ser extremadamente débil.
-¿Por qué no te rindes de una vez? –Se burló la flor –Es lo mejor que sabes hacer después de todo.
Un gruñido interno salió por parte del esqueleto ante ese comentario. Le irritaba de alguna manera de que lo tratara como si lo conociera de toda la vida, y que aún más, parecía conocerlo profundamente. Ni siquiera su hermano era consciente de sus verdaderas emociones.
Mientras esquivaba otro ataque más, analizaba su entorno viendo sus posibilidades de una victoria con lo que tuviera al alcance. Pero era muy escaso lo que tenía.
Los objetos como camillas y escritorios se encontraban regados por toda la habitación, además de los objetos insignificantes como lápices, hojas y uno que otro matraz. El carrito con las almas humanas se encontraba junto con la científica y la humana en una esquina, donde curiosamente el resto de las amalgamas parecían ignorarles por completo.
Todos los ataques estaban enfocándose en el ¿Significaba que lo odiaba realmente? ¿Lo consideraba un obstáculo que acabar primero? ¿O simplemente consideraba que aquello no le preocupaba de que le hicieran daño?
Un poco de ayuda no le vendría mal en este momento, si debía de ser sincero consigo, pero sabía que Alphys estaba presa de su propio miedo y eso llegaría a ser más que un estorbo. Ya había sido testigo de eso cuando anteriormente trabajaban juntos.
En cuanto la humana, su propio orgullo le negaba pedirle ayuda siquiera, pese a ser la única capaz de poder enfrentarse a aquella flor ante tanta resistencia y fortaleza mostrada ante sus cuencas. Además del hecho de que él había acudido a rescatarla, no viceversa. No tenía sentido para él el tener que pedirle que le apoyara cuando lo que buscaba era salvarla de las lianas de aquella planta parlante.
Además de que la humana estaba tratando de levantar a la científica, podía ver ello de lejos.
-¿Aun no te cansas? –Flowey lo sacó de sus pensamientos lanzándole sus semillas proyectiles de diferentes lados –Hasta para ti es sorprendente esto ¿verdad?
-Siempre tengo un hueso bajo la manga, amigo –esbozó una sonrisa burlona ante su atacante mientras esquivaba todos los ataques con naturalidad. –Creo que soy un hueso difícil de roer para ti después de todo.
-Detesto esos estúpidos juegos de palabras –gruñó retirándose un poco ante los huesos que se aparecían cercano a él mientras las amalgamas le hicieron de escudo para el resto.
-Mira quién es el cobarde ahora. Usando a otros como escudo mientras que tú no te atreves a enfrentarme como se debe.
-¿Crees que caeré ante tus provocaciones?
-Creo más bien que te hace falta tomar más sol para quitarte esa amargura con la que te cargas.
Flowey sonrió perversamente mientras las amalgamas comenzaban a posicionarse a sus costados. A Sans no le gustaba lo que se estuviera tramando, pero se mantuvo alerta mientras de nuevo incendiaba su ojo azul, dispuesto a emplear su magia una vez más.
Tres amalgamas se dirigieron rápidamente hacia la esquina en la que se protegían las presentes. Antes de que Sans hiciera algo, una de ellas jaloneó a la científica de la bata con brusquedad mientras que las otras dos detenían a Frisk a modo de parecer que la estaban absorbiendo.
-Me parece que tendremos que seguir con el experimento pese a todo, doctora –Flowey se dirigió hacia ella mientras surgían varias espinas del suelo de increíble tamaño, impidiendo el paso por completo al esqueleto de donde se encontraban ellas. –Si no quiere claro, que sus amigos mueran de no hacerme caso.
-Y-yo…
-Le prometí reparar sus errores y eso haré, doctora –le sonrió con falsa inocencia –Todo acabará pronto si hace su parte final.
-Alphys ¿Qué…?
Sans observaba como su amiga se levantaba pese a su temblor bastante notorio y tomó el carro con el resto de las almas ¿Acaso haría que la flor se fusionara con ellas? ¿Sabía el terrible peligro que cometería para todos si eso pasa?
-En verdad lo siento…
Sacó temblorosa las almas de sus contenedores y las tuvo consigo en sus garras un tanto dudosa mientras las observaba. Frisk no entendía como aquello podía ser un plan de Flowey si sabía que no le servía absorber las almas si éstas se le rebelaban al final ante su llamado.
-Vamos doctora, no es tan difícil –se impacientó la flor mientras hacía crecer aún más las espinas del suelo –Le aseguro que ni siquiera duele. Así que apresúrese.
Eso último fue demasiado extraño para el esqueleto y para humana. Y entonces comprendieron al unísono.
Las almas no eran para Flowey.
-Alphys, no lo hagas –advirtió Sans –Sabes lo que te pasaría si absorbes tantas almas.
Frisk forcejeaba como podía, pero las amalgamas parecían ser como cemento casi rodeándola. Ahora comprendía mejor el plan de Flowey y por qué le había prometido reparar sus "errores". Teniendo tantas almas consigo podía llegar al poder que la flor denominaba como "ser un dios" y el hacerlo por su cuenta, era algo fácil de cierta manera para convencer a cualquiera.
Alphys no tenía la capacidad de poder poseer tantas almas, eso lograría matarla. Sin duda alguna contaba la flor con eso, y así en vez de tener seis almas rebeldes, tan sólo tendría que lidiar con una que ya tendría absorbidas las seis.
Un plan demasiado ingenioso… y mortal.
Frisk recurrió a pedirles ayuda a las almas, pero éstas no respondían. Se encontraban totalmente opacas en las garras de Alphys, como si se hubieran rendido ante su posible destino. No entendía que les pasaba. Era la primera vez que las veía así… como deprimidas.
Les gritaba a las almas una vez más por ayuda, pero nuevamente ignoraron su llamado de auxilio. Sans veía un tanto desconcertado su acción mientras que Flowey se burlaba de su vano intento. En cambio Alphys, escuchaba cada palabra de la humana.
Tenía las almas de lo que alguna vez fueron humanos en sus manos. Si bien ella no los mató, se sentía igualmente culpable al querer ella en algún momento sus muertes para poder salir de aquel agujero en el que estaban condenados todos. Ser partícipe de aquellos experimentos le hacía cómplice de las muertes de los que tenía en sus manos en ese preciso momento.
La embajadora de los monstruos continuaba llamando a esas almas, pero éstas no mostraban algún signo de que tuvieran efecto sus palabras a ellas. Si bien era extraño ese comportamiento para todos los presentes, Alphys sintió una sensación extraña dentro de ella.
Si lograba hacer lo que Flowey le había pedido, su amiga quedaría igual que aquellas almas que se encontraban en sus garras. No, no quería eso, pero…
¿Qué podía hacer alguien tan patética como ella?
Tenía que enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Ya había estado causando demasiados males a todos por sus propios experimentos. Si, sabía que moriría si absorbía aquellas almas, después de todo se había dedicado por años el estudiar sus posibles reacciones ¿Pero acaso no se merecía la muerte tras tantos errores que afectaban a sus seres queridos?
Frisk seguía gritando a las almas mientras la risa maniática de la flor resonaba a son de burla por tal acción. Su amiga no pensaba en rendirse, pese a ser un acto sin resultado alguno.
Si… ella nunca se rendía, pese a que todos en el subsuelo la habían querido matar en más de una ocasión. Por eso la había admirado tanto en cuanto la conoció. Era un gran honor para ella que tal persona la considerara amiga suya.
¿Y cómo le pagaba por su amistad? Poniéndola en peligro una vez más. Simplemente patético por su parte.
-¿Qué esperas? ¡Hazlo de una maldita vez!
-Alphys, no lo hagas. –la llamaba Sans desde lo lejos.
-Y-yo…
Sujetó con un poco de fuerza las almas. En sus garras se veían completamente indefensas.
-Yo… no quiero…
-¿Qué dices? –la cara de la flor se distorsionó ante su enojo.
-No quiero… lastimar a mis amigos…
-¿Qué amigos tienes realmente si les has causado tanto mal a todos? No te los mereces ¿recuerdas? –exclamó la flor distorsionándose cada vez más. Las amalgamas parecían un tanto desconcertadas.
Alphys soltó una lágrima ante las palabras de la flor, sin embargo su temblor había desaparecido por completo. Sujetó las almas con un poco de fuerza, pero no las absorbió. En cambio, las guardó en su bata con rapidez.
-¡Idiota! ¿Qué crees que intentas hacer?
A modo de respuesta, infinitos rayos salieron de sus garras directamente hacia la flor, la cual la observó con sorpresa antes de recibir el impacto constante sobre todo su ser.
Frisk observaba estupefacta. Era la primera vez que veía que Alphys empleaba magia.
-Yo… -seguía llorando la científica, pero no paraba su ataque –No lastimaré a mis amigos… ¡NUNCA!
Ante su última palabra, intensificó sus rayos haciendo que la flor se retorciera ante ellos. Las amalgamas parecían completamente desconcertadas, como si despertaran de un largo sueño. Frisk sintió como la soltaban extrañados y aprovechó para apartarse por completo y acercarse a Sans, quien dejaba de estar preso de las espinas al estar éstas desapareciendo ante el desconcierto de la flor ante tanto rayo en ella.
-¿Estás bien? –Frisk puso sus manos en sus hombros para observarlo detalladamente.
-Podría estar mejor… -se incomodó un poco ante tanto acercamiento por parte de ella y se apartó un poco –Alphys no podrá detener por mucho tiempo al hierbajo. Así que… ¿algún plan?
-Creí que tú eras mejor para esas cosas –admitió Frisk.
-Dado que tú conoces mejor a esa planta, tomaré en cuenta tus opciones.
Frisk ya intuía que Sans sabría algo o que por lo menos percibía algo sobre el tema, por lo que optó por no preocuparse por eso y pensar rápidamente en qué hacer para salir airosos todos.
Y cuando pensaba en todos, era TODOS.
-Veamos… es débil ante el fuego… -mencionó acordándose del ataque de su madre ante la primera vez que los conoció.
-Algo demasiado obvio diría yo –se burló un poco el esqueleto ante tal detalle –Además de que indicas que vino por ti el monstruo equivocado.
-¿Entonces si viniste por mí, esqueletito? –le guiñó un ojo coquetamente.
Un notorio azul se reflejó en Sans ante eso. Sólo a Frisk se le podría ocurrir el flirtear en un momento de vida o muerte como el que enfrentaban.
-Deja eso para otro momento ¿quieres? –Sans se controló todo lo que pudo –Concéntrate en cómo poder acabar con esa hierba mala antes de que acabe con nosotros.
Frisk observó un poco para llegar a un plan en concreto. Alphys seguía empujando a Flowey contra la pared con sus rayos. Se le veía más segura y decidida pese a las lágrimas que seguían corriendo en sus ojos. Mientras que las amalgamas se encontraban un tanto aturdidas, como si aquellos rayos sacudieran sus cerebros y no supieran que hacer o ser.
La embajadora comprendió que se debía a la conexión que Flowey había explicado, a la vez que el hecho de que no muriera ante esos rayos se debía a la cantidad de determinación aumentada que tenía dentro de él. En algún momento Alphys se cansaría o dejaría de poder emplear la magia, mientras que Flowey estaría de nuevo en el juego una vez que pasara ello.
-Necesitamos apartar a las amalgamas primero –concluyó Frisk.
-Otra cosa obvia –volvió a burlarse el esqueleto –La cuestión más bien sería ¿cómo? Mi magia no es suficiente para detenerlos.
-Yo me hago cargo de ellos entonces. Tú ayuda a Alphys.
-Me parece un mejor plan… creo. –Su ojo de nuevo comenzó a brillar.
-Y Sans… No lo vayas a matar.
-¿Es una broma, cierto?
No hubo respuesta por parte de la humana dado que ya se había ido corriendo directamente hacia las abominaciones. Sans la miraba un tanto molesto ¿Pese a todo, quería que no muriera? ¿Tras tantas muertes que había realizado antes la humana, ahora se ponía a defender toda vida? ¿O porque la flor era tan importante?
No cabía duda que aquella humana le generaba más preguntas que toda su carrera científica dejada en el anonimato.
Tal vez por ello le parecía… interesante.
Se apuntó mentalmente el no volver a pensar eso de ella y se dispuso a ayudar a Alphys.
Frisk aprovechó que todas las amalgamas se encontraban juntas para efectuar su plan. Al estar frente a todos, la observaron un tanto extrañados, como si no entendieran del todo qué estaba pasando y cuestionándose si debían de atacarla o no.
-Hey… parece que todo está electrizante por aquí ¿eh? Jeje…
Las amalgamas no hicieron nada más que observarla, aunque parecían estarse reteniendo un poco de algo desconcertante para ellas. Frisk planeaba emplear el mismo truco que Sans había usado en ella: detener al oponente haciendo que nunca llegue su turno. Era algo demasiado ingenioso y nada violento, por lo que lo hacía perfecto para la ocasión.
Si bien le iba, tendría la suficiente astucia para retener lo suficiente a todas las amalgamas para debilitar a Flowey, y así, poder hablar con él.
Estaba más que segura que podría sacar al Asriel que aún vivía en él.
Si lo había hecho ya varias veces ¿qué lo haría diferente esta vez?
-Des…
Las amalgamas habían hablado al unísono, aunque parecía estarles costando mucho trabajo decir siquiera una palabra.
-…ye…
-¿Qué?
Totalmente preocupada por ellos, se les acercó para observarlos con detenimiento. Notaba como se retorcían internamente por algo que las estaba torturando. Frisk se percató tarde del error que había cometido el estar tan cerca de ellos en cuanto se dio cuenta de que la tenían rodeada.
-De…
No entendía para nada lo que le trataban de decir, pero el mensaje que querían expresarle era algo que tenían todos en común por lo que intuía. No la atacaban, pero tampoco mostraban intenciones de dejarla ir.
De alguna manera habían invertido su plan en su contra.
Cada vez se encontraban más cerca de ella las criaturas, y a lo lejos podía percatarse que Alphys no podía usar con insistencia su magia, además de que Sans se encontraba ya agotado. Flowey estaba siendo lastimado ante esos ataques y temía que eso pudiera llegar a matarlo en algún momento.
-Des…ye…
La sola voz que salía de las amalgamas estaban preocupando a la humana, y más por el hecho de tenerlas cada vez más cerca.
-¿Qué es lo que quieren decirme?
Se escuchó un grito a lo lejos, pero Frisk no lograba descubrir de quién se trataba y mucho menos al no poder ver en la lejanía teniendo a todos casi encima. Si no pensaba en un nuevo plan quedaría aplastada por todas las masas.
Quería salvar a todos. Quería que sus seres queridos estuvieran bien.
Comenzaba a perder un poco de oxígeno.
Quería que Asriel tuviera una nueva oportunidad. Quería a su familia completa.
El peso de las amalgamas se tornaba sumamente molesto.
Se negaba a rendirse. Tenía sueños y promesas que cumplir.
Iba a salvar a todos una vez más.
No iba a rendirse.
Estaba llena de determinación.
Un gran tumulto hecho de las mismas amalgamas se apreciaba en una esquina del laboratorio. Sans al tratar de observar el cómo le iba a la humana, se asustó por completo al darse cuenta de ello.
No tuvo ni tiempo de ir a correr hacia el lugar debido a una luz carmesí insistente que se asomaba entre el tumulto. De alguna manera, aquella luz alertaba a las amalgamas haciéndolas retroceder ante su presencia. Poco a poco se pudo apreciar mejor a la humana que emitía aquella luz desde su alma.
Conocía esa mirada suya, estaba llena de determinación. Y su alma de alguna manera lo reflejaba con el escarlata que alumbraba todo el lugar con gran intensidad.
Aquello desconcertó a Alphys haciéndola girar para observar a la embajadora de los monstruos. No reparó a tiempo que había sido un gran error el haber hecho eso, debilitando así su ataque y atención misma. Cosa que aprovechó la flor a la primera para empujar con sumo odio a la reptil chocándola contra la pared.
-¡Pagarán… POR ESTO!
-Hierba mala como tú deben desaparecer de una buena vez.
Tres Blasters se aparecieron en el lugar, apuntando directamente hacia la flor acorralada, mientras que varias amalgamas se habían separado por completo de la humana para irse corriendo directo a atacar al esqueleto ante una posible orden por parte de la planta. Todo iba a efectuarse tan rápido que era difícil quién atacaría primero. Fuera lo que fuera, uno moriría en cualquier momento.
Frisk entró en pánico ante eso. Su alma reflejaba con su brillo la gran cantidad de determinación que tenía consigo en el momento, pero su suma preocupación sobre que alguno pudiera morir le hizo efectuar inconscientemente algo que no planeaba hacer.
Un sonido emblemático resonó en toda la habitación, cosa que los sacó de sus concentraciones a todos los presentes. Ante la humana, siendo iluminada por su propia alma, tenía ante ella el anhelo de la flor y el terror del esqueleto.
Una vez más, ante Frisk estaban los códigos de Continuar y Resetear.
…
Chan chan chaaaaaaaaaaaan!
Si, aquí le dejo. Y si, ya tengo casi terminado el siguiente capítulo, pero para poder desbloquearlo pronto dependerá de que dejen sus comentarios, bwahahaha.
Muchas gracias por seguir leyendo esto y por sus comentarios que me motivan mucho a seguir adelante con esto. ¡Los quiero mucho!
¿Qué quieren decir las amalgamas?
¿Qué hará Frisk ahora?
¿Qué le pasó a Alphys?
Lo sabrán en el siguiente capítulo... tal vez :P
Michi fuera!
