-¡VAMOS HUMANA! A LEVANTARSE QUE YA ES DE DÍA.

Con ojeras decorando sus alargados ojos, Frisk se levantó con sumo cansancio ante el estruendoso despertar por parte del esqueleto alto. No había podido reconciliar el sueño fácilmente una vez que se había despertado con tal pesadilla. De cierta manera la había atemorizado el volver a toparse nuevamente con el primer humano caído en el subsuelo y que esta vez si lograra lastimarla.

Además tenía varias cosas rondando en su cabeza ante tantos acontecimientos presentados. Por lo que sólo había dormido unas cuantas horas.

-Ya voy, Papyrus… -susurró soñolienta.

-SAAAANS, HORA DE DESPERTARSE –Gritó desde la escalera llamando por su hermano –TE QUEDARÁS SIN DESAYUNO SI NO VIENES YA.

Frisk seguía sin levantarse del sillón, aún continuaba arropada con la cobija que le habían dejado. Había olvidado que se encontraba en Snowdin y que la única que sentía frío en aquel lugar era ella.

-¡SANS! –No había pasado ni cinco minutos desde que lo había llamado y ya se había desesperado el menor estando subiendo las escaleras –SE TE PUEDE HACER TARDE PARA TRABAJAR… OTRA VEZ.

Había entrado por su recámara y salido en el acto cargando a Sans todavía dormido. Mientras Papyrus lo bajaba molesto, a Frisk le pareció una estampa familiar de lo más graciosa, por lo que no pudo evitar reír un poco en lo que observaba cómo el menor lo obligaba a pararse aun estando dormido.

-Ya, ya… cinco minutos más… -decía Sans sin abrir sus cuencas todavía, pero ya estando de pie.

-NADA DE ESO, SANS ¿QUÉ VA A PENSAR LA HUMANA DE TU FLOJERA?

A la mención de Frisk, Sans abrió sus cuencas rápidamente. Se le había olvidado por un momento que la humana se había quedado a dormir con ellos. Se giró un poco y en efecto estaba la embajadora de los monstruos observándolos completamente cubierta con la cobija y sonriendo de verlos discutir cómicamente.

-He… ¿Planeando volverte un burrito?

-Así estaría sabrosa –le guiñó un ojo burlonamente.

No sólo le había devuelto el chiste, sino que le había lanzado un piropo nuevamente. Sans no pudo contenerse y se volteó para que no notara el evidente sonrojo que sentía en su rostro, sin embargo se rio ante la buena tajada que le había empleado.

En verdad que no sabía qué hacer con ella.

Frisk sonrió satisfecha. Siendo su madre amante de los chistes malos (los escuchaba casi todas las mañanas antes de las clases) y ella siendo experta en el flirteo, sabía muy bien como emplear ambas cosas. Además de que estaba más contenta de notar que el esqueleto volvía emplear los chistes malos con ella, lo que significaba que las cosas podían estar bien después de todo.

-USTEDES DOS PAREN CON SUS CHISTES MALOS –Se quejó Papyrus sin notar que su hermano se había sonrojado –YA DE POR SI ES FASTIDIOSO ESCUCHARLOS DE MI HERMANO TODOS LOS DÍAS, NO LO EMPEORES, HUMANA.

-Lo siento, Papyrus –rio en lo que se reincorporaba en el sillón ya más animada –No pude evitarlo.

Se quitó la cobija para levantarse por completo, pero en el acto notó que en vez de tener sus ropas, tenía puesto una camisa que le quedaba demasiado grande, suponiendo que era de Papyrus al tener escrito a mano en ella.

-Amm… ¿En qué momento me cambié de ropa?

Sans giró nuevamente también extrañado por eso, tampoco se había percatado que la humana no tenía sus ropas al dormir. Pero en efecto, tenía una camisa de su hermano a modo de pijama que le quedaba demasiado arriba de sus rodillas.

-OH, YO TE LA CAMBIÉ –Sonrió inocentemente –TU COMODIDAD PARA DORMIR ES UNA DE LAS COSAS QUE VEO POR TI COMO TU GUARDAESPALDAS PERSONAL. ADEMÁS CLARO QUE LA TENIAS POLVORIENTA, ASÍ QUE LA PUSE A LAVAR.

Papyrus sonrió y posó satisfecho de su iniciativa que lo hacía sentir completamente eficiente en su labor, sin embargo Frisk estaba completamente apenada por eso.

-Amm, Paps, hay cosas que no debes de hacer –trató Sans de explicar un tanto nervioso.

-¿DE QUÉ HABLAS? POR SUPUESTO QUE DEBO DE HACERLO.

-Esa clase de cosas no, hermanito –Sans se debatía entre reír a carcajadas de la inocencia de su hermano, o sonrojarse nuevamente.

-Gra-gracias, Papyrus –comenzó a decir un tanto tartamuda –Pero en verdad no era necesario…

Pese a querer actuar casual, lo cierto es que Frisk estaba completamente roja de la pena. "¿Así que es así como se ve cuando está sonrojada?", pensó Sans al verla abrazarse a sí misma tratando de controlarse de la pena.

-NO HAY DE QUE HUMANA, YO, EL GRAN PAPYRUS, MIEMBRO DE LA GUARDIA REAL Y TU GUARDAESPALDAS PERSONAL, SIEMPRE VERÉ LO MEJOR PARA TI.

-Agradeceré que este tipo de cosas no estén en esas consideraciones –Pese a seguir roja, le sonrió amablemente. Entendía por completo que era inocente y no entendía él porque no debía hacerse eso.

-BUENO, BASTA DE PLÁTICAS SIN SENTIDO –Papyrus seguía con su energía sin darse cuenta de la incomodidad que tenían el resto de los presentes ahora –HAY UN DESAYUNO QUE DEBO PREPARAR. DEBES ESTAR HAMBRIENTA.

-La verdad es que sí. –Su sonrojo poco a poco fue desapareciendo.

Sin más, el esqueleto alto se fue directamente a la cocina, dejando todavía cierta incomodidad en la sala ante

-Tori no ha de tardar en venir por ti –Sans checó la hora en su celular, tratando de matar aquella tensión que reinaba todavía en el lugar –Lo siento por eso, ya sabes cómo es Paps…

-No hay problema, lo entiendo –sonrió amablemente tratando de contener todavía su pena de imaginarse que el esqueleto la había desnudado –Al menos me dejó puesta la ropa interior.

-Ehh… Voy a… ayudar… a Papyrus en la cocina… -Sin poder verla a los ojos, se retiró inmediatamente a la cocina antes de que no pudiera contenerse más.

Sans suspiró nervioso. La mañana prometía ser larga.

Asgore se encontraba sentado en su trono, revisando una vez más los apuntes que le había entregado su científica real antes de irse a dormir casi a rastras por parte de su capitana de la guardia real. Él también habría querido dormirse, pero ante tantos pensamientos y cosas por resolver no había podido conciliar el sueño en ningún momento.

Ya había leído varias veces el informe de Alphys, y aun así no le cuadraban las cosas. Tanto el esqueleto enano y la reptil le habían explicado cómo era esa rara enfermedad en cuanto se habían llevado a su hija a dormir, pero seguía sin poder entenderlo.

¿Una flor había querido matar a su hija por tener alucinaciones por su enfermedad? Si le parecía algo razonable, pero aun así sentía que algo no estaba cuadrando. Y era justamente por una de las acciones que había empleado para tratar de matarla.

Ranúnculos… había usado ranúnculos para tratar de envenenarla. Aquello ya había pasado una vez en el reino. Y justamente con él. Pese a haber sido un accidente por parte de sus hijos, no había pasado por alto que la muerte de su primer hija adoptiva había tenido los mismos efectos que le habían pasado a él. Salvo que ella si había fallecido y él sólo enfermado.

Asgore nunca quiso decirle a Toriel lo que intuía de eso por el simple hecho de tantas cosas que había tenido en la cabeza en su momento, pero cuando se habían presentado las cosas así, no había pasado por alto que habían sido demasiadas coincidencias… Cómo si él hubiera sido el experimento y Chara, su pequeña, la prueba final…

Había más de una razón por la cual el rey de los monstruos nunca le había comentado eso a su ahora ex esposa. Y tenía muchas más razones ahora por las que prefería no tocar en el momento.

No ahora cuando Toriel se encontraba más accesible en el momento.

-Te hice tu té favorito –Toriel había aparecido entre las penumbras de la habitación y entregado una taza un tanto cansada –Sigue siendo el de flores doradas ¿no es así?

-Si, si –recibió gustoso la taza –Muchas gracias. ¿El tuyo sigue siendo el de jazmín?

No le respondió, simplemente esbozó una cansada sonrisa como si fuese suficiente para responder. En lo que Asgore daba un sorbo a su taza, Toriel miró alrededor de la habitación del trono real. Lo que antes estaba rodeado de bellas flores amarillas, ahora estaba todo consumido en sus cenizas dándole un aire un tanto lúgubre al lugar.

-Lamento lo que le hice a este lugar. Sé que amabas todas estas flores.

-No pasa nada. Me lo merecía de igual forma.

-Si –se fue sin rodeos la monstruo jefe sin una pizca de culpa en tal acertamiento –Pero también Frisk tuvo razón, yo también tengo culpa de esto… Pero es algo que prefiero hablar en otro momento. Por lo pronto sólo quiero saber cómo le haremos para cuidar mejor a nuestra hija tras los acontecimientos.

A Asgore le dio un vuelco el corazón en cuanto escuchó la palabra "nuestra" por parte de la mujer que amaba, pero contuvo toda emoción interna que estaba teniendo para responderle maduramente.

-Papyrus ha hecho un buen trabajo como su guardaespaldas, tan sólo hay que hacer que esté más al pendiente de lo regular –dio de nuevo un sorbo a su té antes de que comenzara a enfriarse –Ya no considero necesario tanta guardia ahora que el culpable está detenido y custodiado, por lo que será suficiente por ahora sólo a Papyrus con el papel.

Toriel gruñó ante eso. No le parecía bajar la guardia tras todo lo presentado, pero no comentó nada más. Asgore interpretó aquel silencio suyo como una gran queja.

-Sé que soy culpable de esto –comenzó a decir.

-Estaba en tu castillo cuando la capturaron –rugió molesta la ex reina –Se suponía que estaba a salvo aquí, pero no fue así. Tanto ella como las almas de los inocentes fueron raptadas y no había nada ni nadie para detener eso en el instante.

-Lo sé…

-Mandaste estúpidamente a toda tu guardia al otro extremo, dejándola expuesta por completo ¿Qué clase de seguridad fue esa?

-Yo…

-Murieron inocentes en este descuido ¿Qué hubiera pasado si Frisk…?

-No me lo hubiera perdonado –Se levantó un tanto agobiado de sus palabras e interrumpiéndola en sus constantes quejas que comenzaban a alterarlo por el tema tratado.

-Sí, claro…

-No eres la única que sufre sus muertes.

No había querido sacar el tema a la discusión, pero lo cierto es que estaba comenzando a irritarle sus acusaciones. Era más que consciente la gran culpa que tenía con eso, pero no estaba en su derecho al decirle que él no sufría las muertes de sus hijos, no cuando pensaba en ellos cada instante. Toriel no era la única que había perdido a sus hijos, también él. Ella no era la única que lamentaba la muerte de los humanos caídos, él todo el tiempo se culpaba por eso.

Y aun así se mantenía de pie por todo el reino que tenía que cargar consigo. Siglos de esperanza que había tenido que mantener él solo por el bienestar de todos sus súbditos, a fin de poder hacer llevadera la estancia en su prisión compartida y no morir internamente.

Pese a estar irritado por la evidente falta de sueño, le quedaba claro que ella también estaba en las mismas que él. No podía molestarse con ella, realmente no podía molestarse con ella nunca. Era su condena por estar tan enamorado de ella pese a todo.

-Lo que dijo Alphys sobre la muerte de los amalgamas, es que estos no pudieron soportar más y simplemente perecieron. Por ello su conducta tan extraña antes.

-¿Y en verdad le crees?

-No veo razones para que me mienta.

-¿Y por qué Frisk estaba tan asustada entonces?

Asgore se la pensó antes de responder. Lo cierto es que se preguntaba lo mismo.

-Supongo que fue la primera vez que ve a un monstruo morir. No es algo fácil de digerir para cualquiera, y mucho menos cuando estuvo tan cerca de ellos –recordó el polvo que habían observado en sus ropas –Recuerda que nuestra niña es muy pura y pueden afectarle este tipo de cosas.

Toriel se relajó un poco y se recargó en uno de los peldaños de la habitación. Asgore ya le había ofrecido su propio trono para sentarse o sacar el que anteriormente era el suyo como reina, pero por más que insistiera, ella no quería volver a sentarse en algo que ya no representaba más.

-Tienes razón… -bostezó con sumo cansancio –Supongo que todo esto me tiene más bien un tanto paranoica. Yo… solo no quiero volver a fallar como madre…

Lo último había sido un susurro para sí misma, sin embargo el rey la había escuchado perfectamente. Compartía ese mismo sentimiento después de todo.

Desayunar con los esqueletos había sido una de las cosas de las que Frisk había deseado desde hace tiempo, pese al particular estilo gastronómico de parte de Papyrus. Lo incómodo que había iniciado el día, había terminado con un ambiente de lo más cálido para todos.

Aún tenía muchas incógnitas con ella y muchos pesares que cargar tras el acontecimiento, sin embargo sentía que podía con todo si podía mantener a todos sus amigos y familia a salvo.

No pasaba por alto que Sans la observaba de reojo mientras se comían lo poco comestible que tenían en el plato, seguramente analizándola en todas sus expresiones o buscando más allá de sus pensamientos. Había contemplado físicamente su poder de Resetear, junto con otro que era nuevo hasta para ella. Había matado a seres imposibles de aniquilar con tan solo oprimir aquel código. Cualquiera podría pasar como un ser sumamente peligroso con tales pruebas.

¿Qué planearía hacer con ella? Había tenido todos los elementos en charola de plata para juzgarla y entregarla a todos como una asesina, y aun así había acudido a su rescate y la había encubierto de una de las cosas que planeaba llevar a la tumba si era necesario con tal de que las cosas marcharan al ritmo pacifista sin interrupción alguna.

No planeaba matarla, cosa que la mantenía de cierta forma calmada, pero estaba más que segura que en algún momento el esqueleto la interrogaría.

-Las cuentas no se pagan solas, así que debo irme a trabajar.

-DE IGUAL FORMA YA SE TE HIZO TARDE –le reclamó mientras recogía los platos.

-No puedes culparme esta vez sí fue por ayudarte en la cocina.

-¡NO AYUDASTE EN NADA! TE LANZASTE DIRECTAMENTE A LA MESA Y TE QUEDASTE AHÍ DORMIDO.

Sans simplemente encogió sus hombros sin culpa alguna, mientras que Frisk se estaba riendo cada vez más fuerte de las reacciones de ambos.

-En ese caso, no puedes culparme por haberlo intentado.

-BUENO… -Papyrus se rascó la cabeza un tanto confundido, cosa que hizo reír aún más a la embajadora de los monstruos.

Se levantó tranquilamente de su silla y tomó una botella de cátsup del refrigerador en lo que Papyrus se disponía a lavar los platos.

-Por cierto, niña –La mencionada se sobresaltó un poco por andar en sus pensamientos –Tori me mandó un mensaje pidiéndome que te lleve a las ruinas, así que tú también prepárate.

-¿Y PORQUÉ NO ME LO PIDIÓ A MI? YO SOY SU GUARDAESPALDAS REAL.

-Supongo que porque puedo llevarla sin siquiera mover los pies.

El mayor guiñó su cuenca tranquilamente, dándole a entender que se refería a la teletransportación. Su hermano simplemente bufó disgustado y siguió con lo suyo.

Debido al mal estado en la que había terminado su ropa, Frisk se había vestido con lo que le había prestado Papyrus, lo cual consistía en la ropa más chica con la que contaba el esqueleto, pero para Frisk seguía quedándole todo grande dado su altura. Fue ahí en donde los esqueletos repararon por primera vez en la delgadez de la humana y su baja estatura para su edad.

-¿Lista? –Frisk se limitó a responder solamente con la cabeza –Bien, conozco un atajo.

Sin la oportunidad siquiera de pestañear, en el acto ya se encontraban a unos cuantos pasos de la gran puerta de las ruinas. Aquella distancia alertó a la humana de lo que podría venir, y el que pusiera su mano en su hombro para que no caminara más fue el indicativo suficiente para afirmar su sospecha.

Antes de que el esqueleto emitiera algún sonido, Frisk optó por adelantarse.

-¿Qué es lo que quieres saber?

-Todo –nuevamente empleaba su tono serio, cosa que hacía juego con su mirada un tanto siniestra –Escúchame bien, esto es lo que pasará: Tú me dirás todo sobre aquella planta, sin censura y sin más secretos…

Frisk lo miraba seriamente, anotando mentalmente todo lo que le estaba pidiendo el esqueleto, pero sus pensamientos fueron interrumpidos ante lo desconcertante que había sido para ella ver que rápidamente el esqueleto había cambiado su expresión de seriedad por la misma sonrisa indiferente que siempre mostraba.

-… mientras yo te llevo a cenar.

-¿Ah?

-Ya sabes… -se encogió sus hombros en lo que metía sus manos en los bolsillos de su chaqueta –Después de todo te lo debo por lo de la otra vez.

A la humana le costó un poco de trabajo hacer memoria sobre qué se refería hasta acordarse de que la había dejado plantada en Grillby's. Tras tantas cosas que le habían pasado en tan poco tiempo, se había olvidado por completo de eso, cosa que le dio un poco de risa.

Frisk se limitó a levantar el pulgar con una sonrisa a modo de aceptación.

-Bien –Sans se dio la vuelta un tanto satisfecho –Vengo por ti luego.

Sin decir nada más, se desapareció en el acto.

Frisk se acercó a la puerta y suspiró cansada recargándose un poco en ella. Estaba más que segura de que su madre le tenía todo un interrogatorio y un glorioso almuerzo que agradecería por comer.

Ya no era un solo monstruo el que sabía algunas cosas de ella, ahora Alphys también había descubierto algunas. Las amalgamas habían muerto por culpa suya. La verdadera identidad de Flowey había sido revelada. Y ahora tenía un nuevo código misterioso con el que cargar…

Era mucho por lo que pensar. Pero saber que las cosas podían solucionarse y que existía la esperanza de que marchara todo bien, la llenaban de determinación.

Con una sonrisa, ingresó a las ruinas, siendo recibida por el dulce aroma de la tarta de caramelo y canela.

¡Nos vemos el próximo año! Bwahahahahahaha.

Y puede que me tarde en actualizar bwahahahahahahaha.

Pero vendrá con un regalo especial bwahahahahaha… ah, eso ya no XD

Dado que volveré a trabajar como negra estando cerca el fin de las "vacaciones" (realmente no tuve vacaciones y dudo tenerlas en algún momento de mi vida **cries in spahish** ), me tardaré algo en subir el siguiente capítulo que dará inicio a lo que yo denomino "Segunda temporada".

Se vienen cosas muy interesantes a partir de ahora.

Manténganse determinados :)

Muchas gracias por seguirme en este fic, me emociona mucho leer todos sus comentarios y saber que les está gustando.

¡Feliz año nuevo!