Antes de leer: Al ser el capítulo 40 de este fanfic (¡yay!) este es un capítulo especial en honor a fabuloso número y alcance y apoyo de parte de todos ustedes. Forma parte del pasado de uno de los personajes, espero que lo disfruten :)

Capítulo especial:

Dios salve a la reina

.

Cuando las oráculos reales le habían indicado que había nacido para la grandeza, Toriel nunca se cuestionó a qué punto implicaba eso. Reconocía en si misma sus capacidades de liderazgo y gran aprecio por la vida misma, sin embargo nada le habría podido indicar con exactitud el camino que estaba tomando su destino con esos datos tan escasos.

Y es que ¿a qué punto podía creerles si lo que le mencionaban era normal? Los monstruos jefes se destacaban por esos talentos tan específicos ante la leyenda de que su especie surgía de los inmensos y extintos dragones, y por ende, eran tan majestuosos e imponentes como quisieran ser. Aquella fuerza y resistencia (y sin contar el fuego interno que contenían con gran voluntad), eran tan naturales en su especie que no le sorprendía que fueran tan queridos y alabados.

No, Toriel no abusaba de sus dones ante el resto de los seres, sino todo lo contrario. Respetaba con gran aprecio cada ser existente y le maravillaba lo que implicaba cada uno sobre la tierra al grado de nacer su apego al estudio profundo sobre cada uno. Las oráculos habían observado ese interés en ella y la habían terminado acogiendo en su templo para brindarle todo el conocimiento posible.

Fue ahí cuando descubrió que aparentemente tenía un destino que habían visto ellas, y fuera lo que fuera, le estaban presionando porque lo cumpliera.

Aborreciendo que estuvieran forjando su futuro sin siquiera preguntarle, Toriel se escapaba ante cada oportunidad para poder visitar el pueblo humano más cercano y despegarse de aquello que forzaban que cumpliera sin decirle con exactitud de qué se trataba.

Si había alguien que pudiera decidir su futuro, era ella y nadie más. Unas vejestorias adivinas no le indicarían que hacer con su vida. Tal y como había dictado el rey Asmodeo Dreemurr, todos tenían la libertad de poder elegir su profesión. Si las sibilas habían querido mantenerse únicamente en ser oráculos eso era asunto suyo, ella quería ser algo mucho más... aunque aún no tenía definido qué específicamente.

Siendo tan joven, amaba la aventura y el riesgo que implicaba escaparse al pueblo humano. Corrían los rumores de que a muchos no les gustaba su presencia al considerarlos problemáticos, pero también existía la teoría de que eran realmente celos de su capacidad nata de poseer magia. Fuera lo que fuera, a los monstruos no les preocupaba ello, sino que buscaban con cariño que se aceptaran tal y como son para poder vivir con armonía y aprecio el uno al otro. El rey en persona solía recorrer las zonas humanas con ese propósito y permitía con mucho gusto que los humanos hicieran lo mismo en sus territorios.

A Toriel le gustaba visitar el lugar cada vez que se ponía el bazar. Podía encontrarse todo tipo de cosas y aromas tan extravagantes que recorrían tierras lejanas con el fin de poder vender sus productos, pero ella siempre frecuentaba el puesto de caracoles directamente antes que todo lo demás.

-Hey, pensé que hoy no vendrías, cabrita –El vendedor ya anciano le entregó una bolsa de sus preciados caracoles a la cantidad que siempre pedía. A Toriel le encantaba visitar a ese humano por la gran atención que le tenía –El bazar está por terminar el día de hoy.

-Tuve un contratiempo –Recibió con gusto la bolsa en lo que le pagaba –Y no soy una cabra, ya te lo dije.

-No tengo la culpa de que parezcas una –Se burló en gran medida. Ya sabía que a la joven no le gustaba que la compraran con una, pero le era inevitable hacerlo.

Se despidió amablemente y se encaminó a recorrer lo poco que quedaba del bazar. Algunos de los vendedores le sonreían con gran alegría tras reconocerla en su visita, pero otros la observaban con cara de pocos amigos que la monstruo ignoró rotundamente.

Justo al pasar por uno de los puestos que vendían pan, una figura encapuchada chocó con ella con tal fuerza que la tumbó por completo al grado de regar sus caracoles por todos lados sin salvación alguna.

-¡Agghh! –Se quejó completamente molesta mientras se sobaba la cabeza adolorida -¿Qué no puedes fijarte por dónde caminas?

-Lo… lo siento. No fue mi intención –La voz sonaba masculina y muy firme –Permíteme ayudarte.

-Puedo sola, no te necesito, estorbo –Negó por completo la mano que se estaba extendiendo hacia ella.

Tras notar que la figura frente a ella no se movía, se dispuso a retirarse sin decir nada más ante el enfado de que le hiciera perder sus caracoles, pero tras contemplar con más detalle la mano que aún permanecía tendida hacia ella pese a que ya se había levantado, se percató de que era muy similar a la suya. No podía verle el rostro ni nada mas con la capucha larga que tenía consigo, por lo que le dio algo de curiosidad.

-¿Tú…? –Comenzó a decir Toriel.

-¡Gorey! ¡Te encontré! –Otra figura encapuchada se acercó al sujeto un tanto apresurado. Pese a portar la misma vestimenta misteriosa, éste no se esmeraba en ocultar su identidad, al cual Toriel pudo notar inmediatamente que se trataba de un esqueleto –Se está haciendo tarde. Tenemos que irnos ya.

-Si, si…ehhhh… -Se giró nuevamente a la monstruo joven un tanto temeroso pese a la insistencia demasiado notoria de su amigo –Nuevamente lo siento.

-Ya entendió, no insistas tanto –Bufó el esqueleto en lo que lo empujaba -¡Vámonos!

-Entendido, Dings… -Comentó un tanto nervioso en lo que avanzaba siendo empujado por el esqueleto sin poder lograrlo realmente.

Aunque no quisiera darle importancia ante el enfado que le había dado el suceso, no pudo evitar sentir curiosidad sobre porque ambos monstruos iban encapuchados y tenían tanta prisa. Notando que ya estaban demasiado lejos, dio paso prisa para poder alcanzarlos sin que la notaran. Su sed infinita de conocimiento le indicaba que debía de averiguar qué se traían entre manos aquellos tipos ante tanto misterio entre ellos.

Sorprendentemente, fue un largo recorrido que los estuvo siguiendo al grado de que el atardecer ya se estaba poniendo en el horizonte. Había recorrido gran parte del pueblo siguiéndolos tan cuidadosamente que no se había percatado de que ya había pasado su hora de regreso. Queriendo omitir ese pensamiento de su mente, continuó avanzando hasta poder dar con algo que saciara su curiosidad del momento.

Tras percatarse de que ambos sujetos se habían metido en un callejón, esperó un poco para evitar que la notaran en lugar tan cerrado, pero en cuanto entró procurando tener cuidado, el esqueleto de gran altura le estaba esperando de algún modo estando recargado en la pared mientras comía una manzana.

-¿No te han dicho que es grosero seguir a la gente? –Dio una gran mordida mientras miraba despectivamente a la monstruo perpleja de que la hubieran descubierto. Esperó tranquilamente a tragar su bocado para continuar hablándole con el mismo tono sombrío –Tus ropas son del Templo de la Visión ¿Qué no se supone que en ese lugar únicamente pueden entrar las oráculos? He de suponer que además de acosadora, eres ladrona. ¿Qué vienes a buscar aquí?

Le había hecho demasiadas preguntas e insultos en tan corto tiempo que aquello avivó el enfado en la monstruo jefe, lo cual no ocultó para nada en mostrarle al sujeto frente a ella, sin embargo éste ni se inmutó y le siguió observando frívolamente. Ni siquiera le preocupó en el momento de que la hubieran descubierto ante el enojo.

-Si no tienes una respuesta para nada, entonces lárgate de una vez –Dijo sin más el esqueleto –No tienes nada por qué hacer aquí.

-Tú no me mandas, huesitos –Gruñó Toriel –Mejor tú apártate de mi camino.

-Error. ESTE es mi camino –Sus cuencas brillaron al enfatizar en sus palabras. Una muy brillante luz color lila resaltaba delo que aparentemente eran sus ojos –Si das un paso más… te aseguro que no querrás pasar un mal rato, niña.

-¿Crees que con eso vas a asustarme? –Se burló en lo que prendía de sus manos dos potentes llamas y daba un paso más desafiando al encapuchado recargado –Se necesita mucho más para infundir miedo a un monstruo jefe ¿Eso no te lo han dicho?

-¿Eso es lo que eres? Pfff, pareces más una cabra loca –El esqueleto terminó de comerse su manzana y se irguió con aire desafiante.

-Te usaré de mondadientes en cuanto acabe contigo –Se burló Toriel mientras se ponía en modo de batalla.

Era más que consciente de que no estaba haciendo nada bien, empezando por el hecho de que el esqueleto tenía razón sobre no seguir a gente extraña y de querer continuar haciéndolo pese a ser descubierta, pero no le gustaba para nada que la ofendieran con ese tono sabelotodo que resaltaba en el monstruo, además de nunca tomarse bien que la retaran y le dijeran qué hacer. Ya tenía demasiado con las oráculos con ello.

Sin tener piedad alguna, Toriel dio el primer golpe lanzándole una gran bola de fuego sin importarle qué tanto daño le provocase. Se estaba dejando llevar por su enojo una vez más y no midió el impacto con el que estaba lanzando su ataque. Sin embargo, ante su sorpresa, el esqueleto ya no estaba frente a ella en cuanto lanzó su potente llama.

-Bien, ya diste tu primer golpe –Toriel se giró sorprendida de notar que el esqueleto estaba detrás de ella ¿En qué momento se había cambiado de lugar? –Es mi turno entonces.

-¡¿Qué…?!

Sin entender del todo cómo es que estaba pasando, se encontraba elevada a demasiada altura para su gusto y sin poder moverse ante la magia.

-Di de una vez que te vas a retirar y dejar de seguirnos si quieres que te suelte –El esqueleto alto volvió a apoyarse en la pared con los brazos cruzados y con calma mientras la tenía suspendida a bastante altura.

-¡Tu no me mandas!

-Entonces pasarás la noche fingiendo ser un ave muy fea.

-¡Hijo de…!

Ni siquiera pudo terminar su exclamación con odio ante un martillo salido aparentemente de la nada que casi se estampa hacia el esqueleto, el cual esquivó con una velocidad sorprendente sin siquiera inmutarse ante el ataque, sin embargo fue lo suficiente distractorio para que soltara a la monstruo dejándola caer a demasiada altura.

Toriel ya se había preparado para recibir el impacto ante el terrenoso suelo, pero una figura había estado ahí con demasiada precisión para cargarla en el acto sin que se lastimase. Ante la sorpresa, notó que su salvador era la figura encapuchada con la que había chocado en el bazar, sólo que esta vez pudo contemplar con mayor claridad sus ojos castaños ante tanta cercanía de su parte.

-¡Dings! ¿Te has vuelto loco? –Una tortuga joven pasó un tanto molesto en lo que recogía el martillo a lado del esqueleto indiferente de las cosas –Todavía que no podemos llamar la atención te pones a hacer este tipo de cosas.

El esqueleto simplemente se encogió de hombros sin preocupación alguna mientras seguía siendo regañado por la tortuga que parecía tener una brutal fuerza al ponerse su martillo en su hombro sin problema alguno pese a notarse a simple vista que era un arma muy pesada.

-Cálmense los dos –El encapuchado bajó con mucho cuidado a la joven monstruo mientras empleaba un tono de lo más amable pese al conflicto que estaban teniendo los presentes –No hay necesidad de pelear.

Comenzó a dirigirse hacia ellos con tranquilidad, pero Toriel ante su curiosidad y enfado de todas las cosas que había pasado, aprovechó el descuido que había hecho el sujeto de darle la espalda para retirarle de un tirón la capucha y poder contemplar por completo al tipo que le había salvado de una fea caída, pero que también era el culpable de que se quedase sin su merienda favorita.

Todo había pasado tan rápido que ninguno de los presentes pudo reaccionar con tiempo ante la revelación. Teniendo el pelaje más blanco que había visto, además de unos mechones que parecían ser de oro ante su melena, Toriel contempló estupefacta al monstruo jefe que estaba frente a ella mirándola entre sorprendido y asustado.

El esqueleto había hecho un ademán de querer levantar de nuevo a la atrevida joven, sin embargo fue detenido una vez más por la tortuga que también estaba preocupado de que se revelara el rostro de su amigo. Sin embargo, nadie estaba tan asustado y sorprendido como Toriel ante la presencia de tal figura majestuosa que se había atrevido a insultar con sus actos.

Alguien que difícilmente se dejaba ver ante los cuidados del castillo a tal grado de que difícilmente se podía creer en su existencia, pero siendo su figura tan majestuosa tan notoria, así como siendo ella habitante del templo de las devotas más fieles de la realeza, le era imposible no poder saber de antemano ante quién estaba y saber que era tan real como toda la existencia.

El príncipe y futuro rey de los monstruos, Asgore Dreemuur, estaba frente a ella.

-Majestad –Sin cuestionárselo más ante el temor de una gran represalia de su parte, se hincó en una reverencia de total arrepentimiento –N-no sabía que era usted, yo…

Ni siquiera le dejó terminar sus disculpas. Con sus grandes manos sujetando con cuidado sus hombros, le hizo el ademán de que se levantara sin preocupación alguna. Ante el cálido y suave tacto del miembro de la realeza, hizo caso a su petición silenciosa.

-No hay necesidad de eso –su sonrisa era de las cosas más cálidas y benévolas que había contemplado Toriel en su vida –Más bien yo te debo más de una disculpa ¿no es así?

-Y-yo n-no… -Un tanto avergonzada de cómo se habían presentado los hechos, así como poder hablar con el príncipe tan cordialmente, no pudo evitar contener el sonrojo que se asomaba en su pelaje –El error fu-fue mío… majestad.

-Aun así permíteme recuperarte los caracoles que perdiste.

-Eso tendrá que ser luego, Gorey –Se acercó el esqueleto interrumpiendo –Si no llegamos antes al castillo, tu padre nos calcinará a Gerson y a mí.

-Pero ni siquiera pudimos ir al campo por… -Comenzó a hablar un tanto decepcionado el monstruo jefe.

-Eso reclámale a la cabra loca –Comentó despectivamente sin mirar a Toriel, la cual nuevamente se molestó con sus palabras –Perdimos demasiado tiempo tratando de que nos perdiera el rastro.

¿Así que se habían dado cuenta desde el principio de que los estaba siguiendo? Toriel no sabía si seguirse molestando ante la actitud apática del esqueleto o sentirse avergonzada de tantas estupideces de su parte en tan sólo un día.

-No somos cabras, Dings –Suspiró el príncipe un tanto resignado, dándole a entender de que ya había empleado ese término en variadas ocasiones –Y no tienes por qué ser grosero con la damisela. Discúlpate.

-Cuando las vacas vuelen.

-En teoría hiciste volar hace rato a alguien que parece una, así que… -Comentó burlonamente la tortuga estando a su lado un tanto divertido de cómo se estaban presentando las cosas.

-¡Cállate!

Toriel estaba ante un mar de emociones tan variadas que comenzó a marearse al no poder tener un orden en ellas. Antes de no poder hacer algo al respecto con ello y de que sus impulsos la controlaran una vez más, se fue corriendo lo más lejos de ellos que pudiera, contemplando en un fugaz movimiento el desconcierto del príncipe de su fuga.

Corrió hasta que sus patas no pudieron más y la noche la cubrió en su tormento de sentimientos de vergüenza y culpa. Se detuvo a respirar entrecortadamente estando cerca del Templo de la Visión al que aparentemente llamaba hogar desde hacía años. Al entrar se esperaba una represaría por parte de sus cuidadoras, pero en cambio la contemplaron llegar sin expresión alguna.

Cómo odiaba esa mirada de ellas. Y no era por juzgarlas ante su apariencia de unas mantis religiosas bien vestidas, sino porque siempre tenían esa expresión indiferente de saber siempre todas las respuestas del universo sin tener en cuenta de que trataban con seres que si tenían sentimientos a diferencia de lo que aparentaban ellas, que parecía que su naturaleza vidente con la que nacían era comparable con sus nulas capacidades de comprender lo que eran las emociones y variaciones de la misma.

-Por la forma en la que me miran, supongo que no debo de dar explicaciones –Atajó Toriel sin rodeos -¿Estaré castigada o eso es algo que aún no han visto?

-No hace falta de tales majaderías de tu parte, Toriel –La más vieja de todas habló con suma claridad. Todas las oráculos eran viejas (como si de alguna forma nacieran siendo así), pero ella particularmente se veía como la más anciana de todas –Si, sabemos dónde estuviste. Si, estás castigada. Y si, no podrás salir por un mes entero.

-Pero…

-Ahora ve a limpiar la sala de oración –La vieja levantó su alargada mano para detener todo diálogo –No podrás dormir hasta que termines.

De mala gana, hizo caso a la orden, lo cual le llevó horas cumplir al ser una zona de lo más inmensa donde se presumía que se reunían las oráculos para visualizar qué es lo que vendría por medio del rezo y don de los "dioses". Aunque Toriel viviera con ellas, lo cierto es que era atea ante pensamientos tan burdos que tenían sus cuidadoras. Que ellas consideraran que los mismos seres místicos les concedieran ese aparente don de poder ver las cosas con mucha anticipación le parecía ridículo. Las oráculos simplemente le decían que era su inmadurez hablando ante hechos que no conocía y que ni conocerá.

En lo que limpiaba la sala con el mayor de los cuidados (muchas de las cosas eran muy delicadas), continuó pensando en su encuentro con el príncipe y cuestionándose porqué había salido con ese cuidado tan riguroso con sus acompañantes. Su lógica le indicaba que no se le podía ver ante el cuidado extremo que le tenían sus padres y había querido salir a conocer un poco de lo que implicaba el mundo, pero por otro lado se decía a sí misma que ese pensamiento era absurdo si esa era su forma de pensar y no de la realeza.

Esos mechones dorados decorando su blanco pelaje…

Toriel se golpeó a sí misma en uno de los pilares a modo de castigo ante tal pensamiento. Lo que menos necesitaba era pensar en lo atractivo y dulce que…

Volvió a pegarse sin dejarse terminar ese nuevo pensamiento.

-Me pareciste torpe en cuanto te vi, pero no creí acertarle tanto.

Sorprendida de esa voz tan clara en el lugar, Toriel soltó la escoba que estaba en sus manos para girarse en busca del origen de aquel insulto. No tardó para nada en toparse con el mismo esqueleto indiferente comiendo una vez más una manzana sin cuidado. Solo que esta vez estaba sentado en la mesa de oraciones sin respeto alguno y portando una vestimenta distinta bastante reconocida para la monstruo jefe.

-Eres un alquimista –Señaló Toriel sin querer armar un alboroto en tal zona. Atea o no, entendía lo que implicaba el respeto al lugar -¿Cómo fue que entraste aquí?

-Tu pregunta se responde por si sola –Se burló secamente –Soy un alquimista. Puedo aparecer donde yo quiera.

-Entonces cambio mi pregunta –Toriel estaba haciendo un verdadero esfuerzo de no molestarse, pero parecía que el esqueleto no se lo ponía nada fácil -¿Qué haces aquí?

-No me agrada tener que buscarte, no me agradas, te lo dejo en claro –Se fue a lo directo mientras se paraba del lugar para dirigirse a ella –Pero mi amigo insistió en que te trajera esto.

Le entregó una carta en el acto, cosa que desconcertó por completo a la monstruo mientras lo tomaba. Por la calidad del papel pudo intuir que se trataba de algo del mismo príncipe (lo que no pudo evitar que se sonrojara de pensar en la posibilidad) pero al comenzar a leerlo…

-Tiene una pésima letra –Bufó sin pensarlo. Lo cierto es que le sorprendía de ello ¿Qué no se suponía que al ser príncipe tenía el más prestigio de los estudios a su alcance? Sus escritos y ortografía indicaban todo lo contrario.

-Deberías de tener más respeto sobre sus cosas –El esqueleto cruzó son brazos mientras observaba a la monstruo leer el contenido –Es tu futuro rey.

-Y tú deberías de tener más respeto sobre este lugar –Toriel no apartaba la vista de la carta mientras le respondía, tratando de descifrar qué realmente le estaba queriendo decir el príncipe en su contenido –No por nada es un templo.

-Es absurdo pensar en deidades cuando cada quien puede decidir su propia vida –Atajó con suma indiferencia, pero aquel comentario sorprendió a la antropomorfa apartando la vista del papel –Lo que predicen son simplemente cosas de lo más obvio. Es claro que mienten sobre su poder.

-Bueno, entonces somos dos los que opinamos así –Por primera vez, Toriel sonrió levemente ante las palabras del alquimista, cosa que sorprendió un poco al sujeto que aún se mantenía de brazos cruzados.

-Si tú también lo crees ¿Entonces qué haces trabajando aquí?

-Vivo aquí –Al lograr por fin comprender el contenido de la carta, se la guardó en el bolsillo ya más animada ante la ternura que percibió en sus garabatos –Sé que sólo las sibilas pueden entrar a este lugar, pero ellas me acogieron siendo huérfana. Así que de algún modo estoy agradecida con ellas.

-Déjame adivinar. Te dijeron que tienes "un gran futuro hacia la grandeza" –Una leve sonrisa se asomó en lo que vendría siendo el rostro del esqueleto.

-Jajajaja, si –Se rio más calmada Toriel, evitando subir el tono de su voz para no llamar la atención –Parece que le dicen lo mismo a todos.

-Cada vez que visitan el castillo mencionan mucho eso a Gorey. –Dejó de tener sus brazos cruzados a modo defensivo –Aborrezco lo que tratan de hacer de controlar las grandes masas y a los reyes mismos, pero es envidiable el acceso que tienen al conocimiento y que no lo compartan es un insulto.

-Mmmm, hagamos un trato –Lo cierto es que no le agradaba aquel tipo, pero si quería su cometido, tenía que llegar a ese tipo de cosas –Si le llevas mi respuesta al príncipe sobre su carta…

-No soy una estúpida paloma mensajera –Volvió con su tono despectivo al sentirse usado.

-…te prestaré uno de sus libros secretos –terminó diciendo haciendo caso omiso a su comentario.

El esqueleto la miró seriamente, pero su mirada le indicaba que realmente le era tentador el trato.

-Muy bien –finalmente comentó sin borrar su mirada fría –Pero date prisa.

-No tengo papel a la mano, pero dile que muchas gracias –Hizo todo lo posible por contenerse y no sonrojarse ante el sujeto nada agradable – Que no se preocupe por los caracoles, yo puedo conseguirlos otro día y… que lo siento.

-¿Eso es todo? –si tuviera una ceja, el esqueleto ya la habría levantado –Bien, ¿ahora donde…?

-Primero dale mi mensaje –Toriel recogió la escoba para continuar con su labor –Ya que me asegure de que lo hiciste cumpliré con el trato.

Y esa fue una de las muchas noches en las que ambos monstruos jefes usaban al esqueleto como mensajero para conocerse el uno al otro. Le era más que notorio que al ser no le gustaba para nada tener que hacer eso, pero si seguía cumpliendo con ello era porque en verdad apreciaba a su amigo, o porque en verdad tenía un rotundo interés en toda la información que tenía la biblioteca de las oráculos. Por cada mensaje era un libro que Toriel robaba para prestárselo, por cada mensaje era algo más que podía conocer del príncipe… por cada mensaje era una razón más para controlarse.

En esas noches había conocido en sus escritos (que en una de sus cartas le había dicho sin temor alguno que tenía que mejorar en su letra) que el príncipe no podía salir ante los nervios de su madre la reina ante amenazas que le llegaban de voz en voz, pero que él siempre había querido ver las flores que crecían fuera de los terrenos del reino y que sus amigos en un intento de ayudarlo lo acompañaron para saciar esas ganas de poder verlas por sus ojos. Pero aunque no pudiera cumplir con el cometido, estaba feliz de haberla conocido.

Muy ante su orgullo inminente, Toriel gritaba de la emoción cada vez que leía las palabras tan dulces del príncipe. No tardó en percatarse a sí misma de que le atraía en más de una forma el futuro rey y eso era más que suficiente para soportar la actitud apática del esqueleto que lograba calmar dejándole leer uno de los libros ocultos en los que ella leía las cartas que casi cada noche le traía.

Pasando los meses de constante mensajería, la felicidad que había mantenido a la joven en constante actividad nocturna, se apagó por completo ante la cruda realidad que estaba enfrentando.

Se había enamorado del príncipe.

Durante los días de contantes labores de limpieza, Toriel se cuestionaba a sí misma si tenía que dejar de mantener esa rutina para apegarse a su realidad. No podía esperar algo más del príncipe salvo su aparente amistad que mantenían por correspondencia, debía de dejar de ilusionarse por algo que no existía. Y tras tener esos pensamientos tan tortuosos persiguiéndola en su trabajo, Toriel terminó dándose topes en el pilar… literalmente.

-Creí que habías dejado de ser torpe –Esa voz ya tan conocida para la antropomorfa no le sorprendió en absoluto –Supongo que me equivoqué contigo.

Toriel simplemente gruñó en lo que se seguía dándose de topes en la dura piedra tallada. Tras varios minutos de hacer lo mismo, el esqueleto simplemente suspiró resignado antes de tener que emplear palabra alguna.

-Estoy harto de tener que hacer esto, así que será la última vez –Amenazó para llamar la atención de la joven.

-Aww, yo sé que me adoras, huesitos –Se burló Toriel manteniendo su frente en el pilar para calmarse.

-No es así, te lo aseguro –Su expresión tan frívola se mantuvo intacta en lo que se acercaba a ella –Contén la respiración y no te muevas.

-¿Porqué…?

No tuvo tiempo para reaccionar ante el cambio repentino de escenario que contempló ante sus ojos en un pestañeo. Perdió levemente el equilibrio al sentir que estaba en un terreno distinto al que estaba hacía un segundo y se detuvo en la primera pared que pudo tocar mientras el esqueleto la soltaba sin darle importancia a su estado.

La fina piedra tallada que estaba tocando… Toriel se percató asustada de dónde estaba.

-Esto es el castillo –Susurró preocupada observando al esqueleto que miraba hacia ambos lados para asegurarse de que no había nadie en ese pasillo –Si me ven aquí… Esto es prohibido…

-¿Te parece que me importan las reglas? –Pese a sus palabras, su mirada de algún modo le indicaba que existía prisa para moverse del lugar en el que estaban –Gorey insistió en esto, así que andando.

-¿Porqué no me llevaste mejor directamente hacia donde está él? –Le extrañó eso –Dijiste que podías aparecerte en donde quisieras.

-En donde quiera siempre y cuando no sea fácil de detectar –Atajó en el acto –Hay zonas en el castillo que están protegidas con runas que me impiden aparecerme por medio de la manipulación del espacio.

-El príncipe y tu han de ser en verdad buenos amigos para que hagas tantos riesgos por él –comentó aun susurrando en lo que lo seguía.

-No pretendas saber cosas sobre mí –Le contestó de la misma forma –Pero si te sirve de algo, si, en verdad somos amigos.

-¿Y cómo es que alguien tan dulce como él tiene un amigo tan frío como tú?

-Eso pregúntaselo a él esta vez, yo ya no seré el mensajero de ambos –Gruñó el esqueleto en lo que apresuraba su paso, siendo seguida por la joven con el mayor cuidado posible –Tu pregunta es casi lo mismo a lo que me cuestiono sobre qué vio él en ti siendo tu tan temperamental y el tan calmado.

-¿Ha dicho algo sobre mí? –La emoción que le dio saber qué opinaba algo sobre ella le hizo ignorar las palabras tan despectivas del sujeto que tenía como guía en tan peligroso lugar para ella. El esqueleto simplemente suspiró resignado sin querer responder más.

Para suerte de ambos, no fue mucho lo que tuvieron que recorrer y sin ser detectados por nadie. Parecía que el esqueleto en verdad sabía moverse entre las sombras en el lugar, como si estuviera acostumbrado a hacerlo con tal destreza. Aquello le hizo cuestionarse a la monstruo si el alquimista tenía permiso de ver al príncipe realmente si tenía que tener tanto cuidado en sus pasos.

-Por aquí –Le indicó en un susurro.

El esqueleto oprimió una parte de la pared y esta se abrió ante ellos. Toriel quedó tan sorprendida de conocer un pasadillo secreto del castillo que ni se percató de que estaba siendo jaloneada por el alquimista para forzarla a entrar lo más prisa posible. Una vez dentro ambos, con un detonante de la magia del esqueleto se cerró la puerta, dejándolos en completa oscuridad. Toriel reaccionó inmediatamente y activó una llama en su garra para poder ver hacia dónde iban.

-¿Qué es este lugar?

-La familia Dreemuur se ha caracterizado por su destreza en todo terreno posible –Explicó mientras andaban en el camino de piedra –Por cualquier cosa que pudiera presentarse, construyeron este castillo con tantos pasillos secretos como fueran posibles en caso de una rebelión o una guerra inminente.

-Entonces los rumores sobre… -Ni siquiera pudo terminar bien su oración ante la preocupación que le dio considerar en las posibilidades –Lo que dijo el príncipe, sobre las amenazas…

-Son sólo rumores –Aclaró el esqueleto sin chistar –El rey y el príncipe consideran que hay algún cómico por ahí que sólo quiere alargar una broma absurda, pero la reina en cambio… piensa que es algo que no debe tomarse a la ligera.

-Los humanos son muy amables –Comentó Toriel sin siquiera cuestionarse si debía de dar su opinión –Hay tantas maravillas en ellos que es difícil poder contar todas.

-He de suponer que frecuentas mucho la aldea humana –No sonaba como burla ni regaño, simplemente como un interés tenue sobre su persona que desconcertó un poco a la joven –El rey tiene la misma opinión que tú.

-¿Hablas con el rey? –Se sorprendió de saber eso.

-Soy el único alquimista que queda en la orden. Los demás abandonaron el puesto al querer ser algo más que lo que dictaba su especie –Explicó naturalmente mientras andaban –Por la misma ley han querido entrar otros a la profesión, pero ninguno ha dado el ancho y el rey finalmente me nombró miembro honorario pese a mi joven edad.

-¿Joven? Te ves tan esquelético que juraría que eres un muerto andante –No contuvo para nada su risa al sentirse segura en su andar.

-¿Siempre andas haciendo bromas? –nuevamente regresó su tono sombrío. –Y yo que pensé que con tanto conocimiento al alcance serías más inteligente.

-Lo soy, huesitos –Sonrió sin preocupación alguna.

No hablaron más en el largo andar del pasillo, el cual pudieron recorrer con total calma ante la imposibilidad de que los vieran en tan escondido lugar. Una vez que visualizaron una ranura brillante de una pared, Toriel se detuvo mientras dejaba que el esqueleto hiciera lo suyo para abrir la puerta invisible con su magia. Una vez que la joven pudo contemplar a dónde habían parado a llegar… no pudo evitar sonrojarse al saber dónde se encontraba.

El cuarto era sumamente grande, lleno de cristalinos contenedores portando variedades de flores que uno que otro podía reconocer la joven en el acto, pero eso no era lo que le dejaba un tanto estupefacta, sino el contemplar el hecho de que estaba en la habitación del príncipe. Era algo vergonzoso de su parte estar en la habitación de un miembro de la realeza (además de ser de un hombre), pero no pudo evitar curiosear las cosas que podían verse a simple vista como su escritorio que tenía las variadas cartas que había recibido de ella, como las muchas hojas arrugadas esparcidas en el mismo lugar ante todas las veces que se había cuestionado sobre qué decirle realmente o tener que reescribir algo simplemente por notar que su letra no estaba lo suficientemente legible para ella.

Él era tan atento con ella… Hasta en esos detalles tan banales.

¿Cómo era posible que tenía esos sentimientos por alguien que sólo había visto una vez en su vida? Era cierto que se habían mantenido en constante comunicación gracias a las cartas que ambos se enviaban por el medio seguro que era el amargado esqueleto, pero eso no debía de suponer que aquello fuera suficiente para poder enamorarse de un aparente desconocido.

Sin embargo, en cuanto vio que él estaba entrando a la habitación, su corazón latió con tanta prisa que no le dio cupo a la duda.

-Ehhh… E-estás aquí…. –Titubeó el príncipe ante el desconcierto de verla en sus aposentos.

Aquello la desconcertó un poco ¿Qué no se suponía que él había pedido que fuera? Se giró un tanto interrogativa a su captor, pero éste por primera vez desde que lo conocía, estaba sonriendo en verdad.

-Bueno, mi trabajo aquí está hecho –Empujó a la monstruo jefe sin preocupación alguna y se retiró hacia el pasillo secreto –Ya me lo agradecerás en su momento.

-¡Espera Dings! –Exclamó un tanto nervioso el príncipe.

-Adiooooooos –Pudo escuchar una leve risa antes de que se cerrara la puerta de piedra sin mostrar cómo era que se había formado antes.

El futuro rey se giró en un acto desesperado hacia la puerta de su habitación, pero en ella ya estaba la joven tortuga sonriendo infinitamente.

-Esto es por tu bien, Gorey –Era notorio que se estaba conteniendo la risa –Cuídenseeee.

Al cerrar la puerta rápidamente, se pudo escuchar con claridad que había puesto su pesado martillo para detener la puerta, mientras que las risas se hicieron notar sin preocupación alguna hasta alejarse. Ambos monstruos jefes se contemplaron el uno al otro, completamente perplejos de lo que acababa de pasar, pero mientras Asgore estaba rojo de la pena, Toriel simplemente se echó a reír como los demás al tomar todo de la mejor forma posible.

Muy en el fondo (del que su orgullo le permitía) estaba agradecida con ese par por la oportunidad que le habían brindado sin pedírselos. Asgore terminó riéndose de igual forma al sentirse más calmado.

-Vaya par de amigos que tengo… -Se dijo para sí mismo pese a que su tono fue de lo más evidente.

-A mí me parece que te quieren mucho –Sonrió enternecida con todo.

Ante la inevitable prisión que formaron para ellos en tan elegante lugar, ambos monstruos jefes terminaron hablando de todo lo que no podía expresarse en sus escritos. Toriel era quien más hablaba ante la emoción que no podía ocultar más de poder conversar con él tan amenamente, mientras que el príncipe la escuchaba todo el tiempo con una gran sonrisa decorando su rostro.

-¿Y cómo es vivir con ellas? Con las oráculos.

-Son unas malditas sabelotodo –Ni se preocupó en reparar en su vocabulario ante el príncipe –Se hacen las que saben infinitamente todas las respuestas, pero en realidad sólo pueden ver con anticipación las cosas en un margen de horas anticipadas. Eso de que puedan ver cómo será toda tu vida es un invento suyo.

-Es una lástima… -Comentó el príncipe –Me dijeron algo muy bello sobre mi futuro.

-Si te dijeron algo sobre "grandeza", déjame de una vez aterrizarte en el tema –Comentó un tanto hastiada de que usaran la misma cosa para todos

-No sobre ello –Rió levemente de entender el caso –Me dijeron algo… más.

-Y es aquí cuando me dices qué es o… -Interrogó un tanto impaciente de su timidez. Era cierto que le parecía lindo esos actos suyos, pero también eran desesperantes cuando casi toda la noche se había comportado de ese modo.

El rostro del futuro soberano enrojeció en gran medida. Pero antes de que reclamara la joven por ello, Asgore se acercó a ella sujetándola de los hombros suavemente. Tanta cercanía desconcertó a la antropomorfa, pero tampoco se movió al agradarle de algún modo su acto.

-Sé que sonará a locura… y puede que no querrás saber nada más de mí en cuanto te lo diga, pero…

-¿Pero…?

-Yo…Y-yo…

Toriel ni siquiera quería esperar a que titubeara más. La impaciencia la estaba carcomiendo en ese instante al grado de dejarse llevar por sus instintos al acercarse cada vez más al enrojecido príncipe frente a ella. Estaba por cerrar los ojos cuando un estruendoso sonido los desconcertó a ambos.

-¿Pero qué…?

El sonido no había sido interno, sino que yacía a mucha distancia del castillo. Toriel se levantó para asomarse en la terraza del príncipe siendo seguido por ella ante la curiosidad. La gran columna de humo resaltando pese a la negrura de la noche indicaba el lugar donde había sucedido tal estruendo. Pero…

-¡Asgore!

Ambos monstruos jefes giraron hacia la voz, en lo cual estaban la tortuga y el esqueleto en la puerta con un semblante nada agraciado. En la espera de que dijeran algo, la incomodidad de un momento crítico reinó por un minuto que se sentía eterno entre las cuatro paredes. Fue cuando el esqueleto se decidió a mirar directamente a los ojos de la joven cuando supo que en verdad las cosas no estaban nada bien a partir de ahora.

-Lo siento mucho… -Su voz realmente sonaba sincera.

No tenía que preguntarle nada, había entendido realmente qué había pasado. Y enfrentarse a ese golpe tan duro que le estaba dando la vida fue tan doloroso que no pudo soportarlo. Toriel salió corriendo sin ser detenida por nadie, no había forma ni derecho de hacerlo de igual modo. Ahora mismo no le importaba nada, le daba igual si alguien la veía en tal lugar y tampoco le importó quienes eran con los que chocaba.

Corrió y corrió… hasta que su alma le indicó que se detuviera.

El templo… Aquello a lo que llamó hogar pese a sus quejas constantes… estaba destruido.

El orgullo era algo que la caracterizaba y de lo que siempre se aferraba ante cada situación en la que llegaba a sentirse mal, pero en ese instante nada le importaba. Sin entender qué había pasado realmente, en una noche había perdido su hogar… su única familia.

En lo que las lágrimas corrían sobre su pelaje sin detenerlas, Toriel levantaba con toda su fuerza los restos, en busca de que alguien hubiera sobrevivido. No entendía qué estaba pasando ¿Por qué nadie se acercaba? ¿Por qué nadie ayudaba? ¿Qué no se daban cuenta de lo que había pasado?

"Las odiaban" pensó inmediatamente mientras seguía en su desesperada búsqueda. Ella misma las había detestado por su aire sabelotodo sobre todas las cosas, pero nunca al grado de no importarle el bienestar de ellas. Después de varios minutos de constante búsqueda y dolor en sus manos ante tanta resistencia, Toriel finalmente se dio por vencida. Su hogar se había vuelto un conjunto de ruinas.

Se dejó caer de rodillas ante el agotamiento mental y laboral que estaba teniendo. Nuevamente comenzó a llorar al darse cuenta de que en lo que estaba hincada era la gran mesa del salón del rezo. La zona en la siempre a mandaban cada vez que tenían que castigarla.

-Si realmente… Si realmente existe un Dios… -Le costaba mucho trabajo respirar ante tanto sollozo –Si me estás escuchando justo ahora…. Por favor… por favor…

¿Qué se le puede pedir a alguien cuando desechaste su mera existencia con anterioridad? Toriel ansiaba que le devolvieran a su familia en ese instante, deseaba que todo fuera un simple sueño y despertar inmediatamente, pero en cambio estaba situado en un tumulto de rocas toda llorosa y adolorida.

-Ellas creían en ustedes… -Gruñó hacia el cielo completamente enojada –¿Por qué les hicieron esto? Ellas no tenían la culpa de nada… No…

Sentía dolor, sentía rabia… pero también sentía… Sentía amor. ¿Acaso tenía sentido eso? ¿Se estaba volviendo loca? Tardó un poco en darse cuenta de que aquello sólo era un reflejo de lo que venía siendo cada sentimiento. Aquel tormento que la estaba ahogando ante tanta pérdida, era el reflejo de lo tanto que amó a cada una de sus cuidadoras. Estaba agradecida con cada una de ellas, y ante su rudeza temperamental nunca se los dijo. Tenía muchas cosas por qué decirles, pero ahora era demasiado tarde.

-Lo siento… lo siento mucho… -Las lágrimas corrieron nuevamente.

Oficialmente, habían aniquilado la existencia de toda una especie muy antigua.

Si fueron humanos o si fueron monstruos, o si sólo fue un accidente… nada de ello estaba en importancia del momento para ella. Siendo la hora más eterna en la vida de la monstruo jefe, estuvo hincada todo el tiempo ahí hasta que llegaron varios de la guardia real a inspeccionar el lugar, pero era inútil, ella ya había revisado todo y ya no quedaba nada.

-Por favor dame una señal o algo… -Se sentía completamente tonta ante su rezo, pero su dolor y desesperación habían tomado control sobre ella al grado de terminar actuando de esa forma.

Desconcertándola un poco, unas manos grandes le pusieron una capa sobre sus hombros. Lentamente se giró para darse cuenta de que estaba el príncipe a lado de ella, acompañándola en su dolor y pena.

Toriel no supo cómo fue que tuvo la voluntad de seguir adelante en ese preciso momento, pero tras ver por varias horas cómo la guardia real hacía su trabajo inútilmente, finalmente se levantó y terminó en los brazos del joven completamente llorosa.

-No estás sola –Su voz indicaba que realmente sentía su dolor –Te prometo que siempre estaré contigo.

-No puedes prometer eso. Nadie puede –La voz de la joven estaba entrecortada ante los sollozos que se escapan de su boca ante una rabia que estaba aguantando, pero nunca tuvo la voluntad de separarse de esos brazos tan cálidos y reconfortantes –Ni ellas con su visión pudieron hacer algo.

-Entonces voy a jurártelo –Se oyó decidido pese al mal momento –Te juro que estaré contigo en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad…

-Espera ¿qué no eso se dice en… otro tipo de situaciones? –Aunque el dolor estaba en ella, las palabras del futuro soberano le causaron gracia ante un contexto completamente fuera de lugar.

-Me estoy adelantando demasiado ¿cierto?

-Diría que sí, he… -Hizo el intento de reír un poco, pero el dolor seguía ahí.

-Lo siento… Me dejé llevar, supongo –Asgore se oía nervioso –Entonces sólo déjame acompañarte en tu pérdida.

-Ya lo estás haciendo, tonto.

Nunca supo cómo fue que tomó tanta fuerza para seguir adelante a partir de ese punto, pero estaba segura que parte de ello era gracias a ese abrazo tan repentino de su parte. Y tan sólo fue el inicio de un nuevo rumbo de su vida. Uno, que de algún modo, la estaba llevando a la grandeza que tanto le habían prometido las sibilas.

La grandeza de ser querida por una nación, de ser respetada ante sus contrincantes… y de ser amada… por él.

El sonido insistente hizo presencia fugaz en los tímpanos de la monstruo jefe al grado de despertarla. Tardó en reincorporarse en su cama al sentirse tan cansada ante un recuerdo condenado a ser olvidado. El celular retirado de su alcance seguía en su insistencia de resonar hasta lograr el cometido de ser atendido que tuvo que levantarse finalmente.

Antes de contestar siquiera, se limpió las lágrimas que se habían escapado durante su sueño vívido.

-Habla Toriel –Contestó un tanto adormilada –Oh, hola Undyne ¿Cómo estás?... ¿El cumpleaños de Alphys?... Claro, no hay problema… ¿Qué tan grande quieres el pastel?

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Asjdfbsajkdfbsadkjfbaskjfbsakdjfbaksjfaskjfbaskfbaskfbaskf :D

Estoy muy emocionada con esto, y no sólo por el hecho de publicar un especial, sino porque oficialmente éste es el capítulo 40 de esta fanfic! **lanza confeti de sus bolsillos**

Esto es gracias a todo el apoyo que me han brindado y sus palabras que me motivan a seguir adelante con esta historia! El siguiente capítulo lineal ya está en proceso, pero por cuestiones de trabajo puede que me tarde un poco. Gracias por la espera :)

Michi fuera!

:)