Capítulo especial 2:
El martillo de la justicia
La magia era al monstruo, era algo que todos en el mundo sabían. Pero para alguien como Gerson, era un defecto que no pudiera emplearla correctamente.
Desde niño se había sentido cohibido de no poder emplear magia como debía de ser, apenas y podía aparecer un par de burbujas que lo hacían inútil para las tareas ejercidas en su especie. Los kappa tenían la tarea designada por naturaleza de conservar el cultivo del reino con la habilidad que tenían con el manejo del agua, pero ante su incapacidad de poder llamarla a voluntad, terminaba simplemente con las tareas domésticas más bajas del cultivo que lo hacían ver más indefenso al tener que manejar las herramientas de jardinería mucho más altas y pesadas de lo que era él.
Pese a ello, su familia siempre lo motivaba a seguir adelante. Estaban todos seguros de que tenía un talento oculto bloqueado por su mera frustración, y que tan solo debía de seguir adelante para que saliera a brote en un día fantástico. Si, su familia era bastante alentadora cuando se trataba de su estado emocional, y justo por ello terminó aún más frustrado de no poder cumplirles sus altas expectativas que le tenían.
Fue así como un día tomó la decisión de huir de su hogar. No toleraba seguir fallándoles a todos al ser tan bajo, débil y tan inútil con la magia. Tras la llegada de las carretas que recogían el cultivo, aprovechó un descuido por parte de su aldea y se escondió entre tantas cajas como pudo. Aunque estuviera queriendo llorar, se contuvo una vez que se percató de que la carreta ya andaba en movimiento.
Había tomado una decisión, no se echaría nunca más atrás.
Con lo que no contaba la joven tortuga, era con el hecho de que las carretas tomarían un largo camino y que tarde que temprano le daría hambre. Sintiéndose culpable de tener que robar, terminó tomando algunas manzanas en el trayecto para mantenerse tranquilo y alimentado. Una vez lleno, quedó profundamente dormido con el arrullo del movimiento de la carreta en la que estaba.
-¡Pueden pasar!
Un grito repentino sobresaltó a la tortuga despertándolo por completo. Tras poder ver lo poco que le dejaban el tumulto de cajas, pudo contemplar que estaba en la capital del reino. Una emoción lo invadió por completo al poder conocer por primera vez tan mítico lugar. Los Kappa nunca se apartaban de sus aldeas por el bienestar de los cultivos, por lo que estaban destinados a nunca conocer las maravillas que tenía en su el mundo entero.
Aquel pensamiento lo motivó aún más; él sería el primer kappa en recorrer el mundo.
Cuando la carreta se detuvo, se mantuvo alerta de cualquier cosa para poder escapar en cuanto tuviera la oportunidad. No contó con el hecho de que vaciarían toda la carga de inmediato, poniendo en evidencia su presencia en el lugar.
-¡Oh por Dios! ¡Un niño! –Gritó el antropomorfo una vez que retiró una caja poniendo al descubierto su cara asustada de que lo encontraran -¡Y además un ladrón! ¡Guardias!
Asustado de que le hicieran algo de salirse de su zona designada, tumbó el resto de las cajas hacia el monstruo para escapar tan rápido como sus piernas cortas le permitían, pero sabía que era en vano, una tortuga jamás se distinguía por ser veloz, sino todo lo contrario.
En la búsqueda de un escondite mientras corría como podía, visualizó con claridad su entorno y contempló que estaba en un lugar rocoso tallado a mano en donde estaban llegando varias carretas con distintos contenidos. Le costaba trabajo poder comprender en el lugar tan respetable en el que se encontraba debido a su corta edad y su falta de conocimiento del mundo, pero no le parecía normal que hubiera tantos guardias en un lugar tan cerrado y tan extraño como ese.
Encontrando un pasillo libre, aprovechó la oportunidad de adentrarse en él y buscar una salida de inmediato, pero para su sorpresa y torpeza, se había adentrado aún más en tan extraño lugar. El pasillo le pareció inmenso conforme lo recorría un tanto más calmado en cuanto se dio cuenta de que no le seguían, pero no pudo evitar asombrarse con lo hermoso que era en su interior. Casi podría jurar que se trataba de una zona proveniente de un cuento o…
-Un castillo –Se respondió a sí mismo tras darse cuenta de cuál era su realidad.
Se detuvo completamente asustado. Aunque supiera en voz de varios seres, el rey se caracterizaba por ser bondadoso y piadoso, pero no por ello debía tomarlo a la ligera si había roto varias normas que implicara que pudieran regresarlo o peor, encerrarlo de por vida.
Tragó saliva temeroso de su situación. Si regresaba de dónde venía, los guardias lo atraparían, y si se quedaba en el lugar, también lo atraparían tarde que temprano. Fuera como fuera, estaba atrapado en su propia torpeza.
-Soy de lo peor… -Se lamentó a sí mismo dejándose caer en su sitio. Estaba cansado de tanto correr y el peso de su caparazón, aunque ligero a comparación de un kappa adulto, seguía siendo pesado. –Tal vez debería de ver el modo de volver…
-Deberías.
Se levantó de golpe nuevamente asustado con aquella voz y la buscó en su entorno, pero por más que giraba no encontraba a nadie ahí. ¿Acaso se trataba de un fantasma? Nunca había visto uno, pero sabía que podían volverse invisibles.
-¿Q-quién… quién está ahí?
-Depende con lo que te refieras con "ahí" –La voz sonó prepotente para su gusto –Si no sabes especificar con ello, tu pregunta es de lo más absurda.
-Me refiero a este pasillo –Continuó conversando con quien fuera el ser de aquella voz arqueando la ceja por lo raro que le parecía la situación –No creí tener que especificar algo tan obvio.
-Astuto… eso me agrada, creo.
Gerson continuaba en busca de la voz, pero por más que buscaba algún pilar o zona en la que pudiera esconderse alguien, nomás no hallaba nada. No dándose por vencido con eso, recorrió el lugar olvidándose de su problema a cambio por la curiosidad que le llenaba en el momento. Era un niño después de todo.
-¿Quién o qué eres? –Preguntó la tortuga en lo que seguía buscando.
-Sólo alguien que te advierte que será mejor que te vayas –Comentó calmadamente –Los aldeanos no deberían de entrar al castillo sin una autorización o invitación.
-No fue mi intención entrar aquí, no sabía dónde estaba –Contestó preocupado el niño –Sólo quiero ir…
-Dings, ¿qué estás haciendo?
-Shhhh, estás arruinando mi juego.
-¿Un juego? ¡Yo también quiero!
-Ya no se podrá si nos descubre.
Aquella conversación de la nada desconcertó por completo a la tortuga, pero por sus voces de reclamos pudo identificar que se trataban de niños como él. Teniendo más confianza por ello, se dispuso a seguir buscando el origen de las voces en lo que parecía que discutían, pero no tuvo suficiente tiempo de ello dado que algunos pasos firmes lo alertaron de que los guardias se acercaban.
Dejó de buscar las voces para buscar algún escondite que le fuera útil, pero presa del pánico no lograba pensar con claridad sobre qué pudiera ser hasta que unas manos salidas de la nada lo jalonearon atrayéndolo a algo que lo sacó por completo del pasillo en el que supuestamente estaban.
Lo primero que le vino a la mente (además de asombrarlo) fue que había atravesado de algún modo la pared rocosa en la que lo habían metido y que ahora yacía en lo que parecía un pasadizo secreto. Pero lo segundo que pudo contemplar con claridad fue que tenía frente a él a un niño esqueleto cuya ropa le quedaba demasiado grande y que lo observaba demasiado directo como si lo analizara a fondo.
-Ya veo, eres un kappa –Dijo sin más el esqueleto.
No entendía si se trataba de una acusación o un simple comentario de su parte, pero aquel tono que había empleado no le agradaba del todo de su parte. Era como si lo estuviera estudiando con el simple hecho de verlo ahí tendido.
-Nunca había visto a un kappa, eso es genial –Detrás de Gerson habló el ser que todavía lo sostenía que le había jalado hacia el lugar.
Se levantó un tanto a prisa de lo raro que le era todo, pero en cuanto vio que quien había estado detrás de él era un monstruo con forma de cabra antropomorfa, no tuvo que pensarle demasiado para entender de quién se trataba. Después de todo, todos en el reino sabían quiénes eran sus gobernantes.
Y si estaba con alguien muy joven, no le cabía duda de que estaba con el príncipe en persona.
-Lo… lo siento ma-majestad… -No sabía que decir realmente para disculparse. Ya se estaba dando por vencido de su intento de escape –Por favor no me encierre.
-¿Encerrarte? ¿De qué estás hablando? –Le extrañó aquella petición –No haré tal cosa, suena ridículo.
-¿No… va a castigarme por escapar de mi aldea? ¿O por haber entrado al castillo?
-No creo que deba de hacer algo así… ¿o sí? –Se cuestionó a si mismo totalmente confundido –Dings, ¿Cómo príncipe debería de hacer tales cosas? Suena horrible.
-Yo no me sé todos tus deberes reales –Se encogió de hombros el mencionado –Creo que ni siquiera tienes suficiente edad para ejercerlos aún.
-En ese caso, tengo la libertad de no querer hacer nada ¡Yay! –Sonrió el monstruo jefe satisfecho y le tendió la mano a la tortuga –Mi nombre es Asgore ¿cuál es el tuyo?
-Gerson –Le sonrió de vuelta junto con estrecharle la mano amistosamente.
-Mucho gusto, Gerson. Creo que ya conociste también a mi amigo Wingdings.
El esqueleto simplemente levantó el pulgar sin emplear palabra alguna ni sonreír a modo de saludo. Le era muy extraño a la tortuga que ambas personalidades tan distintas encajaran al grado de considerarse amigos. El príncipe parecía demasiado curioso y carismático al momento de expresarse, mientras que el esqueleto andaba con un aire un tanto sabelotodo de todo lo que observaba.
Pese a todo, y sin saber realmente cómo ocurrió, en ese día tan extraño se volvieron amigos. Ambos monstruos le habían ayudado a recorrer el castillo sin problema alguno en aquel pasadizo secreto, en el cual, en el camino estuvieron hablando sobre cómo había sido que una tortuga como él había escapado. Sin dar muchos detalles de su vida, había comentado que no podía volver a su aldea al ser una decepción por su cuenta, cosa que les había dado mucha curiosidad a ambos pero que respetaron su decisión de no contar más.
Al saber que no tenía ningún hogar, el príncipe se había puesto a llorar de lo trágico que le parecía eso, por lo que el esqueleto se había apartado de ellos en marcha de alguna solución en lo que el monstruo jefe lo abrazaba desconsoladamente.
Gerson simplemente sonreía un tanto divertido con eso. Nunca se hubiera imaginado que el príncipe, una futura bestia formidable y de gran poder, fuera un ser tan sensible y llorón.
-Listo, conseguí dónde puedes quedarte –De la nada había aparecido el esqueleto, cosa que sobresaltó a ambos –Los herreros necesitan un asistente, así que a cambio te darán asilo y comida, además del hecho de que estarás dentro de los terrenos del castillo. No quedarás muy lejos.
-¡Suena excelente! ¡Muchas gracias! –Sin pensarlo, terminó abrazando a su ahora extraño amigo esqueleto.
-¡Eres el mejor Dings! –El príncipe también lo abrazó todavía llorando, aunque ahora lo estaba de alegría.
-Estás empapando mi túnica, Gorey –El esqueleto quedó completamente estático en lo que era abrazado por los dos monstruos, pero una leve sonrisa se escapó de su rostro con ello.
Su trabajo como asistente de herrería consistía en llevarles todo y limpiar el lugar cada vez que era necesario, por lo que la tortuga constantemente se estaba moviendo de un lado para otro en llevarles las cosas. Algunas resultaban ser muy pesadas, pero en cuestión de días la tortuga se había acostumbrado a su peso y le era más fácil su traslado.
Debido a que el príncipe no podía abandonar el castillo con libertad, era el esqueleto quien le visitaba de vez en cuando para ver cómo se encontraba. Procuraba no interrumpirle en sus horas de trabajo, por lo que se aprendía sus descansos de una forma que ni él mismo recordaba.
-¿Cómo está Gorey? –Preguntó una vez que salieron un poco para comer juntos. Le era agradable poder decirle del mismo modo sin sentirse mal por ello.
-Bien, aunque todavía lamentando que no le dejen salir –Contestó después de pasarse su bocado –La reina lo sobreprotege demasiado desde la primera visita hacia él de las oráculos.
-¿Qué es una oráculo?
-Son las sacerdotisas más poderosas de su propia especie, y por ende, las videntes al servicio de la realeza –Contempló su comida como si analizara sus propias palabras por medio de lo que veía –Nunca salen de su templo a menos que "lo dioses les digan que lo hagan" o cosas así… son muy raras.
-¿Y por qué visitaron a Asgore? ¿Los dioses les dijeron eso? –Preguntó cada vez más extrañado con eso.
-A lo que entiendo, es una tradición darle la bendición de su parte al heredero al trono desde temprana edad. Le hacen una especie de carta astral para determinar que tan bien estará su futuro reinado –Dio una gran mordida a su manzana y la masticó lentamente antes de seguir hablando –Y aunque le dijeron cosas buenas, también le dijeron algunas malas que alertaron a la reina.
-¿Cómo qué?
-No lo sé, no pude escucharlas.
-¿Escucharlas? ¿Estabas ahí?
-Escondido obviamente –Encogió los hombros sin pena y se terminó su manzana –Me aprendí todos los pasadizos secretos para eso.
-Pero si pueden ver el futuro… ¿No deberían de saber que estabas ahí?
-Es por ello que no creo en su poder –Por primera vez le vio sonreír abiertamente –Me he escabullido en muchas cosas que son solamente de la realeza y nunca han hecho algo para evitarlo. Es claro que mienten sobre que puedan verlo todo ¿no crees?
Las pláticas siempre eran sobre lo que hacía cada uno a lo largo de las semanas. Gerson solamente contaba sobre lo que observaba hacer a los herreros dado que a él no se le permitía fabricar nada por su corta edad, pero le gustaba escuchar a su amigo sobre lo que él hacía y comprendió que él era un aprendiz de mago proveniente de la Orden de la Magia. Con el tiempo supo que ésta se dividía en variadas ramas en su estudio al haber tantas formas y especialidades de la magia que le fue sorprendente saber ello, pero a su vez, lamentaba ser tan inútil en ello a comparación de su amigo tan talentoso en ello.
En uno de esos días, finalmente optó por contarle la verdad sobre porqué había escapado, el cual le escuchó sin interrumpirle en lo que apuntaba algo en su libro sin parar.
-Es una pena que no puedas emplearla –Dijo sin más el esqueleto en lo que seguía con sus apuntes –La magia elemental es de las más caprichosas, y habría sido interesante poder ver la contraparte de la magia de Asgore que es el fuego.
-Lo sé…
-Tal vez si vas con los curanderos, puedan ayudarte con eso –Escribía bastante rápido pese al estar al tanto de la plática al mismo tiempo –Puede que se deba a una enfermedad o algo así.
-¿En verdad podrán ayudarme? –Un rayo de esperanza se iluminó en la joven tortuga -¿Dónde quedan?
-Existen varios puntos, pero su principal casa de estudios se encuentra a orillas del reino. Les gusta estar lo más cerca posible de los humanos, lo cual me parece tonto, ya que a los humanos no les gustan los esqueletos, nos consideran un augurio de muerte para ellos.
Aunque su amigo siguiera hablando sobre lo raro que le parecía ese comportamiento de aquella rama de la magia, Gerson dejó de prestarle atención tras divagar en sus propios pensamientos sobre que su rara condición podría tener una solución después de todo.
Y aunque supiera a dónde tendría que dirigirse, lo cierto es que nunca se atrevía a irse de tal lugar. Admitía que su razón principal era porque no quería separarse de sus amigos, pero por otro lado le aterraba conocer que su situación en verdad no pudiera tener alguna esperanza. Con el pasar de los meses, simplemente se quedó en su lugar de trabajo cada vez más denso con tantas armas y armaduras que construían sus formidables jefes.
No comprendía cómo era que se tornaba la necesidad de hacer tantas espadas y escudos, pero siempre les llevaba sus cosas a los herreros con tal facilidad en llevar varias al mismo tiempo. No se había dado cuenta en su momento, pero cada vez se había vuelto más fuerte ante tantas cosas que requería de su esfuerzo.
Un día en el que se había tenido que hacer demasiadas cosas, sus jefes se habían ido para llevar todo con tiempo dejándolo solo en el taller por cualquier cosa. Gerson simplemente se quedó limpiando con calma el lugar cerrándolo dado la ausencia de los herreros. Sin embargo en aquel día habían tocado con suma insistencia el lugar, cosa que terminó abriendo la puerta tras un largo rato analizando la situación.
-Necesito un ablandador para la carne justo ahora –dijo sin más el monstruo en cuanto le abrieron la puerta –Y uno bastante grande.
-Lo siento, pero en este momento no se encuentran…
-No puede esperar la comida que estamos haciendo, en verdad es urgente, chico –Comentó molesto de que no le atendieran su petición de inmediato –Habrá una reunión importante en el castillo y es necesario tener muy blanda la carne. No tengo mucho tiempo.
Sin saber cómo continuar dándole negativas ante su insistencia, terminó accediendo un tanto temeroso de tener que solucionarlo por su cuenta. Si bien los había observado demasiado el trabajo de los herreros, nunca había hecho nada él tras considerarlo muy joven para ello. Pero para su sorpresa, no le había costado nada de trabajo hacer tal cosa, incluso le había gustado lo que estaba haciendo.
En poco tiempo, había hecho un martillo con suficiente peso para ser un ablandador de carne. Con satisfacción le entregó lo que creó ypensó ansiosamente poder contarle eso a sus jefes sobre que ahora en verdad podría ayudarles con cosas más pesadas.
-¡Alto! ¡Ladrón!
Antes de que recibiera su paga, contempló que una figura encapuchada corría rápidamente cargando un gran bulto. El monstruo al que había estado atendiendo hacía unos minutos, contempló con cierto horror la situación y la persiguió junto con el resto.
-¡Se roba la carne!
-¡Espere! ¡Aun no me paga! –Gritó Gerson preocupado.
No quería tener problema con los herreros por haber hecho algo sin su consentimiento y que todavía perdiera material sin paga, por lo que corrió tras ellos en espera de poder alcanzarlos a tiempo. Una vez más lamentó ser una tortuga tras ser evidente la comparación de velocidades, pero aun así no se rindió y siguió adelante como pudo.
Al pasar los minutos, pensó que realmente era inútil el intento, la figura encapuchada era realmente rápida dando saltos para esquivar las garras de a quienes les había robado. Tras percatarse de que pasaba por una carreta llena de vegetales pesados, pudo ver como si se tratase de cámara lenta el cómo se tropezaba con algo del suelo y hacía que la misma carreta soltara el contenido haciendo justicia a la ley de la gravedad.
-¡Cuidado! –No pudo evitar preocuparse.
El sujeto quedó paralizado al ver que las cosas iban directamente hacia él en vez de ver una forma de huir lo más posible de lo que sería un feo golpe. Estiraba sus brazos como si aquello fuera suficiente para acercarse y salvarlo, pero en vez de ello, un ablandador de carne había llegado con suficiente fuerza para voltear la carreta y hacer que las calabazas cayeran hacia el otro lado. Tras aquel extraño fenómeno, tanto la figura encapuchada como él, quedaron estáticos sin comprender realmente qué pasaba hasta que el mismo objeto llegó a manos de la tortuga como si fuese obra de…
-¿Magia? –Se preguntó a sí mismo.
-¡Aquí estás! –Ambos monstruos que habían estado persiguiendo al ladrón llegaron justo con el encapuchado para arrebatarle el saco con la carne y a su paso tomarlo por los brazos –Pagarás por esa insolencia, mocoso.
-¡Déjenme! –Para sorpresa de todos, su voz indicaba que se trataba de una niña.
El monstruo que no la estaba sujetando, le quitó la capucha para poder ver a la joven ladrona, pero en un acto de sorpresa apareció un muro de huesos para dividirlos y aprovechar esa situación para salir huyendo. En lo que corría con prisa, Gerson simplemente contempló en la lejanía que su capucha se caía por completo para dejar en visto que se trataba de un esqueleto.
-¡Tú! ¿Por qué no la detuviste? –Reclamó uno de los monstruos sumamente molesto.
-Ni siquiera me ha pagado por el ablandador –La tortuga lo miró con leve enfado por exigirle algo así.
Después de ese día, Gerson no dejaba de preguntarse qué había sido aquello. No tenía una certeza clara de lo que había pasado, pero estaba seguro que se había tratado de él si el mismo martillo había acudido a una petición suya no formulada y luego aparecido en sus manos. En un principio había pensado en la posibilidad de que de algún modo extraño tenía cierta influencia sobre el metal, pero por más que trataba de invocarlo en su taller del mismo modo que había hecho con el martillo, simplemente nada pasaba.
Un tanto resignado, se dedicó el resto de los días a enfocarse en mejorar su labor como herrero ahora que había demostrado poder lograrlo y con una habilidad nunca antes vista. Rápidamente se había ganado una popularidad de crear las mejores armas al darles un toque especial en cuanto a su diseño y resistencia.
Y en cuanto a su amistad, frecuentaban ambos en ir a hurtadillas al castillo para estar ratos con el príncipe sin que los detectaran. El mago en entrenamiento era bastante bueno para ello y no ocultaba para nada su ego al respecto, cosa que de algún modo le daba risa a la tortuga.
-Dings ¿Podrías al menos dejar de leer cuando estamos juntos? –Asgore se acomodó tranquilamente a lado de sus amigos una vez que decidieron estar en el techo del castillo para contemplar las estrellas –Pareciera que siempre nos estás ignorando.
-Si los ignorara, créeme que ya lo habrían notado –Dijo sin más el esqueleto sin apartar la vista de su libro, el cual podía leer con el brillo de sus ojos lilas pese a la oscuridad de la noche –Además debo estudiar, mi prueba será pronto.
-¿Prueba de que? –Sintió curiosidad Gerson.
-Prueba de alineación mágica –Por primera vez en toda la noche apartó la vista de su libro para mirar fijamente a sus amigos, aunque aquella luz que emanaba de sus cuencas no cesó en absoluto –Dependiendo de lo que logre, me asignarán a una casa de estudios de la Orden de la Magia.
-¿Hay tantas?
-Si supieras…. –Suspiró resignado Asgore en lo que observaba cómo el esqueleto volvía a meterse a su lectura –Me han hecho aprenderme cada una de las casas y lo que debo de pedirles en el futuro dependiendo de lo que se requiera en su momento. Es más aburrido de lo que parece.
Gerson se quedó contemplando a ambos en silencio. Pese a que apreciaba mucho a sus amigos, no dejaba de lamentarse internamente sobre el destino que estaban teniendo ambos. Por un lado estaba Asgore, cuyo destino ya estaba escrito desde su nacimiento como futuro soberano y por lo cual no debía de qué preocuparse sobre lo que se dedicaría en su vida, y en el otro lado, se encontraba Wingdings y su dedicación total a entrar de lleno a sus estudios y darle honor a la semblanza de su especie de ser los magos más poderosos del reino. Y en cuanto a él… sólo era un kappa que había fallado en emplear la magia del agua que implicaba su raza. Simplemente patético.
¿Por qué entonces ambos jóvenes tan majestuosos en sus ramas lo tenían por amigo? Ni él sentía que los merecía.
-G… ¿Estás bien? –Le miró extrañado el príncipe.
No supo en qué momento había comenzado a llorar silenciosamente, pero tras percatarse de ello, simplemente se giró para que no lo vieran. Ya era bastante vergonzoso ser un fracaso como para que también lo viesen como un débil. Sin esperar siquiera respuesta, con cuidado de no caerse, Asgore se acercó a él para abrazarlo.
-¿Te duele algo? ¿Algo pasó? –Preguntaba preocupado de su estado y casi parecía querer revisarlo con la simple vista.
-Estoy bien, estoy bien –Sonrió pese a todo –Es solo que… por más que trato de comprender cómo es que siendo un fracaso, ustedes aun así están conmigo.
-Hey, no eres un fracasado ¿Quién te dice eso? –Se extrañó el monstruo jefe –Si eres muy bueno en la herrería, tu talento ya está hablando en todo el reino según tengo entendido.
-Pero no se supone que es a lo que debería de dedicarme. Yo debería de estar en el cultivo como el resto de los kappa, manejando el agua por el bien del alimento del reino entero –Se limpió las lágrimas tras notar que podía abrirse sin miedo con sus amigos –Soy un fracaso como kappa.
-Los fracasados son aquellos que se rinden –Dijo con orgullo el príncipe –Y tú no lo eres, tu buscaste tu propio camino, eso es lo que admiramos de ti ¿No es así, Dings?
-Ajá… -El mencionado seguía concentrado en su libro.
-Además, yo de cierto modo tengo envidia de ti si he de admitir –Le sonrió con cierto pesar el monstruo antropomorfo.
-¿De mí? ¿Cómo? –Se extrañó la tortuga.
-Tú tuviste libertad de retirarte de tu hogar, pudiste dedicarte a algo más. En cambio yo… sin importar lo que haga o a dónde quiera irme, yo siempre seré el futuro rey. No tengo alternativa sobre lo que quiera hacer con mi vida, sino todo lo contrario. De mí en un futuro dependerán muchos para que puedan tener esa libertad que tú tienes ahora. No tengo el derecho de quejarme siquiera, tan solo debo ver por los demás antes que a mí mismo.
Aunque había hablado con una sonrisa en el rostro, era evidente su lamento en el tono de su voz. Gerson se sintió culpable tras no haberse dado cuenta de eso antes. Era cierto ello, él había tomado una decisión y podía volver a tomarla en cuanto quisiera, en cambio Asgore, sin importar lo que pasase, él estaba condenado a ser el rey de los monstruos.
-No lo había pensado… Lo siento mucho.
-No pasa nada. Como digo, ni tengo el derecho de quejarme –Su risa fue un tanto sarcástica –Pero no puedo evitar sentirme presionado. Tus errores pueden forjarte a ser mejor día con día, en cambio yo, un error puede costar miles de vidas. Me aterra equivocarme por eso… Y es algo similar a lo que le pasa a Dings ¿No es así, amigo?
-No, yo ya soy perfecto –el esqueleto seguía en su lectura sin mirar a sus amigos y ni siquiera sonreír, aquello hizo suspirar levemente molesto al príncipe de que no le apoyara en su discurso motivacional –Sé de lo que soy capaz y me enorgullezco de eso.
-Es aquí cuando deberías de apoyarme ¿Sabes? –Gerson comentó levemente riendo de la forma de ser tan ególatra del esqueleto –Nos estamos abriendo justo ahora ¿Qué tal si descongelas tu frío corazón por un momento?
-¿O por qué no les digo algo mejor? –Sin más, el esqueleto cerró su libro y miró fijamente a sus amigos –Son un par de idiotas.
-Nosotros también te queremos, Dings…
-No he terminado de hablar –Suspiró levemente hastiado –Los dos tienen en común algo que me irrita que no se den cuenta, y es una gran fortaleza. Ambos son fuertes, son seres elementales, son sólidos. Pueden recibir constantes golpes y aun así tener la resistencia de levantarse y seguir adelante. Pueden nunca emplear su magia y aun así podrían luchar a mano limpia sin problema alguno y con grandes posibilidades de ganar. ¿Y aun con esa fuerza con la que se cargan, aun así se lamentan de no ser buenos?
-Dings…
-Los esqueleto somos débiles en forma física al pertenecer más al plano mágico que al físico mismo. Saber sobre la magia es más una necesidad que otra cosa de nuestra raza, nosotros si somos inútiles sin ella –Aunque no quisiera demostrarlo ante su semblante serio, su voz entrecortada lo ponía en evidencia –No tienen el derecho de lamentarse si no hacen algo para aprovechar lo que realmente tienen en vez de anhelar lo de alguien más.
-Wingdings… eso fue realmente motivador –Asgore lo abrazó levemente llorando de alegría.
-Muchas gracias, amigo –Gerson también lo abrazó.
-Aggghhh… -Regresó a su lectura en lo que dejaba que lo abrazaran.
Después de esa plática nocturna, Gerson nunca se lamentó de lo que no tenía y se concentró de lleno en lo que verdaderamente tenía consigo. Si antes era considerado un buen herrero, con su lucha constante de superarse a sí mismo generó que se posicionara a ser el mejor pese a su corta edad dedicándose a eso. De día trabajaba como un herrero más, y de noche, entrenaba para fortalecerse más de lo que ya estaba. Incluso había aprovechado todo y se había fabricado un martillo cómodo para él.
Sabía que no podía ser rápido dado el peso de su caparazón que constantemente aumentaba conforme crecía, pero aprovechó ese lado suyo para planificar algunas tácticas defensivas de tal modo que impidiera que escaparan cualquiera que fuera su contrincante. Eventualmente en sus visitas con Asgore, ambos entrenaban su fortaleza en lo que el esqueleto seguía con sus estudios acompañándolos de ese modo.
Tras la publicación oficial de la Ley Dreemurr que estipulaba que todos los civiles del reino tenían la libertad de elegir a qué dedicarse, Gerson no dudó ni por un segundo en meter solicitud para pertenecer a la guardia real y poder estar más cerca de sus amigos con ello. A Asgore se le veía muy contento con ello, pero a Windings se le notaba tenso desde que se notificó sobre la nueva ley por parte del rey. Aunque no dijera nada, sus amigos sabían muy bien interpretar su silencio y por ende, su inconformidad sobre tal libertad que otorgaba la ley al hacer de algún modo que se quedara cada vez con menos integrantes la Orden de la Magia. Incluso ya se había unificado varias casas con tal de no desaparecer por completo.
Pese a ello, el esqueleto siempre estuvo para apoyarlo con su mera presencia en sus entrenamientos. Cuando no podían estar con Asgore dado sus estudios privados como futuro soberano, Wingdings le daba una carrera de obstáculos empleada por su magia para que pudiera entrenar otras alternativas en vez de pura fuerza bruta.
Tras romper una barrera de huesos con su martillo, nuevamente hizo que el objeto regresara a su mano como si se tratase de un boomerang muy pesado. Nunca había entendido a qué se debía ello, pero tras lograrlo en alguno de sus entrenamientos en solitario, había optado por dejar de cuestionárselo y simplemente aceptarlo y dejarse llevar con ello.
Sin embargo aquello le fue de lo más extraño a su amigo.
-¿Hiciste que el martillo regresara a tu mano?
-Ehh… no sé a qué se deba, pero si –Lo giró un poco para acomodarlo en su mano –Ya traté de ver si era porque tenía cierta influencia con el metal, pero no.
-Mmmmhh… -El esqueleto observaba su arma con sus ojos brillando –Interesante, eres un artesano.
-¿Dices que hago manualidades? –De algún modo se sintió ofendido con eso.
-No, tonto, ser un artesano es una forma de magia antigua que consiste en fabricar objetos mágicos –Sonrió levemente a su amigo como si con ello lo felicitara –No podrás emplear la magia por medio de invocación, pero si puedes dársela a objetos inanimados que creas con tus propias manos. Es algo inusual y casi perdido… pero bastante útil a su modo.
-¿Dices entonces que si puedo usar magia después de todo? –La felicidad que lo albergaba en ese momento no tenía palabras, pero rápidamente se esfumó en cuanto se dio cuenta de algo –Espera… si todo lo que fabrico pueda acudir a mi mando. Eso significa que…
-Muchas armas a lo largo del reino atienden a tu voluntad, si –Aquello le causó algo de gracia pese a la gravedad del asunto –En este momento puede que tengas más alcance que el mismo rey.
-Por los Dioses… estaré en problemas…
-No creo que lo haya. Hasta ahora no ha pasado nada malo –Se encogió de hombros con indiferencia.
-Ni siquiera sabía que podía hacer algo así –Se lamentó la tortuga –Es genial descubrir que si tengo magia después de todo, pero ahora tengo la responsabilidad de no provocar un accidente de invocar el arma no deseada. Ni recuerdo a quiénes les he fabricado algo.
-Tan sólo debes aprender a controlarlo, no veo el problema.
-¿Pero cómo?
-Asgore podrá enseñarte a luchar con fuerza bruta, pero yo puedo enseñarte todo sobre tu magia –Su sonrisa permanecía por demasiado tiempo que hasta desconcertaba a la tortuga por ello. Se le notaba feliz de poder comentar algo sobre su especialidad por primera vez y demostrarlo –La magia, si bien se nace con ella, también es algo que se debe estudiar y aprender. He leído sobre los artesanos, así que puedo enseñarte a tener control de tu poder.
Con la ayuda de sus amigos, no solo pudo tener control de todas sus fortalezas, sino que se había convertido en un miembro de la guardia real sin problema alguno tras demostrar al rey en persona sus habilidades mágicas y destreza en el campo de batalla. En poco tiempo se había ganado el título de "El martillo de la justicia" tras sus hazañas de controlar grandes masas con únicamente su presencia. No sólo era fuerte y habilidoso, también sabía emplear sus enseñanzas.
Había aprendido lo que implicaba ser realmente fuerte, y no dudaba en querer compartirlo con el resto. Después de todo, eso le habían enseñado sus amigos en todo el trayecto unidos.
Tras varios años juntos, parecía que siempre serían los tres enfrentando al mundo mano a mano. Los inseparables que se fortalecían en su conjunto tan variado: Gerson la fuerza, Windigns la mente, y Asgore lo sentimental. Los tres hacían un equilibrio perfecto.
Fue hasta aquel día en el que comprendieron de algún modo que no siempre sería así.
El mago y el guerrero habían decidido un día ayudar al príncipe a salir en secreto del castillo para que pudiera conocer el campo de flores que yacía a orillas del reino que conectaba a la aldea humana más cercana. El plan habría sido perfecto si no fuera por el inconveniente de que Asgore se había tropezado con una chica que lo había dejado desconcertado en todo el trayecto, y que además, ésta se había puesto en papel de acosadora arruinándoles todo el plan que tan cuidadosamente habían tratado de cuidar. Pese a que no pudieron lograr en ese día que conociera las deseadas flores doradas que soñaba el futuro soberano, aun así se le veía feliz de haberla conocido.
Ambos monstruos ni siquiera tuvieron que cuestionarse sobre lo que había pasado. Su amigo cada vez más grandulón era demasiado expresivo al momento de mostrar sus sentimientos.
-Por favooooooor –Rogaba el príncipe a los pies del esqueleto.
-Dije no.
Gerson contemplaba la escena cómicamente estando sentado en la cama del príncipe. Desde que ya eran miembros oficiales de algo importante del reino, se podían dar cierta libertad de visitar a su amigo sin necesidad de ocultarse todas las veces (algunas si lo requerían dado los cuidados exagerados por parte de la reina).
-Necesito que no piense mal de mí, comprendeeeee –Sus lágrimas grandes ya estaban saliendo.
-Dudo que piense mal de ti, no si sabe lo que le conviene –Suspiró el esqueleto levemente irritado –Además, lo mejor será no hacer nada, ya de por si quienes corremos peligro somos Gerson y yo por culpa de lo entrometida que fue. Si se enteran tus padres de que saliste, lo más que harían contigo es castigarte, en cambio a nosotros nos podrían calcinar por ello.
-Sólo llévale esta carta, no estoy pidiendo mucho –Ignoró sus palabras rotundamente –No te pediré nada más en la vida.
-Eso no es verdad.
-Por favoooooooooooooooor.
Empleó sus ojos de cachorrito sobre él como último intento y Gerson se rio a carcajadas con ello. Si había una debilidad que pudieran conocerle al esqueleto frío, sin lugar a dudas era esa mirada por parte del príncipe.
-Aggghhh, bieeeeeen –Exclamó molesto en lo que tomaba a la fuerza el sobre que había estado en las garras de su amigo –Pero me deberás una grande por esto.
Sin dar oportunidad a algo más, el mago desapareció en un pestañeo dejándolos a los dos solos en la habitación grande. Gerson se le quedó mirando cómicamente a su amigo que tenía una sonrisa boba de satisfacción. No tenía ni que sumar dos más dos para saber lo que pasaba.
-Te gusta.
-N-no…
Gerson únicamente se rio. Asgore era demasiado auténtico y eso le hacía ser un pésimo mentiroso.
Por varios meses, aquella rutina en la que se mandaban cartas por el medio seguro exprés que era el esqueleto fue más que constante. Incluso en sus reuniones de amigos, lo único que hacía el monstruo jefe era pensar en qué poner en su siguiente escrito para ella, cosa que de algún modo irritaba a sus dos amigos tras sentirse desechados presencialmente.
Querían apoyarlo y les gustaba verlo tan feliz con ello, pero era evidente que era una gran molestia para el esqueleto tener que hacer ello tan constante. Pero si no decía nada, sin lugar a dudas era porque en verdad quería a Asgore y era su modo de ayudarlo con su límite de alcance que a comparación suya tenía con gran libertad en cuestión de segundos.
Gerson le exasperaba la situación igualmente, pero agradecía no tener que estar en los zapatos del mago y tener únicamente que escuchar sus comentarios sobre "lo maravillosa y hermosa" que le parecía la custodiada por las oráculos. En el fondo extrañaba las noches en las que luchaban juntos por mera diversión o buscaban ser los justicieros anónimamente a lo largo del reino, pero también admitía que le gustaba ver a su amigo tan feliz por algo que no fuera únicamente los logros de sus amigos en sus trayectos.
Un día harto de la rutina del príncipe, terminó haciendo un plan junto con el esqueleto para acabar con aquella situación y mejor juntarlos de una buena vez. Tanto ensoñamiento de Asgore los hastiaba ya.
-¿Y qué te parece? –Dijo sin más la tortuga mientras yacían en un bar ellos solos –¿Lo hacemos por el bien de nuestro amigo?
-Si… yo también creo que es lo correcto…
Su tono había sonado tan distante que le extrañó que estuviera en un estado así. Generalmente se mostraba apático y calculador en todos sus movimientos, cosa que si bien lo mostraba ególatra y presumido, sus amigos sabían cómo era realmente y lo apreciaban tal y como era. Pero que mostrara ese semblante tan melancólico, así como si estuviera hablando más para sí mismo que con él, era tan desconcertante que se preocupó por su estado.
-Hey… Sea lo que sea que esté navegando por tu extraña mente, no olvides que Gorey será nuestro amigo por siempre. Una chica en su vida no cambiará eso.
-Lo sé –Tomó su bebida demasiado ligera para el gusto de la tortuga, el cual podía tomar varios tarros de cerveza sin emborracharse para su sorpresa y gusto, en cambio del esqueleto que con tan solo un trago de ello se mareaba en grandes cantidades –No es precisamente lo que… me preocupa del asunto.
-¿Entonces?
Dio nuevamente un trago demasiado largo para mantener el silencio sobre lo que fuera que estaba pensando. Le era cada vez más extraño ese comportamiento suyo de su parte; casi prefería al presumido ególatra a lo que sea lo que sea que tenía frente a él.
-¿…Dings?
-Iré por la cabra loca, tú asegúrate de que Gorey esté en su cuarto para que no tenga escapatoria.
Sin más, se levantó de su asiento y desapareció en el acto sin darle oportunidad de decir algo más al kappa. Gerson se quedó un rato mirando el punto en el que se había esfumado de la nada un tanto pensativo de lo que pudiera estarle molestando en su mente llena de conocimiento. Suspiró un tanto sonriente de la situación y se terminó su cerveza de un solo trago.
-Estás preocupado de que puedan lastimar a nuestro amigo ¿No es así? –Susurró más para sí mismo –Si, nuestro Asgore es un sentimental a todo lo que da, pero sé que puede con esto.
-Ammm, disculpe… -Una mesera muy llamativa le llamó extrañada de su comportamiento -¿Con quién habla?
-Oh, nada –Se rió de sí mismo. Seguramente lo habían tomado por loco.
-En fin… aquí está su cuenta, caballero.
Al recibir la cuenta de lo que tenía que pagar, se dio cuenta de que su amigo le había dejado también su cuenta. Riéndose aún más del asunto, pagó sin preocuparle ello. Vaya par que tenía de amigos.
El plan lo pusieron en marcha exitosamente, y si bien se sintieron satisfechos de torturarlo/apoyarlo de esa forma, Gerson no dejó de cuestionarse qué tan correcto era lo que estaban haciendo en juntar a esos dos. Por un lado sólo quería ver al príncipe feliz, pero por otro, realmente le aterraba que pudiera ser el caso de no ser totalmente correspondido. Aunque los tres amigos eran hombres de grandes hazañas, nunca se habían puesto a hablar sobre mujeres al no sentirse ninguno cómodo con ello. Windings y él tenían en común que no se visualizaban con alguien emocionalmente, pero en cambio Asgore, era más que inevitable que tendría que estar en ese punto de su vida.
Dejó su martillo en la puerta de su habitación para atrancar el paso y se retiró lentamente para darles el espacio correcto a esos dos. Se dispuso a reunirse con el esqueleto para esperar algún indicio que tuvieran que intervenir o llevar de vuelta, sin embargo el esqueleto nunca se apareció en el punto en el que habían quedado de esperar. Sin darle importancia eso, se dejó caer recargado en la pared para estar tranquilo en espera.
No fue hasta oír una gran explosión a lo lejos que lo mantuvo alerta de lo que pudiera ser. Llamó a su martillo a la mano y se mantuvo a posición firme en busca del origen de tal estruendo, pero tras ver correr a su amigo esqueleto directamente hacia la habitación del príncipe, supuso lo peor y le siguió el paso.
Entraron de golpe a la habitación sin preocuparles que pudieran interrumpir algo, la seguridad de ambos les importaba más. Contemplaron de rápido que ambos monstruos jefes estuvieran, pero nadie comentaba nada en un silencio sumamente incómodo. Pero por alguna razón el esqueleto comprendía más allá de lo que estaba pasando, y ello le hizo sentirse apartado de la situación.
-Lo siento mucho… -Dijo el mago hacia la joven.
Acto seguido notaron que la chica salió corriendo del lugar completamente asustada. No pensaron en detenerla tras percatarse de que era algo que le estaba doliendo en gran medida. Antes de que Gerson preguntara qué estaba pasando realmente, Asgore se le adelantó.
-Wingdings, ¿Qué fue lo que pasó? –Era muy raro verlo tan serio.
-El Templo… Un ataque –Apenas y podía decir palabra alguna. Era claro que lo estaba consternando lo sucedido si ni podía decir una oración coherente –Parece ser que fue destruido…
Sin dejarle decir algo más, el príncipe salió huyendo rumbo al lugar. Sus amigos le siguieron con el paso que podían, pero no eran capaces de mantener la velocidad que empleaba el monstruo jefe, por lo que optaron en ayudarle a salir sin que lo detuvieran los guardias. Ya luego se encargarían de rendir cuentas con sus superiores por su insolencia.
-¿Cómo fue que pasó eso? –Gritó con prisa la tortuga en lo que corrían como podían.
-No tengo idea –Jadeó un poco el esqueleto. La actividad física nunca fue lo suyo, pero tenía que hacerlo para detener a algunos guardias en el camino –Estaba en el techo y vi que sólo pasó.
-¿Qué hacías en el techo cuando quedamos en el pasillo? –Para su fortuna, gran parte de las armas que tenían algunos guardias habían sido fabricación suya y les podía ordenar que no pudieran ser levantados, por lo que los monstruos andaban con dificultad de sus pertenencias –Me dejaste solo.
-No sabía que fueras tan sensible con eso –chistó en lo que seguían el camino.
Cuando lograron que Asgore se fuera con suficiente distancia para ser detenido, el esqueleto tocó el caparazón de la tortuga para teletransportarlos de inmediato. A Gerson nunca le gustaba esa habilidad suya ni mucho menos que la empleara con él por el mareo que le generaba, pero por primera vez no se quejó de ello y se dejó llevar por la extraña magia de su amigo.
La imagen que tenían consigo fue de lo más terrible que pudieran contemplar. Lo que antes parecía una construcción majestuosa y muy antigua, ahora era un pilar de rocas mal acomodadas en su total destrucción. Pero el ver que en la parte que levemente se había salvado era una mesa de piedra tallada cuyo grabado era el mismo que llevaban las sibilas en sus túnicas, y en la que estaba exclusivamente la monstruo jefe llorando desconsoladamente sobre ella.
Ambos no tuvieron el valor de acercársele. Gerson sentía que no tenía ningún derecho de acercársele para tratar de consolarla con algo que no comprendía y esperaba no hacerlo nunca. Vieron cómo Asgore se acercaba a ella y le ponía su capa en sus hombros, y si bien aquella era una escena de lo más tierna, era interrumpida por la presencia de los guardias reales en busca de algún sobreviviente entre los escombros.
-Ustedes dos, no se queden sólo viendo –Una voz sumamente gruesa los desconcertó a ambos amigos sacándolos de sus pensamientos –Ayuden también. Puede que aún se encuentren vivas.
Con sorpresa y cierto temor, se giraron para contemplar a Asmodeo Dreemurr, su legítimo rey frente a ellos. Se inclinaron ante la figura majestuosa que parecía más un gran león con su cabellera y barba tan largas que ocultaban casi sus largos cuernos, y se pusieron en marcha ante la orden del soberano.
Gerson ayudaba a levantar varios pedazos a sus compañeros de la guardia, mientras que el esqueleto brillaba sus ojos lila para levantar las cosas con su magia.
-Es inútil.
La voz de la joven los desconcertó un poco, pero muchos continuaron con su labor sin importarles lo que dijera. Asgore la estaba abrazando con tal de calmarla de algún modo.
-Sólo queda polvo. Ellas… -Ni siquiera se atrevía a decirlo en voz alta, pero era admirable que mantuviera su voz firme pese al estado en el que se encontraba - …Se han ido.
-Pero no estás sola, Tori –Comentó el príncipe a su lado –Me tienes a mi… a nosotros.
-Mi hijo tiene razón, no estás sola jovencita.
Al notar todos que el rey estaba metido ya en las ruinas como todos, tanto los guardias como el mago se inclinaron nuevamente en un acto de respeto por estar tan cerca de ellos. Toriel hizo lo mismo apartándose un poco del monstruo jefe joven, el cual se quedó estático tras no saber que su padre yacía ahí pese a la lógica del asunto.
-P-padre… ella….
-Luego hablamos, Asgore –Lo detuvo tras levantar su mano –La situación amerita otras cosas por el momento. Esto ha sido un acto desastroso sin lugar a dudas, así que de pie mis guerreros. Cuiden todo a la redonda en esta noche hasta saber qué realmente pasó.
Gerson junto con el resto de los guardias reales, se levantaron en el acto haciendo un saludo de respeto y marcharon inmediatamente para custodiar el entorno dividiéndose las áreas. Lamentaba de cierto modo tener que dejar a sus amigos, pero tenía que cumplir con sus deberes después de todo.
Había sido la noche más larga de su vida. Tras estar todos los guardias tan alertas de lo que pudiera presentarse, la paranoia y desconcierto del asunto estaba presente en todos los monstruos. Los rumores sobre que había sido un ataque por parte de los humanos se corrió tan rápido que no se pudo detener aquella información aun no confirmada. Pero por más que pensaban en el asunto, no encontraban otras razones por las que pudieran atacar al Templo.
Si, las sibilas no eran una especie querida, pero eran sumamente respetadas por su labor único. Lo poco que conocía Gerson de ellas provenía de la información que le habían dado sus amigos, pero le había sido suficiente para comprender el importante rol que tenían en el reino. Y más que por una cuestión de fe, era porque podían advertir de cualquier catástrofe que pudiera presentarse y prevenirlo antes de siquiera hacer aparición.
Sin embargo, en esa noche había pasado lo contrario. Le era evidente a la tortuga que era la mejor estrategia que podían hacer los humanos si de acto de guerra de su parte se trataba. La ventaja que tenían de poder ver el futuro era algo que sin lugar a dudas a los humanos no les gustaba, por lo que acabar con su especie de tan sólo un golpe había sido muy inteligente de su parte. Pero justo ese punto también le generaba dudas ¿Qué acaso no pudieron prevenir eso las sibilas? ¿O acaso ellas mismas se dejaron morir por algún propósito? Fuera lo que fuera, no le encontraba sentido.
Los reyes habían lamentado la gran pérdida de las sibilas, pero no por ello se dejaron caer en absoluto. Habían acogido a Toriel en el castillo sin cuestionárselo y ello ponía de cierto modo feliz a Asgore al poder conversar más con ella físicamente, pero aunque la monstruo jefe se mostrara fuerte en lo que venía en su ahora futuro incierto, se le notaba de vez en cuando un tanto dispersa en su mirada.
A Gerson no le había interesado conocerla a fondo, pero si lograba embobar en gran medida al príncipe, y a su vez que el esqueleto le tomara cierta importancia en el entorno aunque no lo admitiera, no le cabía duda de que se trataba de alguien sumamente especial si sus amigos le tenían tanta consideración. Por lo que un día en el que se la topó a entradas del castillo tratando de cargar una roca redonda pesada, acudió en su ayuda sin siquiera cuestionárselo.
-Puedo sola, no te preocupes –Dijo sin más la monstruo jefe en cuanto notó su presencia junto a ella.
-Sería muy descortés de mi parte dejar que te lleves esto tú –Se rio levemente por su terquedad –Sólo dime a dónde quieres que lo lleve.
-No soy una damisela en peligro –Gruñó Toriel haciendo un esfuerzo en llevar la pesada roca tallada por su cuenta.
-Eso me es notorio –Rio en gran medida –Más bien pobre de aquel que quiera meterse contigo.
-Ya me vas entendiendo –Sonrió finalmente.
Con ello terminó accediendo a su ayuda, pero no sin dejar de permitirle hacer que ella también hiciera algo. A Gerson aquello le pareció gracioso, le daba a entender que a la monstruo jefe le gustaba hacer las cosas por su cuenta en vez de esperar a que le tuvieran consideración por el simple hecho de ser una dama, e incluso tomaba como insulto que no respetaran eso de ella. Además que en todo el trayecto se la pasó contando chistes sin sentido sobre algunas cosas que veía o escuchaba en el transcurso. Su humor cambiaba drásticamente en cuestión de segundos ante cualquier detonante.
Wingdings tenía razón, era una cabra loca. Pero eso la hacía muy agradable.
-Aquí es –Indicó Toriel contenta.
Metieron la piedra tallada a una sala y la colocaron en una base que la monstruo jefe ya tenía lista para ello. Tras verla con mayor detenimiento, se dio cuenta la tortuga que se trataba de la misma mesa en la que había estado llorando cuando vio que todo el Templo de la Visión había sido destruido. Lo único que se había podido salvar de aquel desastre.
-Ese símbolo es el mismo que llevaban las sibilas –Comentó un tanto abatido de tener que tocar el tema sin haberlo pensado antes. Pero al notar que la chica no se le veía mal por ello, continuó sin problema –¿Qué viene siendo?
-¿Hablas de la Runa Delta? –Tocó el tallado que tenía con cierta nostalgia –Las sibilas tendían a grabar varias runas con tal de transmitirse mensajes que sólo ellas entendieran. Pero esta es la única que decidieron compartir conmigo… y la que consideraban ellas la más importante.
-¿Y qué significa? –Se acercó como si con ello pudiera verla mejor. Le parecía simplemente un bonito dibujo que quedaba bien.
-"Cuando la oscuridad esté sobre nosotros y el fin esté cerca, sólo un ser misericordioso podrá guiarnos hacia la libertad" –Citó como si se lo supiera de memoria –Habla de un mesías que caerá sobre el reino cuando estemos en crisis. Sé que suena dramático, pero ellas creían firmemente en que en algún momento un mal estaría sobre nosotros.
-¿Y tú lo crees?
-Me hicieron rezar incontables veces en esta mesa… y a su vez me castigaron en ella en varias ocasiones. Me lo tuve que aprender de memoria por lo mismo –Rió con melancolía sin dar una respuesta específica –Siempre me dijeron que yo estaba "destinada a la grandeza" pero nunca me especificaron qué significaba eso. Creo que simplemente podían ver ciertas cosas, pero dejaban la opción libremente de decidir si tomar aquel destino o no… Eran muy difíciles de entender, pero sabias a su modo.
Gerson comprendió que no quería responder ello directamente al ser un tema delicado para ella, por lo que respetó su decisión de no decirle si realmente creía en lo que dictaban las sacerdotisas que la cuidaron gran parte de su vida. Siguió observando el tallado detenidamente, pero por más que trataba de encontrar algo más en él, únicamente veía un posible ángel cayendo sobre unos triángulos.
Sin embargo aquel símbolo estuvo rondando en su mente en los siguientes días. Se consideraba ingenuo por pensar en que de algún modo las oráculos realmente tenían razones para dejar aquel mensaje, pero tampoco le encontraba sentido que murieran de un modo que habrían podido evitar si realmente podían ver el futuro. Tenía tan grabado aquella runa en sus pensamientos, que en cuanto estuvo creándose un escudo a juego con su martillo, se permitió grabar aquella runa esperando que la monstruo jefe no se molestara por su atrevimiento.
-¿Enserio? –El mago exclamó una vez que le enseñó su trabajo una vez terminado -¿Ahora te vas a volver un religioso?
-Creo que realmente es un mensaje para todos nosotros –Dijo sin más la tortuga acomodándose el escudo en su caparazón –Toriel me explicó lo que significa… y puede que se refiera a una especie de advertencia.
No pudieron seguir hablando tras escuchar la señal que indicaba que todos los guardias reales se reunieran. Desde el incidente en el Templo, varios compañeros suyos se habían turnado para vigilar las zonas cercanas en busca de algún indicio que pudiera detonar información al respecto, pero por más que lo pensaban, la idea sobre que habían sido los humanos rondaba en la cabeza de varios.
El rey tras ver a todos reunidos, negó nuevamente que se tratase de algún ataque por parte de los humanos, alegando que estaba en constante comunicación con el rey de ellos y que todo se mantenía en paz entre ambos. Era más que sabido que al gran Dreemurr le agradaban los humanos junto con varios monstruos que compartían la ideología de que todos eran amigos, pero tras las mismas palabras sobre que siguiera la paz entre ambas especies, la reina mostraba un semblante de desagrado difiriendo de su opinión.
Como última indicación, dejó en claro que a partir de ese momento todo guardia andaría con una pareja asignada para duplicar toda seguridad. Si bien era comprensible el caso, Gerson no pudo sentirse ligeramente incómodo con la espera de que le asignaran un compañero para andar en todas las misiones.
-Hola, Hola.
La tortuga que había estado sentado recargado ante la espera larga, levantó la cabeza para ver quién le estaba llamando. Completamente extrañado, notó que se trataba de una chica esqueleto portando una armadura demasiado grande para ella, siendo acompañada por el rinoceronte antropomorfo que era el líder de toda la Guardia Real.
-Gerson, te presento a tu compañera –Su voz ronca resonaba demasiado pese a no estar elevando su voz –La señorita Serif, la primera chica perteneciente a la guardia. Siéntete honrado de estar con alguien con la capacidad de mantener nuestro ritmo.
Sin más, el rinoceronte se retiró para seguir asignando al resto. Gerson se quedó completamente extrañado con ello ¿En verdad le habían asignado a una chica? Ahora no sólo tendría que estar lidiando con estar acompañado, sino que tendría que estarla cuidando. Se le notaba que a duras penas y podía mantener el peso de su propia armadura malhecha.
-Sólo llámame Arial –La esqueleto le tendió la mano sonriente –Si somos compañeros, lo mejor será evitar toda formalidad ¿no crees?
-Si, coincido con eso –Terminó dándole la mano igualmente sonriendo. No le parecía desagradable después de todo. –Soy Ger…
-Gerson, "El martillo de la justicia" ¡He oído todo sobre ti! -Exclamó emocionada en lo que observaba a la tortuga pararse –Debo admitir que soy una gran admiradora tuya. Tras escuchar de tus hazañas, me inspiraste a unirme a la Guardia Real.
-Ehh… gracias, supongo –No pudo evitar ruborizarse de ser reconocido de esa forma. Él sólo hacía su trabajo después de todo –Será mejor que nos vallamos de aquí.
-Claro –Sonrió la esqueleto.
En los días siguientes en los que les tocaba estar de guardia, Gerson se percató de lo rara que era su compañera. No parecía ser violenta ni por intento, por lo que le hacía cuestionarse cómo era que había pasado las pruebas de fuerza y lucha para el ingreso a la guardia. Generalmente se la pasaba contando cuentos a todos los aldeanos o haciendo coronas de flores para los niños en lo que él se quedaba vigilando la zona. En más de una ocasión había pensado en reclamarle por dejarle todo el trabajo, pero finalmente admitía que era lo mejor.
Tenía la leve sospecha de que a su compañera no le gustaba siquiera luchar.
Las guardias a las que los mandaban eran cada vez más lejos del castillo, por lo que se le complicaba poder ver a sus amigos en un largo periodo. Siendo el caso de que Asgore se la pasaba saliendo con Toriel, y el nuevo título de Wingdings, se les era cada vez más complicado a los tres quedar en un día para poder verse como solían hacerlo. Pese a que era comprensible el caso tras estar creciendo, le era algo lamentable que no pudieran seguir como siempre.
Un día en el que estaba completamente aburrido haciendo guardia en las orillas del reino, observaba a la esqueleto jugando con los mininos que se les habían acercado. Tras varias horas en ello, finalmente se atrevió a cuestionarle lo que no se había atrevido a decirle por mera educación.
-Sin ánimos de ofender, pero no creo que sea tu profesión esto de la Guardia Real.
-¿Por qué lo dices? –Preguntó sonriente en lo que le ponía una corona de flores que recién había hecho con un ramo que le llevaron los niños gato como agradecimiento de pasar el tiempo con ellos –Todos en el reino tenemos derecho de elegir nuestras profesiones.
-Si, pero…
Ni tuvo tiempo de seguir hablando tras una llamada de auxilio por parte de un locatario desesperado. No tuvieron necesidad de preguntar de qué se trataba tras notar cómo un sujeto salía huyendo con un saco repleto de cosas. Gerson sonrió satisfecho de por fin tener algo de acción tras mucho tiempo y se puso en marcha a perseguirlo. En lo que corría con su martillo en mano, notó que su compañera se había quedado en su sitio completamente estática observando todo, cosa que le irritó de cierta manera ¿en verdad no iba hacer un esfuerzo? ¿Qué clase de intento de guardiana era?
Quería no prestarle atención a eso y enfocarse mejor en el ladrón, pero justo cuando levantó su brazo para estar a punto de lanzar su martillo y derribarlo, notó como el prófugo se detenía de la nada de una forma muy extraña. Tras aquel extraño fenómeno, se detuvo por un segundo para visualizar a qué se debía, cosa que le hizo ver con mayor detenimiento su alma para encontrar el origen.
El alma del ladrón estaba envuelta en un tono verde que de algún modo le hacía incapaz de dar un paso más.
Gerson se giró hacia atrás para buscar lo que hubiera originado eso, cosa que contempló con sorpresa que se trataba de la esqueleto, cuya mano estaba alzando con calma total en lo que sus ojos brillaban como si de esmeraldas se tratase.
Arial se acercó con calma hacia el ladrón siendo acompañada finalmente por su compañera con el mismo paso. Fuera lo que fuera que estaba empleando en él, de algún modo percibía que no huiría a ningún lado aunque lo intentara con todas sus fuerzas.
-Lo lamento, pero no puedes tomar cosas que no son tuyas –Arial mantenía el tono verdoso de sus ojos sobre él, pero su sonrisa era implacable en todo momento –Si estás tratando de llevártelas de ese modo, debo suponer que tienes una necesidad de ellas ¿cierto?
Su tono de voz era tan dulce y su sonrisa tan cálida como la magia que invadía al ladrón, que de algún modo logró que se calmara y se quedara contemplando un tanto maravillado a la chica que le estaba hablando y que lo mantenía en ese hechizo. Gerson tampoco pudo evitar hacer lo mismo, realmente había algo atrayente y relajante en su forma de llevar a cabo las cosas.
-¿Puedo ver lo que hay dentro de tu saco?
Gerson pensó que era algo tonto que le preguntara siquiera cuando tenía la total autoridad por su puesto de retirarle lo robado, sin embargo el monstruo hizo caso directo a su petición, por lo que calmadamente la esqueleto sacó el contenido de lo que había tratado de llevarse. Eran unos cuantos frascos con hierbas y pociones etiquetados cuidadosamente.
-Medicinas –Dijo sin más la guardiana y los volvió a meter al saco, mas no se lo regresó y se lo pasó a su compañero el cual estaba un tanto atontado con todo -¿Tienes algún enfermo que lo requiera?
-Mi… abuelo –Susurró un tanto avergonzado el monstruo.
-No hace falta que robes, eso está mal –Sus ojos dejaron de brillar y acto seguido generó que el alma del monstruo desapareciera aquel tono verdoso. Por un momento la tortuga temió que escapase, pero aquello nunca sucedió. Realmente estaba atento y más relajado con la chica –Yo puedo ayudarte con eso.
-¿En… en verdad?
Arial le sonrió tan dulcemente, que casi hizo llorar al sujeto. Gerson estaba cada vez más asombrado con lo que acababa de ocurrir ¿Lo detuvo sin necesidad de luchar? Tan solo le había bastado su amabilidad para solucionar las cosas.
Después de devolver el saco al dueño y disculparse abiertamente con el locatario, la esqueleto se puso en marcha con el monstruo tras haber ofrecido su ayuda con su abuelo. Pese a que ella le había dicho que podría hacerse cargo de todo, la tortuga se mantuvo firme en no querer abandonarla tras el argumento de que no podían separarse al ser compañeros.
-Un amigo mío me habló sobre los curanderos, pero nunca creí que conocería a una –Terminó diciendo Gerson una vez que salieron de la cabaña tras notar un tanto maravillado el cómo había curado al viejo monstruo empleando únicamente su magia verde sobre él –Debo admitir que es asombroso poder hacer algo así.
-Muchas gracias.
En el camino le había contado resumidamente que ella había pertenecido a la casa de los curanderos al igual que lo había hecho su familia por varias generaciones, a su vez que le decía en qué consistía su conocimiento aprendido en ello. Parecía que tenía un protocolo de lo más extraño para el kappa.
-"Amigo o enemigo, humano o monstruo, todo aquel que entre a esta casa pidiendo ayuda se le concederá su petición" –Citó la esqueleto con un deje de orgullo –Es el lema de mi casa.
-Si tú ya tenías una profesión ejercida…. y sabiendo emplearlo tan talentosamente si me atrevo a decir, ¿por qué entonces te uniste a la Guardia Real?
En ningún momento no había querido sonar grosero ni imprudente, pero a lo largo del día era una pregunta que lo embargaba fuertemente en su cabeza. Para suerte suya, su compañera en ningún momento lo tomó como un insulto riéndose del asunto.
-Se pueden salvar más vidas estando en primera fila que estar esperando en una sala a que los moribundos lleguen.
-Tiene sentido, pero… No encajas con el perfil de lo que implica un guardia real –Finalmente se atrevió a decirle tras notar algo de confianza en ella –Eres… demasiado tierna como para tratar de lastimar a alguien si se requiere.
-Es muy dulce de tu parte que me consideres así –Le sonrió alegremente, cosa que hizo que la tortuga se ruborizara de la pena por expresarse así –Pero sé muy bien lo que es estar en el lado de un ladrón. Muchas veces puede generarse esa conducta por una necesidad en la que crees estar solo en el mundo, pero cuando te muestran cierta misericordia, aun cuando estabas por hacer algo malo… Puede darle un rayo de esperanza hasta a la más extraña niña… y enseñarle una mejor manera de seguir adelante.
La esqueleto siguió caminando tranquilamente en el trayecto, pero el reptil quedó estático tras las palabras de su parte. En lo que la observaba de espaldas, pudo ver por un instante a la pequeña niña huyendo con prisa tras haber intentado robarse un saco de carne con torpeza.
No pudo evitar reírse de cómo se habían presentado las cosas finalmente. Ahora comprendía de qué modo le "había inspirado" a unirse a la guardia real. No sabía si sentirse halagado o preocupado de poder generar un impacto sobre alguien así, pero fuera lo que fuera, estaba infinitamente agradecido por haberlo hecho y que se le diera la oportunidad de conocer a quien sin querer había salvado en aquel día.
Era irónico, pero en ese día había sido su primera manifestación de magia. Tal vez su acto había sido un accidente tras haberla salvado con un mando no formulado hacia su objeto construido, pero le había dado una oportunidad y lección a su ahora compañera que le había inspirado a seguir sus pasos, mientras que él en ese instante ni había tenido idea de qué quería hacer con su vida en realidad, pero la mera presencia del esqueleto había sido el detonante perfecto para que su talento escondido despertara finalmente y lo encaminara a lo que aparentemente era su verdadera profesión. ¿Acaso formaba parte del poder que tenían los curanderos? ¿O era algo que sólo tenía ella en especial?
Suspiró un tanto divertido con lo que se le presentaba y comenzó a caminar para alcanzarla. Si tenía esa clase de compañera en el trayecto de su labor, no tenía por qué sentirse triste por no poder estar con sus amigos.
…
Un golpe muy insistente terminó taladrando los oídos del viejo reptil que por más que había tratado de ignorarlo, optó finalmente por terminar con eso y levantarse de su cama tras haber desaparecido por completo el sueño en él. No tuvo prisa alguna de atender aquel llamado. Sabía que si se habían dignado en tocar con aquella rudeza la puerta tras dos horas, podría esperar (o seguir haciéndolo) unos minutos más.
Se miró al espejo antes de siquiera abrir la puerta. Los años transcurridos eran más que notorios en su piel colgante y lunares conforme avanzaba su vejez. Tras acomodar su ropa lo más posible ante el cansancio, terminó por abrir la puerta.
-Ok niña, aquí me tienes.
-¡Lo prometiste, lo prometiste! –Una pequeña anfibia con un jumper rallado y coletas chuecas, entró con prisa a los dominios del reptil sin pedir permiso –Dijiste que hoy me entrenarías.
-Sé que lo dije, pero son apenas las 3 de la mañana, Undyne ¿Tus padres siquiera saben que estás aquí? –Aguantó un bostezo tras darle cierta gracia el puchero que le estaba haciendo la pequeña tras sus palabras –Ok, ok… iniciaremos ahora.
-¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! –Su grito de emoción podría haber despertado a varios a la redonda, cosa que le hizo reír a la tortuga abiertamente. -¡Estoy lista!
-Eso me es evidente –Se sentó frente a ella tras no poder con el cansancio de haber dormido poco –Muy bien pequeña, comenzaremos con algo más calmado por ahora. La magia no es precisamente lo mío, pero tú que si tienes un gran talento para efectuarla, te daré el conocimiento de algo que podría ayudarte. ¿Sabes lo que es la magia verde?
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Asfklsdnfjsdkbfsdjklfbsdflhkabfsahfbsdhvasfa :D
No tienen ni idea de lo feliz que me hace que se llegue al segundo especial de esta historia.
Como habrán notado, este tiene relación con lo que fue el primero de Toriel, así que dándoles un adelanto de lo que será esto de los capítulos especiales, pueden entrar a mi tumblr o deviantart para ver las portadas de los cuatro especiales.
**Con lo que saben de los especiales de Toriel y Gerson, comenten sus teorías locas aquí**
Michi fuera!
:D
PD: entren a mi canal de youtube "Señorita Sonrisas" para que puedan ver el intro de esta segunda temporada
