Eran pocas las veces en las que se usaba el salón magistral del castillo por la escasez de avisos importantes y ceremonias reales, por lo que una invitación a tal lugar era algo que ningún monstruo rechazaba. Desde el aviso de la nueva embajadora e hija adoptiva, ésta era la primera vez que se volvía relativamente frecuente el uso del lugar.

Alphys estaba llegando con algo de prisa, portando su túnica azabache y polvorienta de no haberla usado nunca salvo para hacer tumulto en sus cajones de ropa. El portar la vestimenta requerida para la ocasión como la científica real le era extraño. Por mucho que fuera su puesto, sentía que estaba fuera de lugar que ella las usara.

Acercándose más y más para estar al frente, algunos monstruos le preguntaban de qué se trataba tal reunión, sin embargo ella los evadió con mucha pena siguiendo hacia adelante para no tener que contestar cosas que no le correspondían pese a su estatus dentro del reino. El que la vieran por primera vez con tal vestuario les indicaba a todos la seriedad que implicaría el aviso, por lo que era natural que la curiosidad se presentara en todos los espectadores.

Al visualizar a su novia portando su armadura imponente sin su casco, se acercó con prisa hacia ella para protegerse de cierto modo de no contestar sin querer a algún monstruo por sus nervios. Undyne la recibió con ternura en cuanto estuvo cerca de ella. Fue así como vio que la capitana de la guardia real no se encontraba sola.

-ENSERIO SANS, NO PUEDES SER MÁS FLOJO –Reprochaba el esqueleto portando su exagerada armadura brillosa. Parecía que había puesto demasiado pulidor en ella –NI EN UN EVENTO IMPORTANTE PUEDES COMPORTARTE CON SERIEDAD.

-Hey, me pediste que me arreglara rápido y lo hice –Se encogió de hombros el mayor, estando con sus ropas de siempre salvo por un moño negro mal pegado en su camiseta.

-¡ESO NO ES ARREGLARSE!

-Los que tienen que estar presentables y en primera fila son ustedes –Rió al notar la irritación de su hermano –Yo puedo estar en cualquier parte sin ningún problema.

-TE DORMIRÁS SI NO ESTÁS AQUÍ, ASÍ QUE NO TE IRÁS A NINGUNA PARTE. –Condenó.

-Y-yo también quisiera estar en otra parte… -susurró Alphys un tanto nerviosa –Haremos triste a Frisk por esto.

-Lo sé, pero la punk es fuerte y sabe que es lo correcto, estoy segura de eso –La abrazó Undyne con cuidado de medir su fuerza –Está por empezar el aviso, así que no ha de tardar ella tampoco.

Tras unos minutos en espera, vieron cómo unos monstruos miembros del castillo colocaban una pequeña mesa cerca de ellos con un pergamino en él, así como una pluma grande y elegante junto con un tintero. Fue cuando llevaron los dos tronos reales en medio de todo, cuando comenzaron a cuestionarse sobre por qué tanta cosa. La gran silla del rey es algo que ya habían visto en su sala asignada, pero que llevaran el segundo trono ya sin su sábana que lo cubría era algo que los desconcertaba.

-Aguarda… si están trayendo los dos tronos… -Aventuró un poco Alphys ante su asombro –Significa que…

-¿Frisk lo habrá conseguido? –Terminó la oración su novia con el mismo asombro – ¿En verdad habrá convencido a Toriel?

-NO LE ENCONTRARÍA OTRO SENTIDO PARA QUE TRAJERAN EL OTRO TRONO –Comentó Papyrus entusiasmado -¡WOWIE! ¡ASÍ LA HUMANA NO ESTARÁ TRISTE!

-No creo que Tori sea de las que cambian de parecer de un día para otro –Divagó Sans dubitativo observando ambos asientos elegantes.

En espera de que todo diera inicio, Sans optó por hacer caso a Papyrus sobre no irse a dormir en alguna parte al considerar que no sería fácil para la humana tener que firmar para el anular el matrimonio de sus padres. Suponía que debía de ser muy cruel para ella haber tenido un rayo de esperanza instantáneo para luego opacarse con la cruda realidad que venía siendo todo. Sabía que Frisk era fuerte y seguiría adelante con todo, pero eso no quitaba que se trataba de algo lamentable para la inexperta en convivencia familiar.

Varios monstruos estaban ya presentes disfrutando de algunos alimentos que dejaban en las mesas para que cada quien se sirviera a su gusto. Muffet, junto con varias arañas, ponían una gran variedad de muffins de todos colores, cosa que desconcertó a Sans ya que había dejado en claro la araña no tener nada de simpatía hacia el rey.

"No lo hace por Asgore, lo hace por Frisk", pensó el esqueleto al poco rato de analizarlo. La humana se había ganado el cariño de muchos en su estadía en el subsuelo y había vuelto la vida de varios en algo mucho mejor. No pudo evitar sonreír al considerar que él mismo era víctima y ejemplo de lo que estaba haciendo Frisk al alegrar la vida de lo que había estado condenado a lamentarse por siempre. Realmente estaba mejorando todo, realmente irradiaba esperanza a todo aquel que tuviera la osadía de seguir sus pasos a lado de ella.

Se recargó en uno de los pilares para estar lo suficientemente lúcido y no caer dormido en el acto. Esperaba que todo terminara ya para tratar de darle algo de alegría a la humana una vez que firmara y estuviera un tanto devastada. Ella también merecía felicidad después de todo. Aun si en un pasado hubiera pensado lo contrario.

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Frisk caminaba con paso lento hacia su destino como si de una sentencia final se tratase. No podía evitar sentirse nerviosa pese a ser firme con sus decisiones y seguir adelante con todo. El que la estuvieran acompañando los guardias a sus costados no le daba ninguna calma.

Pero sobre todo, le preocupaba haber dejado a Flowey oculto, cosa que sabía que se desesperaría una vez que notara que se estaba tardando en volver. No sabía cómo separarse de su guardia sin verse sospechosa.

-Aquí, Lady Frisk –Indicó el conejo con armadura estando ya frente a la gran puerta que conectaba al salón principal –Sus padres en un momento estarán aquí con usted.

La mencionada simplemente asintió con la cabeza al no poder emplear palabra alguna. Estaba más que consciente de la seriedad que estaba mostrando en su rostro ante sus nervios, por lo que no le insistieron los guardias y le dieron su espacio para que estuviera tranquila.

-¿Ponche? –Una voz levemente familiar la desconcertó de todo pensamiento.

El sujeto encapuchado del río se encontraba sosteniendo un gran balde de ponche rosado teniendo mucho cuidado de no mostrar sus brazos en la labor. Los guardas estaban por ponerse entre ellos, pero la humana fue mucho más rápida y se adelantó para aceptar el ofrecimiento sirviéndose ella misma con el cucharón dentro del balde y el vaso que le había extendido.

-Gracias –Comentó una vez que le dio un gran trago al ponche, en lo cual percibió el leve sabor del alcohol entre lo dulce –Lo necesitaba.

-Pero no se puede tener los alimentos aquí –Indicó el guardia reptiliano –Todo tiene que estar en el salón principal junto con el resto de la comida que traen varios.

-No suelo venir al castillo, así que no encuentro el camino –Comentó calmadamente el ser encapuchado.

-¡Oh! Es justo al otro lado de esta puerta, pero… -Comenzó a decir el conejo un tanto dudoso.

-Déjenlo pasar por aquí –Pidió Frisk amablemente al entender –Sería muy descortés hacerle rodear tanto con tan delicioso ponche en sus brazos. Además podría volver a perderse en el intento.

-Si, Lady Frisk –Contestaron al unísono y comenzaron a quitar los seguros de la puerta.

-Le agradezco la consideración –Agachó levemente la cabeza encapuchada a modo de cortesía.

-A ti por calmarme un poco con tu bebida –Le sonrió en lo que se terminaba de tomar el contenido de su vaso –Estoy nerviosa por lo que haré, así que… ¿algún consejo para dejar de estarlo?

-La respuesta está en su corazón.

En lo que agradecía el ser encapuchado a los guardias tras dejarle entreabrir la puerta para su paso, Frisk contempló al sujeto inexpresivamente en lo que se apuntaba mentalmente no volver a pedirle un consejo. Ahora sólo parecía querer bromear con ella, y para eso ya tenía suficiente con Sans. Terminó sonriendo viendo cómo se retiraba entonando su clásica melodía y se asomó por un breve momento para prepararse mentalmente de lo que tendría que enfrentarse en unos minutos más.

Había centenares de monstruos en el lugar según su fugaz percepción, cosa que no ayudó en nada para tratar de mostrarse relajada. Pero su concentración había estado en las primeras hileras que cruzaban en el instante su mirada. Sus amigos ya estaban ahí en espera de que todo empezara con sus atuendos oficiales, pero lo que la desconcertó y alarmó por completo antes de que volvieran a cerrar la puerta, fue el ver en una esquina frontal a Mettaton posando casi a cada segundo, en lo que cargaba un contenedor cristalino cuyo contenido estaba más que irritado de tener que soportar tal compañía.

Frisk comenzó a jugar con uno de sus mechones de su peinado inconscientemente. Las cosas podrían empeorar si no hacía algo de inmediato.

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Mettaton posaba una y otra vez para las fotografías que le tomaban algunos de sus fans con sus respectivos teléfonos, cosa que hacía mover constantemente a la flor cuya expresión se tornaba cada vez más siniestra. En un acto de desesperación y molestia, golpeó fuertemente el cristal con tal de llamarle la atención, pero el robot hizo caso omiso al estar atento a cada cámara para posar con su mejor ángulo para cada uno. Tras mover demasiado sus manos, sin darse cuenta había lanzado el contenedor con suficiente distancia que hizo gritar agudamente al ser que yacía dentro.

Antes de que pudiera ver la forma de librarse del contenedor, terminó cayendo de lleno hacia un balde repleto de ponche rosado que tenía cargando un sujeto con larga capucha. Sin poder hacer nada, el contenido comenzó a meterse entre los muy pequeños orificios que tenía el contenedor para darle respiración a la planta.

-Que mal –Comentó con calma el encapuchado mientras observaba pacíficamente cómo comenzaba a ahogarse la flor entre el líquido rosado sin liberación alguna.

-¡AAA…BLUUU… AAAHHHGGG! –Exclamaba Flowey entre burbujas, flotando entre todo el ponche.

-¡Oh Dios Mío!

La científica real se había acercado con un vaso para servirse, pero en cuanto notó todo el ponche que se había salpicado, así como el contenedor de la flor ahogándose en alcohol, dejó caer el vaso haciéndose añicos en el suelo y corrió directo hacia ellos para salvarlo. Quitando con prisa la prisión de cristal, oprimió unos botones sabiéndose la contraseña de antemano y liberó con urgencia a la flor completamente desconcertada que a duras penas y podía dar tragos de aire libremente.

-F-flowey ¿C-como es que estás a-aquí? –Preguntó sumamente nerviosa Alphys teniendo cuidado de que nadie mas observara tal escena. Si los reyes o alguien de la guardia real se enteraban de que había traído al prisionero de su custodia, estaría en graves problemas. –Oh Dios… ¿Estás bien?

-Losss… *hic*… odioooo –Exclamó brevemente observando con dificultad a la científica, sin percatarse del todo que ya no se encontraba en su prisión de cristal

-La flor no se encuentra bien –Señaló con tranquilidad el sujeto encapuchado que aun sostenía el balde ya vacío. Parecía que todo ello le era de lo más natural del mundo.

-Caaaasshhhaa mortal, eshtás hablando con el prinshipe de eshhte mundooo –El aroma a alcohol era bastante fuerte en él, cosa que preocupó –Sho sssoy el dioshh de eshte lugarrrr, el prínsshhipe de la hipermuerteeee… *hic* ¿O cómo era?

-¡Eeehh, q-que c-cosas! –Rápidamente Alphys le tapó la boca y cargó para tener mayor control de él. –Sólo está d-diciendo puras incoherencias ¿No c-crees? Jeje…

-Me parece muy seguro de sus palabras –Contestó con su mismo tono el sujeto encapuchado.

-Y-yo, ehh… Será mejor que me lo lleve.

Comentó completamente nerviosa y ocultó a la flor dentro de su túnica con cuidado para irse corriendo hacia la salida. El sujeto encapuchado simplemente observó cómo se retiraba la reptil y puso el contenedor ya vacío en la mesa. Sacó un papelito y lo puso sobre el contenedor antes de retirarse caminando.

-Tralalaaa… Ya no hay ponche.

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Algunos monstruos que habían notado que la puerta se había abierto brevemente por un instante, estuvieron observando con curiosidad de quien pasaba por la puerta, pero al notar que se trataba simplemente del sujeto extraño del río cargando con algo de dificultad un gran balde de ponche rosado, volvieron a sus cosas con algo de decepción en sus rostros.

Sans, aunque extrañado también, no pudo evitar concentrarse más en la breve imagen que había dejado lo entreabierto antes de volver a su posición actual. La humana no sólo se le veía con su característico rostro neutral, sino que su vestimenta era algo que nunca se hubiera imaginado que ella portaría, pese a que no había podido verlo con demasiado detenimiento. Se había asomado con algo de timidez para contemplar con sus propios ojos a todo el público que estaba en espera de la aparición de la realeza.

Aquello hizo al esqueleto pensar aún más de lo que estaba pasando. Si estaban los dos tronos reales, podría implicar que Toriel mostraría que aun venía siendo la reina antes de la anulación oficial. No sabía cómo eran las ropas formales de una embajadora tras el caso de que nunca había tenido el reino una, por lo que no estaba del todo seguro que aquella vestimenta tan… angelical, fuera su atuendo oficial como la embajadora de monstruos. Se había acostumbrado a su característico suéter rayado y a su túnica con la runa delta, por lo que haberla visto con otro atuendo más allá de lo que era el cosplay, era algo que si le desconcertaba en más de un sentido.

Suspiró un tanto resignado mientras mantenía su posición recargada con sus manos metidas en su sudadera. Admitía mentalmente que le había gustado verla así pese a que había sido tan sólo unos segundos. Le había dado la impresión de haber contemplado a una princesa hecha y derecha que se encontraba en espera al otro lado de la majestuosa puerta dorada. Ya se había condenado a sí mismo a que no haría nada con tal de mantener las cosas en su curso natural, pero el contemplarla de ese modo le hizo sentir por primera vez que estaba fuera de su alcance.

Se sentía como estúpido en ese momento por permitírselo, pero no podía evitar recordar el ensayo que habían preparado para dar una demostración al rey sobre lo que habría tenido que hacer con Toriel. Su cercanía excesiva al grado de percibir su aroma… ¿realmente le habría besado en ese momento? Sabía que estaba actuando, pero…

-SANS, ESTÁS AZUL –Exclamó el menor desconcertándolo de todos sus pensamientos – ¿TE SIENTES BIEN?

-Oh, sí hermanito, no te preocupes –Le sonrió al momento en el que trataba de relajarse a sí mismo. –Sólo estoy cansado hasta la médula.

Antes de que pudiera reprocharle algo, la gran puerta se abrió en su totalidad para dejar pasar a los dos majestuosos monstruos jefes portando largas capas púrpuras sobre sus hombros, y acto seguido estaba la humana que habían adoptado un tanto distante de ellos. Por mucho que se mostrase encantadora con aquel vestido con plumas, los nervios eran demasiado notorios en su andar un tanto torpe y lento, cosa que sus amigos notaron de inmediato.

Papyrus le saludó con sumo entusiasmo desde su posición, a lo que la humana le devolvió el gesto sonriendo tímidamente en lo que se ponía a lado del rey. Tras levantar éste sus grandes brazos, todos los monstruos presenten prestaron atención a lo que estaba por decir el gran monarca.

-Querido reino de los monstruos, yo, Asgore Dreemurr, tengo dos cosas importantes por decirles en este día. –Alzó su voz para que se escuchara a la perfección en toda la gran sala, cosa que daba resultado. El micrófono ahora estaba de adorno –Pero antes, quiero agradecerles por su visita pese a lo repentino que resultó esta invitación. Sé que sacarlos de su rutina por temas así no fue del todo educado de nuestra parte y…

-Ejem… -Carraspeó Toriel un tanto impaciente llamándole la atención.

-Oh, sí, lo siento. –Se disculpó girándose hacia ella por ese breve momento. Tomó el micrófono tras notar que no sería conveniente alzar su voz en todo el discurso –Iré a lo primero... Como muchos ya han de saber, Frisk es hija nuestra y posee el apellido real… mi apellido. Y aunque en nuestro reino las adopciones se presentan más libres sin necesidad de registros, acorde a las escrituras de la familia real, es requerido que en nuestro rango sí se requiera en caso de algún inconveniente que afecte al reino entero. Es por lo que, por el poder que me concierne y por el bienestar del reino entero, nombro a Frisk Dreemurr mi legítima heredera al trono.

Las voces se hicieron notar ante tal declaración. Muchas de ellas eran de asombro, pero otras era de desconcierto y disgusto. Frisk ya intuía que eso se presentaría, pero no contaba con el mal sabor de boca que le generaría tantas miradas desaprobatorias sobre ella. Quiso enfocarse en sus amigos para no tener que pensar en eso, pero igualmente la observaban desconcertados, cosa que no le ayudó para nada.

-Nuestra embajadora ha mostrado compasión, lealtad y gran cariño por todos nosotros, por lo que sé que muchos apreciarán tener a alguien tan amorosa cuidándonos –Excusó rápidamente el monarca para calmar todas las voces –Sé que es complicado pensar que un humano tenga esta posición en nuestro caso, pero con esto, no sólo le doy fin a toda guerra, sino que es nuestro pacto con todos los seres humanos de que podremos convivir juntos una vez más sin la división de nuestras especies, sino como hermanos que compartimos un mismo lugar y que cuidaremos entre todos. Con esto… se dice adiós a toda frontera y se saludará a un maravilloso futuro por delante.

-¡Nos pones a merced de los humanos!

-¡Es un acto de rendición!

-¡Otra vez serás el rey de los cobardes!

Los gritos de furia distantes eran cada vez más notorios, cosa que ponía nervioso al rey quien no sabía cómo calmar tales expresiones sin verse autoritario. Toriel quiso tomar control de todo al ver que las cosas no estaban dando resultado, pero antes de que pudiera decir algo, las exclamaciones sobre su persona como "abandonadora de hogares" y "falsa reina" se hicieron presentes a tal grado de ni saber cómo controlar tales gritos. Los guardias hicieron aparición para controlar tales cosas, pero se notaba a leguas que no era la intención de ninguno de sus padres recurrir a tales actos cuando estaban tan sólo expresando lo que sentían.

Tras ver que las exclamaciones se opacaban ante una calma incómoda, en lo que estaban esperando la respuesta de la humana, Frisk dio un paso al frente para darse a notar entre todos los presentes y comenzar de una vez antes de que se agravara la situación. Buscó con la mirada lo más rápido posible al robot y por ende a Flowey, pero éste ya no se encontraba por ningún lado. Los nervios que le generaba la posibilidad de un caos inminente en caso de su autoescape comenzaron a ser notorios en ella, pero mientras estaba pensando en la flor, los monstruos la contemplaban impacientes de que dijera algo al respecto.

Nunca había sufrido pánico escénico y tampoco lo era en esa situación, pero no sabía realmente cómo dirigirse a centenares de monstruos de los cuales estaban en desacuerdo con su futura posición. No los culpaba, ella tampoco quería y por lo mismo había llevado consigo a la flor para aclarar todo de una buena vez y ampliar las posibilidades de salvación en más de un sentido. Pero ahora se encontraba sola en el taburete, sintiendo a sus padres lejanamente dándole en charola de plata un poder que no le correspondía y del que desconocía en su totalidad. Sintiéndose sola entre tantas criaturas observándole.

"Sin Asriel aquí, te tomarán por loca al mencionarlo. Sin contar que se mostrarán molestos contigo los reyes por atreverte a mencionar su nombre a todos"

Frisk lo sabía de antemano, no necesitaba que se lo recordara. Pero aun así estaba de pie ante todos, mostrándose firme de hacer lo necesario para la felicidad de su familia.

"Querrás decir tu propia felicidad. Quieres forzar a la reina a que permanezca con alguien que no vale la pena ya".

Se equivocaba, aun había esperanza entre ellos. Aún existía una chispa que los conectaba.

-Reino del subsuelo, no estoy aquí para gobernarlos, no es mi deseo ni derecho hacerlo –Comenzó a decir teniendo el micrófono acomodado a su altura. Le era extraño escuchar su propia voz de ese modo y que tantos estuvieran al tanto de cada palabra suya –Mi anhelo es poder escucharlos, poderles ayudar en todo, ser la voz que necesitarán en cuanto estemos en la superficie…

"Patético y cruel que les digas eso cuando los has condenado a permanecer aquí con tu propia vida".

-Sé que soy humana, sé que no soy perfecta…

"Eres la condena de este mundo".

-…Pero sólo deseo el bien para todos… -Continuó tratando de ignorar la voz de su cabeza.

"¿Enserio les dices eso cuando los has matado a todos incontables veces? Eres bastante despreciable como para que te atrevas a decirles eso de frente".

-Y-yo soy la embajadora de los monstruos…

"Puesto que se te otorgó por lástima. Ni siquiera existe en realidad".

-Mi deber es servir a ustedes, luchar por sus derechos y bienestar que merecen en el mundo.

"¿Derecho a la vida por ejemplo? ¿Robarles la poca comida y oxígeno que tienen con tu mera estadía entre ellos?".

-P-por lo que yo…

"Es una burla que te presentes de ese modo ante ellos. Ni a los que llamas amigos no parecen estar de acuerdo de que te pares aquí, fingiendo ser superior a ellos".

-Tengo que… -Su respiración estaba siendo cada vez más fuerte.

"Hasta la basura sonriente a la que le pones toda tu fe de que pudieran perdonarte te mira mal. Tan sólo ve lo paralizado que está de notar la decepción que eres".

-…d-decirles que… -Deseaba de todo corazón que se callara de una buena vez para concentrarse en lo que quería decir sin titubear.

"Sólo has querido forzar a todos a que su vidas sean tal y como tú quieres, eres una dictadora en realidad. Que te dignes a estar aquí pretendiendo preocuparte por todos es ofensivo. Sólo porque no estás obteniendo tu final feliz como tú quisieras estás ocasionando más problemas de los que puedas imaginarte".

-…calla… -Susurró amargamente.

"Quieres revelarle a todos de que Azzy está vivo para librarte de la culpa de tomar su lugar que ni te mereces. Ocasionarías un conflicto mayor en el que él no se pensaría en exterminar a todos con tal de seguir manteniendo oculta su identidad. Y en el caso hipotético de que logres retenerlo por siempre para que no ocurra, los reyes te detestarán por haberles mentido tanto tiempo y dejarán de considerarte una hija con tal de mantener el control de todos los monstruos a los que se pondrán contra la corona por tu descaro".

-Cállate…

Los presentes observaban extrañados de que la humana pareciera estar hablando sola. Incluso sus padres se estaban preocupando de ese comportamiento y aún más estando con el micrófono. ¿Les estaba diciendo a los monstruos que se callaran o se lo decía a sí misma? Nadie estaba hablando en el momento más que ella.

"Sé muy bien porqué huiste de los humanos, sé porque no quieres decirles nada. Ya fracasaste una vez y también fracasarás en salvarlos a ellos. El que seas tú una autoridad es un peligro para todos".

-¿Mi niña? –Frisk escuchó que alguien la llamaba, pero su voz la sentía distante.

Le costaba trabajo mantener un ritmo normal de su propia respiración, siendo consciente de que varios la miraban. Trató de concentrarse para seguir en su discurso, pero el penetrante dolor de cabeza le llegó de golpe al grado de aturdirla lo suficiente para prestarle más atención a quien le provocaba tal malestar, cerrando los ojos por un momento para esforzarse en no darle importancia al dolor. Sin embargo, al abrirlos tras creer que lo había logrado, fue peor de lo que se hubiera imaginado.

Estaba sola… pero no por algo metafórico. Frente a ella estaba contemplando con horror los tumultos de polvo que invadían toda la inmensa sala. No había nada más… solo ella portando un cuchillo.

-No…

No era real, sabía que no era real y que sólo estaba jugando con su mente una vez más. Que Chara le estaba mostrando una ilusión simplemente. Sin embargo…

"Esto fue real en otras líneas. Tú los mataste a todos".

No, no fue así. Ella no quería hacerlo.

"Deja de mentirte a ti misma. Son tus manos quienes los liquidaron y con ellas ahora quieres controlarlos".

-Basta…

-Frisk ¿Qué…?

La voz ronca lejana sonó preocupada, pero en cuanto ella giró para ver a su padre, únicamente vio un tumulto de polvo. Estaba sola.

Cerró sus ojos con fuerza para no ver más eso. No era real, debía de concentrarse. Estaba a la mira de todos, no debía de dar su brazo a torcer en un momento tan importante. No dejaría que la primera humana se saliera con la suya. Se enfocó en ignorar su voz y el penetrante dolor de cabeza, tenía una misión mucho más importante. No se dejaría vencer.

"Miéntete todo lo que quieras. Sabes cuál es la realidad".

Ella era Frisk, no se daba por vencida nunca.

"Eres una maldita cobarde. No enfrentas tus propias consecuencias".

Ella quería el bienestar de todos. Sabía que los monstruos merecían felicidad. Ella era… DETERMINACIÓN.

-¿Qué es eso?

-¿Es un truco?

Frisk no entendía aquellos murmullos que poco a poco fueron más fuertes, por lo que abrió los ojos para ver que las ilusiones habían desaparecido por completo, pero en vez de calmarse tras por fin ver los rostros de cada monstruo sobre ella, contempló con horror el porqué de su extrema atención hacia con ella. Trató de convencerse de que nuevamente era otra ilusión, que no era posible que algo así pasara en el peor momento y lugar, pero no tenía caso tratar de convencerse de eso. Los rostros de desconcierto de todos era una realidad que le atormentó de lo que acababa de provocar. Ella misma lo estaba viendo.

Había hecho aparecer a los códigos de RESET y CONTINUE.

-¿Qué es TESER?

-Está al revés, tonto, dice RESET.

-¿Pero qué es eso?

-¿Qué son esos rectángulos flotantes?

-¿Ella los hizo?

-¿La humana siempre tuvo los ojos rojos?

-¿Tiene ojos?

Frisk no sabía que hacer salvo estar paralizada por su propio miedo. Todo… todo el reino estaba viendo sus códigos. Su respiración entrecortada fue bastante ruidosa gracias al micrófono que tenía consigo. Tenía frente a ella, al alcance de su propia mano como siempre, aquellos códigos que habían sido su beneficio y tortura en todo su trayecto en el subsuelo, pero por más que trataba de calmarse para retomar las cosas, le fue imposible pensar en algo que no fuera en el temor que le provocaba que todos supieran lo que podía hacer.

No se atrevía a ver a sus amigos ni a sus padres, no quería saber lo que pensaban de ella.

"Frisky, Frisky… Ahora sólo tienes dos opciones. O le das reiniciar para que todos olviden lo que pasó aquí, o le das continuar y demuestras de lo que eres capaz. De lo contrario no desaparecerán hasta que tomes una decisión".

Frisk lo sabía de antemano, no había necesidad de que se lo recordara y era justamente lo que la estaba paralizando en el momento. Escuchar el eco que generaba la risa de la primera humana en su mente no le estaba ayudando para nada. Por primera vez en su vida deseó desaparecer de la faz de la Tierra tras no saber qué hacer. Reiniciar era algo que sin lugar a dudas no quería tras su decisión de no volver a hacerlo, pero dar explicaciones a todos los monstruos sobre lo que eran aquellos códigos, era admitir que los había utilizado en más de una ocasión. Había miles de preguntas del por medio que le harían y que no querría contestar nunca.

Fuera lo que fuera, estaba atrapada gracias a haberlos invocado inconscientemente por segunda vez, cosa que se atribuía a su misma determinación.

-Frisk, me estás asustando –La voz de Toriel resonó con más fuerza, sacándola así de sus pensamientos tortuosos –Di algo. O al menos explica qué es eso.

-No…

-¿No? Frisk ¿Qué…?

Siendo consciente de que todos la seguían observando, así como el hecho de que los códigos la seguían en su andar un tanto apresurado, se dirigió hacia la mesita en la que estaba el pergamino y sin pensárselo más tomó la pluma para firmar en donde se indicaba que iba su trazo.

Al diablo todo… tenía que salir de ahí a como dé lugar.

-Pero Frisk, primero deberías de ser princesa para que… -Comenzó a decir Asgore completamente anonadado.

-No soy una princesa… No soy una verdadera Dreemurr –Aventó la pluma sobre la mesa al no poder controlar el temblor de su mano cada vez más fuerte –Y en definitiva no soy su verdadera hija.

Ya no les causaría más problemas. Ya no sería caprichosa con ellos en desear mantenerlos juntos de cualquier modo. Ya no les generaría el problema de que se armara un golpe de estado por el simple hecho de adoptarla. A lo poco que sabía, Flowey podría estar libre destruyendo todo a su paso, o simplemente riéndose desde su escondite observando lo patética que había resultado frente a todos. En cualquier momento podría aparecer para matarla por haberse atrevido a querer revelar su identidad y no cumplir su promesa.

Levantó la estorbosa falda de su vestido y se dirigió hacia la puerta dorada para cerrarla de inmediato. No quería que la siguieran. Sabía lo atroz que había sido su participación, pero ya no le importaba. Tenía que ocultarse a donde no la encontraran y tratar de calmarse para deshacerse de

"Siempre huyendo de tus problemas en vez de enfrentarlos. Tú sí que no aprendes".

-Cállate ya. –Siguió corriendo con algo de dificultad. Estaba comenzando a odiar los vestidos pomposos.

"Oh, Frisky está enojada... ¿Ahora se pondrá a llorar porque no le resultaron las cosas?".

No quiso contestarle, era consciente de que no estaba en sus cinco sentidos para mantener la compostura de siempre. Estaba asustada de lo que podría pasar de ahora en adelante y no sabía cómo reaccionar al respeto. Esta vez no había ni un amigo con el cual podría ocultarse por una noche. Todos habían visto los códigos y éstos la seguían en su andar condenándola a tomar una decisión como dé lugar.

Estaba sola una vez más.

"Aunque no te parezca, aun me tienes a mí".

-No es nada consolador eso –Comentó algo irritada mientras seguía con paso prisa. Estaba recorriendo el pasillo dorado iluminado en busca de la salida.

"No lo dije para consolarte".

-Puede que tal vez haya perdido a mi familia y amigos… pero aún tengo algo por lo que luchar. –Rugió en lo que notaba la amargura de su propia voz. –Aun puedo detenerte, aun puedo hacer que no hagas lo que estás planeando. Aun puedo salvarlos de ti.

"¿Y puedes salvarlos de ti?".

El dolor de cabeza fue tan intenso que la detuvo por completo. Era en vano que se sujetara, y el malestar interno no podía pararse por el simple hecho de que gritara. Sin embargo terminó hincada en el frío suelo mientras rogaba que parara aquel dolor. Tenía razón Chara, si se lo proponía podía hacerle sufrir en agonía.

"Frisk… vaya que a ti te gusta poner las cosas difíciles".

Pese al intenso dolor, notó con tiempo cómo su mano trataba de moverse por sí misma hacia el código de RESET. Un tanto aturdida y con algo de dificultad, la sujetó con su otra mano sintiéndose extraña de tener que retener de esa forma su propio cuerpo. Quiso calmarse con tal de sentir la influencia de Chara en esa magnitud, pero sus esfuerzos eran en vano al estar completamente débil de mente. Sus miedos, angustias y tristezas… en ese momento eran su mayor debilidad.

El único pensamiento positivo que se interponía entre el control y la perdición era que no se dejaría vencer contra Chara. No era algo alegre, pero era más que suficiente para poder mantener la compostura de su propia mente. Aceptaba su miedo y el dolor que conllevaba perder todo lo que había obtenido en el reino. Familia… amigos… Estaba dispuesta a seguir permaneciendo en su propio ser con tal de dejar que las cosas siguieran su curso. Que ellos estuvieran bien. Cumplir su promesa.

Con fuerza, poco a poco movió sus manos para finalmente dejarlas caer en el código CONTINUE, firmando así su destino. Aunque fuera angustiante su presente, se prometía a sí misma hallar el modo de enfrentar el problema pese a ser odiada por todos. Estaba dispuesta a eso con tal de que tuvieran sus respectivas vidas. Ya no iba intervenir en eso sólo porque tuviera miedo.

"Así pondrás las cosas entonces ¿eh? Bueno… tú lo quisiste".

Los gritos de la humana resonaron en todo el pasillo mientras se retorcía del dolor en el suelo.

.

.

Tras la huida de la humana después de lo extraño que había sido aquel espectáculo, los monstruos no tardaron en hacer bastante ruido preguntando al unísono sobre qué había pasado. Muchos pedían una explicación sobre qué había pretendido la humana tratando de callarlos y después haber aparecido esos rectángulos flotantes para desaparecer sin decir nada más.

Asgore había pedido de favor que todos se calmaran y que comprendieran los nervios que venía siendo enfrentar a todos como humana. Algunos si lo habían entendido y compadecido, pero otros estaban simplemente agradecidos de que la humana no hubiera tomado protesta como futura princesa del reino. Al menos comprendían en cierto grado de que ella no tenía el interés de gobernarlos para controlarlos.

Toriel les invitó a degustar los alimentos en lo que trataban de reanudar la importancia del evento, sin embargo simplemente se le vio irse hacia una esquina completamente sola. El rey había hecho el intento de acercársele, pero varios monstruos se le juntaron al grado de tener que prestarles atención con tal de calmarlos.

Sans se había paralizado con lo que le había visto hacer a la humana, por lo que no había actuado con tiempo para tratar de detenerla o de hacer algo para desviar atenciones. Le había sorprendido como a muchos de que realmente la tenían considerada para un nombramiento de la realeza, pero no se comparaba con el hecho de verla con su poder que tanto temía y despreciaba. Por un momento temió de que lo volvería a activar al no gustarle como se estaban desarrollando las cosas, pero en vez de ello, contempló simplemente cómo se hablaba a sí misma para luego salir huyendo junto con aquellos cuadros siguiéndola a su alcance. Sabía que aquello provenía de sí misma y sólo ella podría activarlos, mas no entendía cómo era que los había invocado en el peor momento para ella.

Notando cómo Undyne y Papyrus hablaban sobre lo que habían visto, sintiendo aquello como algo similar a la vez que la habían encontrado en la nieve, se retiró por un momento para acercarse hacia Toriel. La notaba bastante decaída.

-Hey Tori… la fiesta sí que está prendida ¿eh?

-Hoy no Sans… no estoy para bromas ahora –Se giró para verlo levemente, pero su semblante era deprimente –Frisk no… ya no quiere ser mi hija… Y entiendo, en verdad entiendo, pero…

El esqueleto podía notar los ojos enmudecidos de su amiga al tratar de aguantar las ganas de llorar. Admiraba la fuerza que trataba de mantener, mas no le pareció lo más óptimo que tuviera que sufrir en silencio. Él en lo personal no tenía ni idea de qué hacer salvo estar ahí escuchándola. No sabía qué hacer cuando alguien se ponía a llorar, generalmente provocaba risas y ya.

-Estoy seguro de que no lo dijo con esa intención. Sólo se asustó –Trató de excusar a la humana en un vano intento de calmar a la cuidadora de las ruinas –Debe de ser agobiante estar a la mira de todos.

-Lo sé… es mi culpa de que haya pasado por tanta presión. Soy una egoísta en todo esto –Miró cómo el monarca estaba atendiendo a varios que lo interrogaban un tanto molestos –Incluso estoy haciéndole pasar mal a Asgore con todos los asuntos legales… y ambos sólo estaban haciendo todo esto porque quieren lo mejor para mí, he… yo soy la patética.

Sans no sabía qué decirle, le era extraño verla tan apagada. Incluso le recordaba a la vez que le había pedido tras la puerta de las ruinas de que cuidara al siguiente humano que pasara por ahí.

Humana que estaba deseando por ver para asegurarse de que estaba bien, pero también comprendía lo que era el espacio personal para calmar las cosas. Una parte de él había querido ir con ella para asegurarse de que no reiniciara, pero no lo hizo tras poner toda su fe en ella de que cumpliría con su palabra. Era algo de lo que ya no le cabía duda.

-Sabes… lo más raro de todo esto, es que no puedo dejar de pensar en mi pequeña Chara con todo esto. –Continuó hablando Toriel tras dar una gran bocanada de aire para calmarse.

-¿En tu otra hija? –Recordó levemente que le había contado una vez de ella.

-Si… juraría que vi sus ojos en Frisk por un breve momento… Debo estar volviéndome loca con todo esto.

-¿A qué te refieres? –Le extrañó eso. Si había notado que se le habían puesto rojos por un breve momento antes de girarse hacia la puerta.

-Chara tenía unos ojos castaños hermosos, pero había ocasiones en las que se le tornaban rojos… como si fueran dos faros escarlatas –Explicó un tanto pensativa, navegando en sus propios recuerdos –Nunca supo la razón del porqué le pasaba, ni mucho menos nosotros pudimos encontrar la causa, pero dejamos de investigar ese fenómeno en ella al notar que le incomodaba. Asriel siempre trataba de animarla diciéndole que se le veían bien, pero creo que nunca la convenció de eso.

-¿Eran unidos?

-Bastante –Sonrió melancólicamente –Todo lo hacían juntos… incluso morir… Ya que ambos se fueron en el mismo día.

Sans quedó perplejo por las palabras de Toriel, y no era por la nostalgia que le generaba a ella el recuerdo de sus hijos. Las piezas comenzaban a encajar tan perfectamente que hasta le estaba asustando. No podía considerarlas una casualidad.

Un ente con consciencia… ojos rojos, comportamiento bipolar, conexión con el príncipe resurgido. La existencia del heredero al trono en otra forma ya de por si era una cosa asombrosa ¿Pero qué tal la posibilidad de que no haya sido el único que siguiera permaneciendo aun tras la muerte? Por más que trataba de convencerse de que era una teoría absurda, cada vez le parecía la más asertiva.

Recordó las palabras que había lanzado Frisk al aire en uno de sus cuestionamientos hacia ella. "Salvarlos es lo que importa" es lo que había dicho. ¿Acaso ya le había dado la clave de todo desde antes y no se había dado cuenta? Él no le había dado importancia a eso tras seguir dudando de ella, pero ahora que se percataba de todo, así como andar alerta de cada cosa suya, comenzaba a ver las cosas que siempre estuvieron ahí presentes y nunca las había notado. Frisk tenía muchos secretos consigo todavía, pero en ellos había un patrón en particular que comenzaba a ser notorio.

¿La planta también sabría de la existencia de aquella humana? Si eran tan unidos como lo decía Toriel, suponía que ese era el caso por el cual estaba tan cooperativo con Frisk.

-Ahora vuelvo, Tori. Tengo unas cosas que hacer.

Comenzó a alejarse con paso calmado con tal de no llamar la atención y alertarla, pero lo cierto era que por dentro estaba ardiendo por encontrar a Frisk cuanto antes. Si era lo que pensaba, necesitaba más ayuda de la que creía.

-SANS, AQUÍ ESTÁS –Le detuvo su hermano del hombro en cuanto lo alcanzó –POR UN MOMENTO CREÍ QUE TE HABÍAS QUEDADO DORMIDO DE NUEVO EN ALGÚN LADO.

-No bro… pero ahora tengo algo que hacer, así que…

-TENEMOS QUE ATENDER A TODA ESTA GENTE EN LO QUE REGRESA LA HUMANA.

-Entonces ¿qué te parece si les das algo de beber en lo que yo vuelvo? –Le indicó con algo de prisa –Nadie es mejor que tú para calmar a todos.

-TIENES MUCHA RAZÓN EN ESO HERMANO. PERO…

Sin que le diera más oportunidad para hablar, Sans ya había desaparecido ante sus cuencas. Controlándose para no molestarse con ese comportamiento suyo, hizo caso a la recomendación que le había dado y se dirigió hacia la mesa en donde se encontraban varios alimentos. Pero tal fue su decepción cuando notó que no había nada de bebidas salvo un contenedor vacío con una nota dentro.

-"HAY MÁS PONCHE EN EL PASILLO PRINCIPAL" –Leyó en voz alta.

Papyrus contempló la puerta dorada principal que le habría llevado lo más pronto posible al lugar, pero tras la desaparición de la humana ésta se había cerrado por completo y eran varios monstruos quienes la obstruían tras estar casi encima del rey. La otra opción que le quedaba era salir por la puerta que habían entrado la mayoría, pero para ello tendría que rodear casi todo el castillo para llegar al pasillo.

Dejó el papel en su sitio y se dirigió hacia la salida completamente decidido. Si con una bebida refrescante podía calmar todo el lugar para la humana, estaba más que dispuesto a hacerlo. No importaba cuánto tardaría en recorrer todo para llegar a su destino.

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Sans se apareció en varios lugares del castillo en espera de poder toparse con la humana de inmediato. Había sido en vano llamarle al celular tras no contestar nunca, por lo que tenía la esperanza de que no se hubiera ido demasiado lejos o de lo contrario le costaría aún más poder dar con ella.

Ni siquiera estaba en su habitación ni en la sala de trono antiguamente florida. Tras aparecerse en el pasillo principal para un simple vistazo, le detuvo en el acto escuchar los gritos agónicos que surgían desde un tumulto de tela que rápidamente previsualizó que se trataba de la humana en posición fetal sujetándose la cabeza. Sin dudar se fue corriendo hacia ella.

-¡Frisk! ¿Qué…?

-¿S-Sans? –A duras penas y levantó su cabeza ante un evidente agotamiento sobre ella por su sudor. Sus ojos se notaban perdidos y brillosos con el característico tono escarlata que le incomodaba –Aléjate, no…

-Quiero ayudarte, Frisk, basta de apartarte de ese modo –Se acercó poco a poco con cuidado. Le parecía que estaba retorciéndose del dolor y que ponía un gran esfuerzo para mantenerse en el suelo, cosa que no le dio buena espina –Creo saber qué es lo que te está pasando, pero primero debo de…

-¡Basta! ¡Basta! –Gritó mientras se sujetaba aun la cabeza, como si quisiera arrancársela del dolor cada vez más desastroso en ella -¡Noooo!

Sans se detuvo tras percibir que en cada paso suyo sufría aún más la humana en sujetarse a sí misma. Si no fuera por el hecho de haber investigado lo suficiente de sus comportamientos extraños, habría pensado que se estaba volviendo loca. Tenía que hacer algo para ayudarle… ¿Pero qué? No estaba del todo seguro si su teoría era cierta y no contaba con el tiempo necesario para averiguarlo y no cometer errores. El dolor evidente de la humana estaba siendo cada vez más fuerte e imploraba a gritos que se detuviera… cosa que tenía que atender en cuanto antes. No iba a quedarse con los brazos cruzados viéndola sufrir.

Sin más, extendió sus manos y comenzó a hablar en una lengua extraña para la humana. Frisk lo observaba con lo poco que le permitía su nublada vista ante el dolor, pero lo que escuchaba le parecía ser algo que nunca había escuchado, como si fuera un montón de ruido distorsionado. En cuanto notó algunos símbolos extraños rodeándola entendió que el esqueleto estaba haciendo algo fuera de su comprensión mágica. Éstos brillaban en un tono azulado y cambiaron rápidamente a rojo en cuanto terminaron de rodearla.

Para su sorpresa, Chara había dejado de torturarla al percatarse de aquellos símbolos. Por un fragmento de segundo le pareció que a la primera humana no le agradaban, pero no supo nada más en cuanto una luz potente cegó a todos. Perdiendo de vista así al esqueleto que había tenido frente a ella.

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Sans no supo en qué momento se había caído al suelo tras aquella luz blanca que le había hecho perder de vista su objetivo. No sabía si había hecho el conjuro bien ni mucho menos si había concluido sus trazos. La magia con el idioma de símbolos requería de una precisión de tal grado que lo hacía peligroso de aplicar en seres vivos, por lo mismo había optado que tal conocimiento sólo permaneciera como un vago recuerdo… pero le fue imposible olvidarlo en su totalidad.

La cabeza le dolía terrible, como si se hubiera golpeado fuertemente contra un muro y maravillosamente hubiera sobrevivido al impacto. Se levantó como pudo al no presentir algo con lo que apoyarse cerca y abrió sus cuencas poco a poco tras el dolor. Pero por más que se frotaba una vez que las había abierto por completo, únicamente contemplaba una blancura en la totalidad del entorno que de cierto modo le fue sofocante.

No sabía dónde estaba, pero tampoco le parecía que se hubiera trasladado a algún lado. Por más que giraba hacia los lados no podía ver más allá del blanco que albergaba todo a su paso. Comenzó a preocuparse cuando no visualizó a Frisk en todo eso ¿Qué había pasado en realidad?

Miró su propia mano con claridad, lo que le indicaba que aquel lugar blanco no era por algún factor externo. Tan solo… parecía como si no hubiese nada alrededor simplemente. Caminó derecho en espera de poder toparse con algo pese a no ver nada en el trayecto. Se estaba desesperando de no poder ver a la humana en todo eso, como si se hubieran separado tras lo fulminante que había sido la luz cegadora.

Tras haber estado caminando por lo que le parecieron varios minutos, por fin pudo ver en la lejanía a un cuerpo tumbado en lo que vendría siendo el suelo. Sin pensárselo, corrió directamente hacia ahí para auxiliar a Frisk. Tenía el temor de que no hubiese funcionado su conjuro y que ahora los había atrapado en un bucle temporal. Le había pasado en sus primeros intentos de teletransportación y no era agradable la angustia que generaba tratar de salir de algo así.

En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, se detuvo tras notar que algo no estaba del todo bien. Empezando por el hecho de que la humana ya no portaba su elegante vestido emplumado, sino su característico suéter rayado… pero sin ser de los colores que habituaba. En cuanto el cuerpo comenzó a levantarse con cuidado, contempló frente a él a una humana de piel pálida y cabello cobrizo opaco. Si no fuera por sus mejillas rosadas y sus ojos almendrados brillosos, podría haber jurado que estaba ante un cadáver andante. Instintivamente retrocedió en cuanto la humana le sonrió.

-Saludos –Su voz era calmada y de un tono suave –Soy Chara.

Sans se mantuvo en su posición firme y retirada de la humana que le miraba tranquila. No se veía peligrosa, parecía una joven que había tenido una buena vida pese a la falta de los rayos de sol, pero si era la causa de todos los malestares en la embajadora, en definitiva no podía bajar la guardia contra ella. Frisk irradiaba alegría y tan llena de vida cuando estaba presente en un lugar, mientras que la humana que tenía frente a él le transmitía inseguridad y angustia pese a su sonrisa marcada. Le molestaba internamente que Toriel hubiera comentado que le recordaba mucho a ella por el parecido, cuando a su percepción eran completamente diferentes.

No podía creer que había acertado en su teoría, pero aún más el haberlo descubierto tan tarde. Los reyes aun conservaban de cierto modo a sus hijos fallecidos, pero en su opinión personal de la situación, habría sido mejor que se quedaran en su descanso eterno.

-Debo reconocer que te creía más tonto, comediante –Continuó hablando como si algo en el esqueleto le causara gracia. Sans reconoció esa clase de altanería en la flor parlante –Sin embargo no es suficiente para sorprenderme.

-¿Dónde está Frisk? –Soltó con prisa.

La humana soltó una risa cantarina. Su gesto melodioso le resultaba irritante.

-Dije… ¿Dónde está…?

Intentó invocar su magia para controlarla, sin embargo ésta no hizo acto de presencia y no ocurrió nada. Tras volver a tratar de acceder a su poder, no pudo surgir huesos, ni su magia azul… ni sus blasters ¿Qué estaba ocurriendo?

-Aquí no puedes usar tu magia, bobo –Le contestó como si supiera qué había intentado hacerle –Lo mejor que puedes hacer por ahora es hablar conmigo.

-¿Dónde está Frisk? –Repitió ignorando su pregunta.

-Vaya, para ser alguien paciente y lamentable, estás siendo muy exigente ahora.

-No sabes nada de mí. Y repito por última vez… -¿Dónde está Frisk?

-Ummm… -Hizo como que pensaba sin borrar su sonrisa. A Sans le inquietaba la calma con la que se tomaba las cosas, como si le fuera de lo más natural estar entre toda ese blanco –Estás inquieto, no te gusta desconocer el lugar en el que te encuentras, temes haber hecho algo mal… no, de hecho estás aterrado de haber fallado una vez más como sueles hacerlo… ¿Acaso no te gustó saber de mí? Era lo que querías, ¿no?

La humana parecía estar analizando el blanco del entorno como si buscara algo. Sans no apartó la vista de ella ante el temor de que le hiciera algo en un simple descuido. Si era capaz de tortura a Frisk, no se quería imaginar lo que pudiera hacerle a él si no podía emplear magia alguna.

-No me interesa lastimarte. –Respondió en el acto, sorprendiendo por completo al esqueleto –Eres masoquista por tu propia cuenta, así que ni haría falta tratar de doblegarte. Ya te sientes lo suficientemente decepcionado de ti mismo.

Se rió moderadamente como si hubiera dicho una casual conversación dentro de un picnic de verano. Sans no sabía cómo interpretar esa confianza excesiva que tenía y la facilidad con la que lo había analizado con tan sólo verlo, casi como si le hubiera leído la mente. La apariencia relajada tras una sonrisa forzada era algo que comúnmente él aplicaba para no generar preguntas que no respondería, pero ésta humana lo estaba superando en un grado tan extenso que realmente estaba considerando que no había ni una máscara en ella.

-Es porque no debes compararme en eso contigo, comediante. Éste es mi estado natural, no necesito de falsas apariencias para conseguir lo que quiero. Para mí, las mentiras son una soga en el cuello con la que crees estarte protegiendo de la sentencia de muerte. Tarde que temprano vas a tener que caer. –Dejó de analizar el entorno para concentrarse en el esqueleto manteniendo su sonrisa –Cuando aceptas la realidad y la usas a tu favor, ya nada puede lastimarte. Eso si es algo que tenemos en común.

-¿Entonces qué es lo que pretendes con todo esto? –Por más que trataba de analizar su entorno, no hallaba ni a Frisk ni a una salida posible. Sólo estaban los dos parados en una nada total.

-Bueno… dado que haz frustrado el plan que tenía, supongo que sólo me queda improvisar.

-¿Qué…?

No supo cómo ni en qué momento había terminado así, pero en un instante sintió que estaba preso por unas lianas que jamás vio que lo tenían retenido. ¿Qué no había dicho que no se podía usar magia en el lugar que estaban? O peor aún ¿Cómo era que ella podía hacer algo así? ¿En verdad era humana? La risa de la chica fue cada vez más fuerte conforme se formulaba mentalmente sus preguntas, como si en verdad pudiera escucharlas. La idea que le llegó sobre eso le fue aterradora.

-Otra vez lento para darte cuenta de las obviedades –Se acercó poco a poco a él – No puedes ni reconocer a tu propia mente ¿Cómo es que creías que podíamos estar hablando de esta forma, para empezar?

Se detuvo frente a él con total confianza. Sans trataba de forcejear para librarse de las ataduras, pero era en vano todo intento. No podía moverse para nada.

-Y sobre tu pregunta anterior, sólo hace falta que abras lo que tienes por ojos.

Chasqueó sus dedos frente a su vista haciendo eco entre todo el lugar, cosa que para su sorpresa si le hizo sentir que había abierto sus cuentas de golpe tras lo que había parecido un mal sueño. Pero tras enfocar su vista nuevamente ante lo que tenía enfrente, sintió que la pesadilla apenas y estaba empezando.

Contempló cómo sus manos estaban tratando de ahorcar a Frisk, mientras ella forcejeaba para detenerlo. Podía notar lo aterrada que estaba en sus ojos castaños tan cercanos a él, como si no pudiera creer lo que estaba pasando. Sans entró en pánico ante tal escena y quiso detenerse, pero sus manos no le reaccionaban… Nada de su cuerpo lo hacía. Era tan sólo un espectador.

-Bienvenido a mi infierno especial. –Escuchó su propia voz un tanto distorsionada contestándole.

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Se prendió esta cosaaaaa, waaaaaaaaaaa! **corre en círculos de la emoción de por fin llegar a este capítulo**

Ahora prendan muchas veladoras para que no me tarde en el siguiente capítulo, que puede que tenga mucho trabajo por hacer en estos días.

No sé porque Fanfiction no está mandando avisos de actualizaciones. O es por un problema o es porque no me quiere T_T

Muchas gracias por seguir acompañándome en esta historia. Me llena de determinación leer sus comentarios y apoyo.

Michi fuera!

=)