Partiendo del revuelo que se había armado desde la decisión de nombrar como princesa a la humana adoptada y de su huida tras tan extraño evento, Asgore había tenido que hacer miles de maniobras con tal de que pudieran comprender la situación sin necesidad de entrar en detalles personales. Era imposible salir de ahí siquiera con tanta muchedumbre encima suyo sobre la gran puerta cuestionándole todo, sin embargo había sido Toriel quien había erradicado el conflicto tras tomar el uso de la palabra en la primera oportunidad, una vez que había vuelto al salón desde que Papyrus les había alertado en privado del estado crítico de Frisk.
A simple vista se le notaba perdida en sus pensamientos, pero al hablarles con el corazón sobre el dolor que era perder hijos y que pudiera tener esa nueva oportunidad con la humana, centenares de monstruos habían terminado llorando con ella y habían opacado la protesta al comprender el anhelo que estaban teniendo sus reyes sobre la adopción. En compañía de la noticia de que su reina había vuelto, muchos vitorearon contentos con la esperanza de que las cosas serían mejores, pero la opinión estaba dividida al ser notorio el grupo inconforme sobre la decisión de tal nombramiento pospuesto por la realeza. Incluso había terminado interviniendo toda la guardia real para evitar pleitos.
Asgore había comprendido en silencio el sacrificio y entrega que estaba dando Toriel si había decidido continuar con el matrimonio. No tenía que pensarle demasiado para saber que lo estaba haciendo por Frisk y no por él, pero a su vez eso le indicaba que las cosas estaban marchando terribles como para que su ahora de nuevo esposa estuviera optando por ese camino con tal de calmarlo todo en el reino. Una vez acabado todo, sin emplear palabra alguna ni mucho menos una explicación, Toriel le había llevado entre lágrimas al pasillo que conducía al cuarto de trono para contemplar con sus propios ojos lo que había pasado realmente. Con tan sólo ver el charco de sangre le había sido suficiente para entrar en pánico.
Tras ello, habían ido corriendo hacia el laboratorio para estar presentes en el proceso de curación de su hija. Habían decidido no hacer pública la situación al considerar que las cosas ya estaban lo demasiado delicadas como para empeorarlas con la posibilidad de la pérdida de otra hija. Y aunque Alphys les hubiera explicado que el verdadero peligro ya había pasado y de que se pondría mejor… el que no despertara no les generaba ninguna confianza.
Asgore había demandado una verdadera explicación sobre lo que había pasado con Frisk, y para su sorpresa, había sido Sans quien se había levantado en el acto. Le era inusual verlo sin su chaqueta de siempre.
-¿Qué pasaría, majestad, si le dijera que tiene hijos problemáticos? –Aunque su característica sonrisa estaba presente, su voz cansada y apagada decía más sobre su estado que otra cosa.
-Diría que es una falta de respeto que los menciones, considerando cómo están las cosas ahora. –Su mirada se mostró un tanto sombría. No estaba para bromas si la salud de su hija adoptiva estaba en riesgo.
-Sans dice que… Chara, estuvo en su cabeza… y que ahora yace en Frisk. –Irrumpió Toriel con total seriedad. –Que las heridas que tiene nuestra niña se las hizo él al haber sido controlado por ella.
-Entonces estás afirmando tu traición y tú inestabilidad mental, esqueleto.
Invocó su tridente en el acto, cosa que hizo temblar a Alphys tras ser aterrador verlo con esa postura. Incluso Sans había retrocedido con sus cuencas vacías sin apartar la mirada de su arma, como si en cualquier momento pudiera tratar de lincharlo con ello. Pero Toriel había sido más rápida y lo había detenido sujetando su brazo levemente, y más que por su tacto, su temblor notorio había sido el detonante para calmarse.
-Asgore, yo tampoco le creí cuando me dijo. –La reina le miraba directamente con un gesto cansado. –Casi intenté matarlo por eso.
-Yo omitiría el "casi" de esa oración. –Comentó por lo bajo Sans, pese a ser ignorado.
-… sin embargo, su descripción de Chara es más que perfecta. –Continuó Toriel. –Su risa cantarina, la pose de sus manos, su exceso de confianza… el cómo estaba vestida por última vez… Sólo tú y yo quedamos para recordarla tal y como era. Es imposible que supiera esos datos tan precisos sin haberla conocido antes.
-También queda Gerson, pudiera ser el caso que le contara…
-No tiene sentido eso. Ni siquiera se relacionan.
-Sé que no, pero… -Al no saber qué decir en el momento, el monarca simplemente suspiró de frustración y volvió a guardar su tridente. Si Toriel estaba empeñada en que creyera en esa versión de su mejor amigo, se debía a que había algo que aún no le contaban. –Toriel, aunque quisiera creer en eso… Chara…
-Lo sé… -Las lágrimas se hicieron presente en sus ojos claros. –Estoy igual de confundida que tú, por eso sólo debemos de tener fe en que nuestra niña estará bien y que nos podrá explicar todo.
-Hay muchas cosas que debe explicarnos. –agachó la mirada preocupado por un momento, pero no duró mucho tal gesto cuando se giró nuevamente hacia Sans empleando el mismo tono serio. –Mientras tanto… Sans el esqueleto, deberás ir al calabazo mientras no se aclare éste asunto.
-Si su majestad lo considera necesario… -Sans se encogió de hombros cansado. Lo cierto era que no quería apartarse del laboratorio, pero también comprendía que no estaba en posición de negociar.
Ante la ausencia de guardias estando todos en el castillo, Asgore le indicó con un ademán de su mano de que le siguiera para llevarlo personalmente a su celda, pero antes de que abriera la puerta, ésta había sido azotada fuertemente desde el otro lado. Papyrus se introdujo con algo de prisa y respirando con dificultad tras una posible carrera recién emitida. Antes de que su hermano le preguntara algo, el guardaespaldas lo pasó por alto y se dirigió hacia el monarca.
-REY ASGORE… YO… TOMARÉ SU LUGAR… -Comentó con demasiada energía. –PIDO EL DERECHO DE INTERCAMBIO.
Sans le miró anonadado. Si bien era muy extraño que se presentase un conflicto entre monstruos que llegara hasta un encarcelamiento o juicio, se tenía la medida preventiva por mero protocolo. Por lo mismo en el reino se tenía varias leyes para casos como ese, y uno de ellos era el derecho de intercambio que consistía en tomar el lugar del sujeto en juicio como aval. Si resultaba inocente, ambos podrían salir airosos de todo, pero si se mostraba culpable…
-No. –Contestó de inmediato el esqueleto mayor preocupado por su propuesta. –No te preocupes, Paps, estará todo bien.
-YO LO SÉ, ES POR ESO QUE QUIERO TOMAR TU LUGAR. SÉ QUE ERES INOCENTE… NO PASARÁ NADA. –Le sonrió con tal de calmarlo.
-Papyrus, tu hermano tiene razón. No hay necesidad de que hagas eso. –Toriel se puso a lado suyo. –No sabemos cuánto tiempo permanecerá Frisk en ese estado o… Hay posibilidad de que permanezcas por mucho tiempo encerrado.
-SÉ QUE TODO ESTARÁ BIEN. –También le sonrió a la reina. –ASÍ QUE POR FAVOR LLÉVENME A MI. SANS SERÁ MÁS ÚTIL AQUÍ QUE EN EL CALABOZO. Y ESO ES MUCHO DECIR DE MI PARTE.
Sin poder entrar en más debate, Asgore lo tomó con cuidado del hombro y se lo llevó un tanto decaído con todo mientras era acompañado por una Toriel perdida en sus pensamientos. A ambos reyes se les notaba a simple vista lo mal que se estaban sintiendo con todo lo presentado en el día entero.
Mientas observaba cómo se retiraban lentamente, Sans en ese instante realmente se estaba detestando a sí mismo. No sólo había dañado a Frisk al no haber evitado la manipulación, sino que ahora su hermano se estaba arriesgando por él y tenía que permitirlo para poder salvar a Frisk de cualquier cosa. Era muy difícil tener que tomar una decisión así sin que se asqueara de sí mismo.
Sabía el riesgo que había cometido en tener que decirle a Toriel sobre Chara, ya que seguramente tenía sus razones Frisk para mantenerlo en secreto, pero al no ver otra alternativa con tal de aclarar las cosas, tuvo que acudir a la verdad a medias. Había omitido parte de su conocimiento del poder de la embajadora, no le había dado explicación sobre cómo había terminado el intento de humana en él ni sobre que otro hijo suyo también yacía de algún modo retorcido con vida. Ya le había dado a su amiga demasiados sustos con la salud de Frisk y la anécdota de Chara, como para provocarle algo más con saber que su primogénito y heredero yacía también en el laboratorio.
Y tras varios días, Sans se había dedicado a estar en el laboratorio monitoreando la salud de la humana por las tardes y noches. Aunque Alphys comentara que ya no se podía hacer nada más salvo esperar, procuraba estar ahí con tal de prevenir cualquier cosa.
Sobre todo cuando cierta planta se quedaba constantemente a su lado.
Por cuestiones de su trabajo y las visitas que le hacía a su hermano en su celda, no podía quedarse todo el tiempo que le habría gustado, por lo que al terminar sus pendientes se aparecía inmediatamente en el lugar con tal de mantener al margen lo que fuera que pudiera hacer la hierba. Al presentar un mejor comportamiento, además de que su contenedor yacía completamente roto, Alphys le dejaba estar con mayor libertad en el laboratorio con tal de que no saliera de él bajo ningún motivo. En más de una vez lo había atrapado teniendo una conversación profunda como si estuviera hablando solo, pero ante los hechos, era más que consciente de con quién estaba comunicándose ahora que sabía la verdad.
No siempre lo lograba, pero había ocasiones en las que podía ver al parásito sentada a orillas de la camilla, viendo a Frisk tranquilamente. En otras simplemente no podía verla, pero sabía que estaba ahí observándole a él, estando en la misma habitación bajo un silencio incómodo.
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El castillo se sentía de lo más frío en esos días para la soberana. Le había sido de lo más incómodo el haber regresado a su antiguo hogar con tal de calmar lo más posible todo el subsuelo, pero era un sentimiento que a nadie le compartió al haber aceptado su destino por el bien de todos con una sonrisa. El sacrificio valía la pena si con eso lograba la paz en el reino y calma para Frisk.
Pasando de largo el pasillo dorado, se dirigió lentamente hacia la barrera con tal de estar un rato en soledad y lejos de los monstruos preguntones sobre su relación con el rey, y sobre cuándo podrían hablar con la embajadora. No comprendían con justa razón lo incómodo que era que le preguntaran cosas así, por lo que terminaba acudiendo al único escondite en el que sabía que no la buscarían. A nadie le agradaba estar tan cerca de la barrera, y ella no era la excepción, salvo que más que por la sensación acongojada que emitía, el recuerdo del día en el que lo había perdido todo era un trago amargo de lo que su vida eterna había resultado.
La luz que emitía la zona era cálida, indicando la posible posición del sol en la superficie emitiendo sus rayos en una tarde de verano. Podía imaginarse por el cántico de las aves que llegaba al lugar que se estaba teniendo un hermoso día.
-Sé… que es egoísta de mi parte acudir a… quienquiera que pueda denominarse dios allá arriba –Comenzó a hablar Toriel mirando la enigmática barrera. –Ni siquiera sé por qué sigo haciéndolo cuando siguen sin darme una respuesta… Pero… ya no sé qué más hacer… Mi niña sigue despertar… y yo… ya no puedo perder más hijos…
Se dejó caer en el suelo completamente llorosa. Tras varios días de aguantarse las lágrimas con tal de desviar las tensiones sobre la realeza, terminó descargando toda su tristeza en aquel lugar que tantos malos recuerdos le provocaba. Desconocía cuánto tiempo permaneció de esa forma, pero no fue sino hasta que una capa fue colocada con cuidado sobre sus hombros que dejó de llorar. No tenía qué girarse para saber de quién se trataba, después de todo, ese gesto suyo le generaba también un recuerdo muy similar al que estaba presentando ahora. Justo cuando le había jurado por primera vez que la cuidaría y protegería de todo. Vaya ironía.
-Pensé que… podrías tener frío. –Se excusó un poco apenado Asgore en cuanto por fin le miró fijamente Toriel.
La reina simplemente resopló tras no querer decir nada. Era obvio que no hacía nada de frío tras sentir la calidez del sol desde ahí, pero no tenía ganas de respingar tras haberla atrapado llorando en el único lugar que creyó que no la buscarían. Nunca le gustaba que le encontraran de esa forma tan débil cuando se suponía que tenía que ser rígida por el bien de todos, y aunque Asgore en su momento había sido el hombro en el que terminaba descargando todas sus frustraciones, la situación en el presente lo tornaba de lo más incómodo.
-¿Qué necesitas, Asgore? –Se fue a lo directo antes de irritarse aún más.
-Hablar contigo. –Se sentó también el monarca, manteniendo una distancia considerable con tal de brindarle espacio. –Después de la ceremonia, no hemos podido conversar sobre todo lo que ha pasado. Sé que has estado huyendo de y mí aunque sé que no es de tu agrado, es necesario que toquemos ciertos temas a la brevedad.
-Quieres saber sobre porqué cancelé la anulación del matrimonio. –Dijo sin más sabiendo a lo que quería llegar.
-No, sé que lo hiciste para no causar más revuelos en el reino e ir directo a lo que te importaba en verdad. Y que también por querer darle algo bueno a Frisk, como si con ello pudieras evitar que perezca. –La crudeza en sus palabras era algo completamente inusual en el monarca, lo que hizo que Toriel le prestara más atención tras notar que no quería dar más rodeos en cuanto a hablar. Era inusual en él mostrarse en esa postura por mucho que fuera el rey de todos los monstruos. –De lo que quiero hablar principalmente es sobre trabajo, sobre cómo se harán las cosas de ahora en adelante si tu intención es quedarte como la reina.
-Es lo que querías ¿no? –Acusó un tanto a la defensiva. Realmente no se sentía de humor como para tener que hablar ahora.
-Lo que quiera yo y lo que es correcto son cosas muy distintas. –Respondió apartando la mirada de ella para mejor enfocarse en la barrera, como si en ella encontrara las palabras adecuadas. –No nací con la libertad de decidir mi felicidad sin antes no ver la de mi reino.
-Asgore…
-Sé que conoces de antemano tus deberes como reina, pero ésta vez, te pediré de que no tomes decisiones por tu propia cuenta. El reino es distinto a como lo gobernábamos antes y será mejor que nos vean como una unión y no como división, al menos por un tiempo. –Le interrumpió un tanto apenado por hacerlo, pero quería acabar de hablar para no irrumpirle más su espacio personal. Era más que consciente de lo que pensaba de él, pero su deber estaba por encima de sus sentimientos. –Tu trono ya ha sido colocado de nuevo y… pedí que terminaran de prepararte una habitación para ti sola en la torre del este del castillo… espero que sea de tu agrado. Hay libros que considero que serán de tu interés y una bonita lámpara con caracolas.
Aunque fuese un disgusto que le pidiera estar todo el tiempo con él con tal de mostrar una mejor imagen para el reino, la expresión de la reina se suavizó un poco tras escuchar lo último. Conociéndolo, seguramente aquella lámpara que mencionaba la había decorado con sus propias torpes manos, y los libros pudiera ser que no fueran tan interesantes como los pintaba, pero que se esmerara en ser detallista con ella sin importar las circunstancias, de alguna forma la calmaban de la tristeza que había experimentado hacía unos minutos. Ese era el Asgore que había conocido en un principio, no aquel futuro soberano que todos alababan en su juventud por su majestuosidad y mero interés. Podría tener todo el oro del mundo y aun así apreciar más un ramo de flores o un simple dibujo que una montaña de lujos.
Terminó sonriendo levemente. Le agradaba saber que al menos había cosas que todavía se conservaban de él pese al tiempo.
-Agradezco el detalle. –Dijo sin más en lo que se acomodaba la capa para que no resbalara de sus hombros. –Yo me puedo hacer cargo de la comida a cambio.
-Me parece excelente eso. Jamás he podido recrear tus recetas.
Emitió una risa cansada a modo de cortesía, aunque era muy claro lo forzado que había sonado. Se quedaron mirando la barrera por varios minutos en silencio hasta que la luz comenzó a opacarse anunciando la noche. Toriel sabía que aún no se retiraba el rey tras querer preguntarle algo más que tenían pendiente, y aunque no le agradara tener que tocar el tema, sabía que era necesario para ambos. No podían posponerlo más estando tan presente la situación.
-¿En verdad crees que Chara esté con Frisk? –Susurró Asgore pese a no ser necesario.
-También me es absurdo pensar que fuera el caso, pero… no veo razón para que Sans me mintiera con ello. Ya me he percatado de que nuestra niña le tiene mucha confianza a él, mucho más que a nosotros como para contarle parte de su vida. –Le contestó con el mismo tono mientras borraba la sonrisa de su rostro. –Cuando me contó lo sucedido, Sans estaba preocupado de cómo fuera a reaccionar y con justa razón… realmente quise calcinarlo en ese momento. Pero en cuanto me dio una descripción exacta… fue como si la hubiera visto justo en su último día de vida, como si no hubiera pasado el tiempo en ella. Eso fue lo que hizo detenerme y cuestionar sus palabras.
-Me es un tanto aterrador pensar que pudiera ser el caso. –Admitió el monarca sin girarse hacia ella. Hablar de ello le carcomía en muchos sentidos. –Ya que significaría que ella sabría cómo está nuestro presente. No creo que le gustaría saber que Asriel habría subido a la superficie y muerto… además de que nos separamos y…
No pudo terminar la oración al no querer enlistar todas las cosas que le disgustarían. Aunque hubieran pasado muchos años, recordaba como si hubiese sido ayer que sus pequeños jugaban en su jardín.
-¿Sabes qué es lo que más me parece absurdo? Que de cierta forma si tiene sentido en muchos aspectos. –Terminó por hablar Toriel tras un rato pensando. –Frisk parecía conocer muchas cosas de antemano, como si pudiese acceder a una información superior. Sobre todo de Asriel y Chara al mencionarlos con tanta confianza… como si supiera realmente lo que pensarían sobre las cosas que pasan actualmente. Tal vez quiso juntarnos no sólo por ella, sino por ellos también.
-Eso haría las cosas más incómodas. –Admitió Asgore. –Si Chara está ahí realmente… Puede que me culpe por Asriel de ser así y…
-Eso no fue tu culpa, Asgore. –Le interrumpió la reina con un deje melancólico. –Nunca consideramos que Asriel fuese capaz de actuar de esa forma. No pudimos prevenirlo.
-Pero si soy culpable de haberte perdido.
Toriel se giró nuevamente al no poder mantener la mirada en él. La conversación se estaba tornando de lo más incómoda, pero entendía que de cierta forma era un tema que siempre los tendría atrapados. El sacrificio no sólo iba de su parte, comprendía que para Asgore también era algo doloroso el pedirle su presencia en todo con tal de fortalecer la imagen del reino. El malestar de mantener una farsa por el bien de toda su gente, mientras pudiera carcomerse por dentro por permanecer en una vaga ilusión.
-Te tuve miedo ¿sabes? –Volvió a hablar Toriel en cuanto pudo calmarse a sí misma de sus turbios pensamientos. –Ya te había visto enojado antes, pero eso… sí que no tuvo nombre. Ni cuando vivíamos en la superficie, en la guerra… Por un momento en verdad creí que podrías romper la barrera con tus propias manos ante tu furia si te lo hubieras propuesto.
-Si lo intenté. Pero evidentemente no lo logré. –Admitió Asgore un tanto incómodo mirando sus enormes manos. –En cuanto no pude más, fue que me di cuenta de que te habías ido, y del acta con la que habías dejado todo claro sobre nosotros.
No estaba segura si era por estar sensible por la salud de su hija o por la confusión que le generaba la posibilidad de que Chara aun siguiera existiendo, pero que el monarca siguiese en insistir en permanecer con ella en aquel lugar cuando claramente quería estar sola le era sumamente irritante. Había comprendido lo que le pedía y estaba de acuerdo ¿Qué no era suficiente? ¿Qué no entendía el dolor que le provocaba su mero recuerdo? ¿No podía comprender que a ella le había dolido en el alma haber tenido que tomar una decisión así de dejarlo? Él no era el único que había sufrido, y sin embargo, muchos se empeñaban en verla como la mala del cuento. Ella en verdad lo había amado, y por lo mismo, había hecho todo lo posible de que reaccionara, de que le escuchara… de que tan sólo se consolaran el uno al otro ante la pérdida irrecuperable en vez de cometer una locura que tendría grandes consecuencias. Pero nada de eso estuvo a su alcance ante la ira desatada del rey de los monstruos.
Sabía lo humilde y bonachón que podría ser Asgore, no había necesidad de que alguien le convenciera de eso si ya de antemano conocía su ternura y dedicación. Pero el que se comportara tan insensato en una decisión peligrosa como una segunda guerra, y luego mantener una larga espera con el fin de mantenerse él mismo a la segura… ¿para al final simplemente pedir perdón por todo y ya? No, ese comportamiento tan infantil viniendo de él es lo que tanto le irritaba en el presente. Una cosa era haberlo conocido así en su juventud, pero otra el que mantuviera esa inmadurez tras siglos en condena.
Pero… ¿ella acaso no estaba siendo también irracional? Había dejado al reino entero a merced de una mala y burda decisión ante un acto desesperado de su parte, sin contar el hecho de haber roto su juramento como reina de salvarlos de tan terrible orden. Resopló un tanto resignada mientras dejaba que la capa se deslizara acomodándose aún más en ella, como si ésta se aferrara a no soltarla, justo como su dueño.
-Supongo que Sans tiene razón, somos unos inmaduros después de todo. –Comentó finalmente tras aterrizar a ese punto de sus pensamientos, cosa que desconcertó al monarca quien había estado observando la barrera un tanto acongojado. –A este punto no me sorprendería que Frisk nos hubiera aceptado como padres por lástima.
-Estoy seguro de que no es así, sé que nos ama como nosotros a ella. Ya verás, volveremos a ser una gran familia en cuanto ella se encuentre bien.
-Si es que despierta…
Una realidad que a ambos atormentaba era el hecho de que Frisk no reaccionara de ningún modo pese a verse en buen estado ya. Por más que Alphys les había explicado que en los humanos se tienen reacciones distintas acorde a lo que ha investigado de ellos, la situación les era de lo más familiar a lo que viene siendo un "caído" monstruo. Sin poder despertar hasta el lecho de su muerte.
El tono sombrío que había empleado la reina había sido tan deprimente que Asgore no dudó en levantarse para ponerse frente a ella. Puso sus manos en sus hombros e ignoró cualquier reproche que estuviera por hacerle tras el disgusto de su expresión.
-Sé que la situación es muy similar a… la que pasó con Chara, pero si en verdad están juntas, lucharán la una por la otra. –Trató de sonreírle para calmarla, pero no fue una buena decisión tras ver que estaba dando el resultado contrario. –Tú me dijiste que debemos tener fe en que despertará, y no hay nadie mejor que tú para eso. Yo estaré acompañándote teniendo fe también, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad…
-Eso se dice en otras circunstancias, Asgore. –Aunque se sintiera mal por la situación, no pudo evitar esbozar una leve sonrisa ante el vago recuerdo de lo más parecido a lo acontecido.
-L-lo sé…
El ambiente cálido que había estado formándose poco a poco con dificultad, había retomado lo incómodo con tan sólo unas cuantas palabras. No sabía si era por el factor nostalgia, pero agradecía que el soberano estuviera mirando hacia otro lado apenado por sus palabras, que de lo contrario no sabría cómo reaccionar tras notar el evidente sonrojo que estaba sintiendo. ¿Acaso eso había sido su forma de confesarse sin ser directo?
Como un gesto apresurado, Asgore apartó sus manos sobre sus hombros y se giró abruptamente como si fuese más importante contemplar la barrera que cualquier cosa.
-Lamento haberte molestado con mi presencia. Sé que querías estar sola… pero de cualquier forma mucha gracias por esta plática. –Comentó todo mientras seguía dándole la espalda estando ya de pie. –Me retiro para que continúes con tu rezo.
Se marchó con paso prisa pese a que Toriel no tenía ninguna intención de detenerle. Tan solo se quedó ahí contemplando la barrera sin poder emitir ninguna palabra más, imaginándose el posible bello paisaje que seguramente estaban teniendo justo ahora en la superficie.
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Para Sans no era nada agradable el tener que recorrer los pasillos que conducía al calabozo, ya que éstos estaban construidos con runas que inutilizaban toda posible magia con tal de retener a los captores. No podía percibir la esencia de su hermano ni él transportarse al lugar sin tener que evitar caminar, estaba obligado a recorrer todo el pasillo hasta dar con la entrada que buscaba. Si bien no era de su agrado ni el lugar ni caminar, por su hermano haría lo que fuera con tal de verlo bien siempre.
Principalmente por ser su culpa que estuviera ahí en primer lugar.
Aunque se tratase de una prisión, lo cierto era que su decoración era de lo más agradable. Para el rey, el tener que estar encerrados en el subsuelo ya era algo terrible como para tener que privar aún más de la libertad de alguien, por lo que había mandado a hacer los calabozos por mero protocolo real, pero a su vez, lo más acogedor posible. Incluso en cada comida saludable venía con una carta llena de mensajes positivos animando al preso a mejorar su vida. Si, el rey felpudo sí que tenía corazón de oro.
Los guardias situados en la entrada le dejaron pasar animadamente en cuanto lo vieron. Era la primera vez en mucho tiempo que se tuviera que usar tal lugar, por lo que era muy aburrido trabajar ahí sin visitas de ningún tipo y sin hacer nada más que estar parados en la puerta. Para Sans era un trabajo ideal, sin embargo la paga era muy mala para lo que necesitaba y tuvo que reclinar la oferta en cuanto se la habían propuesto hacía tiempo. En cuanto dio con la celda de Papyrus, para su sorpresa, éste no estaba solo como otras veces.
-¡… y en cuanto ingresaron a la cueva, no contaban con toparse con una jauría de lobos hambrientos!
-¡WOWIE! ESO DEBIÓ SER PELIGROSO.
-No para ella, ya que no medía el peligro. –Exclamó Undyne alzando sus brazos. –Su valentía era tanta que no le importó adentrarse.
-¡PERO SE LA PODRÍAN HABER COMIDO! ¡A LOS LOBOS TAMBIÉN LES GUSTAN LOS HUESOS!
-Creo que más bien les gusta más la carne… pero aun así era un riesgo, nyaaahhhgg.
Sans decidió mantenerse oculto para no interrumpir el cuento que parecía estarle contando Undyne a Papyrus. Siempre le había parecido una gran amistad la que tenían ellos, por lo que le era cautivador que hasta su amiga con toda la carga de trabajo se había dado el tiempo de visitarlo y contarle algo tras su tardía. Sin percatarse del tiempo transcurrido, la capitana había terminado su relato tras notar que el esqueleto menor se había quedado dormido pacíficamente.
-¡Oh, Sans! Es raro verte sin tu chaqueta. –Finalmente la anfibia se dio cuenta de su presencia tras pararse y retirarse un poco del lugar. –Lo lamento, creo que me dejé llevar y ya dormí a Papyrus.
-Está bien, me alegra de que escuche algo nuevo. –Guardó el libro en su costado y comenzaron a caminar juntos para retirarse por completo. –No le gustará por siempre lo que yo le cuento todas las noches.
-Bueno, cuando era niña, Gerson me contaba cuentos sobre una gran heroína. Me gustaban tanto que me inspiraron a querer ser una heroína como ella también. –Sonrió un tanto apenada por contar algo de su infancia, pero el esqueleto a lado suyo no mostraba ninguna burla al respecto. –Por eso reconozco el valor que hay en relatar cosas así. Es como si en ellos nos mostraran que los villanos pueden ser derrotados.
-Tienes alma de cuentista entonces. Deberías de hacerlo más seguido.
-Nah, no haré tu trabajo por siempre. –Se jactó de inmediato. –Vi que te estabas tardando y su hora de dormir estaba pasando. Tuve que hacer algo.
-En ese caso, muchas gracias por esto. –El esqueleto simplemente se encogió de hombros.
Tras recorrer un rato el lugar y alejarse del castillo, Sans contempló el usar por fin su magia para no tener que caminar más siquiera. Sin embargo, una mano en su hombro le detuvo antes de que se despidiera o comentara algo al respecto. Haciéndose una idea de lo que pudiera decirle, se quedó sin moverse y empleando su típica sonrisa cansada.
-Sé que todo esto para ti ha de ser de lo más catastrófico. –Comenzó a decir Undyne con un tono nada usual en ella. –Sólo los reyes estarían peor que tú en este caso, pero no me puedo imaginar de cualquier modo lo que has de estar pasando realmente si tu hermano y ser especial andan en problemas. Y… aunque no tenga idea de lo que pasó en realidad, estoy segura de que hiciste lo mejor posible.
-He… no es así.
-Sans…
-Pero agradezco una vez más tus intenciones –Se adelantó a decirle antes de que continuase con un posible sermón motivacional. Realmente no tenía ganas de escuchar algo así pese a que había buenas intenciones en eso. –Eres buena amiga, pececilla. Pero ahora realmente debo retirarme.
-Entiendo…
Dejando a una desconcertada capitana de la guardia real, el esqueleto se apartó un poco antes de desaparecer ante su vista sin aviso previo. No tenía el ánimo de seguir manteniendo su sonrisa más allá de aparentar bien las cosas para su hermano, cuando él mismo yacía en el calabozo por un descuido suyo. Y tampoco podía aparentar que nada le importaba cuando Frisk le había mostrado lo dispuesta que estaba a sacrificarse con tal de que las cosas por fin siguieran su rumbo. Si tan sólo hubiera pensado bien las cosas antes de emplear el lenguaje simbólico… si tan sólo hubiera puesto atención con más cuidado a las señales que le había dado la humana… si tan solo fuese más fuerte para poder haber evitado que le controlaran…
Si tan solo…
Por mera inercia había terminado apareciendo en el laboratorio, el cual ya tenía varias luces apagadas indicando que la dueña del lugar ya se había ido a dormir. Se le había vuelto costumbre terminar ahí todas las noches mientras no despertara la humana que yacía profundamente dormida en una cama en la que se le había colocado para mayor comodidad. Era difícil saber si estaba realmente dormida por sus largas pestañas que decoraban sus alargados ojos, pero su lenta respiración y nula reacción del entorno les indicaba a todos de antemano su estado. Aunque generara mucha angustia el hecho de que estuviera sin despertar, la presencia taciturna de la humana en ese estado era extrañamente pacífica. Como si sólo fuese una terrible pesadilla el hecho de que había terminado así tras tantas heridas y todos fuesen unos exagerados en preocuparse por su largo sueño.
En lo que comenzaba su rutina de revisar los monitores indicando su estado de salud, el centinela admitía para sus adentros que hasta dormida le parecía bella la embajadora de los monstruos, pero dada la situación daría lo que fuera con que despertara de nuevo. Tan sólo quería que volviera a ser aquella chica que se divertía con sus seres queridos y que daba lo mejor de ella con tal de ver felices a todos.
Agradeciendo que no estuviera la hierba parlante pegada una vez más a la humana y ni se le viera por algún lado, terminó sentándose en la cama a lado suyo teniendo el cuidado de no moverla ni lastimarla. Tampoco veía al parásito situada en algún lado, pero de antemano sabía que eso no significaba que no estuviera realmente ahí, mas no quiso darle importancia a eso una vez más. No tenía idea de lo que había ocurrido al final, pero parecía que la primera humana caída no podía hacer más que quedarse a lado de la última.
-¿Qué hay, niña? ¿Aun empeñada en seguir durmiendo? Tú sí que me has superado hasta en esto. –Le habló como naturalmente siempre lo hacía, aun esperanzado en que cualquier momento pudiera por fin responderle. –Después de todo si resulté ser mala influencia para ti si sigues sin despertar, hehe… Pero ¿sabes? Ya no es tan sano que sigas en ese estado, tus huesos comenzarán a atrofiarse. Yo sé de eso… aunque nunca he dormido por ocho días seguidos como tú.
Su interlocutor no parecía mover ningún músculo a modo de respuesta salvo su lento respirar de su pecho. No queriendo apagar su sonrisa ni su tono burlón, Sans siguió hablando estando a lado suyo.
-Papyrus no deja de preguntarme cómo sigues y de mandarte saludos. Es… agobiante no poder dárselos de vuelta. –Continuó tras suspirar de cansancio. –Me parece grosero no saludarle de vuelta, así que, ¿qué te parece si despiertas para que pueda mandarle tus saludos? Estoy seguro de que eso lo haría muy feliz.
El silencio reinaba el lugar de una manera muy sepulcral, casi incómoda para quien apreciaba la pasividad de las cosas. No queriendo sentirse mal con ello, Sans simplemente suspiró y puso el libro en sus piernas que anteriormente tenía en uno de sus costados.
-Hoy iba a contarle un cuento a Paps, pero llegué tarde por atrasarme con cosas del trabajo. Me ha costado concentrarme estos días… ya que… me tienen muy preocupado ustedes dos. Y es raro que lo admita, aunque eso seguramente ya lo sabes. –Rio amargamente en lo que abría el libro en una página en específico. –Así que… ¿Te importaría si te lo cuento a ti?
Sin obtener respuesta, Sans simplemente prosiguió a su corta lectura que se sabía de memoria. Trataba de darle la misma emoción fingida que emitía con su hermano en cada párrafo, pero notaba cómo su voz se percibía cada vez más apagada al grado de atraparse a sí mismo quedarse sin aliento para seguir. Sus manos habían estado temblando poco a poco haciendo aun un esfuerzo en sostener el libro que simplemente dejó que se deslizara suavemente de sus dedos hasta terminar nuevamente en sus piernas.
Sans se consideraba a sí mismo un maestro en fingir una sonrisa con tal de no llamar la atención, pero por primera vez se estaba sintiendo culpable de hacer algo así cuando quienes le habían salvado estaban pagando por los platos rotos. Incomodado con la temblorina de sus manos, las puso en la camilla recargándose de cierta forma, pero ante la poca luz que había en el lugar no se dio cuenta a tiempo de que había terminado rozado su mano con la de la humana.
Un tanto apenado por su atrevimiento, tomó su mano con suavidad engañándose a sí mismo de que estaba tomándole el pulso solamente. Pero habría sido evidente para cualquiera que le viese que no era ese el caso. Más allá de la culpa que le generaba abusar de ese modo el tomar su mano de esa forma, la suavidad de la piel de la embajadora era sumamente relajante.
No supo si habían pasado minutos u horas, pero Sans simplemente no pudo dormir tras estar una vez más esperanzado en que por fin despertase. Hacía días que esperaba lo mismo y nada ocurría, pero conocía de antemano la determinación de la humana y sabía de esa forma de que ella no se daría por vencida tan fácil. Pero el que siguiera tan taciturna… era imposible no relacionarla con los "caídos" con el estado que mostraba. No conocía mucho de la naturaleza humana como para pensar que aquello era mucho más normal que en los monstruos, pero si los reyes que si sabían de eso por experiencia propia andaban preocupados… dejaba muy pocas esperanzas por mantener.
Los monstruos jefes también iban diario a visitar a su hija adoptiva sin ninguna interrupción, salvo que procuraban ser cautelosos para no alertar a la población a modo secreto, y de no cruzarse entre ellos en el camino dado el recelo que se emitía estando en una misma habitación. Aunque Toriel le hubiese defendido ante el rey, sabía que ella misma también tenía sus dudas y no la culpaba de eso. Después de todo, sonaba muy ridícula la anécdota que le había dado sobre lo que había pasado sin que nadie se diese cuenta en el mismo castillo, y además habían sido sus manos las que habían lastimado a la embajadora, con control o no.
Sans tenía sus dudas sobre lo que estaba pasando en el momento, pero ante los errores que ya había cometido le daba temor el cometer más si trataba algo. Aunque él mismo había separado al espectro de ella atándolo sin querer a él, de alguna forma había vuelto a estar atada a ella como si obligatoriamente debieran de estar así las cosas. Ya no le quedaban dudas sobre que su esencia en particular indicaba determinación y eso las vinculaba de una forma mayúscula, pero el hecho de que el código rojo activado por la embajadora hubiese hecho algo más… o si ella misma hubiese deseado que siguiera permaneciendo con ella ¿Sería acaso un acto masoquista?
Terminó riéndose con eso último. La respuesta a ello no era del todo clara, pero conociendo a Frisk, estaba más que seguro de que se estaba tratando una vez más de ayudar a alguien por mucho que le lastimase. Una vez más estaba siendo la Frisk de siempre, dispuesta a seguir adelante con el reto de darle un final feliz a alguien más, incluso sin importarle el costo de su propia vida e integridad esta vez. Los cabos sueltos por fin se estaban atando, aunque no eran precisamente relajantes.
-Paps y tú se parecen mucho, optan por ver el lado bueno de los seres, aun cuando éstos les lastiman. –Su voz se escuchaba ronca tras no haber hablado por un buen tiempo. El reloj situado en la pared le indicaba que ya pasaba de la medianoche. –Y por muy extraño que parezca, sí que te funciona al final. Sabías que Alphys era valiente para enfrentarse al hierbajo, sabías de la fuerza de Papyrus y su gran aportación estando en la guardia real… No, no lo sabías. Tú solo decidiste creer en ellos ¿cierto?
Siguiendo sin recibir respuesta alguna, suspiró frustrado desde su sitio. Agradecía que no se le viese a la planta o a Alphys pasando por el lugar, ya que se estaba sintiendo como un estúpido hablando de esa forma sin un receptor al tanto.
-Es algo vergonzoso, pero al escuchar lo que le decías al parásito sobre mi… me hizo darme cuenta de que también crees en mí. –No sabía si se había puesto azulado con decir eso, pero sí sentía un ligero calor en su cráneo. –Siempre me doy por vencido, y aun así, tú decides creer en que yo tengo un plan para todo. Yo ya había tirado la toalla a la primera tras notar que no tenía control de mi cuerpo, pero el que creyeras en que pudiera ser valiente también sin importar el curso… me hizo querer ser el monstruo de quien hablabas de forma tan segura.
Regresó su mano en su costado con sumo cuidado y regresó a recargarse en la camilla. Tras varias horas más se quedó contemplando el techo nada llamativo del laboratorio, como si en ello pudiese encontrar las palabras adecuadas para expresar lo angustiado que estaba de que siguiese en ese estado la humana. Sabía que tenía que regresar a su casa a dormir tan siquiera un poco para retomar el trabajo en cuestión de horas, pero no tenía ánimos de apartarse de ella una vez más.
-Niña… ya ha sido demasiado. Éste es un buen momento para despertar. Así que… puedes abrir los ojos ya… ¿por favor?
Sin obtener ninguna respuesta salvo su lenta y tranquila respiración, Sans optó por mejor retirarse antes de que el amanecer de un nuevo día fuese oficial dada la hora que marcaba el reloj. Le quedaba poco tiempo para dormir tan siquiera un rato en su casa, pero aun así seguía sin levantarse de la camilla, y más que por flojera y cansancio, no quería irse para resultar un día más sin que despertara.
Sabiendo que no podía prolongar más el tiempo por mucho que quisiera, le acomodó con cuidado el flequillo rebelde que insistía en estancarse entre sus largas pestañas para que estuviera más cómoda. Y no sabía si era por la poca luz, pero tras despejarle sus ojos de su cabello, le había parecido notar que éstos comenzaban a temblar un poco.
-¿Sans?
Si no fuera por el hecho de haber visto por su propia cuenta de que la humana realmente había movido sus propios labios emitiendo un susurro apenas audible, juraría que se trataba de una mala broma de alguien. El mencionado se había quedado paralizado con las cuencas vacías mientras notaba cómo comenzaba a estirarse la humana completamente entumida, sentándose poco a poco recargada entre tantas almohadas que le habían puesto. Aunque observaba directamente al ser que tenía en frente, de vez en cuando observaba Frisk su entorno para percatarse de dónde se encontraba pese a la poca luz que le permitía eso.
-Sans, me alegra de que estés bien. –Sonrió la embajadora una vez que fue consciente del lugar en el que estaba situada. – ¿No estás herido?
Aquello había sido suficiente para el esqueleto paralizado. Si se trataba de un sueño de su parte tras posiblemente quedarse dormido por accidente, no iba a desaprovechar un sueño alegre a comparación de otros. Tomando por sorpresa a la humana recién sentada en la cama, la tomó de los hombros con algo de urgencia, y sin tomar en cuenta de que apenas se movía tras varios días, la jaló hacia él para terminar abrazándola con fuerza.
Sintiéndola sólida entre sus brazos y siendo acariciado por su cabello revoltoso, fue como por fin Sans supo que no se trataba de un sueño, cosa que le hizo abrazarla con más fuerza con tal de controlar su temblor. Como si se le fuese a escapar de las manos de una forma inverosímil.
Frisk por su parte se había paralizado por unos momentos ante tal recibimiento inoportuno del esqueleto. La sorpresa era tal que se había sonrojado levemente por la cercanía tan aplastante por parte del centinela. Sabía que él no era de los que mostraban sus emociones tan afectivamente ni mucho menos era de abrazos, por lo que terminó devolviéndole el gesto enternecida por la confianza mientras mantenía su sonrisa.
-Lo siento ¿te preocupé mucho?
Le preguntó mientras mantenían el abrazo, sin poder ver su rostro. Pero el esqueleto no le respondió salvo quedarse aún abrazado con fuerza. Preocupada por eso y sin soltarse, acarició un poco sus hombros con tal de relajarlo. Podía sentir casi la textura de sus huesos al portar sólo la playera y no su habitual chaqueta esponjada.
-Sans, ¿estás…?
-Gracias por despertar, niña. –Su tono buscaba aparentar naturalidad, pero era evidente el sentimiento que tenía consigo tras sonar ronco. Podía hacerse una idea de cómo estaba su expresión, mas era demasiado extraño pensar que estuviera fuera de su sonrisa despreocupada habitual.
-Ya no soy una niña –Le reprochó en el acto. –Y lo dices como si fuera una dormilona como tú.
-Pues ahora has roto todo mis records… niña. –Hizo énfasis en la última palabra causándole gracia de que ya no le gustara que le dijese así. –Si lo que querías era tomar una larga siesta, al menos debiste avisarnos.
Permaneciendo abrazados entre la poca luz que había en la sala repleta de camillas, Sans pudo ver de reojo que por la entrada estaba llegando la científica real un tanto soñolienta y trayendo consigo a la planta parlante enredada en su brazo, mientras revisaba sus apuntes de la tabla. Pero en cuanto notó con sorpresa de que estaban ambos de esa forma, así como notar de que por fin Frisk había despertado, se retiró con prisa antes de que la humana notara su presencia y poder dejarlos solos con tan emotivo momento.
Conociendo a la reptil, sabía que le era difícil contener su alegría de verlos así, por lo que agradecía internamente de que no hiciera un escándalo emocionada o algo por el estilo, aunque seguramente le esperarían a cambio mil preguntas sobre cómo habían terminado abrazados. Fuera lo que fuera, Sans sólo tenía cabeza en el momento para Frisk y su despertar.
-¿Cuánto… cuánto tiempo estuve inconsciente? –Preguntó Frisk alarmada sin soltarse del abrazo.
-Con el que acaba de pasar, nueve días.
-¡¿Nueve días?!
La sorpresa junto con el susto casi hicieron que la embajadora se soltara, pero Sans le impidió romper con el abrazo reteniéndola con más fuerza. Le era extraño tal comportamiento por parte de él, mas no cuestionó de ello tras considerar que realmente estaba preocupado y aliviado por ella si habían pasado muchos días desde… el incidente.
-¿Chara…?
-¿Qué?
Frisk se giró sorprendida hacia el techo tras escucharla en esa dirección, a lo cual contempló maravillada de que la chica translúcida yacía flotando sobre ellos sin mostrar interés en la escena que estaba pasando debajo de ella. No pudo evitar sonreírle tras notar que aún se encontraba con ella de algún modo, aunque el que ahora pudiese verla además de escucharla, no le daba precisamente la sensación de alivio que creyó tener sobre eso.
-Sí funcionó.
-¿Qué funcionó? –Ahora si Sans rompió el abrazo para verla directamente. –No me digas que en verdad ataste esa cosa a ti de nuevo. ¿Es por eso que sigue contigo?
-Curioso que la basura me denomine como cosa. Sigo teniendo más valor que él.
-¿Frisk?
En lo que Chara bajaba flotando poco a poco hasta el grado de ponerse a un lado de ellos, y procurando estar lo suficientemente distanciada, Frisk se cuestionaba varias cosas sobre lo que pudiera decirle a Sans. El que no la soltara de los hombros era un indicativo de que no le dejaría desviar de tema hasta que le contestase. Suspiró un tanto resignada, después de todo, le debía en verdad una gran explicación ahora que sabía más.
-No es una cosa, ella realmente es un ser vivo… o algo así. –Comenzó a decir con tal de romper el silencio. –Aunque tengamos nuestras diferencias, tenemos muchas cosas en común y ambas somos adoptadas por los mismos monstruos, así que… me gusta verla como una hermana, a pesar de que ella no opina lo mismo.
-En efecto.
-Por mucho que hubiera pasado en las distintas rutas temporales, no importaba el final si éstos terminaban igual: sin la opción de poder salvarlos en realidad. –Explicó de inmediato antes de que le dijera algo el esqueleto en forma de regaño. –No había un final del todo feliz si ellos se quedaban condenados de igual manera, atrapados en su propio recuerdo sin poder sentir de nuevo. Y es lo mismo con Asgore y Toriel sobre lo que solían ser estando juntos… es como si todo el apellido Dreemurr estuviera condenado a no disfrutar de la vida. Incapaces de poder seguir adelante tras la atadura de sus pasados.
A Sans no le agradaba escuchar el tema de los reinicios, pero comprendía que para la humana también era un tema incómodo a mencionar. Analizando los hechos, Sans comprendió que no podía juzgarla por eso pese a que había hecho un gran daño repitiendo el mismo tiempo una y otra vez. Si realmente estaba buscando que completamente todos los seres fueran felices, podría tratarse de una travesura blanca en busca de una paz absoluta que difícilmente podría obtenerse. No era el método adecuado, pero cuando se tenía tal poder a tan joven edad… simplemente no pensó bien las cosas.
-Tonta. Si te das cuenta de que se habrían evitado muchas cosas si tan sólo hubieras sido sincera desde el principio ¿cierto? –Poco a poco la soltó de los hombros para calmarla de su propio tacto –Tu poder, el hierbajo, la parásito…
-Se llama Chara.
-… muchos habríamos comprendido lo que querrías hacer, hasta ayudado en lograr tal cometido. –Continuó sin darle importancia. –Supongo que tu desconfianza radica en el hecho de que antes estabas sola en la superficie… pero no más, Frisk, nos tienes a todos nosotros. Así que basta de ser tan egoísta y déjanos saber más de ti.
Terminó sonriéndole con tal de calmarla pese a sus palabras directas. Aunque le hubiera gustado dejar aquello para otro momento, sentía que era necesario hacerle entender eso antes de que continuara siendo la misteriosa chica que generaba más incógnitas que respuestas. No sólo era por su lado, sino por gran parte de su círculo cercano que pensaban igual a él.
-Sans, algo que me ha maravillado mucho de ti es tu facilidad de sonreír pese a todo –Comenzó a decir –Pero si estamos hablando de egoísmo, tú también sueles serlo. Así que tú eres el tonto.
-¿Por qué lo dices? –Comentó un tanto extrañado, pero sin borrar su sonrisa.
-Tú te preocupas mucho por todos, y eso es admirable, pero no dejas que los demás se preocupen por ti –dijo sin más –Muchas veces te ocultas en tu propio gesto ¿no es así?
-Mira quien habla –Se burló de gran manera –Te acabas de describir a ti misma.
-¿Yo? Claro que no.
-También me es admirable la forma en la que te preocupas por todos y luchas porque realmente seamos felices… pero por lo mismo no permites que podamos ayudarte. Y el que nos preocupemos por ti es inevitable, pero sobre todo, no es una decisión que puedas tomar por nosotros. Te apreciamos mucho y siempre estaremos para ti, no importa cuánto intentes separarnos de ti.
Revolvió su cabello ya enmarañado juguetonamente. Frisk rio ante como se estaban presentando las cosas. Sin lugar a dudas no esperaba a que terminase así la situación tras que supiera sobre la existencia de Chara. Era hasta relajante por fin sacar aquello de su mente.
-¿Somos un par de tontos?
-Somos un par de tontos. –Le contestó Sans divertido con ello.
Frisk tomó su mano para que dejara de revolverle el cabello aún más y quiso quitarse la sábana con la que se estaba cubriendo, pero en un fugaz vistazo se percató de que se encontraba únicamente en bata de hospital y cambió rápido de opinión un tanto avergonzada. Abrazó sus piernas estando tapada y apartó la mirada del esqueleto mientras pensaba seriamente qué decir.
-Muchas gracias, Sans. En verdad es genial poder contar contigo.
-Para eso estoy, niña.
-… pero, como tú mismo dijiste, no me es fácil contar sobre mí. –Continuó mientras observaba a Chara flotar despreocupadamente. –Ahora muchos vieron sobre los códigos que llevo conmigo y no quiero imaginarme lo que pensarán de mí con eso. Sin contar el hecho de que tal vez en verdad me quedé sin familia. Chara tiene razón, esto ya no es una ruta pacifista… aunque tampoco viene siendo una genocida. Ya no sé lo que es esto.
-Sólo vida, Frisk, eso es lo que viene siendo. –Le contestó un tanto preocupado de las cosas que rondaban en la mente de la joven. –Una vida que por fin estamos viviéndola, y eso incluye las cosas buenas y malas.
-Eso me aterra… porque ya cometí errores y no sé cómo corregirlos sin… regresar.
-No soy el sujeto adecuado para decirlo, pero… si quieres corregir las cosas, sólo debes enfrentarlas como siempre sueles hacerlo. Eres determinada después de todo, niña, sabrás llevarlas a cabo a tu modo. Así que sigue sorprendiéndonos con tu entusiasmo, que bien nos hace falta a todos.
Ahora fue Frisk quien terminó lanzándose hacia él para abrazarlo. El que fuese precisamente él quien le estaba diciendo tales cosas, el ser que había dudado de ella tras conocer sus reinicios y asesinatos, era de lo más esperanzador para ella. Fuera lo que fuera a pasar, ahora estaba más que segura de que las cosas podría enfrentarlas sin el temor a perderlo todo. En lo que sentía como el esqueleto le devolvía el abrazo un tanto anonadado por su espontaneidad, pensó sobre las opciones que le quedaban de ahora en adelante.
Había acabado con la vida de las amalgamas, había causado disturbios por ideales divididos en el reino y había lastimado a sus padres adoptivos, negándolos por un arranque de desesperación ante la vista de todos. No había necesidad de salir por la puerta para imaginarse cómo estarían las cosas en su ausencia.
Pero contar al menos con un sanstástico amigo le llenaba de determinación.
-¡Frisk!
En lo que Sans se soltaba del abrazo, y se apartaba lo más lejos posible con extrema rapidez como si de un susto se tratase, Frisk se giró hacia los reyes que estaban postrados en la entrada sumamente llorosos, en lo que Alphys prendía la luz siendo acompañada por Flowey enredado en su brazo. Toriel, quien había sido la que había gritado de emoción, no dudó ni por un instante en ir corriendo hacia ella para abrazarla con suma urgencia, empapándola por el mar de lágrimas que estaba siendo y ahogándola en el proceso. Frisk le devolvió el abrazo sintiéndose culpable de haberla preocupado tanto.
-Gracias, gracias, gracias… -Susurraba la monstruo jefe sin un interlocutor específico.
Asgore también se acercó completamente lloroso a la escena, pero en cuanto Toriel le soltó para contemplarla mejor fue cuanto el rey le abrazó del mismo modo sin poder esperar más. Oficialmente Frisk necesitaría cambiarse de ropa tras estar completamente empapada de tantas lágrimas de los monstruos jefes.
-¿Estás bien? ¿Te duele algo? –Preguntó Toriel aun en lágrimas hasta que Asgore le soltó para verla mejor. –Seguramente tienes hambre si no has comido en días.
-Estoy bien, descuiden. No me duele nada. –Les sonrió con tal de calmarlos, pero no pudo mantener el gesto tras recordar lo último que les había dicho. –Yo… siento mucho lo que les dije, pero…
-Está bien, Frisk. –Asgore puso su mano gigante sobre su cabello de modo paternal. –Entendemos porqué te sentiste así con nosotros.
-Pero no debes preocuparte más, mi niña. –Le continuó Toriel poniendo su mano sobre su hombro de forma maternal, mientras que con la otra se secaba las lágrimas. –Seguiremos siendo una familia… si nos sigues permitiendo serlo.
-Pero… ¿y el acta?
-No debes preocuparte más por eso. –Simplemente le respondió sin querer entrar en más detalles por lo pronto. Ya luego podría explicarle con tiempo. –Estaremos todos juntos a partir de ahora, Asgore, tú y… ch… ch…
En un principio la embajadora pensó que su madre estaba estornudando y estaba por decirle salud, pero en cuanto vio encogerse de hombros a Sans disculpándose con ella con la mirada, Frisk palideció por completo al comprender lo que realmente estaba pasando ahora. Sans se estaba maldiciendo a sí mismo mentalmente por no haberle advertido antes sobre lo que había tenido que relatar.
-Sans nos contó que… Ch…Chara está contigo –Comentó Asgore un tanto acongojado de tener que atreverse él a preguntarle. – ¿Eso es cierto?
-Para ser alguien que no tiene labios, sí que es todo un bocón. –Señaló Chara estando a lado del esqueleto sin que éste se diese cuenta. Flowey asintió en silencio tras haberle escuchado mientras se bajaba del brazo de la científica y acomodarse con cuidado en el suelo.
-Oh Dios… -Exclamó Frisk para sí misma, siendo lo primero que le llegó a la mente para decir. – ¿Qué es lo que saben?
-Que Sans intentó sacar de tu mente a Chara, pero que terminó en la suya y que trató de matarte mediante control mental. –Resumió a fin de cuentas Toriel tras calmarse un poco para decirlo. – ¿Eso es cierto? ¿En verdad… Chara está ahora contigo?
No pudo responder a la primera sin antes ver a la mencionada directamente. Chara estaba cruzada de brazos con un semblante pacífico pese a todo, como si le diese realmente igual el cómo se desarrollarían las cosas de ahora en adelante. Sin embargo, Frisk la fulminó con la mirada hasta que le respondiese sabiendo lo que le estaba preguntando en silencio.
-Detesto las mentiras, así que dale. –Se encogió de hombros y acto seguido puso sus manos en sus caderas con un semblante desafiante. –Tú provocaste esto y me ataste en el proceso, así que apúrate para que dejes de estar tan angustiada. No puedo hacer nada más que sentir lo que tú sientes, y no me gusta ese sentimiento tan mediocre.
Frisk asintió en silencio y se sentó en la orilla de la camilla, abrazando una de las almohadas que tenía para tapar de cierta forma la vestimenta que tenía. No tenía idea de cómo les narraría la situación sin afectar a terceros, pero estaba de acuerdo con Chara en que ella había provocado todo, y a su vez entendía por qué Sans había tenido que revelar su existencia.
Ya no había vuelta atrás… tenía que enfrentar las cosas sin importar el resultado. Después de todo eso era lo que significaba crecer ¿cierto?
-Es… una larga historia. Una que no comprendo todavía en su inicio. –Comenzó a relatar casi en un susurro. –Pero desde que caí en éste lugar, Chara ha estado conmigo.
Nuevamente las lágrimas se hicieron presentes en los reyes, los cuales terminaron sentándose en sus costados. Alphys y Sans se pusieron de acuerdo con la mirada y se retiraron en silencio con tal de darles la privacidad que necesitaban como familia, mientras que Flowey permaneció en su sitio estando a lado del espectro.
-¿E-ella…?
-Sí, está aquí. –Adelantó Frisk mientras observaba a Chara, la cual para su sorpresa no estaba sonriendo como habitualmente lo hacía. –Les está escuchando.
-M-mi niña… -Toriel continuó con su mar de lágrimas. –Mi Chara…
-¿T-tú… estás bien? –Preguntó Asgore hipando por su llanto.
-Si se le puede decir bien después de muerta… pues sí. –Sonrió sarcásticamente, haciendo de ese modo reír a la embajadora. –Esa pregunta fue estúpida.
-Ella dice que sí. –Resumió Frisk sin querer entrar en detalles.
-¿Te… hace falta algo, mi niña? ¿Necesitas… algo? –Preguntó Toriel sin saber hacia dónde tenía que ver en específico, un tanto confundida de tener que hablar.
-Tal vez un exorcista… o mejor una oija para decirles personalmente de que están haciendo las preguntas más estúpidas de la historia.
Frisk volvió a reírse cada vez más fuerte, cosa que no coordinaba con el llanto en el que habían estado por unos momentos los reyes tras descubrir que su hija aún permanecía con ellos. Miraron perplejos a la embajadora en espera de una respuesta, pero ella simplemente esperó a que se le bajase la risa antes de poder contestarles apropiadamente.
-Podrían preguntarme sobre cómo se "siente" estar muerta, o si tengo poderes especiales para haber acabado en este estado, o si soy una mera imitación de lo que era la Chara del pasado o… carajo ¡lo que sea! Pero en vez de eso me preguntan sobre cómo estoy ¿enserio?
-Será mejor que dejen las preguntas para otro momento. Creo que Chara también tiene que procesar su nuevo estado. –Dijo finalmente Frisk mientras sonreía hacia la nada.
Sin saber qué más decir, ambos padres terminaron abrazándola al mismo tiempo, comunicándole de esa forma lo infinitamente agradecidos que estaban de poder seguir contando con ella, y teniendo la esperanza de poder transmitirle ese mismo amor a Chara por el mismo medio. Frisk se dejó abrazar pese al calor que le estaba brindando su pelaje, estando feliz de seguir contando con una familia que a su perspectiva, se estaba volviendo más grande.
Flowey les observaba en la distancia con un semblante indiferente, casi aburrido con todo. Podría estar seguro de que lo de enfrente sería una estampa de lo más emotiva para cualquiera que los viese, sin embargo nada de aquel calor le llegaba a sus pétalos. Él estaba en otra dimensión de lo que significaba estar vivo, no podía comprender más por qué debería de estar con ellos llorando por algo que ya no tiene remedio.
Y sin embargo estaba ahí, sin retirarse a comparación de los científicos. Teniendo la burda necesidad de poder sentirse igual de nostálgico que ellos o conmovido por el despertar de la humana. Tan sólo estaba en un lugar en el que ya no había cupo para alguien que no existía más salvo en recuerdo. Era sólo un intruso en un momento familiar en el que ya no debía de estar más ahí.
-Sé que eres una planta ahora, pero estás siendo más un estorbo que un accesorio decorativo por ahora. –Le llamó la atención Chara sonriéndole a modo burlón. –Vete a una esquina o a un florero, no te quedes como bobo obstruyendo la entrada. Seguramente vendrán más a verla y no querrás que te pisen.
-La tipeja sarcástica está preocupada por mi ¿Debo sentirme conmovido por eso? –Susurró para no llamar la atención de los presentes, mientras le devolvía el gesto burlón. –La escena es de lo más patética, pero parece que a ti te agrada.
-Frisky está feliz y es contagioso… literalmente hablando. –Suspiró resignada y se sentó en el suelo con él. –Es exasperante recibir sus emociones aleatorias. Me siento como una adolescente en periodo hormonal, no tengo ni idea de cómo estuve feliz o angustiada de la nada… ya que nada de esto es mío.
-Al menos estás sintiendo algo.
-¿Y debo estar realmente agradecida por eso? Los sentimientos tienden a generar debilidades, y Frisk en esto… es asquerosamente optimista. Ya puedes hacerte una idea de lo ridícula que es.
-Si no te conociera, diría que estás preocupada por ella.
-¿Por qué habría de preocuparme un humano?
-Siempre has sido defensora de los débiles. –Esbozó una sonrisa maliciosa conforme el espectro le miró de modo defensivo. –Y tú estás viendo a Frisk como alguien vulnerable.
-La veo como la patética humana que es.
-Pues esa patética humana arriesgó su vida con tal de mantener su promesa conmigo. –Jactó manteniendo su voz baja. –No es el resultado que esperaba, pero puedo darme satisfecho por ahora.
Chara iba a reclamarle por haber negociado con ella sobre su persona, pero gracias al estar bombardeada de la felicidad que le estaba emitiendo Frisk, comprendía que Asriel tan sólo había querido que ella estuviese bien a cualquier costo. Debería de sentirse conmovida por ser todavía apreciada por su mejor amigo, pero no era el sentimiento que estaba recibiendo por el momento.
Y eso era lo que más le exasperaba ¿Qué caso tenía que ella pudiera sentir algo si él se mantenía igual? ¿Qué caso tenía si ni se trataban de sus sentimientos? algo que no podía crear ella ni conservar por cuenta propia. Sólo recibía el eco de lo que alguien más estaba generando y le afectaba en su forma de ser momentáneamente. No era algo para celebrar como tal, era algo aún más deprimente a su perspectiva.
Sin embargo, comprendía también que Asriel daría lo que fuera por contar con algo así por muy artificial que fuese. Al haber sido un monstruo, la añoranza de sus sentimientos era mucho más grande que las que ella tenía antes de poder ignorar sus propios sentimientos. El tiempo les estaba jugando una mala broma al castigarlos aún más de ese modo. Consecuencias de una mala jugada lo denominaba.
Tan sólo estaba ahí, siendo atrapado en un cuerpo que no estaba hecho para poder tener emociones, condenado a recordar lo que solía ser antes mientras observaba a los demás tener su propia vida sin él. Y por si fuera poco, sin poder sentirse mal por no extrañarlos… ni a ella.
-No te estoy diciendo que me agrada ni nada por el estilo. –Continuó hablando Flowey aun manteniendo la vista al frente con tal de no llamar la atención, pese a que los presentes habían olvidado que aún se encontraba ahí. –Pero considero que se ha ganado… el que confiemos en ella.
-Pfff, siempre fuiste un bebé llorón debilucho.
-Y tú una maldita impulsiva sin remedio.
Chara se puso a observar a Frisk estando abrazada de los reyes. Tras varios días sin que despertara, le había sido difícil saber si le ocurría algo malo sin poder estar en su mente. No había podido hacer mucho salvo mantener su corazón latiendo hasta que tuviera la ayuda necesaria, la cual no le había hecho gracia que fuese la del esqueleto. Mas no había tenido más opciones y agradecía para sus adentros de que hubiese sido una percepción mutua.
Pero ahora le inquietaba algo que no sabía siquiera cómo expresar con el sentimiento adecuado. La oscuridad en su corazón era un hecho ahora, y sin embargo no parecía estarle afectando en absoluto, cosa que le atribuía a su excesivo entusiasmo y optimismo. ¿Estaría a salvo gracias a su forma de ser? ¿O no duraría mucho eso? Fuera lo que fuera, no permitiría que hubiese más víctimas.
-Bien… tú ganas. Démosle la oportunidad de darnos una "vida" mejor. O tal vez muera en el proceso y nos convirtamos ahora en el trío de fracasados. Quién sabe.
-Esa es la actitud.
Sin saber si habían pasado minutos u horas, se quedaron contemplando a los reyes, sin que supieran que en aquella habitación estaba por fin una familia completa.
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El tintineo de los cristales mágicos resultaban de lo más encantador para quienes recorrían las cuevas de Waterfall. Pese a permanecer encerrados, era realmente algo conmovedor apreciar la belleza que yacía en aquella zona. Pero por más que situaban sus sueños y deseos entre la densa humedad, no dejaba de ser un lugar más en el cual estar sofocados por la eternidad.
-Tralalaaaa…
El sonido de la corriente hacía un maravilloso dueto junto con el habitual cántico del ser encapuchado, mientras éste se encontraba tranquilamente en su barca de madera dejándose llevar por el agua con lentitud. Aunque se corriera el riesgo de chocar contra algo tras estar acostado sin ver hacia dónde se dirigía, éste se limitaba a mirar hacia el techo cristalino sin alguna preocupación. Contemplar la falsa noche estrellada le era más importante y conmovedor.
-Tralala. El agua está muy húmeda hoy.
Tras un largo tramo, la barca chocó con cuidado llegando a tierra firme y el encapuchado se bajó con paso lento. Sin importarle el hecho de que parte de su vestimenta se había mojado, se agachó para arrancar una flor celeste específica, acabando con su tenue luz y separándola de sus raíces para siempre, pero así conservando el suave susurro "me gusta" que únicamente emitiría como último aferro a su vida.
-Esto se está poniendo cada vez más interesante, ¿No lo cree así… Doctor?
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Y así concluye… la segunda temporada aaaahhhhhhhh!
Muchas muchas muchas gracias por la espera y por acompañarme en esta historia hasta éste punto. No tienen ni idea de lo emocionante que es contar con todos ustedes. Leer sus mensajes y contar con su apoyo me motiva a seguir adelante con esto, muchas graciaaaaaas!
Aviso que el siguiente capítulo que subiré aquí será el especial de Asgore, el tercero de cuatro especiales, el cual servirá como divisorio para el inicio de la tercera temporada. Espero que les guste tanto como a mí.
Manténganse determinados my childs. Los amo!
Michi fuera!
:D
