Preparen las palomitas para leer esto, que está súper largo esta vez. Espero que lo disfruten n_n
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Capítulo especial 3:
Larga vida al rey
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Había muchas clases de leyendas sobre el origen de los monstruos. Una gran parte de ellas contadas entre cánticos de juglares, mencionaban con gran aprecio el equilibrio que habían otorgado los dioses sobre la existencia de ambos bandos habitando el mundo, pero muchas otras, contaban la aterradora idea sobre que se trataban de un castigo divino para acabar con la misma humanidad. Fuera cual fuera la perspectiva, estaban de acuerdo sobre lo impactante que era la existencia de los monstruos.
Aunque existiera una gran variedad de especies entre los monstruos, había una en particular que resaltaba como ninguna otra. No había una canción lo suficientemente hermosa para aclarar la leyenda que se contaba sobre el origen de aquellos seres tan majestuosos, que con su sola presencia podían erradicar toda calamidad. Y aunque fueran extremadamente poderosos en esencia y resistencia, su verdadero valor provenía de la pureza que yacía en sus corazones.
Pese a que tuvieran varios nombres conocidos, era difícil darles una clasificación digna a su mera existencia, por lo que algunos simplemente les llamaban monstruos jefes.
Y no era de extrañarse del porqué. Muchos monstruos tenían la necesidad de estar con ellos como si de un rebaño con su pastor se tratase. Después de todo, la calma que irradiaban a todo ser cercano era tan relajante que tendían a sentir que todo podría estar bien en cuanto ellos pudieran tener todo bajo control. Las leyendas que se contaban sobre su existencia eran variadas, sin embargo había una narración entre juglares que trataba de aclarar lo más posible del porqué eran tan majestuosos sin importar si se daban a conocer entre humanos o monstruos.
Era favorita de muchos la mítica historia sobre los inmensos dragones que amenazaban con acabar con el mundo entero, y de cómo los dioses habían tenido piedad de ellos acabando con todas las abominables bestias… dejándolos en un mar de sangre hasta sucumbir en la aniquilación de su existencia, y de ello, surgieron unos nuevos seres con la fuerza y destreza con el fuego eterno que tanto los había caracterizado, con la nobleza única de un monstruo y la resistencia equivalente de un humano. La especie que muchos consideraban que acabaría con toda calamidad y que uniría a todas las especies del mundo en una paz eterna.
Por supuesto, sólo se trataban de cuentos y canciones dignas para una noche en fogata, pero era algo en lo que a muchos viajeros les gustaba creer sin importar si era de su especie o no. Era algo majestuoso por contar y creer. Si había algo que apreciaban los monstruos de los humanos, era su gran capacidad imaginativa para crear tales cosas sobre ellos, y no tardaron mucho en demostrarles el cariño y admiración que tenían sobre la humanidad. Por lo que su coexistencia se extendió por muchas generaciones hasta el fatídico día en el que se optó por habitar en reinos separados con el fin de controlar los impulsos de ambos bandos.
Los monstruos jefes conformaron la realeza en representación de sus tierras al grado de ser la autoridad máxima, pero una familia en particular resaltó sobre el resto al grado de volverse los sumos monarcas. Una que fue, según dictaban las sacerdotisas, elegida y bendecida por los dioses: los Dreemurr.
Cada miembro que había tenido el honor de representar a los monstruos, portaba con orgullo y compasión la corona sabiendo que era algo más que una autoridad o un símbolo de unión. Por lo que el nacimiento de un nuevo miembro y heredero al trono se celebraba con júbilo, pero dicha fiesta no se daba sino hasta que el príncipe tuviese seis años de edad acorde a las tradiciones reales. Si bien para los humanos eso era sumamente extraño, para los monstruos era más que considerable, dado que se optaba con que a esa edad se tenía el suficiente conocimiento y control de sí mismo para hablar y defenderse por su cuenta. Y un príncipe no podía dejar que otros hablasen por él, no importaba lo joven que fuese.
Por lo mismo, Asgore se encontraba en ese momento temblando de miedo en el primer rincón que había encontrado del gran salón del castillo. Esperando de todo corazón de que nadie lo viese entre toda la muchedumbre que recién estaba llegando.
-Asgore, ¿qué haces ahí? –El pelaje plateado de su madre lo desconcertó más de su escondite que sus simples palabras. –Ésta es tu fiesta de presentación, no puedes permanecer aislado.
-Mami… tengo miedo.
-No hay nada porqué temer, mi dulce botón de primavera. –La reina se agachó para contemplar mucho mejor a su hijo, sin importarle en el momento de maltratar su hermoso vestido. –Muchos han venido a conocerte y lo mejor para agradecer su visita es saludándolos al menos, ¿no crees?
-Pero… ¿y si digo algo mal?
-Un príncipe jamás dice algo mal en cuanto sepa dónde apuntar su corazón. –La voz ronca del rey hizo acto de presencia, opacando lo llamativo que era el pelaje plateado de la reina con su abundante melena dorada. A Asgore le gustaba pensar que sus padres eran el sol y la luna por eso. –Y tampoco es un cobarde, así que ya haz acto de presencia, Asgore.
-No lo presiones, ¿qué no vez lo nervioso que está?
-Jamás saldrá de su escondite si lo sigues consintiendo tanto, Silfur. –Rio levemente el rey mientras tomaba del hombro a su hijo para empujarlo un poco. –Vamos hijo, ya es momento de saludar.
Sintiéndose más confiado estando acompañado de su padre, Asgore le siguió lentamente hasta llegar al pleno, donde había un gran grupo de esqueletos esperando pacientemente, y donde la figura más destacable de ellos era el más alto que portaba una gran capa de lado en su hombro, tapando su brazo derecho por completo. En cuanto rey y príncipe estuvieron frente a ellos al unísono, el de capa dio un paso al frente e hizo una gran reverencia.
-Majestades, es un honor poder estar frente a ustedes. –Comentó el esqueleto con una voz de lo más relajante.
-Sir Courier Gaster, me parece que cada vez más tu familia tiene más miembros. –Rio mientras se acariciaba la barba un tanto perplejo. –Eso es muy inusual en tu especie.
-Qué puedo decir, a mi esposa y a mí nos fascina tener hijos –Sonrió complacido mientras apartaba un poco la capa, dando a notar la ausencia de todo su brazo. Asgore no sabía mucho sobre esqueletos como para saber si ello era normal, pero por lo visto no había problema si su padre no se mostraba inquieto ni nada por el estilo. –Cuantos más seamos, mayor es nuestra felicidad.
-Creo que ya es un buen momento de parar, antes de que desaparezcas en el proceso. –Rio Asmodeo dejándose caer en su trono animadamente. –Doce hijos ya es mucho.
-¿Doce? –El rostro del esqueleto se alarmó y se giró para contemplar a sus hijos de diferentes edades, contándolos con la simple mirada. – ¿Dónde está Wingdings?
-No lo sabemos, padre. –Contestó uno de ellos tranquilo. –Tal vez se perdió.
-¿Seremos menos ahora? –Preguntó otro más bajo.
-¿Me puedo quedar con sus cosas?
-Nadie se quedará con nada. –Les regañó molesto observando fulminantemente a todos sus hijos, pero tras recordar que se encontraba junto al rey y heredero al trono, su rostro se suavizó y retomó la mirada en la realeza. –Ejem… una disculpa majestades, pero pido retirarme para encontrar a mi pequeño. Es raro que actúe así, enserio. Por lo regular es de lo más tranquilo.
-Adelante, adelante. –Hizo un ademán con la mano indicándole que podía retirarse, mientras observaba toda la escena divertida. –Espero que encuentren al pequeño travieso.
Sin más, todos los esqueletos hicieron una inclinación y se retiraron con algo de prisa. Asgore los había observado curioso, pero agradecía en el fondo no haber tenido que hablar siquiera. Incluso le parecía emocionante saber que también habría niños en su ceremonia de presentación. Con los únicos que había relacionado en su corta edad había sido con sus padres y algunos miembros del castillo que se encargaban de que estuviese de lo más cómodo, por lo que el conocer a más niños como él era lo suficientemente relajante para llevar a cabo el evento.
El día estaba transcurriendo de lo más lento para el joven príncipe. Habían pasado horas en las que se había quedado sentado en el regazo de su padre mientras saludaba a cada monstruo que se presentaba frente a ellos, y para su suerte, no había tenido nada más que hacer salvo eso, por lo que poco a poco su sonrisa fue de lo más sincera a muestra del alivio que sentía. Su madre por otra parte, se encontraba revisando detalladamente de que cada visitante tuviese un lugar en la otra gran sala donde comerían todos. Todos los seres eran bienvenidos para conocer al futuro rey, y a todos se les trataba con la mejor de las cortesías.
Poco a poco el salón del trono se fue vaciando conforme saludaban al rey y príncipe por turnos en fila. No fue sino hasta que dos humanos con trompetas hicieron acto de presencia que Asgore volvió a ponerse nervioso. Sabía que actos así indicaban la venida de alguien importante, pero era la primera vez que veía ante sus ojos a humanos pese a saber de ellos de antemano.
-Ante ustedes, su majestad, el rey Uther Pe…
-¡Uther, viejo amigo! –Sin esperar la mención de su llegada, el rey de los monstruos bajó con cuidado a su hijo de sus piernas y se levantó para irse directamente hacia el humano sumamente elegante que estaba llegando frente a ellos. –Cada vez que te veo estás más gordo.
-Y tú más esponjoso, Asmodeo. –El humano regordete le devolvió el abrazo con gran alegría, parecía que tenían mucho tiempo sin verse. –Te falta un poco más para ser una simple bola de pelos.
-Y a ti para terminar rodando, jajajajaja.
-Estos dos y sus escándalos. –La reina de los monstruos se había acercado a su hijo para tomarle la mano, y así darle la confianza de acercarse poco a poco sabiendo que tendría miedo. –Sí que no han cambiado en nada.
Los humanos trajeados con trompetas habían anunciado la llegada de más humanos provenientes de la realeza, pero Asgore no había podido escuchar sus nombres ante las exclamaciones de alegría que soltaban ambos reyes de forma amistosa. Fue sino hasta que apareció un niño humano bien vestido que atrajo su verdadera atención en ellos. Por las prendas que llevaba al igual que la mujer que yacía a su lado con un porte de lo más fino y cabello exageradamente largo, sin lugar a dudas se trataba de la reina y príncipe de los humanos.
Mientras los reyes mencionaban cosas del uno del otro entre risas y cánticos desafinados, ambas reinas se acercaron la una a la otra para saludarse junto con sus hijos, los cuales eran muy distintos en su forma de acercarse. Mientras que Asgore yacía temeroso tomando fuertemente la mano de su madre, el príncipe de los humanos se acercaba a ellos tranquilamente y con un semblante seguro a ritmo de sus pasos firmes.
-Es un gusto poder contar contigo en este día, Igraine. –Comentó su madre mientras se saludaban de beso ambas reinas.
-El placer es mío. –Le sonrió la humana amistosamente y volteó hacia abajo para contemplar al cachorro tembloroso en el costado de la reina de los monstruos. –Y tú debes de ser Asgore ¿cierto?
-S-si…
-Tranquilo, pequeño príncipe, los humanos no mordemos. –Le guiñó un ojo con tal de calmarlo, cosa que de algún modo si hizo efecto. –Mi hijo Arthur también es nuevo en conocer a los monstruos, y tienen casi la misma edad, así que espero que puedan llevarse bien.
El príncipe humano simplemente sonrió ante su mención, sin saber hacia dónde mirar directamente. Parecía que todo su entorno le era de lo más fascinante de acuerdo al brillo de sus ojos.
-Madre ¿eso también es un monstruo? –Señaló el niño a un whimsalot que pasaba cerca de ellos. -¿Cómo es que pueden volar? ¿Eso es magia?
-No se dice "eso", sino "él". –Le regañó por lo bajo. –Lo siento… es que Arthur es nuevo en esto…
-Tranquila, tranquila, es normal si antes no había entrado a nuestro reino –Comentó tranquila Silfur. –Aunque saben que son siempre bienvenidos.
-Y ustedes en el nuestro reino. –Sonrió más calmada la humana y tomó de la mano a su hijo.
Antes de que pudieran seguir hablando, la llegada de lo que parecía unas mantis religiosas bien vestidas calló todo el lugar con su simple presencia. Tal vez fuera por su apariencia de lo más extraña con sus ojos blanquecinos o por el aire incómodo que irradiaban tras oculta gran parte de sus alargados cuerpos con sus túnicas oscuras, pero si hasta el rey de los monstruos había callado con tan sólo verlas, sin lugar a dudas se trataban de seres de mucho respeto.
-Majestades. –Comenzó a decir la que estaba al frente y la que parecía ser la líder, mientras que las demás simplemente inclinaban su cabeza a modo de cortesía.
-Mis queridas oráculos, me sorprende que hayan llegado tarde.
-Nunca llegamos tarde, su majestad. Siempre al tiempo correcto. –Contestó con un semblante de lo más frío, cosa que no le dio importancia el rey monstruo. Tal parecía que estaba acostumbrado a esa frialdad por parte de ellas.
-Si… ehh… Uther, si me disculpas un momento, hay una tradición con la cual debemos cumplir antes de la comida. –Le indicó Asmodeo un poco más serio de lo que había estado. –Nos vemos en el banquete… si no es que te acabas todo tu solo.
-Ja, ja, y siguen tus insistencias en que estoy gordo. –Se rió el humano sin darle importancia el asunto, pese a lo raro que habían tornado las cosas. –Sólo he subido un par de kilos.
-Sí, pero a lo ancho, jajajajajaja.
-Ejem… -Su esposa le llamó la atención mientras se acercaba a él, llevando de la mano a Asgore cada vez más temeroso con todo.
-Oh si, ya voy…
Los humanos de la realeza se retiraron junto con toda su comitiva hacia el otro salón donde les indicaban que fueran, mientras que Asgore y sus padres volvían a los tronos para sentarse en sus respectivos lugares. Las mantis religiosas volvieron a hacer una reverencia una vez que estuvieron en el pleno, salvo que esa vez fueron más expresivas a comparación de la primera vez.
-Príncipe Asgore Dreemur. –Volvió a hablar la más vieja de ellas que estaba enfrente, permaneciendo todas en su inclinación exagerada alzando sus brazos. –Nosotras somos las oráculos, fieles servidoras del reino y sacerdotisas a merced del padre tiempo. Así como hemos servido a su padre, al padre de su padre y a otras generaciones pasadas, le serviremos a usted por el bienestar de nuestro hogar. De favor, póngase al frente para brindarle la bendición de los dioses revelándole cómo será su futuro reinado.
-Ehh… yo…
-Vamos, cariño. –Le empujó suavemente su madre para animarlo. –Tómalo como un regalo de cumpleaños adelantado.
-O atrasado…jeje. –Susurró para sí mismo el rey, pero por el semblante de reproche de la reina, sin lugar a dudas le había escuchado.
Asgore hizo caso sabiendo que no tenía modo de quejarse realmente. Un tanto temeroso se puso frente a ellas, sintiéndose de lo más incómodo ante las seres extrañas de mirada nada amistosa. Sin indicación alguna, las oráculos hicieron una fila en completo silencio y la primera alzó sus manos ante él antes de bajarlas hacia las suyas, a lo cual el príncipe pudo notar que con ese movimiento tan exagerado había desaparecido lo que antes habían sido unas extrañas hojas filosas para transformarse en unas pequeñas manos y tomar las suyas de modo imprevisto.
-Príncipe Asgore –Su cercanía le era de lo más incómoda para él, y aún más si estaba sujetando sus manos y mirando muy fijamente con esos ojos lechosos, incluso se cuestionaba cómo era que pudiese ver si parecía estar ciega. –La fortuna le ha sonreído en su noble cuna, a usted y a su reinado nunca le faltará el oro. Puede estar tranquilo por ello.
A él no le importaba eso tras serle evidente que tenía oro si se trataba de un heredero al trono, pero permaneció en silencio mientras le soltaba para que la siguiente oráculo se inclinara frente a él y repitiera el mismo movimiento de la primera. A Asgore le daba la impresión de que así sería con cada una, cosa que no le agradaba ante su temblorina cada vez más evidente. No quería que aquellas seres le tomaran por cobarde, pero le era inevitable sentir miedo cuando ellas eran tan intimidantes con sus largas figuras, largas antenas y largos brazos… y sin contar sus ojos blanquecinos lechosos que les hacían parecer ciegas.
-Joven príncipe… el inicio de la primavera no sólo será su celebración de su llegada al mundo, sino que será el brote de un gran amor infinito. –Su voz había querido parecer dulce ante sus palabras, pero su gesto no concordaba con ello. –Los dioses le brindarán desde el cielo a la más bella de las doncellas, la cual distinguirá de inmediato que se trata de la indicada para su vida. Juntos escribirán una magnífica historia de la que se contará por generaciones.
-¿U-una chica?
No pudo evitar sonrojarse de la pena. Era muy vergonzoso que le dijeran algo así frente a sus padres, los cuales le sonreían tiernamente mientras se tomaban de la mano con un movimiento al unísono. La tercer oráculo dio un paso al frente y repitió el mismo movimiento que el príncipe terminó aprendiéndose de memoria.
-Su majestad, la grandeza es una palabra que le quedará corta a comparación de lo que le depara su vida. Su bondad le dará gloria a todo el reino.
El cachorro de monstruo poco a poco comenzó a hastiarse con lo que le decía cada una. No quería ser grosero, pero tenía más ganas de salir a jugar con los niños y comer que estarles escuchando de cosas que aún no pasaban. Sabía que debería de ser de su interés si se trataba de su vida, pero las enigmáticas palabras de las oráculos parecían ir más dirigidas hacia sus padres sorprendidos que a él mismo.
Cuando estuvo la última en tocar sus manos como símbolo de respeto y lealtad, a Asgore le llamó la atención de que era la única joven a comparación de las demás con bastantes años encima. Y eso habría sido lo más emblemático de ella si no hubiese notado el semblante distinto que portaba. El príncipe no estaba del todo seguro, pero le daba la leve impresión de que le observaba con tristeza con esos ojos lechosos y nada agraciados que tenía.
Le parecieron que habían pasado varios minutos y la monstruo no emitía ninguna palabra, cosa que le impacientaba tras sus ganas de querer por fin jugar con alguien. Parecía que le estaba leyendo como si fuese un libro, ya que en cuanto pensó en mover su mano, ella había oprimido la suya un segundo antes de que considerara retirar la suya.
-Hermana oráculo, estamos robando tiempo preciado. –Le llamó la atención la líder de ellas.
Sus antenas se habían movido indicando de que le había escuchado, sin embargo había permanecido en la misma posición por un buen rato hasta que finalmente se atrevió a hablar con un tono apenas audible para los presentes.
-Su fortaleza será una de sus cualidades más destacables, majestad. Y si bien es una virtud… también puede ser la peor de sus condenas. –Asgore la miró a los ojos, un tanto sorprendido de que le dijese algo diferente a comparación de las demás, cosa que de algún modo explicaba por qué le observaba distinto. –Los tiempos oscuros son una posibilidad, pero en cuanto usted sea el monstruo más fuerte, nada podrá doblegar a su reino.
-¿Qué quieres decir con eso? –La reina se levantó escandalizada. – ¿Habrá algo malo?
-Cariño, no… -El rey intentó sentarla de nuevo, pero la monstruo jefe se rehusó mientras se acercaba a su hijo con porte sobreprotector.
-Asgore es un niño de lo más tierno, no es un luchador –La reina le abrazó como si con eso pudiera separar cualquier destino previsto. –Él no está hecho para cosas así ¿Cómo pueden decir que tendrá que ser fuerte?
-Silfur, no te expreses así de quien será el futuro rey. –Ahora si se levantó el monarca para acercarse a todos. –Además no se ha dicho nada malo, tan sólo le menciona lo fuerte que será. Recuerda que las sibilas nunca mencionan algo directo. Esa es su forma de ser.
-Tienes razón, pero…
-Majestades, les aseguramos que nada malo le pasará al príncipe. Cuenta con la bendición del tiempo. –La líder se inclinó tras una reverencia exagerada, mientras las demás se acercaban hacia la más joven y así volverse un solo grupo. –Pueden permanecer tranquilos.
La reina las fulminaba con la mirada, como si quisiera adivinar si le estaban mintiendo o no, pero tras no encontrar nada más salvo la frialdad que aparentemente las caracterizaba, se levantó y tomó de la mano a Asgore para retirarse ambos.
-Ehh… supongo que eso fue todo… ¿Gracias? –Asmodeo contempló cómo su esposa se llevaba a su hijo sin decir nada, mientras que observaba a las sibilas retirarse tras una inclinación grupal. –Bien, a comer se ha dicho.
Siguió a su familia hacia el gran comedor, y si bien ambos reyes hicieron todo el esfuerzo por seguir las cosas con naturalidad, no cabía duda de que había algo que les estaba incomodando mentalmente. Aunque fuese comida suya, Asgore no estaba del todo cómodo con estar presente a tan gran evento. Le gustaba más las cosas sencillas que no requerían de alabanzas exageradas ni de tener que ser el centro de atención. Si pudiera pedir un deseo de cumpleaños, sin lugar a dudas sería el poder pasar desapercibido por un momento.
Conforme fue avanzando la celebración, el pequeño príncipe vio una oportunidad única de escabullirse por un momento para buscar a los niños y jugar por primera vez con seres de su edad. Pero para su mala suerte, varios de los menores se los habían llevado ya por la tardía de la hora y sólo quedaban los que degustaban el vino con exceso. Fue así como terminó sentado con resignación en las escaleras de piedra, sabiendo que su padre en cualquier momento podría ir a regañarle por haberse retirado de su propia fiesta.
Asgore Dreemurr, el príncipe de los monstruos y legítimo heredero al trono… un título bastante grande con el que cargar y difícil de procesar para su corta edad. Admiraba a su padre por cómo llevaba las cosas bajo su mandato, era como si supiera todas las respuestas del universo de antemano, ¿él debía de ser así también? Si era el caso, podía considerarse un fracasado de no nacer con aquel don pese a venir de noble cuna. No tenía ni idea de cómo dirigirse hacia la gente sin evitar ser un manojo de nervios antes.
-¿Qué haces estando solo?
La voz de un niño lo desconcertó de sus vagos pensamientos y se enfocó en ver al pequeño humano muy bien vestido parado frente a él. Traía consigo una pierna de pavo mientras le sonreía. Asgore lo reconoció de inmediato pese a haberlo visto por un breve momento mientras los habían presentado sus madres.
-¿Qué no es esta tu fiesta de cumpleaños? Deberías de estar en el centro de todo. –Continuó hablándole el príncipe humano.
-No me gusta tanta atención sobre mí. –Admitió Asgore apenado mientras le devolvía tenuemente la sonrisa. Le era algo extraño entablar conversación con alguien de edad aparente a la suya, y aún más con un humano, pero el conversar por fin con un niño y no con adultos le era regalo suficiente de cumpleaños a diferencia de lo raro que había sido la visita de las mantis religiosas. – ¿Y tú por qué no estas con el resto?
-Es aburrido escuchar a adultos borrachos. –Rió el niño. –Y eres raro al no gustarte la atención. Eres un príncipe ¿no? La tendrás por siempre.
-Lo sé…
El cachorro de monstruo jefe volvió a apartar la mirada y abrazó sus piernas permaneciendo sentado en las frías escaleras. En efecto, la atención total venía de antemano en su existencia, y si bien eso se lo habían dicho sus padres desde que tenía memoria, el verlo y sentirlo por fin ante su corta vida no le fue para nada agradable. Más bien sentía que debía de hacer algo extraordinario en cuanto antes y que estaba fallando al reino y a su familia por no hacerlo de inmediato. No era para nada agradable el descubrir tan pronto tales cosas.
Como si su rostro fuera un libro abierto que estaba leyendo de antemano el pequeño humano, se sentó a un lado suyo sin pedir permiso y le tendió la pierna de pavo que había estado sujetando desde el principio. Agradeciendo en silencio, Asgore la tomó al comprender que la estaba compartiendo con él y le dio un leve mordisco.
-Sé que nuestras madres ya nos presentaron, pero me gusta más hacerlo por mi cuenta. –Le sonrió animadamente tras verlo comer. –Soy Arthur Pendragon, príncipe de los humanos y heredero al trono.
-Soy Asgore Dreemurr, príncipe de los monstruos… y heredero al trono. –Respondió de la misma forma dejando por primera vez el pesar de tal cargo a su nombre, y le tendió de nuevo la pierna de pavo, el cual lo tomó y le dio un nuevo mordisco gustoso.
Fue así como pasaron horas hablando mientras se comían entre los dos la gigantesca pierna de pavo hasta dejarla con el puro hueso. Mientras que Arthur le contaba cómo era el reino de los humanos, Asgore le escuchaba maravillado de conocer tales detalles. Sin la magia de por medio, le parecía que los humanos lograban ingeniársela perfectamente con todo y que las divisiones laborales eran un tanto similares en ambos reinos.
-¿Y todos en este reino pueden usar magia? –Preguntó el humano tras un largo tiempo conversando.
-Oh sí, pero es distinto en cada especie. En mi caso, por ejemplo, es con fuego que…
-¡Quiero verlo! ¡Quiero verlo!
Le interrumpió casi lanzándose hacia él emocionado, Asgore le sonrió divertido de su reacción un tanto exagerada para algo que venía siendo muy común en él, pero comprendió en el acto que para los humanos seguramente era muy distinto el ver su manifestación a comparación de los monstruos que lo sentían todo el tiempo. Así que sin más, juntó sus manos e invocó una pequeña llama entre ellas, manteniendo el control total de ella mientras no abriera más sus palmas para que no creciera más, justo como le había enseñado su padre.
Los ojos del príncipe humano se habían iluminado asombrado de ver tal cosa, pese a que era algo muy pequeño a comparación del alcance que podía lograrse con un buen control de magia.
-¡Woooooooooooooooo! ¡Eso es asombroso!
-N-no es nada… -Se ruborizó de tanta emoción con su pequeña flama en sus manos.
-¿Me podrías enseñar? Sería grandioso ser el primer humano en hacer magia. –Observando con demasiada atención el acomodo de sus peludas manos, Arthur hizo lo mismo mientras trataba de concentrarse poniendo tensión en sus propias manos, como si en cualquier momento pudiera salir algo de ellas.
Una muy tenue risa ahogada se escuchó bastante cerca de ellos, cosa que desconcertó por completo a ambos príncipes al no encontrar de dónde provenía. Asgore sujetó aún más sus manos para no perder el control de su flama entre sus palmas ante tal cosa. Por más que giraban a sus alrededores no se podía ver más, por lo que terminaron ignorando lo que había pasado y se concentraron el uno al otro.
-Ehhh… creo que los humanos no pueden, lo siento. –Contestó tras estar más tranquilo.
-Buu, eso no es justo. –Bajó sus manos con ligero reproche. –La magia me parece asombrosa.
-Gracias. –Asgore le sonrió complacido. –Yo creo que los humanos son los asombrosos. Logran resolver todo sin magia a lo que me contaste.
-Si… pero sería más genial contar con lo que tú tienes. Podrías conseguir más de lo que quisieras con ello. Y eso que ambos somos príncipes, jajajaja.
-Cierto, jeje.
-Me caes muy bien, Asgore. –Soltó sin más el humano con demasiada confianza. –Así como nuestros padres son grandes amigos, espero que tú y yo lo seamos también.
-¿E-En verdad? –Sus ojos lagrimearon de inmediato ante tales palabras, cosa que le dio algo de gracia al humano.
-Claro, sólo entre príncipes nos entenderemos ¿no? –Su cálida sonrisa se apagó tras apartar un poco su mirada para enfocarse en el suelo. –Yo… bueno…
No terminó su oración tras notar algo horrorizado que la flama que antes había permanecido pequeña entre las palmas del cachorro de monstruo jefe, ahora estaba inmensa a tal grado que retrocedió asustado. Asgore no se había dado cuenta de que la había hecho crecer tras la emoción que le había dado escuchar la palabra "amigo" por parte del príncipe, por lo que sus emociones al respecto avivaron la flama y ahora no sabía qué hacer para controlarla por mucho que quisiera apagarla. Aun no sabía controlar su magia y mucho menos una tan caprichosa como venía siendo el fuego, aquello que ansiaba consumir todo a su paso.
-¿Quéhagoquéhagoquéhagoquéhago? –Se alarmó Asgore mientras se apartaba de Arthur para no lastimarlo, a lo cual terminó dando círculos en una misma zona.
-¿No puedes apagarla? –Se asustó aún más el humano.
-¡No se cómo con una tan grande!
-¡No corras, o terminarás incendiando todo!
Le indicó el niño mientras trataba de pensar en algo para solucionarlo, pero todo a su alrededor le parecía mala opción para apagarla. Nomás le quedaba ir por un adulto que supiera qué hacer con tal caso, pero le daba la impresión de que serían regañados por ese simple hecho y tampoco le agradaba eso tras por fin haber logrado hacer un amigo.
Tras haber estado corriendo en círculos por un buen rato, de la nada se detuvo ante una fuerza que le obligaba a no moverse más, como si fuera jalado de algo desde su pecho. El príncipe humano miró desconcertado todo mientras estaba parado sin saber qué hacer y algo asustado por mucho que no quisiera mostrarlo.
-Contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza. –Una voz suave resonó en el lugar, siéndole un poco conocida al monstruo jefe asustado. –Suelta del lamento a quien no desea tu tormento.
Conforme fueron dichas tales palabras, fueron apareciendo varias letras alrededor del cachorro que no podía moverse de su sitio. Le era extraño lo que estaba pasando, pero a su vez era de lo más tranquilizador, como si aquello fuera una dulce canción que le recordaba que todo estaría bien de alguna forma. Sin darse cuenta en el momento, la llamarada que había estado creciendo en sus palmas, ahora sólo salía humo que poco a poco comenzó a desaparecer sin dejar rastro alguno. No entendía que había pasado, pero ahora se encontraba más tranquilo como si las palabras que habían aparecido en su entorno hubieran dado un gran efecto en él para calmarlo.
Las letras luminosas habían desaparecido en cuanto su fuego había hecho lo mismo, por lo que el humano se acercó a él tras ver que todo parecía estar bien ahora. Antes de que pudiera preguntar qué había pasado, unos pasos alertaron a ambos niños que les aseguraba de que les llamarían la atención en cualquier momento.
-Jugar con magia es peligroso, joven príncipe. –El esqueleto alto sin brazo que había conocido antes se puso frente a ellos con un semblante tranquilo, pese a que los niños estaban inquietos ahora con su presencia. –Alguien pudo salir lastimado.
-Es mi culpa, padre.
Los príncipes se sobresaltaron ante la aparición de un niño esqueleto a lado suyo, el cual portaba un suéter negro con rayas moradas bastante grande para su tamaño y sin mirarlos directamente. Asgore estaba seguro de que Arthur estaba pensando lo mismo que él. ¿En qué momento había aparecido ese niño? Literalmente se había manifestado de la nada, y sin embargo, actuaba como si todo el tiempo hubiera permanecido con ellos mostrando una naturalidad nada propio de un infante.
-¡Wingdings! Te he estado buscando todo el día. ¿Dónde te habías metido? –Le reprochó el esqueleto tras verlo dando un paso al frente. -¿Y cómo que es culpa tuya?
-Yo quise ver su magia elemental. Es la primera vez que puedo verla tan de cerca. –Contestó sin darle importancia de todo. –Y luego no supe que hacer para detenerlo en cuanto perdió el control.
-Ummm… una vez más, tu curiosidad supera tu tamaño. –Suspiró resignado su padre y le tomó de la mano para que no se le escapara una vez más. Parecía estar más relajado de por fin encontrarlo. –Les pido una disculpa, príncipes. Nos retiramos de una buena vez.
Tras inclinarse ante ellos (y hacer que el pequeño esqueleto hiciera lo mismo), se fueron del lugar con paso prisa. Como si quisiera evitar más complicaciones por el niño que no parecía ser problemático ante una seriedad mostrada en su corto momento.
-¿En qué momento se apareció ese niño? ¿Fue por magia? –Le preguntó una vez que los esqueletos no estuvieron presentes en el lugar. – ¿Y qué fue lo que le dijo al otro?
-¿No entendiste lo que dijo? –Se extrañó, ya que había sido demasiado claro para él estando tan cerca de ellos dos, pero el humano simplemente negó con la cabeza.
Asgore no entendía qué había pasado, pero le daba la impresión de que aquel pequeño esqueleto los había estado espiando e hizo acto de presencia para evitarles un posible regaño. No sabía qué pensar al respecto, pero haber dejado que se llevara la culpa sin siquiera haberse conocido no le hacía sentirse bien.
-Un príncipe no debe hacer que otros hablen por él. –Se recordó a sí mismo mientras se retiraban del lugar, sin poder opacar su culpabilidad de lo que había pasado.
-Un príncipe puede hacer que otros hablen por él. –Replicó el niño humano mientras caminaban de regreso al gran salón. –O eso es lo que me enseñaron a mí más bien.
-Es raro que nos mostraran algo distinto de lo mismo. –Analizó algo apenado de expresarse con tal confianza con quien apenas andaba conociendo, pero Arthur no se mostró molesto ni nada por el estilo. Parecía que lo acontecido le había sido una experiencia enriquecedora ante tanta presencia de magia. –Supongo que debe ser diferente por nuestras especies.
-Supongo… es la primera vez que veo a los monstruos. No sé qué tantas diferencias debemos de tener además de la apariencia o… la magia. –Comentó el niño algo apenado. Asgore le sonrió para que no se sintiera mal de serle extraño todo, para él también le era extraño la apariencia de un humano. –Pero como príncipes, estoy seguro de que no hay diferencias entre nosotros. Ambos gobernaremos algún día nuestros reinos… eso debe ser igual en cualquier lado ¿cierto?
A Asgore le daba la impresión de que no quería verlo como alguien diferente como al resto, sino como su igual… como si en la soledad de ser un niño con demasiada carga futura le fuera de lo más aplastante, justo como él se sentía. Tras sentirse por primera vez comprendido con el mismo sentimiento, le sonrió abiertamente a modo de respuesta, aunque no pudo evitar llorar al mismo tiempo.
-Si… yo también pienso que no somos diferentes.
Y desde ese día, Asgore por primera vez tuvo un amigo. Aunque la distancia lo hacía algo complicado y con sus respectivas labores reales, aun así se comunicaban entre cartas contando lo que aprendían cada uno de sus reinos. Aquella rutina fue de lo más alegre para el cachorro que se había acostumbrado a sólo entablar conversación con sus padres o con los trabajadores del castillo.
Pero conforme pasaron los meses, las cartas cada vez fueron más cortas y menos constantes por parte del humano. En sus últimos escritos le había contado que sus estudios estaban siendo cada vez más absorbentes de lo que había creído y que posiblemente no se comunicaría en un buen rato, pero que en cuanto pudiera lo haría sin dudar. Así que Asgore terminó volviendo a su rutina solitaria de permanecer en el castillo sin hacer nada más que leer libros que le dejaba su maestro particular y que no lograba entender por más que se esforzara. Le era complicado analizar todo lo que tendría qué dirigir algún día.
Tras varios días de estar leyendo lo mismo, terminó por lanzar el libro al suelo y se dirigió hacia su terraza para contemplar lo que podía visualizar del reino a tal altura. A simple vista podía comprenderse lo inmenso y majestuoso que venía siendo si desde ahí apenas y podía ver los límites que implicaba, pero estaba seguro que no se compararía con tener que recorrer todo eso y conocer lo que realmente era todo por cuenta propia. Y principalmente, ansiaba poder ver de cerca la belleza que rodeaba gran parte del reino con aquel tono dorado que podía notarse en la distancia.
Su madre le había dicho que eran flores que surgían en cada primavera y que eran de lo más resistentes, por lo que en cada cumpleaños se había puesto siempre a verlas mientras se imaginaba su olor y textura. Por lo mismo de esas flores era que su madre le llamaba "botón de primavera" tanto por su maravilla por la lejanía de éstas como por nacer al mismo tiempo que habían brotado gran parte de ellas. Tanto así que le decía que su cabello era muy similar a ellas como si él se tratase de un brote más de la misma cálida estación, pero él sabía de antemano que sólo se trataba del cabello dorado heredado por parte de su padre.
Ansiaba poder salir y conocer en verdad su reino como lo hacía Arthur en el suyo, pero a comparación de la reina humana que le dejaba hacerlo, la suya no le dejaba salir del castillo a menos que fuera con sus padres y para algo que se requería la presencia de la realeza, pero aquello era muy escaso e improbable ante su protección un tanto exagerada. Amaba a su madre, pero le era algo incómodo que lo tratara como un bebé todo el tiempo. Si era el futuro soberano, debía de conocer el reino por completo ¿cierto? ¿Entonces por qué no le dejaba conocer el reino que algún día reinaría?
Contemplando como se ocultaba el sol en la distancia, suspiró mientras ansiaba poder ver más allá del horizonte algún día y se metió de vuelta a su habitación. Pero en cuanto se giró contempló con gran sorpresa que había un niño esqueleto sentado en el suelo mientras leía el libro que había arrojado. Tras percatarse de que le estaba observando, el esqueleto se paralizó mientras sujetaba el libro con algo de miedo por haber sido descubierto en tal lugar. Viendo su ropa y su mirada pudo reconocer que se trataba del mismo esqueleto que se había aparecido de la nada la otra vez.
-¿Tu…? –comenzó a preguntar Asgore sin saber cómo continuar sus propias palabras. No sabía qué preguntarle si no tenía ni idea de lo que estaba pasando y porqué de nuevo estaba con él.
-Por favor no le digas a nadie, majestad. –Se levantó con prisa el esqueleto y soltó el libro con algo de cuidado en el suelo. –Me retiraré de inmediato.
-¿Eres… el esqueleto de la otra vez? –Su pregunta lo hizo sentirse tonto, y por la expresión del esqueleto le daba la impresión de que pensaba lo mismo. –El que se echó la culpa de todo.
-No mentí del todo, te pude haber detenido al saber que algo malo podría pasar, pero realmente quise ver magia elemental. –Respondió en el acto, sintiéndose más tranquilo al notar de que no le llamaría la atención. –Me fue tentador contemplar cómo conviertes el aire disminuyendo la densidad y al flotar sobre…
-… ¿eh?
-Me refiero al producto de la reacción de oxidación violenta que generaste. –Dijo como si le fuera de lo más natural entablar una conversación así pero tras notar su posible desconcierto en su cara, el esqueleto pensó un poco más sus palabras antes de proseguir. –Elevar tu llamarada.
-¡Ah! –Exclamó aliviado de por fin entenderle. ¿Cómo era que un niño podía usar palabras tan complicadas? –Fue un accidente en realidad, no controlo mi magia todavía.
-Manejas un elemento caprichoso, mientras más consume más fuerte se vuelve. –Comentó con cierto aire de superioridad que pudo percibir a simple vista. –Una emoción descontrolada genera que quiera consumir más para abarcar lo equivalente. Eso aplica con muchos tipos de magia.
-¡Ohhhhh! Eso no lo sabía. –Admitió maravillado, olvidando por completo lo raro que era que estuviera el esqueleto ahí en primer lugar. –Sabes mucho de magia.
-Por supuesto, soy un esqueleto.
-¿Y lo que hizo tu padre esa vez entonces qué fue? –Recordó cómo lo había detenido de alguna forma y calmado al grado de desvanecer el fuego sin más tras el trazo de las letras luminosas a su alrededor. Era algo que no sabía que existiera.
-Mi padre es líder de la Casa Escribana, división perteneciente a la Orden de la Magia… el cual es el estudio de la magia por medio de palabras. –Aclaró mientras se volvía a sentar con confianza y retomaba el libro entre sus manos. Asgore hizo lo mismo de sentarse sintiéndose alegre de hablar con un niño. –Trazar una indicación en un punto fijo sin generar una distorsión excesiva en la materia.
-Ehh… bueno, a mí me sonó como si dijera poesía. –Comentó algo apenado de no entenderle.
-No estás tan alejado de lo que es. En la poesía hay sentimiento y en el sentimiento hay magia… Es así como se compone básicamente.
Abrió el libro y buscó la página en la que se había quedado para volver a leer en silencio. Asgore no entendía cómo era que se había tomado la confianza no sólo de aparecerse de la nada en su habitación personal, sino de ponerse a leer su libro sin importarle nada más. Causándole algo de gracia aquello, y que además no lo tratara como la mayoría lo hacía al ser de la realeza, se sintió a gusto con su presencia silenciosa.
-Sé que tu padre dijo tu nombre aquel día, pero no lo recuerdo.
-Soy Wingdings Gaster. –Contestó sin interrumpir su lectura.
-Win… eh, tienes un nombre algo complicado. –Sonrió apenado de decirle algo así. – ¿Te importa si sólo te digo Dings?
La pregunta hizo que apartara la vista del libro y se enfocara exclusivamente en él, cambiando su expresión seria a una de desconcierto que le generó preocupación al monstruo jefe. ¿Había sido grosero de su parte pedirle algo así? No estaba acostumbrado a hablar con seres de su edad, por lo que no sabía si no era bueno pedir algo así o si simplemente estaba tomando demasiada confianza en donde no debería.
-Si así lo desea el príncipe…
-No lo estoy pidiendo por ser de la realeza. –Comentó de inmediato al molestarle un poco que se le tomara de esa forma su petición. –Lo estoy pidiendo como… como amigo.
Apartó su mirada apenado de tener que decir tal cosa, pero prefería que se entendiera que no estaba ordenándole ni nada por el estilo. Desconocía qué postura debía de tomar en cuanto se dirigía hacia los demás fuera de sus padres, y por mucho que su padre tratara de explicarle la actitud que debía de tomar cada vez que lo hiciera, no podía evitar los nervios que le generaba hablar con los demás. Eso le hacía sentir que estaba fracasando como monstruo jefe y como príncipe.
Pero para su sorpresa, el esqueleto esbozó una muy leve sonrisa sin verlo directamente. Aunque su mirada estuviera fija en el libro abierto, le daba la impresión de que había dejado de leer.
-Si… está bien.
Asgore sonrió abiertamente. Su nuevo amigo le había llegado de la nada… literalmente hablando.
Tras un tiempo de conocerse y de que el esqueleto se le apareciera repentinamente en su habitación en ciertos días, el príncipe le preguntó cómo era que lo hacía para manifestarse sin siquiera ser detectado. Y por un tiempo simplemente le sonreía con algo de superioridad a modo de respuesta, pero un día finalmente le admitió que había descubierto los pasillos ocultos que se albergaban en el castillo y que se enfocaba en aprendérselos cada vez que su padre iba al castillo y le acompañaba.
-Muchos de ellos son indetectables por la protección que brindan las runas en su entorno. –Le explicaba mientras se encontraba sentado en su inmensa cama, teniendo varios de sus libros a su alrededor, mientras que él estaba sentado en la esquina observándolo divertido de que pudiera disfrutar algo así. –Hacen que se disminuya la capacidad mágica del individuo para que no puedan ser siquiera detectados, pero lo suficientemente tenue para no afectar la esencia del mismo. Por supuesto, para mí es un simple calentamiento encontrarlos. Es muy fácil una vez que se comprende el rastro mágico que genera.
-Aun me es difícil entender cómo funciona. –Se rascó la cabeza estando confundido. ¿Por qué siempre usaba descripciones tan complicadas?
-Si estudiaras lo que te dejan, Gorey, no te sería tan complicado. –Sonrió mientras daba vuelta a la página para iniciar un nuevo capítulo. –Siempre te dejan libros interesantes. Supongo que es uno de los privilegios de formar parte de la realeza.
-¿Gorey?
-Eh… quiero decir… –Se sobresaltó tras darse cuenta de lo que había dicho. Para Asgore fue extraño ver por primera vez que el esqueleto se encontrara nervioso. Siempre lo notaba orgulloso de sí mismo, incluso algo presumido en ocasiones. –Bueno, ya que tú me pusiste un nombre abreviado, yo…Mejor olvidemos lo que dije.
-No, no ¡Me gusta! Nunca me habían puesto un nombre así. –Le sonrió completamente lloroso por la emoción que le daba.
El esqueleto simplemente suspiró y retomó su lectura, pero una vez más pudo notar que había sonreído con ello. Poco a poco Asgore comenzaba a comprender la forma de ser de su amigo, que si bien era de lo más estudioso y poco afectivo, estaba más que seguro del magnífico ser que era al ayudarle en todo lo que pudiera. Lo visitaba frecuentemente escabulléndose en los pasillos ocultos para jugar y platicar juntos, lo que hacía sus días más llevaderos en su estadía forzosa en el castillo.
Había ocasiones en las que Asgore se preguntaba por qué no podía salir del castillo siquiera para conocerlo, mientras que su padre recorría todo para garantizar el bienestar de los monstruos. Si debía de ser el rey algún día ¿no debía de conocer el lugar entero de antemano? No fue sino hasta una noche en el que estuvo recorriendo uno de los pasillos ocultos junto con su amigo que por fin comprendió a qué se debía.
-… y son sólo rumores, querida. No deberías darle importancia a lo que dice un loco. –Escuchó la voz de su padre conforme se acercaban a la rendija para asomarse. Por lo que podían ver, se encontraban en una de las paredes del salón de estrategia. –Asgore ya está en edad de saber…
-No y no. Mi pequeño no saldrá de aquí. –El gruñido de la reina fue casi un rugido que calló a su esposo de inmediato. –Lo que dice el juglar es cierto. La familia del este desapareció hace tiempo. ¿Qué tal si es cierto eso de que…?
-Las oráculos me dijeron que no debía de preocuparnos eso, incluso me pidieron permiso de acoger a la cachorra de monstruo jefe que rescataron. –Le interrumpió el rey mientras se masajeaba las sienes ante un estrés evidente. –Y gracias a que la pequeña sigue creciendo con naturalidad podemos saber que están bien.
-Estar vivos no es igual a estar bien, Asmodeo. Y se te olvida la advertencia de una de las sibilas que mencionas en la ceremonia de presentación de Asgore. No puedo pasar por alto tal cosa.
-¡Los humanos no tienen nada que ver en eso de cualquier forma, Silfur!
-Sólo lo dices por tus amigos…
-Los cuales también son amigos tuyos. –Le recordó cada vez más exasperado. A Asgore le era extraño que hablaran así el uno al otro, y aún más cuando parecía estar él en el tema de su discusión. –Deja de creer en conspiraciones absurdas. Estás afectando el futuro de nuestro hijo con tu paranoia.
-Yo sólo estoy protegiendo a nuestro cachorro de lo que pudiera pasar.
-Tenerlo en su habitación por siempre no tiene diferencia a encerrarlo en una celda. Tiene que conocer el reino entero al ser el futuro rey, incluso tendrá que ir más allá de lo que se requiera por el bien de todos los monstruos. Ni tú ni yo cambiaremos eso, y tampoco estaremos con él por siempre. Lo mejor que nos queda es enseñarle todo para que sea el mejor rey que haya existido.
-Mi respuesta sigue siendo no, Asmodeo. Mi botón de primavera no saldrá del castillo. –Atajó la reina con un semblante de lo más serio. –No mientras exista la amenaza de que están cazando a los monstruos jefes.
Tras escuchar ello, Asgore casi suelta un grito que rápidamente Wingdings calló tapándole el hocico antes de que los descubrieran. No podía dar crédito a lo que habían estado discutiendo sus padres ¿Humanos cazando monstruos jefes? ¿Para qué? No le encontraba sentido tras haber conocido a la realeza humana tiempo atrás. Estaba de acuerdo con su padre en todo eso, si estaban desapareciendo algunos monstruos jefes, no significaba que los humanos fueran los causantes. Era una acusación seria que dañaría la alianza que tenían ambos reinos.
Al volver a su cuarto y que su amigo se volviera a su casa antes de que su padre lo buscara, Asgore se puso a escribirle una carta a Arthur tras no poder sacar aquello de su cabeza, omitiendo el hecho de que sus padres habían sido quienes habían abordado el tema. Si algo estaba pasando en el reino de los humanos, él sin lugar a dudas lo sabría. Contaba que su amigo en la distancia pudiera darle una respuesta que acabaría con los temores de su madre, pero no fue sino hasta una semana angustiante después que finalmente le llegó su respuesta por medio de un cuervo mensajero a mediados de la noche, despertándolo de inmediato tras un susto.
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"Me sorprende que tales rumores estén circulando en tu reino, y más cuando hay varios humanos que admiramos tu especie. ¡Son tan grandes y peludos! Pero no debes preocuparte, que seguramente se trata de un mensaje distorsionado pasado de voz en voz en cánticos hasta volverse algo que no fue en su principio. Por otra parte, me encantaría que pudieras venir al cumpleaños de mi hermana mayor, Morgana. Es una gran admiradora de los monstruos y me ha estado reprochando que yo hubiera podido ir a tu reino y no ella por lo enfermiza que es. Espero que tus padres te dejen asistir, ya que le alegraría mucho tanto a ella como a mi poder verte.
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Asgore sonrió complacido con tal invitación, pero estaba más que seguro de que no podría ante los temores de su madre. Por lo que se resignó de buscar una forma de librarse de las paredes que se sabía ya de memoria. Al menos contaba con las frecuentes visitas de Wingdings para no sentirlo tan pesado, pero después de cierto día su número de amistades incrementó ante la presencia de un pequeño kappa que había encontrado el esqueleto merodeando por los pasillos principales del castillo. Lo cual hizo aún más grande su felicidad.
Gerson no sólo había comenzado a ser parte de una amistad que se volvería infinita junto con Wigndings, sino que era un magnífico monstruo digno de admirarse por su firme decisión resiliente de que había una vida distinta a lo que uno tenía por destino a hacer por su especie. Pero una parte en el fondo de él le generaba cierta envidia de su libertad de poder hacer tal cosa a comparación suya, lo cual lo condenaba desde nacimiento a ser el siguiente en el trono de un reino que desconocía. No podría omitir esa parte de su existencia nunca, sería el siguiente rey, quisiera o no.
Sus estudios extensos no le generaban un problema ante la ayuda de Wingdings para poder procesar todo de la mejor forma, pero en cuanto su padre lo había llevado de sorpresa al campo de entrenamiento de los guardias fue como supo que las cosas comenzaban a cambiar de tal forma que no era del todo su agrado.
-Es momento de que te vuelvas fuerte, Asgore. –Le dijo sin más el rey mientras ponía sus cosas en una mesa y los guardias se retiraban para dejarlos solos en el campo.
-¿Porqué? –Preguntó extrañado mientras hacía lo mismo que su padre sin entender lo que pasaba.
-¿Recuerdas lo que te he enseñado sobre nuestra especie?
-Lo de que somos líderes por naturaleza ¿cierto?
-Así es, pero no te he enseñado todo todavía. Hay muchas cosas que implican no sólo ser un monstruo jefe, sino portar el apellido Dreemurr. –El monstruo respiró profundo e invocó dos grandes llamas estando en cada mano suya. –El conocimiento que te brindaré de esto ha sido pasado como una antorcha entre padres e hijos. Así como mi padre me lo pasó a mí… y su padre se lo pasó a él, es momento de que sea pasado a ti.
-E-está bien…
Sin avisarle siquiera y asustándolo por completo, el rey le arrojó con fuerza sus grandes llamaradas que no logró esquivar con tiempo y ahora se encontraba sintiéndose entre las densas llamas que lastimaban toda su piel. Asgore gritó de dolor y quiso correr en busca de agua para acabar con el fuego, pero su padre le detuvo obligándolo a la fuerza a que se quedara quieto.
-Mis palabras serán tu guía, pero el dolor, hijo mío, será tu verdadero maestro. –Su voz sonaba de lo más seria, cosa que le asustaba en igual medida al daño que le estaba. –Mantén ese fuego en todo tu cuerpo, no permitas que te doblegue el dolor.
-N-no puedo… duele…
-El fuego es símbolo de nuestra esencia personal. Si no puedes con tu propio dolor, jamás podrás llevar un reino en tus hombros. –Le miraba seriamente casi sin pestañear. –Recuerda por siempre este dolor, Asgore. Recuerda que ése es el dolor que puedes ocasionar a alguien más si no aprendes a controlarte.
A partir de ese día su padre lo llevaba todas las tardes a ese campo de entrenamiento. En algunas sesiones lo quemaba directamente para que soportara el dolor de las llamas corriendo su cuerpo por mucho tiempo, y en otras lo hacía golpear una pared de piedra hasta el cansancio. Por cada ataque o cada proyectil que tenía que resistir, su padre le tenía varias palabras que acompañaban la enseñanza que quería brindarle con eso. Cosas como "deja de llorar y lamentarte, un rey jamás llora" o "¿es todo lo que puedes? Yo a tu edad ya podía con esto". Sí, no eran palabras precisamente motivacionales.
En el fondo deseaba dejar de hacer todo eso ¿por qué era necesario que su padre le maltratara tanto? ¿Y por qué su madre no decía nada? Cada vez que se iban a entrenar, la reina solo desviaba la mirada y se iba a su habitación sin emplear palabra alguna hasta que fuera la hora de la cena.
Había muchos instructores y curanderos en el castillo, pero aun así el rey insistía en que tenía que conservar el dolor de cada entrenamiento, sólo él podía llevar a cabo esas prácticas, nadie de la guardia tenía el derecho y deber de hacerlo. Poco a poco notó que en efecto sus golpes estaban siendo más fuertes al grado de romper las piedras de un solo movimiento, así como su pelaje fue más resistente a sus propias llamaradas. Y si bien eso lo hacía sentirse contento consigo mismo, para el rey apenas estaba empezando su entrenamiento. El combate cuerpo a cuerpo fue mayor a lo que había aprendido a soportar los días pasados.
Por más que se esforzara, por más que pidiera no seguir… los golpes de su padre eran en extremo dolorosos. Wingdings y Gerson le visitaban a hurtadillas por la noche ante la preocupación, pero él simplemente les sonreía que eso era normal para un monstruo jefe. Su madre, sus amigos… no quería preocuparlos más de la cuenta, así que se apuntó a sí mismo a no mostrar el dolor frente a sus seres queridos para no generarles una angustia que no les correspondía. Su entrenamiento formaba parte de su desarrollo como futuro rey, era algo que estaba dispuesto a llevar a cabo por el bien de todos.
Así que sin más, Asgore se levantaba más temprano para calentar por su cuenta y sin que nadie le dijera, desayunaba con sus padres, continuaba con sus estudios, comía, entrenaba con su padre… y por la noche veía a sus amigos en los pasillos ocultos. Su rutina se veía tediosa, pero para el monstruo jefe que ya pasaba por la adolescencia no tenía problema alguno. Golpes directos, golpes con llamas… eso ya no era nada para él. Incluso sonreía durante el combate al notar que podía mantener una batalla por horas y sin cansarse a ritmo de su padre. Y cuando por fin pudo derrotar a su padre lanzándolo al otro extremo del inmenso campo de un solo golpe… fue cuando comprendió algo.
-Bien, ya has aprobado la primera lección. –Rió el rey mientras se levantaba con el apoyo de la mano de su hijo. –Aunque tardaste más de lo que creí.
-¿Qué… como…? –Se sintió confundido mientras su padre se enderezaba por completo, notando que de alguna forma le generaba orgullo que pudiera haberle dado tal golpe.
-Eso es lo que hace un rey, hijo mío, poner el dolor de los que nos rodean antes que el propio. –Puso su enorme mano en su hombro mientras le sonreía. Le era extraño que estuviera tan contento de que le hubiera dado una paliza. –Ser rey no se trata de estar por encima de los demás, sino de liderar para mantener juntos a todos. Siempre deberás ver por los demás antes que a ti mismo, y tú solo has comprendido el porqué. Me lo has demostrado al no querer preocupar a tu madre.
Si, lo había comprendido. Un rey no sólo gobernaba por ser el más fuerte físicamente, sino también moralmente. Mostrar debilidad a sus seres queridos generaba que se preocuparan por él y eso no era bueno. Pero por más que trataba de verse formidable, siempre terminaba llorando por algo siendo consolado por sus mejores amigos que simplemente le sonreían para animarlo.
Sus amigos se estaban esforzando en sus respectivas carreras, así que él tenía que esforzarse también en convertirse en un buen futuro soberano. Su padre ya no le entrenaba como antes porque ahora tenía que hacerlo por su propia cuenta. Así que terminó acostumbrándose a cargar el triple de su peso sólo como calentamiento, y de ahí pasaba a doblegar su resistencia en lo demás.
Gerson le pedía entrenar con él para fortalecerse aún más, y mientras se golpeaban el uno al otro de manera amistosa, Wingdings simplemente les acompañaba mientras escribía a diestra y siniestra en su libro con una mano y con la otra sostenía la tercera manzana que se comía en el día.
-Dings ¿quieres luchar con nosotros? –Le preguntó Gerson mientras le hacía una llave al príncipe. El reptil preocupado por todo había desaparecido para dar paso a un musculoso ser gracias a su trabajo como herrero. –Es divertido.
-¿Mostrar superioridad por medio de fuerza bruta? No gracias. –Contestó sin siquiera verlos.
-Entonces no te apartes tanto de nosotros, convive más. –Le dijo Asgore mientras aprovechaba el descuido de la tortuga para cambiar de lugares y ahora él era el que l estaba haciendo una llave. –Ya casi no te vemos desde que pasaste tu prueba de alineación mágica.
-Pues a diferencia de ustedes, yo estoy ocupado.
-Hey, yo también he andado ocupado.–Reclamó Gerson con algo de dificultad estando en el suelo. –Al menos cuéntanos cómo te ha ido en la Casa Alquimista.
-Como debe de ser, perfecto. Ahora enfócate en lo tuyo. –El esqueleto había apartado la vista de su libro para decirle todo eso reprochándole con la mirada. –Ya eres un miembro de la Guardia Real, así que debes saber concentrarte.
-Awww, si me quie… ¡auch! –La manzana mordida que antes estaba en posesión del esqueleto había terminado siendo arrojada en su cabeza.
-Que te concentres, bobo. –Volvió a sus apuntes mientras iluminaba sus ojos.
Asgore simplemente rio con todo sin romper su llave. No había día en el que no se sintiera lo suficientemente agradecido de poder contar con ese par en su vida.
Estaba por decirles algo ante tan emotivo momento, cuando una inmensa capa calló sobre su cabeza desconcertándolo por completo. El kappa aprovechó para retomar el control y el esqueleto se acercó a ellos para tomarlos a ambos de los hombros. Tras sentir el denso mareo desde la punta de sus pies, supo que los había teletransportado. Antes de que pudiera preguntarles qué estaba pasando, Wingdings le acomodó la capucha para que pudiera ver en dónde se encontraban.
-Feliz cumpleaños adelantado, Gorey.
El otro lado de la pared que tanto conocía de memoria. Estaba pisando por primera vez fuera del castillo.
-Nos has contado que te gustaría ver las flores de la frontera, así que planeamos llevarte hasta allá. –Comenzó a decirle Gerson susurrando, mientras se aseguraba de que el príncipe estuviera lo suficientemente cubierto para no ser detectado. –Algunos dicen que brillan más en el solsticio de primavera, así que eso comprobaremos.
-Pero también has lamentado que te gustaría conocer el reino, así que lo recorreremos para llegar hasta allá. –Continuó Wingdings poniéndose una prenda similar a la suya. –Si no queremos que tus padres o la guardia se enteren de que no estás en el castillo, tenemos el tiempo corto para lograrlo dado lo que hay que recorrer. Así que andando.
Asgore no pudo evitar llorar de felicidad por lo que estaban haciendo por él. Se estaban arriesgando en gran manera con tal de poder brindarle el mejor regalo de cumpleaños posible. Para él ya era más que suficiente el poder tener a ambos en su vida, pero no cabía duda de que también era maravilloso que le cumplieran un capricho así.
–¡Son los mejores! –Los jaló hacia él y les dio un gran abrazo.
-También te queremos mucho, peludín. –Rio Gerson dejándose llevar en el abrazo.
-¡Vas a romperme, Gorey! –Exclamó con voz baja el esqueleto lamentándose.
Asegurándose de cubrirse lo más posible para que ningún rasgo suyo saliera a flote, siguió a sus amigos en el camino que estaban por recorrer. Había comprendido en el transcurso de que les costaría mucho tiempo para llegar hasta allá, pero eso era algo que no le preocupaba tras maravillarse con lo que observaba en el entorno.
Tantos colores y olores… tantas especies que sólo había podido ver en libros, ahora por fin estaba conociendo su reino por primera vez en su vida. La verdadera cara de lo que era el lugar que gobernaría algún día era realmente hermoso. Las sonrisas no sobraban en ningún rincón que recorría y eso decía mucho de lo bien que trabajaba su padre.
-Mi idea era llevarte a una taberna primero. Me encantaría que conocieras dónde tomamos por una vez en tu vida. –Conversó Gerson en el trayecto manteniendo una postura un tanto firme. El plan consistía en que él se encargaría de desviar cualquier imprevisto aprovechando su puesto de guardia real. –Pero Dings opinaba que mientras menos te arriesgaras, mejor. Aun cuando podríamos cerrar el lugar.
-Porque es pésima idea que ingiera alcohol en la misión que ya de por si es suicidio. –Contestó el mencionado mientras permanecía en total alerta de su entorno.
-Lamento si les estoy causando problemas. –Se apenó un poco el príncipe.
-Estamos por llegar al bazar, pasando ello llegaremos a la frontera. –Indicó el esqueleto sin prestar atención.
-¿Un bazar?
-Una zona en la que mercantiles humanos llegan a vender productos de sus tierras. –Explicó con su aire de superioridad. –Nada extraordinario en realidad, salvo que es un lugar considerado ya como un pueblo humano dado su densa población de ellos.
Asgore le había escuchado lejanamente tras maravillarse con las cosas que se tenía en el lugar. Piezas artesanales elaboradas por los mismos humanos, todas las especies conviviendo en una armonía de lo más sublime, decenas de alimentos que ansiaba probar… su felicidad no tenía límite en ese momento. Estaba deseoso de mandarle una carta a Arthur para preguntarle cómo era que se elaboraban tales cosas, incluso pensó seriamente en comprar un florero que le estaba ofreciendo un señor muy amable. Pero en cuanto se giró para ver a sus amigos, éstos no solo se encontraban con él, sino que terminó chocando contra alguien cuyo impacto generó que derramara varios caracoles que tenía consigo.
-¡Agghh! ¿Qué no puedes fijarte por dónde caminas? –Le reclamó la chica que ahora yacía en el suelo.
Si bien estaba apenado por lo que había pasado, no pudo evitar fijarse de inmediato que se trataba de una monstruo jefe joven. Era la primera vez que podía ver a alguien más de su misma especie a excepción de sus padres, por lo que se quedó estático sin saber realmente qué hacer hasta que pudo reaccionar con suficiente fuerza que estaba haciendo el ridículo quedándose sin ayudarle a levantarse.
-Lo… lo siento. No fue mi intención. Permíteme ayudarte.
-Puedo sola, no te necesito, estorbo.
Negó por completo la mano que le había extendido y se levantó por su propia cuenta mientras se sacudía sus prendas. Asgore se quedó estático sin saber qué decir al respecto, no podía evitar dejar de mirarla ante el asombro que venía siendo la oportunidad de ver una monstruo jefe más. Al igual que su madre tenía sus cuernos cortos como rasgo femenino de la misma especie, pero a comparación de ella tenía el hocico más corto, las orejas más cortas redondas y ojos enérgicos, como si pudiera calcinar a alguien con la pura mirada si se lo propusiera.
Por estar embalsamado al verla, no se dio cuenta de que había dejado su mano extendida por demasiado tiempo. Sudó un poco tras sentirse tonto por su comportamiento, pero la chica suavizó un poco su mirada tras darse cuenta de lo descubierta que estaba su mano al grado de revelar su especie.
-¿Tú…? –La chica se le acercó un poco, como si quisiera ver también debajo de su capucha.
-¡Gorey! ¡Te encontré!
Wingdings le tomó de los hombros para hacerle reaccionar de su parálisis. Había pasado todo tan rápido que no supo qué fue lo que dijo para despedirse y disculparse con ella para seguir a su amigo. Al ver que el esqueleto andaba con prisa, le indicaba de antemano de que el tiempo cada vez estaba encima de ellos.
-Todavía que tenemos poco para alcanzar el sol en el lugar, y luego volver lo más prisa posible para que no sepan que te fuiste… -Murmuraba como si lo dijera a sí mismo, pero era evidente que se encontraba regañándolo mientras lo jalaba de la muñeca. –Ahora hay que encontrar a Gerson que se separó para buscarte…. Y esto va de mal a peor.
-¿Qué? –Se extrañó Asgore al notar distinto a su amigo.
Sin contestarle, siguió jalándolo de la muñeca para adentrarse entre varios pasillos del bazar constantemente, como si buscara algo entre las vendimias sin detenerse. Asgore no entendía qué estaba pasando, incluso sentía que ya habían recorrido el pueblo entero en vez de ir al campo de flores que habían prometido. El sol estaba cerca de ocultarse ¿qué no le había estado preocupando el tiempo? Antes de que pudiera preguntarle de nuevo qué era lo que estaban haciendo, lo forzó a adentrarse a un callejón bastante apretado.
-Sigue adelante, en un momento te alcanzo.
-¿Qué…?
-Sólo hazlo. Debo encargarme de un inconveniente.
Sin protestar le hizo caso a su indicación, pero tras recorrerlo gran parte pudo escuchar que su amigo estaba peleando con alguien. Preocupado de haberlo metido en problemas y de que saliera lastimado por culpa suya, se regresó para hacerse responsable de lo que fuera que estuviera pasando. Pero en cuanto entró en escena tuvo que salvar a quien menos se esperaba mientras que Gerson había sido quien había detenido al alquimista. Por mero reflejo había atrapado a la misma chica con la que se había tropezado hacía unos momentos, la cual había estado suspendida por los aires por medio de la magia del esqueleto.
Y a partir de ese día… fue que comprendió el cambio radical que había dado su rutinaria vida.
Toriel, una chica que yacía en el Templo de la Visión como la primera acogida de las sibilas en la historia. En muy poco tiempo había terminado volviéndose alguien muy preciado para él, incluso dedicaba gran parte de sus horas en mandarle cartas al no poder salir del castillo. Había sido un gran riesgo el haberse escabullido de esa forma junto con sus amigos, y aunque no se hubiera logrado el cometido de ver las flores doradas de la frontera, estaba agradecido con el mundo entero de haber dado con ella.
Era tan enérgica en sus palabras de perfecta caligrafía, en otras era de lo más simple junto con los chistes cortos que no lograba del todo entender, pero sin importar lo que le mandara en sus cartas él atesoraba cada una de ellas. Le daba igual si Gerson se burlaba de la situación o si Wingdings protestaba de acaparar parte de su tiempo valioso en una "tontería", el deseaba saber más y más de ella. Y tras pensar en qué futuro pudiera tener con alguien tan maravillosa como ella si no podía salir por cuenta propia de su hogar, un vago recuerdo le llegó a su mente.
El amor de su vida le llegaría de los cielos… eso le había dicho una de las mantis religiosas ¿Eso significaba que se trataba de Toriel? Se sonrojó en gran medida de tan sólo pensarlo, pero a su vez sonrió algo apenado de sí mismo de pensar en eso, después de todo no era momento para pensar tan a futuro de alguien que apenas y había visto una vez en su vida. Pero si las oráculos habían acertado en Toriel en su futuro… ¿También acertarían en…lo demás?
En una de las visitas de las oráculos hacia el rey para prevenir cualquier cosa a la brevedad, Asgore se esperó a que terminara la reunión privada que tenían para lograr su cometido. En cuanto éstas salieron, las siguió de cerca en su recorrido hacia la salida mientras mantenía su mirada fija en la más joven de ellas, la cual parecía no haber cambiado nada desde la primera vez que las había conocido. El resto se veían igual de ancianas, pero ella aún se percibía joven salvo por los ojos lechosos que de alguna forma suponía que caracterizaba su especie.
Para su suerte, su objetivo se había separado del grupo y se había desviado hacia uno de los pasillos. Tras adentrarse aún más en él, finalmente se detuvo y se giró abruptamente manteniendo un perfil inexpresivo.
-Era inevitable nuestro encuentro el día de hoy, majestad. Así que preferí ahorrar valiosos minutos con esto. –Asgore salió apenado de su escondite tras uno de los floreros que claramente no cubrían su enorme tamaño. –Sé lo que quiere preguntarme, pero no puedo darle la respuesta que desea.
-¿Los tiempos oscuros realmente vendrán? –Insistió de cualquier forma en preguntarle.
-No puedo darle la respuesta que desea. –Repitió indiferente.
-Las oráculos son las servidoras más fieles del rey ¿cierto? –Mencionó recordando la presentación que le habían dado hace mucho. –Si hay algo que debe preverse, necesito saberlo por el bienestar de mi reino.
-Usted aun no es el rey.
-Pero éste si es mi reino, gobierne o no, y si quiero hacer algo por él debo de…
-¿Qué le ha dado al padre tiempo para que pudiera ser digno de tal respuesta?
-¿Eh? –Se estaba exasperando con ella. Su indiferencia no era para nada grata, pero esa pregunta sí que era rara.
-Desde que hay un principio y un fin, el padre tiempo siempre permanece con nosotros. Lo que hagamos con él no es algo que realmente le interese, pero al igual que muchos dioses de la creación, requiere que se le dé algo a cambio de lo que se desea de él.
-¿Y… qué puedo darle?
-¿Qué ha hecho con su vida, joven príncipe? ¿La ha disfrutado?
La conversación cada vez era más extraña, sin embargo le daba la impresión de que quería llegar a un punto con tanta incógnita de por medio. ¿Disfrutar su vida? Por supuesto que lo había hecho ¿no? Tenía a su familia bien, buenos amigos, buena comida… Pero no tenía libertad. No podía salir a recorrer el reino, ni siquiera a ver a la chica que le llamaba la atención o poder ver las famosas flores doradas por cuenta propia. Tenía que prepararse para liderar un reino que desconocía a simple vista, seguir órdenes por un bien que no entendía.
Volviendo a hacerse la misma pregunta mentalmente, se dio cuenta de que la respuesta ahora se había alterado. La sibila le observaba con un semblante sereno, como si supera de antemano lo que estaba pasando por su cabeza dadas sus expresiones silenciosas.
-No se quede sentado esperando las cosas. Haga algo con su vida, majestad… y eventualmente el padre tiempo le responderá a las acciones que hizo con su regalo. –Por primera vez en toda la plática, la sibila le sonrió más tranquila.
Por muy rara que hubiera sido la conversación, Asgore la tomó como algo bueno y comenzó a querer tomar decisiones por cuenta propia. Su madre seguía siendo sobre protectora y su padre muy exigente, pero por primera vez comenzaba a ver en su propia perspectiva lo que querría en lo que únicamente le pertenecía a él: su vida.
En cuanto estuvo planeando la forma de escaparse por segunda vez para ir a ver a Toriel, sus amigos ya se le habían adelantado y traído a la joven a su propia habitación. Por un momento creyó que todo se arruinaría en su existencia al no tener ni idea de cómo hablar con ella físicamente, pero tras un breve y maravilloso momento se dio cuenta de que no debía de preocuparse. Toriel era muy directa en algunos comentarios suyos, pero a su vez era comprensiva con él. Pero esa noche de ser algo mágico se transformó en una pesadilla tras el ataque del Templo de la Visión.
No sabía que era peor, si descubrir que alguien pudiera tener la maldad de hacer daño a esa escala, o ver a la chica que quería sufrir por la pérdida. No le importó que sus padres le llamaran la atención por haber salido sin permiso, no había soportado verla tan mal. Fue así como supo que se había enamorado realmente de ella… pero no se sentía con el valor de siquiera acercársele.
Su padre la había acogido en el mismo castillo permitiéndole que también fuese su hogar, cosa que si bien le hizo feliz poder tenerla de cerca, sabía que para Toriel era de lo más incómodo. Muchas veces la encontraba escondida en algún lugar para llorar lo más silencioso que podía. Verla así le desgarraba el corazón, y todavía más por no saber cómo consolarla de tan terrible pérdida.
-Perder a un padre ya de por si es doloroso, ella perdió a muchas madres en un instante.
La voz de su madre en su espalda le sobresaltó en gran medida. Se ruborizó al haber sido atrapado observando a Toriel en la lejanía para garantizar que estuviera bien, pero ella simplemente le sonrió para calmarlo tras tener en mente qué estaba ocurriendo en realidad. Con un ademán de su mano le indicó que caminaran juntos recorriendo uno de los pasillos mientras conversaban al respecto.
-No puedo hacerme idea de lo que habría pasado en la mente de las sacerdotisas, pero sé que yo en su lugar habría hecho todo lo posible para que mi retoño siguiera viviendo. –Comentó su madre con un evidente malestar mientras caminaban. –Perder a un padre te hace huérfana y perder una pareja te hace viuda… Pero perder a un hijo o hermano no tiene nombre al ser lo más desgarrador que pudiera sentir uno. Es mejor morir con la certeza de que tu hijo seguirá con su camino, a una vida tortuosa condenada a sufrir por la eternidad su pérdida… ¿Qué es lo que te aflige, mi botón de primavera?
Puso su mano en la mejilla de su hijo para contemplarlo. Para los ojos de su madre él seguía siendo un cachorro asustadizo, pero lo cierto era que ya había crecido al grado de parecerse cada vez más a su padre.
-Sé que las sibilas no eran muy queridas, pero eso de atacarlas es… -Asgore no supo cómo terminar la oración. Atentar contra una vida era desastroso como se viera. – ¿Qué es lo que piensa mi padre de eso?
Desde el incidente no había podido hablar con el sumo monarca tras tanto movimiento protocolario. La Guardia Real estaba dispersa en todo el reino en busca de pistas y la Orden de la Magia hacía lo mismo pero con otros métodos, por lo mismo había dejado de ver a sus amigos por un buen tiempo por sus ocupaciones tan densas.
-Se rehúsa a pensar que pudiera tratarse de una declaración de guerra, incluso hace poco tuvo una conversación con los reyes humanos para asegurarlo y todo parece indicar que su amistad es más fuerte que cualquier cosa. –Suspiró la reina mirando hacia el frente. –Pero también muchas cosas apuntan a que los posibles atacantes quieren debilitar las ventajas del reino, aunque pudiera ser el caso de que su objetivo fuera dividirnos. Algunos consejeros dictan que tampoco deberíamos de descartar otra opción de la que no estoy de acuerdo.
-¿Cuál es?
-La noche en la que estaban todas las sibilas en el Templo, fue la misma noche en la que no estuvo la doncella Toriel. Los consejeros opinan que…
-Toriel no fue quien ocasionó eso, jamás haría algo así. –Rugió Asgore molesto de que se pudiera pensar así de ella. Se detuvo en seco mientras oprimía los puños. – ¿Qué no ven lo dolida que está con sus muertes?
-Los consejeros dicen que pudiera ser una farsa…
-¿Es por eso que mi padre la trajo al castillo? ¿Realmente lo que hace es vigilarla?
-No… no realmente. –Se extrañó de ver a su hijo molesto. –Estamos preocupados por ella, pero no está demás tenerla de cerca al ser la única que pudiera comprender las acciones de las sacerdotisas. He querido preguntarle muchas cosas, pero… no lo he considerado oportuno todavía.
-¡Por supuesto que no! ¡Ella perdió a su familia! –Exclamó cada vez más irritado con el asunto. Sabía en el fondo que estaba mal expresarse así con su madre, pero la rabia que le generaba que pensaran mal de Toriel era mayor a su autocontrol.
-Asgore, por favor escúchame…
-A mí ya me tienen como prisionero en este lugar, no permitiré que hagan lo mismo con ella.
Se giró bruscamente para dirigirse nuevamente hacia donde había visto a Toriel por última vez. Era injusto que pensaran que fuera cómplice o causante de la extinción de toda una especie que la acogió gran parte de su vida. Su madre puso una mano en su hombro para que no avanzara más, pero lo que realmente le detuvo fue sentir su temblor ante su tacto.
-Asgore, ni tu padre ni yo pensamos que la doncella fuera la causante, pero sólo las sibilas podrían haber previsto algo así. –Su voz era casi un susurro, como si no le fuera fácil expresarlo. –Todo es muy extraño hasta para nosotros. Incluso yo tengo mi propia teoría, pero… tu padre insiste en que suena absurdo.
-¿Qué teoría? –Su irritación en el momento no le dejaba calmarse del todo, por lo que permaneció estático sin girar hacia su madre.
-…De que el objetivo no fueran las sibilas.
Sonaba tan extraño eso que Asgore olvidó toda su molestia y se giró para ver a su madre, la cual tenía un semblante cansado y algo triste. No le gustaba verla así, por lo que se sintió culpable del arrebato que había tenido.
-Hay… un mensaje que se pasan de juglar a juglar desde hace años, y tu padre sigue sin querer prestar atención a las señales, pero…
-La cacería de monstruos jefes.
-¡¿Tú… como sabes eso?!
-Hace tiempo los escuché discutir por eso. Así comprendí porque no me has dejado salir del castillo. –Admitió algo apenado. – ¿Entonces crees que el objetivo realmente era matar a Toriel?
-Lo considero una casualidad que no debe pasarse por alto. –Comentó más calmada mientras apartaba su mano de él. –Por supuesto, tu padre me toma por loca… así que espero que al menos te escuche a ti si le dices. Humano o no, es un hecho de que hay alguien que está haciendo que los monstruos jefes disminuyan.
-Pero si nuestra especie es la más fuerte, ¿cómo es que algo así se esté permitiendo?
-Los humanos son mucho más fuertes que cualquier monstruo… es por eso que apunto a que pudiera tratarse de uno o varios dado el caso. Pero la razón que pudieran tener a sus acciones, es algo que desconozco. Muchas veces actúan más por impulsos que por necesidades.
Asgore pensó en los pocos humanos que le había tocado conocer en su vida. Pensó en Arthur y la buena amistad que tenían pese a la distancia. Sabía que si algo pasaba que atentara contra la vida de los monstruos él le diría para que se previniera, a menos claro que él no tuviera ni idea del asunto. Cual fuera la causa del problema, podía contar en que ambos podrían encontrar una solución.
-Es… una acusación sería, madre. –Finalmente le dijo tras pensar mucho en el asunto.
-Lo sé… ¿pero qué otra se te ocurre?
Una pregunta que le estuvo rondando por varios días y sin hallar un mejor argumento. No pudiendo con la angustia y malestar que le generaba ello, en una noche de insomnio terminó escribiéndole a Arthur en busca de algo que pudiera darle una pista a la situación. Y para su sorpresa, la respuesta vino al día siguiente con el mismo cuervo mensajero.
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Es curioso, pero justamente estaba por escribirte en cuanto me llegó tu carta. Supongo que todavía tenemos ese lazo en el que sólo entre príncipes entenderemos. De antemano, muchas gracias por confiar en mí y en mi gente. Aunque tengamos mucho de no vernos por nuestras ocupaciones, es agradable poder contar con tu amistad.
Lamento la pérdida de toda una especie de monstruos, y aún más unas fieles servidoras de tu parte. Desde la distancia te envío mis más sinceras condolencias. Tu padre hace poco vino a mi castillo a hablarnos del tema, pero me temo que no pudimos dar con un causante de nuestro lado. Por lo extraño del asunto le sugerimos que pudiera tratarse más de algo interno, (tengo entendido que tus videntes no eran muy queridas). Y sobre el asunto de monstruos jefes desaparecidos, no he escuchado nada al respecto todavía, pero me he mantenido alerta de cualquier indicio para hallar una causa. Te lo haré saber de inmediato si llego a enterarme hasta del mínimo indicio de nuestro lado en caso de serlo.
Mi motivo para escribirte, además de contestar tu carta y saludarte, era para darte la noticia de algo que ni a tu padre le contamos al no estar del todo seguros en el momento, pero ahora que lo hemos visto con nuestros propios ojos podemos tener una certeza más clara. Eres el primer monstruo que lo sabrá, así que te pido discreción hasta poder dar la noticia públicamente.
Un humano… hay un humano que hace magia. Sé que suena extraño, pero realmente lo probó ante mis padres y a mí este mismo día en el que escribo esta carta. No nos cabe duda de que se trata de magia auténtica, pero para garantizarlo nos gustaría que lo viese un experto para determinar a qué se debe que un humano pudiera tener la capacidad y si… otros más pudieran hacerlo. ¿No suena fantástico? Mi hermana está que llora de la emoción al saberlo, incluso estuvo menos enferma el día de hoy por lo mismo.
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-Pfff ¡Ya quisieran ellos hacer magia!
El esqueleto se encontraba en su habitación tras por fin visitarlo después de varios días de trabajo. Desde que le leyó la carta del príncipe humano en voz alta, éste bufó de inmediato al grado de cerrar el libro en el que había estado haciendo apuntes para contener su risa. Le parecía que era la primera vez que lo notaba tan contento, como si le hubiera dicho un muy buen chiste.
-La magia es la extensión emocional de un ser y el contacto dimensional intangible con la naturaleza. –Comentó Dings casi riéndose mientras se acomodaba para ver mejor a su amigo. –Las composiciones de ambos bandos son muy distintas, es por eso que es más fácil para un monstruo alterar a un ser cuya composición está mayormente de base de agua, que ellos queriendo ser como nosotros.
-Es tu manera de opinar que los humanos no tienen sentimientos. –Suspiró Asgore tras comprender a qué quería llegar el alquimista. –Bueno, yo sé que Arthur si los tiene y no me mentiría. Somos buenos amigos.
-Gorey, sé que estimas al príncipe del otro lado, pero créeme cuando te digo que los humanos no pueden hacer magia. Las emociones podrán ser similares, pero no compatibles. –Se calmó por completo tras notar que no le estaba dando gracia al monstruo jefe. –Mientras que nuestra existencia ayuda a que la naturaleza tenga un curso, los humanos evitan que se propaguen las cosas. Nosotros creamos, ellos destruyen, es así de simple el equilibrio.
-Pero en el hipotético caso de que fuera posible… -Insistió Asgore. No quería cuestionar las palabras del futuro dey de los humanos. Notar la alegría de Arthur de que pudiera existir uno de su especie con la capacidad de generar magia le hacía feliz de alguna forma. Recordaba su ilusión y anhelo de la igualdad entre ambos sin importar las apariencias, no quería que se acabara ese entusiasmo suyo.
-En el hipotético caso que fueran capaces de hacer magia, sería desastroso no sólo para la naturaleza, sino para sí mismos. No lo soportarían sus cuerpos. –Comentó audazmente con el tono que siempre empleaba cuando daba una explicación de su materia. –La magia forma parte del reflejo de nuestro ser, y al ser ellos una existencia destructiva… ya te podrás hacer la idea de lo que pudiera pasar.
-Bueno, Arthur me está pidiendo discreción por ahora, así como el que pueda mandarle a un experto para corroborar el caso. –Continuó mientras se sentaba en su escritorio repleto de pergaminos en blanco. –Tenía pensado pedírtelo a ti para permanecer la discreción, pero si te vas a poner así…
-Entiendo, entiendo. Diplomacia ante todo. –Rio levemente el esqueleto. –Puedo hacerme cargo, cuenta conmigo. Pero necesitaré un intérprete, los humanos no entienden mi dialecto.
Sabía que Dings realmente quería ver por cuenta propia al humano que posiblemente empleaba magia, su curiosidad inmensa siempre había sido una de sus cualidades más destacables y admirables de su parte. Sabía que el alquimista era el más idóneo para la situación y confiaba plenamente en él, así que se giró hacia su escritorio y escribió en uno de los pergaminos el permiso por parte de la realeza para que le dejaran pasar al castillo humano.
-Pide que te escolten algunos guardias. –Le indicó mientras le pasaba el pergamino sellado ya con cera.
-Veré si Gerson está disponible. –Guardó el pergamino en su túnica y desapareció en un pestañeo.
Después de ese día no supo de sus amigos en un buen tiempo suponiendo que se encontraban ocupados, así que se enfocó en hacer la estadía de Toriel en algo más ameno que un simple lugar para descansar. Si bien casi no salía del castillo, podía notar que comenzaba a enfadarse de demasiadas atenciones. Le daba la impresión de que a ella le gustaba más bien realizar las cosas por cuenta propia, algo que le admiraba en gran manera.
La monstruo jefe siempre les acompañaba en cada comida, cosa que le daba gran gusto al futuro monarca y que cada vez le era más difícil de ocultar. No llegaba a hablar mucho de ella dado que aún le resultaba doloroso la pérdida de su antiguo hogar y eso se le respetaba, pero un día su padre no pudo contener más el querer entablar conversación con ella. Le daba la impresión de que no era el único que quería escucharla hablar.
-Y dígame señorita Toriel, ¿qué opina sobre la diversidad en las profesiones?
La reina rodó los ojos empleando una tenue sonrisa mientras seguía comiendo tranquilamente. Asgore sabía que su padre sólo quería escuchar de lo bien que había hecho en brindarle mayor libertad al reino como autosatisfacción de su trabajo.
-Bueno… es cierto que aumentó la felicidad del reino ante la nueva ley, pero hay un decremento en la productividad en cuanto a algunas ramas.
El silencio permaneció por unos segundos paralizantes. La calma y certeza con la que había argumentado fue tal que desconcertó por completo a sus padres de tal forma que dejaron de mover sus cubiertos. Asgore seguía comiendo para ocultar la risa que le había dado la situación, era la primera vez que alguien le decía algo negativo de su ley. La cosa pintaba a ponerse emocionante.
-¿A qué… te refieres? –Pese a todo, el sumo monarca permaneció en calma.
-La contratación sin antes mostrar capacidades afecta a varios gremios. –Continuó tranquilamente deteniendo su tenedor. –Se agradece la libertad de poder elegir uno mismo lo que quiere ser, eso fortalece la esencia de todos los monstruos, pero en otras partes se está viendo afectado el trabajo al no cumplir con requisitos necesarios y ralentiza los procesos. No estoy hablando de que debe limitarse las características, sino de hallar una solución que brinde un equilibrio. Yo sugeriría capacitación temprana y accesibilidad a estudios previos.
Asgore sonrió maravillado. Inteligente, hermosa y segura de sí misma. No podría ser más perfecta.
-Es un buen punto, no lo había considerado a decir verdad. –Comentó el rey de inmediato sonriéndole. – Serías una excelente gobernante, Toriel.
Tras escuchar eso, Asgore no pudo evitar ponerse rojo tras captar la indirecta que estaba lanzando su padre. Pero para su sorpresa, Toriel también estaba colorada mientras seguía sosteniendo la cuchara en su boca, sin querer mirar nada más que su plato. Miró de reojo a sus padres un tanto apenado, pero se arrepintió de hacerlo tras notar que ambos le observaban con una sonrisa de complicidad que no ayudaba a la situación ya de por si incómoda. Y como cereza de pastel, su padre había manifestado su pulgar arriba aprobatoriamente mientras que su madre hacía todo lo posible por contener la risa por eso.
Más allá de ser reyes seguían siendo sus padres… y sólo lo estaban poniendo en vergüenza frente a la chica que le gustaba por su propia diversión.
Sus amigos, sus padres…le era extraño que fueran ya varios que le insinuaran lo mucho que le gustaba la ex acogida de las sacerdotisas. ¿Acaso era muy obvio? El admitía sus sentimientos para sí mismo, pero le avergonzaba decirlo en voz alta a cualquiera por mucho que confiara en sus seres queridos.
Eran pocas las veces que había podido entablar conversación con ella a solas y por lo regular titubeaba cada vez que se perdía en su mirada (lo cual era cada vez más frecuente), así que sus oportunidades de que pudiera confesársele estaban fuera de su capacidad. Todo eso pensaba mientras se encontraba en el campo de entrenamiento realizando su rutina física para no perder el ritmo y que se le fuera la luz del sol. Lo cierto era que desde la estadía de Toriel en el castillo, había dejado el hábito para verla en la lejanía.
Si, era un caso perdido.
-¿Asgore?
-¡Ah, Tori!
Casi deja caer encima de él las tres carretas que estaba cargando para hacer pesas tras oír su voz tan sorpresivamente. Ella se encontraba a lado suyo sonriéndole un tanto divertida por su reacción mientras bajaba con cuidado el peso para no romperlos.
-¡H-howdy! ¿A…a…a qué se debe… t-tu visita?
-Bueno, vivo aquí ya desde hace un año. –Arqueó una ceja riéndose un poco. – ¿Tan invisible soy?
Todo lo contrario, pensaba Asgore. Más bien era imposible no verla andar por los pasillos, almorzando animadamente, leyendo un libro… o lo que fuera que estuviera haciendo en cualquier momento. Siempre tenía una mirada intensa que era imposible ignorar.
-Me refería a… aquí en el campo, jeje. –Finalmente comentó tras darse cuenta de que se había quedado callado por varios segundos.
-¡Ah! Bueno, no sabía que entrenabas y… –Por un breve momento le había dado la impresión de que había bajado ella su mirada hacia su torso y rápidamente volvió a verlo a los ojos. ¿Lo juzgaría por usar pocas prendas para entrenar? –Me dio curiosidad.
-Ya veo… aunque es sólo basura que levantar. No hay nada interesante aquí me temo.
-Si tú lo dices… –Rió como si tuviera un chiste personal en mente. –Aun así me gustaría acompañarte, ¿puedo?
-C-claro…
Trató de retomar sus ejercicios, pero terminó siendo torpe ante la presencia de la dama que se lastimaba por accidente en cada momento. La risa de Toriel era cada vez más fuerte por eso, pero no parecía estarse burlando, sino realmente disfrutando poder estar ahí con él. Asgore se sentía apenado de volver a quedar en rídiculo frente a ella, pero sin más se le acercó y le miró fijamente con esos ojos cálidos y enérgicos que tanto le fascinaban.
-Si te estoy distrayendo sólo debes decírmelo.
-N-no… no es eso…
-Gorey, no he sabido como decírtelo antes, pero eres bastante expresivo. –Comentó risueña mientras le pasaba un trapo para que se secara el sudor. Asgore lo tomó tímidamente mientras permanecía viéndola. –Tanto que no hay necesidad de saber lo que piensas en el momento.
-Oh… lo siento. –Se disculpó en el acto como si debiera de hacerlo por alguna extraña razón, pero tras meditar unos minutos se dio cuenta de lo que parecía estarle tratando de decirle. ¿Acaso…?
-No, se me hace lindo de tu parte. –Le dedicó una sonrisa tan cálida que habría podido derretir los polos con su sola presencia. –Pero ¿sabes? Eres muy lento y…
Jalándolo del trapo que se había colocado en su nuca para ponerlo a su altura, Toriel le estampó un beso suave en los labios. Asgore tuvo los ojos como platos ante una sorpresa que jamás se esperaría en la vida.
-…yo ya no quiero contenerme más.
Lo soltó y le sonrió dulcemente mientras un leve sonrojo se le notaba en su rostro. Asgore estaba que no se lo creía. ¡¿En verdad… le había besado?! ¿Era posible eso? De pronto sintió demasiado calor como si tuviera el sol en todo su cuerpo, aun cuando la noche ya estaba presente en el lugar.
-Buenas noches, Gorey.
No sabía cuánto había pasado desde que se había despedido ¿segundos, minutos, horas? Sólo sabía que había terminado tumbado en el pasto mirando hacia las estrellas sin que su cuerpo pudiera reaccionarle correctamente. Sabía que debía de haberle dicho algo o lo que fuera… pero lo cierto era que se había quedado con la mente en blanco ante su acción tan inesperada. ¿Eso significaba que correspondía sus sentimientos? ¿En verdad podría ser cierta esa maravilla?
-¿Gorey?
No tenía ni idea de lo que pasaría de ahora en adelante, pero si podía contar con tan espléndida mujer en su vida, le daba igual todo lo demás.
-¿Cuánto tiempo lleva tumbado ahí? ¿Está muerto?
-Estaría hecho polvo de ser así, bobo.
-¿Pues entonces qué le pasa?
-Deja que me encargue.
De la nada sintió que elevaban su cuerpo partiendo de su alma sacándolo de su ensoñamiento, lo giraron abruptamente y le dejaron caer al suelo boca abajo sin delicadeza. No tenía que pensarle demasiado para saber de quienes se trataba.
-Me alegra de que hayan vuelto. –Comentó Asgore mientras se levantaba para ver directamente a sus mejores amigos. –Aunque no había necesidad de hacer algo así.
-Tenías una sonrisa de bobo y no reaccionabas a nada. –Contestó Dings de inmediato. – ¿Qué fue lo que te pasó?
El príncipe simplemente sintió de nuevo el calor desprenderse de todo su cuerpo sin saber siquiera qué decir. El esqueleto se mostraba sereno en espera de su respuesta, pero el kappa terminó riéndose en el acto.
-Eh, picarón. ¿Por fin decidiste actuar? –Comentó Gerson mientras le daba un puñetazo amistoso en el hombro.
-E-en realidad…
-Deja eso para otro momento. –Interrumpió el alquimista abruptamente. –Hay un tema pendiente antes.
-Cierto… ¿Cómo les fue en el reino humano? ¿Vieron a Arthur? ¿Vieron al mago?
-Pues fue eehhh… –Gerson se rascó la nuca tratando de hallar las palabras adecuadas.
-Una pérdida de tiempo. –Interrumpió nuevamente su otro amigo ante una irritación evidente de su parte. –No pudimos verlo porque "no era el momento". El muy cobarde seguro se escondió en cuanto supo que lo solicitaban en audiencia. ¿Qué clase de consejero están teniendo para empezar?
-¿Su consejero?
-El mago ha sido maestro del príncipe Arthur y ahora es el consejero principal del rey según nos explicaron. –Explicó Gerson un tanto incómodo. El comportamiento de ambos se sentía extraño respecto al tema. Los conocía lo suficientemente bien para notar que algo no estaba cuadrando. –Parece ser alguien muy respetado en el reino por eso, pero…
-Los humanos tienen ideas estúpidas respecto a la magia, Gorey. Ellos…
Asgore dejó de prestarles atención a su anécdota tras perderse en sus pensamientos. Sabía que estaba mal de su parte ignorar así a sus amigos, pero no podía evitarlo. ¡Ese beso fue real! ¿Eso significaba que ahora tenían una relación más cerca? ¿O es algo que debía de pedírselo? ¿Acaso Toriel esperaba que dijera algo en el momento?
La respuesta a todo eso le llegó al día siguiente ante la calidez de su amada, mostrándole no sólo lo directa que era en cuanto a sus sentimientos por él, sino que comprendía que no fuese un monstruo de palabras dada su torpeza. Después de eso ya no quería separarse de ella en cada momento mientras lograba abrirse más y más con confianza. Era tan linda, comprensiva y…
Atemorizante.
Tras unos cuantos meses de ya tener una relación, sin más se encontraba siendo jalado de su mano directo hacia la puerta principal, mientras que ella miraba a todos con un semblante molesto a cualquiera que se atreviera a acercárseles.
-Pero Tori…
-Pero nada, saldrás del castillo y punto. No es justo que ellos te exijan prepararte para un cargo de un lugar que no conoces, mientras que ellos si pueden ir campantes a todos lados.
Sus palabras siempre habían sido majestuosas y precisas para él, pero en esa ocasión le daba miedo lo que pudiera pasar por ignorar las órdenes reales y enfrentar a sus padres de esa forma. Al estar frente a la puerta principal, algunos guardias se acercaron de inmediato de forma defensiva ante lo amenazante que se notaba la monstruo jefe.
-Por órdenes de sus majestades no…
-Fuera de mi camino. –Invocó una llama lo suficientemente grande. –Vamos a salir.
No sabía si se debía a la amenaza de su fuego o a lo fulminante que seguramente estaba su mirada, pero los guardias retrocedieron en el acto y les dejaron pasar. Asgore simplemente se disculpó con gestos mientras seguía siendo arrastrado por su amada. No lo soltó en ningún momento que lo estuvo haciendo recorrer gran parte del reino en línea recta, pero él de cualquier forma no pensaba soltarse jamás de ella, la amaba en todas sus facetas.
Estaba entre asombrado y asustado de lo que pudiera pasar en cuanto tuvieran que volver. Pero todo ese temor desapareció cuando visualizó el gran campo de flores doradas que se encontraban ahora en sus pies. Era más hermoso de lo que se había imaginado cada vez que contemplaba el horizonte.
-Para ser alguien que tiene que dar órdenes, eres bastante obediente. –Le comentó Toriel minutos después de que se sentaran a seguir contemplando el paisaje. El viento era de lo más cálido. –Sé por qué lo haces, pero no deberías contenerte siempre.
-Lamento no ser el chico rebelde que te gustaría.
-Si me gustaran los chicos rebeldes, hace tiempo que habría andado con uno. No vuelvas a decir eso. –Le reprochó en el acto mientras que Asgore solo reía por su reacción. –Yo me refiero a que siempre pones las necesidades de los demás por encima de las tuyas. En algún momento te harás daño con eso.
-Como futuro monarca es mi deber hacerlo, Tori. Además me gusta ver a todos bien.
-Esa excusa la oigo siempre, Gorey. Pero más que por un deber, me parece que sólo te hace sentirte cómodo. Prefieres complacer a otros en vez de ver por tus propias necesidades.
-Lo que tú digas, Tori.
-¿Vez? ¡Lo estás haciendo justo ahora!
El príncipe nuevamente rió ante sus reacciones. Le era adorable que le regañara y se preocupara por él, pero que aun así terminara sonriéndole con dulzura. Sin pensarlo la abrazó mientras permanecían aún sentados entre las flores que danzaban al compás del viento.
-Sólo quiero que seas feliz. –Comentó Toriel mientras le devolvía el abrazo.
-Entonces quédate conmigo.
-Eso hago, esponjoso.
-Hablo de… algo más…
La monstruo jefe rompió el abrazo para contemplar directamente a su pareja perpleja. Asgore podía sentir lo rojo que se encontraba en el momento, pero apreciar sus hermosos ojos que ahora estaban expectantes le dio el valor suficiente para continuar con lo que estaba surgiendo desde su corazón. Hacía tiempo que lo había pensado, pero el lugar le parecía más que perfecto.
Era un hermoso día en donde estaban.
-Tori…
-¿S-si?
Los pájaros cantaban, las flores florecían…
-Conocerte fue una de las oportunidades de felicidad más grandes que la vida haya podido darme. –La tomó de las manos mientras no apartaba su mirada de sus ojos, los cuales comenzaban a tornarse brillosos por un llanto que se asomarían en cualquier momento. Eso le dio todavía más valor para seguir sin titubear. Estaba hablando con el corazón en la mano.
En días como esos…
-Mis días se iluminan con tu mera presencia. Eres tú quien me ofrece la seguridad que necesito para afrontar todas las adversidades, y mantenerme en pie para seguir adelante con el camino que he de recorrer. Mi destino lo tiene el reino… pero mi felicidad la tienes tú. ¿Quieres cas…?
No pudo terminar su pregunta tras el impulso de su amada de besarlo de inmediato, haciendo que ambos terminaran en el suelo.
-Lo siento, lo siento. No pude contenerme de nuevo. –Chilló al mismo tiempo que sonreía abiertamente. Asgore sabía que esa expresión suya la guardaría por siempre en sus recuerdos. Era suficiente respuesta para saber que se trataba de un "si".
-No lo hagas nunca. –Puso su mano en su mejilla para acercarla de nuevo y besarla.
-¿Gorey?
-¿Si?
-Te amo.
-Y yo a ti, Tori.
Sabía que era un sentimiento mutuo el querer permanecer más tiempo en aquel campo florido para grabar el momento por siempre, pero por la posición del sol supieron de que deberían de volver antes de que se agravaran aún más las cosas en el castillo. No tuvieron ni idea de cuánto se habían tardado en poder regresar, pero al ver las inmensa carroza junto con toda una comitiva de jinetes firmes frente al castillo, ambos dieron paso prisa sabiendo de que era muy importante.
-¿Arthur?
En cuanto entraron pudieron verlo recorriendo el pasillo principal directo hacia ellos junto con algunos guardias suyos, indicándoles de que estaba regresándose de donde había venido ¿Tanto habían tardado que ni cuenta se habían dado de su llegada? La mirada extraña que tenía el mencionado se suavizó en cuanto atendió a quien le llamaba por su nombre directamente. Con paso prisa alejándose de su propia comitiva se acercó a él sin pensárselo dos veces.
-¿Asgore? ¿En verdad eres tú? Me alegra mucho poder verte. En verdad que has crecido.
-Digo lo mismo, amigo.
Y era cierto. El niño que le había llevado una pierna de pavo ahora era un hombre derecho cuya melena y demás facciones eran de lo más varoniles. Los guardias se estaban acercando para ponerse a sus costados, pero el humano levantó su mano sin siquiera verlos para detenerlos y dejarlos con espacio suficiente para conversar.
-Por un momento temí que no podría verte hoy. –Le comentó sonriendo, aunque Asgore notaba que se trataba de una sonrisa cansada. –Escuché de que saliste sin avisar.
-Sí, ehhhh… es que pasaron cosas. –Comentó colorado mientras se rascaba la nuca. – ¡Oh! Quiero que conozcas a Tori. Es mi p-prometida.
-¡¿Prometida?! –Se asombró en el acto mientras se daba cuenta de la monstruo jefe que se encontraba en el lugar. Tal parecía que estaba disperso en sus pensamientos. –Eso nunca me lo contaste.
-Es que justamente acaba de pasar.
-Ohhh, entonces muchas felicidades a ambos. –Se inclinó levemente ante Toriel caballerosamente. –Me honra ser el primero en saberlo.
Asgore estaba sumamente contento con todo, pero no podía pasar por alto el semblante extraño que percibía de su amigo desde la infancia. Aunque se encontrara en el lugar, parecía que su mente estaba muy lejos de ellos, cosa que parecía que también percibía su ahora prometida ya que terminó retirándose para dejarlos a solas, no sin antes saludar y agradecer de nuevo a la autoridad humana.
-Me doy cuenta de que vine en un momento inadecuado, amigo. –Finalmente Arthur dejó de mantener una sonrisa que no podía más en cuanto Toriel no estuvo presente. –Pero necesito de tu ayuda.
-¿Qué es lo que ocurre?
-En una semana me coronarán como rey.
Se encontraban recorriendo los pasillos sin un rumbo fijo mientras hablaban. El soltar tan de golpe tal noticia indicaba que no quería ir con rodeos. Asgore no sabía qué pensar, le daba la impresión que una felicitación de su parte no era lo que estaba buscando.
-Estoy acostumbrado a ver a Morgana siempre enferma… pero ahora que lo estén también mis padres y en peor estado… no puedo soportarlo. –Continuó sin mirarlo directamente, pero era claro que estaba angustiado. –Ellos morirán en cualquier momento si no se hace algo, Asgore, y tus padres se rehúsan a ayudarme.
-¿Qué? Pero si ellos son grandes amigos desde hace años. –Por fin comprendía porque venía de tan lejos sin siquiera avisar. Era evidente ahora que se encontraba desesperado.
-Es lo mismo que pensé, por eso me reuní con tu padre para solicitar salvarlos por medio de la magia. Mi mago dice no tener la capacidad de algo así… incluso que no cualquier monstruo podría.
-Sólo sé de los curanderos, ellos son los que se enfocan en sanar. –Pensó en voz alta tratando de encontrar lo que fuera para ayudarlo, pero si era la opción más obvia y directa ¿por qué su padre no le habrá ofrecido a su gente? ¿Qué estaba pasando?
-No, no es la magia de un esqueleto la que necesito, sino la de un monstruo jefe. –Comentó con urgencia ahora si mirándolo directamente. –Sé del secreto de tu especie, Asgore. Por nuestra vieja amistad, necesito que lo compartas conmigo.
-¿Nuestro secreto? Lo lamento, Arthur, pero no entiendo a qué te refieres. –Se sinceró apenado.
-Desde niño escuché historias fantásticas de ustedes, de que surgieron de la sangre de un dragón, de que son un regalo de sus dioses… siempre quise conocer a los de tu especie por eso. Por eso cuando te conocí… me hizo muy feliz poder ser amigo de uno. –El humano continuó sonriéndole levemente. –Pero también he escuchado una historia sobre ustedes que me apenaba preguntarte, pero que mi mago me ha confirmado de que es real. Asgore ¿ustedes tuvieron el San Gréal? Pueden vivir tantos años por eso, ¿cierto?
-¿Hablas de… la copa de tu deidad? –Hizo un esfuerzo por recordar lo que había estudiado de las tradiciones humanas, pero era pésimo en eso. –Es cierto que podemos vivir muchos años en cuanto no tengamos hijos, pero no me han contado nada sobre que fuese por eso. Tengo entendido que sólo es nuestra naturaleza.
-Asgore, realmente estoy desesperado, la vida de mis padres está en riesgo. Dime la verdad. –Le rogó tomándolo de los hombros deteniéndose en seco. –Si ustedes tomaron del grial, significa que pueden pasar su inmortalidad ¿cierto? Tus padres se rehúsan, pero tú… sé que me ayudarás. Somos amigos ¿cierto?
-Por supuesto que somos amigos, Arthur. –Le devolvió el gesto tomándolo de su hombro para calmarlo. Su mirada comenzaba a alterarse y eso no le agradaba. –Y te hablo con la verdad diciéndote que no se nada al respecto.
-…sé que se requiere sangre para pasar algo así, Merlín me dijo el proceso. –Continuó hablando sin escuchar lo que realmente le decía el monstruo. –Sé que puede funcionar.
-¿Sangre? –Asgore comenzaba a asustarse. –Los monstruos no sangramos. No…
-¡Deja de mentirme!
Oficialmente Asgore estaba preocupado por su amigo y soltándolo de pura reacción. Podía comprender lo desesperado que se sentía si estaba por perder a sus padres, encargarse de una hermana que habitualmente permanecía en cama y todo un reino que tendría que encabezar. Cargas muy pesadas para cualquiera, aun cuando se llevaran años para prepararse. No sabía nada al respecto de lo que le contaba, pero lo que le pedía realmente sonaba absurdo. Nada de eso podría ser por parte de la magia para empezar. No era así como funcionaba la magia en el mundo.
Tenían razón sus amigos. Los humanos tenían una percepción muy extraña de lo que era la magia. Tal vez después de todo no se trataba de un mago real el que tenía. Quería decírselo, pero por la expresión que cada vez se tornaba irritable le hizo considerar que no era buen momento.
-Los humanos les hemos compartido todo de nosotros, ¿por qué son tan egoístas en no compartirnos la magia? –Oprimió con fuerza los hombros del monstruo, pero éste no sintió siquiera un poco. Una razón más para saber que no quería hacerle daño, sólo estaba dolido y desesperado.
-La magia es el reflejo de nuestro ser, no es algo que pueda darse. –Citó a su amigo esqueleto considerando que eran las palabras más adecuadas para resumirlo.
Tal parecía que esa respuesta no era nada satisfactoria para su amigo, el cual apartó la mirada de él soltándolo por completo, mas no se movió de su lugar. Asgore se sintió mal del dolor y desesperación que estaba teniendo. En cada duda, en cada carta, Arthur siempre había hecho lo posible por ayudarle. Era correcto que él hiciera lo mismo.
-Si ese grial existe, haré todo lo posible por encontrarlo. –Puso de nuevo su mano en el hombro del humano. –No creo que su forma de usarlo sea la que me dices, pero juntos hallaremos la forma de que así sea. Tal vez así puedan obtener su magia directamente en vez de por medio de un monstruo jefe.
-Gracias Asgore… -Le dedicó una sonrisa cansada volviendo a verle directamente. –Es grato saber que todavía nos comprendemos.
La palabra de un soberano era ley y promesa irrompible, por lo que se debía tener cuidado a quienes se las daba. Esa fue una lección dura que tuvo que aprender en cuanto pasaron los días y no encontraba nada al respecto. El alquimista sólo le decía que en sus años de estudio y lectura jamás había leído sobre algo así, y sus padres le habían dicho que dicho grial formaba parte de la cultura religiosa de los humanos y que por ende no podría permanecer en el reino monstruo, y que aunque así fuera el caso, sólo serviría como decoración hogareña si sólo servía con sangre. También le dijeron que las leyendas sobre sus orígenes como monstruos jefes eran solamente eso, leyendas. Nada daba garantía de cuál de ellas pudiera ser real al igual que el origen de los humanos, todo era especulación y fe en armonía. Se agradecía a los dioses por sus obras y se cuidaban permaneciendo el ciclo de la vida, así de simple.
-Los humanos ven como una bendición que se pueda vivir hasta milenios. Pero no comprenden que tanto las bendiciones como maldiciones parten de una misma naturaleza, por eso ambas no deben ser deseadas ni buscadas, sólo se obtienen por una fuerza muy superior a la comprensión. –Le comentó su padre durante una comida en el que quiso insistirle tras no encontrar nada. –La única forma que existe para compartir la magia viene del vínculo más grande de amor que hay, y eso son los hijos. Si existe un artefacto que pudiera brindarles la inmortalidad sin nacer con ello… estoy seguro de que su dios no querría eso. Tal vez por eso no pueden encontrarla.
También se lo había preguntado a Toriel siendo la única que quedaba con el conocimiento suficiente sobre las sibilas. Si ellas eran déspotas del padre tiempo y las que sabían de todo, de algún modo deberían de saber del grial, pero ella simplemente negó con la cabeza apenada.
-No me compartían muchos de sus conocimientos dado que yo no soy una sibila, así que nunca me hablaron sobre eso en caso de que realmente existiera.
Y tras pasar más de una semana, el viento les trajo la terrible noticia de que los reyes estaban a punto de morir y realmente no había ya nada qué hacer. Aunque hubieran sido invocados para verse al menos por última vez, el ahora rey Arthur les negaba la entrada como castigo a "haberse negado a colaborar" como redactaba en la orden. Asgore si tenía permitido ir al otro reino según estaba en el mismo oficio, pero sus padres, consejeros, amigos y prometida le indicaron que no sería buena idea ahora que las cosas comenzaban a tornarse delicadas. Al ser demasiadas voces que opinaban lo mismo, no le quedó de otra salvo hacer caso y tuvo que limitarse a mandar sus condolencias por medio de una carta en cuanto se supo del fallecimiento de ellos, pero su contestación jamás vino de vuelta.
Su padre no comentaba nada al respecto y seguía firme y calmado ante todos, pero Asgore estaba más que seguro de que lamentaba no haber podido ver por última vez a su amigo. Una señal a eso era el que todo el tiempo quisiera hablar tanto con Toriel como con él sobre la ceremonia que debía de hacerse de su compromiso. Lo cual ante la muerte de los antiguos reyes humanos quiso apresurarlo para de alguna forma mejorar el humor de todos.
Asgore se sentía culpable de que mientras Arthur estaba sufriendo, él estaría celebrando el inicio de una felicidad infinita. No le parecía del todo apropiado, pero su amigo esqueleto le insistía en que por una vez viera por su vida y no por los demás, cosa que terminó haciendo caso tras ver a su amada prometida llegando al gran salón. Todas sus preocupaciones y angustias se fueron una vez que pudo tenerla cerca con tan hermosa apariencia y sonrisa exclusiva para él.
-Supongo que es momento en que me volveré invisible para ustedes. –Comentó el alquimista mientras observaba a ambos monstruos jefes abrazarse y besarse.
-Awww, no te pongas celoso, huesitos. –Comentó Toriel riéndose por su comentario. –Tenemos un abrazo especial para ti.
-¿Qué? ¡No me refería a eso! ¡Apártense bolas de pelos!
El esqueleto terminó abrazado entre ambos cariñosamente mientras éste se quejaba y exigía que lo soltaran. Asgore estaba de lo más divertido con la situación hasta que vieron que Gerson estaba acercándose hacia ellos portando una vestimenta de lo más elegante a lo que estaban acostumbrados en él, el cual siempre había optado por no llevar camisa al sentirse más cómodo para moverse. Pero por mucho que sorprendiera verlo con prendas demás, el que estuviera siendo acompañado por una chica esqueleto con un vestido verde alargado fue mayor sorpresa para el príncipe.
-¿Es la hora de molestar a Dings? ¿Puedo unirme? –Comentó Gerson riéndose.
-Cállate y libérame de estos dos. –Comentó irritado el esqueleto.
-Por los dioses… ¡vienes con una chica! –Toriel soltó en el acto al alquimista tras darse cuenta de la presencia de alguien más.
-¡Es mi compañera de trabajo! –Exclamó Gerson apresurado, pero por alguna razón se había ruborizado. –Les presento a…
-Arial. –comentó de la nada el alquimista.
-Si, eehh… ¿cómo lo…? –Se sorprendió la tortuga.
-Vaya, tu eres Wingdings. Eso es inusual. –Señaló la esqueleto mirando hacia arriba de él.
-¿Cómo es que…? –Le preguntó ahora perplejo Gerson girándose hacia ella.
-Por su tipografía. –Comentaron al unísono mientras señalaban hacia arriba y les había brillado los ojos por un breve instante.
¿Tipografía? En cuanto señalaron hacia arriba Asgore volteó como si pudiera ver algún letrero que les estuviera dando información o algo similar, pero tal parecía que se trataba de algo que sólo los esqueletos podían ver. Había veces que pensaba que se trataban de una especie muy extraña.
Se sentaron en la mesa principal mientras comenzaban a bailar varios en el centro, entre ellos los mismos reyes. Asgore había pedido a sus padres el permiso de que sus mejores amigos estuvieran a lado suyo compartiendo tan importante evento para él, y aún más cuando los había nombrado padrinos de su futura boda.
-Y Arial… cuéntanos algo de ti. –comentó Toriel tras pocos minutos. Le daba la impresión de que le hacía feliz no ser la única mujer en el lugar. –Si eres compañera de trabajo de Gerson, eso significa que eres miembro de la Guardia Real ¿cierto?
-Así es, Lady Toriel. –Sonrió la esqueleto.
-Sólo Toriel, por favor. –Se apenó un poco de le llamaran así. Asgore sabía que no estaba acostumbrada a que se dirigieran a ella con tanto respeto. –Es interesante que un esqueleto se interese por la lucha, creí que todos eran unos cerebritos… aun cuando parecen ser cabezas huecas, jajaja. Ya que huesitos no dejó que Gerson te presentara apropiadamente ¿cuál es tu nombre completo?
-Arial Serif, Lad… Toriel.
-¿Serif? –Wingdings se adentró en la plática tras llamarle la atención algo. – ¿Qué eres del curandero Sans Serif?
-Él es mi padre. –Sonrió con dulzura. – ¿Lo conoces?
-He leído algunos de sus libros solamente.
-Si ha escrito libros, es que debe ser importante. –Comentó Asgore queriendo meterse a la plática. Se estaba sintiendo incómodo de sólo escuchar y dejarle las relaciones sociales a su prometida.
-Bueno, él…
-… es un completo loco. –Concluyó el alquimista de inmediato. –Sus investigaciones sobre enfermedades humanas partiendo de sus pensamientos son de lo más burdas.
-Más respeto, huesitos. –Le susurró Toriel molesta.
-Bueno, en la Casa de la Curación han llegado muchos pacientes humanos alegando que "algo no los deja ser felices", suponiendo ellos que se trata de maldiciones. –Explicó Arial tranquila como si no le diera importancia a que hubieran insultado a su padre. A Asgore le dio la impresión de que la chica no tomaba nada personal. –Ya les hemos explicado que las maldiciones no son como ellos creen, así que mi padre supone que se trata de una enfermedad partidaria de su mente. Sus cuerpos serán algo débiles a comparación de otros humanos, pero aun así mantienen un perfecto funcionamiento que…
-Los síntomas los describe viendo similitudes con enfermedades de monstruos. –Le interrumpió recargándose más en la mesa.
-Sí, porque la parte emocional es la que se está viendo afectada en su mayoría.
Los presentes en la mesa giraban de uno a otro conforme daban sus puntos, se sentían como si estuvieran viendo un partido de ping pong. Mientras que se le veía molesto al alquimista, la guardiana se mostraba de lo más tranquila.
-Es ahí donde parte a lo ridículo en su investigación. –Insistió Wingdings.
-Se… que las enfermedades humanas y de monstruos no son contagiosas los unos a los otros, las diferencias físicas son más que evidentes, pero hemos detectado que…
-¿Hemos? Tengo entendido que tú eres de la Guardia Real.
-Ah s-si… pero…
-Te pones a defender una postura mágica cuando tu abandonaste tu propia Casa, por lo que no te da ningún derecho de hablar en voz de los curanderos. –Le señaló en el acto.
-Ya párale, Dings. –Le advirtió Gerson algo molesto con cómo se estaban tornando las cosas.
-No pasa nada Ger-Ger, tiene razón después de todo. –Su compañera le puso una mano en su hombro para calmarlo mientras le sonreía. –A veces olvido que ya no soy una curandera.
-¿Ger-ger? –Preguntó Asgore extrañado.
Toriel parecía querer aguantarse la risa mientras que Gerson solo había desviado la mirada rápidamente por la vergüenza, pero podía notarse a leguas lo colorado que se había puesto en el acto.
Tras haber comido de lo que les traían, la chica esqueleto terminó levantándose para querer bailar insistiéndole a su compañero de que fueran juntos, pero Gerson se había negado insistiéndole de que lo suyo no era para nada bailar, así que terminó yendo sola uniéndose a un grupo de lo más animado que se encontraban bailando todos. La fiesta se estaba tornando de lo más animada en todo su esplendor.
-Y bien "Ger-Ger" –Se burló Toriel tras varios minutos de silencio y se recargó en la mesa para observarlo mejor, aunque su semblante era de complicidad más que otra cosa. – ¿Cómo fue que la conociste?
-En el trabajo, obviamente. –Señaló algo irritado. –Somos compañeros de trabajo.
-Pero es muy extraño que hayas traído a un baile a una compañera de trabajo ¿no crees? –Insistió Toriel sonriendo cada vez más de modo burlón.
Asgore no tenía ni idea de lo que estaba pasando ¿De qué se estaba perdiendo? Se giró hacia Wingdigs para ver si él pudiera explicarle algo o si estaba igual que él, pero sólo se encontraba comiendo de lo más lento sin prestar siquiera atención a tan extraña plática. Parecía que no era de su interés para empezar.
-E-ella había d-dicho que nunca había asistido a una fiesta como esta, así que…
-Awww, pero que considerado de tu parte, "ger-ger".
-¡Deja de hacerte ideas raras!
-¡Oh! ¡Ya entiendo! –Exclamó Asgore aliviado de por fin comprender el contexto de la plática. –A ti te gusta esa chica.
-¡¿Qué?! Gorey ¿tú también?
La tortuga había exclamado de lo más molesto, pero lo colorado de su rostro indicaba todo lo contrario. Toriel estaba riéndose sin contenerse más mientras que el alquimista sólo rodaba los ojos mientras le daba un trago a su bebida. Al ver que Toriel seguía divirtiéndose con las reacciones del guardia mientras lo provocaba, la sacó a bailar para aligerar las cosas antes de que terminara completamente rojo la tortuga.
Sus padres contentos y orgullosos con su compromiso, sus amigos siendo felices, el reino en la cúspide de la gloria por la felicidad, su amada junto a él… Si, Asgore estaba infinitamente feliz. La música la escuchaba lejanamente tras perderse en sus pasos a ritmo de su prometida.
Pero por un reflejo de su arduo entrenamiento empujó con tiempo a Toriel lejos de él, mientras él había esquivado por cuestión de milímetros la cuchilla de una lanza que había surgido de uno de los pilares cercanos a ellos.
Consternado se giró hacia donde había provenido el arma y contempló a un hombre humano adulto de piel pálida recogiendo rápidamente el arma. Por la cercanía que habían tenido le había dado la impresión de que sus ojos eran de un carmesí muy intenso, pero no se comparaba con el odio que pudo percibir por ese breve momento. Esquivó de nuevo su ataque y pudo escuchar algunos gritos de pánico a su alrededor. Preocupado se giró para ver qué estaba ocurriendo, pero en ese descuido el humano aprovechó para volver a atacarlo apuntándole hacia el pecho. Asgore lo desvió nuevamente por reflejo, pero había estado muy cerca.
-¿Qué ocurre? –Pregunto Asgore queriendo comprender las acciones del humano, pero éste permaneció en silencio.
No quería lastimarlo, por lo que sólo se limitaba a evitar sus ataques cada vez más rápidos. Conforme batallaban, el príncipe pudo ver que a su alrededor no era el único que estaba teniendo problemas. Algunos humanos estaban atacando al resto de los invitados y sólo Gerson había logrado defender a varios mientras que Wingdigs había llegado con tiempo cerca de ellos para alejar a Toriel de la pelea entre ambos ¿Dónde estaban el resto de los guardias reales? ¿Qué no había algunos vigilando el castillo? Una pared de huesos se interpuso entre ambos, haciéndole retroceder de inmediato
-Majestad ¿está usted bien? –Arial se había acercado a él, mientras se quitaba el vestido con prisa para mostrar que tenía debajo una armadura de cuero ligera. – ¿Qué…?
-¿Dónde están los guardias? –Preguntó con urgencia.
-No lo sabemos, no hay nadie salvo los de la fiesta en todo el castillo. –Contestó Arial preocupada mientras hacía otra pared de huesos para ralentizar al humano insistente. –Creo que sólo estamos Gerson y yo de la guardia.
-Protege a mis padres entonces. –Ordenó con urgencia. –Yo me encargo de este humano.
-¡Si majestad!
La chica se veía preocupada, pero hizo caso sin protestar y se retiró rápidamente. Asgore no quería hacerle daño a su atacante, aún era demasiado extraño lo que estaba pasando. ¿Por qué? ¿Por qué los humanos los estaban emboscando? ¿Cómo habían entrado sin invitación? ¿Dónde estaban los guardas del castillo?
-¡NOOOOOOO!
El grito de horror de su madre sonó tan repentinamente, que no se dio cuenta de que se había puesto frente a él para recibir un ataque sorpresivo que no logró ver con tiempo. Una humana de cabello negro muy largo había tomado la extraña lanza del otro humano de mayor edad y le había apuntado directo al pecho, pero había terminado atravesando a su madre.
Asgore no podía hacer crédito a lo que estaba viendo frente a él. Y menos cuando en una fracción de segundo, la mujer que le había dado la vida y tanto le había protegido… ahora era un tumulto de polvo junto a él.
A Asgore le parecía que el silencio había gobernado en el lugar mientras observaba el alma de su madre seguir suspendida en el aire, pero la mano del humano de mayor edad la había tomado rápidamente con una sola mano mientras que con la otra había tomado de la mano a la humana jalándola con prisa.
-Ya tenemos lo que queríamos ¡Vámonos Morgana!
¿Qué…
Había…
Pasado?
En una parálisis que no podía comprender, observó cómo los dos humanos corrían mientras que el resto de su comitiva los alcanzaban. Notaba cómo había algunos que trataban de detenerlos… Alguien le gritaba… alguien trataba de llamarle la atención… pero todo lo sentía lejano. No podía visualizar nada más que a esos dos humanos que llevaban consigo el alma de su madre.
¿Por qué… porque, porque, PORQUE, PORQUE, PORQUE?!
No supo en qué momento comenzó a correr. No supo en qué momento comenzó a rugir con rabia. No supo en qué momento había terminado corriendo con sus manos y pies… sólo sabía que debía alcanzarlos. Debía detenerlos, debía hacerles pagar por su crimen.
Debía matarlos.
Algunos humanos que lo notaron se habían puesto al frente para detenerlo, pero él de un solo golpe los empujó fuera de su camino. Ellos no le importaban, solo esos dos… esos dos que le observaban de reojo mientras huían con una mirada carmesí… ojos rojos como la sangre… como la sangre que les sacaría por lo que habían hecho.
Ante la persecución tan cardiaca, notó que la humana había terminado tropezándose al atravesar el puente que conectaba a la entrada del castillo. Asgore aceleró más con furia mientras abría la mandíbula preparándose para morderla.
-¡Merlín, ayúdame! –Exclamó horrorizada la humana.
Asgore saltó con un gran impulso para alcanzarlos con mayor velocidad. Su otro objetivo a matar, el humano de mayor edad que había sido el primero en atacarle, se acercó a quien le llamaba y abrazó a la joven mientras alzaba el puño con el que sostenía el alma que había arrebatado. El monstruo jefe sentía que estaba por alcanzarlos de un solo mordisco y despedazarlos hasta el cansancio, pero de la mano que tenía alzada el humano, una pared rojiza salió de la nada poniéndose en su camino y terminó chocando con ella golpeándose fuertemente la cabeza.
Los ojos rojos de ambos humanos sobre él… fue lo último que pudo recordar hasta perder el conocimiento.
-Asgore…
-Asgore, por favor despierta…
-Asgore ¡no me dejes!
-¡Asgore!
Poco a poco, el príncipe abrió los ojos algo adolorido mientras trataba de enfocar la vista. Con algo de dificultad pudo notar que se encontraba Toriel sacudiéndolo llorando, mientras que sus amigos le observaban preocupados y asustados. Arial estaba al otro lado observándolo con sus ojos brillosos como esmeraldas y con sus manos alzadas cerca de él, mientras un aura verde le invadía alrededor de su cabeza curándolo con su magia. Tras unos minutos tratando de reaccionar qué estaba pasando, se dio cuenta de que estaba tumbado en el puente que conectaba la entrada principal al castillo.
No lo había soñado… su madre realmente había muerto.
-Gracias a todos los dioses que estás bien. –Toriel le abrazó llorando en cuanto se incorporó aun algo aturdido. La cabeza le dolía fuertemente ante el impacto con su velocidad.
-¿Qué… pasó? –Preguntó Asgore con seriedad a los presentes, mientras le devolvía el abrazo a su prometida que se encontraba ahora temblando.
-Una emboscada. Los humanos mataron a todos los guardias del castillo en silencio para ingresar y pasar desapercibidos. –La voz del rey resonó en el acto haciendo acto de presencia. Su rostro en ese momento no era para nada agradable. –El objetivo parece ser que eras tú.
Apartándose un poco de Toriel para por fin levantarse por completo, se giró para contemplar la extraña pared con la que había chocado. Emitía un tono ligeramente rojizo y se mostraba un tanto malhecha con algunos huecos como si no se hubiera alcanzado a completar, pero al tocarla no cabía duda de que era sólida como una roca.
-El humano era un mago. –Susurró Arial sorprendida, mientras observaba la barrera con algo de miedo.
-¡Eso es imposible! –Exclamó el alquimista molesto.
-Todos lo vimos Dings, ese humano creó esta pared. –Comentó Gersón aun perplejo por lo acontecido. –Es ma…
-¡No puede ser magia! ¡Los humanos no pueden hacerlo!
-Nunca se ha visto que la magia pudiera tomar el color rojo… no que yo recuerde. –Señaló Arial aun observando la pared con sus ojos brillosos, como si quisiera buscar alguna respuesta en ello. –Sólo se conoce una gama de colores muy limitada que algunas Casas de estudio se enfocan en comprender…
-Sea lo que sea, queda claro que ese humano lo hizo. –Detuvo el conflicto el rey con tan sólo hablar. No parecía tener paciencia en el momento. –No necesito saber nada más por el momento. Entren todos al castillo por ahora. Debo mantener a salvo los que están cerca de mí.
-Pero los humanos… aún podemos alcanzarlos. –Contestó con urgencia Asgore. –No podemos permitir que se salgan con la suya. No…
- Lo hecho, hecho está. Y nada en este mundo puede cambiarlo. –Le irrumpió con seriedad aún más incómoda para los presentes. –Cuido de los vivos y se les desea paz a los que perecen.
-Se les tiene que hacer pagar por lo que hicieron ¡Ellos la mataron!
-Es evidente que una guerra es lo que quieren, hijo. Y no sacrificaré más vidas por el berrinche de un mimado que le pesa demasiado la corona como para llamarse rey humano.
-Pero padre…
La rabia y cólera que sentía por la situación era cada vez peor ¿Por qué su padre no comprendía? Habían matado a la reina… su esposa y amor de su vida… ¿no iba a hacer nada? Tan solo estaba erguido como siempre, sin querer mostrar ni una debilidad ni ante él ni ante nadie.
Un rey no lloraba… se mantenía firme por el bien de su reino. Y por su mirada en él comprendía que le estaba pidiendo que hiciera lo mismo en el momento. Ahora estaban sólo ellos dos como pilares para mantener unido al reino.
-Se reforzarán los alrededores del reino. –Indicó el rey con una voz nada agraciada. –A partir de ahora no está permitido el acceso a ningún humano. Eso es todo.
Se giró y caminó de regreso a la entrada del castillo, indicando de esa manera de que el resto hicieran lo mismo. En cuanto entraron al castillo el rey se separó de ellos y los dejó solos para atender al resto de los invitados que habían sido salvados.
-Vamos Lady Toriel, déjeme curarle sus heridas. –Arial la tomó de los hombros suavemente para dirigirla hacia una habitación cercana.
-S-si… -Hizo caso a la indicación sin ganas de protestar por ahora.
Los tres amigos se quedaron de pie en el lugar sin saber siquiera qué decir. Lo que había pasado no tenía nombre ni perdón. Arthur… ¿Por qué lo había hecho? ¿Sería realmente cosa suya? Le había parecido escuchar el nombre de su hermana mayor en una de los atacantes, pero no le cabía lógica si se trataba de una humana que permanecía en cama desde su infancia. Y los ojos rojos en ambos humanos… seguramente eso se trataba de una percepción alterada por su rabia del momento.
Tenía razón su padre, era evidente que lo que estaban buscando era una guerra. Pero él no pensaba darle la espalda a la amenaza. Nadie más tendría que sufrir lo que le habían hecho. Mientras fuera el monstruo más fuerte, nada doblegaría su reino.
-Gerson, enséñame a crear mi propia arma. –Indicó con seriedad.
-Ah, Gorey, no creo que… –Comenzó a argumentar nervioso el mencionado.
-Y Wingdigs, enséñame a canalizar otras fuentes de magia.
-Ya eres un elementalista, Gorey. –Comentó el mencionado igualmente serio. –Volverte también un artesano y canalizador podría ser demasiado para ti.
-Puedo con eso… Debo volverme fuerte… El más fuerte.
Los tiempos oscuros ya no eran posibilidad. Eran un hecho ahora.
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El lúgubre ambiente de un hogar de lo que se suponía que debía ser cálido, no se comparaba con el tormento que estaba surgiendo en el pecho del sumo monarca. Su esposa no paraba de llorar en cada momento ante la angustia de no saber más, y por más que centenares de monstruos que pudieran hacer algo, no hallaban la forma de que su pequeña pudiera recuperarse. La luz de la esperanza, el futuro de los monstruos… su amada hija, estaba pereciendo.
Su alma luchaba por permanecer con ellos, pero su cuerpo hacía todo lo contrario agravándose más el asunto conforme pasaban los minutos. Era todo un misterio la naturaleza como tal de los humanos si aquello no era suficiente para que su pequeña se recuperara de tan extraña enfermedad. ¿Qué estaba ocurriéndole? ¿Qué más podrían hacer para salvarla?
-Chara… mantente determinada.
Le dijo una vez más y le acarició suavemente la frente acomodándole sus mechones, mientras ella se encontraba respirando con dificultad en su perturbado estado lejano a los que le rodeaban. Toriel estaba al lado de la cama dormida, sin querer separarse de la pequeña y sin evitar seguir llorando entre sueños, por lo que también acarició su frente para aligerarle la carga mental y puso su capa sobre ella para que no pasara frío. Sabía que no sería bueno llevarla a descansar en la cama de ellos si lo que quería su esposa era no separarse hasta asegurarse de que estuviera bien. Aquello lo comprendía a la perfección, si no fuera por sus deberes con el reino él seguramente estuviera haciendo lo mismo.
Cerrando la puerta de la habitación con cuidado, se dispuso a retirarse para preparar el discurso que daría al día siguiente sobre el estado de su hija. El reino entero estaba preocupado y dependía de él que se mantuviera la esperanza de todo. En sus hombros cargaba la tarea de que nada ni nadie se derrumbara, aun cuando él por dentro se sentía atormentado. Ése era su deber como rey, y estaba más que dispuesto a mantenerse firme para que el reino entero lo siguiera estando.
Al dar unos cuantos pasos en el pasillo, un leve llanto llegó a sus oídos deteniéndole en el acto. No dudó ni por un instante en acercarse a la causa de tal sonido tras saber de quién se trataba de antemano.
-Asriel ¿por qué estás ahí?
Su pequeño que estaba sentado en el suelo abrazando sus piernas, levantó su mirada ante su voz ronca un tanto apenado de que le encontraran en aquel lugar. Antes de que le dijera algo más, se paró por cuenta propia y limpió sus lágrimas que claramente se trataba de un caso inútil ya que éstas seguían surgiendo en su tierno rostro.
-Lo siento papi, yo… sé que no debo llorar. –Hipó un poco al hablar mientras trataba de mantenerse firme ante él. –Los grandes no lloran… un futuro rey no debe llorar ¿cierto?
Asgore no dudó ni por un momento en cargarlo para abrazarlo fuertemente. Las palabras de su antecesor resonaron de forma abrupta con la situación. En efecto él como el rey de los monstruos no podía darse el lujo de llorar para que el resto pudieran hacerlo con libertad… Él tenía que mantenerse erguido y fuerte para todos.
Y si bien ese era su deber… no quería lo mismo para su hijo. Si él tendría su mismo destino como futuro rey, tendría que ser el cambio que se necesitaría. Pero no ahora, no mañana. Aun no debía cargar con cosas que no comprendía de momento. Le daría todo el tiempo posible para que disfrutara plenamente su vida… le daría la libertad de ser un niño todavía.
-Llora por los dos, mi pequeño.
Sin saberlo, esas habían sido las últimas palabras que le había dedicado a su hijo.
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Damas y caballeros… he aquí el capítulo más largo que he escrito hasta ahora**logro personal desbloqueado** Y el cuarto especial estará igual que este, así que váyanse preparando, jeje.
Me disculpo por la tardanza de subir este especial, pero preferí esperarme a que terminara la segunda temporada para que no se viese afectado, además de que terminé queriendo hacerlo más largo tras querer mostrarles más del pasado del reino. Espero que haya sido de su agrado tanto como a mí.
Después de este capítulo, oficialmente inicia la tercera temporada del fanfic. El tráiler e intro podrán verlos en mi canal de youtube o redes sociales en cuanto los suba. Búsquenme como "michsonrisa" n_n
**Inserten sus teorías en los comentarios**
Muchas gracias por su apoyo a lo largo de la historia. Me ayudan a mantenerme determinada en seguir con esto. Los amo!
Michi fuera!
:)
