La oscuridad y el frío nunca han sido una buena combinación, eso lo tenían claro muchos monstruos desde sus primeros días en el mundo subterráneo que les tocó para seguir existiendo. Sin embargo, el sentimiento de derrota era mucho más grande que sus ganas de conseguir algo mejor para ellos. Habían perdido la guerra y estarían condenados a persistir en esa miseria a la que llamaron Snowdin.

No eran sentimientos para nada agradables, pero eso hacía que Sans se sintiera realmente como en casa en esa zona en particular. Nada como un gélido y oscuro lugar para recordarle que había peores cosas en su vida.

Si claro… Como si eso le ayudara para sentirse mejor.

Sin embargo, aun con sentimientos negativos rondándole con persistencia, siempre había cosas buenas que mantenían a la par su vida de forma equilibrada. Una de ellas por supuesto, era su hermano Papyrus. Y la otra estaba tan sólo a unos pasos de su misma casa.

La calidez en el bar era de lo más acogedora para el esqueleto que procuraba ir en cada oportunidad que le permitiese su trabajo descuidado. Los guardias caninos se encontraban alegremente jugando en su hora libre y le saludaron en cuanto lo vieron pasar a lado suyo. Sans simplemente hizo un ademán con dos dedos para devolver el saludo empleando su sonrisa de siempre, y continuó dirigiéndose hacia el mismo asiento en donde su amigo en llamas lo esperaba con una gran botella de su gusto no culposo.

No dudó ni por un instante en tomar lo que le estaba brindando, la cual contenía un sabor exquisito según su baja expectativa de las cosas. Tras varios minutos de tomar de su condimento favorito sin respirar, se giró hacia el dueño del bar que lo contemplaba con una expresión serena.

-Así que… enamorado ¿eh? –Soltó sin más Grillby en cuanto tuvo su atención. –Finalmente te has dado cuenta.

Sans no tenía nada que decir al respecto de eso, por lo que se limitó a asentir con la cabeza mientras agitaba levemente su botella con contenido casi lleno pese a haberle tomado bastante. Sentía que si le daba un nuevo trago ahora le sabría amargo tras la conversación tan literal que había comenzado sin un saludo de por medio. No era algo de lo que quisiera hablar después de todo, pero no podía ignorarlo tampoco ahora que le estaba invitando la bebida para conversar. Tenía que aceptar con resignación que su objetivo era hablar específicamente sobre eso.

-¿Cómo te sientes con eso? –Volvió a insistir.

-Para ser sincero… aterrado. –Rio tenuemente mientras se recargaba en la barra, pensando en esa precisa situación. –No era algo que considerara en mi vida ni por asomo, por lo que me genera muchas inconformidades.

-¿Qué harás con eso?

-Lo preguntas como si no me conocieras, Grill. –Con ello el esqueleto rio con más fuerza, sin importarle si llamaba la atención de todos los presentes con eso. –Lo de siempre, absolutamente nada.

El plan era el mismo sin importar las circunstancias, se afirmaba. Aunque tuviera más que claro sus sentimientos respecto a la humana, no pensaba en hacer ninguna intromisión en su vida que pudiera complicar lo que le costó retomar entre ambos: la confianza. Eran grandes amigos y estaba más que satisfecho con eso, por mucho que internamente se generaran interrogativas bochornosas que le incitaran a saber a qué más podría llegar con la embajadora de los monstruos.

Dio un gran trago para tener que hacer algo con las manos y no volverse más incómodo para él la plática con el dueño del bar, el cual le observaba un tanto dubitativo desde su sitio y sin decir nada. Detestaba que hiciera eso por mucho que en el pasado se lo recordara, pero era su forma pacífica de insistir.

-Somos buenos amigos, no arruinaré eso. –Aclaró al notar que le estaba interrogando con la pura mirada, como si en efecto no le creyese nada entre esos cristales que sorprendentemente soportaban altas temperaturas de su parte. –Estaré ahí para apoyarle siempre que lo necesite, nada más.

-¿Entonces por qué la mataste?

La música que adornaba el ambiente anteriormente cálido se tornó de lo más fúnebre para el esqueleto ante un silencio de lo más incómodo. Sans contempló a su amigo con las cuencas sin su brillo habitual ante la pregunta, el cual permanecía estático con esa mirada serena sobre él nada acorde a sus palabras.

-¿Qué…?

-Tú la mataste, Sans.

El esqueleto se paró de su asiento sin poder dar crédito a lo que le decía. No, ella no estaba muerta, no… Él mismo la había visto despertarse, ambos habían hablado…Ella…

-Tú la mataste.

Sans se giró hacia los perros de la guardia real, los cuales se encontraban también parados observándole con la nariz un tanto arrugada de forma acusatoria, casi a punto de gruñirle al unísono. Extrañado con lo que le decían todos, soltó la botella de los nervios y derramó todo su contenido en el suelo, bañando el lugar en un mar rojo en el que cada vez más se le acercaban todos con pasos peligrosos sin importarle los obstáculos.

-Mataste a la princesa.

-Nunca estarás a su altura.

-Es culpa tuya.

El impulso de correr era grande, pero cada vez que daba un paso hacia atrás, sentía como el agua roja aumentaba al grado de llegarle arriba de las rodillas. A ese paso terminaría nadando en lo que había provocado. Sus heridas… su sangre… No, él no había querido… Él no había querido lastimarla. ¡No era culpa suya!

Un mal sentimiento lo tenía atrapado en tan mísero lugar cuyo entorno sólo destacaba el rojo de la sangre que le había provocado a la joven embajadora. Pero nada se comparaba con el terror que le había generado ver a la chica de ojos almendrados sonriéndole en la distancia, manteniendo sus manos en la espalda mientras se dirigía hacia él lentamente sin darle importancia el entorno rojizo que manchaba su suéter de una sola raya dorada conforme daba sus pasos. Con esa sonrisa y mirada ardiente, tal parecía que el entorno le era un tanto acogedor.

-Vaya, vaya ¿Pero qué has hecho, Sans? –Canturreó la joven con esa sonrisa nada tranquilizadora al estar relativamente cerca de él.

-No fui yo, ¡Esto lo hiciste tú!

-¿Y por qué no me detuviste entonces? –Le sonrió tranquila con una inocencia que no quedaba para nada en ella. – Fueron tus manos después de todo ¿Por qué no evitaste que la lastimara?

-Yo…

-Admítelo Sans, tú querías lastimarla. Nunca podrás perdonarla por lo que hizo. –Dio más pasos al frente teniendo sus manos a su espalda, cosa que hizo retroceder al esqueleto preocupado por el aumento del agua roja. –Y más importante, jamás podrás perdonarte por lo que has hecho.

-Yo… yo no hice nada…

-Exacto, tonto. –En un rápido movimiento se lanzó hacia él con cuchillo en mano que tenía alzado dispuesta a atacar directamente. –Tú nunca haces nada.

El filo de la daga sobre sus costillas era tan familiar que le resultaba de lo más terrorífico sentir nuevamente algo así. Pero no se comparaba con el hecho de que quien le estaba encajando tal metal afilado sobre su pecho era la misma Frisk, mientras le lanzaba una mirada de odio tras esos rubíes que nada le agradaban.

Sans despertó tan de golpe que tardó en reparar en su misma respiración entrecortada, al tiempo que sudaba inmensamente empapando la camiseta roída que apenas y había logrado ponerse ante las pocas ganas que había tenido de vestirse. Al sentirse casi sofocado con tal susto, se apoyó con sus manos para levantarse levemente y recuperar el aliento, mientras poco a poco se convencía de que eso sólo había sido una terrible pesadilla como muchas otras. Habría casi jurado de que había gritado de dolor por mucho que eso no había pasado.

Frisk estaba bien, se recordaba mentalmente. Ella estaba a salvo.

Ella no era mala… no lo odiaba… ¿o sí?

Tardó en reparar en el incómodo sonido que emitía el televisor encendido sin señal, cosa que le hizo girarse para contemplar con cansancio la sala desordenada en la que habitaba ahora pese a la poca luz que otorgaba el aparato. El suelo repleto de basura y comida chatarra a medio comer entre montones de platos sucios, le indicaba que ya debía de levantar todo eso antes de que apestara aún más el lugar y se llenara de plagas indeseables, pero tras varios días sin siquiera dormir en su propia habitación apenas y tenía energía suficiente para echarse en el sillón una vez que llegaba a su casa y sin poder levantarse más.

Buscando a tientas el control remoto para apagar el televisor, y sucumbiendo a una total oscuridad sofocante, puso sus manos en su rostro recargando sus codos en sus piernas con tal de despabilar el sueño que aún permanecía en él, cosa que no le brindó ningún éxito al sentir cómo sus huesos imploraban que volviera a recostarse inmediatamente. Pero por más que quisiera… sabía que no era correcto. No con tal desastre frente a él que él mismo había generado en cuestión de días. Si Papyrus viera todo eso seguro le reclamaría a gritos en un estado fúrico.

Si tan sólo pudiera verlo… no tendría siquiera razón de generar tal desastre en su entorno.

Quitando una de sus manos de su rostro, buscó su celular en el bolsillo de su pantalón sabiendo que estaría ahí. Sin ganas de hacerlo realmente, se puso a revisar una que otra notificación de su celular con tal de distraerse un rato y dejar atrás la mala pesadilla que había pasado. Los mensajes de Tori y Alphys eran bastantes que ni quiso revisarlos sabiendo de antemano lo que le dirían. No necesitaba esa clase de alardeo por mucho que lo hicieran por preocuparse por él y lo agradecía en silencio, pero en verdad era lo que menos quería oír de momento.

Mientras pasaba de largo varias notificaciones sin importancia para él, detuvo su dedo en uno en particular que acaparó toda su atención. No tuvo ni qué pensar de qué pudiera tratase, con tan sólo ver su nombre en el remitente fue suficiente para tener la necesidad de leerlo por muy simple y corto que estuviera su mensaje. Se maldijo internamente de no haber controlado ese impulso cuando se había prometido olvidarlo por completo, pero por más que habían pasado los días, simplemente no podía negarlo ahora que por fin había comprendido cómo estaban las cosas.

Enamorado en verdad… como si no tuviera demasiadas desgracias en su vida como para tener una más de la que lamentarse en silencio.

El mensaje de Frisk le daba a entender que le estaba reclamando por no visitarla, pero por más que tuviese la burda ansiedad de verla bien una vez más, le aterraba estar junto a ella tras varias pesadillas que la involucraban. Le costaba horas procesar cuál era la realidad y cuál era la pesadilla una vez que pasaba la terrible imagen, y el que su hermano no estuviera con él para calmarlo complicaba aún más las cosas para su salud mental. Y por más excusas que le pusiera a la embajadora, estaba seguro de que no tardaría en hacer lo posible por verlo ante una leve sospecha que surgiría en ella hasta dar con el verdadero problema que lo tenía en tal estado. No quería que se enterara de ese modo, no era su estilo siquiera que otros se enteraran de algo suyo.

Sans suspiró sabiendo que tenía que hacer algo antes de que los demás trataran de entrometerse en algo que no debían. Y aunque su pereza le implorara dejar que las cosas simplemente fluyeran hasta que en algún momento se solucionaran por su cuenta, era un tema al que no podía hacer vista ciega cuando se trataba exclusivamente de su querido hermano. Necesitaba ayuda por supuesto, pero no la de cualquiera.

Levantándose con cierto pesar, aprovechó para estirar sus huesos atrofiados por una mala posición y guardó su celular lentamente de nuevo en su bolsillo. Sabía que debía cambiarse por algo más presentable, pero su poca energía y ganas de moverse lo tenían estático en la sala repleta de basura. Sin más, se dispuso a tener mejor control de su magia para realizar su cometido sin más cuestionamientos.

Era momento de verla.

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OSADO CORAZÓN

Tercera temporada

Capítulo 1

Realidad abrupta

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Eran pocas las cosas que Frisk pudiera detestar. Una de ellas era el que tuvieran demasiada atención y cuidados encima de ella. Otra era el hecho de que le obligaran a permanecer en cama pese a que ya podía caminar bien sin marearse, pero por más que manifestara poder realizar las cosas por su cuenta simplemente le hacían caso omiso.

Desde que había despertado extrañada en el laboratorio y que Sans le explicase que había permanecido por días "caída" (cosa que Frisk entendió que más bien permaneció en coma en ese tiempo), sus padres la obligaron a permanecer en cama todavía hasta poder asegurarse por completo su buena salud. La pérdida de sangre había sido excesiva al grado de provocarle la pérdida de conciencia momentáneamente, razón que tanto para los reyes y la científica real ameritaba seguir monitoreando hasta estar seguros de su bienestar dado el poco conocimiento que tenían de la materia. Si bien entendía y agradecía las intenciones, le enfadaba que la trataran de esa forma sin permitirle hacer cualquier cosa al respecto. Estar en cama sin hacer nada era en extremo aburrido por mucho que tuviese a Chara consigo acompañándole en todo momento.

-No es que me sea encantador estar a tu lado. Si pudiera ya te habría abandonado, zopenca. –Comentó Chara en cuanto le hizo saber que comenzaba a aburrirse de sólo hablar con ella. –Tú tampoco eres una excelente compañía. Sólo has sabido quejarte en este par de días.

-Han sido cinco, y no me estoy quejando. –Reprochó mientras ponía a lado de su cama el libro que había estado leyendo varias veces. Ya se había aprendido de memoria frase por frase. –Sólo que no entiendo por qué tanta precaución si ya me siento bien.

-Perdiste muchos litros de sangre, Frisky…

-Eso gracias a ti.

-…Su reacción es normal al no ser algo natural para ellos. –Continuó haciendo caso omiso a su comentario con ligero tono de reproche. Aunque no lo necesitara tras ser una forma espectral, estaba sentada también en la cama mirándola fijamente. –Un coma es muy relativo para un humano, pero para un monstruo, una "caída" significa el fin.

-Supongo que les hice sufrir a muchos por eso. –Comentó Frisk pensando en sus padres y en sus amigos, recordando el mar de lágrimas que la había bombardeado tras verla despierta en días de segura angustia. Se sentía mal hija por haberles hecho pasar ese malestar una vez más. –No estoy acostumbrada a tanta atención, es todo.

Se dejó caer hacia su almohada para recostarse un rato mientras seguía tratando de procesar la poca pero impactante información obtenida en esos días. Después de que sus padres se hubieran calmado de verla por fin levantada, con alegría supo que había quedado en el olvido la separación de los reyes sin siquiera haber dicho la intención públicamente en primer lugar. Era una excelente noticia con la cual despertar, y aún más ahora que sabían de la existencia de Chara junto con ella para por fin ser una familia completa, pero tal fue su decepción tras pasar los días al percatarse de la brecha un tanto vigente entre los reyes. Tal vez fuera porque ya los conocía demasiado bien en individual o porque no sabían actuar ante ella, pero era muy obvio para ella que estaban fingiendo estar bien entre ellos en su presencia. Aunque hubiera buenas intenciones de por medio y era uno de sus grandes deseos en un principio, verlo por fin realizado no le causaba la satisfacción deseada.

Estaban por fin juntos, sí, pero no eran felices. No quería que su familia estuviese así de unida sólo por sentirse comprometidos por sus ahora hijas. Ver cómo había terminado la situación le generaba un malestar culposo, pero estaba segura de que podía solucionar las cosas una vez que pusiera un pie fuera de ese laboratorio.

Tomó su celular situado en la mesita que le habían dejado a lado de su cama y revisó una vez más el contenido. Siempre le hacían reír los comentarios que su madre le mandaba cada quince minutos mientras no pudiera verla por sus asuntos a retomar como reina, a su vez que le era agradable el contenido que le mandaba Undyne y su padre que también por ocupaciones laborales casi no habían podido ir a verla salvo una vez. Alphys procuraba convivir con ella después de que le hiciera algunos análisis, pero tras saber de la existencia de la primera humana caída junto con ella parecía sentirse algo incómoda en presencia y terminaba retirándose. Flowey era quien más permanecía con ellas, pero había veces en las que sentía que la ponían a un lado mientras ellos dos conversaban de una forma bastante brusca para su gusto. Frisk no comentaba nada al respecto al entender que tenían muchos años qué reponer ahora que se habían vuelto a reunir de algún modo, pero no quitaba el hecho de sentirse incomodada.

Pero lo que más le extrañaba era el hecho de no saber casi nada de los hermanos esqueletos. A diferencia de los demás que la habían visitado por lo menos una vez, Papyrus no había hecho ningún acto de presencia en ningún momento ni contestado sus mensajes. A Sans sólo lo había visto la vez que había despertado y le había desconcertado verlo tan preocupado por ella al grado de abrazarla casi de inmediato, pero aun con lo raro que había sido tal arrebato de parte del esqueleto, no podía evitar estar feliz por tal acción suya. No sólo significaba todo un alivio verlo bien, sino que también implicaba que por fin las cosas entre ellos estaban arregladas.

Ya no más dudas ni cuestionamientos, por fin existía la confianza mutua. Aun con todo lo que había hecho la perdonaba. En verdad la veía como una amiga y no como una amenaza. Sabía que para mantener eso le debía respuestas que no le serían agradables de revelar, pero contar realmente con él la llenaba de determinación.

Claro… si tan sólo tuviera la consideración de contestarle sus mensajes. Seguramente el muy flojo ni siquiera se dignaba a eso. Suspirando imaginándose cualquier escenario que ameritara su conocida pereza, no pudo evitar reírse de eso.

-¿De aburrida a feliz de la nada? –Comentó Chara tras soltar una leve risa que rápidamente trató de ahogar sin éxito. –Tú sí que estás loca.

-Mira quien habla. –La señaló con aire divertido mientas levantaba su cabeza para verla.

-Estas son tus emociones, no mías. –Se excusó sonriendo levemente, casi como si quisiera evitarlo. –Si tu cabeza era un lío, tu corazón lo es mucho peor.

-Yo creo que te ves muy agradable ahora. –Se levantó tras un deje de curiosidad que le estaba dando la plática entre ellas. Aun cuando Chara estaba con ella de forma más apaciguada, era más que consciente de que lo hacía por no tener otra alternativa por lo pronto.

-Sólo te estás creando una ilusión sobre mí a tu conveniencia. –El que fuese tan directa con un tono cálido, hacía demasiada extraña la conversación. –Esta eres tú, no yo. Y te apuesto que "agradable" no sería un adjetivo para describirte.

-Entonces si te vez bonita riendo, yo me he de ver hermosa justo ahora.

Posó coquetamente en su cama aguantándose las ganas de reír tras su jugarreta. Sabía que realmente su apariencia era muy desalineada tras no permitirse arreglarse con tanto monitoreo sobre ella, pero no le importaba si de igual forma sólo Alphys y su madre la veían así. Tan sólo andaba medio vestida teniendo puesto su pantalón color lila y una playera que usaba como pijama. Chara sólo se giró dándole la espalda mientras se abrazaba el estómago conteniéndose a toda costa.

-Me quiero morir…

-¿Otra vez?

-Cállate y déjame lamentarme a gusto.

Frisk soltó una gran carcajada con eso. Aun no entendía del todo, pero aunque Chara estuviera en lo cierto sobre que sólo era el eco de sus mismas emociones, estaba más que dispuesta a hacerla realmente feliz al igual que toda su familia. Sin importar cuánto se tardara, vería la forma de que Chara tuviese sus propias emociones al igual que Flowey, tenía esa promesa personal por cumplir a toda costa.

-Veo que despertaste de mejor humor, eso es bueno. –Alphys pasó portando una charola con comida, mientras que Flowey estaba enredado en uno de sus brazos observándola desinteresadamente. –Lamento que me haya tardado en traerte el desayuno, las indicaciones de Toriel para prepararte cada comida son muy específicas.

-Descuida. –Se acomodó de mejor forma y recibió la charola gustosa. –Mamá quiere que coma lo más sano posible para "recuperarme". Pero en verdad ya estoy bien.

-Perdiste demasiada sangre, Frisk… fue aterrador para nosotros verte en tal estado.

Frisk mantuvo al aire el tenedor que había tomado para comenzar a comer tras el malestar que le generaba eso. Alphys le había explicado que Sans la había llevado cargando en busca de curarle las heridas de inmediato, pero que la magia tiene limitantes en cuanto a salud tras varias diferencias que tienen los componentes entre ambas especies, de lo cual la sangre es una de las cosas que para nada ellos pueden generar. Tras lo raro que le había sido saber eso y preguntar sobre cómo lo habían solucionado, fue sorprendente (y a la vez algo terrorífico) saber que se contaba con suministros de sangre que había sido más que milagro que fuese compatible con ella, pero no quitó el hecho de que fuese muy extraño que Alphys contara con eso sin siquiera saberlo ella misma. Frisk le había preguntado a Chara si sabía algo al respecto, pero ella retiró palabra alguna por un gran rato hasta que Flowey había regresado para conversar con ellas, asumiendo así que era un asunto que no pensaba explicarle como muchos otros que se negaba a contarle.

Al ser su ahora mayor compañía en esos días, Frisk había intentado poder conocer más a fondo a la huésped de su corazón con la esperanza de que ahora se ablandaría más con ella, pero aunque se le viera de mejor humor en respuesta a su misma esperanza, Chara fue más que directa diciéndole que no eran asuntos suyos y que la dejara en paz por conveniencia de ambas. La embajadora entendió que no sería tan fácil tener confianza entre ellas tras todo lo vivido, pero le fue un tanto decepcionante que se negara rotundamente a llevarse bien entre ellas. ¿Y la llamaba a ella terca?

Simplemente no le era justo. Ella había estado husmeando en su mente sin permiso ¿Y no le compartiría sus cosas con ella? Agradecía al menos que ahora podía pensar con libertad sin que la tuviese como juez dentro de su cabeza como una mala conciencia o le generara visiones nada gratas, pero ahora tenía el inconveniente de tener que controlar algunas de sus emociones con tal de mantenerla pacífica. No entendía cómo era que se había generado tal situación con el simple hecho de ingresarla en su corazón, pero a su perspectiva era una mejora de la situación de momento. Ya luego vería como resolverlo al igual que la gran lista que tenía de pendientes.

-Lamento haberlos asustado. –No supo qué más decir tras el incómodo silencio.

-Ya pasó y eso es lo importante. –Le sonrió la científica para calmarla. –Me avergüenza admitirlo, pero… no pude evitar sentir emoción por tener la oportunidad de experimentar sobre la salud humana. Tan sólo tenía el conocimiento de investigación y… que bueno que no estuve equivocada al momento de la práctica de urgencia, aunque aun no comprendo mucho sobre la situación "caída" en los humanos.

-En nuestro caso se le conoce como "coma". –Aclaró tras por fin dar un bocado. –Y tiende a ser muy variable dependiendo de la situación.

-¿Qué tan variable? –Sacó una libreta del bolsillo de su bata y una pluma.

-Puede durar desde unas horas… hasta una vida. –Sonrió con algo de pena, sabiendo que no era un tema nada agradable para cualquier monstruo. –Si bien se permanece con vida, la pérdida de conciencia no lo hace nada gratificante.

-Los humanos sí que son interesantes. Sin importar como, pueden seguir viviendo.

-No creo que a eso se le pueda llamar vida. Permanecer en cama… sin poder hacer nada por tu cuenta…

-Sé a lo que quieres llegar, Frisk, pero es por tu propio bien. –Dejó de apuntar mientras le sonreía algo divertida por su comportamiento. Le agradaba ver que pese a todo, su humor seguía intacto. –No son sólo órdenes de tus padres, sino también mía como tu único médico personal.

-¡Pero estoy muy aburrida!

-Pero si has estado leyendo. Te gusta mucho la lectura ¿no?

-No si es el mismo libro. –Tomó el libro que tenía a su costado y se lo enseñó con algo de exasperación. –Además, es un cuento para niños. ¿Por qué me dejaste este libro en particular?

-Oh… no fui yo. Creí que… –Alphys se acomodó los lentes como si con ello viera mejor el título del libro, pero tras unos segundos su cara de extrañeza pasó a una demasiado emocionada en cuestión de segundos. – ¡E-es el libro que te dejó Sans!

-¿Sans me dejó este libro? ¿Cuándo? –Bajó el libro para ver su cubierta nuevamente pese a sabérsela de memoria con todo y sus detalles que evidenciaba qué tan viejo y usado era. –No ha venido a verme, ni siquiera contestado mis mensajes, ¿Pero me dejó un libro sin que yo me enterara?

-Eeh… cuando estabas cai… en coma. –Aclaró de inmediato pese a no acostumbrarse todavía al término adecuado. –Venía a verte todos los días mientras no despertabas.

Alphys se había pegado demasiado a ella con emoción que la humana tuvo que retroceder un poco mientras se sentía un poco incómoda. Miró de reojo a Chara con la intención de que le explicara algo que ameritara tal emoción mientras ella había estado inconsciente, pero ella seguía dando la espalda pese a que estuviera Flowey presente. Ese comportamiento suyo no era nada amistoso, pero supuso que era su forma de decir que no le interesaba lo que estuviera pasando o que no se entrometería en algo que no venía siendo asunto suyo.

Prestando más atención a las palabras de su amiga, el hecho de que Sans hubiera estado atento y preocupado por ella todos los días que permaneció inconsciente explicaba por qué había sido el primero en ver al despertar, por lo que se imaginó que había estado en un terrible estado en esos días como para que quisiera verla diario en la angustia de si despertaría o no. Haciendo a un lado la culpa de haberle hecho preocuparse, no pudo evitar sentirse feliz… hasta que hizo consciencia del objeto en particular que le había dejado. ¿Un libro de cuentos? ¿En verdad seguía viéndola como una niña? No pudo evitar suspirar de frustración ante eso.

-¿Y ahora que ya desperté soy menos interesante? –Aventuró un poco alzando la ceja de forma interrogativa.

-¿Qué? ¡No! –La decepción en sus ojos fue notoria, pero rápidamente se repuso separándose de ella. –Solo… muchos de nosotros hemos estado ocupados estos días.

-Eso lo entiendo muy bien, lo comprendo perfectamente. –Comentó tranquila mientras retomaba su comida antes de que se enfriara. –Pero el que no contesten varios de mis mensajes me hace sentir que me están evitando, es solo eso.

Alphys había abierto la boca para decir algo, pero rápidamente la cerró mientras desviaba la mirada sudando levemente. Flowey quien había permanecido en silencio todo el rato observando todo desde el brazo de la científica, rodó los ojos y ahora fue él quien se acercó a la humana con semblante indiferente.

-Creí que te quejabas por tener demasiada atención sobre ti ¿Y ahora te quejas por no tenerla?

-Fo no fife efo. –Contestó Frisk rápidamente con la boca llena, pero al pasarlo con prisa aclaró su garganta antes de continuar. –Yo no dije eso.

-Si lo has dicho, todo el tiempo. –Gruñó mientras se pegaba más a ella con tal de hacerla retroceder y concentrarla únicamente en él. – Por una vez en tu vida has caso a una indicación y punto.

Tras dicho eso, Flowey jaló el brazo del que estaba sujeto y obligó a Alphys moverse pese a estarse disculpando en el trayecto. Frisk simplemente les sonrió y continuó comiendo tranquilamente, pero no podía dejar de pensar en que realmente le estaban ocultando algo. ¿O acaso era que no sabían reaccionar ante un malestar humano? Dada la poca experiencia que tenían podía comprenderlo. Ni ella sabía sobre su cuerpo como para poder dar con una respuesta certera y eso que ella misma era una humana.

Razón que ameritaba aún más que tuviera que estudiar. Había mucho que había dejado en pausa y más le valía ponerse al corriente.

Conforme pasaron las horas dando vueltas en su cama y releyendo por enésima vez el cuento que tenía consigo, intentó volver a entablar conversación con Chara, pero se había apartado lo más que podía para que la dejara en paz. Fue así como descubrieron en ese momento que no podía hacerlo más allá de tres metros, por lo que la primera humana refunfuñó y optó por darle la espalda como si eso solucionara su problema.

Tras tal derrota de su insistencia, tomó de nuevo su celular y se dispuso a revisar lo que publicaban sus amigos en la Undernet estando acostada, pero para su mala suerte parecía que su sistema se había caído. Lamentándolo en silencio, se puso a revisar viejos mensajes con tal de entretenerse, pero tras darse cuenta de algo en ellos, la hizo levantarse de golpe mirando con demasiada atención la pantalla.

-¿Ya estamos en septiembre?

-Desde hace varios días. –Contestó Chara volteándose para ver qué había sido lo que la tenía en tal asombro. –Hace días que se cumplió un año más desde mi caída aquí.

-Hace días que cumplí años. –Comentó si despegar su vista del teléfono viendo todavía las fechas de los mensajes. –El 15 para ser precisos… Pasé mi cumpleaños estando inconsciente, que mal.

-¿El 15? ¿Enserio? –La interrogó conforme se acercaba a ella nuevamente, fingiendo sentarse en la orilla de la cama en la que estaba pese a no necesitar hacerlo. –Qué desagradable saber eso.

-¿Estuviste en mi cabeza y no supiste cuándo cumplía años? –Apartó la mirada del aparato y la vio con un deje sentimental.

-No era un dato que me importara. Y sigue sin importarme.

-Bueno, no sé si realmente sea mi verdadero cumpleaños, pero es la fecha con la que me registraron las monjas. –Hizo caso omiso a su comentario. –Vaya, ahora tengo diecisiete años… que raro se siente.

-¿Estar cerca de la edad adulta y seguir comportándote como niña? ¿O el que sigas todavía respirando tras tantos años de malas decisiones?

-Cumplir años simplemente. –Respondió nuevamente haciendo caso omiso a sus comentarios despectivos. Más le valía acostumbrarse mientras la tuviera consigo. –Sin importar que reiniciara yo seguía creciendo, pero… es la primera vez que realmente lo siento de verdad.

-¿Y eso es importante porque…? –Aventuró Chara mientras giraba sus ojos con cierta apatía.

-¿Envidiosa de que yo sí puedo seguir cumpliendo años? –Le contestó su majadería con algo de gracia. –Mejor dime cuándo viene siendo tu cumpleaños.

-Ya te dije que no pienso decirte nada mío. –Sonrió en respuesta a la sonrisa de Frisk, pero claramente no era sincera a comparación. –Enfócate en tus propios asuntos, que ya de por si los acumulas por gusto.

-Vamos, aunque sea dime algo tuyo. Es lo justo.

-¿Hablando sola para matar el aburrimiento?

Ambas se voltearon hacia el lugar de donde había provenido la voz de la nada, cuyo esqueleto recargado en la pared sonriendo era suficiente respuesta para determinar por qué no lo habían visto venir antes. Frisk sonrió instintivamente de por fin verlo, como si hubiese sido un sueño que realmente estuviera bien tras fatídica batalla en el pasillo del castillo aunque no lo admitiese a nadie. Pero al igual que la vez que había despertado y visto, se encontraba sin su habitual sudadera azulada y únicamente con una playera blanca roída a simple vista y su característico pantalón corto negro junto con sus pantuflas. ¿Por qué no llevaba su prenda característica?

-Si me visitaras o contestaras mis mensajes no estaría tan aburrida. –Contestó cruzándose de brazos fingiendo indignación.

-¿Extrañando mis chistes, acaso?

-Extrañándote a ti. –Le guiñó el ojo coquetamente.

Sans soltó una tenue risa con su jugarreta de siempre, pero internamente estaba gritando. Ya de por sí la tenía difícil en su decisión de no hacer nada en cuanto a sus verdaderos sentimientos, que la humana siguiera comportándose así se la complicaba bastante. ¿Por qué de todos los seres existentes le atraía alguien que coqueteaba como si de respirar se tratase?

-Hay alguien que también te extraña, pero digamos que se le ha complicado verte. –Cambió de tema queriendo llegar al punto de inmediato, antes de que no pudiera controlarse.

-¿Papyrus? –Preguntó entendiendo a la primera. –Tampoco ha contestado mis mensajes.

-Puede que sea porque no puede tener su celular consigo.

-¿Se le descompuso o algo?

- No, es porque no puede tener el celular mientras esté preso.

-¡¿Queeeeee?!

La noticia le hizo levantarse de golpe de la cama con el terrible impulso de salir corriendo del lugar. ¿Papyrus preso? ¿Quién en su sano juicio determinaría que él hiciera algo malo? Además ¿Había una prisión en el subsuelo? No se imaginaba a Asgore teniendo la voluntad de crear algo así en el reino.

-¿Cómo…? ¿Porqué….? ¿Qué…? –No sabía ni cómo terminar sus múltiples preguntas tras la desesperación.

-Tranquila y siéntate de nuevo. –Sans hizo un ademán con ambas manos indicándole que se calmara, pero su sonrisa no era la habitual, lo que le indicaba que estaba igual o más preocupado de lo que aparentaba. –Es una larga historia, pero sólo tú puedes ayudarme en convencerlo de salir.

-¿Papyrus fue quien se metió ahí? –Le extrañó tal información y siguió sin sentarse. Realmente quería salir corriendo del lugar.

-Veras… tras lo ocurrido con la parásito….

-Ese hijo de…

-Se llama Chara. –Le recordó a Sans nuevamente interrumpiendo de alguna forma la grosería, aunque sabía que era caso innecesario tras no poder escucharla salvo ella.

-… Asgore mandó a encerrarme mientras no despertaras al no ser fácil de creer que yo no había querido lastimarte por cuenta propia. –Continuó hablando sin importarle, pero lo cierto era que hizo demasiado énfasis sobre no querer lastimarla como si necesitara darlo a entender. –Papyrus pidió tomar mi lugar en eso… y ahora que ya despertaste y se comprobó que lo que decía era cierto ya no tiene por qué estar en el calabozo, pero él insiste en que debe seguir ahí sin importar lo que le digamos.

-¿No quiere salir? –Preguntó sin poder creerlo todavía.

-Undyne trató de sacarlo por la fuerza, literalmente hablando. –Se encogió nuevamente de hombros con cierto pesar reflejado. –Pero sin importar eso ni lo que yo le diga… insiste en que debe permanecer ahí todavía.

No queriendo escuchar más tras considerar que no era necesario, se dispuso a ir por sus prendas que le habían dejado dobladas en otra cama. No las había revisado en su momento al considerar que no las necesitaba si de igual forma no la visitaban, pero ahora que las veía directamente, para su pesar se trataba de su suéter viejo con rayas. Aunque le tuviera cierto cariño y fuera de lo más cómodo, ya no le agradaba tener que ponérselo si con ello Sans la seguía viendo como niña a como le había indicado la vez de la cita desastrosa de sus padres.

Pero no era momento para pensamientos absurdos, se decía internamente. Tenía algo mucho más importante por ver ahora. Se lo puso con prisa al igual que sus desgastadas botas color marrón y acto seguido acomodó su enmarañado cabello con los dedos sin éxito alguno.

-Estoy lista, vámonos.

La seriedad con la que lo había dicho hizo que el esqueleto sonriera complacido. No sólo le había atinado a su reacción, sino que realmente había contado con eso. Sin necesidad de decir nada, extendió su mano y tras responder al gesto desaparecieron del lugar inmediatamente. Ambos sabían que no era correcto tras las indicaciones, pero ambos coincidían en que no cabía de importancia tras algo más urgente.

Además ¿quién podría detener a la chica determinada una vez que tenía algo en mente?

Sans soltó su mano en cuanto aparecieron en el lugar, el cual le pareció a la humana muy raro que fuese lo que en primera instancia parecía el inicio de un largo pasillo por recorrer una vez que el esqueleto abriera una puerta sin esfuerzo alguno y la cerrara con sus propias manos en vez de usar su magia como habitualmente lo hacía tras la flojera de siquiera moverse.

-¿Dónde estamos? –Preguntó algo extrañada por el lugar hasta que poco a poco reconoció las piedras. – ¿Estamos en las ruinas?

-No, estamos en el castillo, pero entiendo la confusión. –Rio levemente observando el empedrado púrpura igualmente. – Andando, que puede que no tengamos mucho tiempo.

Sin nada más que decir, comenzó a caminar hacia lo que parecía un túnel subterráneo que jamás había visto en el castillo. Frisk quedó estática por un momento aun contemplando el entorno con aire bastante familiar pese a ser algo nuevo por contemplar. Para ser un prisión no se veía diferente a lo que conocía del reino, casi como si fuese un escenario reciclado salvo por algunos detalles como las linternas que iluminaban con fuego mágico el lugar. Chara le seguía flotando manteniendo sus manos en su nuca y estando en total silencio. Parecía que el lugar si le era conocido a diferencia suya.

-¿Por qué no nos llevaste al lugar preciso? –Lo siguió cada vez más confusa con su comportamiento. Sólo había sido una vez que la había puesto a caminar en vez de dar con el punto fijo con el fin de conversar seriamente con ella, y eso era un recuerdo nada grato para ella.

-¿Tampoco con ganas de caminar? Te entiendo perfectamente. –Se burló con su característica sonrisa mientras seguía caminando. –Pero lamentablemente no puedo, este lugar tiene las mismas características rúnicas con tal de brindar protección y retención al igual que tu otro hogar. Creí que ya habías estudiado de eso, nerd.

-Aun no veo las clasificaciones de la magia, sigo viendo historia de los monstruos. –Se disculpó por su ignorancia pese a que no tenía que hacerlo, a su vez que recordaba la vez en la que habían tocado el tema con el mismo esqueleto. Pero tras varios minutos después caminando con paso prisa, Frisk se percató de algo tras seguir viendo el patrón empedrado que constantemente se repetía conforme andaban. –Si tú no puedes teletransportarte por este tipo de runas ¿Cómo fue que estuviste en mi habitación de las ruinas aquella noche?

Sans se detuvo paralizado mientras trataba de controlar el leve tono azulado que se asomaba en su cráneo. Ese recuerdo no era precisamente grato para él.

-Eehh… Cuando abrieron la puerta, oficialmente se le considera como una abertura. Las runas funcionan sólo si tienen un patrón completo. –Explicó desviando la mirada con tal de no verse notorio, pero su incomodidad era más que suficiente para que la humana quisiera verlo directamente ante la curiosidad de tal comportamiento. –Por lo que la magia protectora se reduce y así pude ingresar con facilidad.

-Y fue así como estuviste en mi habitación esperándome mientras me bañaba. –Recordó con más gracia. –Qué bueno que me cambié en el baño, que si no creo que me habrías visto des…

-¡P-por favor, sólo continuemos! –Interrumpió con urgencia y dio paso aprisa como si quisiera estar lo suficientemente apartado de la embajadora antes de que no pudiese controlarse. Estaba sudando demasiado pese a que no hacía nada de calor en aquel lugar.

Frisk se apresuró igualmente al tener en cuenta la importancia de su presencia en el lugar. Si tal y como le decía Sans sobre el lugar, significaba que habría algunos guardias que tendrían que afrontar para pasar. El esqueleto no era problema si él tenía acceso a la celda de su hermano para visitarlo en varias horas, sino que ella al suponerse que estaba hospitalizada rápidamente se correría la voz de su estadía en el lugar y no quería regaños justificados de sus padres. Aunque no quisiera admitirlo, consideraba mucho más importante ver a su guardaespaldas que afrontar unos cuantos regaños de los reyes.

Llegando a la entrada del calabozo pudieron contemplar a los dos guardias situados en cada lado con un semblante un tanto aburrido. Hasta que los dos estuvieron a demasiada cercanía con ellos, los monstruos cambiaron su semblante a una de asombro ante la presencia de la humana.

-¡Lady Frisk! –Exclamó uno de los guardias cuya cola que sobresalía de su armadura le indicaba que se trataba de un lobo. –E-es un honor poder verla aquí.

-Sólo Frisk, por favor. –Pidió algo cohibida con tal recibimiento. Los guardias se habían inclinado demasiado exagerado para su gusto. Nunca se acostumbraría a tales cosas sobre su persona y no deseaba hacerlo tampoco. –Queremos ir a ver a Papyrus.

-Pero la hora de visitas está por acabar en…

-¿Qué no vez que se trata de la princesa? ¡Ella puede hacer lo que quiera!

-Ehhh… no soy… –Frisk no pudo evitar cohibirse aún más con eso, pero al ser su voz cada vez más baja no la escucharon.

-No es una princesa, Ermie, sólo es la hija de los reyes.

-¡Eso la hace princesa, Jack!

Mientras discutían si sobre ella se trataba de una princesa o no, Frisk se sentía mal de que le consideraran una si el matrimonio de los reyes había continuado sin necesidad de aceptar tal cargo. Había dejado más que claro que ella no quería gobernarlos ni dirigirlos, sino ayudarles y servirles por el bien de todo el reino. Toda su preparación y entrega era para el bienestar de todos, para ser la voz que necesitarán una vez que estén en la superficie, pero no como una soberana cuyo cargo no le correspondía en ningún modo. Además, no podía olvidar las protestas que hubo en la reunión tras mencionarse siquiera que la habían considerado para tal cargo de la realeza. No quería conflictos de ningún modo por cosas así, sólo quería ser feliz con su familia… una que estaba fragmentada pese a estar en un solo punto ahora.

Sans la tomó de su hombro desconcertándola de sus pensamientos turbios y con un dedo sobre su sonrisa le pidió estar en silencio para luego apuntar hacia la puerta ahora sin vigilancia. Frisk asintió con la cabeza entendiendo el mensaje y le siguió tratando de no emitir ningún ruido que les llamara la atención tras extraña discusión que se estaba formando ese par. La puerta la abrieron con cuidado sin necesidad de una llave y volvieron a cerrarla una vez dentro.

Para sorpresa de Frisk, el lugar no le parecía nada mal para lo que se suponía que venía siendo un calabozo. Las celdas que estaban recorriendo se veían completamente vacías y con rejas de madera maciza, pero a vista previa parecían muy acogedoras con excelentes arreglos florales que hicieron que la humana sonriera sabiendo quién era el causante de tal precioso gesto. Su padre sí que se esmeraba en que todos estuvieran bien, fueran buenos o malos.

Pero si algo tenía más que claro, era que el integrante de la última celda no era para nada malo, sino que se trataba del ser más puro que el mundo entero pudiera conocer.

-¡Papyrus!

Exclamó con urgencia en cuanto estuvo cerca corriendo hacia el lugar y separándose de Sans para contemplar a su amigo esperando lo peor, sin embargo el mencionado se giró a verla asombrado de su presencia. Papyrus se había encontrado sentado en una cama muy cómoda a simple vista con grandes colchas coloridas, mientras que el lugar en el que se encontraba además de algunos arreglos florales había uno que otro cartel con mensajes positivos y una pintura que trataba de asemejar a una ventana con un bello paisaje.

-¡HUMANA! ¡ME ALEGRA VERTE! –Se paró para ir corriendo hacia ella y así pudo contemplar con claridad que portaba una especie de pijama azulada junto con su característica bufanda roja. Tomó sus manos ante la obstrucción de las bardas de madera. –YO SABÍA QUE ESTARÍAS BIEN.

-¿Y por qué es que sigues en este lugar? –Preguntó sin querer entrar a rodeos sabiendo que no contaba con tanto tiempo. –Me dijeron que insistes en querer quedarte aquí.

El esqueleto desvió la mirada un tanto avergonzado y acto seguido contempló a su hermano que recién había llegado con ellos dado sus pasos lentos. Con la mirada parecía que se estaban comunicando un leve reproche mientras que Sans le contestaba encogiéndose de hombros como si con ello se librara de toda culpa. Tras un conjunto de miradas comunicativas, Sans nuevamente se encogió de hombros y se giró para retirarse lentamente.

Frisk no entendía realmente qué estaba pasando, pero le daba la impresión de que el hermano menor había pedido que los dejaran a solas. En cuando Sans dio una vuelta para las otras celdas y ya no estuviera a la vista, Papyrus se giró hacia la humana.

-YO… DEBO DE ESTAR AQUÍ.

-No, no debes. Nunca debiste estarlo. –Comentó preocupada de que siquiera lo estuviera considerando. –Ya desperté, estoy bien. Todo está bien.

-NO LO ESTUVISTE, TU… ESTUVISTE MUY CERCA DE MORIR. –Aun teniendo sus manos sujetas, la humana pudo sentir que las suyas temblaban ante una impotencia que nunca había visto en él antes. –SI NO HUBIERA SIDO POR SANS…

Ahora comprendía más del porque realmente su guardaespaldas sentía que se merecía estar encerrado, razón que le hizo girarse abruptamente hacia Chara, la cual estaba lo más apartada que podía estar de ellos mientras les daba la espalda tras no ser su asunto, pero estaba más que segura de que estaba atenta a cada palabra en reflejo de su propia curiosidad. No pudo evitar molestarse con ella por haberle hecho sentir de esa forma a Papyrus en busca de obligarle a resetear.

-Fuiste por mí y ayudaste bastante, Papyrus. –Inició en búsqueda de hacerle sentir mejor. –Sans habría muerto de no ser por ti.

-¡PERO NO FUE POR INICIATIVA PROPIA! SÓLO FUI EN BUSCA DE PONCHE Y CUANDO VI TODO… SOLO HICE LO QUE ME QUEDABA POR HACER.

-Y actuaste del modo correcto. –Insistió con exasperación. –Como sea que se hayan presentado las cosas, gracias a ti hubo la esperanza de que se salvara todo.

-TIENES RAZÓN, HUMANA, SOY ESTÚPIDO.

-¡Yo jamás te he dicho así! –Se alarmó de que pensara tan mal de sí mismo, cuando siempre creía en el por encima de todo. –Papyrus, tú…

-NO ME REFERÍA A TI, SINO A LA OTRA HUMANA.

Anonadada al ver cómo apuntaba hacia la pared en la que estaba recargada Chara, la mencionada se giró igualmente sorprendida de que la introdujeran en la plática de forma tan directa. Siguió sin acercarse en espera de alguna otra señal que confirmara que la estaba realmente viendo, pero la mirada del esqueleto en el lugar preciso era más que suficiente para Frisk para confirmarlo.

-¿También puede verme?

-¿Puedes verla?

-ES MÁS… PÁLIDA QUE CUALQUIER COSA SÓLIDA, PERO… SI, PUEDO VERLA. –Contestó Papyrus calmándose un poco. –ERES LA AMIGA DE FLOWEY ¿CIERTO?

Chara sólo arqueó las cejas a modo de respuesta, mas no quiso emplear palabra alguna por largo rato mientras le inspeccionaba con la mirada, como si buscara algo más allá de lo que mostraba en apariencia. Tras un rato de silencio incómodo, la primera humana dejó de tener los brazos cruzados y comenzó a hacer unas mímicas con sus manos de lo más raro en ella. Frisk no entendía nada, pero por las expresiones de su guardaespaldas se trataban de palabras que sólo entre ellos podían entender ¿Desde cuándo Chara sabía la lengua de señas? ¿Desde cuándo Papyrus sabía algo así? ¿De qué se estaba perdiendo?

-¿Qué le estás diciendo?

-No es de tu incumbencia. –Le contestó sin siquiera dignarse a mirarla.

-Si lo es.

Se molestó Frisk al grado de no poder ocultarlo en su voz. No quería recordarle que la razón por la cual estaba Papyrus así era por la intromisión que había hecho ella arruinando lo que le había costado construir, pero aunque la primera humana no estuviese en su mente para saber exactamente lo que pensaba, tal parecía que sus emociones le eran suficientes para que supiera de antemano qué le estaba irritando.

-Hacer berrinche solo demostraría una vez más lo inmadura que eres. –Se giró a verla con una expresión sombría, como si no le hubiese gustado que le interrumpieran. –Si quieres que te dejen de tratar como niña, comienza a comportarte como adulto.

-Yo no…

-A mí no me importan los sentimientos de nadie. –La interrumpió con prisa. –Pero por desgracia para mí en esta situación, a ti sí te importan. Así que si realmente lo consideras tu amigo, más te vale ser sincera con él, o de lo contrario te estarías contradiciendo sobre si confías en su amistad o no.

Dicho eso dejó de mover sus manos y las cruzó nuevamente mientras se regresaba a la pared en la que había estado recargada dando la espalda. Fuera lo que fuera que le había dicho, parecía que no había sido algo agradable si el esqueleto había bajado la mirada y se dejó caer de rodillas estando casi a la misma altura de la humana que ahora lo miraba asustada.

-TIENE RAZÓN, NO ME LO TOMÉ CON SERIEDAD, ¿QUÉ CLASE DE GUARDAESPALDAS FUI?

-Eres el mejor, Papyrus. ¿Por qué crees que no se lo pedí a nadie más salvo a ti?

-PORQUE QUERÍAS CUMPLIRME MI SUEÑO DE PERTENECER A LA GUARDIA REAL. –Sus ojos comenzaron a soltar silenciosas lágrimas. –QUISISTE AYUDARME… PERO LO CIERTO ES QUE NO ME LO MEREZCO. POR ESO ES QUE UNDYNE NUNCA ME LO PERMITIÓ… Y FUI MUY TONTO PARA NO VERLO.

Frisk no supo qué decir con ello y se dejó caer igualmente sosteniendo las gradas con culpa. No le agradaba el hecho de que Chara una vez más le dijera tales cosas, pero que Papyrus lo viera de tal modo le daba a entender que había comprendido por vez primera por qué se le había negado por mucho tiempo el puesto que tanto había ansiado. Por supuesto, era un monstruo muy fuerte y astuto, pudo verlo en la batalla en el pasillo cuya destreza salvó lo suficiente la situación, pero su esencia era tan pura… que eso también fue la razón por la cual no pudo detener todo. Tal vez si hubiera pedido refuerzos o avisado a alguien más… por supuesto habría complicado ciertas cosas en cuanto a su persona que debía de aclarar, pero también habría sido lo más óptimo y le dolía admitirlo.

Pero lo hecho, hecho estaba, y más les valía a ambos seguir adelante con eso. Tenía razón Chara, tenía que ser sincera por mucho que le doliera.

-Papyrus… no te elegí solamente porque quería ayudarte en cumplir tu sueño. –Comenzó a hablar en voz baja como si no quisiera que nadie más le escuchara pese a ser un caso en vano. –Sino porque eres el único que entendería la importancia de la misión que tengo. Cualquier guardia habría entrado en violencia, pero tú entiendes mejor que nadie que todos necesitamos ser escuchados. Salvar toda situación de forma pacífica.

El esqueleto levantó la mirada un tanto sorprendido, aunque seguía llorando levemente.

-Aunque también debo de admitir… que fue porque cualquier otro no me dejaría en libertad de moverme. –Ahora fue Frisk quien bajó la mirada arrepentida. –No estoy acostumbrada a tantos cuidados sobre mí, pero si hubiera sido más cuidadosa y seguido todo protocolo, nada de eso habría pasado. Así que no es tu culpa que me hayan hecho daño, fui yo por no darle la importancia.

-TODOS SABEMOS QUE ERES ASÍ HUMANA, COMPRENDEMOS QUE NO TE SEA TAN FÁCIL CONFIAR SI ANTES NO TENÍAS RAZONES PARA HACERLO. –Papyrus puso una mano en su cabeza por un momento para acariciarla y la retiró casi de inmediato como si la hubiera tocado con culpa, cosa que hizo que la embajadora levantara la mirada estupefacta por sus palabras. –Y AUN CON LO DIFÍCIL QUE ES GANARSE TAL CONFIANZA… TU CONFIASTE EN MI… Y TE LO AGRADEZCO, PERO AUN ASÍ NO PUDE SALVARTE.

-Tú no hiciste nada malo, Papyrus. –Desvió nuevamente la mirada, sintiéndose más y más incómoda con la situación. Se suponía que venía para convencerlo de salir de la prisión y ahora sentía que ella misma debía de tomar su lugar por haberle dado una carga que sólo le correspondía a ella. –Soy yo quien le falló a todos.

No había otras palabras que pudieran resumir toda la situación. La culpa de todos los malestares era a causa de lo que había provocado. Pero no había marcha atrás, más le valía reparar todo el desastre que había dejado con sus acciones antes de que otros como Papyrus o sus padres sufrieran las consecuencias de no haber afrontado la vida como debía de hacerlo. Tal vez Sans tenía razón en seguir tratándola como niña, tal vez tenía razón Chara en su inmadurez, pero ya no más se permitiría esa clase de errores.

Se los debía a todos. Y el pensar siempre en el bienestar de sus seres queridos la llenaba de determinación.

-HUMANA… ¿PUEDES RESPONDERME ALGO?

-Lo que quieras Papyrus.

-¿CUÁNTAS VECES… REPETISTE ESTE TIEMPO?

La pregunta la desconcertó de tal manera que abrió los ojos con fuerza que se lastimó por un breve momento. Había olvidado que durante la batalla, Chara le había tratado de provocar y debilitar revelándole tal información comprometedora. Por lo que temerosa de una reacción negativa de su amigo, se rehusaba a verlo directamente mientras en sus adentros maldecía a la humana que tenía atada en su corazón con tal de salvarla cuando le estaba provocando más problemas. Tal y como se había dicho, no había vuelta atrás en cuanto a eso, pero no podía evitar sentirse asustada.

De alguna forma se había acostumbrado a que Sans lo supiera y actuara a su conveniencia en tiempos remotos, pero el que Papyrus fuese otro… simplemente no sabía que pensar al respecto que no fuera con miedo. Si Sans aun con todo le había perdonado después de tantas cosas que tuvieron que pasar, ¿Alguien tan puro como Papyrus cómo se lo tomaría?

-Por… muchos años. –Contestó en voz baja sin seguir poder verlo directamente ante la culpa.

-¿HICE ALGO MALO EN ALGUNAS DE ESAS VECES PARA QUE TUVIERAS QUE MATARME?

-N-no… t-tú no…

Frisk no supo en qué momento había comenzado a llorar hasta que sus lágrimas cayeron en sus manos. Las contempló con culpa con las palmas hacia arriba, pero al no poder contenerse más se tapó la cara con un sentimiento que se merecía a toda costa. No tenía ninguna buena explicación para darle sobre porqué lo había hecho. No le tenía a nadie una buena explicación para eso… que no fuera aparte de sólo haberse dejado llevar.

Porque abiertamente no le podía a decir a nadie que, aunque Chara hubiese tenido una gran influencia en esas veces, había sido su culpa por permitirlo. Por una curiosidad alimentada ante un poder que todavía desconoce pese a ejecutarse únicamente con el tacto de sus manos. Podía culpar todas las veces que quisiera a Chara por lo ocurrido en esas rutas, pero ella tenía una gran responsabilidad en todo eso. Ella la había invocado, ella la había dejado.

Ellas dos se lo permitieron solamente porque podían. Pero mientras Chara en ausencia de sentimientos había querido seguir con ese ritmo, ella conforme los años no había podido soportarlo… ¿por culpa o por aburrimiento? No tener una respuesta clara a eso le generaba un sentimiento de asco hacia sí misma. ¿Realmente no es tan buena como creía? ¿Con qué derecho se ponía en la postura de querer ser una heroína de algo que ella misma había provocado?

-Frisk, basta.

La mencionada no volteó tras estar aun con la cara cubierta llorando. Había sentido la mano de Papyrus sobre su cabeza, pero en un movimiento rápido se había apartado tras considerar que no se merecía tal compasión de su parte.

Compasión que ella creía que daba de modo correcto ¿pero se podría considerar como lástima más bien? ¿Qué clase de piedad era permitirles vivir unas veces y otras no?

-Frisk, detén lo que sea que esté pasando por tu cabeza.

Al escuchar su voz más cercana supuso que se había aproximado pese a no quererlo, pero la urgencia detectada tomaron su atención por un breve momento mientras seguía llorando cada vez más fuerte. No fue sino hasta que unos brazos conocidos la abrazaron que finalmente le hicieron levantar la cabeza ¿En qué momento Papyrus se había salido de la celda? ¿En todo ese tiempo había podido hacerlo?

Se sentía mal por necesitarlo, pero terminó devolviéndole el abrazo a su amigo con fuerza mientras no parara de llorar.

-L-lo siento… en v-verdad lo siento. –Hipaba mientras sentía las lágrimas todavía en sus mejillas.

-LO SÉ Y TE PERDONO. –Nuevamente sintió que acariciaba su cabello para relajarla mientras que con la otra mano la tenía todavía en el abrazo. –ASÍ COMO ESPERO QUE ME PERDONES POR NO HABERME DADO CUENTA ANTES.

-T-tu no…

-SIEMPRE ESTUVISTE SOLA Y POR ESO NO SUPISTE PEDIR AYUDA ¿VERDAD?

-P-pero eso no justifica…

-TE DETUVISTE Y ESO ES LO QUE IMPORTA. CAMBIASTE, HUMANA. –Con cuidado, levantó su cabeza para que lo viera directamente, el cual le estaba sonriendo con total sinceridad, tal y como lo hacía siempre. –NO IMPORTA LO QUE HAYAS HECHO EN ESAS OTRAS REPETICIONES, PORQUE LA QUE IMPORTA ES ESTA QUE ESTAMOS VIVIENDO.

-P-pero… los dejé estar encerrados aquí… N-no los saqué…

-PERO LO HARÁS ESTA VEZ ¿CIERTO? –Le sonrió aún más.

-¿Cómo puedes creer en mí tan fácil?

Exclamó con cierta urgencia ante la calma con la que el esqueleto le decía las cosas. Estaba enterado de que lo había matado y reiniciado el tiempo varias veces ¿y aun así creía en que esta vez si iba a hacerlo? En ese momento ni ella misma estaba confiando en su propia persona tras darse cuenta del verdadero daño provocado hasta que lo tuvo presente. Y sin importar qué tan puro fuese su guardaespaldas, el que siempre confiara en ella sin importar todas las veces… hasta cierto punto era horrífico.

-SI TU NO CREES EN TI, YO CREERÉ EN TI A LO DOBLE HASTA QUE PUEDAS HACERLO POR TU CUENTA. PARA ESO ESTAMOS LOS AMIGOS.

-No…

-¿DÓNDE QUEDÓ ESE ENTUSIASMO QUE TANTO NOS GUSTA DE TI?

La interrumpió tapándole la boca tras no querer escuchar ningún reproche más mientras que con otra mano ya le estaba limpiando las lágrimas. Frisk sintió sus mejillas arder de la vergüenza ¿Estaba viéndose ridícula?

Se apartó levemente para limpiarse las lágrimas por su cuenta y respirar profundamente para dejar de hacerlo. Tenía razón, no solucionaba nada llorando. Tenía que levantarse como siempre lo hacía.

Tal y como le había dicho Sans, estaban teniendo una vida que por fin estaban viviéndola, con cosas buenas y malas de por medio.

-Está bien. Entiendo. –Tras un largo suspiro para terminar de calmarse, finalmente sonrió tras todo lo acontecido. –Sigo adelante.

-¡ESA ES MI AMIGA! –Le sonrió de vuelta sujetándola de los hombros. –Y TAMBIÉN PUEDO SER TU AMIGO SI LO DESEAS, OTRA HUMANA.

Chara, quien todavía estaba dando la espalda a todo, simplemente gruñó a modo de respuesta cuyo sonido jamás pudo escuchar el esqueleto. Frisk soltó una leve risa tras su comportamiento, sabiendo que si ella se sentía conmovida por las palabras de Papyrus, sin lugar a dudas estaba en la misma situación por mucho que no quisiera admitirlo.

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Sans se encontraba recargado en la pared del pasillo escuchando todo el relajo que habían hecho ese par mientras se encontraba vigilando que los guardias no vinieran a detenerlos. Se había controlado demasiado en no ir a consolarlos a los dos sabiendo que entre ellos era mejor que lo solucionaran en vez de su intromisión que no ayudaría en nada. Sin embargo no pudo evitar pensar demasiado en lo que había dicho su hermano respecto a los reinicios de Frisk. Él la había perdonado mucho antes de siquiera saber algo al respecto, mientras que él tuvo que pasar por tanto para perdonarla ante la comprensión, teniendo como resultado a eso el haber terminado enamorado de ella.

Suspiró riéndose levemente, vaya forma de compensarle su tardanza le daba la vida.

Tras escuchar la leve risa de la humana supuso que las cosas estaban en mejor sintonía y que ya podía interferir para lograr el cometido de llevarse a su hermano de vuelta, pero tras ver a la reina acercándose hacia él desde el pasillo en el que se había ocultado, supo que la situación se había agravado.

-Ni pienses en escapar otra vez. –Le advirtió Toriel en cuanto estuvo lo suficientemente cerca de él. Todavía no se acostumbraba a verla con la corona entre sus cuernos. –Ya te dije que puedo ayudarte.

-No me lo tomes a mal, Tori, pero el método que propusiste no fue diferente al que intentó hacer Undyne. –Le sonrió algo nervioso recordando el momento. –Quiero a mi hermano de una sola pieza.

-¿Y secuestrar a mis hijas si lo es? –Le interrogó refunfuñando un poco, pero alzó la mano para detenerle antes de que pensara contestarle. –Alphys nos avisó a Asgore y a mí de que te las habías llevado y no tuve que pensarle demasiado para saber que tramabas.

-Papyrus se siente culpable, por lo que Frisk es la única que puede hacerle cambiar eso. –Admitió encogiendo los hombros. No valía la pena negar eso. –Y parece que lo está logrando.

-Pero ellas todavía no pueden salir del laboratorio. Eres mi amigo, Sans. Pero también soy madre y ahora reina. –Tras eso último suspiró con cierto pesar, como si no le agradara todavía tener tal definición sobre sí misma y no hacía nada por ocultarlo. –Por lo que te pediré que respetes mis órdenes ¿de acuerdo?

-Lo que usted diga, majestad. –Le hizo una reverencia bastante exagerada conteniéndose la risa, sabía que no le gustaba eso. –Si quiere que me coma sus postres, estoy a la orden.

-¿Ahora si podré platicar contigo? –Contuvo su risa tras eso.

-¿También es una orden?

-No, esto te lo pido como amiga. –Su sonrisa se borró levemente mientras desviaba la mirada hacia el pasillo donde sabía que vería a su hija, mas no tenía ninguna intención de interrumpir al menos de momento. –Hay algo que necesito hablar contigo.

-¿Alguna pista?

-Lo estuve hablando con Asgore… y él aprobó mi propuesta.

-¿De qué?

Sus palabras le fueron muy extrañas, principalmente por el hecho de emplear el nombre de Asgore y aprobación en una misma oración. Pero no se comparaba con la preocupación que mostraba su amiga en ese momento. ¿Acaso era culpa lo que detectaba en ella?

-Quiero que seas el nuevo guardaespaldas de mis hijas.

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¡Bienvenidos a una nueva temporada!**lanza confeti sacado de sus bolsillos**

¿Extrañaron esta historia? ¿Me extrañaron? Porque yo sí.

Esta temporada viene con todo, por lo que agradezco mucho por la espera y comprensión, prometo que valdrá la pena. ¡Los amo!

De paso les doy aviso de algunas cosas. En primera es que a partir de ahora, se harán transmisiones en vivo en cuanto dibuje la portada de algún capítulo, por lo que les recomiendo seguirme en mi canal de youtube (búsquenme como michsonrisa) o mis redes sociales para estar al tanto. Ahí podrán hacerme preguntas y enterarse de cuál será el siguiente capítulo y ver las portadas de primera mano.

¡Michi fuera!

:D