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Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 2 – Reacción Química.


Cerró sus ojos apenas unos segundos, sólo unos segundos y acabó durmiéndose, había estado cuidando el no darse una pausa en este estrepitoso asunto, despierta, 24/7, pero el hambre, el frío y la necesidad la obligaron a desgastarse.

Había soñado con conejos, con enormes orejas blancas, pequeños y suavecitos. Pero tan pronto se relajó un estruendo la sacó de su fantasía. Vio frente a ella, el torso desnudo del noxiano, haciendo una exhibición de su fuerza, golpeando la roca con su hacha como si la misma fuera tierra y su arma una pala. No funcionaba.

Tragó saliva, aquel salvajismo… Lux estaba un poco nerviosa.

- ¿Por fin despierta? –preguntó el pelinegro sin voltearse a verla.

- ¿Qué haces? Las rocas se desmoronarán y caerán sobre nosotros.

- No.

- ¿¡No!? ¿Es lo único que se te ocurre? –dijo Lux exhaltada.

El noxiano se volteó a ella para verla de cerca, la arrinconó contra una pared mientras se mantenía en silencio viéndola fijamente.

- ¡Deja de hacerlo!

- Tienes baba en la cara –respondió Darius y la dejó para seguir golpeando la roca.

- Ahhhh…. –emitió un chillido de vergüenza suave mientras se limpiaba- bien, bien, bien.

- Eres un poco histérica por la mañana, ¿no? Creo que eres la peor mujer con la que he pasado la noche.

- ¿¡Cuál noche!? –respondió de inmediato ella, él y sus implicaciones la estaban volviendo loca.

- Nada –contestó seco.

Y efectivamente, estaba histérica, no por lo peligroso de sus actos, no por estar con ese asesino en una grieta sin salida, ni si quiera por el hecho de que nunca había estado 'tan' a solas con alguien sino por lo nerviosa e irritable que la ponía con sus comentarios y cercanía.

- Yo puedo ayudarte –dijo ella después de esperar un rato.

- Uhm, no lo creo –contestó Darius, la vio de arriba abajo, ¿qué podría una chiquilla tan débil aportar a ésta tarea?

- ¡Ya! –se acercó a él y a los restos huecos de esa pared que golpeaba repetidas veces- Mira, el problema es que no golpeas en el lugar adecuado, hay un punto de quiebre que podrías usar para crear otra grieta, la intersección de las rocas y un golpe certero podrían producir otro quiebre pero con el ángulo correcto, como una escalera –afirmó y tomó la mano del noxiano, lo guió hasta el punto, él posó su palma teniendo la mano de la rubia sobre él.

Ambos después de experimentar la ligera alegría de saber de una posible salida se vieron a los ojos, Lux se dio cuenta de su acercamiento, invadiendo otra vez el espacio personal de alguien pero esta vez se puso demasiado nerviosa como para disimularlo con una sonrisa. Había estado irritada por el noxiano desde un principio por su cercanía y ahora era ella la que propició una oportunidad.

Una gota de sudor resbaló por el formado cuello del guerrero de sangre hasta llegar a su varonil pecho, Lux no perdió de vista ese pequeño detalle lo que la hizo sonrojar de inmediato.

- Quita tu mano –advirtió Darius con mirada seria.

- ¡Lo siento, lo siento, lo siento! –dijo avergonzada, cubrió su rostro y se alejó- Ehm… golpea ese punto y ya –gruñó por dentro, quería desaparecer.

- Aja.

Respondió, lo desconcentraba y odiaba no enfocarse en los problemas que tenía en ese momento pero… se volteó un segundo, era agraciada, volvió a lo suyo. Lo que la rubia predijo se hizo realidad, la roca se partió, creando una apertura más pasable, por donde podrían salir. No imaginaba que fuera tan inteligente, suspiró.

- Ve primero –le dijo él buscando su armadura para ponérsela.

- Pero…

No le respondió y fue hacia su armadura, iba calmado, tranquilo y algo adolorido, ¿le estaba dando la oportunidad de irse? Alegremente la rubia aceptó, por alguna razón no miró atrás, tal vez porque sabía que el noxiano no era de dar segundas oportunidades. Salió de allí con éxito y corrió hacia donde creía que estaría Demacia. Calculando la dirección del sol, era buena hallando el camino correcto.

Mientras iba a paso rápido, con el viento agitando las hojas y su cabellera rubia, se sintió libre, como si el peso de la presión dentro de ese hueco se hubiera ido, tener una segunda oportunidad y haber sobrevivido de esa manera… no lo habría logrado sin Darius. A la media hora ya no podía ver más el bosque del que salió, ni si quiera oír el trinar de las aves, sólo podía observar el campo abierto, el sol, la dirección donde iba y en su cabeza resonaba una suave canción relajante.

Más lejos de allí, en un camino más alejado y a varios metros debajo de donde Lux veía el panorama algunos soldados de Demacia rondaban. Los ojos de la rubia se iluminaron, extendió los brazos al cielo pero tan pronto dio un paso, algo la golpeó haciendo que se desmayara, su sueño, su gente, desaparecía como un oscuro tormento. Lo último que vio fue el suelo, el polvo que su boca sopló al quedarse sin aire y sus esperanzas diluidas en oscuridad.

Ante la sombra del árbol cercano a ese lugar donde estuvo cautivo se quedó pensativo. Darius, no era la clase de hombre que miraba románticamente el cielo o si quiera se quedaba a observar la naturaleza, ¿por qué perder el tiempo en mirar lo que el hombre ya domina? Era mejor observar a una presa, a un rival, la sangre… algo que uno va a conquistar.

Terminado su equipamiento tomó con suavidad su hacha, en el piso y la empuñó recordando la tontería que había hecho, por un momento giró sus pies hacia Lux, para perseguirla y llevarla para interrogar a Noxus pero luego volvió a su camino. Creía reconocer el camino al caído campamento de los demacianos, ahí habría pistas de dónde habían marchado sus aliados.

Al poco tiempo que llegó notó todo el desastre, hombres de ambos lados muertos, honraba las vidas que fueron sacrificadas por ello pasó por otro lugar para no mover nada. Llegó hasta el sendero por donde su equipo había sido visto por la rubia, le trajo un recuerdo e inmediatamente se deshizo de él.

Su sangre noxiana hervía de rabia, fue capaz de hacer eso… de dejarla ir, ¡había sido una tontería! Nadie lo sabría pero su peor crítico y juez era él mismo. Debía olvidarse del asunto, seguir adelante, no era gran cosa, la rubia le salvó la vida y aunque ella dijo que no necesitaba ninguna compensación, como hombre de palabra le debía vida por vida.

- ¡Señor! –gritó uno de sus hombres.

Lo había visto a una distancia cercana, sentado sobre hojas junto a otros, cocinaban algún animal que encontraron ahí para comer. Todos dejaron sus platos a un lado para hacer el debido saludo y Darius se acercó a ellos dominando la escena. Era como el encuentro de un clan de lobos con su Alfa.

- ¿Informe? –preguntó.

- Perdimos a la mitad de nuestros hombres y el señor Draven nos dejó desde la mañana.

Le dijeron, Darius caminó hacia una tienda levantada por sus hombres, seguramente para su hermano Draven, emitió un suspiro de vergüenza, ¿cómo era capaz su hermano de convertir a sus hombres en los sirvientes de una diva? En fin, pasó del asunto y entró para descansar y esperarlo, seguro habría hecho una incursión a solas para buscarlo.

Para cuando la tarde ya se hacia más naranja y el cielo poco a poco se oscurecía ante la presencia cercana de la noche todos se dedicaron a sus propios asuntos, esto ya era aburrido, algunos hombres jugando con dados, otros encendiendo fogatas y los demás durmiendo, Darius tampoco estaba muy activo, se dejó al sueño una vez más. Quizá haya sido por la herida o por la caminata que hizo en ese estado, muy a aparte de todo tenía hambre pero por alguna razón olvidaba comer siempre que se le ocurría.

Despertó cuando la oscura noche ya estaba sobre todo su campamento, los hombres celebraban, podían escuchar sus cantos, los vio junto a la fogata, al menos ellos tenían buenos momentos, en cambio él… era una vergüenza, dejando ir a la demaciana. Si supieran que su comandante había cometido un error como ese…

Salió a verlos y sin cohibirse sus soldados le sonrieron, aquellos leales hombres le sirvieron la comida que prepararon, la mejor parte del animal que cazaron, como era de esperarse y aunque él podía marchar hacia su tienda prefirió compartir con estos leales hombres su algarabía. A pesar de perder el elemento sorpresa, sí que superaron a los demacianos y no por ser mayoría, eran como espartanos llenos de fuego en su interior, intensos guerreros noxianos demostrando su fuerza.

Al poco tiempo se oyó un quiebre de ramas, cada uno de los presentes posó mano sobre sus armas, preparados para todo hasta que oyeron la voz del afamado Draven, apareciendo su rostro todos se tranquilizaron, arrastraba algo, tal vez un animal para comer, ¿un ciervo? Miró Darius a su hermano, feliz en su interior de verlo.

- ¡Les traje un regalo! –vociferó halando la soga que tenía en sus manos, arrastrando más cerca de sus manos lo que tenía atado por el medio de su cuerpo, con las manos y pies atados.

- Hermano –saludó serio Darius.

El otro pelinegro sonrió y se agachó para levantar su presa y arrojarla a los pies de todos los presentes que en un círculo frente al fuego comían.

- "¡Luxanna!" -pensó Darius en su interior al ver a la rubia caer cercana al fuego.

- Encontré esta cosita hermosa perdida por ahí, ¿no es la misma que perseguiste, hermano? –preguntó Draven agachado y señalando a la golpeada rubia.

- Sí –afirmó y trató de alejar su mirada de ella pero no podía.

- Le enseñé un par de cosas, de por qué no debe resistirse, ¿verdad? –le dijo tierno a la ahí convaleciente-. Ahora podemos hacer lo que teníamos planeado, pero como eres la única demaciana que dejamos viva, nos conformaremos con sacarte información a ti –le sonrió, Lux le miraba agónica, sin poder decir nada por estar amordazada y atada como un animal- ¿verdad? –le preguntó, Lux no contestó.

Draven enfrió su mirada y al ponerse de pie la volteó y le pisó el pecho, haciéndola gemir adoloridamente.

Por alguna razón la respiración de Darius se había acelerado, estaba mirándola fijamente sin poder entender qué era lo que lo empatizaba con esta mocosa, quería olvidar que era un ser humano y poder disfrutar de esta tortura. Vio las piernas de la misma, golpeadas y con heridas abiertas, conociendo a su hermano la habría arrastrado en esa posición por todo el camino. Sin olvidar que también la habría golpeado para dejarla mansa.

Todos los hombres de Darius reían a carcajadas con este tipo de acto, mas el pelinegro estaba callado, siempre lo había estado pero en esta ocasión no disfrutaba de lo que veía, es más, bajó la mirada para no encontrarse con los ojos azules de la demaciana.

- ¡Vamos a divertirnos! –gritó Draven levantando a la rubia con una mano- ¡Traigan una mesa! –algunos hombres buscaron una. Rescataron varias cosas del campamento demaciano en su ataque, así que poseían una.

Darius vio como su hermano dejaba a la rubia sobre la misma y procedían a jugar con ella.

- ¿Sabes lo que es esto? –le preguntó Draven a Lux, le enseñaba una afilada cuchilla.

La misma trató de no llorar al saber lo que veía pronto a suceder. Todos aquellos hombres la observaban, con miradas desagradables con intenciones oscuras y… despreciables, ella imaginaba lo que quería. Por alguna razón no había visto a Darius entre ellos, por ello se encontraba en pánico.

- Es mi "amiguito", me acompañará hasta que tú quieras –le quitó la liviana armadura que ella tenía dejándola sólo con la ropa de tela que traía. Comenzó a cortarla por la mitad para abrirla fácilmente y acceder a sus bondades femeninas- ahora, voy a quitarte la mordaza, me dirás qué es lo que buscaban ustedes en nuestro territorio y en recompensa, te tocaré yo, si no me dices lo que quiero, dejaré que te toquen ellos. Se… -agitó el cuchillo mientras explicaba- que debe ser difícil de entender al principio. Así que si te niegas, te repito, te dejaré a ellos, si me dices la verdad, te concederé el honor de estar conmigo.

Le cortó la mordaza.

- Habla.

- Yo… yo nunca… ¡nunca te lo diré! –la rubia le gritó con la poca fuerza que tenía. Draven la cacheteó y cortó el brasier que tenía por la mitad.

- Uuuuh –dijo Draven, divertido al extremo- es blanco.

- Draven, es suficiente –añadió Darius- es nuestro medio de información. Deja esas cosas para cuando lleguemos a la posada. Además mis hombres no son violadores, son guerreros y ellos tienen esposas e hijos a los cuales respetan.

- Hermano… -se acercó a él en privado- sólo la estaba asustando, para que hable, mírala… está al borde de un colapso nervioso. Va a hablar.

- No es la forma en que hacemos las cosas. Es mi campamento. Métela en una celda y duérmete.

- Pero… -siguió Draven- está por hablar.

- Ah… -suspiró molesto- tengo que hacerlo todo yo -Darius fue hacia la rubia y la cargó sobre su hombro, pasó por la multitud para buscar alguna de sus jaulas donde guardaban a sus perros grandes.

Ante la mirada de todos se perdió en la esquina trasera de la tienda del mismo, sin sus hombres ni su hermano presentes comenzó a sentir como aquella joven gemía, esta vez no de dolor sino por el llanto que la embargó.

- ¿Y ahora por qué lloras?

- No… estoy… llorando –dijo entrecortada, Darius la bajó de su hombro y la sentó en el piso, él se puso a su altura y le quitó las ataduras.

- Esto no habría pasado si no te hubieras escapado, ahora lo sabes –añadió frío y le abrió la jaula- métete ahí.

- No me escapé –le respondió Lux tratando de cubrir su pecho desnudo- me dejaste ir.

- Te equivocas, demaciana –extendió su mano hacia su hombro y la quiso empujar pero no pudo y retrajo su mano hacia él- entra.

- Déjame ir… sabes que me matarán y quizá… me…

- Nadie hará eso –respondió rápido- te dije que yo iba a matarte, no dejaré que nadie te quite de mí. Cálmate, ¿si? –extendió su mano hacia su rostro y tocó su mejilla. Su guante se humedeció con las lágrimas de la demaciana.

Era como si se debatiera entre dos ideas distantes, una que le decía que ella tenía razón y otra que lo contrariaba. No podía resistir ver a quien lo ayudó a no morir en ese estado e inconscientemente acabó con la mano sobre la fría mejilla de esta joven, la cual apoyó la suya también contra la de él.

Para cuando despertó de esa acción, se alejó viendo sus actos como una traición a sí mismo. Un estúpido actuar de quien debería dar ejemplo de la fuerza y dominación de Noxus para con los demás.

Ella lo entendió y se metió en la jaula, la cual sólo podría ser abierta por Darius. Se fue de allí dejándola en total oscuridad mientras se encontraría con Draven el cual relataba con orgullo su captura. No estaba molesto con él, Darius veía a distancia a su hermano, sólo cumplía con su deber, era él quien estaba fallando y en cuanto alguien lo supiera lo degradarían hasta el punto de avergonzarse de él.

- Y la perra comenzó a gritar, como si hubiera… no se, alguien ahí para salvarla.

Eso lo detuvo un momento "…alguien ahí para salvarla", ¿quién podría ser más que él mismo. Había dejado los límites para ser un extraño ahí mismo. Enojado consigo mismo fue a dormir temprano, ni si quiera había acabado de… comer.

Pasó otra vez por la jaula donde Lux estaba, Darius había recordado que ninguno de los dos había comido por casi dos días, no quería que se debilitara y muriera, le llevó un pedazo de carne y lo pasó a través de las rejas que los separaban, ella lo vio y aceptó de inmediato.

- Gracias.

No se dijeron más porque todas las palabras dichas ya eran innecesarias, molestas, hirientes y… ¿quién decía que Lux también no estaba molesta consigo misma? Dejando que el noxiano la salvara, siendo tan inútil como para escapar cuando él le dio una oportunidad, comenzando a darle alivio ver a éste hombre, el despreciable noxiano que la hizo pensar en una muerte inminente. Ella también… tenía un problema consigo misma.

Quería huir, ¿pero cómo hacerlo de uno mismo? Si las fronteras son tus propios pensamientos y tu debilidad fue a causa de ello, ¿cómo?

Apoyó su cabeza a un lado de la jaula para pensar en algo más para escapar, quizá… engañar a Darius o quizá hacer que la mate, aunque dijo que no le debería nada al salvarle la vida, ahora el noxiano estaba saldando su deuda con lo mismo y más.

Atreverse a desafiar los límites, es lo que hacía, simplemente no fue lo suficientemente clara para pensar, para huir, para escabullirse lejos, fue una tonta al correr a un claro de luz, dejó que su mismo cazador la viese indefensa, llorando, partida en dos, con el alma desgarrada por el miedo, ¿por qué había guardado sus lágrimas para Darius? ¿Por qué cuando aquellos hombres intensos en la oscuridad latente en sus corazones quisieron violar cada rincón suyo no lloró? Dejó su miedo, su necesidad lejos de ahí porque nada la comprometía con esos extraños, a ellos no los había salvado, a ellos no les debía su libertad, ellos no eran nada a diferencia de éste hombre, crudo, sangriento, un guerrero del tipo que siempre había odiado, un temerario hombre de cabellera negra que infundía el miedo en todos, ése no era su tipo de salvación, no era el rostro del alivio, ¿pero por qué? Se preguntó Lux, ¿por qué sus lágrimas fluyeron descarriadas por el miedo al ver el rostro de este salvador? ¿Por qué simplemente su cuerpo reaccionó a él? Se tocó y sintió como un calor le entraba como el dolor del veneno que recorre tus venas hasta llegar a tu corazón para matarte.

¿Qué significaba esto? La necesidad en la adversidad, el dolor de aquel alivio, la ruptura de aquella fidelidad mental hacia algo que era tan profundo como su patriotismo, todo esto… eran ellos, dos seres tan diferentes y complejos en su existencia singular, ¿eso eran? Dos existencias extrañas.

Ni Lux ni Darius lo sabían, si bien eran adultos conscientes de sí mismos, no lo eran al estar juntos o al verse, es como la química, dos elementos separados no causan nada, los juntas y obtienes algo que ni si quiera habías imaginado, una reacción, un destello, una estrella fugaz quizá.


Fin de Episodio 8