Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 3 – Mujeres, Bebidas y Mucho Sexo


Viajaron un gran tramo hasta encontrar el camino a su natal Noxus, tenían a Lux atada y aún en aquella jaula en la que Darius la puso. Sus hombres hubieran preferido arrastrarla atándola como lo hizo Draven pero su comandante estaba un poco malhumorado, nadie se atrevía a preguntarle por la llave de la jaula.

Sus caballos relincharon un poco por agua, se detuvieron un momento. Hacía mucho calor, por alguna razón todos se habían detenido también a beber un poco, todos lo hacían excepto la captura de Draven, la misma estaba acostada en posición fetal, respirando agitadamente a cada minuto que pasaba.

Darius la miraba de lejos, quizá el único en darse cuenta había sido su hermano, el cual notó extraño aquel detenimiento, su mirada… podría describirse como una 'anhelante', deseando tal vez acercarse pero negándoselo a sí mismo, sentía pena, al menos eso se dijo para mantener la compostura ante sus hombres.

- ¿No crees que la mocosa demaciana tiene sed? –preguntó Draven, no quería intervenir pero al menos podía hacer algo por su hermano.

Y como un sorprendido niño atrapado en pleno acto de travesura su hermano se retrajo e intentó fingir indiferencia girando su rostro hacia otro lado.

- Voy a darle –dijo Draven.

- No –negó Darius con seriedad.

- ¿Tienes algún problema? –preguntó su hermano.

- Esa mocosa demaciana no merece ninguna consideración nuestra, no morirá, déjala.

- Sí, seguro, hermanito –le sonrió y se llevó un vaso de agua con él.

Aquel desafío quedó sin ninguna consecuencia, el hermano menor del pelinegro se acercó a la rubia para acercarle lo que le había llevado. Si el noxiano realmente no hubiera querido que su hermano se acercase a Lux simplemente le hubiera tirado el vaso de agua y se hubiera marchado, pero no lo detuvo, eso le dijo algo a Draven, el mismo que se daba cuenta de un detalle, pequeño pero no invisible a sus ojos.

- Tómalo –dijo coqueto.

- ¿Qué tiene? –preguntó Lux desconfiada.

- Veneno –le respondió Draven.

Por un momento ella saltó de susto.

- Claro que no, ¿cómo te voy a dar veneno? No seas tonta.

Con timidez y miedo aceptó aquel vaso de agua de su captor, no le temía a sus golpes si no a su modo de hacerle daño, no quería que él la tocase en ningún momento.

Mientras la demaciana bebía como un sediento caballo el desinhibido noxiano se puso a tantear el terreno para poder entender lo que sucedía, su hermano había estado extraño durante aquel día, incluso en la forma en que cercó cualquier aproximación a la demaciana. Conocía bien a Darius y por lo mismo podía decir que algo le pasó, él no era de las personas que decían 'me gusta esto' u 'odio esto', nunca había tenido la oportunidad de expresar sus deseos personales, así que siempre se remitía a cuidar de las personas a su cargo y criarlo, como Draven era un niño atontado hizo falta mucho cuidado, de que no se metiera con la gente equivocada, de que no lo mataran… de todo.

El pelinegro había perdido toda una infancia por criar a su hermano, por eso siempre había tenido algo más por lo que fijarse, nunca desarrolló su intención de tener deseos personales, ni si quiera de adulto. Por ello Draven al tener conocimiento pleno de su existencia y de la de los demás alrededor de él se dedicó a ayudar a su hermano en ese aspecto. Si él quería algo, lo ayudaba a obtenerlo o al menos le daba el empujón, si algo en la vida quería, además de tener mujeres, bebida y mucho sexo, era que su hermano lograra ser feliz, que expresara su yo interior y que no dejara que lo absorbieran.

- Vaya… -sonrió Draven, apoyó su mano en la jaula y posó despreocupado- el día es muy cálido, ¿verdad?

La rubia trató de asentir pero siguió bebiendo agua para no perder esta oportunidad.

- ¿Te gustó revolcarte con mi hermano? –preguntó sin ninguna delicadeza.

Lux escupió el agua que bebía para tornar su rostro rojo como el tomate.

- ¡Ja! –señaló Draven.

- ¡Nosotros… él…. es decir… yo… NOOOO! -gritó llena de vergüenza.

Desde lejos Darius había visto aquella escena y tratando de no sobresaltarse quiso pasar de largo aquella acción girando hacia el frente de su caravana, sólo tenía en mente que su hermano había cometido OTRA indiscreción o mejor dicho, había hecho hablar al rostro de la demaciana, sus expresiones valían más que toda la información que le fueran a dar. Pero esto se trataba de su secreto, del tratado de paz que tenían ellos, del pequeño asunto de haberse quedado solos toda una noche, de que Lux lo cuidó y que Darius la dejó huir. Pero Draven había navegado un poco más, él sabía algo, sabía algo… algo… el secreto que ni su hermano ni la rubia sabían aún, la tensión emocional entre ellos.

- ¡Vamos! –gritó Darius a sus hombres y los mismos comenzaron a moverse.

El descanso había terminado y la pequeña conversación con Lux también. Todo comenzaba a tener un poco de sentido, ¿tendría su hermano algo con la rubia? Ambos habían reaccionado a un simple piquete de realidad entre los dos, ¿qué pasaría si indagaba más?

Draven sonrió divertido, parecía que su hermano había encontrado su pequeño gusto pecaminoso, las demacianas, tomar sus virtudes era algo intenso e incluso le provocaba cierto morbo. Su hermano sí que quería pasársela bien, "rubias, ¿eh?" pensó para sí.

- Hermano, hermanito… ¿podría hablar contigo un momento? –se acercó al malhumorado pelinegro.

- ¿Qué? –respondió casi seco.

- Al llegar quiero a la rubia, no la lastimaré, sólo… dámela.

- Te conozco, dañarás la información que tiene –advirtió Darius.

- Yo pienso tomarla, me gusta, es dulce… y necesita un buen revolcón. Le quiero enseñar por qué nadie puede dejar de querer un pedazo de Draven.

- "Ahora mismo quiero un pedazo, pero de tu cráneo" –pensó Darius para sí-. Ah… -suspiró- supongo que –giró su mirada hacia la jaula de Lux- está… bien –le costó mucho decirlo y aún así se mostró estoico y serio para demostrar que no le importaba nada.

- Volveré tan loca a esta demaciana que me rogará por más jajajaja –se fue de su vista riéndose.

Pero mientras se marchaba veía cada reacción de su hermano, no movió ni un dedo, quizá dudó levemente acerca del destino de la rubia pero no se negó, quizá no le interesa tanto –pensó Draven- aún así el experimento pedía llegar a su fin, así que se decidió a completarlo. Si fallaba al menos tendría una cosita calientita donde meter a su destructor (así le llamaba a su pene), si ganaba… podría ver a su hermano expresando algo de su interés.

Quizá el fallo de Draven era pensar que lo que su hermano quería era desvirgar a la rubia y que tenía un gusto por ella, no sabía que podría haber algo más que un interés sexual en medio, algo como… una emoción impropia, algo que quizá él tampoco podría aprobar.

Llegaron sin problemas y la jaula de la rubia en vez de ser llevada a la estación noxiana de detenidos fue dirigida a la casa del comandante Darius, su hermano Draven había preparado una fiesta en el salón principal de la casa por lo mismo sería una oportunidad fantástica de llevarse a la cama a esa mujer pasándola delante de él.

- ¡Siiiii!

Gritaba el loco hermano del comandante de la tropa recién llegada, quería beber un poco antes de dar rienda suelta a sus demás gustos, más bebida y más mujeres que lo esperaban ahí para satisfacerlo, sin contar con el plato principal… que era Lux en su cama.

Había pasado ya mucho desde que se inició la fiesta, la música sonaba estridente y los gritos de los amigos cuasi ebrios de Draven se habían unido al canto del mismo, hasta que algo lo distrajo.

- Señor… -un sirviente se había acercado.

- ¿Qué?¿Qué?¿No ves que estoy ocupado? –respondió Draven.

- Señor… su hermano está bebiendo y acaba de dejar inconsciente a unos muchachos en la calle.

- ¿Qué? –no escuchaba bien o tal vez simplemente había escuchado mal- mi hermano no bebe –negó Draven aún moviéndose con la música.

- Le pidió al bar tender que le preparara algo fuerte y luego creo que el amo Darius perdió la cuenta –explicó el sirviente.

- Yo no soy el responsable, déjalo matar algo por ahí y se calmará.

- Pero…

- Nada de 'pero' –lo calló tapándole la cara con su mano- vete a ver que el 'amo Darius' no necesite más tragos y… -paró en seco, Draven había comenzado a entender algo- ¡está enojado! –golpeó a uno de sus amigos tan fuerte que lo tiró al piso. Se alejó de todos para buscar a su hermano.

No había imaginado que el grado de negación por el que pasaba el pelinegro era tanta como para no poder expresar que no quería que él le arrebatara la virginidad a la demaciana, ¿qué otra cosa podía ser? Su hermano no bebía, en realidad con ninguna frecuencia, quizá en ocasiones especiales una copa de vino pero nunca hasta perder el control de sí mismo, es más… ni si quiera se quedaba a las alocadas fiestas de su hermano, se iba a dormir temprano para madrugar e ir con su tropa. El ejército era su vida y ahora estaba ahogado en alcohol, incapaz de decir algo que su cuerpo mismo expresaba como estrés.

- ¿Hermano?

Darius estaba peleándose con el mundo, los muchachos a los que se enfrentaban sólo querían calmarlo pero él se había puesto como loco cuando quisieron detenerlo, el único que quizá pudo frenar su ira había sido su hermano, al que casi le da un puñetazo.

- ¿Qué haces aquí? –preguntó Darius con enojo- ¡vete, fuera! –lo empujó.

- Pasaba por aquí, bro –añadió, Draven no se veía tan serio con algo de comida en sus barbas y licor goteando por sus brazos.

- Señor, por favor, le pedimos que se calme –decía uno de los muchachos con los que 'peleaba'- venimos a la fiesta del gran Draven, no nos impida entrar.

- Chocaste mi hombro, pequeño e inútil mocoso –le respondió Darius con furia.

- Con todo respeto, usted vino hacia nosotros y nos empujó.

Draven se acercó al muchacho y le sonrió levemente, quizá el joven era aficionado a una figura como él, por lo mismo no sospechó lo que se veía venir. Un puñetazo. Darius vio ello y se hizo para atrás, veía como su hermano echaba a patadas a esos chicos.

- ¿Mejor? –preguntó Draven a su hermano.

- No… -suspiró y se dejó caer al piso. Se quedó observando el oscuro cielo.

- ¿Vas a entrar? –preguntó Draven otra vez, era repetitivo.

- Ya vete, arruinas mi propia fiesta –era el alcohol el que hablaba no Darius, parecía perdido entre todas sus palabras.

- Hermano… -se sentó al piso junto al pelinegro- ¿quieres a la rubia?

Darius volteó su mirada hacia él con rapidez y se sorprendió un poco, abrió su boca para contestar desde el punto más profundo de orgullo que tenía pero su hermano lo interrumpió.

- Antes de decírmelo, piensa que sólo lo diré una vez y no volveré a mencionar este tema.

- Ella… no me importa –giró su cuerpo para volver a ponerse de pie, incluso bajo el efecto desinhibidor del alcohol poco podía decir.

- ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo la bruja esa? –preguntó Draven sin moverse de su lugar en el piso.

- Salvó mi vida a pesar de que quise arrebatársela mientras lo hacía –dijo el pelinegro y se marchó.

Si algo había en la vida que Draven quisiera, eran mujeres, bebida y mucho sexo, esos eran siempre sus deseos pero en lo profundo, él también deseaba que su hermano fuera feliz, a pesar de que él no podía expresar lo que sintiese; cuando ellos eran nada y el dinero escaseó, sus mejores recuerdos eran en los que su hermano le daba su propio pedazo de pan para que no sintiese hambre y se despertara por la noche a llorar. Cuando su madre murió, la única mano que lo sostuvo fue la de él, así que no, no le debía nada porque él era parte de su vida, no era algo externo, Lux quizá salvó una vida pero se había ganado algo más que ello en el proceso, salvó la luz en los ojos del comandante y le devolvió lo único que le importaba a Draven, su hermano.

Si ella había salvado la vida de su hermano, él le debía tanto a ella por haberlo hecho y claro, no podría hacerle daño.

Su rostro alegre y vivaracho se mostró serio por un momento, dejando de lado las burlas, las fiestas, lo inmoral o si quiera lo que estuviera fuera de todo ese mundo que él había creado a partir de su ego. Este asunto resultó ser más profundo de lo que imaginaba. Mucho más.

Al regreso a su habitación Darius no pudo caminar muy bien por los pasillos, tuvo suerte de si quiera subir las escaleras. Su puerta se encontraba a un par de pasos, antes de girar el pomo de la manija se quedó viendo a la nada, como si se hubiera congelado, pensaba en algo, no podía admitir qué pero pensaba.

Entró bajo la oscura estela a aquel frío cuarto y se encontró con su cama, no se veía bien devorada por las sombras.

Tanteó la misma con sus manos y encontró algo inusual, una pierna… una cuerda… un… ¡¿Qué era eso?! Se sobresaltó y volvió a encender las luces.

En su cama, acostada y atada con muy poca ropa se encontraba la rubia, gimiendo un pedido, desatarla.

- Desgraciado… -susurró Darius.

- Jejejeje –se rió para sí Draven.

Al haberle quitado la mordaza y las ataduras de las piernas el pelinegro se sentó a un lado de ella, tragó saliva, estaba tan ebrio que sin darse cuenta entró al cuarto de su hermano, no, era su cuarto, reconocía sus cosas, su cama, sus espejos, el cuarto de Draven era muchísimo más diferente que el suyo.

- ¿Qué sucede? –preguntó Lux asustada.

- Nada, tonterías.

- ¿Es… su casa? –preguntó preocupada.

- Sí –respondió molesto.

- Us-Usted… va… a… -no podía hablar. Este asunto era diferente, se encontraba en su habitación y sólo había una razón para estarlo.

- ¿¡Qué!? –dijo enojado Darius volteándose hacia ella, atada de una mano a la cama- ¿tan malo es estar aquí? ¿Tanto te disgusto? –le dijo furioso acercándose a ella a gatas.

- Huele a alcohol… ¿bebió? –decía Lux con el rostro de Darius sobre el de ella.

- ¡Claro que bebí, genia! Me obligarás a darte un premio ahora –la embriagues hablaba.

Se subió a ella, Lux interpuso su mano contra el pecho de Darius para impedir que se acercara tanto, estaba descoordinado y molesto, parecía… otro. Distinto al hombre que no permitía una mano sobre la suya, el contacto físico que tanto había rechazado.

- Te veías muy feliz con Draven, ¿acaso es lo que te gusta? Por lo que oí te hizo gritar como una desgraciada, supongo que si yo hago lo mismo te pondrás igual de feliz al verme… ¿te gustó como mi hermano te ponía las manos encima? Hasta parecías feliz de que él tuviera atenciones contigo al venir para acá, bebiendo agua, sonriendo, ¿¡eras acaso feliz!? ¿Haces lo mismo con todos? Los miras a los ojos y caen rendidos a ti, los cuidas, los haces sentir… ¡inseguros! –le gritó en la cara- ¡LOS HACES PENSAR COSAS! –terminó.

- ¿De qué habla? –preguntó ella.

- Yo… -la mano de Darius se guió a través del cuello desnudo de Lux hasta su pecho. Su hermano ya había hecho demasiado al abrirle por la mitad la ropa- quiero saber si te desagrada –preguntó.

- Está ebrio –decía bajando la mirada, el sonrojo de sus mejillas no podían evitarse, había cerrado las piernas por pura vergüenza, no podía hacer lo mismo con su pecho desnudo, la ropa se abría por sí misma ahí- no es usted, no es un violador, no es un mal hombre.

- No hablo de eso –respondió Darius con voz baja y tersa- ¿te desagrado? Sólo responde –susurró.

- Por favor –rogó ella sintiendo la mano de Darius moverse hacia un pecho. Lo tenía, apretó suavemente y Lux se agitó ante el toque.

- Responde –prosiguió.

- Nnh… no –dijo Lux.

- Jajaja –se rió Darius, era capaz de tantas cosas y al mismo tiempo se perdía en el momento.

La soltó y retrajo sus manos para apoyar su cabeza sobre el pecho de Lux, era suave y tibia, no podía olvidar eso. Volvió la mirada a su rostro y sus manos fueron hacia la última atadura de Lux a la cama, la había liberado, la tomó por los hombros y la acomodó sobre él, como si ella pudiera dormir sobre su propio cuerpo, la rodeó con sus manos y dejó de hablar de cosas como su molestia o algo más.

- Tienes el derecho a huir pero al menos espera a que me duerma.

Aquel hombre, enorme tanto en músculos como altura dejó que esta pequeña bruja lo dominara, incluso su pensar bajo los efectos del alcohol lo hacían pasar por un filtro de respeto hacia ella.

Lux acostada sobre el pecho de Darius con los brazos de él rodeándola y sólo había una cosa que pensar, algo que le desagradaba, ella misma, no podía decir que disfrutaba de ello pero sí podía admitir que escuchar el corazón de éste hombre la tranquilizaba, la llenaba de ternura, de calor y de muchas otras sensaciones que la dominaban hasta convertirla en un manso trofeo para el noxiano.

Tenía el derecho, él le había dado una oportunidad más para huir pero ¿por qué no podía liberarse de ese abrazo? ¿Por qué su calor era tan irresistible? La vergüenza que tenía había pasado y en ese momento sólo quería pasar la noche al lado de este hombre, aunque se gritara a sí misma "traidora" cada segundo.

Darius no le desagradaba, no, quizá era todo lo contrario.


Fin de Episodio 3


Nota de la Autora:

Jejejeje... un poco de lemon porque eso es lo que demandaba la historia. No olviden pasar por mi galería de DeviantArt para ver mi última obra, un DariusxLux fanart. Un saludo y gracias por sus comentarios ;)