Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


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Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 4 – Mi Reina, Luxanna


Se miraron el uno al otro por breves momentos, hasta que la magia del momento fue interrumpida por pajarillos anunciando la mañana. Ni si quiera la luz del sol entró por la ventana, todo era calmo y trémulo como si la tormenta provocada por sus ideales no fuera suficiente, ellos la callaron con una simple y sencilla… mirada.

Sus azules ojos se perdieron en la oscuridad invasora de los ojos de Darius, no había palabras para lo que pasaba, estaban conectados, simplemente era imposible romper este culto entre dos personas que eran tan diferentes pero que habían encontrado un punto de conciliación en sus interiores para con esta situación.

Finalmente la boca de Lux se abrió para pronunciar palabra, Darius por reflejo respondió al movimiento.

- ¿Qué es esto? –preguntó.

- No lo sé –respondió al momento Darius.

- ¿Aún… me…?

- Cállate –le dijo serio.

Sus manos dejaron de rodear la cintura de la rubia para subirse a su cabeza y apretarla suavemente contra su pecho, no soportaba verla, se sentía… extraño.

Las puertas de su habitación pronto sonaron, un sirviente había llegado, ellos no querían levantarse o al menos Darius no quería dejar de ser la cama de esta pequeña rubia. No se había sentido tan cómodo ni había dormido tranquilo en años y ahora que la tenía en sus brazos, ella sobre él, todo su cuerpo… simplemente no quería que pasara.

- Regresa después –dijo Darius sin pensar y volvió sus manos a la cintura de Lux, con un poco de timidez la recorrió hasta tenerla de nuevo como quería.

- Señor, ha llegado una comisión de la Liga y quieren una reunión con usted.

- Ah… maldición –musitó Darius por lo bajo, Lux lo había escuchado y no pudo evitar sonreír, un poco, nada más un poco- bien, que esperen en el salón de conferencias de Noxus, dirígelos ahí.

- Sí, señor –el sirviente se fue.

- Tengo que hablar con ellos –le dijo Darius y la rubia volvió a mirarlo.

- Te hablarán del acuerdo de parcialidad, ellos me llevarán –Lux sabía lo que sucedía.

- Uhm… -la bajó de él a la cama y se puso de pie, aún tenía la ropa de ayer y sí, olía a alcohol, se sentía avergonzado- bien, entonces –cerró los ojos- hablaré con ellos y te marcharás.

- Sí –susurró bajando la mirada.

Luego con un poco de esfuerzo Darius fue a darse un baño de agua fría, necesitaba aclararse, quitarse el calor de aquel pequeño retazo de interés que pudo tener esa noche, no había cometido un error al poseerla, así que por una parte se sentía bien, habría sido difícil darle la cara a sus compatriotas de hacerlo, acostarse con una demaciana podía ser el fin de un firme ideal. Así que no volteó a verla en lo que restaba de su estancia en aquella habitación.

Se dirigió al concejo de Noxus, esperaba encontrar algún monje o sabio de la Liga, en cambio se encontró con antiguos rivales conocidos y otros no tanto.

- Caitlyn –saludó Darius.

- Darius, no me esperaba encontrarte de nuevo en conflicto con la Liga.

- ¿Qué hicimos ahora? –dijo molesto.

- Invasión, terrorismo, secuestro, podría darte una lista muy larga –le dijo Cait con seriedad a lo que Darius sólo respondía con cortas risas burlonas.

- Sabemos que tienes a Lux –dijo una voz tras ella, Darius movió su cabeza para ver la fuente de tal aseveración.

- ¿Y a ti quién te invitó mocoso? La guardería abre a las 10 –agregó Darius.

- Ten más respeto, soy un agente neutral de la Liga –contestó Ezreal.

- Sí, ¿cuán neutral eres si tienes un odio más profundo que el que yo pudiera tener por Demacia? –lo retó.

- ¡Ya basta! –se agitó Cait entre ambos- vinimos por Lux, ella se encontraba en una misión secreta junto a algunos.

- ¿Secreta? Invadieron Noxus y se atrevieron a herir a más de la mitad de nuestros hombres, lo que quieren es una guerra más, ¡y por mí vida que la tendrán! –les gritó Darius.

- No tienes remedio, acudí a ti porque tú la tienes, no me hagas ir a los altos mandos. Podrían acusarte de rebelión. La Liga tiene un acuerdo con todos nuestros pueblos para hacer más llevadera la relación entre nosotros, no hagas mi trabajo más difícil, Darius, no somos amigos pero créeme que tampoco somos rivales –Cait se puso en frente a Darius desafiándolo con la mirada, su contrario bufó y dando un par de vueltas aceptó el acuerdo.

Los llevó hasta las puertas de su hogar y los hizo esperar, no quería que viesen a Lux en las condiciones en que había llegado, claro que tampoco fue hacia ella para ayudarla, mandó sirvientes a que le dieran un sencillo camisón y la despachó.

Las puertas de aquel enorme lugar se abrieron y salió la rubia al encuentro de sus amigos, Cait fue a ella y la saludó con un abrazo, Ezreal también, estaba animado y feliz de ver a su amiga en buen estado, tenía algunas heridas leves en la mejilla y rodillas pero por lo demás se encontraba bien. La sacaron con éxito de Noxus pero Lux no podía evitar voltear, ¿dónde estaba? Ni si quiera había querido darle la cara antes de desaparecer de su vida, no es que hubiera algo, en realidad no había nada, bajó la mirada.

- ¿Qué te pasó? –preguntó Ezreal.

- Nada –contestó desanimada.

Caitlyn vio de lejos a su compañera, había pasado tiempo desde que tuvo alguna conversación con ella pero se veía un poco desolada por lo sucedido, incluso pensaba en las cosas desagradables que ellos habrían hecho con ella. Al salir de Noxus ellos simplemente siguieron el sendero luminoso y llegada la noche acamparon, Ezreal había salido a dar una vuelta y ambas se quedaron junto al fuego.

Lux parecía pensativa y Cait quería llegar al meollo del asunto, decidió abordar el tema como mejor sabía, asaltándola con la realidad.

- ¿Te violaron?

- ¿Qué? –respondió sorprendida- no, no, no, no –se rió levemente por nerviosismo- sólo que pasaron cosas… nada importante –añadió con tono triste.

- ¿Qué hicieron contigo? ¿Dónde está tu ropa? –preguntó otra vez la joven de Piltover.

- Ahm… tuve un accidente y me dieron esta linda bata ahí, yo… -se esculcó- ¡mi báculo! ¿Dónde está? –se preguntó viendo a todas partes sin encontrarlo- ah… maldición.

- Lux –respondió sorprendida Cait.

- ¡¿Ah?! Perdón.

Ella no maldecía, ni si quiera decía cosas que fueran ofensivas pero se le había quedado, sin intención fue impregnada por Darius, el mismo también se sorprendería por esto.

- ¿Ha pasado algo? –dijo Ezreal llegando.

El asunto le fue explicado pero ninguno de los presentes tenía la intención de regresar, por lo mismo se decidieron a primero entregar a Lux a Demacia y finalmente hacer algo para recuperar el báculo, quizá Cait podría volver, como favor personal a su amiga.

La misma ciudad celebró la llegada de la dama de la luz y aunque Lux no tuviera mucha consciencia del hecho en Demacia la querían, algunas personas asomaban sus cabezas por los ventanales para dar un saludo, algunos niños se le acercaban con la intención de saludarle. En resumen era bueno volver a casa, encontrarte con lo positivo, el calor del sol que no le quemaba sino apaciguaba levemente la frialdad que Noxus había heredado a su dulce corazón.

Pasada la tarde Cait y Ezreal fueron a visitar a su amiga, Cait lo hizo para poder escribir un buen informe del excelente estado de Lux, era bueno tratar de demostrar que el tratado de parcialidad entre las naciones no había llegado a un punto de quiebre.

Lux se sentó frente al fuego de su chimenea y extendió sus brazos para mantenerse tibia, en cambio Cait al terminar su informe se retiró respetuosamente de la mansión de ésta. Ezreal estaba sentado junto a su par rubio, la miraba en ocasiones y trataba de invadir sus pensamientos para intentar entender lo que pensaba.

De repente Lux volteó hacia él.

- ¿Puedo pedirte algo? –se le fue la respiración.

- ¿Qué? –respondió rápido.

- No quisiera ser una molestia pero me gustaría que pidieras mi báculo y que personalmente le dieras una nota al comandante Darius.

- Nunca será una molestia, dame la nota, lo haré –extendió su mano para recibirla pero Lux no había si quiera sacado el papel de su bolsillo para entregárselo, se veía… cautelosa.

- Es que… -volteó sus preciosos y brillantes ojos a la luz del fuego- no quiero que lo escribas en el informe de la Liga.

- ¿Por qué? –preguntó curioso Ezreal- es normal que quieras agradecerle o recriminarle las cosas que hayan hecho.

- Eh… sí, recriminar –repitió Lux, pero ella misma no se lo creía, lucía pensativa pero en el fondo había vuelto con su alegría.

- Esos noxianos no se merecen palabras tuyas, estoy seguro de que en cuanto le dé la nota la romperá porque no sabe leer –dijo lo último en voz baja-. No deberías gastar tu poética forma de enseñar lo moral en esas bestias –contestó Ezreal animado, ni si quiera él tenía en su mente la idea de que Lux quisiera comunicarse con Darius por una simple… cortesía, deseo, ánimo de saber de él, quizá un interés sano en comunicarse sin exhibir ningún otro tipo de… ¡al diablo! Sólo quería saber algo.

- Merece saber… mi… repudio –quería encubrir con todas sus fuerzas éste desespero por entablar una línea de comunicación.

- Ok, no le diré a nadie –le sonrió mientras ella extendía el mensaje y Ezreal lo tomaba como si nada- y mejor me voy porque más tarde recibirás una gran visita –añadió.

- ¿Cuál? –preguntó inocente.

- Su pretendiente.

- No digas eso –dijo burlona- es sólo un compañero…jajajaja –se rió emocionada pero de inmediato un pálpito en su corazón le dijo que no era la misma Lux que se fue.

Hace varios días, cuando lejos se hallaba la simple intención de haberse comunicado de esa manera con otro, Lux lucía feliz, había sido pretendida por el príncipe Jarvan IV y aunque no hubiera avances y él no diera pistas de una futura unión, la sola visita de éste la llenaba, pero ahora cuando su corazón latió descarriado por saber que lo vería de repente se detuvo, era… algo que le impedía moverse hacia ser la que era y emocionarse con todo su corazón.

Es cierto que la realeza se debe a los pasos, a cosas qué hacer antes de, pero había tomado tanto tiempo, desde que ella era una adolescente y él pidió verla más seguido. Nunca dio un avance significativo, nunca la tomó de la mano y ella simplemente disfrutaba de su compañía pero su infantilidad murió en Noxus cuando tuvo el toque masculino de un hombre con el que no compartió lecho mas sí compartió más intimidad que si hubiera sucedido.

No era el desespero de su corazón por sentir amor o el de su cuerpo por anhelar ser una mujer de hecho. Era la conexión que había establecido, tal vez lo exageraba y no había sido para tanto pero estaba confundida, extrañada de que un hombre tosco como Darius le hiciera debatirse entre lo correcto y lo pecaminoso.

Quería averiguar quizá si era un capricho y nada más, su cariño por el príncipe había sido cultivado por tantos años y realmente le emocionaba saber de él pero era diferente, así de simple, ésta Lux quería averiguar si lo que pasó fue una coincidencia o el simple trauma de verse en manos de unos captores crueles la desvanecieron hasta convertirla en otra Lux.

Darius no podía dormir, se había acostado en su cama viendo la noche ya posarse sobre Noxus y aparentemente no tenía intención de dejarse a ella, la puerta de su habitación volvió a sonar, un sirviente la anunciaba la llegada del agente neutral de la Liga, Ezreal.

Lo recibió en su salón principal y no fue hasta que le dijeron lo del báculo de Lux que se dio cuenta de la razón de su visita.

- Espero que todo esté en orden, el báculo fue encontrado en el lugar de retención de la prisionera. Si eso es todo, le agradeceré que se retire de mi morada –decía Darius, estaba algo molesto y quería volver a tratar de dormir.

- Hay algo más que tratar –respondió Ezreal.

- ¿Qué? –volteó a él enojado y fue recibido por una mano extendida con un pequeño sobre- es para usted –Darius lo recibió pero no lo leyó ni lo abrió.

- Es de la doncella Luxanna. Ahora si me permite, me retiraré –dijo él con la expectativa de dejar el lugar.

- Le dio… alguna… ¿instrucción? –preguntó Darius curioso como quien no está interesado.

- Ninguna –se fue, Ezreal sintió algo extraño, como si… Darius se encontrara receptivo a lo que fuera a decirle con total ánimo, pero bueno, lo único que importaba era dejar Noxus de una buena vez por todas.

El pelinegro apretó los labios y los puños, estaba tenso, no entendía qué podía ella decirle, ¿algún sentimentalismo? No tenía tiempo para eso, tiró la carta a la cama pero la veía de lejos, intentaba no curiosear pero ni él mismo pudo detenerse a los minutos, la abrió, era algo sencilla, no tenía párrafos y párrafos de escritura como esperaba.

La misma sólo decía "¿Te desagrado?". Así de simple, él sonrió divertido por esa frase, tan… corta pero profunda en el interés que emanaba a chorros. Por un momento, sólo por uno… digamos un… segundo se sintió interesado, ¿esto era común? Lo que sea que ellos hubieran creado esa noche era algo que distaba de lo no mutuo. Tanto él como ella querían descubrir si había sido un cuento de fantasía en un destello de emoción o si detrás sólo había una pared, vieja, sucia y mal hecha.

¿Pero ahora cómo iba a contestar esta pregunta? Pensaba el comandante, volvió a acostarse en su cama para mirar la carta sin saber qué hacer y cómo contestar pero su mente le decía cómo responder.

"No me provoques, Luxanna"

Era íntimo e interesante, su nombre marcaba la nota como algo… personal, ¿quién más la llamaría de esa manera?

- Luxanna… estoy enteramente agradecido a la Liga por haberte devuelto a tu tierra y a mis ojos –dijo Jarvan al ver a la doncella frente a él.

- Es un placer recibirlo –respondió ella- no me encuentro aún en condiciones de recibirle pero me da gusto que haya preocupación para conmigo.

- ¿Cómo podría no acudir a usted? –tomó su mano y le dio un ligero y pequeñísimo beso.

- Es cierto, bueno… deje que avise a los sirvientes para servir algo, no quiero que mi casa le de una indigna bienvenida.

- ¿De qué habla? –respondió galante el caballero- deje que nuestra conversación fluya sin la interrupción de la servidumbre.

- Yo… mi señor –lo miró a los ojos, sus verdes y brillantes ojos la cegaron levemente hasta que en un arrebato él la tomó de las manos.

- Disculpe mi atrevimiento –acercó las manos de Lux a sus labios y respiró tibiamente sobre ellas antes de darles un beso a cada una de nuevo- creí que no extrañaría estas atenciones pero lo hice, sólo quisiera no haberme dado cuenta en una situación así.

Todo lo que había deseado en tantas ocasiones se hizo realidad pero por alguna razón al ser tomada de la mano y ser besada de esa manera se sintió fuera de lugar, extrañando quizá que no fueran esos labios o esos ojos los que hicieran lo que Jarvan estaba haciendo.

Haber tenido lejos a Lux y a punto de perderla pudo abrir los ojos al príncipe pero la mujer a la que se lo demostraba era otra, una confundida joven que tenía todas las atenciones que quiso alguna vez pero que se mostraba distante.

- ¡Mi señor! –dijo ella exaltada alejándose levemente- podrían vernos y malinterpretar esta situación.

Nunca se había soltado de él pero lo hizo, era incómodo, odiaba tener que hacer diferencia, a lo que Darius le hacía y ella aceptaba gustosa y a lo que Jarvan le demostraba y rechazaba.

- Si desea que nadie nunca vuelva a malinterpretar esta situación entonces podría pedir su mano.

Los ojos de Lux se abrieron como platos al escuchar aquellas palabras pero un terror en su interior la hizo desistir de mostrar una simple felicidad por finalmente verse comprometida con el príncipe demaciano.

- Creo que va demasiado rápido –respondió.

- No lo creo –dijo él- el peligro por el que pasó, la situación penosa a la que se vio obligada a vivir, lo que quiero es que no vuelva a suceder algo similar, quiero convertirla en mi reina. No… había hecho esto antes porque quería, anhelaba –divagó- poder ofrecerle algo más que mi dudoso camino en la guerra y un título desmerecido. Pronto mi padre abdicará y lo que quiero es poder hacerla parte de mi inicio.

Su mente divagaba mientras el príncipe había sido capaz de ofrecerle tal honor, su respiración se hizo dificultosa mientras veía todo borroso y entonces todo se volvió negro al escuchar aún la voz de su visita, el mismo que trataba de reanimarla. Jarvan le había pedido a ella que fuera su reina, su reina… su reina… ¡oh no!

Estar bajo tal presión y sin poder decírselo a nadie, se despertó sola, en su cama y reconoció de inmediato que se había desmayado, necesitaba pensar-

¿Y sí ése era su destino? Ser una amada reina en Demacia y vivir en paz toda su vida, ¿y si durante su captura había encontrado el amor verdadero en ese hombre? ¿Qué pasaría si se equivocaba y amaba al hombre equivocado?

Había estado segura toda su vida pero en ese momento Darius le dio una razón para pensar que quizá, por un instante había otra opción en su vida.

Por su parte, el pelinegro ya tenía su respuesta escrita, aún en sus manos y sin tener un destino, pensaba en tal vez enviarla como una respuesta pero sería muy obvio, ¿qué asuntos tendría el comandante con una demaciana? Se preguntarían todos. Estaba indeciso.

Entonces volvió su mirada a los recuerdos que le dejó la rubia, quizá… esto no debía ser, ni avanzar, lo que sea que fuera o hubiera creado su imaginación. Por lo mismo decidió terminar con la fantasía dejando su respuesta en el lugar que provocó todo esto, la grieta en aquel bosque.

Sin saber que tal vez la demaciana también había decidido marchar hacia ese lugar para despedirse de él también, lo lógico era tomar su lugar como prometida del príncipe y convertirse en reina, lo lógico… porque de tomar en serio la fanfarria ilusión de romanticismo con Darius estaría perdida para siempre en el limbo.

Ese día, antes de que el sol si quiera tocase suelo demaciano Lux alistó sus cosas para marchar a la grieta que inició toda esta historia, decidiendo así su destino con Jarvan y quedándose con la opción más correcta.

Ellos se encontrarían, aún cuando no lo supieran estaban destinados a hacerlo, como si la magia surgiera de un encuentro, como si alguien quisiera que la ilusión que crearon dos partes en guerra no acabara, lo demás… corría por cuenta suya.


Fin de Episodio 4