Gracias por todos sus comentarios, el animo que me dan es impresionante, estaré actualizando pronto, por cierto, no olviden pasar por mi galería de DeviantArt, ya son 3 obras Dar/Lux y sigo xD, hasta otra ocasión y disfruten del episodio.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 5 – Yo me opongo
Veía sus manos frente a ella, temblorosas de sólo recordar aquel acercamiento, cerrando los ojos esperando sentir "eso", las mariposas revolotear locamente, su corazón palpitando como loco, necesitar más, que ese cariño sea como una droga.
Suspirar y mentirse para poder sobrellevar todo lo que le sucedía, ¿y qué si él no era el hombre que buscaba? ¿Por qué inició esta travesía? ¿Realmente su deseo era despedirse?¿Y si jamás volvía a sentir la magia de un momento? Pero no, Jarvan era maravilloso, el hombre que siempre deseó como esposo y compañero de una vida, lo conocía y a pesar de haberse dejado al olvido un tiempo tenía fe de que él tenía profundos sentimientos hacia ella.
Pero… ¿por qué se siente tan incorrecto corresponderlo? ¿Volver a ese hueco en aquel bosque olvidado le regresara acaso a la Lux que fue? Ella temía que no fuera así.
Después de dar algunas vueltas, ubicó el sitio, el sol se veía agotado a la distancia al igual que ella por dentro, jadeó un poco hasta bajar un par de metros, aquel hueco lucía igual aunque ahora habían algunas plantas creciendo en los rincones. Se quedó observando el vacío y de repente cayó en cuenta de que quizá el mundo le cacheteaba con una analogía de su fantasiosa idea de Darius.
- ¿Quién anda ahí? –preguntó una voz muy por arriba de ella, miraba el profundo interior de esa prisión rocosa.
Aún cuando su figura se encontraba a contraluz ella podía notar su presencia y se escondió en una grieta al fondo de esa cárcel. Darius bajó como si no le costase nada, y recorrió el lugar en busca del intruso.
- Sal o tendré que sacarte por pedazos –amenazó el noxiano.
Su respiración se agitó al escuchar aquella voz, no podía resistirlo más, iba a salir pero no podía. El pelinegro la encontró escondida con los ojos cerrados, él simplemente ablandó su mirada viéndola bajo el velo oscuro de las sombras. Apoyó su cuerpo contra una pared frente a ella, su cuerpo parecía querer suspirar, el alivio de no haber encontrado a 'otro' pero sí el miedo de enfrentar aquellos azules ojos lo hizo pausar su respiración.
La rubia abrió los ojos poco a poco hasta encontrarse con la sombra de Darius frente a ella, se lleno de miedo por decir algo, ¿qué podía añadir? ¿Era una broma? ¿Quién había preparado esto? No lo resistía, estaba frente al hombre que la había hecho dudar de toda una planeación, del futuro y ahora mismo de su plan de vida.
- ¿Qué hace aquí?
- ¿Qué haces tú? –respondió Darius.
- Sólo… -apoyó sus manos en la pared apretando suavemente la rocosidad del ambiente- tratando de… pensar.
- Quería devolverle la cortesía –contestó Darius y buscó en el interior de su uniforme, le alcanzó la nota que le escribió.
- ¿Para mí? –preguntó ella inocente.
- Sí… -dijo pausado viéndola, como si no costara nada tentarse con el enemigo.
- ¿Puedo leerlo? –preguntó de nuevo al pelinegro, el mismo asintió.
Al minuto ella emitió una sonrisa pícara y vio hacia el noxiano, parecía molesto, quizá siempre tenía esa expresión, sin dejar o tratando de negar lo que sentía, vergüenza, enojo, felicidad, él no controlaba ya sus emociones pero no podía expresarlas, largos años enterrando su humanidad.
- No puedo –rió divertida con la situación.
- Es una tontería –añadió Darius.
Ambos pensaban en lo mismo pero no hablaban el uno con el otro. Diciéndose que no funcionará, que no hay futuro y luego sin notar que estaban frente a frente, ¿pero qué era lo que Lux no podía y lo que Darius señalaba como 'tontería'? ¿Podían al menos decirlo? No, la respuesta era presa de más cuestiones.
- Y si… -el pelinegro tomó atención a lo que decía Lux.
- ¿Qué? –dijo Darius.
- ¿Y si… -miró hacia él, Darius se hizo levemente para atrás- empezamos a despreciarnos?
- ¿Cómo?
- Ven… -susurró ella y tomó la mano del desprevenido noxiano, el cual se dejó al toque.
Lux guió a Darius hasta el lugar más iluminado de aquella cárcel rocosa para sentarse con las piernas cruzadas e instó a su compañero a hacerlo mientras aún le sostenía la mano, inconsciente de aquel natural acercamiento.
Darius dudó por un minuto pero luego se sentó frente a ella en la misma pose, ¿cuál sería la gran idea de la rubia? No podía despegarse de aquel agarre, aún mantenía su mano junto a la de Lux.
- Vamos a conocernos –dijo ella.
- ¿Qué?
- Si nos conocemos, entonces será más fácil despreciarnos el uno al otro, cada detalle, cada manía, defecto, cada error, hará que nos sintamos más distantes, que tú ya no me veas como… no se, algo extraño. Si quitamos el misterio, entonces podremos destruir lo que sea que sea esto –dijo ella, entró en cuenta de la mano de Darius. Él se soltó y le devolvió una mirada.
- Espera –dijo él y se quitó el guante, su mano, tibia y dispuesta entonces haló la mano de Lux esta vez y la sostuvo. No entendía ni si quiera por qué lo había hecho, sólo lo había hecho- ¿mejor?
- Ah… s-si… -dijo cauta pero nerviosa y algo feliz.
- ¿Quieres conocerme entonces? –le dijo él serio. Ni si quiera parecía motivado por la acción, tal vez sólo era un robot pero su interior también sentía algo de emoción, su indiferencia se descongeló y terminó siendo presa de la provocación.
- Hazlo.
Su voz sonó tersa, estaba... tan cerca de cometer una estupidez, como… quizá… dejar que él tomara su mano y girara su mundo de ésta manera, había conocido un gesto que creía que no existiría de parte de él, ¿entonces él era presa de ésta incógnita también? ¿La estaba engañando para obtener su mansa atención? ¿A qué juega Darius?
Pero no era un juego, era el aleteo de dos almas, destinadas a vivir este momento como si fuera el último en sus vidas, podían sentir el elevarse, el entenderse a pesar de la distancia que proponían de por sí.
Y Darius comenzó, su historia estaba tan llena de oscuridad, horror y en algunas ocasiones penuria, sus grandes defectos se fueron haciendo cada vez más chicos a la vista de la joven demaciana, la cual no dejaba de ver cómo le enseñaban un nuevo mundo, en el que vivió, el cual era tan cruel con un niño que sólo merecía un poco de bondad pero en cambio recibió dolor y sufrimiento. Él se veía ido, sus ojos, su otra mano, temblaba un poco, casi innotable, ella lo sentía, al describir algo su mano vibraba por la tensión. Finalmente llegó hasta donde decía lo difícil que fue criarse en las calles.
- ¿Quién… mató a tu padre?
- Supongo que algún bastardo con más fuerza que cerebro, alguien que quizá no quería verlo más.
- Pero… tú dijiste que…
- Yo maté a mi padre –le dijo, la vio a los ojos y ella se sorprendió mientras sentía como él apretaba su mano- y también a mi madre. Le reventé el cráneo con una roca.
¿Estaba escuchando lo que realmente estaba diciéndole? ¿Cómo es que pasó de decirle todo lo que vivió para de repente volver a la muerte de sus padres, de la nada, sin si quiera hacer una pausa. Había visto, quizá, que los ojos de la rubia se iluminaban, ella diría que él era valiente, un hombre hecho por la vida, fuerte y bendecido con un cálido corazón al no abandonar a su hermano, por eso.
- Mentí al decir simplemente "murieron" al principio –dijo Darius.
- ¿Cómo pudiste? –se alejó y soltó su mano, decantada y asustada no pudo pensar en las razones, porque él las tenía, pero ella no preguntó.
- Pasó hace tanto que realmente no creo que deba disculparme, no se lo había dicho nunca a nadie, ni si quiera a mi propio hermano –vio su mano desnuda y luego la vio a ella, se alejaba aterrada, en efecto, ella estaba despreciándolo.
- Realmente eres un criminal –dijo ella.
- Soy un asesino, no un criminal, no podría ser condenado por algo así en mi tierra. En la tuya quizá me encerrarían… -la vio de lejos, estaba disfrutando ese breve momento de intranquilidad entre los dos, su terror alimentaba la oscuridad en su interior- ¿me contarás tu peor secreto? Te reto a que hagas que te desprecie.
- ¿Esto es un juego para ti? –se retrajo, la rubia estaba asqueada, se levantó y le dio la espalda mientras buscaba sus cosas, quería marcharse, huir quizá de éste hombre, él era… despreciable y no podía soportar la idea de que ella pensó en 'algo' con él, creyó sentir 'eso' en su interior, tenía razón… Jarvan era el hombre ideal.
- No, pero vivir en esta fantasía sólo nos aleja de nuestras verdaderas metas. Mis manos… -las vio- están manchadas con la sangre de tu pueblo, cada gota, cada persona con sueños y esperanzas como las tuyas está aquí. Su historia está estampada en mis memorias como un grito de socorro y agonía, ¿es eso lo que quieres? –preguntó Darius. Lux vio acongojada al hombre que se mostraba ante ella tal y como era.
Impensablemente después de escucharlo dejó su miedo en otra parte, Darius en vez de lucir orgulloso, sonaba… abstraído y melancólico, se acercó a él y antes de que lo notara tenía su mano derecha sobre la morena mejilla curtida de aquel hombre, la tibieza de su rostro la hizo palidecer y sonrió pero entristecida.
- ¿Por qué me miras así? –preguntó el pelinegro aún más inquieto por la acción de la rubia.
- Tú me has dado la oportunidad de huir muchas veces pero en esta ocasión, te dejo mi sangre, prueba tu convicción hacia lo que me has dicho. Prueba… que todos los demacianos son iguales para ti y derrama mi sangre en éste lugar, pero por favor… detén mi corazón porque… -musitó- no para de latir al escucharte, no puedes dejarme vivir en ésta agonía, soy una traidora, una demaciana con la moral destruida por mis anhelos de inmadurez.
- ¿Estás loca? –añadió alejando su rostro de la caricia que ella le daba- ¿qué puedes haber encontrado en esto que no hayas tenido anteriormente? Vuelve a tu tierra demaciana, haz una vida y olvida que existe un hombre como yo, un asesino que no ha encontrado paz.
- Entonces tendré que decirte lo peor que he hecho… -bajó la mirada.
- Haz que te desprecie –dijo él intentando terminar con esta fantasía.
- Mi mayor secreto, algo que no le he dicho a nadie y que quizá no se lo diga es que… tuve una vida muy buena, padres amorosos, un gran hermano, un título honorífico en las artes mágicas, un futuro planeado pero que he traicionado todo eso y he dudado por mucho que realmente ése sea mi único destino. Mi secreto… la razón por la que los demás me despreciarían es que… tal vez le he entregado parte de mi cariño a alguien que no lo merece, un asesino tal vez, un guerrero… -bufó al punto de soltar en llanto- que tiene la sangre de mi gente en sus manos y que mi corazón… tarda en entender que NO debo verlo más –de sus ojos salieron las lágrimas que había deseado guardar para cuando él no estuviera. Darius la vio inmutable pero sin resistirlo más extendió sus manos y ella observó a lo que se entregaba, dudó por dos segundos pero luego se dejó al abrazo de éste, el cual al tenerla apretó su cuerpo con suavidad, mientras sentía cada parte de su feminidad latir furiosa.
- No te dejaré… -agregó él, no estaba conmovido, estaba… feliz, ¿feliz? Se preguntó él, ¿eso era lo que sentía al escuchar a la pequeña rubia confesarse? Era como un fulgor tímido saliendo a flote en la infinidad de pensamientos que lo superaban- quiero que sigamos viéndonos, quiero verte, aunque sea un momento.
Pero su interior noxiano le gritaba "no, no, no, no, no" y no muy diferente a Lux él se sentía invadido por la idea repetitiva de la traición, ¿estaba sobrepasando los límites al buscar encuentros furtivos entre ellos cuando no debieran? ¿Eran traidores de anhelar esta intimidad que jamás habían conocido con otros? ¿Eso era traición?
Cuando Darius esté enviando a sus tropas a guerra, cuando los conflictos con Demacia vuelvan, levantará la mano en contra de aquel pueblo que le dio la oportunidad de encontrar una parte de él que jamás habría querido perder, ¿podrá seguir derramando la sangre de los demacianos con tanta naturalidad ahora que ha encontrado algo especial en uno de ellos? ¿Sería moral practicar su devoción a Noxus y al mismo tiempo provocar a su destino al sumergirse en eso que le proponía a Lux?
- Podré saciar mi ansia de verte si nos volvemos a ver el mismo día la próxima semana –dijo ella con una intermitente inseguridad por lo que hacía.
Y lo que marcó el punto de partida de lo que crearon, era esto, la simple respuesta de Darius, el segundo que hizo posible y construyó de inmediato el futuro que ellos querían. El pelinegro, cauto pero más tranquilo con ella a su lado respondió.
- Sí.
Ese "sí", dos simples letras formando una palabra los uniría para siempre, en buenas, malas, terribles y quizá hermosos recuerdos. Eso había comenzado la historia. Si bien aún no estuvieron dispuestos a un acercamiento de otro tipo, se veían cada semana, el mismo día, la misma hora y se quedaban hasta casi el amanecer, conversaban y aunque Darius no reía se le sentía animado y feliz. Al cabo de unos meses bajo la misma rutina, ambos fueron soltándose más, nadie en su entorno lo notaba, no notaba que ya no eran dos personas separadas sino una.
Darius evadía a su hermano, algunas reuniones y así sacaba tiempo para estar con ella. Lux por su parte había hecho notar un poco su indiferencia hacia el príncipe pero quería pensar que él se aburriría de su actitud y la dejaría ir sin que ella tuviera que explicar su razón: Darius.
- ¿Hermano? –preguntó Draven. Había buscado ocasión para encontrarlo y precisamente lo vio en el comedor.
- Draven, ¿qué te trae por aquí? –preguntó Darius, cuando era él en realidad quien se perdía.
- Yo debería preguntarlo –agregó sentándose al frente suyo.
Un sirviente se acercó para servirle su comida y se alejó. El silencio sepulcral del salón los devoró de inmediato.
- Me han preguntado mucho por ti.
- ¿Si? –dijo sin prestarle atención.
- Claro, claro, adivina quién –dijo su hermano.
- ¿Quién? –preguntó él sin ánimo.
Quizá seguía su juego porque conocía a su hermano y él no pararía hasta tener respuestas. Era muy molesto cuando se le ignoraba.
- Katarina… -susurró divertido.
- Sí, la vi el otro día.
- Hermano… ¿nunca has pensado que deberías de formalizar algo con alguien?
Darius se detuvo un momento, trataba de no traer el nombre de nadie a su mente pero lo había hecho, estaba molesto.
- Realmente no.
- ¿Qué tal Kata? Es un buen partido, además ser amigo de su padre sería muy favorable para ambos. Imagina la publicidad, el título que nos darían.
- Tenemos títulos, tierras y honor, ¿por qué te preocupa tener el honor de los Du Couteau? –preguntó Darius sin mucho ánimo aún comiendo su cena.
- Un comandante debe sentar cabeza para dar ejemplo a sus tropas y también supongo que no quería que estuvieras solo.
- Vaya, qué profundo eres –se burló Darius exhibiendo una sonrisa torcida.
- Hermanito, hermanito, acostarte con demacianas no te ha fundido el cerebro, ¿verdad?
La sonrisa torcida de Darius se convirtió en un fruncido ceño con mirada furiosa hacia Draven, el cual se dio cuenta y por lo mismo se enserio también.
- Lo sabes –dijo Darius dejando su plato a un lado para mirar directamente a su hermano.
- Sí y pronto los demás podrían saberlo. Se que te has estado encontrando con la pequeña bruja demaciana, soy tu hermano y por eso quiero darte una advertencia, no desperdicies tu vida por una zorra, hay muchas otras que te darán el doble de vueltas que ella por mucho menos de lo que vas a perder si sigues así.
- ¿Eso es para ti? ¿Un revolcón? ¿Una salida y entrada? –la indignación de Darius corría eufórica, tanto que estaba a punto de sacar muchas cosas que sentía- ¿Y si ella fuera la mujer que quiero desposar? Noxus no me pide ser un santo, un guerrero noxiano sabe lo que quiere y si no fuera así, entonces me convertiría en un granjero cualquiera, sin patria y sin honor.
- Noxus nos pide lealtad, ¡es nuestra tierra! La traicionas al estar con una enemiga, ella salvó tu vida pero no salvará tu honor. Lo nobles nos destruirán y harán cenizas a cualquiera que hable de hasta la más mínima hazaña nuestra. Aceptaría que sólo te estés revolcando con ella pero desposarla… eso es imperdonable. Piensa en lo que haces, tenla de amante si quieres pero cásate con una noxiana, al menos así estarás seguro –añadió Draven pero Darius giró su rostro hacia otro lado, quería ser indiferente, su hermano al no sentirse escuchado tiró su plato.
- No desposaré a nadie que no sea ella. Aunque se muy bien que jamás será así.
- Ya veremos –le dijo Draven antes de salir del salón.
Renuente a la idea de que su propio hermano esté en una cuerda floja, el hermano del comandante noxiano se dio a la tardea de tratar de pasar ese mal trago con… quizá más trago. Iba a una taberna a desahogar sus molestias, estaba igual de divertido pero en el fondo guardaba ira por lo que Darius le había dicho. Imaginó pronto a su hermano con la demaciana, dejando la fe que siente por su patria por un incorrecto deseo prohibido.
No lo entendía. Lo único que sabía hasta el momento era que la gente hace cosas estúpidas por amor, muy estúpidas.
- ¡Qué sorpresa! Dile que pase –decía Lux acostada en su cama, aún sin ánimo de dormir, fue bueno que un amigo suyo encontrara tiempo.
- Sí, mi señora –respondió el sirviente.
Entró a la escena Ezreal, se sintió un poco incómodo al ser recibido de esa manera, la rubia se levantó de su cama y fue a saludarlo con ánimo, le sonreía, su rubio amigo no podía evitar verla emocionado, por alguna razón siempre había guardado un anhelante cariño sin ser aún correspondido debido a la ignorancia del mismo sentimiento.
- ¿Qué te trae por aquí? –preguntó Lux.
- Saludarte, mañana saldré de Demacia y no quería quedarme con las… -la veía de cerca y no podía evitarlo- ganas de verte…
- Awww… gracias –le dio una palmada en el hombro y tomó asiento en su cama- es muy dulce de tu parte, ven –lo llamó.
- También quería decirte algo, ahora que las cosas con el príncipe no han estado bien, yo sólo… -no tenía el valor para confesarle lo que quería.
- Si, la verdad es que espero y se rinda pronto.
- "Estará… ¡disponible!" –pensó Ezreal de inmediato.
- ¿Qué piensas? –preguntó Lux.
- Yo quería preguntarte si podemos… hablar de algo, quiero confesarte que yo…
De inmediato fue cortado por Lux, estaba atendiéndolo pero de alguna manera se cruzó la idea de que podría confiar en él, la razón de su desplante hacia el príncipe.
- Yo también –se acercó a él, lo miraba a los ojos.
El rubio se sonrojó y sintió el propio latir de su corazón sucumbir ante la dulzura de esta joven, ¿ella le diría lo que él quería oír? Ansiaba escucharla.
- He estado viendo a alguien más, con otros ojos, ya sabes, algo más que… amistad.
- Si, si, si… -quería dejarla continuar.
- Admito que al principio fue difícil y no se si él me vea de esa manera, sólo… hemos estado juntos en algunos momentos y no quiero dejar de verlo.
- Yo tampoco –contestó el rubio.
- ¿Eh? –Lux vio a Ezreal sin saber por qué había dicho eso- ¿sucede algo?
- ¿Hablas de mí? –preguntó Ezreal dudoso.
- No, claro que no –respondió la rubia- lo siento –se alejó al darse cuenta de su acción y de su proximidad- no quería que pensaras de esa manera, me refería a otra cosa –bajó la mirada.
- ¿Quién? –preguntó rápidamente Ezreal, tenía que saber.
Había esperado tanto tiempo para una sola grieta entre Jarvan y ella, ahora que existía la posibilidad y Lux rechazaba al príncipe, de alguna manera se dio valor para confesársele antes de partir en alguna otra misión. Estaba… pensaba… simplemente no entendía. Sólo deseaba saber, ¿quién? ¿Quién demonios se había interpuesto entre éste sentimiento que había durado tanto tiempo en salir a la luz?
- No puedo decírtelo –respondió la joven volteando a otro lado.
- No, no, no –comenzó molesto, Ezreal merecía saber- yo… he guardado éste sentimiento para ti y ahora que tengo una oportunidad me la niegas y no me dices si quiera por quién es que pierdo.
- Deberías irte –agregó ella.
- "No es posible" –pensó para sí, recordó la 'nota' para el comandante Darius, supuso o quiso pensar que era algo sin importancia, pero no, debía probar que no era así, DEBÍA- ¡es aquél noxiano! –gritó sin querer- "por favor, no pongas esa cara, no lo hagas" –pensaba mientras esperaba la reacción de su amiga a lo largo de ese par de segundos.
Y sí, ella reaccionó aterrorizada y temerosa por la confesión, había tenido razón, era Darius, aquel noxiano el que le había robado la atención a ésta delicada rubia, no podía creerlo, era… inentendible, ¿cómo podría procesar toda esta información?
- ¡NO SE LO DIGAS A NADIE! –gritó ella mientras Ezreal se iba de la habitación consternado- por favor, somos amigos, no lo hagas…
Hace mucho que habían dejado de ser amigos, cuando él fijó su ojos en los de ella, su vida había dado un giro completo para ser parte de su existencia, aunque no pudiera acceder a su amor, al menos podría compartir su amistoso cariño pero ahora, con Jarvan casi fuera del mapa, resultaba que el ladrón del cariño de la rubia era ese maldito noxiano, era más de lo que podía entender, procesar, comprender.
Estaba quebrado, no por haber perdido a Lux de nuevo, sino por verla marchar hacia un destino, quizá cruel y despiadado al decaer sus encantos en un noxiano. Amar no es un delito, pero ella podía ser condenada por sus decisiones.
Fin de Episodio 5
