Me pasé toda una semana sin mi computadora, ni mis fanfics, ni nada para escribir, así que ahora que tengo de vuelta a mi querida PC quise actualizar mi fanfic como un desahogo a todo lo que quise hacer esta semana. Muchas gracias por su apoyo y sobretodo por sus comentarios que siempre me ayudan y animan a seguir escribiendo. Como les digo "comentar es apoyar, si apoyas la historia animas a esta escritora a seguir con el proyecto".

Nos veremos pronto. Disfruten del episodio y ;) no tomen todo por hecho. Muchas veces dejo un cabo queda suelto y el siguiente episodio podría sellarlo. No desesperen :)


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 10 – Una Confesión tras Otra


¿Cuán difícil es el amor para ti? Tienes la libertad de conquistar a quien tú quieras, tomarlo de la mano y luego caer en un mundo de idealización. Cuán fácil era ser común, ser un corriente humano no mágico, Lux deseaba por primera vez en su vida ser distinta. Indiferente a la ausencia de sí misma pensó en cómo superar lo sucedido y poder ver a los ojos a Darius sin pena.

Por alguna razón el noxiano la hacía sentir… como si pudiera ver su propia alma, como si su esencia estuviera descubierta. Cuando despertó, la habitación aún se encontraba oscura, pensó por un segundo en quedarse en la cama y dormir pero quería cambiar su rutina desde lo sucedido con Viktor. Quitó las cortinas y abrió la ventana, la luz del sol la encegueció por unos minutos hasta que se acostumbró. Se cambió, se bañó y bajó a desayunar para encontrarse con su hermano, iba de salida.

- ¡Buen día! –saludó animada.

- ¿Te encuentras mejor? –preguntó Garen.

- Sí, gracias –respondió pero su hermano ya se había marchado.

Apreció la mesa y la tocó con delicadeza, era nueva, hecha por artesanos, sus padres siempre buscaban algo fuera de lo común para destacar su decoración, la superficie era rasposa, Lux recordó a Darius, ese guerrero con piel áspera y manos firmes. Sonrió.

Pasadas las horas de desayuno se dio valor para ir a su campo de entrenamiento pero ahí estaba Jarvan, sentado, esperándola…

- Me tomé la libertad de visitarla. Espero no le moleste –dijo el príncipe y volvió su mirada a la nada.

Su aura llena de tristeza se apartaba de la galantería y caballerosidad, mientras su rostro expresaba una falsa seriedad. La maga de luz fue hacia él, le dio una palmada y le sonrió.

- ¿Qué tal una carrera? –preguntó la doncella.

- No me ha dejado saludarla apropiadamente, deje que…

- Voy a ganarle, no diga que no se lo advertí –sacó la lengua como una niña.

El príncipe, en un inicio confundido, vio con atentos ojos como Lux saltaba por el jardín, provocándolo como cuando eran niños. Esos momentos en los que no pensaba en nada más que terminar la carrera y regodearse de su victoria extendiendo su espada al cielo e incrustándola en el suelo para reclamar la tierra como suya.

Jarvan elevó la mirada y torció su mueca hasta convertirla en una sonrisa para luego levantarse, sacarse la armadura hasta quedarse con una camiseta interior negra y correr tras Lux. Su gran cuerpo lo sacaba de balance pero era más resistente, por ello al ver a Lux bajar su ritmo saltó sobre ella, ambos rodaron por el piso hasta chocar con un árbol.

Su cabello rubio había quedado sobre su rostro, lo movió suavemente hasta encontrarse con el rostro de Luxanna, la misma rió alocadamente mientras intentaba levantarse.

Como cuando eran niños. La inocencia de estar juntos, sin una dolorosa presión en ellos o la idea del compromiso, sólo ellos, ingenuos ante cualquier muestra de afecto. Jarvan recordando por primera vez desde hacía tiempo cómo era antes del ataque de Swain, como su otro yo era libre… en muchos sentidos.

- Considera casarte conmigo –rompió el silencio.

- … -estremecida no supo qué decir.

La rubia se puso de pie y a su lado el príncipe, el cual apoya cordialmente su mano en el hombro de la doncella.

- No elijas un compromiso, elige una vida al lado de alguien que quiere merecerte, sincera y respetuosamente.

- Se lo agradezco, príncipe –sonrió levemente- deberíamos buscar su armadura y a su guardia, debe estar volviéndose loco al no poder encontrarlo.

- Tienes razón –pasó delante de ella.

Vio su enorme espalda y la sombra que proyectaba, éste era el momento, mientras su cuerpo se balanceaba hacia él para poder decirle que había tomado su decisión, él se giró de repente.

- Yo… -se quedó corta en palabras al tener los ojos de Jarvan examinándola.

- Después de usted, señorita –dijo galante.

- ¡Quería decirle algo! –dijo Lux repentinamente también- Yo tengo… algo que decirle, su majestad, quiero decir… Jarvan, yo… tengo una relación con…

- Lo se –dijo Jarvan amable.

- ¿Lo… sabe?

- Sí, tiene una relación de amistad con el explorador, el tal… Ezreal. No vea ningún problema de mi parte en que él siga frecuentándola –agregó tranquilo- se que tal vez se sienta presionada. Pero tiene la libertad de estar con quien decida y conservar sus amistades tal cual las procuró en todo momento.

- Sí, estaba… nerviosa.

- No me incomoda en nada que tenga amistades. Sería tonto de mi parte dar mal ejemplo, como algunos nobles han hecho, negarle tener una vida social y encerrarla, es un crimen para una doncella tan bella e inteligente.

Bien, eso no salió como quisiera pero al menos lo intentó, no iba decirle directamente "Eeey, un noxiano me pretende" pero iba a dejar claro que ella no estaba interesada en algo romántico y menos platónico. Quería ser su amiga porque en su interior no podía olvidar todo el cariño que aún le tenía.

Calló, por miedo, por indecisión. Había practicado un discurso frente a su espejo, algo así les diría a sus padres, suponía que eventualmente alguien se enteraría de aquellos encuentros, no quería que la malinterpretaban puesto que lo que Darius le evocaba no era un sentir perverso de necesidad sexual, bueno… en cierto punto cuando él estaba tan cerca, provocaba ciertas reacciones pero nunca cruzaría la línea o al menos eso creía.

El día transcurrió tranquilamente mientras veía el atardecer por su ventana, desde lejos. Esperaba que él no se rindiera, en ese momento no podía ver a la cara al noxiano, a él no podía enfrentarlo, no, no, mil veces no. Si se vieran… sabría de inmediato lo que le pasó y si algo evitaba era que él la viese con lástima.

Darius, en cambio, pensaba en que ella se había retractado, ¿de qué? De él, de su acercamiento, de su interés. Lo estaba evitando pero aún así, él la esperaba… en aquellos días, desde el amanecer hasta la última hora. Su tenacidad hacía que no se rindiese, era terco como un bulldog pero se sentía incómodo, estaba forzando a alguien que quizá se arrepintió. Era de esperarse.

El noxiano podía ser todo lo terco que quisiera pero también era negativo. Su interior lleno de dudas lo hizo sentirse desmerecido de tal cariño, quizá había sido mentira, quizá la demaciana se dio cuenta de que no había un futuro para ellos, que el sinsentido sólo le traería pérdidas.

Despertó de inmediato y vio a su alrededor: NADA.

Una ventana abierta dejó pasar el frío, su brazo le dolía, tenía algunos músculos tensos, se levantó descalzo y caminó hacia su ventana por la cual miró la luna por un momento, se preguntó si ella la vería también pero sacudió ese pensamiento para cerrar la ventana y volver a la cama. Debía descansar. Debía… olvidarlo.

Minutos después, acostado en su cama, no podía olvidar lo sucedido, ¿estaba mal querer estrecharla entre sus brazos? Seguro que sí. Desechó la idea. Vio por su ventana… la oscuridad aún reinaba.

- Vamos… amanece –dijo Darius.

Pero no llegaba. Era interesante lo decido que estaba a pensar en dos cosas opuestas, olvidar el asunto y tenerla frente a él para saber lo que ella planeaba; ser engañado por una demaciana no era la primera vez para él, recordó un viejo amorío pasajero que tuvo. Era joven y tal vez en ese tiempo valoró demasiado lo que fue aquel sentimiento.

- ¡Vaamos! –insistía viendo desde su cama la densa oscuridad por la ventana.

En Demacia, Lux pretendía dormir pero tenía algunas pesadillas. Era incómodo, por lo mismo giró sus ojos para ver sus cortinas, las mismas cubrían cualquier rastro de luz, aunque por un lado ella podía ver como un pequeño hilillo iluminado llevaba hasta su piso. No era el caso en esos momentos.

- ¿Qué hará? –se preguntó a sí misma- ah… -suspiró- debe estar molesto, quisiera... poder –extendió su mano hacia la ventana cubierta- …

- Estar más cerca… -decía Darius a la distancia, una leve sonrisa se asomó en su rostro- ¡perfecto! –gritó animado viendo el cambio de color en el horizonte y un poco de luz bañando sus tierras.

Una vez cambiado y peinado procedió a desayunar, no demasiado, un poco de fruta, sus hábitos alimenticios cambiaban, al menos con el estrés, no sólo causado por la ausencia de Lux sino por la desobediencia de su hermano. Había vuelto pero ahora no se acercaba, ni si quiera le saludaba.

Cruzó un pasillo para verlo entrar a su habitación.

- Hey –le llamó la atención y Draven volteó a verlo.

- Hermanito, que gusto –fingió.

- ¿Qué pasa contigo? –preguntó Darius.

- Nada –dijo calmado.

- ¿Estás en tus días? –dijo Darius sin pensarlo, no sabía qué pasaría pero su hermano siempre le hacía esa misma broma.

- No es gracioso –entró a su habitación.

- Sí lo es, ¡vamos! Idiota… -dijo cuando Draven le cerró la puerta en la cara.

- No cuando tú lo dices –gritó desde el interior de su habitación Draven.

Refunfuñó el mayor de los noxianos y se fue de allí, no iba a seguir perdiendo su tiempo con las niñerías del mocoso de su hermano, estaba cansado y enojado, sobretodo porque nunca podía decir algo con gracia. Estaba negado en ese asunto y lo comprobaba. Su rostro volvió a ser de piedra, esperando que así se le pasara.

Pero… había algo que le molestaba, Draven no parecía haber estado en una fiesta, demasiado sobrio, quizá, así que… ¿dónde estuvo toda la noche? Uhmmm tampoco imaginaba que él fuera tan inteligente para idear algo en su contra así que lo dejó pasar, si era una de sus clásicas bromas lo superaría. Pero fue una mala idea dejar pasar el asunto. Porque sin querer ese momento de furia entre ellos provocó que Draven pasara la línea, su lengua no pudo parar de moverse hasta terminar su historia, la contaba completamente furioso, moviendo los brazos y al final su mirada se dirigía al cuervo de Swain.

Flashback

- Ya veo –dijo calmo aquel noxiano.

- Quería hacer algo para ayudarlo, usted es amigo suyo. Se que no tomaría represalias por su accionar pero al menos sabría cómo detenerle –decía Draven.

- ¿Crees que éste sea un grito de ayuda? Urgot y un par de amigos míos sabemos de una terapia –decía Swain.

- ¿Terapia? Pero si él no está enfermo –retomó Draven sin entender lo que le proponía el cuervo negro.

- Sí, una 'terapia' –intervino LeBlanc- podemos hacer que él desista de intrigar en nuestra nación, unirse a una demaciana… -se rió- eso podría dañar la estructura de nuestro gobierno. Imagina lo que dirán, el comandante al que le fue encomendado el espíritu guerrero de Noxus seducido como un adolescente por una bruja.

- Eso… pero… él no está intrigando. No hay nadie más entregado a Noxus que mi hermano –dijo Draven.

- Lo sabemos y queremos que siga de ese modo –señaló Swain, el cuervo estiró sus alas, parecía inocente pero su oscuridad ocultaba algo.

- Entonces lo ayudarán –afirmó Draven, malamente confiado.

- Sabemos qué hacer con él –decía Swain, al mismo tiempo LeBlanc parecía sonreír levemente.

Final del Flashback

- Creo que acabo de meter la pata –dijo para sí el ejecutor, precisamente había hecho honor a su nombre. Estaba ejecutando a su hermano.

Pronto la luz le cegaba los ojos, atisbó a la distancia a un par de soldados suyos esperándolo. Levantó la mirada y fue acompañado hasta el centro de reclutamiento, por extraño que parezca pidió un informe de los reclutas y al menos una cuarta parte del total había completado las mil vueltas.

Pero esa mañana podía ver a sus cadetes incómodos, algunos tenían las extremidades adoloridas, Darius curveó su labio, estaba feliz, hoy iba a torturarlos más con las prácticas.

Primero quiso ver hasta qué punto estarían familiarizados con el combate cuerpo a cuerpo e armas de distancia, como arcos. El altanero de la otra noche permanecía ahí, se acercó a verlo, le recordaba a alguien pero no lograba recordar quién.

- Espero que demuestres ser más que un hablador –dijo Darius.

- Me concentraría mejor sin distracciones –dijo secamente.

- No eres un guerrero, eres tan inútil que no puedes usar un simple arco con alguien hablándote al oído –agregó Darius y se apartó.

- ¡Agh! Maldito –se enfureció viéndolo a la distancia mientras apuntaba a su objetivo, una diana roja.

Le irritaba que alguien dudara de sus habilidades, si simplemente pudiera demostrar todo su potencial, pero no podía pero tan pronto terminaran estos estúpidos entrenamientos y los admitieran como soldados de baja categoría podrían moverse mejor por Noxus para encontrar al fugitivo Viktor, también le daría una lección a aquel viejo noxiano.

Un soldado interrumpió las pruebas de armas a distancia, entrando en el campo para dirigirse a Darius.

- Señor, tiene un mensaje.

- Estoy ocupado. Déjalo en mi residencia –agregó Darius sin quitar la vista de sus reclutas.

- Es el explorador, representante de la liga, me dijo que le dijera –bajó la cabeza, el soldado estaba nervioso.

- No quiero hablar de estúpidas legislaciones demacianas, hice suficiente dejando que aceptaran el pacto de parcialidad. Dile que no estoy interesado.

- "La luz dejará de brillar si la noche no llega" –se cubrió esperando represalias de su comandante.

Darius se quedó un momento pensativo, sin moverse, ¿entonces era eso? Un asunto relacionado con Lux, ¿se supone que él era la noche? Si el asunto era concerniente a sus pueblos podría no haber dicho eso. Algo le había pasado.

De lejos Dante notó como el semblante del noxiano cambiaba.

- Sucede algo –susurró el muchacho a su compañero.

- Asuntos personales. Dedícate a la práctica, ya quiero terminarla, estoy muerto –decía adolorido Gray.

- Tienes razón –volvió su mirada a su blanco, al menos ahora tendría paz, por el contrario de Darius.

- Te dejaré a cargo. Que terminen las prácticas –decía caminando algo presuroso a la salida, debía encontrar a Ezreal, saber qué pasaba, ¿estaría bien Lux? ¿Habría ella enviado al explorador para librarse finalmente de él? ¿Le tendría un mensaje? Oh no… imaginó lo peor llegar.

Pero el tan esperado mensajero estaba en su hogar, pensando en las palabras que le diría mientras se distraía en la espera del noxiano.

Ezreal caminó cauteloso por la casa del noxiano, esperaba no cometer un error y aunque odiase con razón no podía evitarle a su amiga y compañera de toda la vida una alegría. Esta bestia, por más anormal y despreciable que fuera hacía que Lux sonriera, temerosa pero lo hacía.

Ni si quiera ella se perdonaba en muchas ocasiones tener ese secreto, se veía culpable, en sus ojos lo notaba, no estaba avergonzada pero Ezreal lo sabía, ella no podría admitir públicamente esta afrenta contra su amada Demacia. Amar a este perseguidor, sangriento y malvado noxiano era casi como verse poseída. Sus padres definitivamente harían que ella se internara para quitar la maldición que fuera que tuviera.

- ¿Qué ves en ese cuadro?

Pregunto con frialdad Darius al encontrarse con la presencia del rubio en su hogar a esas horas. Ezreal no volteó se había quedado viendo la pintura por una razón, era un recordatorio, un trofeo de sus múltiples saqueos a poblaciones alrededor de Demacia.

- Ego –respondió serio- y soledad al mismo tiempo.

- ¿Qué quieres mocoso? –dijo desinteresado.

- Tú tienes algo muy valioso, sólo quiero saber si eres lo suficientemente fuerte como para apreciarlo y conservarlo.

- No hay hombre más fuerte que yo, ni nación que crea lo contrario –respondió rápidamente.

- Esto no tiene nada que ver con nosotros o con Demacia o con Noxus. Se tu secreto –susurró Ezreal.

Por un momento el pelinegro se perturbó pero de inmediato fingió desinterés y al mismo tiempo se burlaba con una media sonrisa. Quería decirse a sí mismo que éste mocoso jamás sabría lo que él tenía en su corazón, jamás lo descifraría.

- Vete de aquí, idiota –lo empujó.

Era fácil, su frágil cuerpo trató de no dejarse pero Darius tenía la potencia para hacerlo retroceder. En fin… Ezreal no lucía muy feliz, es más, miró al noxiano como si el miedo hubiera desaparecido por completo. Sí, hubo una época en la que el explorador temía al demonio que éste tenía dentro, a su sed de sangre y a su total desprecio pero ahora no. Ahora lo odiaba, lo odiaba tanto que… su boca quería escupirle veneno.

- Es tu culpa que ella se perdiera a sí misma. Su cabeza, su título y su dignidad están en peligro por ti. Ni ella misma se merece lo que su desespero le atribuye. Y ahora mismo es capaz de…

- ¿De qué? –comenzó a tomar en serio al pequeño.

- Lux está comprometida. Lo ha estado desde sus 5 años, con el… príncipe –se le hizo difícil- pero recientemente su comportamiento ha cambiado. Ha abandonado la vida que planeó por una simple ilusión, por una estúpida idea, amar a una basura no vale todo lo que ella sacrifica, ¿y para qué? Para convertirse en la 'querida' de un asesino, de un bastardo que no la tocará después de saber todo lo que ella ha pasado.

- ¿Qué ha pasado?

- Si vine aquí es para que termines con esto. No me importa que ella ame a otro, lo que me importa es su vida. Hago esto porque es menos terrible que si sus padres o el mismo príncipe se enteran.

- No es asunto tuyo si deba estar con ella o no. Si será… mi 'querida', eso no lo decides tú –sonrió pero molesto con la intromisión del rubio.

- Ella no es como cualquiera de esas mujerzuelas con las que te acuestas, ella es diferente, ¿nunca te has preguntado por qué le teme tanto a los hombres? ¿Nunca? –dijo Ezreal.

Darius tragó saliva y se vio preocupado por un momento, entendía el punto al que iba Ezreal sólo que no quería aceptarlo, se negaba a pensar que su ideal estuviera convirtiéndose en una pesadilla. No podía sobrellevar esa carga, una mujer idealizada convertida en una víctima no tan pura como pensaba.

- …a sus 14 años fue violada, no por uno sino por todo un grupo de noxianos que invadieron su hogar; ella es una sobreviviente y creí por poco que su corazón estaría a salvo en Demacia pero no.

¿Violada? ¿Violada dijo? Decía mentalmente Darius, por un breve segundo perdió el rumbo de la conversación porque en su mente sólo podía divisar a la dulce rubia que lo había sostenido en sus brazos, la que le salvó la vida, la que le mostró más virtudes que las que él jamás había conocido, siendo… él… ¡NO! Se negaba a pensarlo, apretó los dientes furioso mientras rechinaban de ira no pudo evitar mirar con odio a Ezreal.

Le había quitado su… paz y se veía tan tranquilo tras esa confesión mientras que él no podía consigo mismo, no… no… no en ese momento y sobre todo... no ella.


Fin de Episodio 10


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