Me gustó mucho el título que le puse a este episodio, para mi tiene un significado muy profundo, quizá siento que la prueba de amor más grande que alguien puede darte es entender los errores de tu pasado o quererte a pesar de tus defectos como persona. Me ha tocado ver chicas muy quebradas por dentro, de la clase que creen que se merecen ser infelices hasta que encuentran a alguien especial pero los alejan porque no tienen nada que ofrecerle. En cambio estos hombres buenos (escasos) se quedan a tu lado, esperan pacientes a que superes cosas y eso... eso para mí es una verdadera prueba de amor.

Soy idealista, lo se, pero ¿por qué perder nuestros corazones llenos de amor y nuestros sueños por cerdos que no apreciaron las perlas?

Bueno, al caso, para los que leyeron estas reflexiones, que disfruten el episodio y para los que no, lo mismo. Cuídense y recuerden nunca dejar a los cerdos disfrutar de las perlas, porque nunca sabrán lo que son ni las apreciarán.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 11 – La Verdadera Prueba de Amor


Darius vio atento al rubio, el cual volteó su mirada a otra parte para no enfrentar la respuesta.

- ¿Quieres decir que… -tragó saliva, cada vez era más difícil parecer desinteresado en Lux- ella fue lastimada?

- Entiende, estúpido –decía Ezreal furioso- fue atacada de nuevo, por suerte no la violaron, pero fue torturada por un criminal que ustedes protegen y todo porque hace viajes para encontrarse contigo, ¡está arriesgándolo todo por algo que- …

Fue interrumpido, el pelinegro posó su mano sobre el hombro del rubio y lo apretó, al instante lo empujó contra la pared y le dio un puñetazo. Ya en el piso siguió golpeándolo, Ezreal se defendía tratando de lastimarlo y algunos ataques le llegaron mas no lo dañaban demasiado.

Terminó sangrando por la nariz y boca en el piso mientras Darius se sentaba en el piso sosteniendo su cabeza, queriendo… deseando poder borrar de su mente lo que sea que le hubieran hecho a Lux. Sólo podía imaginársela dulcemente sonriéndole y luego destruía esa imagen por una en la que gritaba desconsolada por las múltiples veces que era abusada en contra de su voluntad.

Fue capaz de creerse parte de ese terror puesto que también se impuso ante ella. Era uno de los que la aterrorizaron, era horrible, se sentía… despreciable por obligarla por hacer que ella experimentara algo que le resultaba traumático.

Pero luego de sentirse de ese modo, vio determinado a Ezreal, quería hacer algo más que golpearlo.

- Te mataré. No bromeo, no te lo prometo, no juego, lo digo en serio. Te mataré si te niegas a que la vea. Sólo una vez.

No recordaba mucho que en sus momentos de ebriedad había traspasado el límite, sabía que algo estaba mal con ella, podía saberlo por la forma en que temblaba cuando él la tocaba, cuando la besaba… también. Por eso se esforzaba en ser cuidadoso, pensaba que era porque nunca se había enfrentado a algo así.

Y ahora se daba cuenta de que no era lo que él creía, esa noche, casi llegada la madrugada echó al demaciano, le dijo que volviera a la misma hora al día siguiente para que pudiera llevarlo hasta Lux, tan sólo una vez. Ese día debía tomar una decisión.

¿Podría él sobrellevar esa carga? No era un hombre maduro porque si lo fuera podría hacer algo más que preguntarse por qué ella no se lo dijo. Era demasiado, estaba comprometida, tenía un pasado turbio y nunca lo mencionó, ¿acaso no era importante que él lo supiera? Si es que significaba tanto como ella le decía, ¿por qué no se lo dijo?

Pero entre tanta charla consigo mismo llegó la conclusión de que debía tomar una decisión, ¿seguir con ella? O dejarla para siempre a alguien que tuviera la suficiente madurez para amarla a pesar de ello. Si algo deseaba era que la mujer a la que desposase fuera virtuosa, era casi una ridiculez pero la promiscuidad era para las amantes y para esposas se elegía a una dama de sociedad, alguien respetable y pura. Hasta hace un par de horas ella era la ideal. No sabía cómo pero él quería… casarse con… sí, sí, era una tontería y una ilusión casi inalcanzable pero quería pedirla en matrimonio, robársela de la casa de los Cronward. Huir.

Pero el día estaba a su merced ahora y se mantenía pensativo incluso en sus actividades diarias.

- Señor, debe tomar una decisión –interrumpió el soldado que lo acompañaba.

- ¿Eh? –volvió a lo suyo y recordó lo que hacía- claro.

Le habían entregado una lista, en la cual estaban las notas de los reclutas más sobresalientes, aquellos que tenían cierta capacidad para aguantar el ritmo que el ejército les exigiría.

Pero Darius olvidó muchas cosas, una de las cuales fue que los reclutas eran aquellos que él mismo había querido echar del programa desde el primer día pero que superaron retos en cada misión.

- Estos dos –señaló.

Se llamó en privado a ambos. Los mismos contentos por poder integrarse al fin al ejército, poder moverse con libertad en los campos noxianos e investigar.

- Pasará mucho tiempo para que si quiera podamos hacer alguna incursión solitaria –le dijo Gray a Dante.

- Nos sobra –afirmó, al mismo tiempo entró Darius a escena. Se detuvo frente al muchacho y fijo su vista en él.

Por alguna razón aquellos ojos fríos tenían un destello de calidez, no lo entendía, eso sólo le recordaba a Lux, en realidad todo se lo recordaba. Dante no bajó la mirada aunque se sintió algo intimidado por la autoridad del comandante, era extraño que le sucediera pero no inexplicable.

- Bien, aprobé sus aplicaciones. Desde mañana podrán unirse a mi unidad. Seguirán órdenes de su superior de escuadra. Espero que entiendan rápidamente la cadena de mandos, les ahorrará mucho dolor, se los aseguro.

Decía todas estas cosas vacío por dentro, sin interés, era como si fuera un muñeco despojado de un interior pensante, repetía cosas y ya. Hasta que terminó aquella ronda obligatoria. Había terminado con ese asunto y despidió a aquellos reclutas. No sabía qué hacer, si volver a su hogar donde todo le recordaba el problema que lo estaba perturbando o quedarse a vagar por su ciudad, nadie le diría nada.

- Señor –dijo una voz tras él.

Darius volteó y se encontró frente a frente con el soldado ojiazul.

- Estamos agradecidos por habernos elegido. Quisiera ofrecerle una bebida.

¿Qué estás haciendo? Se preguntó Darius, en cualquier otro momento habría mandado al demonio a esta clase de basura que se atrevía a hablarse de esa manera a un superior pero no se encontraba en forma como para negarse a una salida, una forma de olvidarse brevemente de sus tonterías y de su gran dilema.

Al momento se vio sentado en una barra y el ojiazul le traía una enorme jarra de cerveza, como si supiera que él estaba tentado a ahogarse en alcohol. No le agradeció y fue tomando de a poco la cerveza.

Ambos se sentaron lado a lado sin hablar, ninguno de los dos era un gran conversador y el pelirrojo llamado Gray se sintió incomodo por muchos momentos, quería decir algo pero se sentía fuera de lugar, como si incluso en silencio ambos fuera cómplices.

- Me preguntaba qué podíamos hacer, además de participar en los ejercicios de guerra por nuestra amada tierra –tanteó el camino el pelirrojo.

Darius volteó a verlo y volvió a su bebida.

La noche llegó pronto y no lograron nada, querían al menos llevarse bien con el hombre a cargo para poder ascender de alguna manera más rápidamente u obtener información alguna pero les fue imposible concebir conversación alguna.

La calma en aquella taberna cambió cuando un escandaloso grupo de hombres y mujeres llegó al lugar clamando con fuerte voz el nombre del hermano del que se encontraba ahí tratando de ahogar sus penas.

- EL GRAN DRAAAVEN HA LLEGADO –se anunció a sí mismo, tenía colgadas de sus brazos un par de mujeres.

Captó de inmediato la presencia de alguien conocido y volteó a verlo, su hermano. Draven también lo notó y fue tras él, dejó de lado a las mujeres que colgaban de sus ropajes.

- ¡Apártense idiotas! –dijo Draven al ver lo 'mal' acompañado que estaba su hermano.

Dante le echó una mirada retadora y quizá por ello no fue empujado lejos de allí como lo había sido su amigo Gray.

- Hermano, ¿hermano? ¿Me escuchas? –le decía pero Darius simplemente seguía bebiendo- te ves mal –torció la mueca- deja que te lleve a casa.

- Dejar –divagó el noxiano mayor- ¿Debo dejarla? –le preguntó a su hermano pero con el ruido casi no le entendió.

- Hablaremos afuera. Ustedes –señaló al ojiazul y al pelirrojo- tomen uno de sus brazos.

- ¡Suéltenme!

Gritó Darius alejándose agresivamente de los que le acompañaban, golpeó a Draven, pateó a Gray y tomó por la solapa al recluta Dante; se vieron a los ojos y nuevamente les cruzó la idea de sentirse abandonados, porque cuando Darius detenía su mirada en la frialdad de aquellos azules ojos recordaba la soledad… de no tener a nadie a tu lado, de abandonar a Lux cuando ella, seguramente, más lo necesitaba.

- Golpéeme, puedo aguantarlo –retó fuerte y claro a Darius.

El noxiano alistó su puño y al momento lo bajó, la conmoción había hecho que la gente se pusiera alrededor de ellos, pero él decidió terminar el asunto marchándose de ahí, empujó a cuanto pudo para salir y no le importó, a algunos incluso los golpeó también, quería estar lejos. La salida de emergencia lo dirigía a un callejón, era oscuro y ciertamente olía mal. Draven lo encontró y tomó su hombro, podía notar lo adolorido que estaba.

- Déjalo salir, hermano –susurró Draven.

- Luxanna no merece que la abandone así. Debo decírselo. Yo… -negó con su cabeza- no quiero ser un cobarde. Pero supongo que tirar la toalla está en nuestra sangre –rió irónico.

- Pienso que no te pareces en nada a 'él' –respondió su hermano. En defensa de la amargura que embargaba al noxiano mayor.

- Marcharé a Demacia, hoy en unas horas y estoy… en mi peor condición.

- ¿Cómo piensas entrar en Demacia así? Podrían ejecutarte, cometerás un delito, eres tan odiado y eres el único a quien ellos quisieran colgar. El acuerdo de parcialidad es sólo para civiles y comerciantes, no puedes hacerlo –trató de disuadirlo.

- Tengo mis medios.

- ¡Es ridículo! No puedo permitirlo.

Su hermano parecía preocupado pero no por él sino por lo que sucedería si lo atrapan, confirmaría su reciente tentación por la joven demaciana, el decaimiento de su lógica y por consiguiente si no es ejecutado en Demacia bien podría ser acusado de locura temporal, ser despojado de los títulos que forjó y su hermano perdería credibilidad.

¿Quién puede confiar en un noxiano con debilidad por demacianas? Ni su mismo pueblo aplaudiría su ridícula intromisión ni él aprobaría tomar tal riesgo a causa de…

Detrás de una pared Dante y Gray observaban la escena. Escucharon gran parte de la problemática conversación pero nada le afectó tanto al ojiazul que la confesión de su comandante. Hablaba de Lux y según sus informes, habría cierta relación entre ellos, no pensó que fuera de ese modo. Darius lucía amargado y determinado a pasar el resto de sus días así a causa de quien era, de hecho, la madre de Dante.

- "Lux Crownward y… " –pensó Dante viendo a Darius a la distancia- "¿Podría ser él?" –se preguntó luego.

Y como si compartiera el sentimiento su madre resintió aquello también, estaba cansada después de un agotador día y prefería acostarse en su cama pero aún le quedaba el dolor. No había un indicio claro de recuperación aunque sus heridas estuvieran cerradas.

Pensó por un instante en aquel muchacho, alto y fornido, cabellera oscura y ojos claros, los cuales le hipnotizaban porque era como ver un pozo donde el agua era tan clara que sólo te reflejaba. Estar relajada en la cama sólo le daba tiempo a atormentarse con la imagen del muchacho que clamó ser su hijo o al menos insinuó descaradamente serlo.

Al cabo de algunos días comenzó a pensar que ese muchacho no era sólo producto de su imaginación, podía ser real, podría ser una real equivocación, quizá su amor por Darius podía dar frutos después de todo, sin embargo aún no estaba lista. Miles de veces su voz ahogada rogaba porque el noxiano parase de tocarla pero simplemente no podía evitar derretirse cuando él acariciaba su cuerpo con tanta dulzura.

¿Cómo negarse a lo que con dulzor le quitaba la amargura de aquellos recuerdos? Se preguntaba si Darius era el punto de recuperación, si él era ese lugar seguro después de todo. Ojalá pudiera ser cierto, poder estar con él sin recordar todo el sufrimiento que cubrió con su habilidad para destacar por su inteligencia.

Cubriendo sus debilidades fue que dejó de sentirse una víctima y ahora Darius la llevaba al punto de preguntarse si realmente había superado ello. Era claro que pedía a gritos que parase pero no era un desespero el que la desgarraba, ni tampoco dolor o miedo, era la excitación, se nublaba por completo y no saber lo que pasará después la hacía querer detenerse en esa carrera.

Estaban locos, ambos, deseando en sobremanera creer que su 'cielo' podía hacerse realidad, quizá incluso negarían amarse en público pero era porque por aquel instante su nación y nombre eran importantes, incluso más que ellos mismos, ¿cómo pedirles que renuncien a todo? ¿Cuál sería su hogar? ¿Dónde estarían ellos? Por sus venas corre el amor por su patria, el amor por todo lo bueno y sobre todo sus deseos por un mundo mejor, Darius no encontraría jamás un propósito en Demacia, ni Lux en Noxus, este amor no era imposible, era insostenible y doloroso.

Tan insostenible y dolorosa como la prueba a la que era sometido Darius. Ezreal había cometido un pecado que contrariaba sus buenas costumbres, realmente quería saber si él era merecedor de si quiera estar en los pensamientos de Lux. Y mintió, ¿para qué?

- ¿Qué te pasó? –preguntó Cait.

Su compañero había regresado a su punto de encuentro golpeado, la joven sheriff curó parte de sus heridas pero Ezreal estaba molesto y mantenía su mirada furiosa.

- Se lo dije.

- ¿Qué hará?

- No la merece –bajó la mirada- en cuanto le mencioné que ella no era virgen dejó de sentir interés por buscarla. Ahora quiere romperle el corazón, por seguro –dijo levemente entristecido.

- Supongo que vale la pena.

- ¿Su sufrimiento? ¿Acaso esto te hace feliz?

- No –respondió segura- Darius nunca me interesó. Lo que pasó fue algo de una noche, pero por ello puedo decir que a él no le interesa nadie y menos una extraña de Noxus.

- Él sólo quiere arruinar su vida, quizá regodearse con sus compañeros noxianos de sus hazañas al engatusar a Lux de esa manera. Quizá esto es lo mejor.

- Y si… -comenzaba Cait pero se detuvo.

- ¿Qué?

- ¿Y si él sigue interesando aún después de esa mentira?

- Entonces valdrá la pena que Lux pierda todo lo que perderá a causa de esto y la protegeré a costa de cualquier cosa, incluso si tengo que mentir o matar. Si de mí depende, su cabeza no rodará en la corte del Rey Jarvan –dijo firme y se puso de pie-. Ya es hora. Voy por él –suspiró.

- Cuídate –susurró Caitlyn viendo desaparecer al rubio en la oscuridad.


Fin de Episodio 11