Debo decir que éste episodio es uno de los que más marcan mi amor por esta pareja, quise actualizar antes pero supongo que quiero seguir escribiendo para nunca dejarlos sin episodios por más tiempo. Recientemente terminé un nuevo fanart de ésta pareja, espero que se pasen por la galería para verlo (en cuanto esté), aún faltan un par de detalles para subirlo pero quisiera que estén atentos.
Si tienen alguna duda o comentario pueden dejármela saber. Me parece curioso que nadie me haya preguntado de los viajeros del tiempo, si alguno de ustedes no sabe como son aún, pasen por mi galería de DeviantArt (link en mi perfil) y entre mis obras de Darius y Lux verán una que titula "This is your son, Darius". Y está Dante (el chico de ojos azules) y Gray (el pelirrojo que acompaña a Dante).
En fin, mucha suerte con todo, disfruten del episodio ;) y recuerden que comentar es apoyar, si apoyas la historia animas al autor a seguir escribiendo.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 12 – "Te amo"
Sólo un beso más.
Era todo lo que le pedía, no podría cumplirlo. Quería pensar en su error, el cual lo trajo a donde había caído, un nido de ratas del cual no saldría salvo con los pies por delante.
Algunas veces las cosas salen bien y otras simplemente se arruinan de una manera colosal. Por sus medios no podía seguir el paso del explorador, tomaron una vía alterna y directa ya que Darius no podía traspasar las paredes mágicamente como su acompañante. Ezreal lucía cansado, quizá por la paliza que le dieron pero aún tenía energías incluso para llevar a este bastardo a que rompa el corazón de la persona más valiosa de toda Demacia.
Era cierto, cuando veía a Lux distante… sin poder tocarla o poder confesarle cuanto la quería, lucía como una reina, vio también cómo era pretendida por, quizá, el único hombre que la merecía en todo el reino. Jarvan IV.
Ese caballero galante la cortejaba como la dama que era, nunca la obligaba a cometer delitos o si quiera atentar contra su propia vida como Darius lo había hecho. Ezreal estaba celoso de Jarvan, siempre que lo veía con Lux, acalló todo eso porque… simplemente al ver el destello precioso de la luz del sol sobre su piel tersa y blanca, veía una reina, una dama, un manojo de virtudes esperando por guiar a su pueblo.
Diferente era de como la veía al 'estar' con Darius, la radiante demaciana se convertía en una pequeña mujer esperando por ser salvada, protegida y amada. Él la había transformado en una criatura que podía padecer ante lo esperado en el futuro.
Por eso y más es que, ya sea inconsciente o conscientemente, cometió un error y llegados, Darius y él a escondidas a Demacia, captaron la atención de varios soldados que en un momento los separaron en las retorcidas calles. Darius, quien no conocía la ciudad y menos bajo el manto oscuro de las estrellas, fue atrapado y rápidamente lo reconocieron.
Ezreal… había cometido el peor error de su vida y veía marchar a aquel noxiano hacia una detención que posiblemente no lo traería en una pieza.
- ¿Dónde está el otro?
Decían soldados recorriendo la ciudad en busca del compañero de este noxiano. Una alarma se activó en la ciudad, la protegían, ¿y qué si era una invasión?
Media ciudad se despertó y también Lux, la cual había estado tratando de conciliar el sueño. Por un momento saltó de susto pero se recuperó repitiendo, como una oración, que estaba en un lugar seguro. Nadie sabe lo que uno hace para sentirse seguro y si lo supieran no lucirías tan seguro como parecías por hacer lo que haces para recuperarte. Enredado pero cierto. Lux rezaba un dicho siempre que era tomada por sorpresa "estoy en un lugar seguro y estoy bien" repetidas veces hasta convencerse de que era así.
¿Quién iba a imaginar que se necesitarían más que oraciones para salvar al noxiano? La noticia corrió rápido hasta llegar a los verdaderos interesados de la captura de éste, oficiales de rango.
Los mismos habían sido despertados e informados, incrédulos cada oficial iba a comprobar que era cierto, Darius era exhibido como una rata de experimentos, ellos veían los efectos del encierro en tal… presa.
Aunque algunos soldados corrían de casa en casa para informar de la captura de un invasor, advirtiendo de la huida de otro, sin saber que era un honorable ciudadano también, el cual corría hacia la casa de Lux para avisar del 'acontecimiento', bueno… quería minimizar el hecho de que quizá por un error suyo atraparon a Darius.
- ¡Diablos! –dijo viendo la casa de los Cronward, todas sus luces apagadas. Dio un par de vueltas y se decidió a escalar por la ventana hacia la habitación de Lux.
Lo hizo como pudo, aún le dolía el cuerpo, sin embargo debía advertirle a su amiga de esto, si Darius hablaba, si decía que… no, no era tan tonto, debía saber que no debería implicar a Lux en este asunto aunque podrían dañarlo.
Caminó un par de pasos al llegar al balcón de la rubia y cuando había pensado que se libró del peligro ahí le llegó nockout con el báculo mágico de la rubia en cuestión, cuando lo reconoció fue tarde.
- ¡Oh mi Dios! –dijo exaltada.
Pero no había nadie más consciente ahí que ella y así sería por lo que resta de las horas antes del amanecer.
Mientras tanto en el cuartel demaciano, Darius permanecía callado esperando lo peor, era un idiota… un idiota, se repitió, confiar en aquel pequeño infeliz que lo dejó en esta situación fue lo peor que pudo haber hecho. Era obvio que lo traicionaría, no cabía en su mente la idea de que él pudiera encontrarse con Lux, al menos para decirle "adiós".
- Miren a quién tenemos aquí –dijo el teniente a cargo de la celda en la que lo tenían- ¡maldito cerdo! –le gritó y escupió hacia él-. Tú dirigías la caravana que devastó la ciudad de Inmei, mataste a muchas personas inocentes y aún con esa carga en tu espalda, no se cómo te atreves a invadirnos de esta manera.
- Lástima que no recuerde nada –agregó divertido por el sufrimiento de éste hombre.
- Mi mujer y mi hijo no merecían ser asesinados de esa manera tan cobarde –añadió el hombre con ira y tristeza al mismo tiempo, quería guardar sus emociones y dirigirlas negativamente.
- Ven a mí –le llamó con la mano- cobra tu venganza.
No podía en ese momento entender lo que decía, sólo quería divagar en la rabia de los demás para no caer presa de sus propios demonios, los cuales lo consumían por dentro tanto… pero era cierto, él había dañado tantas vidas y lo seguiría haciendo quizá porque en el fondo sabía que era un perro con correa.
Le fue ordenado hacerlo y creía plenamente en quien lo hizo hacerlo. Aunque tener consciencia de sus crímenes no era lo que lo alejaba del hecho de que era un criminal, que odiaba serlo y que no dormía, no lo había hecho en mucho tiempo. Sus acciones lo seguían y no había algo que pudiera borrarlas.
Por eso era y sería el villano siempre, ¿saben que es lo peor? Que los villanos nunca hacen feliz a nadie, siempre traen con ellos las desgracias.
…
- ¿Lux? –dijo Ezreal algo ido.
- ¡Despertaste! –dijo alegremente la rubia pero su compañero no lucía feliz, se veía nervioso. No podía decir mucho, lo metió a su cuarto teniendo las luces apagadas. Nadie tenía que saber que estaba ahí.
- Cometí un error –fue lo primero que dijo y tomó a Lux por los hombros mientras la miraba y pensaba en cómo articular palabra por palabra lo que sucedía- escucha, lo resolveré, sólo… no te enfades.
- ¿Por qué lo haría? –preguntó inocente ella.
- Traje a Darius –susurró nervioso y como si fuera un hilillo de voz arrastró palabra por palabra- pero… -el feliz rostro de la demaciana fue opacado pronto por la noticia.
Después de un par de segundos ella se dio cuenta de lo que pasaba. Habían capturado a uno de los mayores enemigos de Demacia, un rostro representativo de lo que era la nación sangrienta de Noxus. Uno de los comandantes que más sangre se había cobrado en los campos demacianos.
Sus ojos no pudieron parpadear hasta que su cuerpo mismo lo pidió. Darius… él… estaba en las manos de su gobierno, el cual no sería benigno, para nada. Trató de tomar el control de la situación pero sus temblorosas manos no la dejaban en paz.
- ¿Podemos salvarlo? –preguntó, sacando de sus propios pensamientos a su compañero.
- No lo se –arrastró sus palabras.
- Claro que podemos –dijo ella dejando el temblor de su cuerpo al mismo tiempo que sonreía- él saldrá de aquí con vida.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? –preguntó su amigo.
- Lo se. Sólo lo se. Mientras debemos verlo.
- Puede ser peligroso y no puedo usar mis derechos como comisionado de la Liga. Sería muy sospechoso.
- ¿Sabes dónde llevan a los presos como él? –Ezreal asintió- entonces llévame y entremos ilegalmente –rió divertida pero preocupada- ningún oficial mayor se despertará a esta hora para atender este asunto a menos que fuera enviado directamente por Jarvan. En todo caso, esperarán hasta mañana para hacerle conocer este asunto.
- Sabes demasiado bien de estos asuntos, Lux –dijo su compañero.
- Se supone que sería mi trabajo saberlo –dijo ella.
La joven envió a su balcón al explorador mientras buscaba algo que ponerse, quizá uno de esos ropajes de entrenamiento negros que nunca usó, quería pasar inadvertida en la noche.
Terminando de cambiarse aquel conjunto rosa y blanco que tenía para dormir salió de allí como un ninja en la noche. Corrió por las calles rezando en su mente "por favor, que no pase nada", quería huir de aquellos pensamientos pero no podría soportar perder esto… que era nuevo… que era sólo suyo. Y en esa carrera por la vida de Darius no se topó en ningún momento con la idea de la vergüenza que tendría, ¿cómo le explicaría su ausencia? Para colmo estaba a punto de amanecer, ¿faltaba una hora o media hora? Si la descubrían ella podría no saber cómo explicar este asunto.
El edificio estaba custodiado por nuevos guardias, tenían unos en la entrada y un par rondando el lugar. Muchos otros yacían cercanos a las ventanas o cualquier punto de salida. En el 5to piso era donde el recluido noxiano esperaba las miradas condenatorias de más demacianos que lo odiaban.
- Regresarán en dos minutos, es el momento –dijo Ezreal junto a una pared- espero que no sea muy gruesa. Mira… esto es fácil cuando soy sólo yo, así que trata de no moverte, toma mi mano y… cruzaremos la pared.
- ¿Has hecho esto alguna vez? –preguntó ella.
- Sí pero no puedo hacerlo muy seguido. Me provoca estrés a un nivel que no puedes imaginar y cansancio extremo. Tengo un límite en el uso de mi magia. Si abuso de ella podría… -se calló pero recordó en su mente lo que le dijeron alguna vez acerca de ello- "podría morir" –pensó para sí mismo pero no dijo nada- …necesitar tu ayuda –simuló una respuesta.
- Te ayudaré –dijo decidida y tomó la mano del explorador.
- Aquí vamos… -frunció el ceño.
Todo se volvió oscuro para cuando la rubia abrió los ojos estaban dentro del lugar, se alegró de ver lo sucedido y buscó a su compañero con la mirada para felicitarlo, al voltear hacia él notó lo cansado que estaba, agachado y respirando agitadamente.
- Estoy bi-bien –dijo rápidamente- vamos a hacerlo otra vez –tomó la mano de Lux y se concentró en transportarse un piso arriba de donde estaban y así un par de veces más.
- Ya basta –le ordenó Lux soltándose de su mano agresivamente- no te hagas ese daño. Seguiré a partir de aquí, sola. Quédate aquí.
No pudo objetarla más y cayó al piso mientras trataba de apoyar su espalda contra una pared, realmente no se sentía bien. Al menos era el 4to piso, no habría nadie salvo el guardia custodio dentro. Lux podría arreglárselas con él. Podría…
Para su suerte el soldado dormía plácido fuera de una puerta que seguro daba a la habitación de reclusión. La demaciana caminó delicadamente para no hacer ruido alguno y poder entrar. Por suerte no estaría cerrada con seguro. El verdadero problema sería abrir las rejas que aprisionaban a Darius dentro. Aunque aún no tenía idea de cómo sacar a tremendo hombre de ahí.
Pasando la puerta nada era parecido a lo de afuera, paredes mostrando la fiereza de una construcción áspera y barrotes gruesos como su propia muñeca y el interior de aquella cárcel era de piedra fría, incómoda para cualquiera.
Permaneció muda mientras caminaba con cuidado en la oscuridad, sólo una ventana en el interior de la celda daba luz y era la gris luna quien saludaba a ambos cautivos. Pudo ver a Darius, iluminado sin hacerle caso, sin saber que ella estaba ahí para… no, no podía verlo a los ojos, lo vio de lejos y no pudo acercarse, quería decirle algo y de nuevo él la sorprendió.
- ¿Quién? –preguntó pasivo el noxiano.
Lux acercó su cuerpo a la misma luz de la noche que lo iluminaba a él. No sabía qué decirle, ambos se vieron un momento y las palabras parecían haberse eliminado de su universo, en ese mundo sólo se comunicaban con las miradas y ella le estaba diciendo que estaba arrepentida mientras él le respondió con ansias, ¿de qué? Darius ansiaba poder tocarla para saber si era real.
- Lo-
- ¿Es cierto? –preguntó él interrumpiéndola.
- ¿Qué?
- ¿Lo que te hicieron?
- Yo no… tenía planeado decirte esto así pero todo cambió. Es casi irreal en mi mente pero sucedió. No pretendo que me perdones por haber omitido mi verdad pero nunca fue mi intención hacer eso –bajó la mirada.
- Eso que haces es muy amable pero quizá yo no quiero… -decía Darius y Lux vio hacia él- seguir viéndote y tú hiciste lo correcto al alejarte de mí.
- ¿Qué estás diciendo? Yo nunca quise alejarme de ti, quería que no me vieras con 'esos' ojos cuando te contara lo que pasó.
- No quiero saberlo.
- Yo quiero decírtelo.
- ¡No quiero! –le gritó molesto- ese es asunto tuyo y del hombre que te vaya a tomar por esposa.
- ¿Por qué me dices eso? No entiendo –preguntó asustada.
- Estoy harto de jugar esta charada –agitó sus brazos tratando de librarse de la idea de que ella le confesara todo- sólo quería acostarme contigo porque pensé que eras virgen, no hay nada más detrás, no siento lo que fantaseas. Y si mentiste no creo que seas capaz de ser sincera y, y yo no puedo creerte –sentenció el noxiano- deja esto y vete.
- ¿Qué significa…? -parecía tener ganas de llorar.
- Obtuve la información del arma de destrucción masiva, seguí la pista y aquel enano demaciano se ofreció a traerme aquí. Iba a robar la información e irme. No vine por ti –evadió la mirada de la joven que estaba a punto de soltar en llanto.
- ¿Por qué mientes así? –dijo Lux enseriándose.
- No miento.
Pero esa frase era tan débil, tan… no-Darius. Sólo podía verlo de lejos, él sufriendo y ella creyendo en que su mayor dolor era estar siendo engañada cuando Darius era quien agonizaba al mentir tanto. Entonces lo entendió. Él no quería esta vida para ella. Enfrentando la ley de su nación, alejándose de sus principios y siguiendo, lo que creía, le haría feliz.
Y sólo podía hacer algo para demostrarle lo que había cambiado en ella.
- Te amo –dijo, segura y alegre, así era ella. Quería demostrarle que estaba bien, que podía amar y que él podía amarla a ella sin remordimiento, sin creer que todos los males recaerían en sus manos.
Por un momento su consciencia se nubló, ya no era el Darius que se contenía ni el que estaba enojado consigo mismo, ni quien se culpaba por haber caído en esta 'relación' sino el verdadero, el inocente que se perdió con los años, el sufrido niño que odió la vida había sido borrado y estaba… desnudo ante esto, no podía sobrellevarlo. Ella lo amaba, estaba gritando por dentro tan fuerte que no podía aguantarlo más y cayó rendido.
- No puedo más –susurró él escondiendo su rostro.
Lux acercó su cuerpo a los barrotes y extendió sus manos. Darius se puso de pie y su cuerpo se arrastró hacia ella, estaba inmerso en la decepción que era, ¿cómo podía alguien derrumbarte con una palabra? Ridículo pero cierto.
Frente a ella y viendo sus manos abiertas y extendidas las tomó, sintió la calidez del cuerpo de ésta demaciana recorrerlo, era imposible cambiar su pasado, su personalidad, su odio, pero quería pensar que en este momento podía, por segundos, darse el permiso a sentir. No el desprecio de su propia nación hacia él ni ella el repudio de los suyos. Sino el amor puro nacido en este conflicto.
Tan pronto la tuvo, besó sus labios con tenacidad, creyendo que… por lo menos eso le daría la paz que buscaba pero no, quería seguir haciéndolo por lo que le restara de vida. Tomó entonces el rostro de la demaciana por entre las rejas y le dio un beso tras otro y otro y otro y otro, Lux lloraba intensamente, no quería dejarlo, no quería vivir así.
- También lo hago, a diario –susurraba Darius- te he amado tanto, ojalá pudiera cambiarlo.
- Lo se -apretó sus labios mientras se perdía en la oscuridad de los ojos de aquel.
- Tienes que irte –dijo aquel hombre- afrontaré esto y saldré libre.
- Te colgarán o algo peor –respondió Lux- lo he visto antes. La liga no tiene jurisdicción en tu caso puesto que eres quien siempre dirigió hordas que devastaron ciudades con civiles.
- Escucha… -besó su mano sosteniéndola con suavidad- hagas lo que hagas no te expongas. Saldré solo de esto. Mira… encontraremos la forma de estar juntos, hay una forma, yo lo sé y de mí depende que esto no sea sólo un error entre dos extraños.
- Está bien –dudó un poco en irse- pero promete que no dejarás que te maten. Prométeme eso.
- No habrá poder sobre esta tierra que pueda matarme. Te lo prometo. Ahora vete –le dijo advertido de que el sol saldría.
- Bien. Yo… -volvió a él y le dio un último beso a través de aquellos barrotes.
Y a pesar de estar así de separados el mismo beso se sintió cálido, esperanzador y hermoso. Ambos creyendo que podrían lograrlo y lo harían si no se presentan los problemas que pueden presentarse.
Rápidamente huyó del lugar antes de que pudieran notar su presencia. No podía pensar en nada más, de alguna forma era extraño que él no quisiera saber de su pasado, lo vio tan perturbado, al menos luego trataría de arreglarlo pero no en ese momento. Lo que ahora debía ser prioridad era su liberación. Este asunto seguramente sería catalogado como clasificado, la negociación de su vida no podría salir a la luz.
Mientras que en la mente de Darius ese era un adiós inmerecido. Le había hecho creer que las cosas estaban bien pero no era así, no había posibilidad para salir con vida de allí. Lo condenarían y asesinarían. Lo peor era que nadie, salvo su hermano, sabían que estaba ahí, esto era insubordinación. Haciendo algo por su cuenta, sin consultarlo con los altos mandos noxianos.
Estaba perdido.
Pasado el amanecer fue movido a otra locación, esta sería la definitiva, cautivo sin que nadie lo supiese y finalmente después de varias horas recluido en silencio en un hueco olvidado llegó el príncipe, ahora Rey de Demacia.
- Comandante –le saludó frío.
- El mocoso que pretende ser rey –respondió Darius.
- Me ofende –dijo Jarvan como si no sintiese nada- así como… no saber qué hace usted aquí. Créame, soy muy perceptivo y se que alguien de su rango no se hubiera movido en Demacia con tanta libertad si no tuviese un espía o es que una poderosa razón lo ha hecho venir.
- El arma que ustedes buscan –Jarvan expresó sorpresa ante las palabras de Darius pero se compuso de inmediato- se que pretenden usarla en contra nuestra.
- ¿De qué arma habla? –preguntó Jarvan.
- No es tan perceptivo como creí. Esa arma es peligrosa. Yo obtuve información y… -comenzó a mentir- dijeron que estaba en Demacia, el objetivo de Noxus no es poseer el poder que trae aquella cosa, es eliminarla.
- Sí, seguro –se burló- vino para traer la paz al mundo y ser un héroe, ¿verdad?
- He visto sus consecuencias y cada nación está compuesta por civiles, mujeres y niños. Noxus no es la diferencia.
- Cállate. No tienes derecho a hablar de daño a civiles. No eres el más indicado y es por eso que serás condenado. Te declaro culpable de asesinato y crímenes contra la humanidad. Serás ejecutado lo más pronto posible. Héroe –musitó lo último con una expresión de asco.
Cerró sus ojos. Era el fin. Aún si salía de esta, su nación le daría la espalda, con tal de salvar el acuerdo de parcialidad y sobreponer la paz de Noxus y demás naciones, lo entregarían a los lobos para que lo despedacen. No lo reconocerían y no harían acuerdo alguno para salvarlo.
¿Éste era el adiós a una vida vacía? Pero había algo irónico en el asunto, y era que cuando ella lo encontró y le dio sentido a su existencia, él se iba para siempre.
Fin de Episodio 12
