Otro episodio más, estuve algo floja estos días y más por trabajos personales. En fin. Seguiré escribiendo. Muchas gracias por todo y hasta pronto. Quizá actualice en dos semanas o tres, depende del trabajo que me den y eso. Y recuerden que comentar es apoyar, si apoyas la historia animas al autor a seguir escribiendo.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 14 – Déjate Morir


¿Qué día era? ¿Dónde estaba ahora? Todo era borroso, aunque visualizó lejos de él una pequeña isla, no podía llegar hasta ella pero lo hermosa que era lo tentaba, una luciérnaga volaba, quería alcanzarla pero no podía y entonces despertó.

Una cascada de agua remojó su rostro haciéndolo volver a su realidad por un par de minutos, no, en realidad iba y venía de ese mundo de sueños, ¿cuánto tiempo realmente había estado ahí?

Un soldado de ropajes negros le conectó en la cabeza algo extraño, no lo notaba, no lo sentía, pero por alguna razón le dolía y entonces supo la razón.

- La última vez no aguantaste tanto –dijo LeBlanc y tiró de la manija.

Era electricidad, lo estaban torturando.

La descarga fue tan fuerte que volvió a su pequeña playa, viendo a la distancia la hermosa isla con la luciérnaga revoloteando gustosa su regreso. No entendía si él alguna vez estuvo ahí y la razón por la que pudo irse, podía ver animales o seres humanos hirviendo en aquel ácido en vez de lago que rodeaba tal isla.

- ¡Despierta, idiota! –gritó LeBlanc apretando la mandibula del noxiano. El dolor previo le hizo recobrar consciencia.

Darius la vio entrecerrando sus ojos porque casi no la reconocía, ¿quién era? Esa mujer era hermosa pero lucía atemorizante, ella lo estaba llevando a la locura, sí… así era. Volvió a cerrar sus ojos y la imagen de Lux vino a su mente, las comisuras de sus labios se mostraron curveadas, sonreía. Su torturadora lo notaba por lo mismo volvía a electrocutarlo, fundiría su cerebro antes de que siguiera recordando a la demaciana.

No tenía la culpa, estaba prácticamente inconsciente, su cuerpo sólo reaccionaba a la imagen de aquella… aquella… ¿quién era? Esa dama vestida de blanco con retazos dorados y cabello rubio como el trigo, ¿quién era? Su sonrisa parecía sincera y sus ojos eran como verse en el reflejo de un calmado lago.

- Se desmayó –concluyó LeBlanc y se apartó de él mientras sus esbirros se encargaban- llévenlo a su celda y volveremos en un par de horas.

De vuelta a la civilización la maligna hechicera se cubrió el rostro mientras salía de su escondite hacia el punto de reunión con Swain, quizá se presentaría en su casa, tenía ganas de beber un poco de buen vino y sentarse junto a la chimenea.

Pero pronto sus planes fueron aplazándose, notó que Swain no estaba solo en su morada, tenía al escandaloso Draven.

- No lo entiendo, ¿por qué no se nada de él?

- Te dije que está en una misión secreta. Volverá pronto y te aseguro que estará mejor que nunca.

- Hasta yo se que eso significa algo malo –respondió Draven desconfiado- DIME dónde está mi hermano o comenzaré a…

- ¿A qué? –respondió amenazante el cuervo negro- tu hermano está con nosotros por voluntad propia, nos lo entregaste para mejorarlo, estamos haciendo una recalibración, es todo.

- ¡Suficiente! –gritó ofuscado y pateó una mesa mientras que con su otra mano agitaba su cuchilla plateada hacia Swain, el cual lo miraba tranquilo- ¡¿dónde está?! –y con disposición a cortarle la garganta al cuervo se acercó a él.

- Yo no haría eso –señaló secamente.

Al momento el noxiano menor sintió su propia arma en su cuello; LeBlanc le había quitado sus cuchillas para amenazarlo con una puñalada mientras el cuerpo de la escultural bruja lo presionaba por detrás.

- Hola cariño –susurró coqueta a su oído.

Draven cambió su expresión y respiró hondo para pensar, por una vez en su vida.

- En otro momento hubiera sido rico joderme tu cuerpo toda la noche pero ahora no busco eso.

- Tu hermano está lejos, en una misión especial, es clasificado, no podemos compartir está información contigo. Pero… -soltó a Draven y se movió al frente para verlo a los ojos- pronto lo tendrás contigo.

- Él sabrá de todo esto –amenazó en vano.

- ¿Saber qué, Draven? –preguntó Swain- ¿Qué lo traicionaste? Piensa un poco, es gracias a ti que recibe este tratamiento y no volverá hasta haberse librado del problema. Queremos al mismo Darius, ¿verdad? Pues eso tendremos –finalizó Swain-, te acompañaría a la salida pero tengo cosas importantes que hacer, espero que entiendas.

Lo ignoraba y echaba de ahí, no sabía qué más hacer. Hace más de 2 meses que su hermano había desaparecido, no había informes de que él hubiera vuelto de Demacia, ni si quiera que él hubiera estado en esa ciudad, cualquier cosa podría haberle pasado pero en ningún momento dudó de que la mano de Swain y su complice LeBlanc estuvieran implicadas.

Hizo mal, lo reconocía, vendió a su propio hermano por inconsciencia, despecho, odio y por sobre todo prejuicio. En el momento pensó que era mejor que Swain lo 'ayudara' para librarse de su debilidad, que trajera al Darius de antes pero después de éste tiempo sentía que su hermano no estaría bien, algo le estaba pasando y no podía hacer nada para ayudarlo. Quizá la próxima vez que se enfrente al cuervo negro él no se detenga y haga que LeBlanc lo mate sin contemplaciones.

Pero al menos no era el único preocupado, a la distancia Lux permanecía en alerta, quería saber lo sucedido pero nada le era comunicado, la intervención a Darius fue catalogada como un salvataje mal realizado por los grupos noxianos. Pero no volvió, ni a la grieta, ni a mandarle una sola carta, temía por su vida.

Aún con una boda encima.

Estaba segura de que Darius no quería dejarla pero Ezreal tenía sus dudas, tal vez Darius había pensado en lo contrario y lo que le dijo fue toda una despedida, tal vez quería que ella viviera para siempre sabiendo que la forma en que ella besó a Jarvan jamás sería como ella lo besaba a él.

¿Sería entonces que él le hizo sentir cosas que jamás sentiría como parte de un castigo por no poder admitir lo que su corazón había gritado en muchas ocasiones? Pero él tampoco lo hacía, él no lo diría, jamás pediría su mano, ni la besaría delante de todos sin el menor atisbo de vergüenza, ¿cómo podía pedirle promesas cuando él no la tomaba en serio?

- Disculpe la tardanza, doncella Crownguard.

Dijo el modista, traía con él a una modelo, la misma tenía el vestido blanco que ella usaría, aún le faltaban algunos detalles pero ella parecía estar dispersa a atender el asunto.

- ¿Quiere probárselo? –le preguntaron los presentes, entre ayudantes y el modisto.

Sin mencionar una palabra pronto se vio en el vestidor, frente a un espejo, ella en ropa interior y el vestido en sus manos, era hermoso, diseñado para una reina, con hilos de oro para adornar las borlas. Sin mangas y el velo… oh no, el velo se lo pondrían al salir con el vestido.

Notó lo ajustado que era, ¿o era el ambiente? Se sentía sofocada en la blancura del noviazgo, su reflejo lucía incómodo pero nadie se lo diría, tenía ojeras y la piel pálida, no podía disimular su desgano o su… preocupación.

Tan pronto salió del vestidor el modisto la llevó hacia un gran espejo situado en un podio, para que se viera a sí misma, unas asistentes trajeron el velo, era enorme y… hermoso, como siempre había soñado.

Y tan pronto se lo pusieron vio una novia, hecha y derecha, en el espejo, los segundos pasaron y tan pronto todos la alabaron se dio cuenta de todo, era sólo un trofeo, una pieza en el palacio, una imagen a la cual venerarían todos, no era una persona, era un símbolo para su país. Y lo sabía, lo triste era que ella no quería serlo, sus azules ojos reflejaron lágrimas, las cuales mojaron sus mejillas de inmediato.

- ¡Quí-Quítamelo! –grito de pronto Lux- ¡por favor!

Suplicó llorando mientras cubría su rostro atormentada por todo lo que le sucedía, su cabeza era una enredadera y no podía soportarlo. Había probado su punto, no podía ni si quiera aguantar su reflejo en el espejo, Darius… ese… ese… hombre… la había arruinado por completo, ella no quería a Jarvan, ella no quería el palacio, ni si quiera… su honor, quería sentir otra vez lo que él le había hecho sentir, quería pensar en una vida así, llena de amor, satisfacción y tal vez algo de arrepentimiento pero no vivir una vida de arrepentimiento y sin amor, eso sería una tortura, había mentido tantas veces y ahora la ahogaba el dolor.

Terminada la sesión procuró salir lo antes posible de ahí, iba a esconderse, la luz de la ciudad era demasiado fuerte para cubrir sus pecados. Darius se había ido y tenía que aceptarlo, al igual que ese matrimonio.

- Lux –escuchó la rubia en su rápida caminata.

Y se topó con la amable sonrisa de una de sus amigas, Caitlyn. Caminaron por un par de cuadras mientras la rubia se distraía.

- ¿Cómo has estado? –dijo Cait.

- Bien, con muchas cosas que hacer, mi madre fue por las flores a la ciudad contigua y mi padre aún paga las cuentas de los lugares que pediremos para la boda y yo tuve que ir por mi vestido –agachó la cabeza.

- Yo… -comenzó a decir desentendida- pensé que eso no iba a pasar.

- Voy a casarme con Jarvan, es un honor y me siento feliz –dijo Lux. Mentía.

- Oh… entiendo –vio a la distancia a su compañera, Vi, la cual al saludar desde lejos se acercó corriendo- ¿dónde te metiste?

- Asuntos de la ley –respondió divertida la pelirosada.

- Si ibas a ir al baño debiste avisar y deja de burlarte así, la gente va a comenzar a pensar que somos incompetentes –reclamó Cait.

- ¿Por tener sentido del humor? –preguntó Vi.

- Uhmmm –musitó molesta- ya vámonos.

- ¡Espera un momento! –se detuvo a ver a Lux- ¿no eres tú Lux? –se acercó a ella- nadie nos ha dado el placer de presentarnos –golpeó su hombro- ¡qué onda!

- ¡Auch! –se quejó la rubia, Vi era demasiado efusiva.

- Lo siento -intentó ayudarla pero no lo hacía.

- ¿De dónde me conoces? –preguntó curiosa la rubia, aunque esa presentación le había dolido, siempre estaba encantada de conocer a alguien y más si era amiga de Cait.

- Conocí a un Darius, por mi amiga Cait –la abrazó- un idiota con las mujeres pero parece que está loco por ti, eso de venir a Demacia sólo para verte, woa…

- Yo… voy a casarme, no conozco bien al tal Darius.

- ¡Silencio Vi! –dijo Cait- recuerda lo que hablamos de los 'asuntos privados'.

- ¿Casarte? –preguntó algo exaltada Vi, pero así era ella- ¿Con Darius? –decía emocionada.

- No, no, no… será con Jarvan, quiero decir el Rey Jarvan IV –musitó un poco apenada.

- Pero Cait y Ezreal dijeron que ustedes se amaban, ¿por qué vas a casarte con otro? ¿Es porque está desaparecido?

- ¡Ya basta... no puedes hablar de esas cosas Vi! Lo que dices son cosas privadas. Además Ezreal y yo no nos referíamos a eso. Y Darius no está desaparecido, tal vez… está lejos, pensando.

- ¿Desaparecido? ¿Tampoco volvió a Noxus? ¿Por… Por qué me ocultan estas cosas? –miró frunciendo el ceño a Cait, la cual suspiró mientras se encogía de hombros.

- Ok, Ezreal y yo queríamos decirte esto pero… yo me fui a Piltover y Ezreal… -dijo y se detuvo- él no te dijo nada –se dio cuenta- cúlpalo a él –sonrió nerviosa.

- Odia a Darius pero… no puedo entender la razón.

Podía preguntarle y claro, traer a rastras a Cait para que ambos le dieran la cara con toda esta noticia, ella creía que al menos Darius estaría retenido por su propio gobierno en Noxus pero no.

Las tres mujeres fueron a buscar al explorador, el cual aún se encontraba pensando en muchas cosas, sobre todo en la boda de su mejor amiga, se debatía en la idea de impedirla o decirle delicadamente todo éste asunto. Aquel gigantesco hombre desaparecido, sin nadie que quisiera hablar y…

Pronto fue recibido por un puñetazo, el mismo lo hizo rodar hasta una pared cercana a una calle. Disperso el polvo pudo notar al autor o autora.

- Hablemos –señaló Vi, tras ella estaba Cait aún encogida de hombros y Lux, la cual no lo miraba.

El lugar de encuentro fue la casa Crownguard y siendo más exactos la habitación de Lux. Mientras Vi se acostaba en su cama los demás se habían sentado en el borde y Lux estaba de pie frente a ellos.

- Lo siento –dijo en voz baja Ezreal. Estaba avergonzado.

- ¿Por qué? –preguntó entristecida.

- Yo le conté a Cait lo sucedido y acordamos no decirte nada hasta estar seguros. Yo traté de averiguar dónde tenían a Darius en todo este tiempo, decírtelo sólo te hubiera alterado más, has estado muy tensa y nerviosa –se excusó Ezreal.

- Permitieron que siguiera con este compromiso aún cuando sabían que yo… podía romperlo al siguiente día, ¿saben que será imposible terminarlo ahora? –miró a Ezreal- me convenciste de que Darius se había arrepentido, que él había vuelto a su nación, con sus tropas y que me olvidaría.

- No dije eso. Sólo corroboré la cuartada de quien esté manteniendo a Darius cautivo para tenerte tranquila y no levantar sospechas para que yo pudiera investigar a fondo –respondió no muy feliz.

Lux respiró hondo y cambió su ceño fruncido, se sentó al lado de ellos mientras se encorvaba, se sentía terrible, necesitaba terminar con este asunto, encontrar a Darius y que él estuviera bien.

- Tranquila –susurró Vi y posó su mano en el hombro de la rubia- ¿verdad? –puso su otra mano sobre el hombro de Ezreal y lo apretó con rudeza.

- Sí, sí, sí… auch… -dijo adolorido y Vi lo empujó de la cama.

- Creo que todos aquí saben lo que sucede, no tengo que ocultarlo más –se agachó apenada- y no es fácil de entender pero les aseguro que él no es lo que… es –decía Lux sin poder explicar su situación.

Sus amigos escuchaban por primera vez el relato de Lux, al principio Ezreal y Cait se mostraban reacios pero pronto ablandaron sus miradas, por otra parte Vi parecía interesada en esta historia, eran como… el "Romeo y Julieta" de sus naciones, y aunque Darius distaba años luz del romanticismo de Romeo, parecía siempre querer mover montañas para hacer feliz a la pequeña rubia.

- ¡Hey! –le llamó la atención Vi a Lux, la misma volteó a ella- basta de sentirte mal por algo no convencional. No puedes esperar ser lo que los demás esperan de ti, se lo que te haga feliz, sólo tienes una vida y debes vivirla sin arrepentimiento.

Podía decirse que el amor nacido en éste conflicto había sido tan golpeado que la misma Lux se había resignado a avergonzarse de lo que sintiera pero Vi llegó para hacerla sentir segura, era como si estuviera a favor de que ella siguiera adelante. Era… la primera persona que no la juzgaba.

Pero también estaba Ezreal, que a pesar de no favorecer demasiado a su amiga, quería que fuera feliz y Caitlyn, a pesar de no creer demasiado en el amor del noxiano por Lux, quería apostar por no separar a dos personas que sintieran lo mismo.

- Yo… no se qué decir –sonrió y se levantó de la cama- pero es hora de ponernos en acción.

- ¡Vamos a buscar al idiota de Darius! –gritó Vi y se cubrió la boca en seguida- Lo siento –susurró.

- Es una tontería –replicó Cait.

- No, no lo es –dijo Lux animada- hagámoslo, ¿qué pistas tienes de dónde está Darius? –vio a Ezreal.

- He seguido a un par de soldados con ropajes similares a los que nos emboscaron en aquella ocasión, no sé si nos lleven a encontrarlo, no he podido adentrarme en el lugar puesto que es un bosque encantado, en cuanto alguien entra, lo saben de inmediato –decía el rubio viendo a su mejor amiga ir hacia su closet para sacar ropa y meterla en un bolsón- pero… no se si se pueda, Lux, detente.

- Si ese lugar está encantado puedo entrar en él, iré a buscarlo –apretaba los dientes- estoy cansada de esperar aquí, no… -pausó sus palabras- no, me quedaré.

- Es peligroso –replicó Cait.

- Por eso iré sola –respondió la rubia.

- No.

Vi se puso de pie y fue hacia Lux, la cual guardaba ropa locamente en aquella bolsa, la detuvo y ambas se vieron a los ojos mientras la pícara pelirosada le quitaba el trabajo. Quería ayudar y era su deber, las injusticias existen pero como un guardia de la ley no permitiría que le siguieran sucediendo a esta muchacha, ya era hora de que alguien se pusiera de su parte. Entendía que Cait tuviera sus dudas, debido a su historia con Darius pero ella sabía que en el fondo, las personas pueden cambiar y a pesar de que el noxiano era conocido por ser un sangriento y desalmado ser, notaba en los ojos de Lux que ella creía en él.

La pelirosada veía a Cait y recordaba que en el pasado la vieron con esos mismos ojos, había esperanza para todos, Vi creía en el cambio, en defender a los desvalidos, en la justicia y por lo que había escuchado, ni Darius ni Lux tuvieron la oportunidad de ser lo que querían ser: felices.

- Yo iré contigo –dijo finalmente Vi.

- Ah… -suspiró Cait- yo también –no muy animada.

- En ningún momento dije que irías sola –aseguró Ezreal.

- ¿Es en serio? –preguntó Lux sin saber si reír o llorar- gracias, gracias… -guardó sus ganas de llorar.

Debía ser fuerte, al menos lo suficiente para encontrarlo, él la buscaría si la situación fuera a la inversa, no se detendría con nada para hacerlo. Lo sabía, así como sabía que él estaba vivo, se lo prometió, ninguna fuerza sobre la tierra podría matarlo, le dijo y ella lo creyó.

Mientras el verdadero Darius, ahogado en dolor sólo se mantenía vivo por su propia fuerza, claro que lo primero que perdió fue su consciencia, casi no reconocía a la gente ahí, ni si quiera recordaba quién era en algunos momentos y en muchos otros sólo deseaba… morir.

- Déjate llevar –le susurraba LeBlanc al oído cual si fuera el ángel de la muerte, cual si fuera su voluntad.


Fin de Episodio 14