Muy buenas a todos, lamento la tardanza, estuve ocupada con algunos eventos en mi comunidad de League of Legends y no pude escribir ni actualizar. Debía hacer una última revisión y eso. Muchísimas gracias por seguir leyendo y emocionándose con esta historia, la verdad a veces yo también le doy sus leídas y la historia se torna más intensa a cada paso.
En fin, les dejo con un nuevo episodio, espero poder actualizar en aproximadamente 2 semanas o algo así. Muchos saludos. Ah... y avisarles que tengo una firma en FB para mi comunidad de LoL Pero también pueden seguirme ahí, es: Starling Shadow, a veces hablo del LoL, a veces de mi fanfic, otras de cosas que me gustan :3
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 15 – 'Sin Nombre'
No entendía cómo había llegado a ésta parte de su historia. Lux no volvió su mirada atrás cuando la vieron huir de su casa de la mano de Ezreal, ni si quiera cuando fue interceptada por guardias del Rey al cruzar la frontera a tierras desconocidas.
Pero todo ocurrió. Era real. Y aunque era una equivocación no quiso demostrar lo contrario porque sólo pensaba en salvar su corazón.
El momento después acordar encontrar al noxiano en aquel bosque encantado Vi y Cait salieron discretamente, en cambio el explorador se quedó a platicar con Lux, quería realmente resolver los asuntos pendientes que quedaron. Era complicado decirle que había omitido muchas cosas, sobre todo porque un compromiso serio se consolidaba cada día.
La conversación duró hasta que la noche cayó y ambos salieron al balcón de la rubia, para su mala suerte fueron vistos por mensajeros demacianos, los cuales habían llegado a la casa Crownguard para dejar aviso de la visita del Rey.
Grande fue el desagrado del antiguo príncipe pero mal aconsejado por los cercanos a él fue envenenándose.
"Luxanna huyó con aquel explorador"
"Han visto al explorador salir de la habitación de la doncella a altas horas de la noche"
"Esa mujer no es virtuosa a los ojos de la ley"
Y la más determinante:
"Castigo. Es lo que merece"
- Fuera. Todos –avisó serio Jarvan.
Los consejeros al igual que algunos soldados salieron, en el lugar sólo quedó alguien, quien en la sombra oía todas aquellas injurias, la persona más interesada en que la justicia se cumpla en Demacia.
- ¿Cuál es tu opinión? –preguntó Jarvan sumido en pensamientos.
- Usted tiene la respuesta –respondió ella.
- Quinn, confío en ti. Dame tu opinión.
- Opino que demasiados ojos han visto desaparecer a la virtuosa doncella Crownguard de la mano de un plebeyo. Su amor no es prohibido, lo que lo hace inestable es que ella era su prometida, ¿cómo podría desposar a una mujer de dudosa actitud?
- Yo lo sabía –confesó Jarvan.
- ¿Lo… sabía?
- Sí. Quería cuidar de ella, por eso siempre la mantuve en vigilancia. Me parecía sospechosa, desde el momento en que le pedí que fuera mi prometida e incluso un poco antes y quise saber la razón. En varias ocasiones me fue informado sus deslices con el explorador.
- ¿Cómo puede aceptar esa traición? Debe llevarla a juicio. Hacerle pruebas y…
- ¿Deshonrarla? El pueblo la ama, a pesar de todo, su bondad se inclinará a ella. Aunque no lo crea, no soy tan popular como lo fue mi padre y los nobles sólo buscan una excusa para verme caer. Deshonrar a la luz de Demacia sólo romperá lazos con mi pueblo.
- Rey Jarvan –Quinn se inclinó ante él- permítame llevar a juicio a esa traidora, hacerla pagar por sus fornicaciones y por haberlo traicionado de aquella manera.
El antiguo príncipe sonrió levemente, ni si quiera estaba molesto en apariencia pero su interior aún procesaba la traición, quizá no explotaba en palabras pero era sólo porque pensaba en una manera de traer la justicia a él sin tener que… matarla. Amaba a Lux y quizá quería cambiarla para que sea su luz y camino al corazón de los demacianos.
Si asesinaba a la joven Crownguard, no sólo quebraría su interior sino que llevaría a una mártir al suplicio, su familia no se quedaría con los brazos cruzados sino que los demás nobles se alzarían en contra de aquella 'injusticia' sólo por el placer de obligarlo a abdicar.
- Tengo una mejor idea –agregó.
- ¿Mejor? Deje que los tribunales la juzguen y que su sangre limpie esta afrenta en la plaza principal –la joven estaba enardecida.
- Sí, tal vez suceda. Por ahora… -posó su mano en el hombro de la guerrera- tráeme a Luxanna.
Quinn suspiró mientras veía molesta a su Rey, él permanecía pasivo ante toda esta situación, sin saber que su interior estaba a un punto de desaparecer, de alguna forma sólo quería venganza, tantos años cultivando su bondad, sus buenas costumbres y su amor por ella para que ahora lo hagan olvidarlo todo.
Dejando a la guerrera demaciana ir por la doncella Crownguard, Jarvan volvió a sus habitaciones, se quitó la armadura y fue hacia su ducha. Necesitaba tener un momento para sí mismo, lejos de las murmuraciones y consejos.
Entonces como un pálpito le regresaron sus emociones, recordó sus mentiras, recordó las veces en que fingió ser civilizado, en que se dejó llevar por su amor hacia ella.
- ¡Mentiras! –gritó dando un puño a su pared.
Fresca agua repasaba su rostro al momento que deseaba no sentir todo esto. Había sido tan estoico todo ese tiempo, amarrando al perro rabioso que en su interior pedía sangre, carne y dolor. Pero quería verla sufrir, hacer que ella lo deseara… que lo amara, un poco… y no sucedía, ¿por qué? Luxanna era como su pueblo, era como una extensión de Demacia.
Devorar… quería devorarla entera y verla sufrir. Que ella le pidiera "por favor" que la desposara. Estaba poseído por los malos pensamientos y no era sólo algo que pensaba, era una realidad provocada por la oscuridad sembrada en su corazón por Swain. La Rosa Negra tenía planes, grandes planes para él y los realizaría a través de la oscuridad que lo dominaba.
Se alimentaban de su alma. Lo que hacía era dejar que fluyan sus deseos sin importarle lo que lo impida. Por supuesto que su amor hacia Luxanna era más fuerte por el momento pero pronto su 'deseo' por ella y el favor de su pueblo a costa de cualquier cosa lo consumiría vivo, ¿qué quedaría? Sólo un desamorado hombre sin compasión ni empatía.
No ser lo que todo el mundo espera que seas puede ser frustrante. Lux lo sabía mejor que nadie. Optó por otro camino, abandonó su futuro para poder encaminarse en otro. Darius quizá no era el culpable, quizá… sólo le mostró su realidad. No era un títere que podían manejar ni una estatua a la cual alabar.
Era…era…
- Llegamos –dijo Lux viendo una fogata en la cercanía, claramente hecha por Cait para guiarlos en la oscuridad de esa deshabitada frontera.
- Tardamos demasiado –Ezreal parecía asustado.
- Fue mi culpa, debíamos arreglarlo todo. Pero la deuda estará saldada en cuanto podamos encontrar a Darius.
- Se que te equivocas con él y Cait también lo sabe, Vi es una idealista pero tú… te has dejado llevar. Te seré sincero… -comenzaba el rubio- cometes un error y no puedo evitarlo.
- ¿Lo vas a decir ahora?
- Soy honesto. Los noxianos nunca cambian sus hábitos, incluso si llegas a estar con él… jamás tendrás los mismos derechos que antes. Sus leyes y su cultura te obligarán a someterte, para ellos eres de baja categoría, tu sangre vale menos que la suya, sin contar todas las desventajas.
- Deja que piense en ello después –apretó las manos, Lux lo sabía.
- Claro, pero… -posó su mano en su hombro- cuenta conmigo si en algún momento quieres huir.
La rubia no dijo nada por suerte aquel momento fue interrumpido por sus símiles de Piltover.
- Tardaron mucho –dijo Vi haciendo muecas de disgusto.
- Estuvimos casi todo el día aquí –suspiró Cait- bueno, es media noche, deberíamos aprovechar para avanzar en la frontera –replicó y fue hacia su mochila.
- Lo lamento, Ezreal y yo tuvimos inconvenientes con algunos soldados antes de llegar.
- ¿Sabrá Jarvan lo que sucede? –preguntó Cait.
- Lo dudo pero será mejor volver pronto, claro, luego de encontrar a Darius –se adelantó a las Piltoverianas.
- Es muy decidida –dijo Vi rompiendo el silencio de Cait y Ezreal- ¡espérame! –gritó la pelirosada corriendo tras ella.
Pero eso era extraño, tanto que ambos estaban asustados de la nueva Lux, tal vez no era nueva sino que la reservada rubia había decidido salir y ser ella misma, por primera vez no estaba ciñéndose a lo que le pedían, no era una 'dama' como siempre se le pidió, simplemente era una mujer, una mujer decidida, tierna de corazón e increíblemente fuerte. Por eso… sabía que salvaría a Darius de lo que sea que lo estuviera alejando de ella.
¿Llegaría a tiempo? ¿Aguantaría Darius? Había sido torturado por más de dos meses, diariamente, era más de lo que un hombre podía aguantar, su límite entre la cordura y locura se probó cuando empezaron a electrocutarlo, al menos ahora no se reconocía a sí mismo.
Lo que LeBlanc hacía no era digno, curaba levemente las heridas que tuviera pero dejaba las fracturas, lo que le importaba era imponerle dolor. El buen Darius había sido valiente por varias semanas hasta que decayó, era prepotente y osado, intentó escapar en demasiadas ocasiones pero con tres costillas rotas era fácilmente manejado por la brusca LeBlanc que procuraba dejarle precedentes de verdadero dolor en la memoria que también parecía haberse desgastado.
Por las noches era arrojado a una mazmorra, antes podía levantarse y buscar una salida, pero ahora simplemente se quedaba en el piso, sus ojos se movían levemente buscando algo sin recordar qué. Hasta que un hilillo de luz cruzaba y podía ver un diminuto punto, una estrella en el cielo. Se dormía tratando de recordar lo que le había sido arrebatado.
Por su parte Draven también había hecho su propia cruzada para salvarlo. Había seguido a la bruja de Swain hasta un terreno abandonado en el cual se desvaneció entre la maleza. No iba a perseguirla, simplemente recorrería el terreno para ver si había algo de cuidado, como trampas, soldados o alertas. Si ella estaba tan recelosa en cuidar el camino por donde iría podría ser que lo llevara hasta donde su hermano yacía.
Aunque el ejecutor de Noxus aún no tenía idea de lo que enfrentaba. El sufrimiento por el que había pasado su hermano a causa suya y el 'tratamiento' especial que se le estaba dando. Repudiaría cualquier atentado contra la vida de su hermano mientras que su interior moriría a causa de la culpa, no sabría cómo compensar a Darius por lo que hizo aunque en sus planes no estaba confesar nada.
Pronto oyó numerosos quiebres, se escondió y observó, eran acólitos de la bruja de Swain, pensó para sí, los mismos iban de salida, no hablaban, quizá ni si quiera eran humanos, Draven podía notar el reflejo de cuatro brillantes ojos relucir levemente. No podría enfrentarlos en ese caso.
Siguió avanzando sigiloso cuando otro sonido lo sacó de sus pensamientos, sin dudarlo un segundo empuñó su cuchilla hacia donde su instinto le guiaba y chocó duramente contra algo.
- ¡Maldición! –respondió Vi resistiendo el golpe con su puño mecánico.
Lux había caído al piso siendo salvada por su amiga, la pelirosada. Veía a Draven, el cual apenas la notaba, antes de decir otra cosa fue golpeado por el otro puño de Vi.
- Toma esto, bastardo –dijo haciendo caer al noxiano, el mismo soltó sus hachas por el impacto.
- Detente –le dijo rápidamente Lux y corrió hacia Draven- ¿eres tú?
- No, soy un fantasma –se levantó con cuidado, le dolía- ¿qué haces aquí? –dijo en tono bajo.
- Yo… bueno… -se rascó la mejilla sin saber qué responderle.
- Saca a tu escandaloso novio de aquí –giró hacia la pelirosada- ¿qué me ves? -dijo provocándola.
- Soy mujer, imbécil –respondió Vi a Draven.
Bueno, nunca fue bueno para conocer mujeres inteligentes y tampoco buenas mujeres, así que estaba en racha, Vi alistó su puño y lo golpeó otra vez dejándolo sin aire.
- ¿Quién es este idiota? ¿Por qué hablas con él? No nos dejará rescatar al otro imbécil –dijo la pelirosada mientras veía amenazante al noxiano recién llegado.
Llegó a la escena Cait y Ezreal, los cuales reconocieron de inmediato al ejecutor noxiano, se quedaron quietos mientras Lux lo levantaba. Era extraño verlo sin intenciones de matarlos. Estaba demasiado pasivo.
- Wow… -se quedó viendo a Vi- nunca había conocido mujer alguna que golpeara tan fuerte –sonrió Draven- perdona, preciosa, no volveré a cometer un error como ese –coqueteó.
- Vinimos por tu hermano –explicó Lux.
Pero Draven no dejaba de ver a la indiferente y molesta Vi hasta que la rubia se puso en su camino y frunció levemente el ceño.
- Tu hermano, está perdido.
- Afff –suspiró el noxiano.
- Draven –saludó Cait y Ezreal lo vio de lejos con recelo por sus acciones.
- ¿Y qué quieren con él? Váyanse, no es asunto suyo –gruñó.
- Yo necesito saber si está bien –explicó Lux.
- Tú… -la señaló a corta distancia- demaciana, muévete de mi camino –la enfrentó con su cuerpo tratando de intimidarla- si no quieres que termine lo que mi hermano no permitió en aquella ocasión –amenazó.
Pero pronto fue lanzado por los aires hasta chocar contra un árbol estruendosamente, Lux sólo vio una ráfaga apartarlo de ella sin notar que Vi había encendido los motores de sus puños mecánicos para desarmar al atrevido ejecutor.
Había dejado sin aire al noxiano menor, el cual levantó la mirada furiosa hacia los invasores, un hilillo de sangre se dirigió a su ojo y lo hizo cerrarlo. Por un momento pensó en vengarse pero volvió a sonreír y se levantó con una breve carcajada.
- Me gustan los retos –provocó a la piltoveriana la cual le devolvió el gesto con frialdad.
- No te atrevas a lastimarla, idiota, o te partiré las piernas. Veremos si eres tan valiente en silla de ruedas.
- Me rindo –manos al aire, no pensaba atacar a nadie más.
Al menos aquello sirvió de lección, la última vez Draven abusó de su poder lastimando a la rubia pero ahora se encontraba en compañía, Vi no toleraba a gente como aquel noxiano, tan subidos en su nube que se creían que tenían el derecho de pasar por sobre los demás porque podían. Estaba comenzando a odiarlo de no ser porque él la miraba coquetamente, lo cual apagaba cualquier tipo de sentimiento.
- ¿Cómo te llamas dulzura? –preguntó Draven acercándose a Vi.
Le preguntó en el camino, puesto que decidieron ir todos juntos, Vi estaba histérica, odiaba que la acosaran de esa manera, primero la confunden con un muchacho y ahora quiere conquistarla como a una barata dama de compañía.
- Afff –suspiró molesta- ¿por qué no lo dejamos atado en un árbol? –preguntó a sus compañeros los cuales reían por lo bajo- hubiera sido más fácil.
- Su nombre es Vi, ahora déjala en paz –respondió Cait.
- ¿Por qué iba a hacerlo?
- Te diré dos razones –comenzó Cait- eres un estúpido que sólo quiere abrirle las piernas a todo lo que se te ponga delante y ella te mataría antes de tratar de hacerlo. Y si por algún misterio lograras una cita, te partiría las piernas, literalmente.
- Tiene razón. Todos mis novios terminan en el hospital –le envió un beso a Draven y siguió su camino.
Eso asustó levemente al noxiano pero luego se compuso, no era de los que se rendían ante un reto y esta agresiva piltoveriana era un hermoso reto. Era muy fuerte, le gustaban las mujeres con carácter, ¿cómo explicarlo? Eran como un afrodisiaco para él.
Quería montarla hasta cansarse, su mente sólo podía imaginarla gritando y gimiendo.
- Silencio –susurró Ezreal y se escondió.
Todos siguieron su ejemplo, a lo lejos podía verse una comisión de acólitos recorriendo el lugar, quizá escucharon el alboroto que armaron los invasores. Muy aparte de todo la alarma se activó. Era un bosque mágico y ni Lux ni Ezreal podrían guardar el secreto de su presencia por mucho tiempo.
Pero esto de estar ocultándose todo el tiempo comenzaba a molestarle a Vi, la cual estaba acostumbrada a afrontar todos los problemas cara a cara, de la misma manera, al menos Draven creía que también era así.
- Debemos enfrentarlos –dijo Vi.
- No. Debemos esperar. Seguirlos y encontrar para dónde van –advirtió Cait- esto no es…
De pronto la pelirosada saltó hacia aquellos acólitos distraídos, noqueándolos con un puño certero.
- Así es como se hace –puso su pie sobre la espalda de uno de los caídos.
Cait gruñó por lo bajo mientras se dirigía a ayudarla a atacar a los que se levantaban. Pero quedó uno consciente, al cual le preguntaron quién era, el acólito simplemente cerró la boca. No tenía intención de decir nada hasta que Draven golpeó su cabeza y le enseñó cómo su cuchilla rozaba sus genitales.
- ¡Vaya par que tienes! –su rostro lleno de locura asustó al acólito- denme 5 minutos con él.
- No, no, no, yo ni si quiera trabajo aquí, me mandaron para suplir algunas medicinas en el centro de investigación.
- Así me gusta, pajarito –apretó su cuchilla contra el pene de aquel hombre- dime más.
- ¡No se más! –gritó asustado.
- Entonces dinos dónde está el centro ese –se pronunció Cait.
Tan pronto supieron de la ubicación sin otro plan en mente decidieron atacar, este era el momento, ya que si esperaban podrían ser sorprendidos. Ya atacaron a uno de los acólitos, los demás no tardarían en darse cuenta para luego caerles encima.
Darius por su parte permanecía en su calabozo, viendo desorientado aquella estrella aislada por aquel pequeño espacio en la pared de su tortura. Quería sentirse bien, ser el que era pero ni si quiera podía pensar en algo, quizá si lo hacía la bruja aquella saldría de la nada para torturarlo, estaba comenzando a alimentar su ansiedad.
- ¡Qué demonios! –gritó uno de los custodios de la entrada de aquel centro.
Fue golpeado por el enorme puño de Vi y tan pronto se dio cuenta tenía la mira de un arma en su frente, pintada de rojo y con mucha intención de ser el blanco de un devastador ataque.
- Darius –dijo Cait frunciendo el ceño- ¿dónde está?
- Sólo tienes una oportunidad muñequito –le susurró Draven.
La sheriff piltoveriana cargó su arma amenazando con el chasquido seco y el custodio soltó la lengua como si no le costara nada la lealtad. En realidad ni si quiera le importaba, no era soldado ni nada parecido. Les dijo dónde estaba, les dio las llaves y hasta les advirtió de cuántos soldados les esperarían.
Todos corrieron en grupo hacia donde podría estar quien buscaban, sorteaban peligros y acababan con los que se interpusieran, en verdad parecían ser un equipo bien conformado.
- Llegamos –dijo Vi frente a un enorme portón metálico- me encargaré de él.
- De prisa, no tenemos mucho tiempo hasta que quien sea que esté a cargo envíe al verdadero peligro por nosotros.
- Ok, ok, dame tiempo –dijo por lo bajo la piltoveriana de pelo rosa.
Su puño mecánico tardaba en cargar debido a su constante uso, debía esperar al menos unos segundos más pero la desesperación de los acompañantes la estaba presionando.
- Listo –chocó ambos puños y se hizo para atrás- les recomiendo que se alejen –dijo en voz alta Vi.
Chocó la enorme puerta y no logró más que doblarla un poco la primera vez, con el segundo puñetazo penetró con éxito la entrada a lo que sería un pequeño pasadizo hacia los más hondos y fríos calabozos.
Bajaron con cuidado hasta encontrarse con una terrorífica sala de experimentos, algunos de los prisioneros seguían atados a las máquinas de tortura pero yacían muertos, con un charco enorme de sangre el cual demostraba lo que sufrieron antes de dar su último suspiro.
Los invasores caminaron con cautela en ese momento, Lux sólo rogaba porque en alguno de esos prisioneros no estuviera el rostro del noxiano que buscaba. Pronto se toparon con la cama donde torturaron a Darius con electricidad por todos esos días y la joven rubia sintió como su corazón rebotaba adolorido y aunque estaba agradecida de no encontrar a Darius amarrado ahí, pensaba en lo peor al no verlo donde le dijo el guardia que estaría.
- ¡Por ahí! –señaló Cait, una celda cerrada al fondo de todo aquel horror.
La delicada rubia corrió repentinamente mientras su corazón palpitaba paso a paso. Sus ojos se humedecieron y su cuerpo estremecido se congeló al ver al potente noxiano en sus peores condiciones, lleno de sangre, casi sin ropa con la mirada perdida y sin control sobre su expresión, incluso… parecía tener la mitad de su rostro caído, como si le hubieran provocado una especie de derrame.
- ¿Es él? –preguntó Cait y volteó hacia la celda para quedar igual de asombrada por la crueldad.
- ¡Malditos! –gruñó la otra piltoveriana abriendo de un solo golpe aquella celda- ¡vamos idiotas, reaccionen! –gritó entrando y levantando al noxiano- ¿Darius? –se quitó un guante como pudo y tronó los dedos frente a él- ¿hola? Darius. Soy Vi.
- Oh no… -susurró Lux cubriendo su rostro lleno de lágrimas- ¡Darius! –gritó finalmente para ir hacia él y posar su mano sobre aquel golpeado rostro- soy yo… Lux, ¿me escuchas? –decía al no notar ninguna clase de respuesta de parte del guerrero.
- Debemos sacarlo –dijo Draven- toma un brazo Vi, yo tomaré el otro. Tú, enano –señaló a Ezreal- toma sus piernas y Cait, ve por delante y revisa que no haya nadie.
Aquel grupo se apartaba de ahí dejando atrás el terror de lo inhumano, Darius giró un momento sus ojos mientras veía pasar aquella máquina, la cual le infringió tanto dolor.
Su pesar se desvanecía y la soledad que tanto había abrazado como su locura igual, veía personas, al fin… le causaban alivio, no podía decir que estaba feliz porque veía a aquella doncella con la que había soñado tanto tiempo sin poder respirar, ahogada en lágrimas llamándolo por su… ¿nombre? Pestañeó un par de veces, ¿Darius? Sí, era ese su nombre, torció sus labios suavemente, había recordado su nombre para luego caer en un sueño, uno muy largo, uno del que quizá no quería despertar.
Fin de Episodio 15
