Hola a todos, finalmente volví con otro episodio, me puse floja con todos estos asuntos pero bueno.

Con todo eso del cambio de pre temporada me inspiré muchísimo :3 aparte los arbustos se ven lindos, vamos a darles 5 segundos de aprecio jajaja, naah, sigamos. Espero disfruten del episodio ^^ y gracias por sus comentarios, siempre me inspiran a seguir. Hablando de eso, ojalá y pronto saquen nueva skin para Darius, le tengo ganas :3 la de Rey Nórdico no me basta.

Hasta pronto y sigan leyendo ;)


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 17 – Locura y Razón


Frotaba sus manos con insistencia, parecía que se lavaba las manos pero era el frío, era el temor, era lo que vio.

- Dante –le llamó Gray.

- Aquel comandante… -decía sin creerlo.

- Puede ser tu padre –contestó Gray.

Se detuvo un momento a pensar, las memorias eran pasajeras en su caso pero el día que lo enfrentó, se atemorizó, por primera vez en tantos años, pensaba no conocer esta sensación, era nueva, como si aquel hombre lo hiciera sentir diferente, ¿era eso? ¿Era la sangre llamándolo?

Debía ser realista, sonrió bajando la mirada, su vida debería dejar de ser el circo que era. La duda lo consumió y de inmediato vio hacia su amigo.

- Quiero saberlo –le dijo Dante-. ¿Trajiste la muñequera que le robamos a… aquella Crownguard en aquella ocasión? –preguntó.

- Sí. Por eso la tomé.

- Quiero saber qué le sucederá, si ese hombre despreció a mi madre, porque si es así… lo mataré –dijo por lo bajo pero lleno de furia.

- ¿Por qué? –preguntó Gray.

- Es bondadosa, es cálida, es como el sol que nunca podré ser, es perfecta… -susurró- pero la idea de que la hayan lastimado, de que mi propio padre la abandonara luego de tenerme… -se detuvo un momento- no tienes idea de lo que se siente. Ella ES algo valioso y si tenerme le arruinará la vida es mejor cambiarlo.

- ¿Estás sugiriendo acabar con tu existencia? –preguntó su amigo pelirrojo.

- Pienso en lo que he sufrido pero también siento su dolor, aquí… -señaló su pecho.

Gray entendió brevemente, su oscuridad era un laberinto sin final y ello le había llevado a cometer los peores vejámenes sin miramientos, sin arrepentimientos, sin dolor en ningún momento. Pero todo quizá cambiaría si supiera, si pudiera descubrir la razón de su existencia. De lo que le hicieron.

- Toma –le dio un cuchillo a Dante, para luego cortarse el dedo y dejar fluir unas gotas hasta aquella muñequera de metal brillante que Lux siempre traía como parte de su uniforme- esto… será un viaje largo para ti, corto para mí y distante para todos.

Invocó entonces sus poderes, debía concentrarse porque de perder aquella pequeña conexión dependía la paz que llegaría con la verdad de un pasado sin descubrir. Y con la sangre sobre aquel objeto personal de la Demaciana pudo atraer una memoria. Un pedazo del pasado de donde vinieron.

- Quédate quieto –le dijo Gray para luego manchar a Dante con su propia sangre, en los ojos y un poco en los oídos.

Demandó una memoria y la misma apareció como una luz burbujeante, la cual se dirigió al rostro del interesado. Lo había logrado, al cabo de unos segundos abrió los ojos. Se veía un poco borroso alrededor, como si estuviera en un sueño.

Se levantó del piso porque había aparecido acostado, caminó un poco por el lugar y vio que era un castillo, sirvientes corrían de un lado a otro, parecían aterrorizados, entonces lo escuchó, el príncipe Jarvan. Se dirigió a él escuchando el tono de voz elevado.

- ¡Muévete! –le gritó a su acompañante el príncipe.

- ¡Detente! –tratando de defenderse.

Esa mujer era… se detuvo viendo como llevaban a empujones a…

- Tú eres mía y te quedarás aquí –Jarvan la arrojó a la cama de una habitación para luego encerrarla.

- Date cuenta de quién está realmente a cargo, hay alguien más dentro de ti –le gritó ella.

Sus ojos poseídos y su demente actuar no parecían ser típicos del príncipe, Dante quería liberarla de aquel suplicio, pero sólo podía verla desfallecer en aquella habitación y fue peor porque Jarvan volvió a Lux, realmente estaba poseído por algo más porque cambió su actuar.

Se dirigió furioso hacia la puerta para abrirla, vio a Lux de pies a cabeza y la rubia a sabiendas del demonio que se regocijaba de sus libertades se cubrió el cuerpo.

- Mía… -musitó empujándola para arrinconarla contra la pared.

El grito ahogado de la joven, las súplicas y de repente luego de mucho forcejeo un silencio atormentó al ya traumatizado Dante.

- ¡Ya fui suya! –gritó la rubia casi al oído de quien pretendía forzarla. Jarvan se apartó para mirarla- y… -apretó los labios dejando que el príncipe adivinara el resultado.

Por su parte el viajero no quería ver lo que el príncipe le hacía a su madre pero lo hizo, entró a la habitación, como ser incorpóreo era capaz de explorar el lugar a gusto.

El rostro pálido de Lux y la cabellera revuelta en su rostro mojado denotaban lo sucedido o lo que estuvo por pasar, Dante estaba molesto, no… molesto no era la palabra, estaba lleno de ira.

- Elige –dijo Jarvan apartándose pausadamente.

- ¿Qué? –respondió fingiendo fortaleza. No podía demostrar miedo frente a la oscuridad de Jarvan.

- Elimina esa cosa –señaló su vientre- o aquel noxiano dejará de existir –empuñó su rabia en un puño.

- Tienes el alma corrupta, alguien está en tu interior, tú no eres así, yo te…

- ¡NO ME CONOCES! –le gritó furioso y retomó un poco la calma para decir lo imperdonable- la criatura o Darius. Elige.

Lux expresó en su rostro una incógnita, como si nunca hubiera imaginado una pregunta así pasar a ser analizada en su interior, era como si le preguntaran cómo debía morir, sabiendo que las formas de hacerlo serían igual de dolorosas.

Y aunque lo pensó, siempre supo la respuesta porque se apoyaba en una promesa.

- Lamento ver que mi amigo deba verter su sangre bajo el hacha de la Mano de Noxus. No era algo que mi mente deseara –respondió Lux.

- El enfrentamiento es inevitable. Quería darte a elegir. Pero veo que quieres el corazón del noxiano en una bandeja. Y si destruirlo es lo que debo hacer –dijo Jarvan tornándose sanguinario- así será… ¡ensartaré mi estandarte en su pecho! –terminó la frase determinado. Se arregló un poco y salió de aquella habitación para luego cerrarla.

El príncipe se había marchado, Dante estaba a solas con su madre… con el recuerdo de ella, entonces en vez de mantenerse fuerte Lux se apretó el vientre como si quisiera protegerlo y luego la tristeza la devastó hasta hacerla caer al piso, no sabía por qué no podía mantenerse en pie.

- No llores… -le susurró Dante, pero no lo escuchaba, estaba sola… desgarrada… y totalmente dolida por lo que dijo- me escogiste a mí –volvió a decir suavemente- siempre creí que no te importaba. Lo siento.

Al querer tocarla aquel recuerdo se tornó más y más borroso, se había perdido de todo eso para recuperar la visión a su nacimiento. Escuchaba el grito adolorido de su madre, quizá habría estado así durante horas porque la vio cansada, sudada y sin fuerzas.

- ¿A dónde lo llevan? –preguntó sin fuerzas, una mujer de cabello rubio y armadura lo cargaba en una manta manchada de sangre.

- Lo siento –dijo la extraña mujer sin voltear a ella- murió –cubrió al bebé tratando de ocultarlo, pero respiraba… muy poco pero lo hacía.

- No… no… -decía Lux, ahora lloraba desconsolada.

Dante acercó la mirada y el bebé estaba vivo pero por alguna razón no se movía, ¿quién era ella? Esta mujer desalmada le había hecho esto. Vio a su madre y luego volvió su mirada a esta ramera demaciana que lo alejaba con mentiras.

La vio salir sin mirar atrás ni un solo instante, quería cortarla en pedazos pero no podía. Dante sólo se detuvo a ver el sufrimiento por el que pasaba Lux, la pobre sólo se retorcía… movía sus piernas adolorida mientras la partera limpiaba los restos de aquel nacimiento.

- Mi Rey –dijeron las parteras al unísono. Jarvan había entrado en la habitación presuroso.

- Vine en cuanto pude… -dijo al ver a Lux tendida en la cama, aun llorando la pérdida de su criatura.

- Esa… -detuvo su llanto al ver a Jarvan con las manos teñidas de sangre- esa… sangre –susurró débilmente mientras sus ojos irradiaban el terror de la respuesta.

- El noxiano ha caído. Ahora podremos ser felices, mi doncella –tomó su mano a lo que Lux contestó apartándose llena de asco. Esa era la sangre de su amado.

Permaneció en silencio, Jarvan movió su mano e hizo que todos los presentes salieran de aquella sala. Dante aún observaba la escena con pendiente de lo que fuera a suceder. Quizá 'furia' no podría describir su sentir en ese momento, la palabra que buscaba era 'indignación'. Veía con tal repulsión al príncipe, feliz de haber acabado con la última esperanza que tenían los ojos de Luxanna, lo hacía con gozo puesto que finalmente era su dueño.

- No me siento bien… –dijo Lux casi sin aliento.

- Tómelo con calma, mi futura reina –dijo el príncipe y se detuvo a ver por una ventana el cielo, él también quería respirar, abrió la misma y aspiró aquel dulce aroma a victoria, lo alto que era aquel castillo y las nubes le inspiraban libertad.

- Quiero estar sola –dijo y giró su cuerpo hacia la pared.

- No puede estar sola, superaremos este tropiezo juntos. Olvidarás que alguna vez le fallaste a Demacia y vivirás feliz a mi lado, donde perteneces.

- Sólo soy un pedazo de Demacia que quiere poseer –respondió de inmediato la rubia.

- Se que no debí intervenir en este momento, pero tal era mi gozo que quería compartirlo. Es libre –decía Jarvan sumido en sus intereses- ¿no tiene sed? –preguntó avanzando hasta una mesa donde una jarra de cristalina agua relucía, dándole así la espalda a la doncella.

Dante se puso en frente de aquel 'príncipe' que ahora era Rey, trataba de analizar la razón de aquella profusa alegría, era genuinamente feliz, había asesinado a su padre para quedarse con su madre, había mandado a una de sus rameras a deshacerse del bebé, pero ahora estaba ahí… frente a su agresor, al culpable de toda aquella desgracia.

Jarvan sólo servía un poco de agua y la bebía calmadamente mientras saboreaba su victoria, Dante sólo quería apretar su cuello hasta que dejase de respirar.

De repente un sonido les llamó la atención. Era Lux, se había subido a la ventana, miraba hacia Jarvan y atrás de ella se encontraba el vacío.

- ¡No! –gritó entonces Jarvan. Dante sólo se quedó viendo petrificado la escena.

- Samar, me gusta ese nombre –susurró y acto seguido se dejó caer.

Jarvan corrió hacia ella sin poder sostenerla, su pecho se apoyó en la ventana para ver a la rubia estrellarse contra las rocas y desaparecer de su vista.

Era grotesco, inentendible, intolerable, insano y sobre todo oscuro como la noche. Se suicidó, a los ojos del príncipe, la luz de Demacia se extinguió y aquel agobiante dolor se transmitió a todos como un sentir.

Dante no podía respirar, se le había ido de los pulmones, todo su aire se perdió, tosía y tosía, pensaba morir, su mente se nubló y recobró la consciencia, su amigo lucía asustado, el muchacho del futuro limpió su rostro y notó las lágrimas brotando como una cascada.

- ¿Estás bien? –preguntó Gray con gran preocupación.

- Yo… la vi –dijo en un hilillo de voz.

- ¿Qué pasó? ¿Sabes lo que le sucedió?

- Ella se suicidó… después de dar a luz, le mintieron diciendo que su bebé había muerto y luego supo que mi padre tuvo la misma suerte. Ni si quiera la vi levantarse de la cama, no escuché nada, sólo… -paró en seco su desenfrenada explicación- estaba ahí… en la ventana y cayó –cerró sus ojos y los apretó con fuerza- mi madre no tenía nadie, ni nada y… la llevaron a cometer esa locura, ¿cómo pudo alguien tan lleno de vida convertirse en una destello lleno de oscuridad? ¿Cómo pudieron hacerle algo así a ella? Mi padre… es aquel noxiano y ellos viven una experiencia injusta –se quebró, no podía con la imagen que vio.

- Dante… -susurró su amigo pelirrojo- p-podemos… cambiarlo –dijo de inmediato- ella aún vive, tu padre también y…

- NO, SI CAMBIAMOS ALGO, PODEMOS ARRUINAR EL FUTURO –gruñía Dante sin mostrar su rostro, cayó al piso por voluntad propia, intentaba… no pensar.

- ¡No puedes dejar que le hagan eso! –gritó Gray.

Por breves momentos pensó en la posibilidad de cambiar el futuro, hacer algo diferente a lo que tenía en mente desde un principio, porque cambiar su vida podría ser algo más que un simple acto de valentía, un poco de honor en su historial de terror.

Extrañamente se sentía avergonzado por lo que hizo, había validado todos esos años su ira y falta de emotividad a el desprecio de sus padres pero ahora conocía lo valioso que era para quien le dio la vida, tenía ganas de cambiarse a sí mismo.

Redención, quizá era eso.

- ¿Qué hacen ahí? El amo Draven mandó a que vigilaran las entradas –dijo un anciano, posiblemente un trabajador del castillo de los noxianos.

- Nosotros… vinimos a… -pensaba Gray- revisar el área –dijo finalmente.

- Bien, ahora deben volver, tenemos visitantes en casa.

- Sí, claro, en un momento –decía Gray.

- Ahora mismo mocosos o haré que el amo Darius los azote por ociosos –dijo el viejo y los llevó a empujones.

Dante limpió su rostro mientras Gray simplemente torcía las comisuras de sus labios, lucía nervioso por meterse en un problema así. Había pasado tan sólo un par de horas después de que su compañero vio aquel pedazo de memoria, no quería preocupar a nadie pero si no descansaba de todo aquel estrés mental podría desmayarse o peor, quedar a merced de aquellos a los que tanto había querido evadir.

- Vete de aquí –susurró Gray.

- Estoy bien –afirmó serio.

- Tu cerebro hizo un esfuerzo inimaginable para poder asimilar lo que la magia le permitió comprender. Si no te vas, podrías…

- Silencio, cucarachas –dijo el anciano que los guiaba.

Llegaron a un portón y lo abrió con gran trabajo, entonces dejó abierta la entrada viendo de vuelta a aquellos perezosos y habladores jóvenes.

- Adentro y repórtense con el amo Draven.

- Eso haremos –dijo Dante caminando por delante de su compañero.

- Es-Espera –lo siguió a paso rápido para alcanzarlo.

- Soldados… son tan estúpidos. Espero que los azoten realmente –dijo el viejo y cerró el portón.

Más adelante los oscuros pasadizos los llevaron por un camino iluminado por antorchas hacia el salón principal, era claro que nadie estaría despierto a esa hora, se quedaron un momento quietos, tan sólo buscando el sonido de alguna voz que viniera desde el interior de las habitaciones cercanas al gran salón.

Un murmullo les llamó la atención, en realidad eran varias voces símiles susurrando casi al unísono, con cuidado los viajeros se acercaron y vieron con luz tenue un pasillo que los llevaba a unas sombras visibles para sus ojos.

- Nadie va a intervenir –añadió Janna- ambos están en sincronía, necesitan estar juntos para mejorar. Vamos a dormir.

- No los dejaré solos –afirmó Ezreal apretando los labios.

- Esa demaciana sólo le ha causado problemas a mi hermano, será mejor que se marche –intervino Draven.

- ¿Estás queriendo decir que Lux es la culpable de las malditas hazañas suicidas de un noxiano? –dijo sorprendido el rubio pero con ganas de ofender al otro.

- Será mejor que retires tus palabras, enano –amenazó serio Draven.

- ¡Cierren la boca! –les gritó Vi y posando sus manos sobre los hombros de estos los apretó hasta hacer que se rindieran o mostraran una mueca de dolor.

- AAAHHHHHGGGG –decían ambos. Draven y Ezreal.

- ¡Nos vamos de aquí a donde no podamos molestar a Lux! Suficiente ha tenido con aguantar su basura mental –gruñó la pelirosada y al llevarse a estos al salón principal se topó con los viajeros. Entonces soltó a sus presas para mirar curiosa a los nuevos.

- Nos mandaron porque somos de la compañía del comandante Darius –dijo Gray.

- ¿Cuáles fueron sus órdenes? –preguntó Draven agitando un poco su hombro, esta piltoveriana realmente lo lastimó pero no quería admitirlo.

- Revisar el área y ver el estado del comandante.

- Ahora mismo está ocupaaado –respondió divertido. Draven tenía esa mirada pícara.

- Cállate idiota – Vi lo empujó - mira niño, tenemos una situación, soy Vi, al servicio de la ley –le extendió la mano, Gray dudó un segundo en tomarla pero lo hizo.

- Mucho gusto –respondió Gray y sonrió levemente.

- Lo que éste imbécil quiso decir es que su 'comandante' tiene que ocuparse de un asunto antes de atenderlos y nadie debe interrumpirlos…. I-N-T-E-R-R-U-M-P-I-R-L-O-S.

Cait vio desde lejos a su compañera atormentando a alguien nuevo y suspiró, siempre era lo mismo, lo malo era que no tenía ni las fuerzas ni las ganas de intervenir en esta ocasión. Así que volvió a lo suyo, dormir apoyada en una pared lejana a ellos.

- ¿Qué sucede aquí? –preguntó una voz con autoridad. Todos los presentes voltearon.

- Comandante… -dijo sin querer Dante, lo veía fijamente.

- Fuera, todos –frunció el ceño- excepto ustedes dos -señaló a Dante y Gray.

- Jajajaja –rió Draven- ¿ya oíste? –molestó a Ezreal.

- Todos, dije.

Sin mucha alegría Draven apretó los labios y cruzó los brazos para luego salir de la escena totalmente molesto, le siguió Vi, aunque ella estaba más tranquila, en cambio Cait salió de la escena sin importarle nada, por su lado también pasó Janna, la cual esbozaba una sonrisa disimulada.

- ¿A qué vinieron? ¿Los enviaron ellos? –preguntó sospechoso, Darius estaba a la defensiva.

- ¿Ellos? ¿Quiénes? –respondió sin entender Dante.

De repente Darius con su puño cerrado golpeó en el estómago a Gray para apartarlo y tomó por el cuello al joven de ojiazul para luego estrellarlo contra la pared violentamente.

Tenía intenciones de acabar con la vida de este espía, respiraba agitado pero feliz de poder vengar su dolor, de hacerle pagar a éste esbirro por todas las que había tenido que pasar.

- Cof-cof-cof… no se… de qué… habla –decía entrecortado y Darius apretaba más su cuello, la fuerza que tenía elevaba al joven.

De repente sintió un leve empujón, al estar a punto de contestar vio a Lux, la cual había aparecido al lado suyo.

- Suéltalo –dijo firme.

- Es un espía –apretaba su cuello, Dante estaba ahogándose.

- ¡Que lo sueltes! –gritó la rubia y Darius elevó la mirada, no iba a hacerlo.

- ¿Quién es él? ¿¡Quién!? ¿Acaso lo conoces? –en su interior los celos lo estaban confundiendo, ¿era este ojiazul un espía, no de la rosa negra sino demaciano?

Pero Lux sin saber qué responder simplemente empujó a Darius de nuevo y logró que soltaran al viajero del futuro, se vieron por un momento a los ojos, ella dispuesta a defender al extraño muchacho y él dispuesto a acabar con su existencia.

- Él es… -no podía, no podía decir algo tan ridículo pero tampoco podía negar que necesitaba saber más para poder decirlo- es… alguien que me salvó… yo… -se sentía ridícula dando explicaciones sin sentido. No podía evitarlo.

- ¿Quién es? –ahora su mirada inquisidora se dirigía a ella. La retaba.

- Me salvó de Viktor. En aquella ocasión –respondió rápida.

- ¿Fue él? –preguntó Ezreal interviniendo.

- Dije que todos se FUERAN –elevó su voz Darius al ver al rubio.

- Sí, fue él, cuando Viktor me atrapó, este… muchacho me ayudó –las palabras se le atoraban en la garganta.

El noxiano vio sin entendimiento la escena, Lux sin quitar la mirada de aquel mocoso ojiazul, él sólo quería arrancarle la cabeza, no quería escuchar, hace un momento pasaban un momento especial y de repente ella… ella… ¡sacaba lo peor de él! Tenía celos.

- Adentro –añadió Darius a la conversación.

- Ella no irá contigo –Ezreal se opuso.

Dante vio cómo el furioso comandante se imponía, era como una película, algo inexplicable que él había soñado mucho y ahí estaba… frente a los que siempre quiso conocer. Los que quizá nunca sepan que él existe o existió, esas caras que tal vez añoró ver en sus años de infante en el lugar que se crió. Al abrirse un portón, al llegar personas, al salir a la calle, cruzando una esquina.

- Aún soy tu comandante, así que hablaremos de esto luego –dijo Darius interrumpiendo los pensamientos del que fue huérfano.

- Déjalo en paz –intervino Lux con un hilillo de voz, como quien no quiere meterse en ese asunto.

- "Mamá" –pensó sufriendo el viajero del futuro.

Pero el noxiano no reaccionó bien a aquella llamada de atención, nadie le iba a decir cómo mandar a sus soldados y menos esta mujer llena de secretos. La tomó del brazo y la haló contra su voluntad hasta la habitación de la cual salieron, la situación era distinta ahora él era brusco, al estar dentro la arrojó contra la cama.

- ¡ABRE LA PUERTA! –gritó Ezreal desde fuera de la habitación.

- ¿Qué vas a hacer? –preguntó asustada la rubia.

- Silencio, aquí mando yo –repitió pero no lo creía, estaba tan ensimismado.

- Lamento… haberlo hecho.

- ¿Quién es ese niño? ¿Qué te hicieron? ¿¡Cuántos hombres más deberán pasar por tu cama antes que yo!? –el agrio sabor a desdicha le recorría la boca.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Lux.

No podía admitir lo que estaba sintiendo, tenía una amargura, molestia, dudas y dolor recorriéndole. Sólo quería saciar su soledad con el deseo que lo embargaba por ella. Comenzó a quitarse la ropa y al mismo tiempo mirarla fijamente en la cama, asustada, como si esto no hubiera sucedido antes.

- QUITA TUS MANOS DE ELLA –gritaba Ezreal golpeando la puerta.

Pero ni Lux ni Darius escuchaban. Después de quitarse casi toda su ropa se puso sobre ella, apretando sus muñecas e impidiéndole moverse para acomodarle luego entre sus piernas.

- Coopera –le dijo muy robotizado, estaba fuera de sí.

- No hay nadie más –le susurró ella, no podía negar estar triste y asustada pero tampoco parecía histérica con la idea- suéltame –y le dejó una mano libre con la cual en vez de abofetearlo, le acarició suavemente el rostro.

- Abusaron de ti y seguirán haciéndolo, esta locura sólo terminará si yo te hago mía, podremos seguir con nuestras vidas, para ti seré un hombre más en la lista y para mí serás un objeto que ya obtuve.

- Soy una persona y soy tuya pero tú también eres mío –se ruborizó- esto no acabará con una noche de sexo, y… -detuvo la mirada en los ojos del noxiano- si sucede, serás el primero.

- No lo entiendo –dijo confundido.

- Aquellos hombres en mi pasado tocaron mi cuerpo y nunca olvidaré lo que sentí porque fue denigrante, eres la primera persona con la que hablo de esto –la voz quebrada comenzaba a llenar de tristeza su ánimo- me obligaron a hacer cosas horribles y mataron a mi nana después de violarla. No son memorias de guerra, son recuerdos que pesan cada día; entonces pienso en que el azar hizo que la escogieran a ella antes que a mí, que dijeran… "ella primero" y… por alguna razón, me siento bien de no haber sido yo. Esa gente invadió mi hogar y violó a mi nana, mientras lo hacían me desnudaban -la cara de asco en su rostro hacía que hasta el mismo noxiano se retorciera pero de rabia.

- ¡Basta! –gritó Darius quitándose de ella. No quería escuchar.

- De esa manera perdieron el tiempo. Me hice fuerte y nunca pensé en aquella ocasión como algo que me debilitó. Aun así… no soy tan digna como crees, estoy sucia pero incluso así he anhelado una historia, como esta… contigo.

Darius quedó congelado, la bravura de su actuar se ciñó a la confusión que inundaba sus pensamientos. Quería entender todo lo que le dijo pero sólo escuchaba que ella tenía el honor manchado pero aún era inmaculada, ¿pero qué era eso? El simple acto sexual del que era libre, la pureza de su cuerpo y alma.

Entonces dejó caer el peso de su cabeza sobre el pecho de la rubia, respirando agitado, como si hubiera corrido muchos kilómetros, su cuerpo tenso se hizo suave y abrazó a la rubia hasta levantarla de la cama.

- Significa mucho para ti, ¿verdad? –preguntó Lux.

- No… -respondió Darius.

- ¿Entonces?

- Tú eres la razón de mi locura, pensar en tu sufrimiento me enloquece. Quiero tenerte para mí –la apretó contra su cuerpo y cerró los ojos, como si fuera un niño egoísta- y que nadie más sea dueño de tus suspiros o anhelos.

- Si eso te da seguridad, hazlo.

- Luxanna… -pasó sus manos y le recorrió la espalda de manera cariñosa- mantente así pero sólo para mí.

- Shhh… -lo calmó como a un niño y se aferró a él en aquel abrazo- estaremos bien, shhh…

Era posible equivocarse pero haber demandado una verdad en medio de tanto dolor pudo salvar la calma que se les iba de las manos. Darius había entendido algo pero era vulnerable al mismo tiempo, se había dejado al cariño de la rubia y se entregaba porque por más que su indeciso ser le pidiera dudar, creía en lo que le susurraba esta frágil y pequeña mujer.

Ezreal, entonces, acompañado de Vi entraron por la fuerza a aquella habitación descubriendo a estos en un abrazo, Lux elevó la mirada como si no tuviera mucha confianza pero les sonrió, demostrándoles que estaba bien y segura en aquellos brazos que tanta violencia provocaron, alguna vez.


Fin de Episodio 17