Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 18 – La Decisión de Jarvan
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- ¿Valor? –preguntó Quinn notando su ave revolotear por sobre ella.
Vio algo o alguien, esperaba que fuera Luxanna pero tendría demasiada suerte si le sucediera, quizá ella debiera esconderse en algún lugar, haber escapado con el explorador no le parecía poco.
Pero fue una falsa alarma, ahí estaban algunos mercaderes, pasando frente a ella, se relajó por un momento pero volvió a ponerse alerta, necesitaba encontrar a la rubia, no iba a fallarle a su Rey y más cuando había sido un pedido especial.
Lamentablemente Quinn no tenía ni idea de dónde había ido a caer su objetivo; aún en tierras noxianas Lux anhelaba volver, estaba incómoda, necesitaba saber su verdad, aclarar las cosas con Jarvan y poner fin a su relación, miraba por la ventana absorta mientras alguien más jugaba ese mismo juego.
Al darse cuenta de su presencia, ella volteó hacia el intruso.
- Lamento la interrupción –añadió Dante.
- ¿Vas con Darius?
- Sí –respondió corto.
- ¿Lo atormentarás con tus locuras? –preguntó Lux con un atisbo de molestia en su tono.
- Permiso –se apartó de ella sin contestarle.
Y no lo haría porque no podía verla a los ojos y decirle que todo lo que le reveló era mentira o era verdad. Sabía que podía cambiarlo, quería que ella siguiera así, calmada y sensata, inmersa en luz, llena de vida y no desquiciada.
La tarde comenzaba a menguar, la oscura tierra de Noxus reflejaba ese tono naranja que tanto podía confundirse con el brillo del fuego y sangre manchando el sol. Darius terminaba de revisar sus heridas en su habitación cuando llamaron a su puerta.
- Pase –dijo y el muchacho ojiazul se asomó- ah… eres tú –respondió con decepción el noxiano.
- Sólo vine porque usted me lo pidió.
- Será una corta reunión, ¿qué sucedió con la demaciana? ¿Hay algo que quieras… confesar? –decía cortante pero amenazante al mismo tiempo.
- Señor, en aquellos días trabajé en el bosque como leñador, ahm…
- No bajes la mirada, mocoso –dijo Darius agresivo.
- Perdón –se disculpó, ¿por qué lo hacía? Dante simplemente no podía entenderse-. Yo fui capturado y aquella demaciana trató de ayudarnos, pero fue fallida su intervención.
- ¿Qué le hicieron? –preguntó esperando que no sea lo contrario a lo que le dijo la rubia.
- No lo vi, sólo fueron un par de minutos.
Darius suspiró, como si no le bastara esa respuesta pero volteó su mirada a otra parte y cruzó los brazos.
- ¿Eso es todo? –preguntó Dante.
- No comentes lo sucedido con nadie. Ni si quiera hables de la presencia de la demaciana.
- Sí, señor –se retiró de ahí no sin antes toparse con aquella a la que evadió antes. Lux- ¿sucede algo? –preguntó Dante.
- No se lo digas jamás, tus mentiras pueden dañarlo, es un hombre fuerte pero también es vulnerable a las intrigas –decía Lux pendiente de una respuesta.
- ¿O qué? –trató de divertirse con las amenazas.
- Un manicomio podría detener tu locura.
- ¿Por qué me odia tanto? –preguntó fingiendo ingenuidad.
- No es odio –evitó sus ojos azules.
- Jajaja, sólo jugaba, no creo que me odie –la confrontó buscando su mirada- en realidad creo que es ternura lo que se asoma por sus ojos, me evade esperando que mis verdades sean mentiras pero no se equivoque, usted… -bajó su tono de voz al máximo- no es mi madre –volvió a regular su voz- somos dos extraños, ah… -recordó algo y sacó la muñequera de plata que le había robado en aquella ocasión, la puso a su alcance- hasta nunca.
Se despidió, Dante no iba darle la razón pero tampoco a negarle que su sangre 'azul' corría por sus venas, que también era un Crownguard, aunque en el fondo no quisiese ese título y su máxima recompensa fuera contemplar aquellos ojos azules que le fueron heredados.
Luxanna mantuvo la distancia, nerviosa y asustada, este… 'hombre' sólo quería confundirla, estaba segura de que había algo más detrás pero no se quedaría a averiguarlo, jugar con su mente debe de ser obra de un enemigo que quiere verla hundida en preguntas sin respuestas. Lo más frustrante para una mente ágil y brillante como la suya.
- ¿Estás lista? –preguntó Darius, apareció de la nada y la rubia dio un pequeño salto.
- Sí. Sólo vine a despedirme y agradecer su hospitalidad –trató de ser formal pero Darius la tomó por los brazos y los acarició suavemente.
- Te veré en la grieta –susurró.
- Primero recupérate –añadió Lux sonriéndole y posando su mano en el costado del noxiano- la magia sólo hará efecto si reposas lo suficiente.
Agachó su rostro para estar a la altura del de aquella joven, sin perder el tiempo la rubia lo besó por algunos segundos y apoyó su frente en la frente de él, no quería separarse ni pensar en cosa alguna. Sólo debía terminar el compromiso y, aunque sea, correr con el vestido de novia hacia los brazos del noxiano que luchaba por no dejarla ir en este momento.
Bueno, no correría literalmente con un vestido de novia pero si iría hacia él, ciega y despreocupadamente.
Pero alguien carraspeó y los sacó de ese momento tan íntimo.
- Cait y Vi ya se marcharon, yo también quiero agradecer su 'hospitalidad' –dijo Ezreal con el ceño fruncido.
- No voy a besarte –dijo Darius burlón a lo que el rubio gruñó, tenía tantas ganas de golpearlo.
- Jajajaja –rió Lux y dejando al noxiano fue hacia Ezreal- ya vamos –añadió y caminó por delante a la salida.
- Yo sí te doy –le dijo Draven a la distancia, mientras veía a estos extranjeros marchar a la salida.
- ¡Agghhh! Noxianos… -gruñó de nuevo Ezreal sin salir de su molestia mientras Lux sonreía por lo bajo.
Un viento frío le heló el cuerpo y sintió un leve escalofrío recorrerle. Darius aún debía cuidarse de los cambios de temperatura, era verdad… la magia no podía curarlo inmediatamente, era como poner parches y cuidar de que no revienten. Si bien tenía energía y se veía repuesto sólo debía darle tiempo a sanar verdaderamente.
- Hermano… -trató de hablar Draven, ya más serio.
- Ahórratelo –Darius elevaba la mirada antes de perder por completo la figura de su… de…
- Necesito decirte algo –insistió.
- Yo te diré algo –decía Darius sin voltear a verlo pero con mucha seriedad implícita- no vuelvas a tocarla o te cortaré los brazos desde la coyuntura de tus hombros.
El orgulloso ejecutor se hizo para atrás, podía decirse que sabía el momento para hacerlo, éste era uno, ¿habrá escuchado algo en su inconsciencia? Tal vez sólo está adivinando y quiere asegurar a su amada para sí.
Y aunque siempre decía cosas estúpidas, en este momento se decantaba más por decir una verdad que tanto quemaba su interior, entonces al verlo esperanzado y más territorial de lo que había imaginado se retractó. No iba a hacer que lo atacara como una bestia, estaba seguro de que le daría una paliza y se la merecía pero este no era el momento.
Luxanna por su parte también estaba esperanzada mas no territorial, quizá era un rasgo del noxiano, ella tenía otras emociones recorriéndole, el recuerdo de aquel pálpito, tan potente, tan lleno de vida que la hacía recordar que su razón de existir era para amar. Estaba hecha para cambiar la existencia de una criatura tan cruel que el mundo lloró sangre por mucho tiempo. Podía mostrar a los demás lo que logró y aunque sólo quisiera resolver su mundo, estaba un futuro a punto de nacer debido a sus acciones y a su elección.
Llevando casi dos días de viaje entre pausas y reposo, junto al explorador se vieron en medio del pequeño oasis cercano a Demacia, ya podía saborear algunas de las frutas que aquel bosque brindaba como bien a los viajeros. También escuchaba a la distancia el llamado de su tierra y el viento que traía sus cantos.
- ¿Lux? –preguntó Ezreal.
- Oh, me distraje –le respondió emocionada.
- Me di cuenta, pero… antes de cruzar la frontera sólo quería advertirte, ningún soldado nos recibirá con los brazos abiertos, es posible que el Rey Jarvan esté buscándola por mar y tierra, faltan pocos días.
- Lo se –asintió- pero todo estará bien –su rostro se iluminó, era positiva con el resultado.
Y rápida como una ráfaga una flecha cruzó hasta enterrarse en el piso cercano a estos, de inmediato se cubrieron buscando el refugio de aquel pequeño bosque.
- Esa flecha –dijo viéndola a la distancia.
- Luxanna Crownguard, por favor, salga con las manos en alto, le aseguro que no la lastimaré si lo hace –agregó Quinn acercándose a recoger su flecha.
- ¿Quinn? –salió a la vista de la arquera- no dispares –levantó los brazos.
- No, Lux, vuelve a esconderte –dijo Ezreal preocupado sin salir de su escondite.
- Me alegra que estés bien –la recibió con mirada cálida mientras repara en volver a hacer uso de su arco- vamos a…
Antes de que Quinn hiciera otro movimiento fue recibida por un golpe que la hizo rodar, su agresor estaba sobre ella, la miraba con furia, ¿quién era? Lux no podía divisar nada, Ezreal permanecía preocupado también, aún escondido tras un árbol, ¿qué había sido ese rayo veloz que golpeó a la enviada del Rey?
Pero la niebla de tierra que había levantado esa acción no iba a dejarla sin saber. Tosiendo un poco se acercó hasta Quinn, podía ver sus pies en el suelo y a esa persona levantando una daga hacia ella para luego apuñalarla.
- ¿Duele?
Preguntó aquel desconocido, la rubia se petrificó ante tal cruel acción y corrió a ayudar a la que iba en busca suya pero se topó con el menos indicado.
- ¿Dante? –susurró aún petrificada con los ojos abiertos como platos- ¿¡qué haces!? –le gritó y sacó su varita para amenazarlo.
- Maldita zorra, vas a morirte –le siguió diciendo, sin si quiera hacer caso a lo que Lux le decía. La apuñaló otra vez y Quinn emitió un grito desgarrador.
- ¿Quién eres? –le dijo casi sin respirar la enviada del Rey a aquel extraño.
- Yo vi lo que hiciste y se lo que hago al matarte, evito que… -sintió la varita de Lux en su cabeza.
- Suéltala –amenazó Lux.
- No –respondió seguro de sí.
- Ella no ha hecho nada, suéltala, debo tratar sus heridas –decía Lux preocupada.
- ¡Lux! –gritó Ezreal y se detuvo al ver al soldado al mando de Darius.
- Mírame, perra, mírame… nunca te librarás de mí, haré pedazos tu existencia.
Quinn se mostró aterrorizada, por primera vez, la forma en que el ojiazul la miraba y cómo la estaba matando de a poco con aquellas puñaladas, sin pensarlo, simplemente atravesándola, no había un ápice de humanidad en él. Se estaba perdiendo, la sangre no dejaba de fluir y él se mantenía sobre ella.
De pronto escuchó a Valor, aquel ave en vez de atacar a Dante, se aventó hacia él con todas sus fuerzas, derribándolo, pero se había hecho daño también.
- Valor… -murmuró con preocupación Quinn tratando de reponerse.
- Ahhh... –se levantó y vio hacia el compañero de Quinn- ¿Esa ave significa algo para ti? –dijo Dante reponiéndose de una sacudida.
- No, no…. –comenzaba desesperada- no le hagas daño –dijo con dificultad la demaciana arrastrándose.
- No sufrirá –arguyó por lo bajo mientras se preparaba para matar a su compañero.
Pero no contaba con que Lux se interpondría, la misma frunció el ceño y extendió su varita hacia él. Se había vuelto loco, esa mirada, esa rabia, no entendía lo que Quinn podía haberle hecho como para que este demente le profesara tanto odio.
Quien imaginaría que ella sería la que traicionaría a Lux. Dante lo vio, en el pasado, en su pasado, era Quinn quien lo alejaba, la mentirosa que le rompió el corazón a su madre, la que le hizo creer que aquél bebé… hijo de lo prohibido, estaba muerto, pero no… ¡estaba vivo! Y ahora no era el indefenso ser que no lloró al ser separado de su madre, no era un bebé ensangrentado con muy pocas fuerzas como para llorar. Era un adulto y acabaría con ella, sin embargo…
Lux lo detuvo de inmediato, antes de que lo hiciera, Dante volteó con rabia hacia la rubia, la cual se agitaba al usar magia en contra suya. Era como si algo en el interior de la rubia no funcionara, atacarlo revolvió su estómago, era algo que no entendía.
- No sabes lo que haces –dijo Dante.
Su tragedia, su vida, estaba pasando otra vez, dejando viva a Quinn no cambiaba el pasado y colocaba a Lux de nuevo en aquella habitación, pariendo un criatura que nadie quiere, excepto ella, sufriendo su falso deceso para finalmente morir suicidándose. Dante lo veía ante sus ojos y no lejos de sentir la impotencia recorrerle, la luz en su interior explotaba como un impacto nuclear.
Partículas a su alrededor se destruían, Lux tomó a Valor y mientras duró su ataque para detener al viajero del pasado aprovechó para alejarse. El miedo comenzó a apoderarse de los que estaban cercanos al joven, Dante se llenaba de luz, demasiada, entonces a pesar de la belleza de aquellas partículas se dieron cuenta que estaba destruyéndolo todo, que los árboles se desintegraban, que el verde pasto desaparecía, era él…
- Va-Vámonos ya… -dijo malherida Quinn.
Ezreal ayudó a Lux a levantar a la enviada del rey mientras veían como todo alrededor de Dante iba diluyéndose en un baño de luz.
Estaban viéndolo, el arma de destrucción masiva, era él… y mientras Lux se alejaba no paraba de ver cómo la figura de este ser desaparecía junto a los árboles y vegetación.
Entonces todo se vio completamente blanco, pasaron un par de segundos y para cuando recuperaron la vista de aquel enceguecimiento notaron como todo en un corto radio había desaparecido. Él había hecho eso, ese muchacho. Tuvieron miedo y no dijeron nada hasta llegar a tierras demacianas.
Quinn fue llevada a tratar mientras unos soldados escoltaron a ambos rubios hacia el palacio.
- El arma 426 –susurró Lux.
- Mencionaron la luz… antes de la destrucción, esos campesinos.
- Pero nadie lo sabe –volteaba hacia Ezreal- cuando Viktor lo atrapó sólo tenía un cristal.
- Entonces lo que robó Viktor no era el arma, era aquel cristal, tal vez es como… -vio su mano, Ezreal había hecho uso de cristales para usar su magia arcana pero esto era diferente.
- Debe tener alguna función, si no, aquel extraño no lo querría –respondió la joven.
- Informaré de esto en cuanto pueda.
Seguían su camino al palacio, aún faltaba mucho pero los esperaba un transporte. No iban a escapar, ahora mismo tenían información vital que prevendría, quizá, la destrucción total del mundo que conocían. Si ese muchacho se decidía, fácilmente podría eliminar a una ciudad entera. Si estaba en sus manos, Lux, lo evitaría.
Pero había otro problema, uno que la atormentaba. Él usaba el poder de la luz porque había heredado la habilidad. Entonces… es verdad. Luxanna le dio el poder de la muerte y la destrucción a aquel muchacho. Si los demás lo supieran quizá matarían al extraño. Tenían tantos problemas y ahora esto, se volteó de inmediato a Ezreal, el cual pensaba en sus propios asuntos y lo interrumpió.
- No se lo digas a nadie.
- ¿Qué? –preguntó sorprendido.
- Lo que sucedió.
- Pero… esto es importante –dijo por lo bajo. El transporte era una cabina halada por caballos pero de todos modos el conductor podría escucharlos.
- Lo matarán. No podemos hacerlo –dijo preocupada.
- Recibes lo que cosechas –respondió Ezreal-. Viste lo que hizo, él derramará mucha sangre. Y posiblemente no se detenga… -se detuvo.
- No puedo. Por favor, no le digas a nadie.
- Tenía razón, Darius. Estaba celoso porque creía que había un espía y tú eres parte del programa de investigación en Demacia, ¿es un soldado nuestro? –preguntó.
- Él no está celoso por eso y lo sabes. Es inseguro pero no lo engaño.
- ¿Entonces por qué no quieres que sepan lo que hizo? Sabes que sobrevivió y sabes lo que hizo, por ello reaccionaste rápido cuando comenzó a iluminar el lugar, ¿cómo ibas a saberlo si no lo conocieras?
- Ya basta… -trató de silenciar a Ezreal.
- No puedes jugar con todos así, tienes un amorío con el noxiano, con el rey y con este extraño, ¿quién eres? –se apartó algo asustado pero molesto.
- NO ES así –tragó saliva.
- ¿Entonces quién es él? –preguntó otra vez y Lux se quedó sin palabras.
El carruaje se detuvo, aún no habían llegado, era raro, la demaciana aprovechó para sacar la cabeza por la ventanilla y notó un campamento. Aprovechó la distracción y salió del carruaje.
- ¿Sucede algo? –le preguntó al conductor.
- Llegamos, doncella Crownguard.
- ¿Qué? –dijo Lux sin entender, apareció delante de ella un hombre vestido formalmente.
- Acompáñeme por favor –sugirió el hombre y Lux lo siguió, dejando atrás a su amigo y a aquellas preguntas que tanto le hacían huir.
Alcanzó al 'mayordomo', pasando por aquel lugar había una fiesta, podía ver claramente personas divirtiéndose y algunos otros nobles bebiendo finamente junto a otros, para cuando terminó aquella travesía, llegaron hasta una elegante carpa, tenía el sello real en la entrada.
- Adelante –se inclinó levemente aquel hombre y ella entró.
Su respiración se agitó al encontrarse con Jarvan, bebiendo una copa de vino, vestido sin sus habituales ropajes de guerrero, con su cabellera hacia atrás y la mirada calmada que lo caracterizaba. En este punto no sabía si era calma o frialdad, por ello temía más.
- Doncella Crownguard –saludó Jarvan inclinando levemente su cabeza.
- Rey Jarvan –respondió al saludo de la misma manera pero más nerviosa.
- Me alegra verte otra vez –dijo aquel y fue hacia ella dispuesto a besarla pero Lux giró su rostro a otro lado interponiendo también sus manos al cuerpo del antiguo príncipe.
- Perdone –se apartó.
- Para nada –respondió frío y volvió a su copa de vino, entonces la lanzó al piso en un acto espontáneo de ira.
- Rey Jarvan –comenzó a decir nerviosa apartándose más.
- Oí de sus aventuras –dijo Jarvan viéndola a la cara- por suerte el explorador tendrá mucho en que pensar durante sus vacaciones fuera de Demacia. Me encargué de que todo esté arreglado. Pero te daré una oportunidad, para redimir tus actos de rebeldía hacia tu futuro marido, para que dejes atrás tal libertinaje.
- ¿De qué habla?
Sabía lo que había hecho, no estaba para nada bien a los ojos de nadie, podrían incluso acusarla de actos de rebeldía, de traición, de conspiración si querían, lo que había hecho podía interpretarse de muchas maneras.
Jarvan planeaba una lección, para darle a entender que no era venganza, era un acto justo, Lux es la prometida del Rey, lo que hizo fue más que una simple traición, ella coqueteó con un noxiano y se prometió a sí misma sin pensar dos veces en que su cuerpo no era suyo.
- Dado que un Rey no es suficiente para ti, daré tu mano a los nobles noxianos –dentro de sí estaba riéndose- como muestra de nuestra lealtad al pacto de paz que tenemos. Quiero entregarles a la luz de Demacia, verán que nuestras intenciones son sinceras y gracias a ti, podremos completar el sueño de mi padre.
- ¿Mi mano? ¿Nobles noxianos? –susurró asustada.
- Te casarás con un noxiano, hazlo por tu pueblo. Se que podrás, doncella mía –se acercó a ella, disfrutaba cada segundo de su reacción- te confío el destino de Demacia –besó su mejilla- este es el momento en que un Rey debe pensar en su pueblo más que en su propio corazón.
Terminó aquel discurso, feliz de hacer sufrir a Lux, pensando que después de diluir toda esta noticia, iría corriendo a él, pidiéndole de nuevo que la deje ser su esposa. Era lo que esperaba. No pretendía hacerle daño, en ningún momento. Pero si ella no apreciaba ser la esposa de un Rey y prefería a un plebeyo, debía aprender que su lugar era estar de rodillas después de cometer tal falta hacia alguien que sólo le había profesado sinceridad.
No, ella no dijo nada y él la dejó, estaba siendo devorada por la culpa, el miedo y el horror. Ser prometida a un noble noxiano… ser… esposa de un noxiano… pero ese no sería Darius y…
Podía imaginar las vejaciones y el cuerpo le temblaba como nunca. No se movió en ningún momento, sólo se quedó ahí, congelada, sin saber qué decir o qué hacer, tan sólo respirando profunda y aterrorizada cada segundo.
Fin de Episodio 18
