Hola a todos, bueno... vine a actualizar, ahora... que todos están tan distraídos xD con eso de las rankeds. Quería comentar que estoy subiendo este fanfic (desde el primer episodio) en el foro de arte de la página de League of Legends LAN y que si quieren pueden comentar ahí también, no se si haré que las actualizaciones se emparejen, creo que publicaré episodios pausadamente en el foro de arte de LAN.

Aparte de todo, wee... gracias por todas aquellas visitas (estadísticas OP), para terminar sólo recordarles que comentar es apoyar y sin más... les dejo con el nuevo episodio, disfrútenlo ;)


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 19 – Compromiso y Deber


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Esto era para ella, un mensaje, esta vez había cruzado el límite y sin quererlo estaba siendo la causa su amor por Demacia.

A un par de días de la noticia, la casa de los Crownguard se llenó indignación hacia la decisión que su Rey había tomado. Los padres de la doncella habían entrado en conflicto y por ello hacían su lucha con cartas bajo la mesa, tratando de ganar el favor de otros nobles para rebelarse a esta decisión.

Casarse con un noxiano, ¿¡qué clase de abuso es ese!? No dejarían que su única y preciada hija si quiera estuviera en contacto con aquellos bárbaros pero no podían hacer pública su negativa, no podrían negarse a la decisión de Jarvan, eran fieles a Demacia, al igual que su hija, la cual apenas podía consigo misma.

Luxanna sostenía el mundo sobre ella; amigas, doncellas conocidas de Demacia y algunas otras amistades se presentaron para darle su apoyo.

En su habitación podía escuchar perfectamente a su madre, que con voz firme y fuerte exclamaba su negativa, ¿cómo podía su hija pasar de un Rey a un bárbaro? ¿Cómo podían si quiera condenarla a esa injusticia?

En algún punto sus padres le exigieron que fuera a rogar clemencia al Rey, que reconsiderara esa decisión pero Lux no iba a hacerlo, por encima de todo, las palabras de Jarvan le habían calado fuerte. Hacerlo por Demacia, por el fallecido Rey, cumplir esa última voluntad, salvar aquel tratado de paz por el que tantos años luchó, salvar lo que aquel sabio hombre quiso para su pueblo.

Se acurrucó en su cama viendo su reloj de mesa, el cual con cada tic-tac la inducía más en un sueño del que no quería salir, ojalá pudiera haber sido amada por Darius. Debió dejarse por el cariño que le profesaba y no terminar siendo desvirgada por la violencia de un noxiano cualquiera.

Esto sin duda desequilibraría a su amado, aunque lo bueno era que Jarvan nunca supo que su verdadero objeto de cariño no era el explorador sino el fornido comandante noxiano. Estaba, de cierta manera, alegre. Quien sabe el castigo que le hubiera dado su Rey de enterarse. Suspiró viendo la nada.

Por su parte Noxus, entre nobles y noxianos con altos rangos estaban divertidos con la nueva estrategia que habían tomado los demacianos, entregarles una de los suyos para consolidar su paz. Muchos no lo tomaron en serio y otros, seguros de aquel paso, alegremente dieron un voto para aceptar la propuesta.

Y aún cuando la mano de la demaciana podía ser dada a cualquier noble, habían otros, aún casados, que anhelaban una amante. No se les había dicho que no podían, así que haciéndose de esa ventaja pujaron en privado por adquirir aquel derecho.

- ¿Qué opina? –preguntó LeBlanc.

- No entiendo su razón –dijo Swain.

- Es más sencillo de lo que cree, son falsos y creen que nosotros no podemos jugar a lo mismo –respondió la bruja.

- Puedo ver dentro suyo –decía como si algo a lo lejos lo distrajera- desea a esa mujer pero la ofrece como si fuera carne a nuestros hambrientos y vagos nobles.

- Tal vez anhela correspondencia, por lo que vi aquella noche, aquella demaciana no mide sus efectos en nuestro hombre.

- Está jugando –llegó a esa conclusión y su ave voló lejos de él- así es, no está haciéndolo en serio.

- Qué idiota –sonrió LeBlanc.

- Podemos jugar un poco con su destino, hacer realidad su pesadilla pero con un toque de crueldad –añadió el líder de la Rosa Negra.

Desde la distante oscuridad podía verse a un Swain con las cejas elevadas, ojos animados y pose confiada, sonreía porque las maldades que por su mirada cruzaban los dejarían otra vez al mando de un mundo al borde de la destrucción.

Y no lejos de aquel agravio, estaba Draven, decidido a seguir con su rutina pero interesado también la seguridad de su hermano, pensaba en una manera para poder ayudarlo o al menos quitarle de encima a aquellos bastardos, cuando lo escuchó.

Su oído se agudizó a la simple palabra "demaciana", en cuanto la noticia que había circulado llegó a él, fue a decírselo a la, quizá, única persona que tenía derecho a saberlo.

Y sin tocar la puerta del despacho de su hermano entró bestialmente, casi sin aliento, sus ojos pequeños y verdes se detuvieron en el desconcertado Darius que luego repuso en fruncir su ceño.

- ¿Qué demonios haces? –preguntó irritado.

- Ha pasado algo –dijo Draven, estaba preparándose para el desastre.

A los pocos segundos, un gran estruendo puso alerta a muchos de los sirvientes de la casa del comandante noxiano, los cuales se acercaron para ver lo sucedido.

- Esto es obra del maldito príncipe ese. Lo se –musitó con desprecio.

- ¿Cómo lo sabes? –preguntó Draven.

- ¡Está despechado! Luxanna me prefiere a mí, yo soy quien debería hacerla mía, ¡no puede venderla como un animal! –gritaba goleando con sus puños su escritorio-. Pero voy a hacerlo pedazos, ¡pedazos!

- ¿Esa mujer era algo suyo? ¿Cómo puedes confiar en sus virtudes si se inclina por aquel Rey? –preguntaba Draven cual si fuera cizaña.

- ¡No! –le advirtió señalándolo- vete, fuera, NO VAS A METER TUS MANOS EN ESTE ASUNTO –gritaba sin moverse demasiado y Draven levantó su mirada, como si tuviera razón.

- Sabes que es verdad. Da igual si es tuya o de algún otro, ella siempre les alimentará con su cuerpo, aquel deseo insano que tienen por saciarse nunca cambiará. No te inclines por algo que ya no existe. No la imagines.

Lo tomó por el cuello y así lo sacó fuera de su despacho, no iba a matar a su propio hermano pero tenía unas ganas… que prefería apartarlo. Estaba molido, irremediablemente torcido por dentro, tanta lucha había sido en vano, ahora aquella iba a ser dejada a los lobos, como él lo fue, alguna vez.

Debía hablarle, convencerla de huir, vivir una vida juntos, no podía permitirse dejar que ella desposara a un noxiano, un noxiano que NO era él, un bastardo de su misma condición pero con la suerte de haber nacido con un título en cuna de oro, esas rastreras alimañas, inútiles para protegerse a sí mismas. Todo lo que alguna vez odió… esa gente que lo tenía todo, que él luego no envidió pero si creyó que no eran merecedores de eso, ahora de verdad tendrían algo que él consideraba valioso, su amada, su lugar en el mundo, su razón de ver la vida de otro modo, de luchar con aquellos demonios que se comían su alma, ella era todo eso y más.

No iba a permitirlo.

Se armó de inmediato para salir en busca de aquella rubia, la secuestraría si lo requería el momento pero antes de salir un sirviente se mostró ante él.

- Disculpe, mi señor, tiene visitas –dijo firme pero con obvio miedo.

- No quiero saber de nadie en este momento –respondió Darius- apártate.

- Mi querido amigo –apareció Swain- te ves… -admiró su obra, el torturado comandante ingenuo a la maldad de este no respondió de ninguna manera- muy bien.

- Vete de aquí –ordenó a su sirviente.

De inmediato el lacayo se marchó, ahí estaban, dos almas corruptas, viéndose la una a la otra, sin saber que uno de ellos había intentado matarlo. Darius ignoraba 'ese' lado oscuro, aún consideraba a Swain un aliado pero por no saber de sus planes.

- Quería comentar algo contigo –decía sentado frente al comandante.

- Dígame –respondió secamente el corpulento noxiano para luego tomar asiento también.

- Han habido muchos rumores, acerca de tu falta de patriotismo, soy tu amigo pero no podría ayudarte de ser verdad.

- ¿A qué viene esto? –preguntó.

- Soy un honesto y preocupado amigo. Lo que debes hacer es sentar cabeza, tú sabes, hacer felices a los altos mandos, quería proponerte como nuestro próximo coronel pero necesitas de algunos pequeños ajustes.

- ¿Sentar cabeza? ¿Ajustes? Tiene que estar bromeando –respondió Darius.

- No es una broma, podrías gozar de muchos privilegios, sólo necesitas el voto de alguien más, por supuesto que no dudo de tu fidelidad por Noxus, pero no estamos hablando de mí. No quiero implicarme si las cosas salen mal.

- Hable claro.

- Debe casarse. Honrar a Noxus, eliminar todo rumor que hay y qué mejor que desposar a la hija de un noble –decía Swain mientras deslizaba sus dedos por aquel enorme escritorio, el guerrero sintió un escalofrío por tal sentencia.

- "Katarina" –pensó Darius.

Se levantó de su sitio para mirar complaciente al comandante, el mismo lucia desorientado, lo imaginaba aún peor pero quizá subestimó el poder que tenía Darius de guardar sus propios sentimientos.

- Lo veré… pronto –añadió como despedida Swain.

Darius también se levantó… por inercia, veía como aquel 'amigo' desaparecía pero no podía responderle nada más. Entonces, congelado sólo pudo tomar su cinturón y desabrocharlo, ¿qué había pasado con su cruzada por Lux? No podía decir palabra alguna, ni si quiera tenía idea de poder hacer algo.

Su vida misma estaba comprometida, si los altos mandos dudaban de su desempeño y al mismo tiempo querían verlo como un verdadero guerrero con el corazón en Noxus, no era momento para desaparecer. De fallar… podría simplemente ser relevado, ¿qué haría un Darius sin guerra? Este era su ambiente, su vida, su existencia; es cierto que Lux significaba un mundo nuevo, ¿pero se sacrificaría? Ella ya había tomado su lugar antes.

Quería con toda su alma renunciar a lo que le impedía verla pero no podría. Tirar por la borda años y años de carrera militar por una ilusión, era ridículo. Era… inaudito.

Cayó por su peso en su silla y miró la nada desconcertado.

- Mi Luxanna –acarició cada palabra cuando de su boca salió el nombre de su amada y a pesar de no resistir una sonrisa, un pesar le hizo amarga la existencia- perdóname.

Alguna vez pidió paciencia, que no se rindieran con él, que lo ayudara a ser un mejor hombre pero debía resignar su puesto, la vida le dio el papel de villano, de carnicero, de guerrero indoloro, de hombre sin más honra que la que le daba el ejército.

Pero ahora era Darius quien pedía, con su mente, que ella se rindiera sin saber que Lux había bajado las manos, que estaba indefensa, dispuesta a darse como cordero al matadero.

¿A esto llevó tanto sacrificio? Tan pronto se presentaba un obstáculo se rendían, ¿qué clase de amor sentían? Tal vez no era amor, tal vez fue una ilusión alimentaba por sus soledades en conjunto, quizá se sintieron cómodos el uno con el otro.

Pero era fácil juzgarlos, desde tu perspectiva ellos están ante algo remediable, algo que pueden vencer con el 'poder del amor', pero hay otros factores, ese amor podría ser verdadero pero sacrificar tantas cosas valiosas por él lo harían un amor egoísta.

Así que… esto es todo, Darius permaneció sentado por unos minutos, sin evaluar nada, sólo recordaba su vida, su miserable existencia, el hambre que le comía las entrañas y lo peor no era eso, sino ver la boca seca y partida de su hermano menor, una cortada casi infectada en su rostro, la cual terminó siendo una cicatriz de la cual Draven miente.

Y luego está él, un adulto, temido por todos, honrado como un guerrero pero vacío, un inerte cuerpo sin emoción por ningún asunto, sólo la sangre… la que fluye de los cuerpos de aquellas víctimas a las que mutila y, eventualmente, mueren. Está sediento pero cuando más ganas tiene de dejarse a la oscuridad en su corazón, está ella, la joven que conoció apenas hacia algunos meses.

Su juventud no es lo que le atrae, es brillante, no sólo inteligente, sino… literalmente, brilla, su piel, sus ojos, sus mejillas sonrosadas, sus dulces labios que sólo él ha besado con la intensidad que nunca le profesó a ninguna otra.

En principio sólo le recordaba su propia miseria pero fue pasando el tiempo y comenzó a experimentar nuevas sensaciones, interesante, para un hombre de su edad, ¿sentir algo nuevo? Había amado a tantas mujeres, de todas las maneras posibles, siempre se sintió satisfecho pero nunca complementado, tal vez lo intentó, pero nunca fue lo suyo, no entendía lo que era, ¿amar? Eso era para débiles, dijo él mismo alguna vez.

Pero 'amar' como ahora lo hace, no es para cualquiera, es un arte y te hace desear ser más fuerte que otra cosa. Cierto. Se sentía… como si fuera la pared más inquebrantable de todas, pero estaba congelado, en una especie de era de hielo. Debía avanzar, debía… ir por ella.

Pero Luxanna ya no podía avanzar, si alguien más estaba congelado en aquella tundra olvidada, era ella. Una especie de letargo se apoderó de sus acciones, de emociones y no podía ni si quiera dejar su habitación, Ezreal tampoco podría visitarla, ni nadie más. Quería preguntarle a su amigo muchas cosas, esperaba que al menos estuviera bien.

¿Qué estaría haciendo Darius?

Se preguntaba, sin saber que él también había sido encadenado a un futuro que no deseó, si supiera tal vez le diría que siguiera adelante. Todos serían infelices por las ataduras previas a su amor.

Tocaron a la puerta y un sirviente preguntó a la densa oscuridad.

- ¿Doncella Crownguard?

- Sí –levantó un poco la mirada desde un rincón en su cama.

- Tiene una visita, es la oficial Vi.

- Deja que venga –respondió Lux y se pasó la mano por el cabello para acomodarse un poco.

No esperaba una visita tan grata, quizá por ello se animó levemente. Vio el rostro de aquella piltoveriana y ella le respondió con una sonrisa, la cual se opacó de inmediato.

- Eh… bueno, caray –se rascó la cabeza, no sabía qué decir- se que no somos amigas, ni nada por el estilo, al menos no como Cait y tú… -divagaba- pero me preocupé cuando escuché lo que el Príncipe Jarvan IV hizo.

- Ven, siéntate –dijo Lux haciéndole un espacio a la pelirosada.

Rápidamente la oficial de las grandes manos mecánicas se acercó y sentó, era un poco inquieta por ello no podía parar de moverse pero a Lux no le molestaba.

- Cait está en un caso, ella sola –giró los ojos molesta- y me pidió que viniera, pero-pero-pero también vine porque me interesaba, no pienses que fue sólo porque ella lo dijo porque no fue así –decía rápidamente.

- Jejeje –rió levemente- está bien.

- Eh… bueno… ¿cómo estás? Es decir, tú sabes, ¿preparada para tu boda? –preguntó.

- No quiero hacerlo –respondió Lux- pero Jarvan ofreció mi mano para honrar la voluntad de su padre, la cual era mantener la paz entre Noxus y Demacia.

- Uuuuhmm, comprometerte no es honrar la voluntad del Rey, es un idiota y no sabe perder, lo se, créeme que si mis novios hubieran tenido el poder de la realeza harían lo mismo, son unos cabrones y ya. No le des razones para jugar contigo. Por cierto… es el peor rompimiento de la historia.

- Pensó que yo tenía algo con Ezreal –susurró Lux- y por ello me dio a los noxianos.

- Pero dile al idiota de Darius que pida tu mano, tontita –dijo divertida.

- No es así, sólo darán mi mano a nobles de Noxus, Darius no tiene casta.

- Aaaff –suspiró cansada y se acostó de plano en la cama- ¡qué complicados son! Si yo amara o fuera amada de esa manera, me iría corriendo a sus brazos.

- Mi vida no depende sólo de mí –Lux vio airada la manera tan despreocupada que tenía Vi para resolver las cosas-. Me crié para esto y mi familia me preparó para honrar a Demacia, así que si es la voluntad de mi Rey, es lo que haré, se siente como… -su mirada se perdía- un programa, insertado en mi cerebro.

- ¿Entonces lo abandonas? –preguntó Vi.

- Se que él me pidió que no me rindiera –se entristeció y bajó la mirada- y no lo hice, por mucho, pero esto va más allá de todo.

- Deberías ser capaz de decírselo, creo que se merece un 'adiós'.

- Nunca le diré eso –frunció el ceño y se abrazó a sí misma, Lux tenía un escalofrío recorriéndola entera- porque mi corazón seguirá persiguiendo ese sueño, porque mi cuerpo sólo deseara su cuerpo y porque mis labios sólo le dirán la verdad que mi interior grita a todas voces.

Vi notó lo temblorosa que estaba, a pesar de tener firmes convicciones, de igual modo se entregaba a lo que nunca pidió, notaba cómo la rubia esbozaba con seguridad sentencias como "…mi corazón seguirá persiguiendo ese sueño" pero luego se escondía en temor.

¿A qué le teme? Tal vez su destino es fugaz, como una estrella en el cielo, pasa rápido y a veces no es notado por los demás a menos que las miradas se encuentren en el infinito. La doncella demaciana había mantenido sus ojos por lo alto por mucho, tanto que encontró algo valioso para ella. Su amado.

- Te ayudaré a salir –dijo Vi.

- No puedo –respondió la afligida rubia.

- ¿En serio?

- ¿En serio qué?

- Afff –suspiró molesta la pelirosada- esto no es por lo que luchamos todos.

- No pedí vivir una vida de arrepentimientos pero si te hace sentir mejor, intentaré librarme de eso, aún tengo asuntos que resolver –dijo Lux pensando también en aquel viajero del futuro, perdido en su mundo, con tanto poder destructivo en sus manos.

- Cuenta conmigo –respondió Vi y de un salto se levantó de la cama- y con Cait.

- Gracias –contestó Lux tratando de mostrarse positiva.

Mintió.

No iba a luchar, tal vez buscaría la manera de arreglar el asunto de Dante pero no iba a ir contra corriente, su matrimonio se haría realidad. Estaba cansada de ver pagar por sus errores a los demás. Ezreal era el ejemplo vivo, pagando por sus deseos y ambiciones, se sentía culpable y merecedora de tales sufrimientos. Su cabeza no resistía todos aquellos pensamientos ni las sentencias de Jarvan IV.

Así también Darius no resistía las condenaciones de Swain. Aún con todo tendría que cumplir su meta, obtener la aprobación de varios personajes del alto mando militar, conseguir una esposa, seguir con su vida, seguir… o dejar atrás.

Pero ambos deseaban, en su interior, amarse antes de cumplir con sus sentencias.

- Te encontraré –susurró Darius, casi inaudible.

Quizá pedía, como el niño que alguna vez fue, que su deseo se hiciera realidad en aquella estrella fugaz que parecía desaparecer de su firmamento.


Fin de Episodio 19