^^ Muy buenas a todos, aprovechando la actualización vine a decir un par de cosas a todos los que siguen la historia. Muchos me han enviado mensajes, preguntándome si actualizaré o abandonaré el proyecto, me asusta que la gente pregunte eso jejeje porque no estoy cerca de terminar la historia.
Dejar dicho que trataré actualizar d semanas, no deben preocuparse de nada y si tienen alguna duda, con gusto pasen a mi página de Facebook para dejarme un mensaje, pueden buscarla como "Starling Shadow", el cual es mi nombre de invocador (en realidad).
Un gran saludo y abrazo a todos ^^ recuerden que comentar es apoyar, si apoyas la historia me animas a seguir escribiendo.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 20 – Era
Abrió su mente a un nuevo futuro, su disposición era nula en cuanto a seguir adelante con su propia voluntad, estaba llegando a pensar que era una oveja, una simple seguidora, una mente sin voluntad de cambiar.
Lux reparó en arreglar su aspecto, ese día debía realizar un pequeño viaje a Noxus, debía entregar sus papeles. No estaba para nada ansiosa, creía que no vería a Darius pero su suerte siempre iba en contra suya. Tal vez imaginaba un escenario donde debiera decir 'adiós', le incomodaba tanto que su cuerpo temblaba.
- Tiene una visita, doncella Crownguard –avisó un sirviente y se retiró.
Era extraño y entonces entendió, sólo había alguien que no necesitaba de un permiso para visitarla de ese modo.
Tocaron la puerta educadamente y de pronto vio un par de caballeros entrar en conjunto al ya Rey de Demacia, saludaron a la sorprendida rubia y esperaron órdenes.
- Esperen fuera.
Un "Sí, señor" se dejó escuchar sin ningún eco en la gran habitación de Lux. La misma decidió dejar de arreglar su cabellera y rostro para tomar atención al Rey que la miraba sin quitarle ni un minuto los ojos de encima.
- Mi Rey –se inclinó Lux y esta vez, ajena a su interés, se quedó alejada de Jarvan.
- Eh…. –dudó por un segundo y de repente estuvo a punto de decir algo pero calló, las palabras se quedaron atoradas en su boca.
- Dígame –insistió Lux.
- ¿Qué has decidido? –preguntó J4, no muy interesado pero sí curioso a la respuesta.
- ¿Decidir? No lo entiendo, mi Rey –respondió fríamente, cual si fuera una dama demaciana cualquiera.
- Me refería a tu actitud, esperé mucho y por ello quise ir a usted –agitó su cabeza un poco aturdido- a… ti –corrigió-, nos conocemos hace mucho, no debe terminar así, ven a mí –extendió su mano y dio un par de pasos hacia Lux.
- Jarvan… -dijo Lux pensando que el Rey la estaba perdonando y se acercó con algo de timidez a él- se lo agradezco, yo…
- Inclínate, pide perdón –enfrió su mirada.
La rubia detuvo su camino hacia quien creía que era su antiguo amigo, su primer amor, el hijo del Rey al que siempre respetó. Estaba perpleja, eso que dijo fue como chocar con una pared pero no creía en sus propios sentidos.
- ¿Perdón? –se excusó y vio a Jarvan a los ojos, él no la evadió.
- Arrodíllate y pide ser mi esposa.
Por un segundo pensó en la idea pero tan pronto se presentó la descartó e indignada se hizo para atrás cubriéndose con los brazos, trataba de refugiarse de tales declaraciones, como si lograra algo. No evitaba que fuera verdad lo que de los labios del antiguo príncipe salía.
- Respetaré la voluntad del Rey Jarvan III –aseguró Lux. No tenía intenciones de seguir su juego.
- YO SOY TU REY –elevó la voz por un momento, al darse cuenta de su error, la bajó de inmediato, estaba perdiendo el control- b-bien –su nariz arrugada por la repentina ira que le había causado, trató de calmarse- si esa es su respuesta, hasta pronto, doncella Crownguard –le dio la espalda, debía salir de ahí antes de desequilibrar algo que había mantenido en armonía por mucho en su interior.
- ¿Sólo vino a que le rogara por no cumplir la voluntad de su padre? –preguntó Lux.
- No. Simplemente esperaba que fuera lo suficientemente sensata como para aceptar su condición en esta situación –dijo Jarvan pero luchaba por escapar de la presencia de esta mujer.
- No merece la luz de Demacia sino una mujer que lo ilumine en medio de esa oscuridad –dicho eso el antiguo príncipe calmó su furor para luego sentirse totalmente atormentado.
¿Tener la luz de Demacia? Eso parecía imposible, ahora más por el desprecio de aquella que la representaba. Nunca tendría a Lux de la manera en que había deseado, sus oportunidades se quemaron cual si fueran papeles, ardieron como las promesas que nunca le hizo. Por no pedir su amor en vez de exigir, tal vez… de esa manera habría una oportunidad pero ahora todo estaba perdido.
Lux suspiró, estaba mareada, se había enfrentado a ese amigo de infancia al cual amó tanto, al que aún quería y respetaba pero no de la misma manera apasionada que una mujer debería. Podría intentarlo pero le haría perder su tiempo al forzarse una realidad que había pasado.
Se compuso de a poco e inició su corto viaje a Noxus, el camino era oscuro, la lluvia se dejó caer amargando un poco el ambiente, era triste ver cómo su destino se consumaría en manos de algún marchito noble noxiano.
Bella y reluciente flor, aquellos pétalos se tornaban grises. Aquella sonrisa se había transformado en una mueca sin sentido, sus ojos miraban el piso de aquel carruaje y aquellas frías manos no podían ni con guantes calentarse.
Pasaron unas cuantas horas y sin darle tiempo a pensar en otras cosas, fue interrumpida por la llegada de otro carruaje, asomó su cabeza por la ventanilla y vio a los enviados noxianos.
Había llegado hasta el límite, ahora sería guiada por unos soldados hasta la ciudad, debían escoltarla y claro, el carruaje se quedó en espera. Lux era valiente al no pedir compañía, en realidad creía que llamaría menos la atención, cubrió su cabeza por temor a ser reconocida.
Parecía estar incómoda pero cambió en cuanto estuvo en las oficinas de aquella oscura ciudad, esperaba a que alguna autoridad la recibiera, burocracia, al menos sabía que los noxianos no eran tan incivilizados como su madre proclamaba.
- Vengo a dejar unos documentos –dijo Lux a una recepcionista, la misma no puso mucha atención.
- Espera, ya te llamarán –le respondieron secamente.
Aprovechó y vio las pinturas en las paredes, la mayoría eran representaciones de crudas batallas, en algunas podía ver escudos demacianos quebrados y con sangre, al igual que gente. Bueno, después de un rato decidió dejar de inspeccionar pero tan pronto se aburrió la llamaron.
Entró a una oficina sin muchos cuadros como su recepción, sólo dos asientos para visitantes y un escritorio donde un anciano de cara cortada la aguardaba.
- Bienvenida, doncella.
- Vengo a dejar unos documentos y bueno, si debo firmar algo, démelo –dijo Lux sin ánimo entregándoselos.
- Requerimos de su presencia no sólo por estos papeles –los dejó de lado- sino también porque deseábamos presentarle la propuesta del interesado en desposarla.
No le interesaba, Lux quería marcharse, quitarse lo que cubría su cabeza y volar hasta su hogar para así esconderse hasta asimilar el futuro que tendría. No quería leer nada, aunque debía hacerlo por seguridad, el hastío que le provocaba el asunto la volvería loca.
Leyó brevemente y con un poco de desesperación tomó una pluma para firmar, no quería verse a sí misma, estaba asustada y nerviosa así que se quedó un poco temblorosa en su silla después de cometer ese… error.
Pensó varias veces en las consecuencias, en Darius, en su rostro, en lo amargo de su mirar, en su desprecio al verla del brazo de otro pero no podía echar el tiempo atrás. Era como si tuviera un cuchillo en la espalda.
Pero pronto llegaron más visitantes a la oficina, no sabía de qué manera podría esconderse.
- Qué sorpresa –dijo el anciano con los papeles de Lux- sea bienvenido.
- Pero si la doncella elegida está ya aquí –decía Swain con voz calmada.
Lux no volteó en ningún momento, ni si quiera cuando la voz de aquel cuervo endemoniado resonó en su cabeza.
Su corazón latió a gran velocidad y cerró los ojos, deseaba no estar ahí, porque si era cierto lo que escuchaba… este era el que la desposaría, tenía miedo, quería huir así que apretando las manos se levantó de la silla y evadiendo a Swain intentó huir pero golpeó algo y se hizo para atrás.
- Qué torpeza –añadió otra voz toscamente.
- Por favor, mi amigo, se amable con tu regalo –dijo Swain.
Lux levantó la mirada y vio lo increíble.
- Darius –dijo sin voz pero moviendo sus labios.
Al darse cuenta, el comandante, no pudo evitar seguir viéndola, creía que era un espejismo, un mal truco de su mente. Agitó levemente su cabeza y sin entender esto viró hacia los demás, por suerte no habían notado el reconocimiento.
Algo más poderoso se apoderó de él entonces, fue una fuerza que lo golpeó, quiso evadir a Lux pero la tenía en sus manos aún, ¿en serio era ella? Llevaba un cobertor sobre su cabello, así que se lo quitó delicadamente.
Ambos estaban confundidos pero conforme Darius descubría aquella cabellera rubia, se daba cuenta de que era real.
- ¿Qué sucede? ¿No te agrada? –preguntó Swain volteando hacia el comandante, el cual simuló rápidamente molestia.
- Una… demaciana.
- No seas quisquilloso. Podrías darle buen uso por el tiempo que quieras –decía Swain como si ella no estuviera frente a ellos, Lux frunció el ceño.
- Muévete –respondió Darius empujándola hacia dentro la oficina otra vez.
- ¡Basta! –gritó Lux apartando la mano de Darius.
- Supongo que necesita un poco de… adiestramiento –intervino Swain tomando la barbilla de Lux y mirándola a los ojos la dejó algo atontada, ¿qué había sido eso? Se preguntó la rubia tratando de recuperarse.
- Por favor –se pronunció el anciano en la habitación- caballeros –sonrió divertido pero siniestro al mismo tiempo- la joven ha firmado la propuesta, tenemos un acuerdo. Enviaré nuestra respuesta a Demacia ya mismo.
No quería verla, estaba demasiado molesto, no fingía, era verdadera molestia, ¿cómo había hecho eso? Se había ofrecido libremente a su gobierno sin si quiera luchar, firmó aquel acuerdo para aceptar el trato entre ambas naciones y… eso era todo.
La conocía pero ya no, esa facilidad que tenía para dejarse llevar por su deber, él había dicho que renunciaba a ella por cumplir con su deber pero no había cedido tan fácil y no lo haría, quizá sólo esperaba tocar fondo, ver a su futura 'esposa' parada frente a él, no aguantar y salir en busca de Lux.
Pero ahora estaba frente a ella y sólo pensaba: ¡Fácil! ¡Débil! ¡Traidora!
- Deberíamos dejarlos unos minutos, conocerse será el primer paso –dijo Swain.
- Yo… -comenzaba a decir pero fue interrumpida por el otro noxiano.
- Supongo que es apropiado. Por cierto… -decía el anciano caminando hacia Darius- felicidades Lord Darius –le entregó un papel y se fue junto a Swain.
Se suponía que Swain había conseguido un título para su aliado, no le fue difícil al presionar un poco a esos débiles aristócratas, de todas maneras Darius merecía un título después de las innumerables batallas ganadas por su nación.
- Lo lamento –dijo Lux después de un atemorizante silencio en aquella oficina.
- No tenía idea de que fueras capaz de seguir adelante tan cómodamente.
- ¿Cómodamente? –repitió molesta volteando a verlo.
- Te da igual, un hombre u otro, ¿verdad? –dijo Darius.
Lo abofeteó.
Parecía haberle dejado una marca en su rostro pero él volvió la mirada, simplemente no iba a aguantarla más, quería lastimarla y no se tentaría el corazón en resguardar sus ganas esta ocasión.
- ¿¡Cómo te atreves a juzgarme!? –preguntó Lux sentía un nudo en la garganta-. También estás aquí, ¡te ibas a casar con otra! ¡¿Cómo… te atreves?! –le gritó.
- ¿Quién eres para decirme a quién debo o no desposar? Sólo eres un despojo demaciano, aún contigo puedo desposar a cualquier mujer noxiana y tener legítimos herederos, no unos bastardos sin patria.
…
El reloj de la oficina marcó otro minuto, el eco resonó porque era lo único audible en ese momento, había pasado los límites… Lux apretó los labios porque estaba aguantando las ganas de llorar, la sobrepasaba la rabia que tenía y la tristeza que la hacía navegar en recuerdos felices que tuvo alguna vez con este bestial hombre, el cual la enfrentaba con una cruel verdad.
Era una nada, un desperdicio de su nación y los hijos que fuera a dar tampoco tendrían un lugar a donde pertenecer, sus corazones estarían divididos siempre, ¿Noxus o Demacia? Nunca serían libres de prejuicios de puristas de ambas naciones.
- L-Lo… -dijo de inmediato Darius pero la palabra se detuvo en su mente porque estaba tan impactado por lo sucedido- "lo siento, lo siento, lo siento, lo siento" –repetía al ver el rostro indignado de Lux girar y evadirlo.
- Vete al… infierno, sucio noxiano –emuló lo que su madre alguna vez le dijo y salió a fuerzas de aquella oficina.
Pasó delante de aquel juez y Swain, lloraba y hasta donde parecía todo salía conforme el plan. El cuervo negro sonrió una vez más, estaba tan divertido que podía ser capaz de sonreír. Destruir a la luz de Demacia era sólo un paso hacia la gloria noxiana por sobre las demás naciones.
Si lograba doblegar el espíritu de uno, serviría de ejemplo para seguir con sus otros planes.
- Mi amigo –interrumpió Swain por detrás a Darius, el mismo estaba un tanto ido- parece que has dejado una excelente impresión.
- No me agrada –respondió el noxiano- ¡no quiero desposar a esa mocosa! –terminó diciendo con gran molestia.
- Ni yo –respondió condescendiente Swain- pero no será difícil que te diviertas con ella.
Darius gruñó irritado mientras dejaba la habitación también. No quería ni ver a Swain porque podría leer su rostro, ver lo angustiado que lo había dejado esta situación, no creía que fuera posible si quiera un día casarse. Había dejado tan claro que no iba a cometer el mismo error que su padre, otro veterano curtido en batalla.
Entre tanto la joven rubia que escapaba de todo había llegado hasta las calles noxianas, la gente pasaba por su lado y le golpeaba el hombro sin consideración, ella sólo iba a confundirse entre todos, evadir por un momento su sufrimiento.
Estaba lastimada y sólo quería apartarse del mundo, pensar con calma en su situación, debía ser la misma de antes, inteligente y perspicaz. Una mujer capaz de resolver problemas sin necesidad de enfrentarse a la brutalidad del mundo pero… pero… Darius aparecía en su cabeza y sólo deseaba volver a abofetearlo, estaba triste y enojada pero sobretodo decepcionada de lo que había idealizado por tanto tiempo. Era un salvaje, eso no cambiaría, a diferencia de ella, él no pensaría jamás, era terco como una mula e incapaz de sentir empatía por otros.
Los días pasaron, como era de esperarse y llegó el día en que Lux debía apartarse de su familia y prepararse para su compromiso en Noxus, fue despedida por mucha gente que dejaba flores sencillas en el portón de los Crownguard; estaba halagada por tanta amabilidad pero también conmovida, al no estar más bajo vigilancia pudo recibir más visitas, en cierto modo Jarvan IV esperaba que Lux reconsiderara y huyera pero no.
Tenía los ojos llorosos y más arriba su ceño fruncido sólo le recordaba lo mucho que quería mandar al diablo todo.
- Lo siento –decía Cait mientras iba a abrazarla, detrás de ella se encontraba Vi, la cual parecía pendiente a cualquier idea de escape que pudiera generarse en esta visita.
La rubia correspondió al abrazo y apretó los labios, una vez más, para no llorar pero estaba conteniéndolo frente a sus amigas, las cuales sabían que pronto se desataría el mar de lágrimas, aunque ahora parecía diferente, no estaba seria, sólo nerviosa.
- ¿Y cómo es? –preguntó Vi de repente- ¿Le ves algún arreglo? ¿Es feo y cruel?
- Ahhgg –se ahogó ella misma y soltó a Cait para sentarse en el piso agitada mientras abrazaba sus piernas- ¡es un idiota! –ocultó su rostro.
- Podemos ayudarte a escapar –dijo Cait sorprendiendo a las presentes- no me miren así, no voy a permitir que sufras, te ves muy mal –se puso a la altura de su amiga.
- Es… Darius –dijo por lo bajo.
Ambas piltoverianas se detuvieron en seco para luego mirar a Lux, la cual se había dado cuenta de inmediato.
- ¿Es en serio? –dijeron las oficiales al unísono.
- Él dijo que de todos modos se casaría con una… NOXIANA… que yo era un desperdicio… que no quería hijos bastardos –se echó a llorar amargamente, parecía una novia caprichosa en lugar de una mujer obligada a cumplir un castigo.
- ¿Pero qué hacía él ahí? –preguntó Cait.
- Se iba a casar con otra…
- Pero esa otra eres tú –dijo Vi.
- Pero…
- Eres tú –dijo Cait.
- ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido otra? Él simplemente se iba a casar.
- El 'hubiera' no existe –suspiró Vi- por una razón Darius es el hombre con el que te casarás. Tal vez el universo los recompensa.
- No quiero casarme con él –la rubia se agitó mientras trataba de recomponerse, dejar de lloriquear y tal vez ver la situación de forma madura.
- Piensa en las cosas que Darius pensó cuando te vio ahí –decía Cait- ambos cometieron errores que pueden remediarse, tal vez no lo conoces a fondo pero raspando la superficie encontraste que no sólo era un bárbaro. Tiene razones para desconfiar, las mujeres que lo han amado siempre le han mentido –recordó una vieja historia enterrada en el pasado- pero… lo importante es que tiene esperanzas, es algo tonto pero te quiere, ¿verdad?
- ¿Y si todo ha sido una mentira? -preguntó Lux.
- Estaremos Vi y yo sosteniendo tu vestido mientras escapamos –decía la piltoveriana del sombrero enorme.
- Eso ha sido tan hermoso –las enormes manos de Vi cubrieron su diminuto rostro simulando llorar.
Su compañera vio cómo se reían de ella pero también se dio cuenta de que era mejor que llorar y éste debía ser un día feliz. Para un ser tan simple como Vi esto era sencillo, Lux iba a casarse con el hombre que había deseado, debería ser feliz, en cambio lloraba por nimiedades. Tal vez sólo estaba nerviosa como cualquier novia.
- Tengo miedo –susurró a sus compañeras, las cuales la escuchaban- las cosas que dijo son verdad, y si se casa con otra… no se qué haría –el sonrojo de la rubia se hizo evidente, tenía celos de lo que él pudiera hacer.
- Bueno, hay una solución –dijo Vi.
La rubia y la castaña vieron hacia la pelirosada mientras levantaba su enorme mano mecánica con aspecto de saber la respuesta a esa pregunta que tanto había atormentado a la demaciana.
- Entra a la iglesia y ve a Darius, estará parado frente a ti, mientras caminas con tu vestido ve sus ojos, inspecciona a ese idiota de pies a cabeza, lo que él siente se revelará.
- Wow –interrumpió Cait y Vi se asustó- es lo más poético que jamás te he escuchado decir, evidentemente estás creciendo.
- AJAJAJA –rió locamente mientras empujaba a Cait sin darse cuenta y con fuerza hasta el piso- ya ves, estoy a un paso de convertirme en detective principal jojojo –imitó a su compañera.
- Ah…. –se detuvo la cabeza- me estoy arrepintiendo.
Ambas oficiales comenzaron a hablar entre ellas mientras Lux sólo observaba en su mente lo que podría pasar, de tan sólo imaginarse frente a aquel noxiano, tenía un millón de razones para no parar de acelerarse. Su corazón no pararía de palpitar, quizá los colores de su rostro la delatarían, también se mostraría infeliz pero al mismo tiempo tendría ganas de huir.
En la iglesia o donde fuera a casarse no habría ningún familiar suyo, puesto que al entregarla, la familia Crownguard renunciaba a ella desde el momento que abandonara su hogar en Demacia. Con tan sólo un pie fuera de su ciudad se convertía en una extraña a los ojos de la sociedad que tanto la había alabado por sus virtudes.
La gran doncella Crownguard, maga de luz virtuosa, noble de sangre azul, la luz que ilumina Demacia…
Pero entre tanto barullo alguien llamó la atención con un fuerte carraspeo.
- Disculpen, ¿podrían darme un minuto con mi hermana? –preguntó Garen.
Vi le guiñó un ojo a Lux mientras salía de ahí silbando, definitivamente no tenía remedio, ¡esto debía ser un secreto! Mientras que Cait simplemente se apartaba de ahí con una tensa sonrisa, no podía disimular una mentira.
- Se oían muy alegres –mencionaba Garen seriamente.
- Ellas son así –mintió, no iba a admitir su secreto.
- Para ser un matrimonio obligado no parece que te moleste el asunto –siguió su hermano, estaba escudriñando algo.
- Estoy cumpliendo con mi deber –buscó algo en su armario para no mirarlo a los ojos- se supone que debo aceptarlo –al voltear hacia su hermano lo encontró tan cerca que chocó contra su pecho y al hacerse para atrás miró hacia su rostro.
Respiraba hondamente, como si se tratase de un búfalo, entonces se desató el interrogatorio, fue rápidamente hacia la puerta y la cerró de golpe mientras tomaba la muñeca de Lux por la fuerza.
- Estás cometiendo un gran error –sus dientes rechinaban- ¿crees que esto es lo correcto? –le levantó la muñeca y encontró la pulsera- ¿esta joya es nueva? –le llamó la atención.
La rubia se agitó y quitó su mano de él, no iba a darle la razón, estaba actuando extraño.
- ¿Qué sucede? –preguntó simulando un poco el descubrimiento del regalo de Darius.
- Vas a escapar, ¿verdad? -dijo Garen.
- No lo haré, imaginas cosas, hermano –le dio la espalda volviendo a guardar ropa en su maleta.
- Escuché a esas piltoverianas y… -bajaba la mirada- soy tu hermano, créeme que quiero lo mejor para ti, soy el primero en desear verte feliz. Jarvan sobrepasó la línea de lo correcto por eso… por eso… -la tomó por los hombros, Lux de espaldas- dime la verdad.
Ese momento marcó el inicio del rompimiento con su familia, no quería casarse de esa manera pero había pasado tiempo y su corazón se inclinaba por el noxiano, tal vez ahora estaba enojada pero en el fondo un sueño se hacía realidad. Había alcanzado la estrella que creyó distante.
- Ven conmigo –comenzó a decir Lux- ni padre ni madre van a dar un paso hacia Noxus. Así se te asegurarás de que no huiré y conocerás al hombre que me desposará.
- Eso no cambia el hecho de que te estamos perdiendo –apoyó su mentón en la cabeza de Lux- lo siento tanto, hermanita –dijo entristecido.
- Tú querías que me casara con Jarvan, ¿verdad?
- Quería que fueras feliz –agregó de inmediato- no esto…
- Voy a estar bien –respondió Lux con una pequeña sonrisa.
No cabía en su interior un dolor más grande que el de perder a su hermana a manos de un sádico noxiano, habían sido sus enemigos por tanto tiempo que temía lo peor. De alguna forma comenzaba a odiar a su mejor amigo por determinar tal fastuoso destino a la mujer que alguna vez lo amó.
Jarvan es su Rey y también su mejor amigo, o era…
Fin de Episodio 20
