Saludos a todos, ya se que ha pasado mucho, estuve muy ocupada en algunos proyectos y en otro evento en la comunidad de mi país. Así que sólo pasaba por aquí para actualizar, quisiera no tardarme tanto así la próxima vez. En fin, quiero agradecer todo su apoyo a mi página y los likes que le han dado, al igual que los que me han seguido por Twitter.

Esto es todo por el momento, ahora sí los dejo leer esta tremenda actualización.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 22 – Éxtasis en el Caos


Lluvia…

Se escuchó como chasquido y despertó con un escalofrío, era de mañana, aún estaba ahí, sin sentir el calor del sol, ni escuchando la habitual risa de los niños que en la ciudad de Demacia se encontraban.

Abrió sus ojos y vio a su lado, aquel espacio vacío pronto sería llenado con alguien, bajó la mirada, inquieta por su reacción, ¿estaba feliz?

Tocaron a la puerta e interrumpieron aquellas cavilaciones. Un sirviente, el mismo trajo una bandeja de alimentos, se veía bien.

- Gracias –le dijo Lux pero no le contestaron, ni si quiera la vieron.

Se levantó y caminando de puntillas buscó un suéter para volver a la cama, tenía demasiado frío. Luego vio con agrado su desayuno, entre frutas y jugo de naranja recién exprimido, se sorprendió, de repente se preguntaba la procedencia. Noxus no era una ciudad de clima cálido, por lo mismo debió ser difícil de conseguir pero volvió al desayuno, habían unos panecillos calientes que llamaron su atención olfativa de inmediato, los probó y sabían exquisitos, ¡qué deleite!

Terminado su desayuno, buscó la manera de devolver la bandeja así que recorrió en pantuflas los pasillos de aquel castillo, aún no sabía dónde podía estar la cocina, recorrió por unos 5 minutos el lugar hasta que terminó encontrando a Darius.

- Buen día –saludó la rubia.

Darius movió la cabeza levemente y fue hacia ella, había una sonrisa guardada en su interior y una caricia que anhelaba darse en aquel terso y bello rostro que él veía.

- Gracias por el desayuno, estuvo delicioso –dijo ella y Darius acercó su rostro a su oído.

- Seguro tienes frío… desearía poder abrazarte.

Eso, por seguro, fue lo más hermoso que jamás le hubieran dicho. Al menos la manera en que lo hizo fue emocionante. Ojalá no estuviera tanta gente viéndolos o hubieran tantos ojos ansiosos por un error rondando a esta pareja.

- ¡Espere! –gritaba una voz desde atrás de una puerta.

Darius y Lux voltearon hacia esa dirección, para entonces ver salir a Draven con un panecillo en la boca.

- Jajaja silencio, imbécil –se encontró con los ojos de Lux, la rubia dio un paso atrás- ¡oh! Miren, la princesa ha despertado –dijo con molestia.

- ¿Qué haces? –preguntó Darius.

- Comiendo –respondió su hermano.

- ¡Eso no es tuyo! –le quitó de la boca el panecillo, estaba tan pasivo-agresivo que podía quemar con aquella mirada.

- Trajiste tantas cosas para la 'doncella' demaciana, ¿no crees que tu hermano se merece el mismo trato? –preguntó el ejecutor noxiano.

- Tú lo has dicho, lo que mandé a traer es para ella. No tendrá menos de lo que ha estado acostumbrada en su nación –le respondió Darius completamente irritado.

Ahora no sólo hacía que su hermano peleara con él, sino que lo manipulaba para tener lo que quería. Definitivamente las demacianas eran un cáncer en su vida, uno que quería extirpar. No entendía cómo eran apreciadas como seres llenos de virtudes cuando sólo eran unas zorras manipuladoras.

Draven caminó hacia Lux, la cual lo miraba expectante, sin saber qué decir o hacer, esperaba poder expresar algo pero se había quedado en blanco mientras aquel hombre la apreciaba de pies a cabeza. No iba a iniciar una pelea entre ellos pero…

- Pronto, dulzura, pronto –le dijo atemorizante.

¿Qué quería decir? Eso había sonado tan mal, ¿la estaba amenazando? No, no, Darius no lo permitiría, vio al corpulento hombre de cabellos azabaches contenerse en su ira y entonces notó como una gran mano enguantada tomó la cabeza de Draven para apartarlo violentamente de su presencia.

- No vuelvas a acercarte a mi hermana –sentenció Garen con voz grave.

- ¿¡Cómo te atreves!? –gritó con enojo Draven.

- Y tú –vio a Darius- ¿así es cómo honras a tu futura esposa? Qué cobarde eres.

Nuevamente un silencio colmó el lugar, Lux esperaba ver explotar a Darius y alzar su mano en contra de su hermano pero fue lo contrario, se quedó callado, viéndolo, como si tuviera una pregunta en su mente, tal vez no sabía qué decir.

- Tiene razón –dijo Draven pasando por el lado de su hermano- eres un cobarde –se volvió y salió de la escena.

Fue algo increíblemente incómodo, el noxiano dio vuelta y se marchó por el lado contrario, dejaba a los hermanos demacianos ser testigos de tal teatro, parecía una lucha interminable, Draven definitivamente era una molestia y más cuando entendía de a poco que él sería echado de su propia casa a causa de la rubia.

Ojalá pudiera echarla a ella pero su hermano estaba embrujado, testigo de los poderes de esta, se quedaba sin opciones, si levantaba una mano en contra suya por seguro su hermano saltará en su defensa. Quería matarla. La odiaba.

No podía admitir que en realidad estaba enojado consigo mismo. Sus errores llevaron a su hermano al borde de la muerte y cuando lo vio allí no pudo salvarlo. Sentía odio por sí mismo pero no quería admitirlo, así que culpaba a Lux por esto.

Si ella no hubiera aparecido en sus vidas, no habría tenido la necesidad de acudir al cuervo maldito de Swain, de ese modo su hermano nunca hubiera sido torturado, de ese modo… él no se odiaría.

Sus dedos temblaron de sólo sentir el frío recorrerle el alma, cerró sus ojos y disfrutó de tal sensación, posiblemente nada lo hacía sentir más vivo que el sufrir. Viejos tiempos y memorias apagadas que le ataban la vida a más recuerdos.

Lo triste era que tenía que recurrir a ello para poder vivir de nuevo y no ser un muerto, conformarse con su existencia vacía, abrir los ojos y mirar el cielo, gris, tan gris como su propia vida. Ahora estaba obligado a recurrir a prostitutas y alcohol, las putas le servirían para llenar su soledad de placer y el alcohol para olvidar.

De pronto por sus ojos cruzó una mujer de cabello como el trigo por su lado, la volteó hacia él y la besó por la fuerza; Draven sólo era un animal, lamía su rostro con locura. Pronto varios hombres lo separaron por la fuerza de aquella y buscaron pelea.

La mañana oscura terminó siendo aún más gris, él era Draven, claro que podía contra todos esos bastardos pero fue golpeado en la cabeza con una botella, precisamente por la misma mujer que él asaltó sexualmente, bueno… casi.

Se lo merecía y mientras soñaba, aquellas suaves y traicioneras manos volvieron a acariciarlo, podía ver su hermoso y traidor rostro reflejar una bella pero falsa sonrisa. Ahí estaba, la razón de su descenso, mirándolo con el amor que nunca obtuvo de ella. A causa suya odiaba a las demacianas, a causa suya es que decidió entregarse a una vida llena de placeres, a causa suya fue que nunca aceptó a Lux como parte de la vida de su hermano porque ella destruirá a su hermano, al igual que lo destruyeron a él.

Pero la lluvia cesó y las gotas caían desde algunos mechones locos en su cabellera, golpeado y sin saber dónde había caído intentó levantarse, a pesar de la lluvia apestaba a alcohol, se arrastró por el piso, podía ver sus propios nudillos llenos de sangre.

Había pasado una loca mañana, ni si quiera eran las 12 y ya estaba ebrio, ¡qué vida la suya! Esbozó una enorme sonrisa mirando al cielo, le dolían las comisuras. Lo único que valía en ese momento, era que aunque le dieron una paliza, él les devolvió en algo el daño, era Draven, era único e inigualable.

Pero tomó fuerzas de donde pudo para levantarse una vez más y regresó a su rutina, fiesta, bebidas, quizá un poco de 'polvo' y mujeres. Todas las que él pudiera conseguir. Terminar el día en peleas y terminar en algún callejón oscuro. Era el círculo de su vida.

- Aquí estás –le susurró una voz, no distinguía a la persona que se detuvo a ver su miseria.

Pero también había aparecido su hermano.

- Idiota –le dijo y Draven perdió el conocimiento.

Despertó al día siguiente, no llovía, era extraño, tampoco era que hiciera la gran diferencia, vio a su lado y no había nadie pero la puerta de su habitación estaba abierta. El patético esfuerzo de su único hermano por mantenerlo cuerdo, como de costumbre. Suspiró e intentó levantarse pero le dolían las costillas.

- No lo intentes –le dijo la voz misteriosa que anteriormente lo había encontrado.

Draven volteó hacia la puerta y vio a la rubia, con algunas mantas, la misma lo veía tranquila, se acercó a su cama y estiró aquellas cobijas para abrigarlo mientras reparaba en acomodar la cabeza de aquel noxiano.

- ¿Qué estás haciendo? –preguntó con voz seria.

- Darius salió un momento y vine a ayudar un poco –respondió Lux acomodando la cabeza de Draven.

- Ah… -suspiró desesperado- ¿tu buena acción del día? –se burló de ella.

Se sentó al borde de la cama y cruzó los brazos, tenía frío también, éste no era su ambiente. Lux sólo quería volver a sentir el calor del sol en cambio tenía esta tenue oscuridad en Noxus.

- No quise que te sintieras apartado de la vida de tu hermano, créeme –volteó a él- se lo que se siente, por eso quiero tratarte. Se que nunca seré parte de tu vida por las diferencias que tenemos pero quiero contar como una hermana tuya –bajó la mirada- al final, los dos lo queremos.

- Qué amable… -dijo Draven pensando un poco.

La joven demaciana sonrió levemente pero pronto fue tomada por el cabello y halada hacia el terror del rostro del trastornado Draven, el cual la recibió con una risa loca de oreja a oreja.

- Te sugiero por tu bien que te apartes de mí, no vuelvas a acercarte y 'créeme' que no sabes lo que es perder a tu hermano –aspiró el aroma de Lux como un animal mientras escuchaba el descontrolado respirar de la misma- conozco a las de tu clase, tan puras, amables y cariñosas, simulando siempre hacer el bien pero desviviendo y desgarrando a sus víctimas por ello. Descuartizando cada pedazo por enaltecer el bien y la verdad. Sólo te digo algo –acercó su boca a la de la rubia casi rozando sus labios- si no regresas a tu maldita brillante y pútrida ciudad, voy a violarte por todos los huecos que tengas –la soltó de golpe.

Sin pensarlo la joven se apartó de él y se fue contra una pared, lo miraba asustada, no perdía ni uno de sus movimientos.

- No me digas que quieres consumarlo ahora –le dijo Draven, estaba divertido, se relamía los labios.

- Fue muy cruel, ¿verdad? –comentó Lux y regularizó su voz de a poco.

- ¿Qué?

- Darius me lo dijo, lo que te hicieron –señaló el pecho de Draven, el mismo estaba descubierto.

Una gran cicatriz que no parecía haber sanado. Ni en ese momento podía ocultar lo que sentía. Toda la ira, toda la desesperación.

- ¡FUERA! ¡VETE DE AQUÍ MALDITA BRUJA! –le gritó sin poder contener su ira, se levantó de su cama y la aprisionó contra la pared.

Pero no podía más, estaba al borde y se apartó de un pequeño salto, el dolor en su costilla le había calado tanto que gimió mostrando su debilidad. Todos sus cabellos cubrieron aquel atormentado rostro.

- ERES COMO ELLA, TODAS LO SON. ASÍ QUE MÁS TE VALE TEMER POR TU VIDA.

La joven tenía miedo en su mirada, no se había movido, por más que lo intentara, estaba tensa, congelada, otra vez. Si tan sólo pudiera hacer algo más.

- Doncella Crownguard –dijo un sirviente con preocupación al entrar a la habitación y ver tal caos- permítame –se ocupó en sacarla de ese ambiente.

Lo inevitable sucedió, por fin había explotado, Draven volvió a su cama y con una respiración adolorida se acomodó de a poco. Tan sólo quería descansar y evitar que su locura lo consumiera al punto de no recordar ningún delito.

Su vida había pasado a un punto donde su trastorno sobrepasaba cualquier cosa que pudiera ser capaz de hacer. Debía calmarse y pensar, por una vez en su vida.

Estaba atorado pero era capaz de hacer cualquier cosa con tal de salir de esto.

Claro que había sido cruel, esa mujer, esa demaciana carente de amor por un dudoso sentimiento noxiano, su único pecado era ser difícil de leer. Draven la recuerda, tenía un carácter fuerte, la mirada firme, el ceño un tanto fruncido pero su sonrisa… cuando la vio le encantó el alma.

Hasta que ella le tendió una trampa y todo por Demacia, justo cuando él le probaba en cada beso que lo tenían capturado, totalmente loco, irremediablemente atraído a tal belleza, ella puso un puñal en su pecho, lo acusó de haber abusado de ella y finalmente, tras semanas de recuperación, le dijo la verdad. Sólo había caído por órdenes superiores, para romper un acuerdo de parcialidad entre ambas naciones, sólo por eso ella le dio ánimos.

Ridículamente él había creído aquella broma llamada "paz", pensando en que podría anidar sus afectos a esta mujer demaciana, ¿cómo iba a imaginar lo desgraciado que iba a ser?

Fuera de ese lugar estaba Lux, aún asustada por lo sucedido pero de igual modo preocupada, de repente veía con otros ojos lo que las personas harían por desmantelar el tratado de paz que el rey Jarvan III había impuesto.

Recordó las palabras de Darius, el cual se dirigió a ella para hablarle de los recientes cambios, del repudio y desconfianza de su hermano. Y le dijo sus razones.

Flashback

- Una mujer al servicio del príncipe se prestó para tal calumnia. No sólo lo dañó emocionalmente sino que casi lo mata en el proceso.

- No puedo creerlo –respondió Lux.

- Querían iniciar un problema, escogieron la peor forma. A pesar de que pudimos haber disuelto ese acuerdo, su Rey insistió en disculparse y Swain decidió que lo mejor era aceptar, así que apoyé su moción. Quizá por ello también me culpa, ya que el delito de aquella mujer quedó impune, jamás fue juzgada por intentar asesinarlo.

- ¿Quién fue?

- Tú sabes quiénes son los más cercanos al nuevo Rey. Adivina.

- No, ella no… ¡no puede ser! –dijo con indignación la rubia.

Final del flashback

- Quinn –repitió su nombre casi en susurro, podía sentir como el dolor le recorría levemente las venas. Draven no era un hombre de recuerdos pero sí de heridas.

Y aún con todos sus problemas se añadía el peligro del hermano de Darius, empeñado en despreciar su compromiso, aún más sabiendo que Lux proclamaba un amor, uno que sólo (según Draven) le duraría lo que su amada nación le dicte. En cuanto dieran una orden, por seguro abandonaría todo sin el menor reparo.

Tal vez Darius no era del tipo que sufre o que se acongoja por una mujer pero si ella lo lastimara a causa de su nación, no podría perdonarse no haber hecho nada por evitarlo.

Pasados un par de días más, el asunto no se olvidaba pero al menos el ambiente se calmó, Draven tomó la decisión de marcharse un tiempo, ya que no soportaba la sola presencia de 'aquellos' demacianos y Darius lo aceptó, se daba el ánimo de que tal vez regresaría cual un perro a su hogar.

- Mañana es la boda –se dijo a sí misma Lux.

No iba a ser un gran evento pero al menos tendría un vestido, el cual por seguro todos darían por destruido después de una salvaje noche de pasión. Nadie tenía idea de lo que pasaría en la intimidad, no sabían que el noxiano quería descubrir esa rosa, pétalo por pétalo, gozar cada segundo de sus gemidos y acariciarla hasta hacerla decir "basta", inspeccionar con sus sentidos cada rincón oculto en aquel cuerpo lleno de sorpresas.

Entre tanto Darius se perdía en sus propios pensamientos, de alguna manera luchaba por esconder esa pequeña y pícara sonrisa que luchaba por salir de sólo pensar en la loca risa de su amada, al tomarla entre sus brazos y llevarla hasta su habitación.

Y claro, sus cuarteles no eran el mejor lugar para ocultar una emoción.

- Lord Darius –le dijo una voz.

- Conde Cavagnarov –fingió seriedad- ¿a qué se debe su presencia?

No siempre llegaban a visitarlo pero cuando lo hacían en general no era buena señal. Todos eran unos bastardos, buscaban el más mínimo error para destruirlo, así de retorcidos eran en ocasiones y más cuando el premio era una joven noble demaciana.

- No me llame de ese modo, por favor –le sonrió aquel hombre- un título viejo para un mundo nuevo.

De altura similar a la de Darius, un adulto con rasgos juveniles y una mirada astuta, así era el Conde Cavagnarov, un noble con poder en el ejército, razón por la cual no fue el blanco de la caza de Darius de los entorpecedores del alzamiento de Noxus.

Tantas cabezas de nobles y titulados rodaron sin piedad, pero claro… nadie guardaba rencor alguno, ¿o si?

- Escuché de su tan pronto matrimonio. Me halagaría mucho poder darle mis felicitaciones en persona –agregó de inmediato.

- Si gusta –añadió Darius un tanto molesto.

- Escuché que la novia es una demaciana, es una lástima que su apellido vaya a quedar tan opacado por la sangre de aquellos débiles.

Darius arrugó un tanto la boca, en cualquier caso lo que decía era cierto pero no Lux, ella no era débil, era más fuerte que cualquiera, incluso que éste despreciable noble sin oficio.

- Si me disculpa –decía Darius dándole la espalda.

- Las disculpas serán mías, muero por conocer aquella adquisición.

Algo en su tono de voz le hizo preocuparse. Era claro que ningún hombre, que valorara su vida, se atrevería a tocar a Lux pero en algunos casos… podrían siempre tomar ventaja de algunas leyes para apropiarse de ella, como si fuera una casa o bien.

Sería una perfecta venganza, robar algo suyo y luego escudarse en la ley.

¿Pero cuáles serían las formas en que podrían hacerlo? Si se diera un caso de infidelidad y embarazo a causa de ello. El pelinegro detuvo en seco, recordaba aquel Conde, su tío, un gran apoderado Vizconde, el cual manipulaba la nación para su propia fortuna, él fue quien acabó con su vida.

Tantas vidas cegadas por su hacha, tantas que no recordaba.

Sin embargo para fines vengativos podrían robarla y violarla con la finalidad de embarazarla y quitarla de su lado, ¿quién creería en el testimonio de una demaciana en un pueblo noxiano? Eran unos malditos puercos, renegó con tanta ira en su interior. Apretando los puños volteó atrás y aquel Conde había desaparecido.

No dudaba de sus malas intenciones, debía tener cuidado, contratar más sirvientes o traer un par de soldados para rondar su castillo y a la rubia. De ninguna manera permitiría que ella sufriera por sus acciones pasadas.

Pero esto… ahora, se iba a matar pensando en posibilidades; por suerte sólo había invitado a este hombre, hubiera sido de muy mal gusto negarse, podrían notar su ansiedad y el cariño tan profundo profesado hacia la joven. Debía fingir pero estaba orgulloso de poder desposarla, una vez más había cumplido sus metas.

Volvió a su castillo con un par de preocupaciones pesándole el hombro, en cuanto llegó pudo notar las luces de su cocina encendidas, ya casi era de madrugada, así que se preguntó si algún sirviente estaría perdiendo su tiempo en su cocina.

Abrió el portón y encontró a la rubia, en compañía de la piltoveriana de puños enormes, la misma reía sonando la nariz, le hizo gracia.

- Darius –contestó sorprendida.

- Aaww, llegó el idiota –dijo Vi.

- ¿Qué hacen tan tarde? –preguntó él.

- Disculpa, estaba nerviosa y no podía dormir. Vi llegó por la tarde, ya sabes… para ayudar –se excusó la rubia.

El noxiano vio con mirada cansada el vigor de aquellas mujeres y suspiró levemente, dio unos pasos hasta acercarse a su futura esposa y le acarició el cabello con suavidad.

- No te desveles. Mañana será un día muy ocupado.

- No tengas cuidado –le contestó Lux con una sonrisa.

- ¡Qué aburrido! Ya bésala –interrumpió Vi en tono divertido.

- ¿Quién te invitó? –dijo con molestia.

- ¡Hump! –cruzó los brazos- no seas imbécil, Cait y yo asistiremos a esta belleza –sonrió.

- ¿Cait va a…? –la palabra había perdido un poco de sentido. Darius estaba sorprendido.

Quizás esperaba que la piltoveriana se negara a asistir a su boda, tomando en cuenta su historia, no una muy importante pero sí llena de obstáculos. Tal y como lo fue alguna vez su romance con la sencilla Luxanna.

Fue breve pero algo dentro de ellos quedó pendiente, era una sensación molesta sin embargo ahora él se casaría, de alguna manera los conflictos sin resolver en su interior se resolvieron al saber que Cait había resignado su espíritu.

- Los pastelillos ya están listos, sólo esperamos un par de minutos y los dejaremos enfriando.

- Bien –le dio un corto beso en la mejilla, esperaba que nadie lo hubiera visto, giró su rostro de izquierda a derecha para estar seguro y Lux rió.

Al marcharse podía ver cómo aquella figura tan varonil desaparecía, le gustaba tanto, sólo podía sentirse amada y le encantaba aquella sensación.

Tan pronto lo preparado estuvo listo, lo dejaron enfriar sobre una mesa y ambas mujeres fueron a dormir. Mañana disfrutarían de un delicioso manjar. Aunque 'preparar' podía usarse en singular porque Vi no entendía nada del proceso, sólo se dedicó a animar el ambiente.

Luxanna entre tanto se acostó en su cama, cansada pero feliz por lo que le deparaba el futuro, sus párpados se cerraban de a poco, era tarde, la oscuridad se adueñaba de aquel día y sus sueños de su tardío descanso.

Sólo podía pensar en una cosa, sólo una cosa y era que su vida comenzaba; paz entre sus naciones, amor en su corazón, alegría desbordando su existencia, no podía pedir… más.

- Manden una 'amigable' tropa por la doncella Crownguard –ordenó el príncipe guardando la calma pero con una tormenta en su interior.

Lucía… indignado, tal vez porque sus planes no habían salido como él había deseado, ¡por supuesto que Lux no se casaría! Él la salvaría de aquel 'calvario' y luego, estaba seguro, de que la joven saltaría a sus brazos agradecida.

No permitiría que aquella noble dama sucediera en manos de Darius. Demacia estaba más oscura que nunca, la semilla del mal que Swain plantó en el corazón de Jarvan IV florecía en deseos insanos de maldad y egoísmo.

Lo peor sería que él supiera su error, que propició la boda de Lux con aquel amante que tanto había querido alejar de su vida. No, no, eso no era lo peor, si él supiera dejaría crecer una gran raíz de aquella oscuridad en su corazón y al mismo tiempo podría matar su propio ser, arrasando a los inocentes que se interpusieran.

Swain no veía a su rival como un mago en una esfera mágica, en cambio un sentir en su interior le pulsaba cada vez que una raíz se apoderaba del corazón del, ahora, Rey demaciano.

Sólo tenía en su imaginación una guerra sangrienta, llena de dolor, pesar, sufrimiento y torturas, de tan sólo… verlo hecho realidad hacía que Swain sintiera una excitación difícil de controlar.

Y todo esto gracias al príncipe Jarvan, el buen Jarvan.


Fin de Episodio 22